Apocalipsis (Parte 1/3)

Son muchas las interpretaciones que se le dan a éste último libro de la Biblia, pero por desgracia, la mayoría de ellas son hechas en sentido erróneo, al realizarlas fuera de la Iglesia y de acuerdo a lo que a cada uno se le ocurre. Pero a éstos, dice San Pedro: "Pero, ante todo, tengan presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia..." (II Pedro 1,20).
San Pablo dice: "... esos tales no sirven a Nuestro Señor Jesucristo, sino a su propio vientre, y por medio de suaves palabras y lisonjas, seducen los corazones de los sencillos" (Romanos 16,18). Y también leamos II Pedro 3,16-18.

1. El Título

2. El Apocalipsis de Juan
y los Apocalipsis judíos

3. Plan del libro

4. Destinatarios

Introducción 
La idea que debemos tener antes de empezar nuestro curso es que el Libro del Apocalipsis nos habla del amor y la preocupación de Dios por la salvación de todos los hombres: "Dios quiere que todos los hombres se salven, y lleguen al conocimiento de la verdad". (l Timoteo 1,2-4). Además, se manejan dos ideas claras: El poder de Dios, que brota de su gran amor y que finalmente vence; y el poder del mal, que es vencido, que muchos han querido resaltar mas, sobre todo en películas y predicaciones de gente inexperta en la interpretación de las Escrituras.

Una idea antes de empezar: Es algo significativo el que Jesús haya hecho éstas revelaciones a su "discípulo amado", pues San Juan entendía perfectamente el amor de Dios revelado en Jesús, y al que entiende el amor (no porque los otros apóstoles no lo entiendan), se le da el encargo de revelarlo. Además, habían pasado ya casi 100 años de que Jesús ascendió a los cielos, y muchos cristianos se alejaban del amor de Dios.
Pero entremos a fondo a éste mundo maravilloso del amor de Dios revelado a San Juan, el discípulo amado de Jesús, a través del APOCALIPSIS.  1. EL TITULO 
La palabra griega (apocalipsis) significa manifestación, revelación. Cuando hoy se habla de apocalipsis, enseguida pensamos en catástrofes, espantos, fuerzas terribles desatadas, bien sean cataclismos de orden natural, bien una explosión nuclear. De éste modo olvidamos, lo cual es muy lamentable para la interpretación del Apocalipsis, que éste libro ha de ser leído como una revelación de Jesús; como el descubrimiento del sentido del Evangelio. Al mismo tiempo perdemos definitivamente de vista el hecho de que el título de "Apocalipsis" es también una indicación de género literario, o una manera de escribir como luego veremos.
2. EL APOCALIPSIS DE JUAN Y LOS APOCALIPSIS JUDÍOS
La forma de escribir un libro en género apocalíptico tiene cuatro aspectos:
  1. Esotérica en su carácter (Con mensaje oculto): Angelología, Demonología, Astrología, Numerología (7; 3; 666; 144,000; 12 etc.)
  2. Seudónima en su paternidad
  3. Simbólica en su lenguaje
  4. Literaria en su forma
El Apocalipsis ¿Es apocalíptico?. El autor del Apocalipsis tiene conciencia clara de estar escribiendo un apocalipsis. Conoce las reglas del género y se inspira en ellas. Pero su fe cristiana transforma fundamentalmente el mensaje apocalíptico. Tan sólo se conserva la forma externa y aún esto únicamente cuando sirve para el propósito del autor: anunciar la conmoción que la venida de Jesús provoca en la vida de cada hombre y del mundo entero, y celebrar la espera cierta de su venida final, apoyándose en la experiencia de su presencia actual, exigente y salvífica.
3. PLAN DEL LIBRO
Un plan difícil. Basta leer algunos comentarios. Decir que cada cual presenta un plan estructural no es exagerar, sino que resulta muy difícil ofrecer un ordenamiento que satisfaga profundamente, al menos nuestra exigencia de lógica. Y el caso es que rara vez un texto ha llamado tanto la atención sobre algunas de sus estructuras: hay siete iglesias, y por tanto, siete cartas; el libro tiene siete sellos cuidadosamente enumerados; luego vienen las siete trompetas y las siete copas; se anuncia tres desgracias, etc. Los temas tratados.
  • Introducción y visión inaugural (1)
  • Las dos bestias (13)
  • Las siete cartas a las Iglesias(2-3)
  • Los 144,000 y el juicio (14)
  • Visión trono, cordero y libro de los 7 sellos (4-5)
  • Los ángeles con las siete copas (15-16)
  • Los siete sellos (6,1 - 8,5)
  • El juicio de Babilonia (17,1 - 19,10)
  • El "paréntesis" del capítulo 7
  • El Mesías Juez (19,11-21)
  • Las siete trompetas (8,6 - 11,19)
  • Los 1,000 años y el juicio (20)
  • El "paréntesis" de los capítulos 10,1 - 11,13
  • La era nueva (21,1-22,5)
  • La mujer, su hijo y el dragón (12)
  • Epílogo (22,6-21)
Algunas observaciones sobre la composición del libro, sus principios y motivaciones:

+ Significado de los paralelismos.
Dicho de otra manera: el tema de las siete trompetas no es radicalmente diferente del de las siete copas. El mensaje es fundamentalmente el mismo. O mejor, anuncia las mismas verdades, pero con acentos distintos cada vez, cambiando la iluminación o el punto de vista.
 
Trompetas
Copas
1.- Granizo y fuego sobre la tierra: un tercio arde 1.- Derramada sobre la tierra
2.- Montaña ardiendo precipitada al mar, un tercio del cual se convierte en sangre 2.- Derramada sobre el mar, que se convierte en sangre. Todo perece
3.- Un astro ardiente cae a las aguas dulces: un tercio se envenena 3.- Derramada sobre las aguas dulces, que se convierten en sangre
4.- Es herido un tercio de los astros 4.- Derramada sobre el sol que abraza a los hombres
5.- Una estrella arrojada del cielo, abre el abismo, sale una humareda que oscurece el sol, langostas y escorpiones atormentan a los hombres que no son de Dios 5.- Derramada sobre el trono de la bestia, cuyo reino oscurece. Los hombres son torturados, pero no se arrepienten
6.- Liberación de los cuatro ángeles encadenados en el Eufrates. Invasión, muere un tercio de los hombres 6.- Derramada sobre el Eufrates, que se seca y permite la invasión de los reyes de oriente
7.- Proclamación de la actualidad del juicio 7.- Juicio de Babilonia

+ Una progresión. Las visiones repiten constantemente las mismas afirmaciones, pero abren perspectivas propiamente escatológicas.+ Paréntesis esenciales. Llamaremos paréntesis a la inclusión de un tema en medio de otro. Son paréntesis de elementos que intervienen en la serie con una función determinada, la de retrasar deliberadamente la progresión. Por ejemplo, la pausa que separa el sexto sello del séptimo (Ap.7), o la sexta trompeta de la séptima (10,1-11,13). Del mismo modo podemos enjuiciar los capítulos 12 al 14, que siguen a la séptima trompeta y preceden la primera copa. Una función muy similar es la que tiene, dentro de las distintas visiones, los himnos y las proclamaciones solemnes: invitan al lector a descubrir cómo los acontecimientos apocalípticos anunciados le conciernen a él directamente.
4. DESTINATARIOS
  1. Dos situaciones sucesivas.
    Las observaciones anteriores nos hacen suponer que el libro del Apocalipsis recibió dos destinos diferentes y sucesivos. En su estado primero, al comienzo del capítulo primero y por el cuerpo del Apocalipsis, los capítulos 4 a 22,15, el libro parece preocuparse sobre todo por los problemas que plantea a los cristianos el vivir en el corazón de un imperio idólatra, donde se creía que el emperador era dios, y por las amenazas que pesan sobre quienes se niegan a plegarse a las exigencias del culto imperial, o adorar al emperador.

  2. El culto imperial.
    La visión del capítulo 12 pone en escena a Satán, a la Mujer Celeste, imagen del pueblo de Dios (12,1ss), y al Mesías. Cuenta la historia de la hostilidad irreconciliable que enfrenta al diablo contra Dios y los suyos.

    La bestia que aparece ahora es una criatura de Satán, uno de sus lugartenientes en la tierra, una realidad que de alguna manera encarna al diablo en el mundo contemporáneo del vidente. Es, pues, legítimo tratar de averiguar la identidad de la persona o cosa que esconde tras ésta imagen.


    La primera bestia. Lugarteniente de Satán. Su apariencia muestra claramente un parentesco estrecho con el dragón Satán (12,3 y 13,1). Es un instrumento del diablo, su apoderado. No es de extrañar, pues, que la acción de la primera bestia trate de empujar a los hombres a adorar al dragón.

    Una realidad política. Esta bestia recapitula los rasgos de las tres primeras bestias de la visión de Daniel 7, que simbolizaban respectivamente los imperios Babilónico, Medo y Persa. La primera bestia designa asimismo un reino. Caracteriza la acción de la primera bestia el "poder" ejercer el poder. Su poderío es grande. Su dominio es universal.

    Carácter religioso. Son muchos los rasgos que ponen de manifiesto el carácter religioso de la bestia: Blasfemo. Profiere blasfemias. Exige que se le adore y celebre proclamando "¿Quién como la bestia?".

    El Imperio Romano. Todos estos rasgos vienen a perfilar un retrato robot que los primeros lectores del Apocalipsis identificaban inmediatamente: se trata del Imperio Romano. La mentalidad popular atribuye fácilmente el orden romano, que permite vivir en un mundo pacífico y organizado, al favor de los dioses. Son aquellos quienes están detrás de toda autoridad humana. Por eso el hombre en quien se concentra todo el poder, el emperador, es de rango semidivino.

    Roma/Babilonia. En éste contexto hay que situar los capítulos 17 y 18 del Apocalipsis, donde se anuncia el juicio de Babilonia, la gran ramera.

    Las siete cabezas de la bestia. (Ap.17,9-11), presenta una misteriosa alegoría según la cual, las siete cabezas de la bestia son siete reyes. Cinco ya han caído, el sexto reina todavía; el séptimo pasará rápidamente. Luego vendrá un octavo rey identificado a la vez con la bestia y con uno de los siete soberanos anteriores.

    La victoria pascual. Satán es arrojado del cielo y precipitado a la tierra en tiempos de Tiberio. El primer emperador demoníaco será, pues el sucesor de Tiberio: Calígula. A continuación vienen Claudio y Nerón, prescindiendo de los reinados enfermos, y por momentos concomitantes, de Galba, Otón y Vitelio; el cuarto es Vespaciano; el quinto, Tito; el sexto, bajo cuyo reinado se escribió el Apocalipsis, es Domiciano. El séptimo está por venir. Después vendrá el octavo, de quien se dice a la vez que es uno de los siete y que se identifica de alguna manera con la bestia. Es la perfecta encarnación del imperio idólatra.

    Sabemos que Nerón fascinó literalmente a sus contemporáneos por causa del exceso mismo de la perversidad (matricida, incendiario, déspota...) A su muerte corren rumores de que el emperador no ha muerto. Este es el octavo emperador, uno de los siete y la bestia a la vez (13,3; 17,8; 17,8.11) Su regreso, en vez de triunfo, será ocasión para que el mundo entero asista a la derrota definitiva de las fuerzas satánicas.

  3. El 666
    El último versículo del capítulo 13, contiene la más conocida dificultad interpretativa del Nuevo Testamento: el número de la bestia, 666. El autor mismo nos advierte que emplea una manera cifrada para designar a la bestia. El que tenga inteligencia (inteligencia inspirada, claro está) que entienda el código y lo traduzca. Pero volviendo al problema, digamos con claridad de qué manera lo podemos abordar: es posible descifrar cualquier mensaje codificado con sólo disponer de una muestra de textos (o cifras) suficientemente grande.


    Este 666 es resultado de un procedimiento llamado gematría. Consiste en sumar el valor numérico de las letras que componen un nombre o una palabra. Como se sabe, ni el hebreo ni el griego tenían números. Estos son sustituidos por letras con valor numérico. Por ejemplo las letras griegas l=1; V=5; X=10; L=50; etc. El primer interrogante consiste en saber cuál es el alfabeto de referencia, el hebreo o el griego. Una de las soluciones más interesantes supone una base hebrea. Las letras que componen la fórmula "Nerón Emperador" (Qesar Nerwn, en hebreo; se pronuncia Quesar Nerón) valen, en efecto, 666. El hebreo se escribe al revés que el español, y no se escriben las vocales.
Letra hebrea (Qesar)
Valor
Letra hebrea (Nerwn)
Valor
Q=Qof
100
N=Nun
50
S=Samek
60
R=Resh
200
R=Resh
200
W=Waw
6
N=Nun
50
_______________________________________(Qesar Nerwn). La Suma da un total de 666. El número que nos interesa se compone de tres 6. ¿No habrá en ello una insistencia deliberada, que trata de poner de relieve el hecho de que la persona o realidad de que se trate se halla marcada de manera definitiva por el número 6, esto es una cifra que, por ser contigua al siete (perfección) sin llegar a alcanzarlo, simboliza el mal, la rebelión contra Dios, la idolatría? Este tipo de simbolismo que, señalando con claridad el carácter satánico de la realidad significada, excluye definitivamente todo intento de identificación concreta; es quizá el camino explicativo más seguro de este texto misterioso. Además, tiene el mérito de extinguir la ardiente y peligrosa fascinación que ejerce en el espíritu humano la posibilidad de ver en la historia contemporánea las señales que el plan de Dios hubiera establecido de antemano. Es decir: no podemos expresar que el 666 vaya a nacer ahora; o que si nace, tenga en su cuerpo marcados los tres 6.

 

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