Nuestra Señora de los Dolores (15 de septiembre)

 

 

La fiesta de hoy, nos recuerda la especial unión y participación de María en el Sacrificio de su Hijo en el Calvario.
La piedad cristiana ha meditado desde el principio los relatos que los Evangelios nos han transmitido sobre la presencia de Nuestra Señora junto a la Cruz.
El Papa Pío VII, en el año 1814, extendió esta devoción a toda la Iglesia, y en 1912 San Pío X la fijó en esta fecha, 15 de septiembre, octava de la Natividad de María...

Oración

¡Oh Madre, fuente de amor! hazme sentir tu dolor
para que llore contigo; y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado más viva en Él que conmigo.

Al celebrar hoy este sufrimiento corredentor de María, nos invita la Iglesia a ofrecer, por la salvación propia y la ajena, los mil dolores, casi siempre pequeños, de la vida, y las mortificaciones voluntarias. María, asociada a la obra de salvación de Jesús, no sufrió sólo como una buena madre que contempla a su Hijo en los mayores sufrimientos y en la misma muerte. Su dolor tiene el mismo carácter que el de Jesús: es un dolor redentor Para comprender cuán grande fue el dolor de María en la muerte de su Hijo, habría que conocer la grandeza del amor que le tenía
El Señor nos ha querido enseñar a través de María y José, que la eficacia redentora no están nunca lejos de la Cruz.

Las palabras de Simeón (Lc. 2 33-35) dirigidas a María anuncian con claridad que su vida habría de estar íntimamente unida a la obra de su Hijo: "Le revela que deberá vivir en el sufrimiento su obediencia de fe al lado del Salvador que sufre, y que su maternidad será oscura y dolorosa" (Papa Juan Pablo II).

Al considerar que nuestros pecados no son ajenos, sino parte activa, en este dolor de Nuestra madre, le pedimos hoy que nos ayude a compartir su dolor, a sentir un profundo horror a todo pecado, a ser más generosos en la reparación por nuestros pecados y por los que todos los días se cometen en el mundo.

El dolor que habremos de santificar consistirá frecuentemente en las pequeñas contrariedades diarias: esperas que se prolongan, cambios de planes, proyectos que no se realizan, otras veces se presentará en forma de pobreza, de carencia incluso de lo necesario, en la falta quizá de un empleo con el que sacar la familia adelante, enfermedades. Cuando sintamos que la carga se nos hace demasiado pesada para nuestras pocas fuerzas, recurriremos a Santa María en demanda de auxilio y de consuelo.

"Ella a recibido de Jesús en la Cruz la misión específica de amarnos, sólo y siempre amarnos para salvarnos… Oh Madre Consoladora, consuélanos a todos, haz que todos comprendamos que la clave de la felicidad están en la bondad y el seguimiento fiel de tu Hijo Jesús" (Juan Pablo II).

Francisco Fernández Carvajal, Hablar con Dios.
Misal Romano Diario


 

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