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Oración
¡Oh
Madre, fuente de amor! hazme sentir tu dolor
para que llore contigo; y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado más viva en Él que conmigo.
Al
celebrar hoy este sufrimiento corredentor de María, nos invita
la Iglesia a ofrecer, por la salvación propia y la ajena,
los mil dolores, casi siempre pequeños, de la vida, y las
mortificaciones voluntarias. María, asociada a la obra de
salvación de Jesús, no sufrió sólo como
una buena madre que contempla a su Hijo en los mayores sufrimientos
y en la misma muerte. Su dolor tiene el mismo carácter que
el de Jesús: es un dolor redentor Para comprender cuán
grande fue el dolor de María en la muerte de su Hijo, habría
que conocer la grandeza del amor que le tenía
El Señor nos ha querido enseñar a través de
María y José, que la eficacia redentora no están
nunca lejos de la Cruz.
Las
palabras de Simeón (Lc. 2 33-35) dirigidas a María
anuncian con claridad que su vida habría de estar íntimamente
unida a la obra de su Hijo: "Le revela que deberá vivir
en el sufrimiento su obediencia de fe al lado del Salvador que sufre,
y que su maternidad será oscura y dolorosa" (Papa Juan
Pablo II).
Al
considerar que nuestros pecados no son ajenos, sino parte activa,
en este dolor de Nuestra madre, le pedimos hoy que nos ayude a compartir
su dolor, a sentir un profundo horror a todo pecado, a ser más
generosos en la reparación por nuestros pecados y por los
que todos los días se cometen en el mundo.
El
dolor que habremos de santificar consistirá frecuentemente
en las pequeñas contrariedades diarias: esperas que se prolongan,
cambios de planes, proyectos que no se realizan, otras veces se
presentará en forma de pobreza, de carencia incluso de lo
necesario, en la falta quizá de un empleo con el que sacar
la familia adelante, enfermedades. Cuando sintamos que la carga
se nos hace demasiado pesada para nuestras pocas fuerzas, recurriremos
a Santa María en demanda de auxilio y de consuelo.
"Ella
a recibido de Jesús en la Cruz la misión específica
de amarnos, sólo y siempre amarnos para salvarnos… Oh Madre
Consoladora, consuélanos a todos, haz que todos comprendamos
que la clave de la felicidad están en la bondad y el seguimiento
fiel de tu Hijo Jesús" (Juan Pablo
II).
Francisco
Fernández Carvajal, Hablar con Dios.
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