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¿Te gusta tu espacio o deseas no llegar a casa?

El tener un espacio para vivir se expande en no solo tener un techo para dormir o un lugar para llegar después de un día largo de trabajo.

Cuando de una casa se trata, buscamos que además sea nuestro espacio, un espacio donde el solo hecho de evocarlo deseemos llegar lo antes posible.

Un ejemplo de una imagen sencilla es cuando estamos metidos en el tráfico y te llega a la mente tu hermoso jardín en el que acabas de cortar el césped y todas tus flores se encuentran floreciendo.

Te ves en medio de él disfrutando del momento y decides tomarte una bebida en la mesa de jardín, sentándote en las sillas plegables que acabas de comprar para ese momento.

¡Ah, linda postal! ¿No? Sí, cuando conseguimos que nuestra casa se convierta en un hogar donde deseemos llegar, entonces vamos más que bien en su acondicionamiento.

Y, cuando esto no sucede… cuando lo que menos deseamos es llegar a casa, porque ya sea que nos vamos a encontrar con la casa tirada, con la pareja que todo le disgusta, con los problemas de los pagos… en fin, con un ambiente tóxico que nos asfixia, lo que menos deseamos es llegar, ¿cierto?

Entonces, ¿qué hacer?

Si vives solo y lo que menos deseas es llegar a casa, creo que debes pensar un momento qué es lo que te molesta: ¿es el vivir solo? ¿la distancia? ¿el cómo vives?

Date la oportunidad de sondearte un poco, porque no es normal que te sientas así. Por lo que es importante hacerle frente a tu relación intrapersonal.

Si vives en pareja, entonces a las preguntas anteriores debemos agregar, ¿estará mi pareja en casa? ¿tenemos problemas? ¿estamos molestos?

Vaya, las relaciones interpersonales son complejas, pero si aún existe cariño entre ambos, vale la pena luchar por enmendar lo que esté mal. De lo contrario, pues será mejor soltar.

Si en cambio son los problemas económicos o familiares, busca alguna red de apoyo.

2014050614574690983A veces nos ahogamos en un “vaso de agua” y no conseguimos ver todo el panorama y cuando buscamos ayuda, estaremos dando el primer paso para mejorar nuestra situación.

En una ocasión, cuando vivía sola, me pesaba mucho llegar a casa; sólo llegaba y buscaba irme a dormir para que amaneciera pronto.

Con la ayuda de una amiga, descubrí que mi departamento era muy grande y no estaba a gusto con su diseño. Así que me cambié a uno más pequeño, donde incluso mis tareas hogareñas se redujeron y la arreglé tal como quería.

Un detalle tan sencillo como esto cambió mi perspectiva. Los fines de semana me encantaba arreglar mi departamento, mi jardín y hasta bailaba haciendo mis labores. Ya después salía con los amigos a pasear y retomar la semana de trabajo.

Este mismo tema me volvió a pasar ahora con varios años de casada. Así que volví a realizar el mismo ejercicio, indagué en mi interior qué era lo que me molestaba y después de detectarlo, puse manos a la obra.

En esta ocasión era el mantenimiento de la casa, ya estaba un tanto decaída y así como la casa me encontraba yo.

Por lo que después de darle su “manita de gato” y vestir mi jardín con nuevos muebles y colores… yo volví a renacer.

Puede ser que en tu caso sea algo así de sencillo o no, lo importante es que debes estar bien, y si no lo estás, entonces busca apoyo… la idea es despertar y terminar tu día con satisfacción y una sonrisa.

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El niño y su espacio vital para descansar

Cuando era pequeña, lo que más me gustaba hacer los fines de semana era visitar a mis padres en su recámara y recostarme un ratito en su enorme colchón king size.

Para mí era una ilusión hacerlo, ya que era muy grande y confortable estar en él.

Ahora con mis pequeños pasa exactamente lo mismo, cuando pueden, que es casi todos los fines de semana, llegan como pollitos a arroparse bajo las sábanas mientras mi esposo y yo aún estamos somnolientos.

¿Tú lo hiciste?

Les he preguntado a mis pequeños por qué lo hacen y me dicen que nuestra cama se siente muy rica, que el colchón es cómodo, o que se descansa mejor en él.

Así que lo primero que hicimos en cuanto pudimos, fue comprar unos colchones de la misma marca para cada uno de ellos.

Esta medida no eliminó las visitas de fin de fin de semana a nuestro lecho, así que retomamos la misma pregunta y la respuesta es que nuestra cama es mucho más confortable.

¿Será esto o es otra cosa?

Ahora que lo veo a la distancia y conforme lo observo en mis hijos, creo que nada tiene que ver el tipo de colchón, que si bien es importante que éste sea de buena calidad para ayudarnos a tener un mejor descanso, no es necesariamente la razón para recibir las visitas de los niños.

Creo que tú también ya sabes la respuesta, tal como yo.

Realmente, lo que sucede con estas visitas es que los niños deseamos estar con mamá y papá, sentir su protección y compañía y qué mejor que hacerlo en familia, en un mismo espacio tan privado como es el lecho conyugal.

En este caso, cuando las visitas son eso, visitas esporádicas, en donde se logre brindar unos minutos como tiempo de calidad con los pequeños, es sano y puede ser parte de un hermoso recuerdo infantil.

Al menos yo tengo muy bonitos recuerdos, al pensar cuando mi mamá me arropaba junto a ella y me comenzaba acariciar el cabello o mi papá me hacía cosquillas y ambos me decían cuánto me amaban, creo que es uno de esos momentos especiales que tengo muy grabados.

Veo en mis hijos que pasa lo mismo y ellos lo disfrutan.

El problema es cuando las visitas son más bien una invasión y por invasión me refiero a cuando el niño se queda a dormir en el lecho paterno de forma regular.

Si es una visita ocasional, resulta normal, debido a que a lo mejor el niño no puede dormir o se siente mal de salud.

decoracion-habitacion-ninosSin embargo, se puede comenzar a desarrollar un problema si esto llega a convertirse en un hábito, ya que es posible que se generen efectos perniciosos en el desarrollo infantil, al interferir en el aprendizaje de la autonomía y favorecer la aparición de trastornos del sueño.

Como padres debemos recordar que así como nosotros, el niño debe tener su propio espacio vital para dormir y descansar, donde prevalezcan las condiciones de aislamiento, lumínicas, térmicas y acústicas que permiten conciliar el sueño, ya que es justo durante este periodo de tiempo cuando se segregan hormonas como la del crecimiento, el cortisol o la melatonina, que son fundamentales para un desarrollo sano en los pequeños.

Si se llegase a perturbar su sueño, como los ronquidos o los contactos por movimientos al compartir la cama, esto puede favorecer con el tiempo la aparición de trastornos, sobre todo insomnio o ir más allá como la costumbre de que el niño duerma con los mayores y no de forma independiente.

Es importante como padres ofrecerles las mejores condiciones y por supuesto nuestro amor y protección, solo debemos tener cuidado de no cruzar fronteras que puedan alterar el crecimiento del niño y todo lo podemos hacer con conocimiento y amor.

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¿Tienes un plan para viajar sin preocupaciones?

¿Tienes un plan de viaje? Sí, es importante tener un plan para cuando deseas viajar, incluso si solo es para “despejarte”, sin un plan… eso ya es un plan en sí mismo.

¿Será un viaje nacional o internacional? ¿Para cuándo sería y cuánto duraría? ¿Cuál es el objetivo del viaje: será de negocios, por un entrenamiento, será académico o de placer?

Lo peor que podemos hacer es salir a un viaje apresuradamente.

Esto lo aprendí con una muy buena amiga, que suele viajar dos o hasta tres veces al año a lugares que pudiesen considerarse costosos, así que le pregunté cuál era su secreto; aquí te lo comparto, porque funciona:

Si el objetivo de tu viaje es por negocios, entonces hay que cuidar detalles como la vestimenta, el viajar ligero y con lo necesario para el evento o reunión. Tener a tiempo y en orden todos los documentos personales, incluyendo visas y pasaporte, por aquello de los viajes repentinos.

Obviamente, la empresa o tú, si eres el businessman, deberá entregar el plan o estrategia para ese negocio que está por concretarse. Nunca está de más una buena planeación para esto y tú lo debes saber muy bien.

Cuando el viaje es por entrenamiento o educacional, tiene una preparación muy similar a la de negocios. Generalmente, los temas del papeleo personal y las reservaciones son el “mayor de los problemas”, por lo que si se puede saber con antelación la fecha, es mejor; esto te ayudará a buscar paquetes a buen costo, ya sea de hotel, hospedaje o ambos.

Si tu objetivo es más un plan turístico, debemos ahora definir qué clase de visita se desea hacer y cuál sería el mejor destino para ello.

En este punto, mi amiga fue un poco más puntual para regalarme sus tips:

Si el plan es visitar y conocer el destino junto a los lugares aledaños, lo mejor es pensar en un hospedaje menos ostentoso, ya que solo se usará el hotel prácticamente para dormir y el aseo personal.

Investigar cuáles son los atractivos más representativos del lugar, incluyendo lugares para visitar y comer. Llevar un croquis del lugar y conocer sobre la historia del lugar te da grandes ventajas y créeme, los lugareños se sentirán agradecidos.

Ahora que si la visita es en plan turístico y solo deseas descansar y desconectarte del mundo, entonces un plan todo incluido te vendrá muy bien.

viajes-de-familiaY aquí viene el tip más importante, en cualquiera de ambos casos: el buscar con antelación los paquetes de viajes, hospedaje e incluso de entradas a los lugares, te permitirá ahorrar un buen porcentaje y disfrutar al máximo.

Por ejemplo, mi amiga, en dos años consecutivos visitó Cancún, esto no es muy sencillo de hacer, pensando que son cuatro personas y el destino no es de los más económicos, ¿cómo lo hizo?

Bueno, en una primera visita llegaron a uno de los hoteles en Cancún centro. La idea era conocer tanto la ciudad como los parques temáticos, por lo que las salidas se realizaron justo en el centro, en el mismo hotel donde se hospedaron.

De esta forma, conocieron Xel-ha y Xcaret, realizaron una visita a Isla Mujeres y recorrieron toda la Zona Hotelera, visitando sus principales atractivos, como la Isla, Plaza Kukulcan y Plaza Caracol… así como el caminar por toda la orilla del mar.

Su segundo viaje tuvo como objetivo vivir una semana de descanso en un hotel todo incluido y así fue, lo disfrutaron al máximo.

En ambos casos, el factor planeación le permitió encontrar paquetes muy baratos, desde los boletos de avión, el hospedaje y las entradas. El conocer los mejores lugares para comer y divertirse les dio la oportunidad de disfrutar el destino sin mayores problemas y de la mejor forma.

Sin endeudarse, sin pasarla mal y disfrutarlo plenamente.

Esta es la conclusión, con una buena planeación y sacando tu lupa de Sherlock Holmes, podrás viajar sin preocupaciones.

Kansas City Public Library (Missouri, United States) 02 HASM

La familia en el extranjero

La familia es o debe de ser una parte muy importante de nuestra vida, ya que la sangre llama y en teoría un hermano no perjudicara a su hermano, de la misma manera que un rey jamás matará a otro rey, ya que aquellos cuya función es la misma, mismo destino deben de tener y bajo el mismo cielo caminar.

Sin embargo, hay muchas familias en el mundo que pierden absoluto contacto de cada cual y viajan por la vida sin brindar o recibir gestos de amistad de su propio núcleo, algo que es realmente lamentable.

Para evitar estos errores, este verano fuimos a visitar a una parte de nuestra familia  que vive en una pequeña ciudad del estado de Misuri, en el medio oeste de los Estados Unidos de Norteamérica.

Debo de aceptar el hecho de que habíamos perdido de vista a aquel sector de la familia, debido a que su parte de la familia decidió quedarse ahí después de que nuestros abuelos migraran de Europa, después de la devastadora guerra mundial, mientras que nuestra parte de la familia emigró a la Ciudad de México, por lo que hoy en día ahí vivimos.

Alguna vez hace algunos años, ellos nos visitaron en nuestra ciudad; sin embargo, nuestro lugar de residencia les pareció, aunque muy bonito, sumamente caótico, en otras palabras, un lugar donde ellos jamás podrían vivir, además de que no hablan ni una sola palabra de español, lo que les hace las cosas aún más difíciles, ya que el saber el idioma local es la llave del país.

30_8252La vida en Misuri es muy diferente a la vida que tenemos aquí en la Ciudad de México, ya que nuestras labores y preocupaciones son en general muy distintas, debido a que  el terreno y sus condiciones son muy diferentes.

Misuri es un estado de la unión americana cuya actividad primordial (no toda) es trabajo de la tierra y la crianza de animales, básicamente una actividad granjera que aporta mucho a la economía de los Estados Unidos de Norteamérica.

El clima en dicho estado norteamericano es muy marcado y depende enteramente de la estación del año en la que se esté. Esto significa que en primavera es fresco, pero de temperaturas moderadas; en verano es sumamente caliente, casi sofocante; en otoño es más fresco y todo se torna dorado; en invierno se convierte en un lugar frío, con muchas nevadas.

Además de esta variedad climatológica tienen fenómenos peligrosos una vez al año, como es el caso de los famosos tornados del medio oeste, que pueden causar verdaderos problemas tanto a la industria como a las personas.

Mis primos norteamericanos tienen una empresa que produce lana de borrego, abono y caballos de carreras. Ahora están también asociados en una fábrica de pisos laminados que exportan a Canadá, donde también pasan un muy buen tiempo.

En realidad pasamos un tiempo muy agradable, ya que mis primos viven en una granja muy grande y muy bonita, donde se trabaja mucho pero se vive verdaderamente bien, además de tener una relación muy íntima con la naturaleza, algo que en nuestra ciudad simplemente no existe.

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Lo que se es afuera… se es adentro

Últimamente me he sentido un tanto deprimida y sin muchos ánimos de hacer nada y la cuestión es que un día que tuve un momento de “lucidez” noté que mi casa me reflejaba completamente.

Vi con detenimiento el jardín, todo descuidado y lleno de maleza y la casa, hecha un caos, ahora ya no sé si mi casa es la que me desanimaba o reflejaba mi estado de ánimo.

La cuestión es que después de este breve momento decidí que debía hacer algo al respecto.

Una buena amiga me ha dicho que la felicidad no viene de afuera más, después de ver mi casa así… me sentí peor.

Después de evaluar por dónde podría comenzar, primero rayé algunas ideas, como por ejemplo: cómo me gustaría ver mi jardín, mi habitación, la cocina; éstas son las principales áreas donde paso la mayor parte del tiempo, así que me enfocaría en ellas y después continuaría con el resto de la casa.

Apliqué ante esto una de las máximas reglas a la que me venía rehusando, ya sea por ganas o por tiempo: la de deshacerme de cosas que ya no uso, ya no me gustan o ya no me quedan. Esto, por supuesto incluye ropa, accesorios y cosas… muchas cosas.

Fue una tarea titánica esta de deshacerse de cosas y lo que me animó fue que algunas podían servirle a otras personas, unas más las regalé, otras las vendí y el resto terminaron en la basura.

Tres semanas de limpieza de “cosas” fue el tiempo que me tardé, ya que lo hice durante mis tiempos libres.

Lo interesante de este ejercicio es que conforme lo realizaba, me iba sintiendo más ligera. Debo reconocer que hubo cosas que me dolió separarme de ellas, por lo que les tomé fotos y las guardé en un USB, al menos ocupaban muy poco espacio.

Una vez despejadas las áreas, comencé nuevamente a pensar en la decoración de mi nuevo espacio. Algunos muebles cambiarían de lugar, otros se irían a mejor sitio y probablemente uno que otro accesorio nuevo llegaría a casa.

Gracias a la ayuda de una buena amiga, que tiene nociones de decoración de interiores, conseguí transformar los espacios en lugares más confortables, con menos cosas, más aireados y con mucha luz.

Dos eran los lugares importantes a cuidar: mi habitación y la cocina.

A mi habitación le cambiamos el color y compré un par de lámparas que dan luz indirecta. El librero fue sustancial para crear un espacio bohemio y las plantas en el balcón le dieron un toque femenino.

Una compra que disfruté realizar fueron las cubiertas de mármol para cocina, la cuales son blancas con vetas grisáceas, lo que le dio personalidad y luz a este espacio.

Y donde pasé muchas horas de introspección y fue lo que realmente me permitió conectarme nuevamente conmigo misma fue cuando arreglé el jardín.

Desde que comencé a quitar la maleza, a podar las plantas y re acomodar el espacio, poco a poco sentí cómo me “acomodaba yo”.

Sentí que el contacto con la naturaleza me llevó hacer ese viaje para estar conmigo misma y con mis pensamientos.

Noté qué me dolía, qué me lastimaba y vinieron a su vez las ideas que me permitieron sanarlas.

Una vez que realicé estas tareas, mi estado de ánimo mejoró muchísimo. Ahora continúo con las mejoras en la casa.

Este sencillo cambio en mi entorno me ha permitido recobrar la calma.

Como verás, esto es solo una pequeña muestra de lo que se es afuera, se es adentro. Y tú, ¿cómo te sientes hoy?

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Los gatos

Hace poco, mientras estaba en el supermercado haciendo mis compras, fui a la sección de vinos como es mi costumbre, para escoger mi botella de esa semana, ya que todos los días al comer y al cenar lo hago con una copa de vino, debido a que se digieren mejor los alimentos; este es un hecho científicamente comprobado.

No diré que generalmente tomo el mismo vino, pero no me salgo de tres o cuatro  viñedos que me gusta consumir; sin embargo, esta vez vi un nuevo vino cuyas etiquetas digitales me gustaron y simplemente por eso lo compré.

La etiqueta era parecida a un gato con botas reclinado en un sillón, atrás del cual hay una ventana que da hacia unos campos donde se cultiva la uva; la ilustración da la impresión de estar hecha a lápiz y de cierta manera improvisada.

Aunque compré el vino simplemente porque me gustaron sus etiquetas electrónicas, debido al gatito que ahí se retrata, resultó estar muy bueno.

Sin embargo, no sé qué tal se venderá por simple vista aquí en México, ya que la verdad de las cosas es que aquí, como en muchos otros lugares, especialmente latinoamericanos, las personas no son amantes de los gatos.

gatos-008Es cierto que el tipo de mascota que alguien escoja tendrá que ir de acuerdo con su personalidad; de lo contrario, las cosas no funcionarán desde un principio.

A su vez, muchas personas son de la idea de que alguien que sea amante de los perros no puede serlo también de los gatos, ya que ambos son muy distintos y por lo mismo no se llevaran bien entre sí y tampoco irá de acuerdo con la persona que ama a los perros.

Muchas veces, personas de esta opinión a su vez son de la idea, como muchas personas en estos territorios, de que los gatos son malas mascotas, ya que no son fieles, además de ser traicioneros; a diferencia de los perros, que siguen a sus amos como si fueran sus guardias de seguridad.

Estas acusaciones son siempre hechas por personas que nunca han tenido gatitos en su vida y hasta pueden seguir temiendo cada que se encuentran con un gato negro, como lo hacen algunas personas supersticiosas.

Yo soy una persona que ha tenido gatos y perros (a quienes también adoro) durante toda mi vida, por lo que me considero calificado para dar una opinión concreta y objetiva sobre los felinos, a quienes considero las mejores mascotas junto con los perros, quienes además se pueden llevar muy bien entre ambos.

Los gatos son animales muy independientes y viven en su propio mundo, un mundo lleno de curiosidades, ya que quieren averiguar todo sobre todo; por eso digo que los gatos serían los mejores científicos. Sin embargo, ellos  llegan a ti cuando lo creen apropiado, como cuando uno está triste o enfermo, al grado de que si el estómago es lo que nos duele, llegarán a acostarse ahí y no exagero al decir que alivian el dolor.

Los gatos saben cosas que los demás no saben, no por nada pueden pasar horas enteras viendo atentamente algo en la ventana que nadie ve y no por nada se pueden quedar contigo sin moverse por días enteros cuando uno esta triste.

Los gatitos son verdaderamente animales impresionantes y muy misteriosos, así como cariñosos en los momentos más necesarios.

El calendario y los mercados

El fin de semana, mi esposo y yo fuimos al centro, a buscar unas telas para disfraces, pues nuestros hijos participarán en el desfile que organizará la escuela, con motivo de las Fiestas Patrias.

Podrían preguntarnos la razón de tanto adelanto, pero la verdad es que mientras recorríamos esas históricas y ajetreadas calles, nos invadió la sensación de que el tiempo se nos había venido encima y que ya deberíamos estar pensando no en el 15 de septiembre, ¡sino en la cena de navidad!

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No es sólo que los puestos de banderitas y adornos tricolor ya estén en cada esquina y que los edificios del Zócalo empiecen a ostentar los adornos propios de la celebración, sino que en la mayoría de los almacenes, tiendas y mercerías ya se puede encontrar de todo para preparar la decoración del Día de Muertos, así como de las fiestas de fin de año. Hasta uno que otro arbolito decorado vimos por ahí.

Después recordé que en la panadería del supermercado ya empezaron a sacar el pan de muerto y que hace unos días, cuando llevé a los niños al cine, mi hija me mostró en el aparador de una tienda, el juego de química que quiere pedir a los Reyes.

Definitivamente, somos una sociedad a la que le cuesta trabajo vivir en el presente. No digo que la anticipación esté mal; todo lo contrario, es importante planear los compromisos venideros, para no dejar que nos abrumen las prisas y para tener tiempo de resolver los imprevistos que se presenten. Sin embargo, demasiada anticipación impide disfrutar adecuadamente del momento actual.

Pero además de los planes y las expectativas, hay otro factor que nos hace vivir en el ritmo tan acelerado al que hemos terminado por habituarnos; se trata de la economía. El hecho de que los saltos en el calendario se den sobre todo en ámbitos comerciales, implica que anticipar las expectativas y hacernos pensar por adelantado en eventos para los que todavía faltan varios meses, genera un beneficio económico.

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Pensemos, por ejemplo, en los platillos y golosinas de temporada, que ahora nos ofrecen desde un par de meses antes de la festividad. Si antes el pan de muerto o la rosca de Reyes eran el hit de la panadería durante un par de días, o una semana, a lo mucho, ahora pueden llevar ingresos a dichos establecimientos por un mes o más; con la anticipación del ambiente festivo se despierta el antojo de los consumidores, quienes por lo general no tienen inconveniente en disfrutar por más tiempo de una suculenta pieza de repostería.

Algo semejante sucede con las campañas de ventas navideñas, que nos invitan a planear los regalos y la decoración al menos desde noviembre. Lo mejor, para el comercio, es que mucha gente se deja llevar por la idea de adelantar las compras, pero también termina por ceder ante una oferta de última hora o por comprar algo de lo que se había olvidado y que unos días antes de las fiestas, sale más caro.

Y en medio del frenesí de adelantos y compras, rara vez nos detenemos a pensar si eso que “nos urge” comprar es algo realmente necesario, útil o que marcará una diferencia en la calidad de nuestras vidas.

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Cuando el descanso te cansa

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¡Gracias a Dios, se acabaron las vacaciones! No me malinterpreten; no es que tenga poco aprecio por cada minuto que paso junto a mis niños; al contrario, ahora que están en el colegio cuento las horas para que regresen. Lo que pasa es que cuando se juntan condiciones como una ciudad sobrepoblada y millones de personas tratando de disfrutar una temporada de asueto al mismo tiempo, los resultados pueden ser más estresantes que las semanas de cierre de cuentas en el trabajo.

Y eso que mi esposo y yo planeamos todas las actividades recreativas del verano, incluido el viaje, dos meses antes de que los niños salieran de vacaciones. Por nada del mundo repetiríamos la espantosa experiencia de Semana Santa, cuando se nos ocurrió regresar de Puebla el domingo a medio día; sólo les diré que la fila para pasar por la caseta llegaba más allá de donde se encuentran las básculas camioneras, en las que se pesan los transportes de carga. Pero, claro, ¡en qué cabeza cabe volver a casa justo un día antes del inicio de las actividades!

Nos prometimos que el verano sería distinto, así que reservamos el viaje a Puerto Vallarta para principios de agosto; de esta forma no coincidiríamos con las familias que se apresuran a salir en cuanto se clausura el curso y menos aún con las que vuelven a velocidad frenética, porque ya tienen los minutos contados para preparar los uniformes y los útiles. Además, agendamos visitas a museos, parques de diversiones, paseos a balnearios y áreas naturales cercanas y los obligados días de cine, para ver las películas de moda, que todos los niños comentarán al reunirse.

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Como nuestros hijos ya conocen las principales atracciones para el entretenimiento infantil que tiene nuestra Ciudad de México, tales como Six Flags, el Zoológico de Chapultepec, El Papalote o Kidzania, decidimos proponerles nuevas opciones y decirles que eligieran uno o dos de sus lugares favoritos para repetir. A los niños les encantó la idea y de hecho estaban más entusiasmados con las excursiones a lugares donde podrían nadar y jugar al aire libre, que con los juegos mecánicos de siempre.

No exageraré diciendo que todo fue un caos. La verdad es que tuvimos buenos momentos, nos divertimos y, lo más importante, los niños la pasaron fenomenal. Lo que aún me tiene sorprendida es que rara vez nos salvamos de las aglomeraciones y las filas; ya fuera en los museos, en los cines entre semana y hasta en restaurantes que no suelen ser demasiado concurridos ni estar entre los favoritos del público infantil, nos encontramos más gente de lo normal.

Las albercas se llenaban con inusitada rapidez, por más que tratáramos de llegar temprano al balneario; más que nadar, sólo quedaba la opción de chapotear. Y andar en bicicleta en los parques no era del todo sencillo, pues había que esquivar a los niños que constantemente atravesaban corriendo por la vía.

En fin, como ya les decía, la diversión no faltó, pero al final de cada día de paseo, mi esposo y yo nos sentíamos más y más agotados; no tanto por la actividad, sino por las filas, el ruido, las esperas y las multitudes. Por eso digo, gracias por la vuelta a la rutina y el término de las vacaciones; pues tanto descanso, ya nos tenía verdaderamente cansados.

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La policía

Al estar en la línea de check-in de VivaAerobus, estaba observando a los policías que hacían guardia en la entrada del aeropuerto y en verdad me fue fácil entender por qué el crimen organizado es el que lleva la batuta en este país, ya que sería ridículo pensar que en México nuestros policías tienen las cosas bajo control.

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La policía, en cualquier nación competente, debe de ser la institución más respetada, junto con las Fuerzas Armadas, ya que ambas instituciones están conformadas por individuos que escudan a la nación de la inmundicia del crimen organizado con su vida.

Los ciudadanos de cualquier país digno deben sentir entera confianza, al estar en algún apuro, de llamarle a la policía, pues saben que sus elementos pondrán un fin al asunto y encontrarán a los criminales, aunque se escondan debajo de la tierra.

Una fuerza policíaca profesional debe de inspirar respeto y temor con la mera presencia de sus elementos, lo que significa que deben de están en perfecta condición física a niveles atléticos de alto rendimiento, a modo de que estén siempre listos para cualquier tipo de persecución; de lo contrario, el crimen organizado se reirá de ellos.

Es importante entender que ningún policía, por buen entrenamiento que tenga, podrá llevar a cabo su labor si su equipo es inadecuado; lo anterior dará a los criminales una invaluable ventaja sobre ellos.

En general, una unidad policíaca debe de contar con un excelente equipo de radio comunicación, que les permita comunicarse con la base y otros oficiales (especialmente al pedir refuerzos); un automóvil veloz y versátil, capaz de maniobrar  en cualquier persecución; con armas de fuego de función automática, así como una pistola de calibre 45 y un entrenamiento excesivo, rayando en lo fanático, a modo de forjar un corazón de león y una técnica y táctica inigualables al momento de abrir y recibir fuego.

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A su vez, los oficiales de policía deben ser éticamente un modelo a seguir para toda la población, como si estos fueran la propia constitución caminando, lo que les hace también a los oficiales de calidad una autoridad moral en esencia.

Desgraciadamente, en México esto no existe, ya que la mayoría (siempre hay excepciones)  de los elementos que conforman la fuerza policíaca en México no deberían de estar ahí.

Físicamente, en su mayoría, los oficiales mexicanos podrían parecer una broma satírica de algún periódico de humor negro, ya que más del 60% de los elementos de la policía son obesos y muchas veces no saben siquiera utilizar el arma de fuego adecuadamente, ya que para poder hacer buen uso de las armas, a nivel profesional, uno debe de practicar más de lo que descansa.

Moral y éticamente, los oficiales de la fuerza policíaca mexicana muchas veces son iguales o peores al el crimen organizado, ya que muchas veces son ellos mismos (los policías) los que cometen actos criminales.

Todo esto, por supuesto, sería diferente si el gobierno federal le subiese el sueldo considerablemente a la fuerza entera y que no les hagan pagar por cada bala que disparen.

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Son lujos, pero creo que los valgo

Todos los días me despierta un ruido persistente, que he llegado a odiar más que la alarma del reloj, lo cual ya es mucho decir. Un repetido martilleo se infiltra en mis sueños, haciéndome imaginar toda clase de calamidades; desde las detonaciones emitidas por armas extraterrestres, hasta mis hijos aprendiendo a tocar la batería.

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Así es como mi organismo va despertando poco a poco y mi mente se distancia de la pesadilla, para tomar consciencia de lo que realmente sucede; inicia un día más de obras en una de las muchas construcciones que se levantan en la colonia, cortesía de la nueva fiebre inmobiliaria.

Cuando en el desayuno, el camino a la oficina o, más tarde, durante la cena, se me ocurre hacer un comentario quejoso al respecto, mi esposo o mis amigos me dicen que ya debería estar acostumbrada. Así es la vida en las grandes ciudades, y si no fueran las obras, serían las ambulancias o los sinceros recordatorios familiares, emitidos por los primeros conductores del día. Sí, acaso debería ceder a la costumbre; pero lo cierto es que no puedo y tal vez no quiero hacerlo.

El domingo, mientras desayunaba, leí un artículo que me dio la razón. Según la nota, hay dos elementos esenciales para la salud física y mental de las personas, que se han vuelto prácticamente imposibles de tener en un grado satisfactorio, en nuestras sociedades contemporáneas. Se trata del sueño y el silencio.

¿Pensaban que los lujos a los que me refería eran tardes de spa y compras ilimitadas en las tiendas más palaciegas de la ciudad? ¡Pues no! Lo que se ha vuelto un lujo en nuestros días es dormir como Dios manda, o más bien, como el cuerpo pide y contar con unos instantes libres de contaminación auditiva, en los que podamos escuchar los propios pensamientos.

El artículo también citaba un estudio, elaborado por un instituto de neurología, según el cual los adultos dormimos un promedio de cinco horas diarias. Este corto periodo es de por sí insuficiente para que se lleven a cabo todas las funciones reparadoras que los distintos sistemas de nuestro organismo realizan durante el sueño. Pero lo peor que esas cinco horas no suelen ser de sueño profundo e ininterrumpido.

Pocos son los afortunados que caen en brazos de Morfeo en cuanto su cabeza toca la almohada. Lo más común es que pasemos un buen rato dándole vueltas a los contratiempos del día que estamos concluyendo, así como a los pendientes del que iniciaremos mañana. Por otra parte, la noche ha dejado de ser ese momento en el que se impone el silencio y en que los pocos transeúntes hacen lo posible por pasar desapercibidos. Ahora cualquiera grita, toca la bocina o pone música a todo volumen a mitad de la madrugada y a quienes intentamos dormir no nos queda más que la resignación.

Cuando un artículo de primera necesidad se transforma en lujo, accesible para unos cuantos y en contadas ocasiones, lo más natural es que nuestros sistemas colapsen. Pese que tratemos de llevar y procurar a nuestras familias una vida saludable, una alimentación balanceada y una educación para la paz, como diría William Soto, es imposible que nos mantengamos sanos y equilibrados, si lo más esencial nos falta.

Por eso es que me resisto a caer en la costumbre; pero también me doy cuenta que en vez de quejarme, debo pasar a la acción. Tal vez no podré acabar con todas las construcciones que se hacen en la ciudad, pero habrá que postergar la renovación del guardarropa e invertir en vidrios más gruesos para las ventanas. Si el descanso y el silencio son un lujo, me los daré, ¡porque creo que los valgo!

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