|
Padre
"Tú
eres mi hijo, yo te he engendrado hoy" (Sal 2,7)
"Tú eres mi Padre, la roca que me salva" (Sal
89,27)
"Cuando
Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé
a mi hijo. Fui yo quien enseñé a andar a Efraín,
y lo tomé en mis brazos; pero no han comprendido que era
yo quien los cuidaba. Con cuerdas de ternura, con lazos de amor,
los atraía; fui para ellos como quien levanta a un niño
hasta sus mejillas o se inclina hacía él para darle
de comer" (Os 11,1-4).
Conocemos muy
bien a un bebé, muchas veces lo hemos sostenido en los brazos.
Su fragilidad despierta en nosotros los más nobles sentimientos
de afecto. Sus ojos deslumbrados por la luz y su boca entreabierta
que busca el alimento nos hacen apreciar los dones más elementales
de Dios para la vida. La ternura con que lo miran sus padres nos
hace penetrar en el más puro signo de los valores humanos.
Su debilidad lo hace más fuerte que nuestras seguridades
de adultos; su invalidez, más deseable que cualquier riqueza;
su indigencia más necesaria que nuestras llenuras. Ese bebé
es la gloria de sus padres y, me atrevería a decir, es también
la gloria de la humanidad: en su pequeñez resplandece, sin
velos, todo lo que es más valioso del hombre.
En los padres
que lo aman y cuidan de él, desde pequeño descubre
la fidelidad y la esperanza. Cuando se sabe querido y se da cuenta
de que sus necesidades son atendidas por quienes lo trajeron a este
mundo, aun sin poder expresarlo todavía, se va formando la
conciencia de que su vida humana es algo muy valioso, un tesoro
sagrado que nadie puede arrebatarle.
La paternidad
es un don muy valioso que Dios concede a los hombres, de Él
los seres humanos debemos aprender a ser padres o madres. Por puro
amor Él nos ha dado la vida, sin buscar un interés
para sí mismo, excepto la dicha de amarnos como Padre y de
vernos crecer como sus hijos. Él nos educa con una ley que
no ha impuesto como un capricho de quien tiene el mando, sino solo
para nuestro bien, porque de nuestra conducta Él no puede
sacar ningún provecho. Como Padre nos ha corregido, con firmeza
cuando era necesario, para acogernos de nuevo con misericordia cuando
nos hemos alejado. Con amorosa providencia ha estado a nuestro lado
en cada momento, con su presencia silenciosa, atendiendo a todo
cuanto de verdad necesitamos; pero sin concedernos lo que nos ilusionaba
conseguir cuando se trataba de caprichos.
Y es Él
quien nos acompaña como el guía del camino por medio
de su Hijo ("Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie
va al Padre sino por mí", Jn 14,16) hasta que al
final de la vida en este mundo entremos a vivir en su casa, que
será también la nuestra para siempre. La paternidad
divina es la fuente de la paternidad humana.
Un buen padre
no da todo hecho a sus hijos. Aquel que dice: "Yo no permito
que nunca les falte nada, para que no sufran como yo", en el
fondo les está impidiendo construir su propia vida. Con esta
conducta los bloquea, de modo que no puedan madurar y aprender a
afrontar los problemas que el mundo de seguro les pondrá
delante. ¿Y que harán de adultos, cuando ellos deban
tomar las riendas de su propia existencia? ¿Y qué
cuando el papá les falte? Otra cosa es dar a un hijo lo necesario,
sobre todo aquello de que, en su infancia, no es capaz por sí
mismo: acompañarlo con cariño, ofreciéndole
la orientación conveniente y enseñándole el
camino de la moral y de los valores que deben tener peso en sus
futuras decisiones.
Un padre
digno de ese nombre sabe corregir a su hijo, no para descargar
sobre él su ira porque éste no ha obedecido sus órdenes,
sino movido por el amor para que el joven inexperto aprenda a evitar
lo que le hará daño en su existencia. "Hijo
mío, no rechaces la instrucción del Señor ni
te enojes por su corrección, porque el Señor corrige
a quién ama, como un padre a su hijo predilecto"
(Prov 3, 11,12).
Cinco
consejos para educar a los niños ( Mel Gibson,
actor )
Mel Gibson, conocido en Hollywood por su abierto catolicismo y postura
pro-vida, dio en entrevista cinco consejos prácticos para
los padres de familia que enfrentan como él y su esposa Robyn
Moore, (padres de siete hijos), la dura tarea de educar niños.
- "No
dejar que los 'pequeños monstruos' te pasen por encima".
Los chicos crecen demasiado aprisa. En un abrir y cerrar de ojos
dejan sus pañales y están manejando sus carros.
Disfrútalos cada minuto. Siempre balanceo mi trabajo con
el tiempo para mi hogar, porque no quiero levantarme una mañana
y ver que me perdí lo mejor de su infancia. Hago que mi
familia sea mi prioridad tope.
- "Ser
estricto y tierno".
A veces pienso que es imposible balancear ambos. Tienes que ser
firme, debes dejar correr las leyes; pero recuerda que eras así
a esa edad. Me pregunto todo el tiempo. '¿Fui demasiado
estricto? ¿Fui demasiado lejos?' La culpa va de una mano
a otra siendo un padre.
- "Hay
que recordar que no hay reglas".
¿Por qué nadie escribió el libro de cómo
ser padres perfectos? ¿Por qué no te envían
a una escuela para aprender? ¿Por qué no hay tal
lugar?. Tú haces las reglas, a tu medida. Pienso sobre
cómo mis padres me educaron. Hay cosas que las hago diferente
y otras en que trato de imitarlos. Pienso como nuestros amigos
crían a sus hijos. Entonces, hago lo que siento que es
correcto. Nadie dijo que iba a ser fácil.
- "Los
niños son gente también".
"¿Cuántas veces comencé con un castigo,
pero enseguida me ablandé, especialmente con mis hijos
mayores?. Seguro que quiero apartarlos de los errores que cometí,
pero solo puedes darles los fundamentos o razones, para que ellos
mismos construyan su camino.
- "Siempre
tener una puerta abierta".
Mis hijos quieren hablarme sobre cualquier tema, en cualquier
momento. Estoy seguro que esto lo saben. Quiero que sientan que
si están en problemas, su papi es su mejor amigo y el único
que los puede ayudar, no importa cuan grande sea su problema.
A veces me sorprenden las cosas que hacen siendo tan jóvenes;
estoy sorprendido por las cosas que atraen su curiosidad. Pero
ningún tema tiene sus límites. Siempre soy honesto
con ellos y ellos me lo retribuyen.
"Siempre
doy gracias a Dios por mi buena suerte, por tener fe en Él
y por poder disfrutar ahora mismo de una familia estupenda".
"Hoy en día la gente se ahoga en un vaso de agua con
respecto a los hijos. Si puedes mantenerlos, darles de comer y educarlos,
¿por qué no tenerlos?". "Todo eso de la
superpoblación es una excusa absurda en Occidente porque
aquí ocurre todo lo contrario: cada vez se tienen menos niños".
Finalmente recomendó
a quienes creen lo contrario que "den un vistazo a los índices
demográficos a ver si cambian de opinión".
Estas afirmaciones son a favor de la familia.
Los
cristianos podemos descubrir en Dios Padre el único y mejor modelo
para ejercer esta bellísima tarea, tratando de aprender de Él sus
principales características:
Dios
es Padre Amoroso:
amor no egoísta
sino generador, genera vida y de ahí su Nombre: "Yahvéh",
que significa "Yo soy", es decir, "el que hace existir".
El padre terreno también genera vida y debe estar abierto a esa
fecundidad. Pero como dice el Catecismo de la Iglesia Católica:
"la fecundidad… no solo se reduce a la sola procreación de los hijos,
sino que debe extenderse también, a su educación moral y a su formación
espiritual…" (2221)
¡Gracias
papá, por dar vida y por dar tu vida al entregarte por tus hijos
para formarlos y educarlos según la voluntad de Dios!
Dios
es Padre Misericordioso:
porque a pesar de nuestro pecado y desobediencia, nos ofrece el
perdón y busca que regresemos a Él. El padre de la tierra debe tener
siempre presentes las palabras de San Pablo: "…. Y ustedes padres,
no irriten a sus hijos, sino para educarlos, usen las correcciones
y advertencias que puede inspirar el Señor" (Efesios 6,4) Educar
y corregir, siempre con misericordia, como lo hace nuestro Padre
del Cielo.
¡Gracias
papá, por aguantar y perdonar los errores y faltas de tus hijos;
pero sobre todo, gracias, por corregirlos con amor, cada vez que
están en peligro de apartarse del camino de Dios! .
Dios
es Padre Providente:
porque nunca se cansa de darnos todo
lo necesario para seguir adelante. El padre terreno también provee,
pero no basta conseguir para los hijos el dinero necesario para
que no les falte nada material; proveer es también dar lo necesario
para un desarrollo físico emocional, intelectual y espiritual. Recordando
que el dinero debe estar al servicio de la familia, no la familia
al servicio del dinero; ya Jesús lo dijo claramente: "… ¿de qué
le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida…?
¡Gracias
papá, por dar todo lo necesario para comida, vestido, salud, estudios….
y, gracias también por las cosas materiales que has negado, así
has enseñado a tus hijos a valorar el producto del trabajo humano,
para que sean más conscientes y solidarios con los demás! .
Dios
es Padre Fiel:
porque todo lo que nos promete, nos lo
cumple. El papá de la tierra debe ser fiel también a todas sus promesas,
comenzando por la que hizo ante el altar un día diciendo "prometo
amarte y serte fiel en lo próspero y en lo adverso…" ; los hijos
valoran y aprenden de la fidelidad de sus padres, más que de todos
las palabras que les pudieran decir.
¡Gracias
papá, por ser siempre fiel a tus promesas; por tu presencia y constancia
a pesar de tu cansancio! .
Dios
es Padre Guía y Maestro:
porque siempre pone en nuestro camino señales que nos lleven hacia
Él y porque a través de su Hijo, nos ha dejado enseñanzas muy claras
para vivir de acuerdo a su voluntad. El papá de la tierra es también
guía y maestro, como lo dice el Catecismo: "…los padres son los
primeros responsables de la educación de sus hijos…. El hogar es
un lugar apropiado para la educación de las virtudes…. Es una grave
responsabilidad para los padres dar buenos ejemplos a sus hijos."
(#2223)
¡Gracias
papá por enseñar a tus hijos a vivir; gracias sobre todo, por enseñarlos
a amar a Dios sobre todas las cosas, haciendo del hogar una escuela
de virtudes humanas, como el perdón, respeto, fidelidad, servicio,
solidaridad…!
ORACIÓN
DE UN PADRE DE FAMILIA
San José, jefe
de la Sagrada Familia, alcánzame los dones y las virtudes necesarias
para el cumplimiento de la tarea de dirigir esta familia en nombre
de Dios.
Concédeme que, junto con mi esposa, podamos desarrollar con responsabilidad
nuestras obligaciones, viviéndolas en la presencia de Dios y en
la simplicidad de la fe, alimentadas por la caridad y con devoción
y esperanza.
Ayúdame a imitar tu ejemplo y a poner en mi trabajo, cuidado, espero
y honestidad para que mi labor se convierta en una verdadera colaboración
a la obra de Dios sobre la tierra, y en un verdadero servicio a
los demás hombres, mis hermanos.
Como tú te dedicaste a nutrir y educar a Jesús, ayúdame para que
a los hijos que Dios me ha confiado los eduque con amor y firmeza,
con tacto y delicadez, poniendo toda mi capacidad en esta labor.
Que sepa enseñarles a rezar haciéndolo con ellos, que les ayude
a conocer y vivir, con la palabra y el ejemplo, sus deberes de hijos
de Dios.
Que siempre viva la paciencia y mantenga la calma delante de sus
errores y faltas, sin dejar de corregir y reprender con dulzura
y fortaleza a la vez.
Ayúdame a ser consciente de que debo estar lo menos posible alejado
de mi hogar, pues tanto mi esposa como mis hijos tienen una gran
necesidad de mi presencia.
Alcánzame, San José, que todos los días viva cristianamente, y sepa
guardar siempre a mi mujer y a mis hijos la fidelidad y el cariño
que les debo entregar, a fin de que pueda cumplir la difícil pero
maravillosa tarea de conducirlos hacia el Reino de los Cielos, para
gozar de Dios eternamente.
Amén.
¡FELICIDADES
PAPÁ!
|
Biblioteca Virtual
|