2 de Febrero, La presentación del Señor


Forma con la Purificación de María uno de los episodios del Evangelio de la infancia en San Lucas (2, 22-38). Se trata de dos prescripciones de la Ley mosaica que solían cumplirse simultáneamente y que José y María también observaban (Lev 12,1-4 ; 8).
El evangelista refiere que dos ancianos presentes en la ceremonia, Simeón y Ana, intervinieron para dar testimonio de la mesianidad del Niño y de la suerte futura que le esperaba a su Madre.

El acontecimiento se celebra en la liturgia el día 2 de febrero, con una fiesta que es al mismo tiempo de María y del Señor; durante mucho años se ha llamado Fiesta de la Purificación de la Virgen, y en el calendario litúrgico publicado en 1969 recibe el nombre de Presentación del Señor.

 

 

Introducción

       


La Presentación del Señor es la fiesta de Cristo, luz de los pueblos y del encuentro del Mesías con su pueblo en el Templo de Jerusalén.

El gesto de obediencia a la ley de ofrenda, realizado por María y José que llevan al niño Jesús para presentarlo en el Templo debe inspirarnos a vivir plenamente la unión con Dios bajo el ejemplo de la Sagrada Familia comprometida y consagrada a vivir la misión específica dentro de los designios que Dios les propone.

En este día al igual que el viejo Simeón y la profetiza Ana, contemplamos al Niño Divino, el Verbo Encarnado que es presentado en el templo de Jerusalén que representa el templo de nuestro corazón.

"Corramos todos al encuentro del Señor los que con fe celebramos y veneramos su misterio. Nadie deje de participar en este encuentro, nadie deje de llevar su luz. Del mismo modo que la Virgen Madre de Dios tomó en sus brazos la luz verdadera y la comunicó a los que yacían en tinieblas, así también nosotros, iluminados por Él apresurémonos a salir al encuentro de Aquel que es la luz verdadera.

Ha llegado ya aquella luz que viniendo a este mundo ilumina a todo hombre. Dejemos que esta luz nos penetre y nos transforme, ninguno de nosotros ponga obstáculos a esta luz y se resigne a permanecer en la noche; al contrario, avancemos todos llenos de resplandor, todos juntos iluminados salgamos a su encuentro y cantemos un himno de acción de gracias al engendrador y Padre de la luz que ha arrojado de nosotros las tinieblas y nos ha hecho participes de la luz verdadera."
(San Sofronio, Obispo)

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