Formación 2001 - 2002(Parte 2/6)

   

 

 

 

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II. EL SER DE LA IGLESIA

Objetivo:
Desde su origen hasta la realidad de la Iglesia que nosotros conocemos se ha dado un amplio proceso. A lo largo de él, la Iglesia ha ido apareciendo en formas diferentes y, a veces, muy distantes significativamente: desde la pequeña comunidad de creyentes en Jesús a la de una poderosa sociedad bien organizada y que llegaba a ejercer el control del poder civil. Entre esos dos extremos, se ha producido una variada gama de manifestaciones, en las que, unas veces, han prevalecido los aspectos temporales y, otras, los valores espirituales.

Esta presencia de la Iglesia tan cambiante y, en ocasiones, desconcertante nos lleva a hacernos una serie de preguntas: ¿Qué es la Iglesia? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cuál es la realidad permanente que mantiene su identidad en medio de nosotros?

Tema 4: MISTERIO E IMÁGENES DE LA IGLESIA

La Iglesia es un misterio relacionado con la Trinidad y en el que confluye el plan salvador de Dios, manifestado en la voluntad de salvación universal del Padre, que envía a su Hijo unigénito al mundo para que los hombres reunidos en una comunidad a la que da vida el Espíritu, tengan vida eterna.

La Iglesia es una realidad compleja. Si sólo nos preocupáramos de recabar información sobre su historia, organización y estructura, administración, etc. Conoceríamos, con más o menos profundidad, una sociedad, pero no a la Iglesia, ya que ésta tiene un componente trascendente que sólo se manifiesta a quien la mira con los ojos de la fe.
Por detrás de sus errores históricos, su pobreza externa o las limitaciones de sus miembros, se encuentra el Espíritu Santo, que llena y anima a la Iglesia y la convierte en medio que presencializa y transmite la salvación de Dios a los hombres.

Toda esta complejidad se expresa con términos como la Iglesia, sacramento de salvación o al hablar de la Iglesia como misterio. Vamos a detenernos brevemente en el significado de estas palabras.

1. EL NOMBRE DE LA IGLESIA

Iglesia proviene del término griego "ekklesia", que significa asamblea (convocada). Y en el Antiguo Testamento se usaba para designar a la comunidad del pueblo elegido, especialmente en el desierto (cfr. Dt. 4,10; Hch 7,38). También Jesús usa este término para hablar de "su comunidad mesiánica", la nueva asamblea convocada por la alianza en su sangre, alianza anunciada en el Cenáculo.

Misterio y sacramento
La palabra "misterio" sugiere algo escondido, oculto, inaccesible a la explicación científica. Cuando la palabra griega "mysterion" aparece en la Sagrada Escritura, designa la voluntad salvadora de Dios que quiere liberar al ser humano de todo lo que le causa mal e impide su felicidad. Este deseo divino se lleva a cabo a través de un plan salvador, que va progresando a lo largo de la historia hasta llegar a Cristo, y que aguarda a partir de Él su plena consumación.

Cuando el término griego "mysterion" se traduce al latín, se emplea la palabra "sacramentum", de donde proviene "sacramento". Por tanto, podemos afirmar que, inicialmente, sacramento y misterio eran palabras sinónimas. Pero con el paso del tiempo estos términos han ido desplazando su significado, de forma que al hablar de misterio nos referimos concretamente al plan salvador de Dios, mientras que si empleamos sacramento, hablamos de las realidades que nos hacen presentes el misterio, el plan de salvación.
Así, al afirmar que Jesucristo es el "sacramento primordial" se está afirmando que es la realidad que manifiesta de forma privilegiada y única la voluntad salvadora de Dios

Concluyamos resumiendo lo hasta aquí dicho por medio de dos definiciones:

· Misterio: es el término que designa el plan por el que Dios quiere salvar a la humanidad
· Sacramento: es la realidad que manifiesta y hace presente la salvación de Dios entre los hombres

La Iglesia, sacramento universal de salvación
El Concilio Vaticano II (1962-1965) enseña que la Iglesia es, en Jesucristo, el sacramento, es decir, el signo y el instrumento, de la salvación universal del hombre.

"De ahí que la Iglesia haya recibido la misión de anunciar e instaurar el Reino en todos los pueblos. Ella es su signo. En ella se manifiesta, de modo visible, lo que está llevando a cabo silenciosamente en el mundo entero. Es el lugar donde se concentra el máximo la acción del Padre, que en la fuerza del Espíritu de Amor busca solicito a los hombres, para compartir con ellos -en gesto de indecible ternura- su propia vida trinitaria. La Iglesia es también el instrumento que introduce el Reino entre los hombres para impulsarlos hacia su meta definitiva" Puebla, 227

Esto significa que:
ð La Iglesia es fruto de la obra salvífica de Jesucristo y que su función es manifestar y hacer presente la salvación de Dios a todos los hombres.
ð La realidad profunda de la Iglesia ha de estar inspirando constantemente sus manifestaciones externas para poder ser expresión de "la unidad íntima con Dios y la de todo el género humano"
ð El acontecimiento de la salvación se trata de vivir en la Iglesia a través de la comunión de vida, la oración, el compartir los bienes, la escucha constante de la Palabra y la celebración de los Sacramentos, especialmente la Eucaristía.

Por esto, la Iglesia es consciente de que su visibilización, es decir, sus estructuras, su organización, la forma de administrarse, la manera de hacerse presente en la sociedad de su tiempo, no debe enturbiar el contenido que trata de transmitir haciendo propias las palabras del Apóstol Pablo: "Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que esa fuerza tan extraordinaria es de Dios y no viene de nosotros" 2 Cor 4,7.

2. IMÁGENES DE LA IGLESIA

Toda la realidad de la Iglesia no es posible reducirla a un solo concepto, puesto que serían silenciados elementos y dimensiones que la constituyen. De ahí que la Iglesia se haya descrito, a lo largo de la historia, con múltiples imágenes que se complementan entre sí y expresan aspectos diferentes de su esencia.
Así se habla de pueblo de Dios, plantación de Dios, grey, edificio, casa de Dios, familia de Dios, cuerpo de Jesucristo, esposa de Jesucristo, Templo del Espíritu Santo. Los Santos Padres definieron la Iglesia como comunidad de creyentes y comunión de los Santos, es decir, de los santificados por los sacramentos.

Fijémonos ahora en las tres imágenes que Pablo empleó para describir la Iglesia, y que ya conocemos por la unidad anterior: Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo.

La Iglesia, Pueblo de Dios de la Nueva Alianza
La Iglesia es el pueblo que Dios elige y llama entre los pueblos, con el que establece una Alianza, pueblo de su propiedad:
ð Abierto a todos los hombres y mujeres, sin importar la raza, nación, o clase social a la que pertenezcan.
ð Al que se nace por la Fe y el Bautismo
ð Que se reúne para escuchar la Palabra de Dios y darle gracias por sus obras de salvación
ð Enviado al mundo para dar testimonio del Evangelio con obras y palabras

Este Pueblo de la Nueva Alianza cuenta con:
· Una dimensión histórica, pues se vincula al antiguo Pueblo de Dios, elegido en la servidumbre de Egipto, y al que Dios le dice "Yo soy vuestro Dios y vosotros, mi pueblo" (Lv 26,11-12; Ez 37,27) Esta historia de salvación alcanza su punto culminante en Cristo y se prolonga en la historia humana, pues la Iglesia es un pueblo en camino, una realidad dinámica, un signo de esperanza abierto a la meta definitiva que proclama.
· Una dimensión comunitaria, ya que como pueblo es una comunidad de personas en la que todos participan de la misma dignidad y donde se tiene conciencia de la igualdad fundamental de todos sus miembros.
· Una dimensión ministerial, ya que la común pertenencia se vive en una diversidad de funciones que se orientan al servicio
· Una dimensión salvífica, en el sentido de salvación plena, definitiva, escatológica que revela el Nuevo Testamento y que asume la experiencia de salvación que tuvo Israel al ser liberado de la esclavitud. De aquí se sigue la misión que tiene la Iglesia a favor de la liberación de la opresión y de la injusticia, expresando así la salvación integral que anuncia.
· Una dimensión cultual. Como pueblo sacerdotal que es, al rendir culto a Dios "en espíritu y verdad"

La Iglesia: Cuerpo místico de Cristo
El Hijo de Dios encarnado en la naturaleza humana, redimió al hombre y lo transformó en una nueva criatura (Cfr. Gal. 6,15), superando la muerte con su muerte y resurrección. A sus hermanos convocados de entre todas las gentes, los constituyó místicamente como su cuerpo comunicándoles su Espíritu.

"La vida de Cristo se comunica a los creyentes por medio de los Sacramentos." (Conc.Vat. II LG 7) En la antigüedad era conocida la comparación entre el organismo humano y la sociedad: como un miembro no puede subsistir separado del cuerpo, así un individuo no puede permanecer aislado de la sociedad.

Pablo recoge esta comparación y la aplica a la Iglesia: La Iglesia es un cuerpo con muchos miembros distintos que se necesitan mutuamente, que deben mantenerse unidos y actuar en estrecha armonía (Cfr. Rm 12, 4-9), compartiendo sufrimientos y honores ( Cfr.1 Cor 12,26 ) y protegiendo a los más débiles y pobres ( Cfr.1 Cor 12, 22-25 ).
Así como en el cuerpo si un miembro sufre, también sufre el todo. Estamos mal cuando padecemos en algún miembro. Todo el Cuerpo está mejor, cuando todos los miembros están bien. Así también la Iglesia: sufre cuando un miembro sufre y el bien de la Iglesia está en el bien de todos sus miembros.

Sin embargo, Pablo corrige esta imagen. Al hacer la comparación, el segundo término de ésta no es la Iglesia, sino Cristo. Así, a semejanza del cuerpo, Cristo esta formado por diversos miembros:

"Es un hecho que el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros, pero los miembros, aun siendo muchos, forman entre todos un solo cuerpo. Pues también Cristo es así, porque también a todos nosotros, ya seamos judíos o griegos, esclavos o libres, nos
bautizaron con el único Espíritu para formar un solo cuerpo".

Cuando se dice que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, se quiere afirmar que:
· Todos los creyentes forman un solo cuerpo, lo que significa que la Iglesia es una comunión donde:
ü Han quedado superadas todas las diferencias y distancias (Cfr. Gal 3,28)
ü Se comparte la vida y todos viven poniendo en común las preocupaciones y alegrías, haciendo realidad la atención y mutua entrega
· Jesucristo, como "cabeza del cuerpo de la Iglesia", imagen del Dios invisible (Cfr. Ef 1,22-12; 4,15-16; Col 1,18; 2,19 ) distribuye su vida divina a todos sus miembros, capacitándoles para que sean presencia actual de su amor en el mundo (Jn 15, 1-5)
· La Iglesia está sometida a los criterios, escala de valores y la Palabra exigente de Jesucristo, su Cabeza, en quien reside la plenitud (Cfr. Col. 1,18; 2,10)

Un cuerpo necesita del alma para ser un cuerpo vivo. Nosotros tenemos un solo Espíritu, que distribuye sus variados dones para el bien de la Iglesia según su riqueza y la diversidad de los ministerios.

Este es el sentido de esta imagen bíblica para que entendamos un poco lo que es la Iglesia. En realidad todos los cristianos en la Iglesia fundada por Cristo formamos con Él lo que San Agustín llamaba EL CRISTO TOTAL, Cabeza y miembros.

La Iglesia, Templo de Dios en el Espíritu Santo
En el mundo antiguo, el Templo es el lugar privilegiado de la presencia de Dios en el mundo. Israel se caracterizó durante largo tiempo por no tener templo alguno; Dios estaba en medio de su pueblo en el camino por el desierto.

Así el Nuevo Testamento también puede describir a la Iglesia - o en su caso a la comunidad concreta - Como Templo, lugar de la presencia de Dios y de Jesucristo.
"Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20)
El edificio que es la Iglesia está constituido por piedras vivas y su piedra angular es Jesucristo ( Cfr. 1 Pe 2, 4-5). Dios se hace presente en ella por el Espíritu. "Habéis olvidado que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros"
Este Espíritu le da vida a la Iglesia, la renueva, rejuvenece y fecunda; la mantiene misionera y la hace santa. Es el mismo Espíritu quien derrama sus diferentes dones sobre ella para enriquecerla, haciéndola el lugar de la presencia activa de Dios en el mundo.

3. OTRAS IMÁGENES BÍBLICAS QUE NOS HACEN ENTENDER
UN POCO LO QUE ES LA IGLESIA

Un redil
"Así la Iglesia es un Redil, cuya única y obligada puerta es Cristo (Cfr. Jn 10, 1-10), es también una grey, de la que el mismo Dios se profetizó Pastor (Cfr. Is 40,11; Ez 34,11ss) y cuyas ovejas, aunque conducidas ciertamente por pastores humanos, son, no obstante, guiadas y alimentadas por el mismo Cristo, buen Pastor y Príncipe de pastores que dio su vida por las ovejas"


Campo Cultivado
"La Iglesia es campo cultivado... El agricultor celestial la plantó como viña escogida. La verdadera vid es Cristo, que comunica vida y fecundidad a los sarmientos, que somos nosotros, que permanecemos en Él por medio de la Iglesia, y sin El nada podemos hacer."

Edificación de Dios
"A veces también la Iglesia es designada como edificación de Dios. El mismo Señor se comparó a la piedra que rechazaron los constructores, pero que fue puesta como piedra angular. Sobre este fundamente los Apóstoles levantan la Iglesia y de él recibe esta firmeza y cohesión. Esta edificación recibe diversos nombres: Casa de Dios, habitación de Dios en el Espíritu, Tienda de Dios entre los hombres y sobre todo Templo Santo.

La Iglesia será siempre Génesis
en ella se continúa y se cumple admirablemente la primera creación

La Iglesia es un continuo Éxodo
enviada al mundo para hacer caminar al mundo hacia el Reino

La Iglesia se revela Crónicas
porque los acontecimientos que vive continúan la historia de la salvación

La Iglesia es como el Qohelet
mide la vanidad de las vanidades, para hacer desparecer toda mentira

La Iglesia llora sus Lamentaciones
invita a Dios a hacer justicia de la sangre de los justos maltratados

La Iglesia recibe la Sabiduría
para discernir en el mundo lo que es bueno, puro, verdadero

La Iglesia es Profecía
porque anticipa en el signo la historia del universo

La Iglesia es un Cántico de amor a su Esposo
nadie como Él ha sido amado con tanta determinación

Desde el principio hasta el fin, testimoniando, meditando, gimiendo
profetizando, amando. La Iglesia es Evangelio de la Muerte y Resurrección de Jesús

Y la Iglesia es Apocalipsis, principio del Reino,
que se revela más allá de este mundo enfermo hasta que el misterio
no sea completado en su carne"


Tema 5: NOTAS DE LA IGLESIA
Objetivo:
Conocemos muchas denominaciones de comunidades que se dicen Iglesia de Cristo: Evangélicos, testigos de Jehová, cristianos de los últimos días, mormones, sabatistas, pentecostales.... y en el mundo hay las grandes confesiones como las de los luteranos, los anglicanos, los calvinistas.... Todos tienen la misma Biblia que nosotros, todos anuncian a Jesucristo. Por esto el cristiano sincero se pregunta ¿Quién tiene la verdad? ¿Acaso no parecen todas enseñar lo mismo? ¿En dónde esta la diferencia? ¿Cuál es la verdadera Iglesia?

Para encontrar la respuesta veamos antes como quiso Cristo que fuera su Iglesia:
Toda sociedad tiene una serie de características que la identifican frente a otras que puedan parecérsele. La Iglesia, al reflexionar sobre sí mismo, descubre cuatro notas que la definen y que forman parte de la profesión de fe: Creo en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica.

1. LA IGLESIA ES UNA

þ La Iglesia es Una debido a su origen. "El modelo y principio supremo de este
misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu Santo, en la Trinidad de
personas".
þ La Iglesia es Una debido a su fundador. "Pues el mismo Hijo encarnado por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios, restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo"
þ La Iglesia es Una debido a su "alma": El Espíritu Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de la unidad de la Iglesia" . Por tanto, pertenece a la esencia misma de la Iglesia ser una. (CIC, 813)

La Iglesia es Una.
Cristo no fundó muchas, sino UNA Iglesia, dijo que quería formar un solo rebaño bajo la guía de un solo pastor (Cfr.Jn. 10)
La única Iglesia de Cristo, Nuestro Salvador, después de su resurrección, la entregó a Pedro para que la pastoreara. Le encargó a él y a los demás Apóstoles que la extendieran la gobernaran. Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él.

La unidad de la Iglesia consiste en una unidad en la fe, en la caridad y en la liturgia, bajo el gobierno de los apóstoles y sus sucesores. Algo que aparece expresado en los Hechos de los Apóstoles: "Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles y en la comunidad de vida, en el partir el pan y en las oraciones" (Hch 2,42)

En este sentido, el Concilio Vaticano II ha hablado del triple vínculo de la unidad:
La profesión de fe, los sacramentos y el gobierno y comunión eclesial.

Esta unidad no debe ser confundida con uniformidad, ya que la Iglesia no podría unir a hombres de todos los pueblos, razas y culturas, con muy diferentes mentalidades y costumbres, si no se diera en su seno una diversidad que enriquece la unidad.

Sin embargo, esta diversidad tiene unas fronteras que, si se traspasan anulan la unidad. Así aparecen los cismas y las herejías. Cuando se rompe la comunión vital, especialmente en la comunión en el culto, estamos hablando de un cisma. Si la ruptura se produce en el ámbito de la

unidad de la fe, que a su vez provoca una separación en el culto, nos encontramos ante una herejía.

Las separaciones y escisiones sufridas por la Iglesia a través de la historia, se han debido a disensiones en el ámbito de la fe, que se han profundizado al incidir también factores no religiosos (tensiones nacionales, políticas, culturales, etc.) y disposiciones personales (espíritu de contradicción, rivalidad, orgullo...) sin embargo, tras estas escisiones había también un sincero afán de mantener la autenticidad del mensaje cristiano, por lo que el camino hacia la unidad se debe realizar mediante el esfuerzo común por entender rectamente el Evangelio.

Las dos separaciones más importantes se produjeron en 1054, al escindirse la Iglesia Oriental y Occidental tras un largo período de disensiones y enfrentamientos, y la ruptura que la Reforma introdujo en la Iglesia Occidental, y que a su vez originaría nuevas rupturas.

Estamos buscando la unidad
Así como notamos la diversidad de comunidades cristianas, también constatamos que la mayor parte de lo que somos y de lo que anunciamos es lo mismo. Más son los aspectos que nos unen que los puntos diversos. Y la Iglesia busca la unidad, porque siempre le han dolido las divisiones por ser contrarias al pensamiento del fundador.

Un esfuerzo muy notable por encontrar la unidad de los cristianos comenzó con el Concilio Vaticano II. La Iglesia quiere la unidad, la busca y se revisa a sí misma para quitar todo lo que por culpa humana impide llegar a esa unidad. En las denominaciones no católicas también se ha emprendido esta búsqueda.

Los cristianos de las diferentes Iglesias y comunidades eclesiales, sienten la necesidad de la unidad que Jesús expresa en su oración al Padre. "Que sean todos uno, como tu, Padre, estás conmigo y yo contigo que también ellos estén con nosotros, para que el mundo crea que tu me enviaste". Este movimiento por la unidad de todas las Iglesias se llama "ECUMENISMO", antes a los no católicos los solíamos llamar protestantes, calvinistas, anglicanos.... Hoy ya se ha hecho común llamarlos mejor "hermanos separados", porque en verdad son hermanos nuestros y están separados de nuestra fe católica.

El deseo de volver a encontrar la unidad de todos los cristianos es un don de Cristo y un llamamiento del Espíritu Santo. Para responder adecuadamente a este llamamiento se exige:
è Una renovación permanente de la Iglesia en una fidelidad mayor a su vocación. Esta renovación es el alma del movimiento hacia la unidad.
è La conversión del corazón para llevar una vida más pura según el Evangelio. Porque la infidelidad de los miembros al don de Cristo, es la causa de las divisiones.
è La oración en común, porque esta conversión del corazón y santidad de vida, junto con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos, deben considerarse como el alma de todo el movimiento ecuménico, y pueden llamarse con razón ecumenismo espiritual.
è El fraterno conocimiento recíproco.
è La formación ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes.
è El diálogo entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos de diferentes Iglesias y comunidades.
è La colaboración entre cristianos en los diferentes campos de servicio a los hombres.

Es muy difícil lograr en un futuro próximo la unidad de todos los cristianos, tener una sola Iglesia, porque las divisiones han perdurado siglos. Pero la tarea no es imposible. Si somos de veras cristianos que deseamos permanecer fieles al Evangelio, debemos poner de nuestra parte lo que podamos, poner toda la esperanza "en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros, y en el poder del Espíritu Santo."

2. LA IGLESIA ES SANTA

La Iglesia es Santa, porque Cristo "la amó y dio su vida por ella". Esto lo hizo para consagrarla. En Ella dejó el Señor todo el tesoro de su santidad adquirido por su muerte y resurrección y así la Iglesia es dispensadora de santidad y santifica a todos sus miembros desde el bautismo hasta la última despedida, luchando siempre por purificarla del pecado

Esta propiedad de la Iglesia parece contradecir la experiencia concreta, que nos manifiesta una comunidad con deficiencias en las actuaciones de sus miembros, y en sus propias acciones comunitarias. Sin embargo, podemos afirmar su santidad desde el misterio de su ser.

Cuando la Sagrada Escritura habla de santidad, está haciendo mención a algo que es propiedad y pertenece a Dios, al solo Santo. Por tanto, la santidad no expresa en la Biblia una actitud ética primordialmente, sino una apropiación por parte de Dios que santifica una realidad profana. De ahí que podamos afirmar que la Iglesia es santa porque:

ü Es de Dios y para Dios. Él la elige y crea un pueblo santo, al que es incondicionalmente fiel
ü y no abandona a los poderes de la muerte y de la contingencia del mundo (Mt 16,18)

ü Jesucristo, el Hijo amado de Dios, se entregó por la Iglesia para hacerla santa
ü e inmaculada (Cfr. Ef 5,27), uniéndose con ella de forma indisoluble (Cfr. Mt 28,20)

ü El Espíritu Santo, prometido por Jesucristo (Jn 14,26; 16,7-9), está presente en ella,
ü actuando con poder y haciéndola depositaria de los bienes de la salvación que debe
ü transmitir; la verdad de la fe, los sacramentos de la nueva vida, los ministerios.


Sin embargo, al acoger a hombres y mujeres pecadores, la propia Iglesia es pecadora, necesitando convertirse al Evangelio para manifestar con su vida lo que es su ser mas profundo.
El Apóstol Pablo nos recuerda a los cristianos que, por el bautismo, hemos nacido a una nueva vida que transforma nuestro modo de obrar y que hace de nuestra existencia cotidiana un servicio a Dios. Esta conversión de actitudes, valores y comportamientos no es fruto de un empeño personal, sino efecto del Espíritu Santo que actúa en nosotros si somos capaces de dejarnos transformar por Él.

Por todo lo anterior, podemos concluir que la Iglesia es Santa en su ser más profundo, pero pecadora y en constante conversión en su visibilización en el mundo.

Al canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu de Santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores. Los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de la renovación en las circunstancias más difíciles de la historia de la Iglesia. En efecto, "La santidad de la Iglesia es el secreto manantial y la medida infalible de su laboriosidad apostólica y de su ímpetu misionero" (CIC, 828)

La Iglesia en la Santísima Virgen llegó ya a la perfección, sin mancha ni arrugo. En cambio, los fieles cristianos se esfuerzan todavía en vencer el pecado para crecer en la santidad. Por eso dirigen sus ojos a María. En ella, la Iglesia es ya enteramente santa.


3. LA IGLESIA ES CATÓLICA.

Porque la salvación que Cristo nos trajo se dirige a todos los hombres sin excepción. Es Universal. Por esto la Iglesia es Católica. A partir de la Ascensión del Señor, se rompieron las fronteras de Israel para "ir por todo el mundo y anunciar el Evangelio a todas las gentes" Y en orden histórico los apóstoles serían los testigos de Jesús en Jerusalén en Judea y Samaria y hasta las regiones más lejanas de la tierra (Hch 1,8)

La palabra "Católico" no se encuentra en el Nuevo Testamento. Será Ignacio de Antioquia quien, hacia el año 110, aplique por vez primera este calificativo a la Iglesia (Carta a los de Esmirna 8,2). Originalmente significaba "la que expresa todo", "la plenitud de la fe", pero con el tiempo ha pasado también a denominar su extensión por todo el mundo.

Consecuentemente, al reconocerse la Iglesia como católica, dice de sí misma que predica la Fe en su integridad a todo hombre, cualquiera que sea su raza, nación o clase social. La catolicidad de la Iglesia se realiza de forma concreta por:
a) La misión que ha recibido del Señor para anunciar la Buena Noticia a todos los hombres (Mc 16,15; Mt 28, 19-20); esta tarea la realiza enriqueciendo las diversas culturas, llevándolas a su plena humanización, al tiempo que ella misma se enriquece con las riquezas de todos.
b) Su enraizamiento en un pueblo, localidad o ambiente, donde hace presente la plenitud de la Iglesia de Jesús que es al mismo tiempo Iglesia Universal, extendida por todo el mundo.
c) La abundancia de grupos que realizan la existencia cristiana de un modo diferente, ya sea como religiosos, laicos, célibes, casados o clérigos.

La catolicidad de la Iglesia es un don de Dios, pero al mismo tiempo es una labor permanente, no exenta de tensiones y dificultades, debido a la diversidad de culturas, costumbres, formas de vida y vocaciones.

El Concilio Vaticano II en la Lumen Gentium 13 dice: "Todos los hombres están invitados al nuevo Pueblo de Dios. Por eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través de todos los siglos, para que así cumpla el designio de Dios, que en el principio creó una única naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos...Este carácter de universalidad, que distingue al pueblo de Dios, es un don del mismo Señor. Gracias a este carácter, la Iglesia Católica tiende siempre y eficazmente a reunir a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo como Cabeza, en la unidad de su Espíritu"

4. LA IGLESIA ES APOSTÓLICA

Apóstol quiere decir enviado. Los cuatro evangelios señalan que Dios, el Padre, ha enviado a Jesús, su hijo como Salvador del mundo. A su vez, Jesucristo confió a los apóstoles la misión que había recibido del Padre, encargándoles predicar en su lugar el Evangelio a todos los pueblos, con el poder del Espíritu Santo, hasta la consumación del mundo:
"Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra, Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizadlos y consagrárselos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enseñadles a guardar todo lo que os he mandado, mirad que yo estoy con vosotros cada día hasta el fin del mundo" ( Mt 28, 18-20; Mc 16, 15-20; Lc. 24, 47-48; Hch 1,8).

Hoy como ayer y siempre, el Espíritu Santo mantiene a la Iglesia en comunión con los Apóstoles y, gracias a esta comunión, en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. El Espíritu Santo es el principio de la comunión de todos los miembros de la Iglesia en la fe y en el testimonio de vida de los Apóstoles. En este sentido toda la Iglesia es apostólica, manteniéndose en ella la vitalidad del Evangelio.

Al servicio de la apostolicidad de todos los miembros de la Iglesia está la sucesión apostólica de los Obispos que garantiza en cada momento que esta Iglesia nuestra es la Iglesia misma de los apóstoles. La verdadera Iglesia de Jesucristo está allí donde los creyentes son fieles a la fe de los apóstoles, al mismo tiempo que se adhieren a la sucesión apostólica de los obispos.

En el Nuevo Testamento hay indicios claros de cómo la misión apostólica, en los tiempos inmediatamente posteriores a los Apóstoles, se transmitió a otros discípulos. En efecto: Los Apóstoles no sólo tuvieron en vida diversos colaboradores en su ministerio, sino que:
à Confiaron a algunos el encargo de continuar, llevar a término y consolidar la obra que ellos habían comenzado.
à Establecieron colaboradores al frente de las comunidades cristianas y les encomendaron que proveyesen para que otros hombres probados se hiciesen cargo, mas tarde, del ministerio apostólico.

La misión de los apóstoles se ha transmitido hasta nuestros días a través de los obispos y del Papa, sucesor del apóstol Pedro. Los obispos son sucesores de los Apóstoles no en lo que a éstos les fue propio y exclusivo: ser testigos de Cristo Resucitado y ser fundamentos de la Iglesia. Los obispos suceden a los Apóstoles en su función de Pastores de la Iglesia; a través de ellos se manifiesta y se conserva en el mundo entero la Tradición Apostólica.
No es necesario que cada obispo, en particular, sea sucesor de un determinado Apóstol. Para garantizar la sucesión apostólica, basta con que el Colegio (o conjunto) de los obispos suceda al Colegio (o conjunto) de los Apóstoles. Cada obispo, como miembro de todo el Colegio Episcopal, ocupa un puesto en la sucesión apostólica. Esto es lo que quiere decir el hecho de que, para ordenar a un presbítero como obispo, está establecido que le ordenen, por lo menos, tres obispos, como señal de que se admite al candidato en el Colegio de los obispos.

Desde los orígenes de la Iglesia hasta hoy, y así sucederá hasta siempre, la Fe y la misión de los Apóstoles se han mantenido íntegras y vivas mediante la sucesión apostólica de los obispos, asistida por el Espíritu Santo.
Un antiguo texto de la Tradición de la Iglesia resume esta realidad diciendo:
"Los apóstoles salieron al orbe entero a predicar la misma doctrina de la misma fe a todas las naciones. En cada ciudad fundaron Iglesias, que vinieron a ser como retoños o semillas de la fe y de la doctrina para las demás iglesias de entonces y ahora. Por eso, nuestras Iglesias deben ser consideradas como brotes de las Iglesias apostólicas. Aún siendo tantas Iglesias, no forman más que una sola. Tertuliano, siglo III

5. ¿POR QUÉ DECIMOS QUE LA IGLESIA ES ROMANA?

Un hecho histórico vino a poner esta nota en la Iglesia de Cristo: San Pedro, el primero entre los Apóstoles, fue a Roma y ahí murió.

En los Evangelios aparece San Pedro con un lugar muy importante entre sus compañeros apóstoles, esta primacía es confirmada por Cristo resucitado. En los Hechos es quien tiene la dirección principal de la Iglesia naciente. Así se le consideró como signo de ser la Iglesia de Cristo el estar en comunión con Pedro. San Pablo mismo que tiene una parte tan importante en la propagación del cristianismo primitivo, confiesa que después de su conversión fue a estar unos 15 días con Pedro, no fuera a suceder que su mensaje no estuviera de acuerdo con él.

Este puesto importante de Pedro en toda la Iglesia lo sigue teniendo el sucesor de Él en Roma, porque ahí murió en el año 67 dando su vida por Cristo como testimonio final de su amor al Maestro. Conocemos los nombres de todos los sucesores de Pedro hasta el presente. Hoy también los cristianos conservamos la comunión con la Iglesia de Roma. Por eso decimos que la Iglesia es Romana.

"FUERA DE LA IGLESIA NO HAY SALVACIÓN"

¿Cómo entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su cuerpo:

El Concilio Vaticano II Sínodo "basado en la sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el Único Mediador y Camino de Salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con palabras bien explícitas, la necesidad de la fe y del Bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta. Por eso, no podrían salvarse los que, sabiendo que Dios fundó por medio de Jesucristo la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella". (C. Vat. II Lumen Gentium 14)

Esta afirmación no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen a Cristo y a su Iglesia: "Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna" (L.G. 16)

TEMA 6. LA MISMA LLAMADA VIVIDA EN LA DIVERSIDAD.

¿Quiénes son los miembros del Pueblo de Dios? ¿Cómo se incorporan? ¿Cuál es su tarea? "Son fieles cristianos quienes, incorporados a Cristo Por el Bautismo, se integran en el Pueblo de Dios y, hechos partícipes a su modo por esta razón de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, cada uno según su propia condición, son llamados a desempeñar la misión que Dios encomendó a cumplir a la Iglesia en el mundo" (CIC 871)

1. LOS FIELES DE CRISTO
Todos los bautizados son Iglesia

La verdad de que todos los bautizados son Iglesia ha permanecido olvidada durante mucho tiempo, por lo que se ha tendido a identificar erróneamente a la Iglesia con los presbíteros, los obispos y el Papa.

Es necesario, pues, renovar la conciencia de que todos los que han recibido la gracia de creer en Cristo y están bautizados, forman parte del nuevo Pueblo de Dios en el que todos tienen la misma dignidad y participan de idéntica libertad de hijos de Dios, el amor se vive como ley suprema, la misión evangelizadora es realizada como tarea común y todos reciben la llamada a la santidad, es decir, a vivir en unión con Dios.

Los Cristianos, en virtud de los sacramentos de la iniciación Bautismo, Confirmación y Eucaristía participan de:
ð La función profética de Jesucristo. Cuando anuncian, dan testimonio y proclaman la Palabra de Dios que han acogido en su interior.
ð El sacerdocio de Cristo. Cuando ofrecen toda su vida, con sus alegrías y tristezas, gozos y trabajos, unidos en la oblación de Cristo en el sacramento de la Eucaristía.
ð La realeza del Señor Jesús. Al promover los valores y actitudes del Reino de Dios, esforzándose por hacer presentes la justicia, la paz y el amor mediante el servicio a los pobres, desvalidos y marginados.

Diversidad de carismas, servicios y ministerios
Jerarquía, Laicos, Vida Consagrada.
El Espíritu derramado sobre todos los cristianos en el sacramento del Bautismo, suscita diferentes estados de vida, múltiples formas de servicio, diversas maneras de realizar la común pertenencia a la Iglesia. Los dones que el Espíritu otorga son para la edificación de la comunidad cristiana, por lo que nadie puede apropiarse de la gracia recibida, sino que debe ponerla al servicio de la Iglesia para que fructifique en ella.


Para expresar esta realidad se emplean tres términos:
Carisma: è es el don gratuito que el Espíritu de Dios otorga a una persona para llevar a cabo una actividad o realizar una forma de vida, que sirva para la edificación de la Iglesia el bien de la sociedad.
Servicio: è es la acción que, fundamentada en el carisma recibido, se desarrolla a favor de la comunidad cristiana y de las personas con las que se comparte la vida. Este servicio puede realizarse de forma ocasional, espontáneamente, o de una manera más institucionalizada y estable
Ministerio: è es el servicio que, debido a su importancia en la vida de la comunidad cristiana, y la estabilidad que requiere su ejercicio, precisa que sea el responsable de la Iglesia particular quien envíe en un acto público a las personas que han de desempeñarlo. Existen dos tipos de ministerios:


ü Los laicales o instituidos, que actualmente se reducen a dos: acolitado y
lectorado
ü Los ordenados, que se profundizaran posteriormente, e incluyen al episcopado, presbiterado y diaconado

2. LOS LAICOS

Entre sus miembros y como distintos de quienes han recibido el Orden Sagrado y de los religiosos, están los laicos, a quienes no hay que concebir sólo negativamente por su distinción respecto a los otros carismas.

El Concilio presentó la inserción de los laicos en las realidades temporales y terrenas, o sea, su secularidad no como un simple dato sociológico, sino como el modo existencial según el cual viven con plenitud su vocación cristiana.
"A los laicos les corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el reino de Dios gestionando asuntos temporales y ordenándolos según Dios" (Conc. Vat. II LG 30).

Ellos son los protagonistas principales y directos de la transformación del mundo, desde los valores del Evangelio. Su compromiso es:
à La promoción de la dignidad de la persona
à La defensa de la vida humana.
à La construcción de una sociedad mas justa y solidaria
à La evangelización de la cultura.

Por lo que los laicos, en cuando consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, son instruidos para que en ellos se produzcan siempre los más abundantes frutos del Espíritu. Pues todas sus obras, preces y proyectos apostólicos, la vida conyugal y familiar, el trabajo cotidiano, el descanso del alma y del cuerpo si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida, si se sufren pacientemente, se convierten en "hostias espirituales", aceptables a Dios por Jesucristo.

Los sagrados pastores conocen muy bien la importancia de la contribución de los laicos al bien de toda la Iglesia, pues saben que ellos no fueron constituidos por Cristo para asumir por sí solos toda la misión salvífica de la Iglesia. Hoy, los laicos prestan su colaboración en la vida litúrgica de la Iglesia y desempeñan determinados servicios de caridad, evangelización, catequesis y administración de las parroquias e instituciones católicas.

3. UNA IGLESIA JERÁRQUICA: MINISTERIOS ORDENADOS

Con un poco de espíritu de observación percibimos hoy que la Iglesia católica, de la que somos parte por el bautismo, presenta una organización perfecta. En ella diversos miembros ocupan un puesto determinado y todo marcha dentro de un buen orden.
Hay una jerarquía que queremos traducir por un orden de servicios dentro de la Iglesia. No es un orden de escalafón, a no ser por querer servir más. No es cuestión de mandar o gobernar al estilo humano, sino de entregarse en un servicio que es de menor a mayor número de cristianos.
Como ya apuntaba a comienzos del siglo II San Ignacio de Antioquia, se reconocen en la Iglesia tres ministerios, que constituyen la llamada jerarquía de la Iglesia
Obispos. þ Preside la Iglesia Particular
Presbíteros. þ Colaboradores inmediatos del Obispo
Diáconos. þ Desempeñan determinadas funciones litúrgicas y se ocupan sobre todo
del servicio de la caridad.
Los ministerios ordenados confieren una participación especial en el ministerio de Jesucristo, Sumo Sacerdote y Mediador único entre Dios y los hombres. Por esta razón, al ordenado se le confiere la potestad para actuar, en el ejercicio de su misión "En la persona de Cristo", cabeza de la Iglesia. Además, tiene una participación especial en la función sacerdotal, profética y pastoral de Jesucristo. Recibe, por tanto, un triple ministerio:
à Es enviado a predicar y enseñar
à A presidir la celebración de los sacramentos en nombre de Jesús
à Guiar al Pueblo de Dios que le es confiado.

Estos ministerios suponen una misión. Del mismo modo que Jesús recibe su misión del Padre, así la transmite a sus discípulos (Cfr. Jn. 20,21; 17,18), no pudiendo ningún individuo ni comunidad anunciarse a sí mismo el Evangelio y auto-otorgarse esa gracia. De aquí se sigue que el poder del ministerio ordenado no procede del encargo que hace la Iglesia a una persona concreta, sino del mismo Jesucristo, que envía a un cristiano para que ejerza el ministerio en su nombre, en su propia persona.

4. LOS OBISPOS, SUCESORES DE LOS APÓSTOLES

"La plenitud del ministerio ordenado, corresponde a los Obispos que "Por institución divina han sucedido a los apóstoles como pastores de la Iglesia" esta misión divina ha de durar hasta el fin de los siglos (Mt. 28,20), puesto que el Evangelio que ellos deben transmitir en todo tiempo es el principio de la vida de la Iglesia. Por lo cual en esta sociedad jerárquicamente organizada, tuvieron cuidado de establecer sucesores". (LG20)

Ellos son los pastores de la Iglesia, elegidos para edificar y servir a todo el Pueblo de Dios mediante la predicación de la Palabra y la enseñanza del mensaje revelado, la celebración de los sacramentos, especialmente la Eucaristía y el ejercicio de la dirección y el gobierno de la Iglesia.

Leemos en la Lumen Gentium 20: "Por ello, este sagrado Sínodo enseña que los obispos han sucedido, por institución divina, a los Apóstoles como pastores de la Iglesia, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo, y quien los desprecia, desprecia a Cristo y a quien lo envió".

No es posible enumerar aquí los obispos santos que han sido guías y forjadores de sus Iglesias en los tiempos antiguos y en todas las épocas sucesivas. Pensemos, por ejemplo, en el celo apostólico de San Ignacio de Antioquia, en la sabiduría doctrinal de San Ambrosio y de San Agustín, en el empeño de San Carlos Borromeo por la auténtica reforma de la Iglesia, en el magisterio espiritual y la lucha de San Francisco de Sales por la conservación de la fe católica; en la dedicación de San Alfonso María de Ligorio a la santificación del pueblo y a la dirección de las almas, en la irreprochable fidelidad de San Antonio María Gianelli al Evangelio y a la Iglesia.
A cada obispo se le confía una porción del Pueblo de Dios que se llama Iglesia particular o Diócesis, que está constituida por diversas comunidades cristianas, denominadas parroquias, y por otras instituciones y asociaciones cristianas.
En cada diócesis, el obispo es el principio y fundamento visible de la unidad entre los miembros del Pueblo de Dios que forman esa Iglesia particular, al tiempo que la mantiene en comunión con la Iglesia Universal.

Los obispos están unidos entre sí por un especial vínculo de comunión. Así como Pedro y los demás apóstoles formaban un grupo, al que llamamos Colegio Apostólico. De un modo semejante el sucesor de Pedro, el Papa, y los demás obispos forman el Colegio Episcopal, que sucede al Colegio de los Apóstoles. El Papa, sucesor de Pedro, es la cabeza del Colegio Episcopal. Este colegio no tiene autoridad en la Iglesia si actúa separado de su cabeza, sin embargo, unido a ella, asistido por el Espíritu Santo, ejerce su autoridad pastoral sobre toda la Iglesia.

El Colegio en cuanto compuesto de muchos, expresa la variedad y la universalidad del pueblo de Dios y en cuanto agrupado bajo una sola cabeza, la unidad de la grey de Cristo. En unión con el sucesor de Pedro, todo el colegio de los obispos ejercita la suprema autoridad en la Iglesia Universal. Según la Lumen Gentium "la potestad suprema sobre la Iglesia universal que posee este colegio se ejercita de modo solemne en el Concilio Ecuménico", pero añade que es prerrogativa del Romano Pontífice convocar estos concilios, presidirlos y confirmarlos. Un Concilio no puede ser verdaderamente ecuménico, si no ha sido confirmado o aceptado por el Romano Pontífice. Le faltaría el sello de la unidad garantizada por el sucesor de Pedro.

El Papa, Sucesor de San Pedro, Obispo de Roma
Tiene su ministerio propio, permaneciendo viva en él la función que el Señor encomendó singularmente a Pedro: ser roca en la que se apoya el edificio de la Iglesia, portador de las llaves de la misma y pastor de todo su rebaño. El Concilio Vaticano II, enseña que el Obispo de Roma, como Vicario de Cristo, tiene potestad suprema y universal sobre toda la Iglesia (LG,22). Esta potestad, tiene carácter ministerial (ministerium=servicio).

5. LOS PRESBÍTEROS

Son colaboradores y consejeros de los obispos con los que participan, en diversos grados, del ministerio de los apóstoles y del único sacerdocio de Jesucristo. Prestan su cooperación a los obispos ayudándoles a predicar la Palabra de Dios, celebrar los sacramentos y realizar su misión pastoral de gobierno.

"Los presbíteros, aunque no tienen la cumbre del pontificado, y en el ejercicio de su potestad, dependen de los Obispos, con todo están unidos con ellos el honor del sacerdocio y en virtud del sacramento del orden. Han sido consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento, según la imagen de Cristo, sumo y eterno sacerdote" ( Cfr. Heb 5,1-10; 7,24). (Conc. Vat. II LG 28)

Todos los presbíteros, a través de su ministerio, tienden a un mismo fin, hacer presente la única Iglesia de Cristo en los diversos campos de la actividad pastoral de una diócesis, de forma particular en las parroquias.

El conjunto de los presbíteros de una diócesis, unidos a su obispo, forman el presbiterio. Ningún presbítero puede cumplir su ministerio aislada o individualmente, sino unido a sus hermanos de presbiterio y bajo la dirección de los obispos.

6. LOS DIÁCONOS

En un grado inferior de la jerarquía, están los diáconos, que reciben la imposición de manos no en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio llevan a cabo ministerios necesarios para el bien de la Iglesia, diferentes del ministerio sacerdotal. Cooperan con los obispos y presbíteros en el ministerio de predicar la Palabra de Dios y en la misión de fomentar la comunión fraterna y la ayuda mutua en los miembros de la comunidad cristiana, cuidando con particular atención a los hermanos más necesitados.

Ya en los libros del Nuevo Testamento se atestigua la presencia de ministros, los diáconos, basta recordar la primera carta a Timoteo enumeran las cualidades que deben poseer los diáconos, y recomienda probarlos antes de encomendarles sus funciones: Deben tener una conducta digna y honrada, ser fieles en el matrimonio, educar bien a sus hijos, dirigir bien su casa y guardar "el misterio de la fe" con una conciencia pura" (Cfr. Tm. 3, 8-13)

Es oficio propio del diácono:
· la administración solemne del Bautismo
· asistir en nombre de la Iglesia y bendecir matrimonios
· conservar y distribuir la Eucaristía
· llevar el viático a los moribundos
· leer la Sagrada Escritura a los fieles.

7. LOS CARISMAS: LA VIDA CONSAGRADA

Ya hemos dicho que el Espíritu Santo santifica y dirige al Pueblo de Dios no sólo por el ministerio jerárquico, sino mediante gracias y dones muy diversos que distribuye entre los cristianos para el bien común de todo el Cuerpo de Cristo. Por medio de estos dones que llamamos Carismas, el Espíritu Santo inspira y dispone a los creyentes para que, siguiendo caminos muy variados y a través de múltiples acciones, contribuyan a edificar y renovar constantemente la única Iglesia de Cristo.

Existe también un estado de vida que, aunque no pertenezca a la estructura jerárquica, si pertenece, sin embargo, a la vida y santidad de la Iglesia.
Es la "Vida Consagrada" que se caracteriza por la profesión de los consejos evangélicos en un estado de vida estable y reconocido por la Iglesia. Los que asumen libremente este estado se comprometen a practicar la castidad en el celibato por el Reino, la pobreza y la obediencia, como forma de vivir su vocación bautismal de modo más íntimo y radical. Su vida ayuda a recordar a los demás cristianos, que viven su vocación en el mundo y en el ejercicio de las tareas temporales, su último destino, Jesucristo pobre, obediente y casto.

Entre las diversas formas de vida consagrada, destaca en primer lugar la "vida religiosa", nacida ya en los primeros siglos del cristianismo, que se distingue por el aspecto cultual, la profesión pública de los consejos evangélicos, la vida fraterna llevada en común y por el testimonio dado de la unión de Cristo y la Iglesia.

El testimonio de los religiosos es, en medio de todo el Pueblo de Dios, un estímulo para que todos los demás miembros de la Iglesia cumplan esforzadamente las exigencias de la vocación cristiana y el llamamiento que todos han recibido para buscar la santidad, esto es, la unión con Dios.

Por eso, la consagración religiosa pertenece sin duda alguna, a la vida y santidad de la Iglesia y ocupa en ella un lugar insustituible. (LG44)

8. LOS INSTITUTOS SECULARES

Otra forma de vida consagrada es la que representan los "institutos seculares" sacerdotes y seglares, profesan los tres consejos evangélicos - castidad, pobreza y obediencia - pero obligándose a vivirlos en el mundo. Esto los caracteriza y distingue de los religiosos. Dichos cristianos son los miembros de los llamados Institutos Seculares.
Su modo propio de consagrarse enteramente a Dios es reconocido por la Iglesia. Los miembros de estos Institutos han de permanecer en el mundo y, a partir de su inserción en el mundo, llevan a cabo su apostolado peculiar.

Existen también las llamadas "sociedades de vida apostólica", cuyos miembros sin votos religiosos públicos, buscan un fin apostólico específico y, llevando una vida fraterna en común, aspiran a la perfección de la caridad por la observancia de sus constituciones.

La vida consagrada imita mas de cerca y hace presente continuamente en la Iglesia la forma de vida que escogió Jesús para hacer la voluntad del Padre y que propuso a los discípulos que le seguían. Por eso es un signo que debe atraer a todos los cristianos a realizar mas plenamente su vocación y que revela la superioridad del Reino y sus exigencias sobre todas las realidades de este mundo. (Conc. Vat. II LG 43-47)

 

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