Derechos y deberes del cristiano: Todo bautizado tiene derechos y deberes dentro de la Iglesia
Católica, a la cual pertenece. Todos los miembros de la Iglesia,
-laicos y consagrados- tenemos la misma dignidad y la misma responsabilidad
en cuanto a la misión común de la edificación del Cuerpo de Cristo.
El Código de Derecho
Canónico define a los fieles cristianos en común por cuatro características:
-
Incorporación
a Cristo por el Bautismo
-
Integración
al Pueblo de Dios
-
Participación
de la función profética, sacerdotal y regia de Cristo
-
Llamamiento
a desempeñar la misión de la Iglesia en el mundo.
El mismo Código menciona
14 derechos que tenemos todos los bautizados en la Iglesia Católica:
-
A
difundir la Buena Nueva
-
A
recibir la Palabra de Dios
-
A
la educación cristiana
-
A
la libertad en la investigación teológica y a la exposición
de sus resultados
-
Al
apostolado
-
A
fundar y dirigir asociaciones de apostolado. A reunirse para
este fin.
-
A
recibir los Sacramentosà A elegir al Confesor
-
A
dar culto a Dios y a la propia espiritualidad
-
A
la elección de estado
-
A
la buena fama y a las relaciones entre los miembros à a manifestar
las propias necesidades espirituales a los Pastores.
-
A
manifestar su opinión
-
A
defender sus derechos en juicio
-
A
ser juzgados conforme a derecho
-
A
no recibir penas fuera de las normas.
También menciona nuestros
deberes:
-
Cooperar
en la edificación del Cuerpo de Cristo
-
Conservar
la comunión con la Iglesia
-
Esforzarse
por incrementar la Iglesia y promover su santificación
-
Trabajar
por la difusión del mensaje de salvación
-
Obediencia
cristiana a los Pastores
-
Manifestar
su opinión sobre el bien de la Iglesia a los Pastores y a los
demás fieles.
El
deber de ayudar a la Iglesia:
El canon 222 enuncia
todo el arco de necesidades de la Iglesia en cuya solución deben
ayudar los fieles. Es bueno recordar que este deber se aplica tanto
a los laicos como a los consagrados, ya que habla de los fieles
en general:
-
"Los fieles
tienen el deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, de
modo que disponga de lo necesario para el culto divino, las
obras apostólicas de caridad y el conveniente sustento de los
ministros".
-
"Tienen también
el deber de promover la justicia social, así como, recordando
el precepto del Señor, ayudar a los pobres con sus propios bienes".
El
diezmo en el antiguo testamento:
El diezmo que se daba
para Dios aparece ya en la época patriarcal:
-
Abraham cuando
venció a Codorloamor y a sus aliados, ofreció el diezmo del
botín obtenido a Melquisedec, rey de Salem, por ser el Sacerdote
del Dios Altísimo (Gen 14, 18-20);
-
Jacob promete
en Betel que, si vuelve sano y salvo de Jarán, le ofrendaría
a Dios el diezmo de lo que Dios le permitiera obtener (Gn 28,
29-22).
Esta práctica se fue
asimilando en el pueblo de Israel:
-
Nehemías exhorta
durante la renovación de la Alianza a no olvidar este compromiso
para con los Levitas y los sacerdotes (Neh 10, 38-39; 12,44;
13, 4-5.12)
-
En tienpos del
Rey Ezequías se encarece la generosidad de Judá para cumplir
con esta ofrenda (2 Cro 31, 5-12)
-
El profeta Malaquías
exhortará a los israelitas a cumplir con este precepto (Mal
3,10)
-
Amós invita a
la coherencia y se encargará de recordar que el cumplimiento
de este mandamiento no se debe hacer acompañado del alejamiento
de Dios o de la idolatría (4,4)
En el Nuevo
Testamento, entran en escena el grupo de los Fariseos que
basaban su ciencia en tres cosas: la observancia del sábado, los
ritos de purificación y el pago escrupuloso del diezmo. Sin embargo
Jesús les recuerda que esto no debe hacerles olvidar la justicia
y el amor de Dios (cf. Lc 11,42; Mt 23,23)
Los
tipos de ofrendas: El
diezmo consistía en la donación de la décima parte de los bienes
que se obtenían de la tierra y del trabajo. Se ofrecía, como tributo
a Dios y a los hombres que estaban a su servicio. En las sociedades
civiles existía además el diezmo que se pagaba como tributo a los
reyes.
En el diezmo ofrecido
a Dios, había tres tipos: los primeros dos se entregaban a los levitas
como pago de sus servicios en el Templo y por ser la tribu que no
había recibido tierras en función de dedicarse al culto a Dios (Num
18,21-24). Los levitas, al mismo tiempo, entregaban el diezmo de
lo que recibían al Sumo Sacerdote:
-
Se
ofrecía a Dios como "cosa sagrada" el diezmo de los
productos de la tierra y del producto de los árboles (Lev 27,30-31).
-
Se
debía consagrar a Dios el diezmo del ganado (lev 27,32)
-
Se
preparaba el diezmo del trigo, el vino y el aceite, así como
los primogénitos de los ganados para comerlos en la presencia
de Dios e invitaba a los levitas (Dt 14,22-27; cfr 12,5-12).
Cada tercer año había que dar diezmo de este tipo a los levitas
y a otros necesitados para que comieran a satisfacción (Dt 26,
12-13).
El
diezmo de la Iglesia de hoy: El
diezmo no debe ser una práctica filantrópica, sino un gesto religioso.
Debe brotar de un corazón misericordioso que quiere llevar un poco
de consuelo al que está pasando una necesidad, o desea contribuir
con sus medios en una empresa de especial interés humano y sobrenatural.
Como cristianos debemos
agregarle a lo anterior que nuestras ofrendas debieran llevarnos
a manifestar nuestra gratitud por el Sacrificio de Cristo, don de
Dios a la humanidad (Jn 3,16), al mismo tiempo que nos deben manifestar
como personas que hemos asimilado los valores del Reino.
EL diezmo apunta en
su finalidad hacia cuatro elementos como si fueran los cuatro puntos
cardinales: Hacia Dios, hacia el prójimo, hacia la creación y hacia
nosotros mismos.
-
Hacia
Dios, el diezmo nos mueve a reconocer su soberano dominio y
los beneficios que vienen de su Mano. Dios es el propietario
del mundo y en particular de lo que te ha concedido.
-
Hacia
el prójimo nos mueve la generosidad, a la práctica de la caridad
y, en muchos casos, a la vivencia de la justicia. Tiene
una dimensión salvífica (Mt 25,31-46). Es una muestra de generosidad
que nos hace crecer por dentro, educa en el amor y contribuye
a la verdadera unión entre los miembros de la comunidad. Dios
no quiere que haya indigentes sin desgraciados.
-
Hacia
la creación nos lleva a manifestarnos libres ante las cosas
materiales, como lugartenientes de Dios en la creación.
No se trata de condenar los bienes materiales, sino es una invitación
para caminar sin apegos y sin caer en la esclavitud del materialismo.
Para lo superfluo, el desapego efectivo de los bienes es obligatorio,
ya que lo superfluo pertenece a los pobres en virtud del destino
fundamental de los bienes a todos los hombres.
-
Hacia
nosotros mismos nos mueve a percibir los valores trascendentes
y nuestras expectativas de salvación, lo mismo que nos permite
ver al hermano necesitado. Nos permite experimentarnos administradores
y alejarnos del insaciable pecado de la codicia.
Los miembros de la
Iglesia Católica, observamos cinco preceptos llamados los "Mandamientos
de la Iglesia"; éstos se relacionan directamente con el Primer
Mandamiento de la Ley de Dios, pues del amor a Dios se derivan el
darle el culto que le corresponde, las obras piadosas y la solicitud
para con su Iglesia.
Los
Mandamientos de la Iglesia Católica son:
-
Participar
en la Misa completa todos los domingos y días de precepto.
-
Confesarse,
por lo menos una vez al año.
-
Comulgar,
por lo menos una vez al año.
-
Ayunar
y hacer un sacrificio en favor del prójimo, según las disposiciones
de la Iglesia.
-
Ayudar
a la Iglesia en sus necesidades, ofreciendo el diezmo anual.
Para cumplir con el
quinto mandamiento de la Iglesia, debemos dar una vez al año un
día de salario o su equivalente de los ingresos netos. Esta disposición
excluye a quienes perciben el salario mínimo, pero la Iglesia les
invita a que, de ser posible, ofrezcan una cantidad voluntaria como
diezmo anual.
La ofrenda del diezmo
no puede ser sustituida por ningún otro donativo dado por cualquier
otro concepto, aunque sea a instituciones de la misma Iglesia Católica.
Los fieles que en
los días destinado, no puedan cumplir con dicho precepto, pueden
acudir a sus parroquias durante el resto del año. |
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