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La Presentación del Señor es la fiesta de Cristo,
luz de los pueblos y del encuentro del Mesías con su pueblo en el
Templo de Jerusalén.
El gesto de obediencia a la ley de ofrenda, realizado
por María y José que llevan al niño Jesús para presentarlo en el
Templo debe inspirarnos a vivir plenamente la unión con Dios bajo
el ejemplo de la Sagrada Familia comprometida y consagrada a vivir
la misión específica dentro de los designios que Dios les propone.
En este día al igual que el viejo Simeón y la profetiza
Ana, contemplamos al Niño Divino, el Verbo Encarnado que es presentado
en el templo de Jerusalén que representa el templo de nuestro corazón.
"Corramos todos al encuentro del Señor los que con
fe celebramos y veneramos su misterio. Nadie deje de participar
en este encuentro, nadie deje de llevar su luz. Del mismo modo que
la Virgen Madre de Dios tomó en sus brazos la luz verdadera y la
comunicó a los que yacían en tinieblas, así también nosotros, iluminados
por Él apresurémonos a salir al encuentro de Aquel que es la luz
verdadera.
Ha llegado ya aquella luz que viniendo a este mundo
ilumina a todo hombre. Dejemos que esta luz nos penetre y nos transforme,
ninguno de nosotros ponga obstáculos a esta luz y se resigne a permanecer
en la noche; al contrario, avancemos todos llenos de resplandor,
todos juntos iluminados salgamos a su encuentro y cantemos un himno
de acción de gracias al engendrador y Padre de la luz que ha arrojado
de nosotros las tinieblas y nos ha hecho participes de la luz verdadera."
(San Sofronio, Obispo)
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