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INTRODUCCION:
I
ORIGEN DE LA IGLESIA
Tema 1 El Reino de Dios, Reino de Cristo
Tema 2 La Comunidad de Discípulos
Tema 3 Nueva Alianza, Nuevo Pueblo
II
EL SER DE LA IGLESIA
Tema 4 Misterio e Imágenes de la
Iglesia
Tema 5 Notas de la Iglesia
Tema 6 La misma llamada vivida en la diversidad
III LA MISION
DE LA IGLESIA
Tema 7 La Tarea de la Iglesia
Tema 8 Proyecciones de la Evangelización
Tema 9 Pastoral Catequética
Tema 10 Liturgia y Sacramentos Pastoral Litúrgica
Tema 11 La Liturgia Cristiana
Tema 12 Los Sacramentos de la Iglesia
Tema 13 Los Sacramentos de Iniciación Cristiana Bautismo
Tema 14 La Confirmación
Tema 15 La Eucaristía
Tema 16 Los Sacramentos de Curación
Sacramento de la Reconciliación
Tema 17 La Unción de los enfermos
Tema 18 Sacramentos del Servicio de la Comunión y Misión
de los fieles.
Sacramento del Orden Sacerdotal
Tema 19 Sacramento del Matrimonio
Tema 20 Pastoral Social 88
Tema 21 Nuestra vida (La dinámica social)
Tema 22 Doctrina Social de la Iglesia
Tema 23 Otras acciones pastorales
Tema 24 Pastoral Juvenil
Tema 25 La Bienaventurada Virgen María en la vida de la Iglesia
peregrina
Tema 26 Los Mandamientos de la Iglesia Católica
Tema 27 Primer Mandamiento
Tema 28 Segundo Mandamiento
Tema 29 Tercer Mandamiento
Tema 30 Cuarto Mandamiento
Tema 31 Quinto Mandamiento
PRIMER SINODO DIOCESANO
Bibliografía
I.
EL ORIGEN DE LA IGLESIA
Objetivo:
· Valorar el nacimiento de la Iglesia como obra de Dios
· asimilar que ser cristiano es seguir el estilo de vida
de Jesús
· descubrir que la misión de los cristianos es la
misma que la de Jesús.
La Iglesia es
el ámbito en torno al cual se desarrolla nuestra vida cristiana.
Ahora bien ¿Cuál es el origen de la comunidad cristiana?
¿De dónde surge? ¿Cuáles son nuestras
raíces?
Indagar en los orígenes de la comunidad cristiana, buscar
su fundamento en el tiempo y en el espacio, descubrir nuestra propia
identidad desde nuestro siglo XX atravesando el túnel del
tiempo para remontarnos 20 siglos antes del momento en que vivimos
y encontrarnos con la razón de ser y con los modelos primitivos
de comunidad cristiana.
Tema
1: EL REINO DE DIOS, REINO DE CRISTO
1. MISIÓN
Y OBRA DEL HIJO:
"Vino pues,
el Hijo, enviado por el Padre, que nos eligió en Él
antes de la creación del mundo y nos predestinó a
la adopción de hijos, porque en el se complació restaurar
todas las cosas2. (Ef. 1,4-5). Cristo, pues, en cumplimiento de
la voluntad del Padre inauguró en la tierra el Reino de los
Cielos, nos reveló su misterio y efectuó la redención
con su obediencia.
Jesús
de Nazareth dedicó todas sus fuerzas a predicar la llegada
de una realidad que llamaba "Reino de Dios". Durante su
vida pública, toda su actividad estuvo destinada a proclamar
la llegada del Reino de Dios y la necesidad de un cambio personal
profundo para estar dispuesto a acogerlo. Marcos lo resume muy bien
al comienzo de su Evangelio:
"Después que tomaron preso a Juan, Jesús fue
a la provincia e Galilea y empezó a proclamar la Buena Nueva
de Dios. Hablaba de esta forma. "El plazo está vencido,
el Reino de Dios se ha acercado. Tomen otro camino y crean en la
Buena Nueva"(Mc. 1.14-15)
En este resumen
se contienen dos afirmaciones fundamentales:
þ El mensaje esencial de Jesús fue su predicación
sobre el Reino de Dios
þ Esa predicación sobre el Reino es la Buena Noticia,
el evangelio que Jesús tenía que
proclamar.
2. EL REINO
DE DIOS EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Este término
no lo inventó Jesús, sino que lo recogió de
la expectación que el pueblo judío mantenía
desde hacía siglos.
La palabra "reino", "malkut" en hebreo, designa,
no una realidad estática como un estado concreto o una forma
de gobierno, sino la situación que se producía cuando
el rey pasaba a ejercer su mando. Podría traducirse por reinado.
El grito "El
Señor es Rey", aparece en numerosos salmos (93,1; 96,10;
97,1; 99,1; cf. Is.12,7), y anuncia el reinado del Señor
Dios que dará a Israel y a todos los pueblos la plenitud
de la vida.
Los textos mesiánicos
del Antiguo Testamento indican que Dios va a elegir a un consagrado
(Mesías) para ser el rey ideal encargado de introducir esa
nueva realidad salvadora, donde se vivirá en la justicia
que brota de la ayuda y protección a los desvalidos, humildes
y pobres.
3. EL SIGNIFICADO
DEL REINO EN LA PREDICACIÓN DE JESÚS
El anunciar
que Dios va a reinar equivale a afirmar que Dios va a ser efectivamente
el rey, es decir, que se va a imponer su designio y su voluntad;
porque hay que tener en cuenta que lo característico del
rey, según el criterio antiguo de la realeza, es imponer
su voluntad por el hecho de ostentar el mando.
Jesús
predicó su mensaje a un pueblo imbuido de las ideas y tradiciones
del Antiguo Testamento. Para comprender a Jesús es necesario,
por tanto, tener presentes esas ideas y tradiciones.
Según el Antiguo Testamento, existía en Israel una
corriente de pensamiento que expresaba el deseo de la venida de
un rey que, por fin, implantara en la tierra el ideal de la verdadera
justicia (Sal 44; 72; Is 11,3-5). No se trataba de la justicia en
el sentido del derecho romano: dar a cada uno lo suyo, emitir un
juicio imparcial. La justicia del rey, según la mentalidad
de los pueblos de oriente y de Israel desde los tiempos antiguos,
consistía en defender eficazmente al que por sí mismo
no puede defenderse. De ahí que la justicia consistiera,
para Israel, en la protección que el rey prestaba, o debía
prestar, a los desvalidos, a los débiles y a los pobres,
a las viudas y a los huérfanos.
Por eso cuando
Jesús dice que ya llega el Reinado de Dios, está dando
a entender que por fin, se va a implantar la situación anhelada
por todos los descontentos de la tierra.
4. LOS CONTEMPORÁNEOS
DE JESÚS Y EL REINO DE DIOS
Toda esta tradición
originó que, en tiempos de Jesús, dada la situación
de opresión religiosa y política en que vivía
el pueblo, se acentuaran las expectativas. Así la gente se
preguntaba si Juan Bautista era el Mesías prometido, o, unos
años antes, se esperaba que un tal Judas, perteneciente al
grupo de los zelotes, fuese el salvador de Israel a través
de la lucha armada.
En general,
podríamos decir que el pueblo esperaba al Mesías,
pero cada grupo religioso o social había dado distintos matices
a esta expectativa:
· Los romanos: Un líder político que podía
provocar una revuelta. Tenían miedo de que amotinara al pueblo
y éste se levantara en contra de Roma
· Los sacerdotes: No esperaban al Mesías, se sentían
autosuficientes.
· Los fariseos: Estaban convencidos de que el Mesías
se haría presente cuando todo el pueblo practicase la ley
de Moisés, el Decálogo.
· El pueblo: Alguien que les iba a liberar de la opresión
de los romanos y que hiciera justicia
· Los esenios: Estos monjes del Qumrán, esperaban
a varios Mesías: un profeta, un sacerdote, un guerrero.
· Los samaritanos:, separados de la religiosidad judía
oficial que se desarrollaba en torno al Templo de Jerusalén,
daban culto a Dios en el monte Garicim y aguardaban la promesa hecha
por Moisés
5. JESÚS
HACE PRESENTE EL REINO DE DIOS
El misterio
de la Iglesia se manifiesta en su fundación. Pues nuestro
Señor dic comienzo a su Iglesia predicando la buena nueva,
es decir, el Reino de Dios prometido muchos siglos antes en las
Escrituras. "El plazo está vencido, el Reino de Dios
se ha acercado" (Mc. 1,15: Mt. 4,17).
Ahora bien,
este Reino comienza a manifestarse como una luz delante de los hombres
por la palabra, por las obras y por la presencia de Cristo.
Los milagros, por su parte, prueban que el Reino de Jesús
ya vino sobre la tierra. Pero sobre todo el Reino se manifiesta
en la persona del mismo Cristo, Hijo del hombre, que vino a servir
y a dar su vida para redención de muchos.
Sus palabras proponen la conversión a los valores que sus
propias actitudes y obras manifiestan. Este mensaje encierra una
concepción de la existencia que no es posible realizar a
través de la ciencia, técnica o cualquier otro esfuerzo
humano, sino que remite a Dios como sentido último de la
vida: Es su Padre quien va a reinar, salvando a todos los hombres
de todo lo que supone el mal, la miseria, el pecado.
Para hacer posible
la llegada de este Reino hacia falta convertirse o arrepentirse
que significa lo mismo. Quiere decir cambiar de modo de pensar,
de sentir de actuar, cambiar de estilo de vida
El estilo de vida de cada persona viene definido por lo que considera
que es importante en su vida, es decir, por sus valores. Por eso,
podemos decir que convertirse significa cambiar de valores.
Los Evangelios
explican varias conversiones y siempre lo hacen de la misma manera:
- El encuentro con Jesús hace posible que las personas cambien
de vida.
- Este cambio supone un esfuerzo, pero a la vez llena de alegría.
La conversión
es el primer paso para seguir a Jesús y hacerse su discípulo.
Por eso, el seguimiento que Jesús pidió a sus discípulos
es radical: han de dejarlo todo, vivir como él, compartir
su destino.
"Si alguno quiere venir a mí, y no deja a un lado a
su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos y
hermanas, y aún a su propia persona, no puede ser mi discípulo.
Del mismo modo, cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo
que tiene, no puede ser discípulo mío" (Lc. 14,
26-27.33)
"Jesús
de Nazareth nació y vivió pobre en medio de su pueblo
Israel, se compadeció de las multitudes e hizo el bien a
todos. Ese pueblo agobiado por el pecado y el dolor, esperaba la
liberación que Él les promete (Mt 1,21). Jesús
ungido por el Espíritu Santo para anunciar el Evangelio a
los pobres, para proclamar la libertad a los cautivos, la recuperación
de la vista a los ciegos y la liberación a los oprimidos
nos ha entregado en las Bienaventuranzas y el Sermón de la
Montaña la gran proclamación de la nueva ley del Reino
de Dios". (Puebla 190)
La llegada de
este Reino, es una nueva realidad que ya está brotando, no
es posible definirla. Al referirse a ella, Jesús se sirve
de parábolas que presentan la paradoja del Reino como:
è Una realidad ya presente, pero oculta, pequeña,
insignificante y de poca apariencia (Mt 12 yMc 4)
è Una realidad de amor, donde se hace presente un Dios Padre
que perdona y reconcilia (Lc 15)
è Una realidad donde se invierten las posiciones y muchos
primeros pasan a ser últimos y muchos pequeños pasan
a ser grandes.
La misma persona
de Jesús presencializa el Reino, por lo que pudo decir:
" Después volviéndose hacia sus discípulos,
Jesús les dijo a ellos aparte: "¡Felices los ojos
que ven lo que ustedes ven! Porque, se los digo muchos profetas
y reyes quisieron ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y oír
lo que ustedes oyen, y no lo oyeron"( Lc. 10, 23-24 )
La misteriosa
fórmula que utilizaba frecuentemente de "Hijo del Hombre",
tomada de Daniel, la autoridad demostrada a la hora de corregir
o precisar la Escritura ("oísteis que os dijo, pero
yo os digo"), la inmediatez y exclusividad de su llamada, nos
están hablando de que la postura adoptada ante él
es la postura que se adopta ante el Reino que anuncia.
Jesús anunció la voluntad de Dios con poder, que se
manifiesta de forma especial en los milagros. Los milagros no tratan
tanto de lograr la adhesión al mensaje de quienes son sus
testigos, cuanto de ser signo de la presencia amorosa del Padre
entre los hombres. Son señales que remiten a una victoria
que trasciende la curación concreta, la multiplicación
de los panes o la vuelta a esta vida de Lázaro. Una victoria
que se produce mas allá de toda realidad que hoy pueda oprimir
al hombre.
Todos estos
signos dan cumplimiento a los anuncios realizados por los profetas,
por lo que no cabe esperar a otro Mesías. Esta es la conclusión
que propuso Jesús a los enviados por Juan desde la cárcel.
"Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído:
los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan sanos, los
sordos oyen, los muertos resucitan y una buena nueva llega a los
pobres" ( Mt 11,5)
Por consiguiente
el Reino de Dios según el proyecto de Jesús:
ü Es el anuncio gozoso de una salvación nueva y definitiva
ü Consiste en el gobierno de Dios o en su amor fiel al hombre
ü Requiere una conversión o aceptación de las
condiciones de ese gobierno
ü Consta de dos fases:
§ Histórica: presente en el anuncio del Reino de Dios
y en los signos que lo acompañan
§ Meta-histórica: que aguarda su consumación
en el final de los tiempos
La alternativa
que ofrece Jesús
A la vista de todo lo dicho se comprende que el proyecto del Reino
no se puede implantar en toda la sociedad. Por una razón
muy sencilla, el proyecto del Reino no se puede imponer por la fuerza,
sino mediante la conversión de los corazones y de las conciencias.
El reinado de Dios se hará realidad en la medida que haya
hombres y mujeres que cambien radicalmente su propia mentalidad,
su escala de valores, su apreciación práctica y concreta
por el dinero, el poder y el prestigio.
Tema 2: LA COMUNIDAD DE DISCÍPULOS
Objetivos: Conocer
y valorar las actitudes de Jesús de Nazaret, descubrir el
estilo de vida de los primeros cristianos y las dificultades que
tuvieron que superar.
Al poco tiempo
de iniciar Jesús su ministerio, congregó a su alrededor
un grupo de personas que vivían como él, algunas de
las cuales iban siempre con él (Mt 4,18-25; Mc 1,16-20; Lc
5,1-11)
A estas personas les llamamos "discípulos", y podemos
decir que formaban un grupo relativamente numeroso, compuesto por
varones y mujeres de diferentes procedencias y ocupaciones: Mateo,
publicano; Los Zebedeos, pescadores; María Magdalena que
había estado poseída por los demonios; Juana, mujer
del intendente de Herodes; José de Arimatea, miembro del
Consejo de Ancianos, etc.
Estos discípulos:
§ Fueron llamados por Jesús Mc 3,13; Lc 10,1
§ Tenían que seguir su mismo camino Mt 8, 19-22
§ Debían observar la voluntad de Dios Mt 10,29
§ Adherirse a la persona de Jesús sin reservas Mc 8,34
§ Tendrían como recompensa el mismo Reino de Dios Mc
10,29-30
1. LA VIDA DE
LA COMUNIDAD, Condición de admisión
Para formar
parte de la comunidad de Jesús, el requisito imprescindible
es la renuncia al dinero y, en general a todo lo que se posee, para
así poder compartirlo con todos los que puedan necesitarlo.
Así plantea Jesús las cosas desde el primer momento:
Pedro y Andrés "dejaron inmediatamente las redes y le
siguieron" (Mt. 4,20); Los hijos de Zebedeo "dejaron inmediatamente
la barca y a su padre y le siguieron" (Mt.4,22); a un letrado,
que le pidió entrar en el grupo, Jesús le respondió
"Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nido, pero
este hombre no tiene donde reclinar la cabeza" (Mt 8, 19-20);
Mateo dejó al momento su negocio de impuestos y le siguió
(Mt 9,9).
La misma exigencia
de renuncia aparece también cuando Jesús envía
a sus discípulos a misionar (Mt 10,5; Lc. 10,1). No deben
llevar "ni oro ni plata, ni alforja, ni dos túnicas,
ni sandalias, ni bastón" (Mt 10,9-10). Donde se ve más
claramente esta exigencia de renuncia al dinero es en el pasaje
del joven rico: el primer paso que exige Jesús, para seguirle
y para formar parte de la comunidad, es que venda todo lo que tiene,
que sé lo de a los pobres, y luego podrá entrar a
formar parte del grupo (Cfr. Mt 19,21)
También
sabemos que Jesús educó a los discípulos en
esta nueva mentalidad. Así se advierte en el relato de la
multiplicación de los panes (Cfr. Mc 6, 30-46): ante una
masa de gente hambrienta, la reacción de los discípulos
es mandarlos que se vayan a comprar algo para comer (Cfr. Mc 6,36).
Jesús sin embargo, propone otra cosa "dadles vosotros
de comer" (Mc 6,37). O sea, compartid con ellos lo poco que
tenéis. A partir de eso se produjo el milagro de la abundancia,
hasta saciarse todos y sobrar en exceso (Cfr. Mc 6,42-44)
En resumen, la condición indispensable de admisión
en el grupo cristiano es la renuncia al dinero y a toda atadura
humana, porque la comunidad de Jesús se construye sobre la
base del compartir. Solo a partir de esta base se puede construir
la comunidad cristiana. El proyecto de compartir tiene que sustituir
al proyecto humano de poseer. Por consiguiente, Jesús quiere
una sociedad nueva y distinta, asentada sobre otras bases.
2. PROGRAMA DE VIDA: LAS BIENAVENTURANZAS
Jesús
presenta a su comunidad un programa de vida. Se trata de las Bienaventuranzas
Las Bienaventuranzas, están en el centro de la predicación
de Jesús. Con ellas Jesús recoge las promesas hechas
al pueblo elegido desde Abraham, pero las perfecciona ordenándolas
no sólo a la posesión de una tierra, sino al Reino
de los Cielos. San Mateo presenta en (5, 3-12), podrían considerarse
como el programa de vida de la comunidad, entendidas como un camino
para encontrar la auténtica felicidad.
Lo primero que
aparece en este programa es que Jesús promete a sus discípulos
"la felicidad". Una felicidad que no proviene de los valores
que el mundo considera necesarios para ser feliz, sino exactamente
todo lo contrario. El programa de la comunidad de Jesús comporta
un cambio de valores, basado en una alegría desbordante,
la alegría del que ha encontrado un tesoro incalculable (Mt
13,44) o una perla maravillosa (Mt 13,45-46)
En este programa
lo primero es elegir ser pobres (primera bienaventuranza) (Mt 5,3;
Lc 6,20), para tener de verdad solamente a Dios por rey. Se trata,
en la práctica de no reconocer como absolutos ni al poder,
ni al dinero, ni al prestigio, sino solamente a Dios.
De este planteamiento
de base se van a seguir tres consecuencias: los que sufren van a
dejar de sufrir (segunda bienaventuranza) (Cfr. Mt 5,4; Lc 6,21);
los violentos van a dejar de serlo (tercera bienaventuranza) (Cfr.
Mt5,5); los que tienen hambre y sed de justicia van a ser saciados
(cuarta bienaventuranza) (Cfr. Mt 5,6). Estas promesas de Jesús
expresan la abundancia, que caracteriza el reinado de Dios, y que
colma las aspiraciones del hombre hasta rebosar.
La razón
de esta situación desconcertante se formula en la quinta
bienaventuranza: Dichosos los que prestan ayuda, porque esos van
a recibir ayuda (Cfr. Mt 5,7). En la comunidad a nadie le va a faltar
nada, porque todo va estar a disposición de todos. Y más
en el fondo, la causa que aduce la sexta bienaventuranza: en el
grupo cristiano los hombres serán limpios de corazón
(Cfr. Mt 5,8), es decir, gente sin mala intención, sin ideas
torcidas, personas incapaces de traicionar. Por eso ellos van a
ver a Dios. Esta expresión, que es netamente cultual, quiere
decir que los miembros de la comunidad van a ser personas que existen
para servir a los demás.
En la séptima
bienaventuranza, Jesús elogia a los miembros de la comunidad
porque van a trabajar por la paz (Cfr. Mt 5,9). El grupo cristiano
va a ser una fuente de reconciliación y de armonía
entre los hombres, de tal manera que así se va a instaurar
un orden nuevo, no basado en la represión y en la competitividad,
sino en la igualdad y en la aceptación incondicional del
otro.
Finalmente,
la última bienaventuranza elogia a los que viven perseguidos
por su fidelidad (Cfr. Mt 5,10). La razón de esta persecución
está en que el mundo no tolera de ninguna manera el programa
de vida y de acción que la comunidad vive. Por eso, vivir
ese programa supone una amenaza.
Las Bienaventuranzas
presentan el rostro de Jesucristo y describen su caridad; expresan
la vocación de los fieles asociados a la gloria de su Pasión
y Resurrección; iluminan las acciones y las actitudes características
de la vida cristiana; son promesas que sostienen la esperanza en
las tribulaciones; anuncian a los discípulos las bendiciones
y recompensas.
"El Decálogo,
el Sermón de la Montaña nos describen los caminos
que conducen al Reino de los Cielos. Por ellos avanzamos paso a
paso mediante los actos de cada día, sostenidos por la gracia
del Espíritu Santo. Fecundados por la Palabra de Cristo,
damos lentamente frutos en la Iglesia para gloria de Dios"
(CIC 1724)
La dicha se
hace presente en todo aquél que reconoce a Dios como único
absoluto de su vida. El prestigio, el poder, la belleza, la salud
o el dinero quedan en segundo lugar. El Señor nos invita
a no contentarnos con la felicidad que nos pueden dar unos bienes
pasajeros, y nos anima a desear aquellos que Él tiene preparados
para nosotros.
3. LA ACTITUD
BÁSICA EN LA COMUNIDAD
En la comunidad
de Jesús, el servicio a los demás aparece como actitud
fundamental:
"Sabéis que los jefes de las naciones las tiranizan
y que los grandes las oprimen. No será así entre vosotros.
Al contrario, el que quiera subir, sea servidor vuestro, y el que
quiera ser el primero, sea esclavo vuestro. Igual que este hombre
no ha venido a que le sirvan, sino a servir a dar su vida en rescate
por todos" Mt 20, 25-28
En contraste
con lo que pasaba en la sociedad y con lo que pasa en nuestros días,
Jesús no permitió que nadie se impusiese a los demás
en función de su capacidad poder o fuerza; si para ser admitido
hay que renunciar a los que se posee, entonces ningún título,
honor o prestigio puede utilizarse en la comunidad para el dominio.
Todo lo contrario, en el Reino que predica Jesús es condición
básica ponerse al último. "Les aseguro que si
no cambian y vuelven a ser como niños, no podrán entrar
al Reino de los Cielos. El que se hace pequeño como este
niño, ése es el más grande en el Reino de los
Cielos, y el que recibe en mi Nombre a un niño como éste,
a mí me recibe" (Mt 18, 3-5)
En la sociedad
judía del tiempo de Jesús, el niño es el ser
que no cuenta, el que no tiene ninguna importancia, de tal manera
que se alineaba con los sordomudos y los enfermos mentales. Por
tanto, Jesús afirma que en la comunidad los primeros tienen
que ser los más pequeños y débiles.
Precisamente los que son entre ellos los primeros, deben ser servidores
de los demás; en la comunidad todos son hermanos, hijos de
un mismo Padre y discípulos de un solo Maestro. (Cfr.Mt 23,
8-11)
La tarea de
Jesús no se redujo a formar el grupo cristiano, la nueva
comunidad de salvación. Su actividad fue mucho más
lejos. Él sabía perfectamente que el enemigo principal
de su proyecto, el proyecto del Reino, es el sistema establecido
sobre el dinero, el poder y el prestigio. Y sabía también
que los dirigentes del sistema son, y tienen que ser, los más
encarnizados enemigos de su proyecto y de su comunidad. Por todo
ello, los enfrentamientos entre Jesús y los dirigentes no
tardaron en venir, es decir, se produjeron apenas Jesús empezó
a predicar y a poner en marcha su proyecto. De ello nos ha dejado
buena muestra el evangelio de Marcos: los conflictos empiezan casi
desde el primer momento (Cfr. Mc 2,1-12. 13-17. 23-28; 3,1-6; 8,11-12)
la comunidad también tendrá que soportar estos enfrentamientos.
(Cfr.Jn 15,18-19; 17,14-16)
4. LOS DOCE
APÓSTOLES
La palabra apóstol
viene del griego y significa "enviado", no sólo
se trata de un mensajero, sino de alguien que representa a otro
en su nombre. Los Evangelios dan el título de apóstol
a los 12 discípulos que escogió Jesús para
que le ayudasen en su misión y la continuaran cuando él
faltara. (Cfr. Mc. 3, 13-19)
Jesús eligió a los doce porque "doce" es
un número perfecto "doce" eran las tribus de Israel,
de esta manera quiso poner de manifiesto su intención de
formar un nuevo Pueblo de Dios -La Iglesia-
Jesús
se preocupó de formarlos adecuadamente para esta misión:
ð Les explica claramente lo que a la gente solo les dice en
palabras (Cfr. Mc. 4,33-34)
ð Les previene de los peligros, los anima ante las dificultades
y se alegra de sus éxitos.
ð Les corrige con firmeza y delicadeza a la vez (Cfr. Lc 9,46-48)
ð Les enseña a orar a Dios como a un Padre y a poner
su confianza en Él (Cfr. Lc. 11,9-10)
ð Les enseña que la ley suprema es el amor, que se manifiesta
en el perdón, la unión y el servicio a los demás
(Cfr. Jn 13,34-35)
La expresión
"los Doce" tiene un significado personal: son doce personas
con sus nombres propios, los elegidos por el Señor. Cuando
Judas Iscariote faltó del grupo, se vieron obligados a sustituirle
por otro apóstol, que completase los doce. El elegido fue
Matías.
El grupo de
los doce son testigos y apóstoles, es decir, enviados: "Estos
son los Doce que Jesús envió con las instrucciones
siguientes: No vayan a tierras extranjeras ni entren en ciudades
de los samaritanos, sino que primero vayan en busca de las ovejas
perdidas del pueblo de Israel. Mientras vayan caminando, proclamen
que el Reino de Dios se ha acercado. Sanen enfermos, resuciten muertos,
limpien leprosos, echen demonios. Den gratuitamente, puesto que
recibieron gratuitamente". (Mt 10, 5-8)
Jesús envía, por tanto, a los doce a realizar su misma
misión: anunciar el Reino de Dios y hacer signos que acrediten
que ya está presente. El alcance de este envío lo
comprenderán después de la resurrección de
Jesús, como lo da a entender el final del Evangelio de Mateo.
"Id y enseñad a todas las gentes".
Este mandato de Jesús les hace ver que el anuncio del Reino
no puede quedar reducido a Israel, es para todos los hombres.
Dado el carácter simbólico de los Doce, el envío
de Cristo se dirige a toda la Iglesia. Los doce enviados a predicar
y hacer signos son el símbolo de toda la comunidad entera.
Por eso se afirma que la Iglesia entera es misionera.
" El Señor
Jesús dotó a su comunidad de una estructura que permanecerá
hasta la plena consumación del Reino. Ante todo está
la elección de los doce con Pedro como Cabeza. Puesto que
representa a las doce tribus de Israel. Ellos son los cimientos
de la nueva Jerusalén. Los Doce y los otros discípulos
participan en la misión de Cristo, en su poder, y también
en su suerte. Con todos estos actos, Cristo prepara y edifica su
Iglesia ". (CIC. 765)
5. MISIÓN
DE PEDRO, "CONFIRMAR A SUS HERMANOS"
Durante la última
cena Jesús dirige a Pedro unas palabras que merecen atención
particular. Sin duda se refieren a la situación dramática
de aquellas horas, pero tienen un valor fundamental para la Iglesia
de siempre, pues pertenecen al patrimonio de las últimas
recomendaciones y las últimas enseñanzas que dio Jesús
a los discípulos en su vida terrena.
Al anunciar
la triple negación que hará Pedro por el miedo durante
la Pasión, Jesús le predice también que superará
la crisis de esa noche: "¡Simón, Simón!"
Mira que Satanás ha solicitado el poder cribaros como trigo;
pero yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y Tu cuando
hayas vuelto, confirma a tus hermanos" (Lc 22,31-32).
En esas palabras
Jesús le garantiza una oración especial por su perseverancia
en la fe, pero también le anuncia la misión que le
confiará de confirmar a sus hermanos. Esta narración
encierra una especie de paradoja. Jesús se queja de la debilidad
de Pedro y, al mismo tiempo le confía la misión de
confirmar a los demás. Esto muestra la grandeza e la gracia,
que actúa en los hombres - en este caso Pedro - muy por encima
de las posibilidades que le ofrecen sus capacidades y virtudes.
Es interesante notar que el evangelista, aun aludiendo a la fragilidad
humana de Pedro, que no esta exento de las dificultades sino que
es tentado como los demás Apóstoles, subraya que
goza de una oración especial por su perseverancia en la fe,
Pedro no fue perseverado de la negación, pero, después
de haber experimentado su debilidad, fue confirmado en la fe.
Misión
Pastoral de Pedro:
La promesa que Jesús hace a Simón Pedro, de constituirlo
piedra fundamental de su Iglesia, queda confirmada con el mandato
que Cristo le confía después de su resurrección:
"Apacienta mis corderos", "Apacienta mis ovejas"
(Jn 21,15-17). Estas palabras manifiestan la intención de
Jesús de asegurar el futuro de la Iglesia fundada por Él,
bajo la guía de un pastor universal, o sea Pedro, al que
dijo que, por su gracia sería "piedra" y "tendría
las llaves del reino de los cielos", con el poder de "atar
y desatar", Jesús, después de su resurrección,
da una forma concreta al anuncio y a la promesa de Cesárea
de Filipo, instituyendo la autoridad de Pedro como ministerio pastoral
de la Iglesia, con una dimensión universa.
Pedro destaca
entre todos los apóstoles, Jesús le confió
la misión de ser el primero de los apóstoles, (Cfr.
Mt 16, 15-19) es decir, el que debía asegurar de una manera
la continuidad de su misión.
En el modo de
actuar que Pedro seguirá se inspiran los Papas, que son sus
sucesores. De igual modo actuaron también los demás
apóstoles y en ellos se inspiran los Obispos, que son sus
sucesores
Tema
3. NUEVA ALIANZA, NUEVO PUEBLO:
Objetivos: Descubrir
que el origen de la Iglesia, la comunidad cristiana surge como:
prolongación de la comunidad de Discípulos de Jesús
y los Doce, que habían experimentado la Resurrección
de Jesús y el envío del Espíritu.
1. NUEVA ALIANZA
Dios no llamó
a hombres dispersos, sino que congregó a un pueblo, que se
inicia con la vocación de Abraham, en respuesta a la ruptura
que el pecado establece en las relaciones humanas.
Israel fue elegido como pueblo de Dios, signo de la congregación
final de todos los pueblos. Pero todo esto lo realizó como
preparación y figura de la Nueva Alianza perfecta que había
de efectuarse en Cristo. (Cfr. Jr 31,31-34) Nueva Alianza que estableció
Cristo, en su sangre (1cor. 11,25).
"Todo esto,
sin embargo, sucedió como preparación y figura de
su alianza nueva y perfecta que iba a realizar en Cristo... es decir,
el Nuevo Testamento en su sangre convocando a las gentes de entre
los judíos y los gentiles para que se unieran no según
la carne, sino en el Espíritu" (LG, 9)
Se llega a ser
miembro de este nuevo pueblo no por el nacimiento físico,
sino por el "nacimiento de arriba", del agua y del Espíritu.
ü La identidad de este pueblo, en la dignidad y la libertad
de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu
Santo como en un templo.
ü Su ley, es el mandamiento nuevo: amar como el mismo Cristo
nos amó
ü Su misión, es ser la sal de la tierra y la luz del
mundo
ü Su destino es el Reino de Dios, que él mismo comenzó
en este mundo, que ha de ser extendido hasta que el mismo lo lleve
también a la perfección.
Jesús
se refería a esta nueva promesa al anunciar el Reino de Dios
y reunir en torno a sí un amplio número de discípulos
que, como ya hemos visto, forman su comunidad. El final trágico
de Jesús escandalizó a los discípulos y los
dispersó. La comunidad de discípulos sufrió
la más dura prueba de su existencia. El proyecto de Jesús
quedaba sin realización, los poderes judíos habían
sido más fuertes que la causa de Jesús sepultada con
Él.
Al parecer,
el proyecto de Jesús había fracasado para siempre,
y los discípulos perdieron su fe en él; había
muerto su razón de ser. Sin embargo, un acontecimiento singular
hizo que los discípulos dispersos se volvieran a congregar.
Este acontecimiento fue la Resurrección del Señor.
Al poco tiempo
los apóstoles aparecieron de nuevo juntos y en público
proclamando una gran noticia: Jesús ha resucitado, nosotros
somos sus testigos. La más antigua tradición apostólica
la refiere así: "Cristo murió por nuestros pecados,
como lo anunciaban las escrituras, fue sepultado y resucitó
al tercer día; se apareció a Pedro y más tarde
a los Doce" ( 1 Cor 15, 3-7 )
Por la resurrección
y por la intervención singular de Pedro (Hch 2, 14-40), los
discípulos descubren en profundidad el misterio de Jesús:
Jesús vive, Dios lo ha rehabilitado, es el Mesías,
el Ungido de Dios, el mediador de la salvación, el Señor.
Toda esta realidad descubierta constituye una confesión de
fe que los une más estrechamente. Ahora Jesús los
convoca de una forma renovada, para seguir su camino, empezando
desde Galilea Mc. 16,7.
Para conocer
el origen de la Iglesia y la vida de los primeros cristianos, disponemos
principalmente de dos fuentes de información: las cartas
de Pablo y el libro de los Hechos de los Apóstoles.
2. PENTECOSTÉS,
LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO
Otro acontecimiento,
estrechamente ligado al anterior, que tuvo lugar en el seno de la
nueva comunidad. Fue Pentecostés.
Iglesia significa
precisamente "asamblea convocada y reunida por el Padre en
Cristo con el don del Espíritu Santo", es "Iglesia
de Dios en Jesucristo" ( Cfr. 1 Tes 2, 14). La Iglesia es,
en consecuencia, la forma definitiva del pueblo de Dios en la historia.
Desde Pentecostés, el pueblo de Dios ya no existe sino como
Iglesia, como asamblea santa, pueblo sacerdotal y nación
consagrada.
El día
de Pentecostés nace la primera comunidad cristiana, madre
de todas las demás comunidades cristianas, pero también
modelo de todas las que le seguirán.
San Lucas explica
que, cuarenta días después de la muerte de Jesús,
se les apareció por última vez para hacerles comprender
esto: "Pero recibiréis la fuerza del Espíritu
Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis testigos
míos en Jerusalén, Judea y Samaria y hasta el confín
del mundo".
De esta manera, San Lucas pone de manifiesto que Dios regaló
su Espíritu a los apóstoles y fundó un nuevo
pueblo de Dios, la Iglesia.
La presencia
del Espíritu de Jesús en la comunidad fue la luz que
les permitió entender el misterio de Jesús y el sentido
de su misión. Gracias al impulso del Espíritu, la
comunidad de discípulos tomó una forma determinada
y se descubrió a sí misma como comunidad de salvación.
El Espíritu
Santo derramado sobre la comunidad de los discípulos el día
de Pentecostés:
ü Abre los ojos de los que estaban temerosos y aturdidos para
descubrir y proclamar la realidad de la Resurrección.
ü Fortalece a los miembros de la comunidad para que sean capaces
de comunicar la VIDA que mana de la fuente del crucificado.
ü Los capacita para comprender el mensaje de Jesús (Jn.
16,13) y para vivir las actitudes que les enseñó
ü Defiende a la comunidad en los momentos difíciles,
suscitando siempre la palabra oportuna en los discípulos
para responder a las agresiones y preguntas de sus perseguidores.
Es decir, el Espíritu del Padre, que rescata a Jesús
de la muerte, llenándole de la vida divina, es el que, derramado
sobre la comunidad, la origina como comunidad de salvación.
Así descubrimos que la comunidad, fundamentada en la persona
de Jesucristo y animada por el Espíritu Santo, pasa a constituir
la nueva comunidad de Salvación, y el origen de la Iglesia.
Podemos resumir
este proceso en la siguiente forma:
ü La Iglesia nace de la dinámica global de la historia
de la salvación, por lo que puede hablarse de una fundación
gradual de la Iglesia, prefigurada en la creación, preparada
en la historia de la antigua alianza, instituida expresamente por
las obras de Jesús histórico, culminada en la cruz
y resurrección de Jesús y definitivamente establecida
con el envío del Espíritu Santo
ü Dentro de este proceso global, la cruz y resurrección
de Jesucristo son el fundamento de la Iglesia porque:
· La muerte de Jesús inaugura la Nueva Alianza, que
queda sellada con su sangre.
· La Pascua reúne a los discípulos dispersos
y atemorizados, siendo constituidos testigos, enviados a proclamar
esta Buena Nueva a todos los pueblos.
Cada comunidad cristiana ha de configurarse como comunidad de fe,
de culto y oración, de relaciones fraternales y de testimonio
de amor, pues "En eso conocerán que sois mis discípulos:
si os amáis los unos a los otros" (Jn 13,35)
3. LA EXPANSIÓN
DE LA IGLESIA
La expansión
definitiva de la Iglesia por el Imperio romano fue debida, en gran
medida a la actividad misionera de Pablo de Tarso. Llamado el apóstol
de los paganos.
Pablo judío helenista de la ciudad de Tarso. Su nombre de
nacimiento era Saulo, conservador de las tradiciones judías.
Persiguió a los cristianos helenistas de Jerusalén.
Cuando se enteró
que algunos cristianos helenistas que habían huido a Damasco
estaban predicando en las sinagogas, pidió permiso al Sanedrín
para ir a apresarlos.
Sin embargo en el camino a Damasco tuvo una experiencia que le cambió
la vida. Lucas la explica así: "Iba de camino, ya cerca
de Damasco, cuando de repente lo deslumbró una luz celeste.
Cayó en tierra y oyó una voz que le decía:
Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?. -Contestó:
¿Quién eres Señor? Le dijo: -yo soy Jesús,
a quien tu persigues. Ahora levántate, entra en la ciudad
y allí te dirán lo que has de hacer". Hch 9,
3-6.
Entonces fue
acogido por los mismos que iba a perseguir y se hizo cristiano,
dedicando el resto de su vida a la misión de predicar la
Buena Noticia . El libro de los Hechos nos explica que realizó
varios viajes y fundó muchas comunidades.
ü En primer lugar, predicaba a los judíos en las sinagogas
y cuando le rechazaban, se dedicaba a anunciar la Buena Noticia
a los paganos en las calles y en las plazas.
ü En algunos lugares tuvo éxito, en otros fracasó
y en varias ocasiones sufrió persecución. Por eso,
en algunas comunidades permaneció poco tiempo y en otras
se instaló durante muchos meses.
ü En las comunidades que fundaba, nombraba responsables, llamados
presbíteros.
ü Cuando le era posible, visitaba de nuevo las comunidades
que había fundado. También les escribía cartas
para animarlos y aconsejarlos.
El Nuevo Testamento
recoge muchas cartas de Pablo, aunque algunas de las que se le atribuyen
fueron escritas probablemente por discípulos suyos.
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