Tema 19. EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
"Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne". Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia" (Ef 5, 31-32)
1. EL HECHO Y EL SIGNIFICADO DEL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO
En la vida del varón y de la mujer se da un momento en que, normalmente, brota el amor. Llevados de ese amor deciden entrar en una comunión estable de vida y formar una familia. A esta decisión y compromiso se llama matrimonio.
El matrimonio y la familia se cuentan entre los bienes más valiosos de la humanidad. Son la célula fundamental de la comunidad humana: "El bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligado a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar" (GS 47)
Este compromiso público que se llama matrimonio, tiene una serie de características que le distinguen de otras formas de relación interpersonales:
þ El matrimonio es una relación interpersonal que se sitúa en una profundidad diferente a toda otra relación. Esto hace que toda otra comunicación interpersonal anterior quede plenificada por el amor matrimonial y que toda posterior quede necesariamente coloreada por ella.
þ El amor matrimonial abarca a toda la persona, no siendo sólo sentimiento, ley, obligación, radicando en esa tierra la fidelidad. Una fidelidad creativa, abierta, enriquecedora, que es ejercicio de la libertad y de la responsabilidad de la persona.
þ Es una unión que provoca vida, que es creadora. Si es cierto que no pueden identificarse sin más sexualidad y procreación, sería absolutamente ingenuo negar que ambas están estrechamente unidas. Por otro lado, la fecundidad matrimonial, que se manifiesta normalmente a través de los hijos, puede desarrollarse en otros terrenos como la acogida, la promoción de las personas, el arte.
þ El matrimonio está llamado a su publicidad, es decir, a que sea expresada públicamente la relación de amor entre las dos personas a las que atañe, lo que implica una cierta institucionalización.
La concepción cristiana del matrimonio
La concepción cristiana del matrimonio se nos ha revelado a lo largo del Antiguo y del Nuevo Testamento, perfilándose más detalladamente en las cartas de San Pablo (Cfr. Gen 1-2; Os 1-3; Jn 2-3: Mc 10,2-9; Mt 19, 3-9; Ef 5, 31-33; 1 Cor 7,39).
La Iglesia de nuestro tiempo se ha pronunciado frecuentemente sobre el matrimonio y la familia: la encíclica Casti Connubi (1930) de Pío XI: la constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II (Cfr. GS 47-52); la encíclica Humanae Vitae (1968) de Pablo VI y la exhortación apostólica Familiaris Consortio de Juan Pablo II (1981)
Una de las páginas más bellas del Génesis es aquella en que el hombre se encuentra solo en medio de la creación. A pesar de poner nombre a todos los animales y cosas, se siente mudo, incapaz de pronunciar una palabra porque nadie le da respuesta. En esos momentos de soledad existencial y de pobreza vital, Dios le presenta a la mujer. A partir de esos momentos se inicia el diálogo y el encuentro de amor en la historia y el matrimonio se perfila poco a poco, hasta quedar plenamente clarificado en la persona de Cristo.
A lo largo del Antiguo Testamento la Alianza de amor entre Dios y su pueblo ha sido simbolizada en diferentes ocasiones por el amor matrimonial (Os 1-3; Jer 3; Ez 16 y 23; Is 54). Los libros sapienciales, a su vez, trataron de explicar en diferentes ocasiones el último sentido del matrimonio en la Alianza (Prov 15, Cantar, Ecl 25, 13-26, 18).
Sin embargo, si los cristianos consideramos a Cristo como revelación plena del Misterio de Dios, es preciso que Él sea quien nos desvele el sentido profundo del matrimonio en el Plan de Salvación.
Jesús estuvo presente en una boda en Caná de Galilea, reconociendo con su presencia el valor humano del matrimonio. Además recogiendo la imagen matrimonial de la alianza que sugieren los profetas, compara el Reino de Dios con un banquete de bodas en el que se identifica con el esposo. Durante este banquete los amigos del novio no ayunan (Mt 9, 14-15), son invitados los que están en los caminos mientras que algunos rechazan la llamada (Mt 22, 1-14; Lc 14, 16-24), y es preciso estar alerta para participar en la fiesta (Mt 25, 1-13).
En Mt 19, 3-9 Jesús reafirma el ideal originario de la creación (Gen 2,24) al defender la indisolubilidad de la alianza matrimonial. Jesús en este momento, supera la Ley, manifestando la profunda relación que existe entre el orden de lo creado y la Alianza. Aquí esta el origen del sacramento del matrimonio: Jesús le reconoce como instituido desde la creación, cobrando para él una dimensión especial. Esta significación particular será claramente expresada por San Pablo en la carta a los Efesios:
"Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos un solo ser. Este símbolo es magnífico; yo lo estoy aplicando a Cristo y a la Iglesia, pero también vosotros, cada uno en particular, debe amar a su mujer como a sí mismo, y la mujer debe respetar al marido" (Ef 5, 31-33)
Para los cristianos, la mutua entrega de un hombre y una mujer bautizados es sacramento, es decir, un signo que expresa y realiza la alianza de amor y fidelidad de Cristo con su pueblo, la Iglesia.
El Matrimonio cristiano es alianza por la que un varón y una mujer bautizados se comprometen a unir sus vidas para siempre, en indisoluble comunión de amor fecundo.
2. EL MATRIMONIO ES SIGNO DE CRISTO
Como acabamos de ver, la Alianza de Dios con los hombres va a significarse a través del matrimonio en el Antiguo Testamento. Jesucristo es plenitud de esa Alianza; en el Dios pronuncia un sí irrepetible al ser humano, haciéndose carne esa Alianza de Dios con el hombre.
El amor matrimonial de los que se unen en el Señor es símbolo que actualiza el amor de Dios aparecido en Jesucristo, siendo el matrimonio una realidad en la que se vive, de forma peculiar, la muerte y la resurrección, la Pascua.
Así la donación, el perdón, los conflictos, las deficiencias, las culpabilidades, todo que lo que es y significa una vida en común, está integrado en el triunfo pascual del amor de Dios porque "El amor conyugal es asumido en el amor divino y se rige y enriquece por la virtud redentora de Cristo y la acción salvífica de la Iglesia" (GS 48)
3. EL MATRIMONIO ES SACRAMENTO DE LA IGLESIA
El Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Iglesia "Lumen Gentium", dice que el matrimonio y la familia son como una Iglesia en pequeño, Iglesia doméstica (LG 11).
Los cónyuges poseen dentro de la comunidad cristiana un carisma que les es propio, una vocación y una misión singular: ser testigos en el mundo del amor de Dios y transmitir y educar a sus hijos en la fe.
"En virtud del sacramento del matrimonio se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la procreación y educación de la prole y por eso tiene su propio don, dentro del pueblo de Dios, en su estado y en su forma de vida (LG11)
Bienes y exigencias del amor conyugal
"El amor conyugal comporta una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona -reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiración del espíritu y de la voluntad -; mira a una unidad profundamente personal que, mas allá de la unión en una sola carne, conduce a no tener más que un corazón y una alma; exige la indisolubilidad y la fidelidad de la donación recíproca definitiva; y se abre a la fecundidad. En una palabra: se trata de características normales de todo amor conyugal natural, pero con un significado nuevo que no sólo las purifica y consolida, sino las eleva hasta el punto de hacer de ellas la expresión de valores propiamente cristianos". (Familiaris Consortio, 19 Juan Pablo II )
Unidad
El amor de los esposos exige, por su misma naturaleza, la unidad y la indisolubilidad de la comunidad de personas que abarca la vida entera de los esposos "De manera que ya no son dos sino una sola carne" (Mt 19,6). "Están llamados a crecer continuamente en su comunión a través de la recíproca donación total"
La unidad del matrimonio, confirmada por el Señor, aparece ampliamente en la igual dignidad personal que hay que reconocer a la mujer y al varón en el mutuo y pleno amor
Indisolubilidad y fidelidad
El amor conyugal exige de los esposos, por su misma naturaleza, una fidelidad inviolable. Esto es consecuencia del don de sí mismos que se hacen mutuamente los esposos. El auténtico amor tiene por sí mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero. Esta íntima unión, en cuanto donación mutua de dos personas, así como el bien de los hijos, exigen la plena fidelidad de los cónyuges y urgen su indisoluble unidad.
Puede parecer difícil, incluso imposible, unirse para toda la vida a un ser humano. Por ello es tanto más importante anunciar la buena nueva de que Dios nos ama con un amor definitivo e irrevocable, de que los esposos participan de este amor, que les conforta y mantiene, y de que por su fidelidad se convierten en testigos del amor fiel de Dios. Los esposos que, con la gracia de Dios, dan este testimonio, con frecuencia en condiciones muy difíciles, merecen la gratitud y el apoyo de la comunidad eclesial. (CIC, 1648)
Fecundidad
"Por su naturaleza misma, la institución misma del matrimonio y el amor conyugal están ordenados a la procreación y a la educación de la prole y con ellas son coronados como su culminación" (Gaudium et spes 48).
La fecundidad el amor conyugal se extiende a los frutos de la vida moral, espiritual y sobrenatural que los padres transmiten a sus hijos por medio de la educación. Los padres son los principales y primeros educadores de sus hijos. En este sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio de la vida.
4. LA FAMILA, IGLESIA DOMESTICA
Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La Iglesia no es otra cosa que la "familia de Dios". Desde sus orígenes, el núcleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, con toda su casa, habían llegado a ser creyentes. Cuando se convertían, deseaban también que se salvase toda su casa. Estas familias convertidas eran islas de vida cristiana en un mundo no creyente.
El Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresión, Ecclesia domestica. En el seno de la familia, los padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra con su ejemplo, y han de fomentar la vocación personal de cada uno, y con especial cuidado, la vocación a la vida consagrada.
Tema 20. PASTORAL SOCIAL
La Pastoral Social nace la Palabra de Dios, tiene su fuente en la Sagrada Escritura comenzando por el libro del Génesis y, en particular en el Evangelio y los escritos apostólicos. Otros elementos fontales, que al mismo tiempo se alimentan de la Palabra de Dios, son enseñanza de los Santos Padres y grandes teólogos de la Iglesia y el magisterio, especialmente de los últimos Papas.
1. LA SAGRADA ESCRITURA
en el Antiguo Testamento
Persona humana: sujeto social. Una de las primeras enseñanzas que nos hereda la Palabra de Dios, es que la persona humana, varón y mujer, ha sido creada a imagen y semejanza de Dios. Posee una dignidad fundamental y está llamada al encuentro y al diálogo por el amor.
La persona humana como imagen de Dios es un sujeto social, pues está llamada a relacionarse con sus semejantes y debe ser "guardián de su hermano". La persona humana ha sido hecha dueña y señora de la creación (Gen 1, 26-31; 2, 18-24; 4, 1-6; Ex 20,13).
El pecado: El pecado aparece como la ruptura al proyecto de Dios, ya que rompe la comunión y solidaridad entre Dios y la persona humana, entre ésta y sus semejantes y con la creación (Gen 3, 1-7; 4, 1-6; 11, 1-9; Am 2, 6-7; Is. 5,8).
El pecado rompe también el proyecto de Dios que es un proyecto de vida, por eso el pecado en sus múltiples manifestaciones, destruye la imagen de Dios en el hombre y acarrea un proyecto de muerte (Gen 9,6)
La alianza: Dios se revela en la historia como solidario con su pueblo, pobre y oprimido, para formar con ellos una alianza y librarlos de la esclavitud (Gen 4, 9-10; Ex 3, 7-20; Dt. 10, 17-18).
Dios forma su pueblo en comunión con Él y con los hermanos, santo y consagrado a Él, al servicio de los demás pueblos, universal en un futuro y el que debe vivir la comunión y la solidaridad, sobre todo con los más débiles. Las mismas vocaciones individuales dentro del pueblo ( los profetas o los jueces) son funcionales y tienen un sentido comunitario y solidario (Gen 12,2; Ex 19, 3-6; Sal 80,2).
Los profetas: Los profetas bíblicos son duros críticos de la sociedad porque aspiran a construir una sociedad humana y digna del pueblo de Dios, según el plan original del Dios de la Alianza. Para ello anuncian una Nueva Alianza (Jer 31,32; Ez 36, 16-38; Is 55,3; 54, 1-10), al mismo tiempo que denuncian la injusticia de los ricos y sus prácticas cultuales en las que divorcian la fe y la vida. ( Am 5, 21-24; Is 1, 11-17; 58, 3-11; Mi 6, 6-8; Jer 7, 4-7). En ellos, la justicia adquiere una importancia singular, equiparándose a la santidad. Santo es el justo.
2. EN EL NUEVO TESTAMENTO
En el Señor Jesús. En el Nuevo Testamento aparece Jesucristo, el Hijo eterno del Padre, como modelo de hombre. La encarnación del Verbo eterno de Dios es un hecho histórico, único, irrepetible. "Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1,14), es la imagen de Dios (Col 1, 15-18), el nuevo hombre en el que la humanidad es recreada, el Segundo Adán (I Cor 15,1ss), el primogénito entre muchos hermanos, el que nos revela al Padre común de todos los hombres. (Mt 6,9; Lc 11,2;)
Jesús es también el modelo de la servicialidad y de la solidaridad, pues en su encarnación quiso tomar la condición de siervo (Fil 2, 6-11), en El se cumplen las profecías del profeta Isaías sobre el "Siervo de Yahveh" (Is 42,53ss), su solidaridad se prolonga por toda la vida y culmina con su muerte. Su servicio en la obra redentora lo realiza en orden a la unidad y la reconciliación. (Mt 20,28; Lc 22,27; Fil 2,7).
A Jesús se le descubre precisamente, en la solidaridad con los débiles y marginados: Pasó su vida haciendo el bien y lo criticaban por juntarse con gente de mala vida, condenó la conducta de los fariseos que se creían buenos y eran injustos con los demás ( Lc 19). Para los hombres (desde sus parientes Mc 3,21) y las autoridades del tiempo de Jesús les fue incómodo el mensaje de la Buena Nueva que anunciaba y, esto trajo como consecuencia la muerte en la cruz (Mt 10,42; 25,31-46; Mc 9,37; Lc 10, 25-37; 11, 46; 19,10).
El Reino de Dios. El mensaje de Jesús va más allá de cualquier grupo o partido de su tiempo, predica el Reino de Dios que es un valor absoluto, una victoria sobre el mal, de comienzos humildes (Mt 13, 31) pero que quiere ser universal. Todos estamos llamados a colaborar con Él y abarca toda nuestra vida. En este sentido, el amor a la riqueza aparece en Jesús como un obstáculo para el Reino.
El Reino de Dios se va realizando en nuestra vida cuando cualquier persona o comunidad independientemente de su procedencia (Mt 8, 11-12; 23, 13ss), lucha por la verdad, la justicia la paz y el amor. Sin duda es importante la conversión para acceder al Reino de Dios (Mt 4,17), pero es también importante el elemento fruitivo de la vida cristiana (Mt 7,15-20; Gal 5, 16-26). Estos son los valores del Reino de Dios que predicamos (Mc 12,34) y que exigen de nosotros el estar íntimamente unidos a Cristo (Jn 15, 1-8)
El Reino de Dios se hace presente, imperfecta pero realmente, ya desde aquí, en las realidades económicas, políticas, religiosas, educativas, familiares y recreativas. En el establecimiento definitivo del derecho de los marginados, la realización plena de la fraternidad entre los hombres, la reconciliación armoniosa con toda la creación, y la comunión final con Dios mismo, que será todo en todas las cosas. (Mt 25, 34).
La Iglesia nuevo pueblo de Dios. El nacimiento de la Iglesia es ubicado por algunos teólogos en el inicio de la predicación del Señor Jesús (Mc 1,15; Mt 4,17) (L.G., 5,1), otros en la profesión de fe de San Pedro y en el legado de las llaves del Reino de parte del Señor Jesús a este apóstol (Mt 16,18), otros más lo ubican en el momento posterior a la resurrección en el que el Señor Jesús encarga al apóstol San Pedro que la apacentara (Jn 21,17), algunos otros en la lanzada en la cruz (Jn 19,34), otros en el mandato misionero (Mt 28, 18-20).
La gran mayoría de los teólogos la ha ubicado en el advenimiento del Espíritu Santo, colocado por san Juan en el mismo día de la resurrección (Jn 20, 19-20) y en los Hechos de los Apóstoles cincuenta días después, durante la fiesta judía de las semanas o de las cosechas (Hch 2, 1-13; Cfr. Ex 23,14). La Iglesia, nueva creación, no puede nacer sino del Espíritu, del que tiene nacimiento todo lo que nace de Dios (Jn 3,5s). Pentecostés es para los cristianos el momento en donde Cristo santifica indefinidamente a su Iglesia (L.G. 4,1), es el momento en donde se nace como pueblo de Dios, el nuevo Israel de Dios, pues Dios ha sellado una nueva alianza en Jesús para formar un nuevo pueblo. Iglesia y Espíritu son inseparables: la experiencia del Espíritu se hace en la Iglesia y da acceso al misterio de la Iglesia. (Cfr. 1 Cor 3,16; 12,7; Ef 2,22).
La Virgen María mujer sencilla del pueblo y Madre de Dios, pasa a ser la Madre de la Iglesia que nace, y le acompañará en medio de todas las dificultades, llegando a ser la Virgen "estrella de la primera y nueva evangelización" (Mt 26,28; Jn 19, 25-27; Gal 6,16;
Rom 9, 6-8).
La Iglesia necesita de una Pastoral Social efectiva, heredera de la misión profética y del Siervo de Dios el Señor Jesús, capaz de hacer presente los valores del Reino de Dios en las diversas estructuras sociales, y en todas las circunstancias históricas de la vida personal y comunitaria. Construir el Reino es, en definitiva la misión de la misma Iglesia.
3. LA IGLESIA COMO CAMINO DE LA SOLIDARIDAD
El Papa Juan Pablo II, en la Exhortación apostólica postsinodal La Iglesia en América, dedica el capítulo quinto a la solidaridad como fruto de la comunión. La conciencia de la comunión con Jesucristo y con los hermanos, que es, a su vez fruto de la conversión, lleva a servir al prójimo en todas sus necesidades, tanto materiales como espirituales, para que en cada hombre resplandezca el rostro de Cristo. Por eso, la solidaridad es fruto de la comunión que se funda en el misterio de Dios uno y trino, y en el Hijo de Dios encarnado y muerto por todos. Se expresa en el amor del cristiano que busca el bien de los otros, especialmente de los más necesitados.
"En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 40. 45)...Partiendo del Evangelio se ha de promover una cultura de la solidaridad que incentive oportunas iniciativas de ayuda a los pobres y a los marginados" (Ecclesia in América, 52).
4. ¿QUÉ ES LA PASTORAL SOCIAL?
La pastoral Socia l es definida por el Episcopado Mexicano de la siguiente manera:
"Entendemos la Pastoral social como la acción orgánica de la Iglesia, encaminada a inspirar y a animar las realidades temporales, difundiendo la doctrina y formando la conciencia de los cristianos, promoviéndolos y apoyándolos para que asuman con eficacia su responsabilidad en las realidades temporales (familia, cultura, profesión, economía, política, orden internacional), con objeto de lograr que se establezcan estructuras sociales dignas de seres humanos y propiciadoras de un desarrollo integral"
El Secretariado de Pastoral Social Diocesano está convencido de lo siguiente: La pastoral social es la reflexión-acción de todos los miembros de la iglesia, para hacer presentes la verdad, la justicia, la caridad evangélicas, en las relaciones y estructuras básicas de la sociedad (familia, economía, política, etc.) para el crecimiento del Reino de Dios.
Las actividades de la Pastoral Social
La Pastoral social debe dedicarse a la asistencia social, a la promoción humana y a la organización o transformación social. Veamos algunas de sus características:
Asistencia social:
Su objetivo es responder a una necesidad inmediata, concreta y real, su método se basa en: Estudio socioeconómico, diagnóstico, seguimiento o evolución del problema que pretendemos solucionar.
Algunas de sus actividades son: reparto de despensas, bazares, asistencia médica, campañas de higiene, visitas y ayuda a enfermos, visita y ayuda a asilos de ancianos, visitas y ayuda a orfanatos, visitas y ayuda a centros de readaptación social, comedores de pobres, ayuda a indigentes, ayuda a niños de la calle, etc.
Se trata de una parte de la praxis (práctica - acción) cristiana que es realizada por tantos hermanos nuestros que, por amor a Dios, se llegan a quitar un pan de la boca para alimentar al que tiene más necesidad (Cfr. Mt 25, 31-46). No podemos negar que muchos de los cristianos que realizan estas actividades invierten su dinero, su tiempo y su mismo descanso para poder ayudar al que más necesita, sin duda obtendrán su recompensa.
Promoción humana:
Su objetivo es el desarrollo de las personas y los grupos. Su método consiste en: motivar a las personas para un mejor desarrollo, integrar grupos a los que se entregan elementos pedagógicos para su superación, evaluar el avance de las personas y de los grupos en torno al objetivo que desea alcanzar.
Actividades: becas para estudiantes, alfabetización, clases de primaria, manualidades, corte y confección, instalación de talleres, cajas de ahorro y préstamos, guarderías, círculos de lectura, clubes deportivos.
Es significativa la labor que se realiza en este ámbito, de parte de algunas instituciones con clara inspiración cristiana. Se trata de elevar el nivel de vida de la persona a través de nuevos valores adquiridos y agregados a la vida de las personas.
Organización y transformación social:
Su objetivo es promover la participación de los laicos, de todos los niveles, en el cambio social de las estructuras que generan desigualdades, impulsando su participación en grupos civiles de la comunidad; ofrecerles capacitación para reconocer las causas de los problemas estructurales y contribuir a una sociedad más justa y equitativa.
Su método consiste en un análisis de la realidad que parte de las necesidades concretas e históricas de los grupos, aportando programas de concientización, capacitación organización, acción, etc., con una constante evaluación de los programas implementados.
Las actividades que promueve son entre otras: impulsar a los laicos a participar en comités de derechos humanos, grupos ecológicos, juntas de mejoras, asociaciones de padres de familia, redes por la paz y la democracia, organizaciones independientes, movimientos ciudadanos, etc.
La Pastoral Social deberá asumir el anuncio de la Buena Nueva y de los valores del reino, al mismo tiempo que debe denunciar proféticamente las injusticias. Es necesario acompañar a nuestras comunidades en su intento por vivir los valores del Reino. La función profética exige valor y el ser complementada por un gran testimonio personal y comunitario, de quienes deseen ser agentes de la pastoral social.
5. LOS AGENTES DE LA PASTORAL SOCIAL
Es el deber y el derecho de cada cristiano el participar no solamente en la acción social, sino también en la iluminación de todos y cada uno de los niveles de esta acción:
"Incumbe a las comunidades cristianas analizar con objetividad la situación propia de su país, esclarecerla mediante la Palabra inalterable del Evangelio, deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción.... y a estas comunidades cristianas toca discernir....las opciones y los compromisos que convienen asumir para realizar las transformaciones sociales, políticas y económicas que se considera de urgente necesidad a cada caso"
Es la comunidad diocesana la que puede encarnar la Doctrina Social de la Iglesia en su propia comunidad. Le corresponde a toda la comunidad eclesial: obispos, sacerdotes, religiosos y laicos el aplicar en sus circunstancias concretas las consecuencias de su compromiso evangélico.
Dentro de la comunidad cristiana el obispo es el ministro del esplendor de una verdad capaz de iluminar los caminos. Es el obispo el que ejerciendo su magisterio y educando en la fe a las personas y a las comunidades a él confiadas, prepara a los fieles laicos, que, renovados interiormente, transformarán al mundo con soluciones cristianas.
La Iglesia diocesana ofrece una estructura y un plan orgánico de pastoral que busca ser efectivo y evaluable a través de la labor de los secretariados y de los distintos niveles de organización pastoral: zonas, decanatos y parroquias. Todos estos niveles deben buscar la implantación de una efectiva pastoral social. Sin embargo las zonas y los decanatos no lograrán tener una gran incidencia si, desde las mismas parroquias, no se valora esta área de la pastoral delegada en su responsabilidad a los párrocos.
En este campo debe fomentarse la participación del joven en los quehaceres pastorales, ya que es notoria la ausencia de aquellos, que por naturaleza su corazón debieran incubar ilusiones y aspiraciones cristianas de transformación. Para lo anterior es urgente y necesario el formar en el apostolado ya desde el seno familiar.
"La formación al apostolado debe comenzar desde la primera educación de los niños, quienes, apenas sea posible, han de iniciarse en este santo ejercicio. Cuídese con particular empeño la formación apostólica de los adolescentes y jóvenes, y su participación progresiva en las tareas de apostolado; toda la familia y la vida común de la misma sea una escuela de apostolado que disponga a sus miembros para la presencia activa en la comunidad temporal y eclesial
Tema 21. NUESTRA VIDA ( LA DINAMICA SOCIAL )
Si la pastoral busca llegar a todas las personas y a toda la vida de cada persona, deberá tomar en cuenta todas las dimensiones de la vida humana.
Las seis dimensiones fundamentales de la vida humana son: la economía, la política, la educación, la familia, la recreación y la religión. Todas estas dimensiones de la vida humana, aunque son distintas no pueden separarse entre sí, porque forman parte de la vida de la misma persona, de tal forma que cada una de ellas está relacionada con las demás.
1. Economía
La dimensión económica satisface las necesidades materiales indispensables de la vida humana. Abarca el campo de la producción, distribución y consumo de los bienes materiales. Asimismo, el mundo del trabajo, del salario, del comercio, del dominio y uso de los bienes de la creación.
La persona debe transformar los elementos que encuentra en la naturaleza para poder sobrevivir. Por otro lado, compite con sus semejantes en esta conquista permanente de lo que necesita, cuya lucha por la vida a veces se vuelve destructora tanto de la naturaleza como de la sociedad, provocando una rabia por acumular y consumir.
La creatividad humana deberá orientarse a la comunicación de bienes y no a la acumulación de los mismos. Esta actitud formará lazos saludables entre los seres humanos y de estos con la naturaleza. Al pueblo creyente le toca humanizar las actividades económicas para que se dé un lugar de privilegio a la persona humana y a su trabajo.
2. Política
El campo político engloba las actividades y las relaciones que establecen las personas con el fin de conseguir el bien común de la sociedad.
La palabra "política" se entiende de maneras distintas. Muchos creen que es solamente la participación en partidos políticos, otros la conciben como una cualidad o habilidad de algunas personas para triunfar en cualquier actividad. Casi general es la idea de que la "política", más que una cualidad, es doblez, engaño, manipuleo, explotación.
La política, además de la búsqueda del bien común, es el ámbito en donde actúan las organizaciones que luchan por defender los derechos de sus miembros: sindicatos, asociaciones, etc. También es la lucha por alcanzar el poder con el fin de ejercerlo en beneficio de la sociedad total. Es necesario que los cristianos y las cristianas tengan un papel activo en el campo político para establecer el señorío de Cristo sobre toda la vida.
3. Educación
La actividad educativa permite a la persona desarrollar su capacidad de tomar conciencia y reflexionar los esfuerzos que hace el individuo por comprender y transformar el mundo en que vivimos.
La educación, de acuerdo con nuestra fe, debe tener una finalidad humanizadora y personalizadora, para que el hombre "desarrolle plenamente su pensamiento y su libertad, haciéndolos fructificar en una mejor comprensión del mundo el cual hace más humano, y en el que produce cultura, transforma la sociedad y construye la historia" (Puebla, 1025)
4. Familia
La familia es la comunidad básica donde la persona nace, crece y se desarrolla. Es el lugar donde el individuo establece las relaciones más profundas, significativas y permanentes de la vida, que marcan a la persona en su desarrollo y crecimiento, y en su ubicación y participación en la sociedad.
La familia refleja los grandes problemas que vive la sociedad a la que pertenecemos: la pobreza, el hambre, el desempleo, el alcoholismo, la drogadicción, la violencia, etc. Igualmente, la falta de relaciones humanas cálidas y fraternas, que existen en nuestra sociedad está presente en la familia.
La familia cristiana debe dar al individuo los elementos que formen su desarrollo afectivo, su educación de la conciencia y de la fe, y su capacidad para relacionarse positivamente con las demás personas para organizar crítica y democráticamente a la sociedad.
5. Recreación
La dimensión recreativa comprende el conjunto de actividades por medio de las cuales las personas se divierten y salen de la corriente cotidiana, como escuchar música, ver televisión, practicar el deporte favorito o simplemente descansar.
Los medios de comunicación social, llenan cada vez más el tiempo libre del hombre y aún sus horas de trabajo; son utilizados para producir, vender, consumir, divertir y educar. Muchas veces las nuevas generaciones son fruto de una cultura audio-visual que tiene a masificar a la persona.
Los medios de comunicación social, deben contribuir también a despertar la conciencia humana sobre su situación y sus problemas, sobre sus condiciones de vida, dándoles ideas nuevas y aspiraciones para transformar su realidad. La Iglesia insiste en que la Pastoral no puede prescindir hoy en día del recto uso de los medios de comunicación social.
6. Religión
En el área religiosa las personas manifiestan su búsqueda de Dios y responden a su llamado mediante la fe, que se expresa en numerosas formas: ritos, oraciones, culto y todas las prácticas religiosas que de una u otra forma nos pueden relacionar con Dios.
La fe cristiana implica aceptar las verdades reveladas y hacerlas vida a la manera de Cristo. Debe abarcar la vida total y, aunque se exprese de un modo especial en esta dimensión religiosa, no se reduce a ella.
En esta área se encuentran las organizaciones de nuestras parroquias y demás grupos religiosos.
A través de todas estas actividades el cristiano debe poner en práctica su fe y no encasillarla en el área religiosa. El verdadero cristiano deja que la fe dirija e ilumine todos los actos y obras de la vida, cumple sus deberes temporales guiado siempre por el espíritu evangélico y trata de vivir de acuerdo con los valores del Reino de Dios: justicia, paz, verdad y amor.
A través de estas seis dimensiones de las estructuras sociales, la persona se une a sus semejantes, se organiza en grupos, acepta normas, valores, criterios y procedimientos comunes para obtener los bienes humanos esenciales; esto genera una amplísima red de relaciones e interrelaciones que genera el dinamismo social.
De esto se desprende que ninguna estructura posee absoluta autonomía con relación a los restantes, cualquier cambio significativo en alguna de las estructuras repercute en las demás; esto es especialmente sensible entre los tres que por sus finalidades específicas poseen, mayor importancia: la económica, la política y la religiosa.
Conclusiones:
ü Frente a las estructuras la persona puede adoptar varias posiciones. De plena aceptación, consciente o inconsciente; de selección de valores, de crítica transformadora; o de pleno rechazo; pero nunca puede permanecer "al margen" de ninguna de las estructuras básica de la sociedad.
ü Es exigencia de la fe: conocer del modo más objetivo y seguro, la realidad social concreta en que actuamos como miembros de la Iglesia. Conocimiento que debe abarcar los distintos campos económico, político, religioso, educativo, no separados sino dentro del juego estructural.
ü Descubrir los valores o antivalores presentes en las estructuras y en el dinamismo social que generan
ü Comprometerse en la promoción humana integral y en la liberación plena de los hombres, que exige un cambio estructural profundo a fin de que los valores del Reino: Justicia, Paz, Verdad y Amor, se hagan presentes en las estructuras sociales.
Tema 22. DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA
ANTECEDENTES HISTORICOS
Introducción.
Lo social es una dimensión esencial del hombre, y por tanto no puede escapar de la atención de la Iglesia. "La Buena nueva del Evangelio no debe quedar en los individuos, en su interioridad, debe llegar a las culturas mismas, es decir, a las relaciones sociales, colectivas, públicas del hombre: a su pensamiento, su arte, su filosofía, su economía, su política" (Evangeli Nuntiandi, 20).
En el campo social la Iglesia ha querido realizar siempre una doble tarea:
a) iluminar al hombre para ayudarlo a descubrir la verdad
b) Distinguir el camino que debe seguir de acuerdo a los dictados del Evangelio.
La Iglesia quiere ofrecer a los creyentes un camino de liberación. La Doctrina Social no es en modo alguno una legitimación que perpetúe el orden establecido.
"Cuando arrecian las injusticias y crece dolorosamente la distancia entre pobres y ricos, la doctrina social en forma creativa y abierta a los amplios campos de la presencia de la Iglesia, debe ser instrumento de formación y de acción" (Juan Pablo II, a los Obispos de Puebla).
En muchas formas y en diversas circunstancias, Juan Pablo II habla de la Doctrina Social de la Iglesia e insiste en la necesidad de una revalorización de la misma. Haciendo eco a esta inquietud, los obispos latinoamericanos reunidos en Puebla se pronunciaron ampliamente sobre este tema (Puebla 472ss, 511, 538ss, 1033, 1227, 793, 1008, 1196)
En el número 472 del documento de Puebla podemos leer:
"El aporte de la Iglesia a la liberación y promoción humana se ha venido concretando en un conjunto de orientaciones doctrinales y criterios de acción que solemos llamar enseñanza social de la Iglesia. Tiene su fuente en la Sagrada Escritura, en la enseñanza de los Padres y grandes teólogos de la Iglesia y en el magisterio especialmente de los últimos Papas. Como aparece desde su origen, hay en ellas elementos de validez permanente que se fundan en una antropología nacida del mismo mensaje de Cristo y en los valores perennes de la ética cristiana. Pero hay también elementos cambiantes que responden a las condiciones propias de cada país y cada época" (Puebla 472)
La Doctrina Social de la Iglesia no es un cuerpo definitivo y cerrado, es una secuencia de orientaciones siempre abierta, nunca acabada, que responde a la realidad social siempre cambiante. La Doctrina Social está siempre atenta a los signos de los tiempos y a las necesidades concretas de la época y de los hombres a los que se dirige.
La Doctrina Social no es un puro proceso deductivo de principios abstractos, sino que éstos se confrontan con la experiencia vivida por los creyentes. La Doctrina Social surge de la confrontación directa del Evangelio y la realidad.
Sin embargo, a pesar de las realidades son diversificadas y cambiantes, no se debe perder de vista lo que existe en ellas de universal y permanente, puesto que los protagonistas de estas realidades sociales son seres humanos, con la misma dignidad inalienable, con la misma grandeza y fragilidad, con las mismas ambiciones y esperanzas. Una doctrina Social verdadera acepta la experiencia acumulada a través de los siglos para no repetir los mismos errores y acepta la originalidad de las comunidades cristianas que escrudiñan la realidad a la luz del Evangelio.
1. LA SAGRADA ESCRITURA
Antiguo Testamento
El que piensa que la enseñanza social de la Iglesia, comenzó apenas en el siglo XIX desconoce la historia del Pueblo de Dios. Las relaciones sociales ocupan un lugar importante en el pueblo de la Antigua Alianza desde su origen.
Para los profetas el signo inconfundible de que una persona participaba en la Alianza Divina se manifestaba en su conducta social: la persona santa era aquella que en todos los órdenes, con relación a Dios, a los demás y a sí mismo procedía debidamente. Los profetas insistieron una y otra vez que el culto no es válido si no va acompañado de buenas obras. El profeta Isaías resume este pensamiento con claridad:
Escuchen la palabra de Yahvé
¿De qué me sirve la multitud de sus sacrificios?
Cuando extienden las manos,
aparto mis ojos de ustedes
Aunque multipliquen sus plegarias
no las escucho
sus manos están llenas de sangre.
Lávense, purifíquense
alejen de mis ojos sus malas acciones,
dejen de hacer el mal.
Aprendan a hacer el bien
y busquen lo que es justo,
den sus derechos al oprimido
hagan justicia al huérfano,
defiendan a la viuda. (Is 1,10. 11. 15-17)
En los profetas y en la ley, la justicia es un tema religioso y social. El santo es el justo. El Dios de la alianza ama al santo, justo y misericordioso. Para estar en unión con Dios hay que participar en su justicia y su amor en las relaciones con los demás.
Dios crea un pueblo en comunión con Él y con los hermanos a través de la alianza que sella con Él. (Ex 19, 3-6). En este pueblo se debe vivir la solidaridad, sobre todo hacia los más débiles (Ex 22,20; Lev 19, 33-34; Dt 5, 12-15). Para los profetas, el signo inconfundible de participación en la Alianza Divina era la conducta social.
Los profetas proclaman sin cesar el derecho del pobre, del humilde, de la viuda, del huérfano, del asalariado, de los que están marginados en la repartición de los bienes.
La ley trata de refrenar los instintos de avaricia y de acaparamiento que surgen del derecho de propiedad, de primacía al derecho del pobre.
"No explotarás al jornalero humilde y pobre, ya sea uno de tus hermanos o un forastero que resida dentro de tus puertas. Le darás cada día su salario, sin dejar que el sol se ponga sobre esta deuda: porque es pobre y para vivir necesita de su salario, así no apelará por ello a Yahvé contra ti y no te cargarás con un pecado" (Dt. 24, 14-15).
Los profetas dan a la justicia una dimensión que muchas veces se le niega ahora; para ellos es primordial el derecho de los que no tienen, por el mismo hecho de su necesidad. "Dejen de hacer el mal. Aprendan a hacer el bien y busquen lo que es justo; den sus derechos al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda" (Is 1, 10-11 y 15-17). Isaías muestra que para Yahvé es intolerable el culto y la oración, separados de una vida de justicia y misericordia.
En Amós la denuncia de la injusticia es muy fuerte, es el profeta de la justicia. Al igual que Isaías insiste en la inutilidad del culto sin la justicia.
"Aparta de mi lado la multitud de tus canciones, no quiero oír la salmodia de tus arpas. ¡Que fluya sí, el juicio como agua y la justicia como un torrente inagotable!" (Amós 5, 21-24)
Miqueas, en la misma época se refiere a la justicia:
"Se te ha declarado, oh, hombre, lo que es bueno, lo que Yahvé de ti reclama: tan solo practicar la equidad, amar la piedad y caminar humildemente con tu Dios" (Mi 6, 6-8)
Para Jeremías la injusticia profana el templo y Yahvé ya no mora en él.
"Si mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda, ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño, entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar" (Jeremías 7, 4-7).
Isaías expresa la misma enseñanza a propósito del ayuno.
"¿No será más bien este otro, el ayuno que yo quiero?.... desatar los lazos de la maldad, deshacer las coyundas del yugo, da la libertad a los quebrantados y arrancar todo yugo. (Is 58, 3-11)
La ley y los profetas condicionan la Alianza Divina al respeto del derecho del pobre, hasta tal punto que Yahvé vuelve su rostro ante su pueblo, cuando el hermano vuelve el rostro ante el hermano.
2. NUEVO TESTAMENTO
El Evangelio reafirma todas estas enseñanzas. Jesús proclama no sólo el derecho del pobre, sino el amor a Él. Si el tema de la justicia abunda en el Antiguo Testamento, el tema del amor caracteriza al Nuevo Testamento. La verdadera caridad va más allá de la justicia; es el signo por el que se reconocerá al cristiano.
"Así reconocerán que son mis discípulos, si se aman unos a otros" (Jn 13,35)
El proyecto único y original de Dios para todos nosotros es el de compartir su misma vida de plenitud y felicidad, en donde todas nuestras aspiraciones y necesidades sean colmadas; en donde todas las relaciones entre los hombres sean de justicia, de amor, de verdad y de paz. Este es el Reino de Dios, al cual se llega cambiando la vida y el corazón.
"Entonces fue cuando Jesús empezó a predicar. Y les decía: cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los cielos se ha acercado" (Mt 4,17)
La vida y el corazón se transforman con la justicia y la caridad.
"La gente le preguntaba: ¿qué debemos hacer? Él les contestaba: el que tiene dos capas de una al que no tiene y quien tenga que comer haga lo mismo. Vinieron también los cobradores de impuestos para que los bautizara. Le dijeron: Maestro: ¿Qué tenemos que hacer? Respondió Juan: no cobren más de lo debido. A la vez unos soldados le preguntaron: Y nosotros ¿Qué debemos hacer? Les contestó: no abusen de la gente, no hagan denuncias falsas...." (Lc 3, 10-14)
Jesús se identificó de manera especial con el pobre y con el humilde. Al describirnos el juicio final nos recuerda que seremos juzgados por las obras hacia ellos.
"Entonces los buenos preguntaran: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer; sediento y te dimos de beber; o forastero y te recibimos; o sin ropa y te vestimos; o enfermo, o en la cárcel y te fuimos a ver? El Rey responderá: en verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de éstos mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo" (Mt 25, 31-46)
La parábola de Lázaro y el rico, expresa la misma doctrina pero esta vez bajo la forma de una denuncia de la riqueza. El pecado del rico en este caso, es la distancia entre la mesa repleta de comida y el estómago vacío del pobre; entre su riqueza y las úlceras del pobre.
Jesús señala el peligro que hay en las riquezas, pues fácilmente se pone en ellas la seguridad, la confianza y el corazón, lo que lleva a olvidarse de Dios y a buscar los bienes sin importar los medios. "No podéis servir a Dios y al dinero" (Lc 16,13).
Hay sin embargo, una salvación del rico: compartir las riquezas (Lc 16, 9-11; Lc 19, 1-10; Mt 19,24).
En la parábola del juicio final, Jesús sintetiza esa doble enseñanza de la salvación del rico que reconoce el derecho del pobre. "La pobreza de espíritu" no debe entenderse únicamente del despojo interior que no sería auténtico si no se tradujera en el compartir.
La actitud en las relaciones sociales, se encuentra expresado en las bienaventuranzas que Jesús proclamó en el Sermón de la Montaña (Mt. 5, 1-11)
3. LOS PADRES DE LA IGLESIA
El pensamiento patrístico continúa la tradición profética y evangélica, puede sintetizarse en la afirmación de que la riqueza pertenece a los pobres, el que la posee sólo es su administrador. Así se expresa en el documento llamado Doctrina de los doce Apóstoles, e inspira toda la enseñanza posterior. ( siglo II)
Abundan los textos que se refieren al tema; San Basilio en su homilía contra la riqueza dice: "El que despoja a un hombre de su vestimenta es un ladrón. El que no viste la desnudez del indigente cuando puede hacerlo ¿merecerá otro nombre?. El pan que guardas pertenece al hambriento. Al desnudo el abrigo que escondes en tus cofres. Al descalzo, el zapato que se pudre en tu casa. Al mísero la plata que escondes" (homilía contra la riqueza. Padres Griegos 31, 277).
San Ambrosio piensa que cuando el rico da al pobre, lo único que hace es restituir.
"No es tu bien el que distribuyes al pobre. Le devuelves parte de lo que le pertenece, porque usurpas para ti solo lo que fue dado a todos, para el uso de todos. La tierra a todos pertenece, no sólo a los ricos" (Naboth el pobre, Padres latinos, 14, 747).
San Agustín afirma de modo más claro aún el derecho de los pobres, al darnos la célebre definición de justicia: socorrer a los desgraciados. Habla de la justicia como del reconocimiento del derecho de cada ser.
Lo que se da al pobre es una deuda en nombre de la justicia. La intención primera de Dios fue destinar todo a todos. "Dios nunca hizo a unos ricos y a otros pobres. Dio la misma tierra para todos. La tierra es toda del Señor y los frutos de la tierra deben ser comunes a todos" (S. Juan Crisóstomo)
Los Padres de la Iglesia más próximos que nosotros a las fuentes evangélicas y más sensibles al mensaje de los profetas bíblicos, nos dejaron muy claro su pensamiento social; hablaron y escribieron ampliamente sobre el sentido de la propiedad, el destino de la tierra, la responsabilidad de los ricos y las exigencias de la justicia.
Santo Tomás, el teólogo más representativo de este período, expone su pensamiento social cuando estudia la justicia y la caridad. Al hablar de la justicia hace ver que es el fundamento de la comunidad humana. No la reduce al concepto liberal individualista de justicia al que estamos acostumbrados, sino que cuando Santo Tomás habla de la justicia general se refiere más bien a la regulación de las relaciones humanas en sociedad para realizar el bien común; y cuando habla de la justicia particular considera en primer lugar la justicia distributiva, ya que ésta regula la distribución del bien común entre todos los miembros de la sociedad. Cada uno de ellos tiene el derecho de participar en el bien común y también el deber de compartirlo. Hay un derecho del pobre (justicia distributiva) y hay un derecho de propiedad (justicia conmutativa), pero el propietario no puede usar para sí mismo los bienes propios que no necesita porque los pobres tienen derecho a ello
Santo Tomás, abarca en su enseñanza social, los grandes temas de la Sagrada Escritura y los Padres de la Iglesia: el derecho de los que no tienen nada, la amistad cristiana y la caridad que cumplen la justicia y la sobrepasan; la condenación de la riqueza injusta cuando el rico guarda para sí solo los bienes destinados a toda la humanidad.
4. ANTECEDENTES EN MEXICO
No es posible hablar de pensamiento social cristiano en México, sin recordar a los misioneros que lucharon por la dignidad del pueblo indígena, por lograr que fueran tratados como personas y se les reconocieran sus derechos humanos: Fray Bartolomé de las Casas, Fray Juan de Zumárraga, Fray Bernardino de Sahagún; ellos dedicaron todos sus esfuerzos para combatir los prejuicios raciales y las posiciones económicas y políticas asumidas por muchos españoles.
Ya desde 1515, Bartolomé de las Casas había elaborada un plan de reformas para las Indias en el que se incluía el reconocimiento del indígena como ser racional, el derecho a la vida e integridad corporal, el derecho a la seguridad, a la cultura, a la libre reunión y el derecho a ser oídos para decidir su régimen político.
En 1517, presenta a Carlos I otros escrito en el que afirma: que los indios son libres por naturaleza, la obligación de la restitución para todos aquellos que hayan maltratado y explotado a los indios; que la evangelización sólo es posible por medios pacíficos, el ataque a la encomienda considerada como el origen de las desgracias de los indios y en sustitución el establecimiento de comunidades mixtas, hispano-indias.
La lucha teórica y el compromiso práctico de Bartolomé de las Casas, Sahagún y Zumárraga, tuvieron gran impacto en la vida de la colonia.
5. DEL SIGLO XIX A LA ACTUALIDAD
En el proceso del desarrollo del pensamiento social, se debe recordar la nueva situación creada en el siglo XIX en Europa y América como consecuencia de la revolución industrial, del liberalismo, del capitalismo y el socialismo. En ésta situación, muchos cristianos promovieron el despertar de la conciencia cristiana ante las injusticias de aquella época. Se comprendió la importancia de la presencia de la Iglesia en el mundo y la acción que los nuevos tiempos pedían.
En el proceso de desarrollo del pensamiento social de la Iglesia, debemos tener en cuenta, para comprenderlo, el contexto socio-cultural de cada documento, pues tratan de ser una respuesta de la Iglesia a un momento histórico concreto.
León XIII, preocupado por la cuestión obrera, interviene con la encíclica "Rerum Novarum" (1891). Aquí expone los principios que, de acuerdo con el Evangelio, pueden remediar los males sociales de la época. Actualiza la doctrina sobre el trabajo y el derecho de propiedad.
Cuarenta años después, Pío XI sintió la responsabilidad de promover un mayor conocimiento y una urgente aplicación de la ley moral. Su encíclica "Quadragesimo Anno", busca superar, con el sistema corporativista la antimonia social mostrándose favorable a los principios de solidaridad y colaboración.
Son célebres los discursos y radio mensajes de Pío XII. Él precisó formuló y reivindicó los principios ético-sociales orientados a promover la reconstrucción tras las ruinas de la segunda guerra mundial. Los puntos más importantes de su doctrina fueron: el destino universal de los bienes, el derecho y deber de trabajadores y empresarios, la función del Estado en las actividades económicas, el salario mínimo familiar....
Juan XXIII, escribió dos encíclicas "Mater et Magistra" (1961) y "Pacem in Terris" (1963). En el primer documento resalta las desigualdades existentes entre los distintos sectores económicos.
En el Segundo, ante el peligro de una guerra nuclear, el Papa hace un llamamiento urgente a construir la paz basada en el respeto de las exigencias éticas que deben regir las relaciones entre los hombres y en los Estados.
El Concilio Vaticano II, en su Constitución Pastoral "Gaudium et Spes", expone una concepción más dinámica del hombre y de la sociedad. El desarrollo afirma, debe ser rectamente interpretado para elaborar la vida socioeconómica; sólo una justa comprensión humanista del desarrollo permite la eliminación de las desigualdades sociales.
Algunos años después del Concilio Paulo VI enriquece el capítulo sobre la vida económica y social de la "Gaudium et Spes" con una nueva e importante reflexión: "La Populorum Progressio" (1967).
El crecimiento del desequilibrio existente entre los países pobres y los ricos motivó que la encíclica ofreciera ayuda para comprender todos los aspectos de un desarrollo integral del hombre, y de un desarrollo solidario de la humanidad. Cuatro años después, Paulo VI escribió la "Octagesima Adveniens" (1971) aclarando los criterios para el compromiso político de los cristianos.
Juan Pablo II interviene con la encíclica "Laborem Exercens" (1981). La clave central de toda la cuestión social - dice Juan Pablo II - se encuentra en el trabajo humano. Este tiene prioridad frente al capital y requiere una revisión profunda de su sentido. Supone una distribución equitativa no sólo de la gente y la riqueza, sino del trabajo mismo.
El 30 de diciembre de 1987, Juan Pablo II publica la encíclica "Sollicitudo Rei Socialis", cuyo tema central es la noción del desarrollo. Dos son sus temas fundamentales: el sentido, las condiciones y las exigencias e un desarrollo digno del hombre y la situación dramática del mundo contemporáneo.
El mundo dividido en bloques constituye una amenaza para la unidad, la carrera armamentista impide la cooperación y solidaridad entre los pueblos.
Orientaciones para el estudio y la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia, de la congregación para la educación cristiana, 30 de diciembre de 1988, es el siguiente documento importante sobre la Doctrina Social de la Iglesia.
"Sin que la Iglesia pretenda dar solución a todos los problemas, PUEDE Y DEBE DAR, a la luz del Evangelio, los principios y las orientaciones para una justa organización social"
"Centesimus Annus", Juan Pablo II (1991). La carta de Juan Pablo II trata de iluminar los tiempos actuales con las enseñanzas transmitidas por la Iglesia Católica desde hace un siglo. Es el mensaje social más reciente.
Esta encíclica es un documento que no deja fuera ningún tema fundamental es un documento de nuestro tiempo que nos prepara para el futuro.
CONCLUSION:
La Doctrina Social de la Iglesia, no es una enseñanza nueva, tiene sus raíces en la Alianza de Dios con su Pueblo en el Antiguo Testamento y ha continuado a lo largo de la historia de la humanidad. Iluminada por la fe y respondiendo a las situaciones históricas, la Doctrina Social se desarrolló paulatinamente hasta que en el siglo pasado entró en una etapa de nuevo vigor, que se ha ido enriqueciendo cada vez más con las enseñanzas sociales de los Papas de este siglo.
TEMA 23. OTRAS ACCIONES PASTORALES
PASTORAL FAMILIAR
"La alianza matrimonial por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Señor a la dignidad de sacramento entre bautizados" (CIC 1055,1).
El binomio matrimonio - familia es inseparable en la doctrina cristiana: hablar de familia nos refiere automáticamente a la Institución del matrimonio y viceversa.
1. LA SAGRADA ESCRITURA
La familia en el Antiguo Testamento:
Los dos relatos de la creación en el libro de Génesis (1,1-2; 4ª y 2, 4b-25) concluyen con una escena que funda la institución del matrimonio. Se llega a subrayar que el hombre creado a imagen de Dios para dominar la tierra y probarla es en realidad la pareja (Gen 1,26ss). El primer relato subraya la importancia de la sexualidad ordenada a la fecundidad (Gen 1,31) y el segundo relato subraya la ayuda mutua como la finalidad de la creación en la dualidad sexual (Gen 2,18). Digamos que la vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y la mujer, según salieron de la mano del Creador.
Sin embargo, el pecado original causará estragos en la humanidad naciente: el amor conyugal se degrada en dominio y deseo, la maternidad se ve ensombrecida por el temor al sufrimiento. La ruptura de las relaciones del hombre con Dios traerá como consecuencia la ruptura de las relaciones hombre - mujer. El hombre acusa a su mujer pese a que era "carne de su carne"
"Según la fe, este desorden que constatamos dolorosamente, no se origina en la naturaleza del hombre y de la mujer, ni en la naturaleza de sus relaciones, sino en el pecado" (CIC, 1607).
A pesar de las consecuencias del pecado en la Institución familiar del Antiguo Testamento, subsisten algunos matrimonios dignos de ser admirados: hogares unidos por un amor profundo ( 1 Sam 1,8), fidelidades que duran libremente más allá de la muerte (Jdt 16,22). Existen enseñanzas verdaderamente sabias sobre el lugar de la mujer en el matrimonio. (Prov 31, 10-31).
Aún cuando podamos encontrar abundantes textos que hablen de la poligamia en el antiguo Testamento, también son frecuentes los textos en los que se subraya el amor monogámico: Isaac (Gen 25, 19-28), José (Gen 41,50), Judit (Jdt 8, 2-8), los dos Tobías (Tob 11, 5-15) Ezequiel (Ez 24, 15-18) y Job (Job 2,9s). Después del exilio cantan los sabios la fidelidad para con la esposa de la juventud (Prov 5, 15-19) y hacen el elogio de la estabilidad conyugal (Eclo 36, 25ss). En la época del Nuevo Testamento la monogamia será la regla corriente de los matrimonios judíos.
La fidelidad se va a presentar como un ideal y llega a exigírsele tanto a la mujer como al hombre. La práctica del adulterio fue duramente denunciada por los Profetas (Ez 18,6) aun cuando el culpable haya sido el mismo rey David (II Sam 12).
No podemos perder de vista que aun cuando se vea el matrimonio como una institución natural y regido por el derecho civil, nunca cae en el olvido la relación estrecha de los contrayentes con Dios: Dios los guía a la elección de la esposa (Gen 24, 42-52) es Dios quien los prepara (Tob 3,16), el matrimonio debe fundarse en la fe y en la oración (Tob 7,11; 8, 4-9).
2. LA FAMILIA NECESITADA DE LA OBRA DE CRISTO
No obstante este encaminarse hacia un ideal el judaísmo con el pasar del tiempo y al alejarse de los orígenes, va perdiendo los ideales de esta institución natural y va endureciendo el corazón (Mt 19,8). El judaísmo contemporáneo del Nuevo Testamento admitirá la posibilidad del divorcio y los doctores de la Ley discutirán sobre las causas que pueden legitimarlo (Mt 19,3).
El Hijo eterno del Padre, que por obra del Espíritu Santo (Mt 1, 18-23) nació de una mujer, por su vida en Nazareth consagra la familia tal como había sido preparada por todo el antiguo Testamento. El mismo Hijo eterno del Padre regresa esta institución a su grandeza original al afirmar el carácter absoluto del matrimonio y su indisolubilidad (Mt 19, 1-9). Lo anterior nos abre a la inteligencia de que sólo es digno del hombre aquel amor que es total y sin concesiones.
La iglesia le ha dado una gran importancia a la presencia de Cristo en las bodas de Caná, en donde realiza su primer señal con ocasión de un banquete de bodas (Jn 2, 1-11). Se trata del nuevo umbral de la nueva creación.
Sus exigencias de regresar a la perfección original no excluyen sus actitudes de misericordia con los hombres pecadores, incluyendo los adúlteros (Lc 7,37; Jn 4,18; Mt 21,31s). El Señor acoge, no para aprobar su conducta, sino para invitarlos a la conversión y concederles el perdón subrayando el valor del ideal traicionado. (Jn 8,11).
3. LA NUEVA FAMILIA EN CRISTO
De esta manera el cristiano comprenderá en el matrimonio un valor religioso sacramental: el matrimonio es "un gran misterio y se relaciona a Cristo y su Iglesia" (Ef 5,32). Ya en el Antiguo Testamento se enfatizaba la relación esponsal entre Dios y su pueblo (Os 1-3; Is 54,62; Cant 1, 12-17); el Nuevo Pueblo subraya ahora la relación esponsal entre Cristo y su nuevo pueblo: La Iglesia.
Los esposos cristianos deben imitar la regla viva de la relación entre Cristo y su Iglesia (Ef 5, 21-33). El matrimonio es transfigurado por el misterio de Cristo y la Iglesia.
4. EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA
Una doctrina que parte de la Sagrada Escritura es la que sustenta la iglesia a lo largo de su historia y en nuestros días: "La íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador y provista de leyes propias, se establece sobre la alianza del matrimonio...un vínculo sagrado...no depende del arbitrio humano. El mismo Dios es el autor del matrimonio" (Gaudium et spes, 48,1). La Iglesia ve en la comunidad conyugal y familiar la posibilidad de la salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana.
En salvaguarda de la institución familiar la Iglesia ha heredado del Señor y conserva celosamente una doctrina sobre el matrimonio en la que sobresalen sus propiedades: la unicidad y la indisolubilidad, sus fines: la procreación y la ayuda mutua. Se trata de defender el matrimonio y esto nos lleva a la defensa de la familia.
"Muéstrale a tu mujer que aprecias mucho vivir con ella y por ella prefieres quedarte en casa que andar por la calle. Prefiérela a todos tus amigos e incluso a los hijos que te ha dado; ama a éstos por razón de ella" (San Juan Crisóstomo).
La familia es considerada la célula primera y vital de la sociedad, pero al mismo tiempo debe reconocer su propia insuficiencia para lograr una vida plenamente humana y percibe la necesidad de una comunidad más amplia.
La familia cristiana debe ser la primera escuela de las virtudes morales y sociales. Es considerada al mismo tiempo, escuela del más rico humanismo.
"El matrimonio está instituido por Dios para el bien de la prole, no solo para engendrarla - esto es posible hacerlo fuera del matrimonio -, sino también para conducirla al estado perfecto".
Ante una realidad familiar cada vez mas lastimada en nuestros días urge que dentro del mismo apostolado familiar surja la ayuda a los novios a prepararse mejor para el matrimonio.
5. LA PASTORAL FAMILIAR, UNA PASTORAL BASADA EN LA REALIDAD,
ECLESIAL, PRIMARIA Y UNIFICADORA.
La Iglesia para cumplir su servicio, debe esforzarse por conocer el contexto socio - cultural dentro del cual viven los matrimonios y las familias, con el fin de que las orientaciones que ha de dar, sean a la luz de la Palabra de Dios, y del magisterio, respuestas a la realidad concreta en que viven las familias. Debe también ser una pastoral que refleje la naturaleza de la iglesia, comunión y participación, planificada más sobre estructuras eclesiales, que sobre agentes particulares, lo cual exige unidad en la diversidad, mayor diálogo y sentido de comunión y participación, y mayor coordinación episcopal y en comisiones nacionales, regionales, diocesanas y parroquiales.
Y más que una pastoral especializada, o un sector de la pastoral, es una pastoral que se hace presente como sustrato de todas las demás acciones pastorales. Es una pastoral primaria y unificadora, es decir básica y específica, en el sentido de que, según sea la realidad familiar, así quedarán condicionadas las demás pastorales. Por esto, la pastoral familiar debe integrarse dentro de la pastoral orgánica y en el ámbito de la pastoral de conjunto, debiendo formar parte insustituible de todas las estructuras pastorales, por ejemplo, la pequeña comunidad, la parroquia, el decanato, la diócesis, la región pastoral.
6. LOS AGENTES DE LA PASTORAL FAMILIAR
Los agentes de pastoral familiar, son ante todo la misma familia, como objeto y sobre todo como sujeto de la pastoral familiar. Los otros agentes son principalmente el obispo como primer responsable en la diócesis. Debe dedicar atención, interés y tiempo, personas, recursos y sobre todo, apoyo personal a las familias, y a cuantos en las diversas estructuras diocesanas le ayudan en la pastoral de la familia.
Agentes muy importantes son los presbíteros, representantes y colaboradores de su obispo, y eventualmente los diáconos, a quienes haya encargado la pastoral familiar, son responsables de la familia, no sólo moral y litúrgicamente, sino personal y socialmente, comportándose como maestros, hermanos y pastores.
También son agentes de suma importancia los teólogos y expertos en problemas familiares, además de los religiosos y religiosas, quienes tienen gran posibilidad de desarrollar un amplio servicio a las familias.
Son de suma importancia los laicos especializados y todos aquellos que por su profesión, aportan su ciencia y experiencia para la formación y defensa de la familia, especialmente médicos, psicólogos, juristas, maestros, políticos, educadores, trabajadores sociales, etc. y todos los demás agentes laicos que se comprometen a vivir el Evangelio de la familia, y trabajan en comunión con sus pastores en este delicado campo de lo familiar.
7. LOS DESAFIOS DE LA FAMILIA EN AMERICA Y SUS LINEAS PASTORALES
Son muchas las insidias que amenazan la solidez de la institución familiar en nuestra diócesis y en la mayor parte de los países de América, siendo, a la vez, desafíos para los cristianos. Se deben mencionar, entre otros, el aumento de los divorcios, la difusión del aborto, del infanticidio y de la mentalidad contraceptiva.
Ante esta situación hay que subrayar "que el fundamento de la vida humana es la relación nupcial entre el marido y la esposa, la cual entre los cristianos es sacramental". O debe omitirse una seria preparación de los jóvenes antes del matrimonio, en la que se presente con claridad la doctrina católica, en el ámbito teológico, espiritual y antropológico, sobre este sacramento. No olvidemos la necesaria formación permanente aplicada a la familia cristiana.
Para que la familia cristiana sea verdaderamente "Iglesia doméstica", está llamada a ser el ámbito en que los padres transmiten la fe, pues ellos "deben ser para sus hijos los primeros predicadores de la fe, mediante la palabra y el ejemplo".
A este respecto, se han de fomentar momentos de vida espiritual en común: la participación en la Eucaristía los días festivos, la práctica del sacramento de la reconciliación, la oración cotidiana en familia y obras concretas de caridad. (Ecclesia in América, 46).
TEMA 24. PASTORAL JUVENIL
1. LA SAGRADA ESCRITURA
El joven visto en el Antiguo Testamento
Se subraya lo positivo: de la joven se alaba ante todo la belleza (Gen 24,16; Cant 4, 1-7), lo mismo que del joven ( 1 Sam 16,12; 2 Sam 14,25s). Pero el principal adorno de los jóvenes es la fuerza (Prov 20,29). La juventud debería ser el tiempo de la alegría y del amor que se sacrifica (Eclo 11,9; Jer 2,2; Ez 16,43).
Se le previene contra lo nocivo: del joven también se subraya su indecisión pusilánime (Jue 8,20) y el titubear ante las empresas (Jer 1,6), debido ante todo a la poca experiencia ( 1 Re 3,7ss). En ocasiones se suscita el desprecio de la vejez como una tentación de la juventud (Prov 23,22; Cfr. Lev 19,32). El joven debe procurar una adecuada y justa relación con sus padres (Eclo 3, 1-16; 7, 22-26).
Pero en la misma Sagrada Escritura se le da un lugar importante al joven. Yahvé elige a jóvenes, mientras que se posterga o incluso se rechaza a la gente mayor (tal es el caso de José y sus hermanos: Gen 37,2ss, Samuel sobre Elí en 1 Sam 3, 10-14; David sobre Saúl en 1 Sam 15, 10-16. la anteposición de los hijos menores sobre los primogénitos se convierte más en la regla que en la excepción de la elección de Dios (Gen 48, 17-19).
En Jue 6,15 Gedeón llega a dudar de si mismo para enfrentar a los madianitas, a causa de su juventud. En la vocación de Samuel se acentúa una y otra vez lo muy joven que es el llamado ( 1 Sam 1,24; 2, 21.26; 3, 1. 7. 19).
Sin duda el joven debe encontrar su fortaleza en Dios
"Jóvenes se cansan y se fatigan, y hasta los guerreros mozos se desploman.
Mas los que esperan en Yahvé, renuevan su fuerza.
Tienen alas como de águila, corren y no se cansan, andan y no se fatigan" (Is 40, 30s)
2. LA JUVENTUD Y LA FAMILIA EN EL NUEVO TESTAMENTO
El Señor Jesús nos deja un ejemplo de relación con sus padres en su hogar de Nazareth (Lc 2,51-52) "Nazareth es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende e incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida" (Papa Pablo VI, Aloc Nazareth, enero 1964)
Se trata del Señor Jesús que como joven vivió su tiempo y su historia, asimiló la cultura y la tradición de su pueblo, compartió las angustias y las esperanzas de su gente. El mismo Señor nos muestra como el Espíritu de Dios puede hacer de los jóvenes unos maestros de los ancianos experimentados (Cfr. Lc 2, 46-50). Sin embargo advierte sobre los apegos a los que el joven puede ser especialmente propenso y vulnerable. (Mt 19, 16-22)
Las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre la vida del joven nos llevan a reconocer en los padres la obligación de educar a sus hijos ( 1 Tim 5,8; Ef 6,1ss). Los hijos por su parte son invitados a observar la obediencia para con aquellos, por quines Dios les dio la vida (Col 3,20).
3. EL MAGISTERIO DE LA Iglesia
Jesucristo, modelo de la formación del joven
"La verdad sobre Jesucristo se presenta a los jóvenes, necesita acentuar algunos rasgos del misterio de Cristo, en orden a la construcción de la civilización del amor, como una realidad que pretende ser una manifestación evangélica del Reino de Dios en la nueva sociedad que se anuncia y se gesta en los albores del nuevo siglo. La acentuación de estos rasgos no permiten en manera alguna, utilizar una d3terminada imagen del Señor, sino plasmar en la conciencia y en el corazón de los jóvenes la presencia de Jesús de Nazareth compartiendo la vida, las esperanzas y las angustias de su pueblo y mostrar que Él es el Cristo creído, proclamado y celebrado por la Iglesia" (Documento de Puebla, 175)
La Iglesia joven con los jóvenes
La Iglesia espera de los jóvenes su aporte rejuvenecedor y confía en ellos, y ve en los jóvenes los renovadores de la cultura y de la vida "es la juventud un símbolo de la Iglesia llamada a una constante renovación de sí misma, o sea, a un incesante rejuvenecimiento". La Iglesia se muestra entusiasta por entrar en comunión con los jóvenes y verlos activos en la comunidad eclesial, pues ve en sus actitudes la manifestación de los signos de los tiempos, ve que ellos anuncian valores que renuevan las diversas épocas de la historia; los ve como un grupo social cada vez más decisivo en los procesos de transformación del continente.
La Iglesia se abre a los jóvenes como un lugar de encuentro con Cristo amigo, que la mira y le llama (Mc 10,21) lugar de encuentro con los hermanos, en particular con otros jóvenes, camino de encuentro con el Padre. "Los jóvenes deben sentir a la Iglesia como lugar de comunión y participación y los acepta con gozo en su seno y en sus estructuras activas, acepta sus críticas, porque se sabe limitada de sus miembros, y los hace gradualmente capaces en su propia edificación como cuerpo de Cristo, hasta su envío como testigos y misioneros, especialmente de la gran masa juvenil" (Documento de Puebla 1184)
4. LA PASTORAL JUVENIL DIOCESANA Y SU PROYECTO DE FORMACIÓN
La pastoral juvenil debe de inspirar el contenido y proceso que lleva al joven a confesar con la Iglesia a Jesucristo, Verbo e Hijo de Dios, que se hace para acercarse al hombre y brindarle por la fuerza de su misterio, la salvación, gran don de Dios. Se ha de tener en cuenta lo que atañe a la presentación y comprensión de la persona, la vida, el mensaje, la salvación ofrecida y las exigencias de Jesucristo, tal como puede y debe ser captado por el joven, a saber: el joven ha de darse cuenta que Jesús funda su Iglesia como expresión y lugar de amor para todos los hombres, un amor que privilegia a los más pobres y necesitados.
La pastoral juvenil debe presentar una visión Cristiana del hombre, tanto a la luz de la fe, de la razón para juzgar su situación en América Latina en orden de contribuir a la edificación de una sociedad más cristiana y por tanto, más humana. El joven debe comprender: "El proceso de formación de los jóvenes debe ser constante y dinámico, adecuado para ayudarle a encontrar su lugar en la Iglesia y en el mundo. Ante el momento que hoy viven los jóvenes, la Iglesia se compromete a mantener su opción pastoral y misionera por los jóvenes, para que puedan encontrar hoy a Cristo vivo. Por otra parte, en el ámbito parroquial y diocesano será oportuno desarrollar también una acción pastoral de la juventud que tenga en cuenta la evolución del mundo" (Ecclesia in América, 47)
El joven como agente de pastoral
La Iglesia en América Latina ha visto en los jóvenes su esperanza, ha depositado en ellos la tarea de transformar la sociedad y la Iglesia misma, no como únicos agentes de cambio, sino como colaboradores esenciales. La juventud está dispuesta a responder generosamente a este llamado. Aportará a esta tarea lo mejor de sí, sus capacidades, sus valores, la frescura de lo nuevo, su misma vida.
Lo anterior le lleva a la Iglesia a ponderar el apostolado y la responsabilidad del joven. De una manera especial la Iglesia reconoce al joven como el apóstol del joven.
Sin embargo, el joven no puede perder de vista su primer apostolado y la primera ayuda que se espera de ellos gira en torno a su propia familia:
"Honra a tu padre y a tu madre. Este honor se les hace no sólo con el respeto, sino también por la asistencia. Porque es un honor reconocer sus beneficios. Alimenta a tu padre, alimenta a tu madre; que aunque así lo hagas aún no habrás pagado los trabajos y dolores que tu madre ha padecido por ti. Le debes lo que tienes a tu padre, y a tu madre lo que eres" (San Ambrosio)
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