Cuando lo improbable da frutos

Hace un par de meses me inscribí a unos diplomados que imparte la Academia Nacional de Medicina, no porque sea médico o esté en mis planes serlo, sino simplemente debido a que me interesa la medicina y es algo que tomo como un hobby  ya desde hace tiempo.

En la vida, muchas veces las cosas que hacemos tienen propósitos secretos que no se revelan hasta el momento adecuado, de la misma manera que la manzana no cae del árbol hasta el momento preciso, lo que significa que nada se debe forzar hasta que las fuerzas del tiempo estén listas.

Muchas personas y conocidos míos me han dicho que es una pérdida de tiempo absoluta, ya que verdaderamente paso la mayoría de mi tiempo libre estudiando medicina, algo que es para mí lo mismo que el Sudoku es para los aficionados de aquel acertijo matemático.

Sin embargo, como ya he mencionado, todo tiene su razón de ser y toda actividad da sus debidos frutos al final del día, algo que a mí me sucedió el día viernes, ya que mi pequeño hobby finalmente dio verdaderos frutos.

Todo comenzó el viernes pasado, cuando mi madre, quien tras haber tenido un accidente se encuentra en una silla de ruedas, me dijo que tenía una extraña molestia en su pierna derecha, una molestia que nunca había tenido, parecida a aquel dolor que se obtiene cuando se ejercita de más.

Además, su pierna derecha, particularmente en el área de los ligamentos, se inflamó  ligeramente, algo que muchas veces puede ser un indicador de alguna lesión que se remedia con anti inflamatorios; sin embargo, hay algunas veces que dichos síntomas pueden ser algo bastante más serio, como la posibilidad de una trombosis, una condición que muchísimas veces es de carácter mortal; de hecho, en los pasados cinco años he sabido de tres personas quienes han sufrido de esta condición y todos han muerto en el hospital tras unos días de haber ingresado.

Por esta razón y por los innumerables reportes que había leído anteriormente sobre la trombosis, pude concluir que en verdad mi madre podría estar sufriendo de la obstrucción de alguna arteria por un coágulo, por lo que era imperativo llevarle al hospital a ser revisada, al menos para descartar la posibilidad de una trombosis.

Al llegar a urgencias, debo decir que aunque el hospital al que mi madre llegó es uno de los mejores de México, el personal medico ahí, particularmente a nivel enfermería, es no solo malo, sino pésimo, ya que cuenta con los dos peores atributos que pueda tener una persona en esta posición, que son mala actitud y lentitud, algo que la enfermera mexicana por lo general padece con gran frecuencia.

A fin de cuentas y tras haberle hecho a mi madre un ultrasonido, le diagnosticaron una trombosis pulmonar, por la cual aún sigue hospitalizada, pero aparentemente estable. Sin embargo, de no haber sabido dónde podría haber terminado esto, mi madre seguramente habría pagado el máximo precio.