Saludo
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.
El Dios que ha permitido que la santísima Madre de su Hijo,
intercediera por todos nosotros, esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
EXHORTACIóN
Hermanos y Hermanas, a punto de emprender esta santa peregrinación,
conviene recordar cuál ha sido nuestra intención al
concebir este santo propósito. El templo que deseamos visitar
atestigua la devoción del pueblo de Dios que acude allí
en gran número para volver fortalecidos en su voluntad de
vivir cristianamente y de practicar con alegría la caridad.
También nosotros, llenos de amor filial y devoción,
vayamos al encuentro de Dios y de nuestros hermanos por medio de
María, nuestra dulce y santa Madre. Imploremos, pues el auxilio
de Dios y la intercesión de su Madre santísima, ofrezcamos
nuestro caminar por la paz y la concordia en el mundo entero y como
fuente de bendición para nuestras familias, nuestros bienhechores,
y la misma comunidad del Seminario y por el aumento de vocaciones
sacerdotales y religiosas.
Cantemos, pues para preparamos a ser alimentados con el pan de la
Palabra que nos da fuerza en el caminar.
CANTO
Mientras recorres la vida,
tú nunca solo estás,
contigo por el camino,
Santa María va.
VEN CON NOSOTROS A CAMINAR
SANTA MARÍA VEN (2).
LECTURA BÍBLICA
(2 Cor 5,6b-10)
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios:
Mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos
del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal
nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir
junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos
esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante
el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos
hecho mientras teníamos este cuerpo.
Palabra de Dios
R. Te alabamos, Señor.
SALMO RESPONSORIAL Sal 83
R. ¡Que deseables son tus moradas,
Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. R.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa, la golondrina,
un nido donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío
y Dios mío. R.
Dichosos los, que viven en tu casa, alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación.
R.
Cuando atraviesan áridos valles, los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana los cubriera de bendiciones;
caminan de baluarte en baluarte hasta ver a Dios en Sión.
R.
Señor de los ejércitos, escucha mi súplica;
atiéndeme, Dios de Jacob,
Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo, mira el rostro de tu
Ungido. R.
Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados.
R.
Porque el Señor es sol y escudo, él da la gracia y
la gloria;
el Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable.
R.
La vida, una
peregrinación hacia Dios
Intervención de Juan Pablo II en la audiencia general que
ofreció el miércoles 28 de agosto de 2002, en la que
continuó con la serie de meditaciones sobre los Salmos y
cánticos del Antiguo Testamento.
-
Continúa nuestro itinerario a través de los
Salmos de la liturgia de Laudes. Ahora hemos escuchado el Salmo
83, atribuido por la tradición judaica a "los hijos
de Coré", una familia sacerdotal que se ocupaba
del servicio litúrgico y custodiaba el umbral de la tienda
del arca de la Alianza (cf. 1 Cro 9, 19).
Se trata de un canto dulcísimo, penetrado de un anhelo
místico hacia el Señor de la vida, al que se celebra
repetidamente (cf. Sal 83, 2. 4. 9. 13) con el título
de "Señor de los ejércitos", es decir,
Señor de las multitudes estelares y, por tanto, del cosmos.
Por otra parte, este título estaba relacionado de modo
especial con el arca conservada en el templo, llamada 'el arca
del Señor de los ejércitos, que está sobre
los querubines" (1 S 4, 4; cf Sal 79, 2). En efecto, se
la consideraba como el signo de la tutela divina en los días
de peligro y de guerra (cf. 1 S 4, 3-5; 2 S 11, 11).
El fondo de todo el Salmo está representado por el templo,
hacia el que se dirige la peregrinación de los fieles.
La estación parece ser el otoño, porque se habla
de la "lluvia temprana" que aplaca el calor del verano
(cf. Sal 83, 7). Por tanto, se podría pensar en la peregrinación
a Sión con ocasión de la tercera fiesta principal
del año judío, la de las Tiendas, memoria de la
peregrinación de Israel a través del desierto.
-
El templo está presente con todo su encanto al inicio
y al final del Salmo. En la apertura (cf vv. 2-4) encontramos
la admirable y delicada imagen de los pájaros que han
hecho sus nidos en el santuario, privilegio envidiable.
Esta es una representación de la felicidad de cuantos,
como los sacerdotes del templo, tienen una morada fija en la
Casa de Dios, gozando de su intimidad y de su paz. En efecto,
todo el ser del creyente tiende al Señor, impulsado por
un deseo casi físico e instintivo: "Mi alma se consume
y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi
carne retozan por el Dios vivo" (v. 3). El templo aparece
nuevamente también al final del Salmo (cf. vv. 11-13).
El peregrino expresa su gran felicidad por estar un tiempo en
los atrios de la casa de Dios, y contrapone esta felicidad espiritual
a la ilusión idolátrica, que impulsa hacia "las
tiendas del impío , o sea, hacia los templos infames
de la injusticia y la perversión.
-
Sólo en el santuario del Dios vivo hay luz, vida y
alegría, y es "dichoso el que confía"
en el Señor, eligiendo la senda de la rectitud (ef. vv.
12-13). La imagen del camino nos lleva al núcleo del
Salmo (cf. vv. 5-9), donde se desarrolla otra peregrinación
más significativa. Si es dichoso el que vive en el templo
de modo estable, más dichoso aún es quien decide
emprender una peregrinación de fe a Jerusalén.
También los Padres de la Iglesia, en sus comentarios
al Salmo 83, dan particular relieve al versículo 6: "Dichosos
los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación".
Las antiguas traducciones del Salterio hablaban de la decisión
de realizar las "subidas" a la Ciudad santa. Por eso,
para los Padres la peregrinación a Sión era el
símbolo del avance continuo de los justos hacia las "eternas
moradas", donde Dios acoge a sus amigos en la alegría
plena (cf. Lc 16, 9).
Quisiéramos reflexionar un momento sobre esta "subida"
mística, de la que la peregrinación terrena es
imagen y signo. Y lo haremos con las palabras de un escritor
cristiano del siglo VH, abad del monasterio del Sinaí.
-
Se trata de san Juan Clímaco, que dedicó un
tratado entero --La escala del Paraíso-- a ilustrar los
innumerables peldaños por los que asciende la vida espiritual.
Al final de su obra, cede la palabra a la caridad, colocada
en la cima de la escala del progreso espiritual.
Ella invita y exhorta, proponiendo sentimientos y actitudes
ya sugeridos por nuestro Salmo: "Subid, hermanos, ascended.
Cultivad, hermanos en vuestro corazón el ardiente deseo
de subir siempre (cf. Sal 83, 6). Escuchad la Escritura, que
invita: "Venid, subamos al monte del Señor y a la
casa de nuestro Dios" (ls. 2, 3), que ha hecho nuestros
pies ágiles armo los del ciervo y nos ha dado como meta
un lugar sublime, para que, siguiendo sus caminos, venciéramos
(cf. Sal 17, 33). Así pues, apresurémonos, como
está escrito, hasta que encontremos todos en la unidad
de la fe el rostro de Dios y, reconociéndolo, lleguemos
a ser el hombre perfecto en la madurez de la plenitud de Cristo
(cf. Ef. 4, 13)" (La scala del Paradiso, Roma 1989, p.
355).
-
El salmista piensa, ante todo, en la peregrinación
concreta que conduce a Sión desde las diferentes localidades
de la Tierra Santa. La lluvia que está cayendo le parece
una anticipación de las gozosas bendiciones que lo cubrirán
como un manto (cf. Sal. 83, 7) cuando esté delante del
Señor en el templo (ef. v. 8). La cansada peregrinación
a través de "áridos valles" (cf. v.
7) se transfigura por la certeza de que la meta es Dios, el
que da vigor (cf. v. 8), escucha la súplica del fiel
(cf. v. 9) y se convierte en su "escudo" protector
(cf. V. 10).
Precisamente desde esta perspectiva la peregrinación
concreta se transforma, como habían intuido los Padres,
en una parábola de la vida entera, en tensión
entre la lejanía y la intimidad con Dios, entre el misterio
y la revelación. También en el desierto de la
existencia diaria, los seis días laborables son fecundados,
iluminados y santificados por el encuentro con Dios en el séptimo
día, a través de la liturgia y la oración
en el encuentro dominical.
Caminemos, pues, también cuando estemos en "áridos
valles", manteniendo la mirada fija en esa meta luminosa
de paz y comunión. También nosotros repetimos
en nuestro corazón la bienaventuranza final, semejante
a una antífona que concluye el Salmo- "¡Señor
de los ejércitos, dichoso el hombre que confía
en ti!" (v. 13).
PRECES
Invoquemos al Señor de cielo y tierra, que ha querido glorificar
a toda la humanidad, por medio de la encarnación de su Hijo
Jesucristo, en el vientre purísimo de la Excelsa Hija de
Sión, y digámosle:
R. Que la Madre de tu Hijo, interceda por
nosotros.
Tú que nos has dado en tu Hijo, el modelo perfecto del
peregrino,
- concédenos imitarle aquí en
la tierra, para acompañarle allá en el cielo.
Tú que quisiste que Santa María, la Madre de tu
Hijo, siguiera cercanamente la obra de tu Hijo,
- concédenos seguirle nosotros también
llenos de alegría.
Tú que permitiste que Santa María de Guadalupe,
acompañase el nacimiento de la Iglesia en México,
- concédenos también reconocerle
en nuestro caminar.
Tú que quieres que tu Iglesia reúna a hombres de
toda raza, lengua, pueblo y nación,
- no nos abandones en nuestro peregrinar.
ORACIÓN
DE BENDICIóN
Dios todopoderoso, que, otorgas tu misericordia a los que te aman
y en ningún lugar estás lejos de los que te buscan,
asiste a tus servidores que emprenden esta piadosa peregrinación
y dirige su camino según tu voluntad; que de día los
cubra tu sombra protectora y de noche los alumbre la luz de tu gracia,
para que, acompañados por ti, puedan llegar felizmente a
su destino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. AMEN.
Vayamos en paz y, demos testimonio de Cristo.
R. Así sea.
CANTO PARA
PARTIR
DESDE EL CIELO UNA HERMOSA MAÑANA.
DESDE EL CIELO UNA HERMOSA MAÑANA,
LA GUADALUPANA, LA GUADALUPANA, LA GUADALUPANA
BAJÓ AL TEPEYAC (2).
Suplicante juntaba sus manos (2)
y eran mexicanos (3)
su traje y su faz.
Su llegada llenó de alegría (2)
de luz y armonía (3)
todo el Anáhuac.
Junto al monte pasaba Juan Diego (2)
y acercóse luego (3)
al oír cantar.
A Juan Diego la Virgen le dijo (2)
este cerro elijo (3)
para hacer mi altar.
Y en la tilma entre rosas pintada (2)
su imagen amada (3)
se dignó dejar.
Desde entonces para el mexicano (2)
ser guadalupano (3)
es algo esencial.
En sus penas se postra de hinojos (2)
y eleva sus ojos (3)
hacia el Tepeyac.
LAS PEREGRINACIONES
(Artículo tomado de Ediciones SAPAL)
Las Peregrinaciones iniciaron en la Iglesia antes de la paz otorgada
por el emperador Constantino en el 313, aunque aumentaron considerablemente
cuando la Iglesia gozó de paz y libertad en el Imperio Romano.
Las más antiguas peregrinaciones cristianas tenían
como destino Roma y Tierra Santa como a las tumbas de los mártires.
La más famosa de las peregrinas de esa época fue una
española de nombre Egeria, quien nos narra cómo se
celebraban estas peregrinaciones en Tierra Santa en el siglo IV.
Las peregrinaciones en honor a la Bienaventurada Virgen María
cobran fuerza entre los siglos V-VII principalmente en Nazareth.
Pero, no es sino hasta los siglos XIV-XVII cuando lograron su más
alto esplendor y participación.
En la actualidad, la Iglesia encuentra en el Papa Juan Pablo II
el modelo de los peregrinos. El nos recuerda que el cristiano es
ante todo un peregrino (GS 7) y que la Iglesia misma es un pueblo
peregrino (LG 8).
La Peregrinación nos ofrece la posibilidad de reencontramos
con nuestra propia historia cristiana, nuestra realidad transitoria
en este mundo. Pero la nota característica es la forma festiva
y gozosa de estas peregrinaciones, que ha de recordarnos que nuestro
peregrinar hacia Dios no debe, ni puede ser lastimoso ni triste.
Así pues, las peregrinaciones favorecen la práctica
de los valores cristianos, estimulan un culto integral a Dios (ver,
oír, cantar, escuchar, tocar, convivir, etc.) Nos dispone
a ser agradecidos y ante todo nos recuerda nuestra común
subsistencia y la necesidad de una salvación comunitaria.
Pero, la Iglesia no es la única que realiza peregrinaciones,
esto también sucede entre los judíos, los musulmanes,
los budistas, etc, y los valores constantes son: la purificación,
la renovación y la iluminación.
Para la Iglesia, además de esto, la peregrinación
cumple con un sentido social: Manifestar públicamente la
pertenencia a la Iglesia y en este caso el amor y la devoción
a la Virgen María de Guadalupe.
El modo de hacer una peregrinación ha variado con los siglos
y con los lugares, pero básicamente ha mantenido su fisonomía.
En la antigüedad se hacía así:
-
Se reunían en un lugar sagrado ( Templo )
-
Escuchaban la Palabra de Dios.
-
Se instruía sobre el sentido de la peregrinación.
-
Recibían la Bendición para partir.
Nota.- Con esto se quería señalar
que es precisamente la Palabra de Dios la que nos abre el camino
en la vida y que la iglesia siempre es convocada y dirigida
por Dios en todo momento y circunstancia.
-
Los peregrinos se ponían en camino, orando, cantando,
conviviendo, conociendo.
Nota. - No se trataba de ir a encontrar
a Dios, o a la Virgen o a los santos. Dios siempre está
con nosotros y la intercesión de María Santísima
y de los santos es constante. No, se trataba ante todo de ir
a un lugar donde el peregrino, sentía de una manera en
especial esa providencia, esa intercesión siempre perenne
de Dios, de la Virgen, de los santos.
-
La Peregrinación, finalmente, no
concluye al llegar al santuario o meta de la peregrinación
y de participar en los actos de Litúrgicos o de devoción,
o en firmar el libro de peregrinos, o de adquirir algunos recuerdos
como estampitas, medallas, agua bendita, etc. Se trataba
y debe tratarse todavía de " recargar las energías
" de cobrar nuevo vigor e impulso para llevar y hacer presente
la gracia de Dios al volver a casa. Entusiasmar y alegrar a
los miembros de la familia, de la comunidad que no pudieron
asistir. Se trata ante todo, de infamarnos en el propósito
de extender el Reino de Dios, tal como lo pide el Papa Juan
Pablo II: Una nueva evangelización nueva en su impulso,
nueva en sus métodos, nueva en su ardor.
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