Peregrinación a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe

 

Santa María de Guadalupe

CANTO INICIAL

¡ OH MARíA MADRE MíA ¡
¡ OH CONSUELO DEL MORTAL ¡
AMPARADME Y GUIADME
A LA PATRIA CELESTIAL (2).

Con el ángel de María
sus grandezas celebrad.
Transportados de alegría,
sus finezas publicad.

 

Saludo

Exhortación

Canto

Lectura Bíblica

Salmo Responsorial

Reflexión JP II

Preces

Oración de Bendición

Canto para partir

Las Peregrinaciones

Saludo

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.

El Dios que ha permitido que la santísima Madre de su Hijo, intercediera por todos nosotros, esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.

EXHORTACIóN

Hermanos y Hermanas, a punto de emprender esta santa peregrinación, conviene recordar cuál ha sido nuestra intención al concebir este santo propósito. El templo que deseamos visitar atestigua la devoción del pueblo de Dios que acude allí en gran número para volver fortalecidos en su voluntad de vivir cristianamente y de practicar con alegría la caridad. También nosotros, llenos de amor filial y devoción, vayamos al encuentro de Dios y de nuestros hermanos por medio de María, nuestra dulce y santa Madre. Imploremos, pues el auxilio de Dios y la intercesión de su Madre santísima, ofrezcamos nuestro caminar por la paz y la concordia en el mundo entero y como fuente de bendición para nuestras familias, nuestros bienhechores, y la misma comunidad del Seminario y por el aumento de vocaciones sacerdotales y religiosas.
Cantemos, pues para preparamos a ser alimentados con el pan de la Palabra que nos da fuerza en el caminar.


CANTO

Mientras recorres la vida,
tú nunca solo estás,
contigo por el camino,
Santa María va.

VEN CON NOSOTROS A CAMINAR
SANTA MARÍA VEN (2).

 

 

LECTURA BÍBLICA (2 Cor 5,6b-10)
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios:
Mientras sea el cuerpo nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza, que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho mientras teníamos este cuerpo.
Palabra de Dios
R. Te alabamos, Señor.

SALMO RESPONSORIAL Sal 83
R. ¡Que deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. R.

Hasta el gorrión ha encontrado una casa, la golondrina,
un nido donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío. R.

Dichosos los, que viven en tu casa, alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación. R.

Cuando atraviesan áridos valles, los convierten en oasis,
como si la lluvia temprana los cubriera de bendiciones;
caminan de baluarte en baluarte hasta ver a Dios en Sión. R.

Señor de los ejércitos, escucha mi súplica; atiéndeme, Dios de Jacob,
Fíjate, oh Dios, en nuestro Escudo, mira el rostro de tu Ungido. R.

Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa,
y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados. R.

Porque el Señor es sol y escudo, él da la gracia y la gloria;
el Señor no niega sus bienes a los de conducta intachable. R.

 

La vida, una peregrinación hacia Dios
Intervención de Juan Pablo II en la audiencia general que ofreció el miércoles 28 de agosto de 2002, en la que continuó con la serie de meditaciones sobre los Salmos y cánticos del Antiguo Testamento.

  1. Continúa nuestro itinerario a través de los Salmos de la liturgia de Laudes. Ahora hemos escuchado el Salmo 83, atribuido por la tradición judaica a "los hijos de Coré", una familia sacerdotal que se ocupaba del servicio litúrgico y custodiaba el umbral de la tienda del arca de la Alianza (cf. 1 Cro 9, 19).
    Se trata de un canto dulcísimo, penetrado de un anhelo místico hacia el Señor de la vida, al que se celebra repetidamente (cf. Sal 83, 2. 4. 9. 13) con el título de "Señor de los ejércitos", es decir, Señor de las multitudes estelares y, por tanto, del cosmos. Por otra parte, este título estaba relacionado de modo especial con el arca conservada en el templo, llamada 'el arca del Señor de los ejércitos, que está sobre los querubines" (1 S 4, 4; cf Sal 79, 2). En efecto, se la consideraba como el signo de la tutela divina en los días de peligro y de guerra (cf. 1 S 4, 3-5; 2 S 11, 11).
    El fondo de todo el Salmo está representado por el templo, hacia el que se dirige la peregrinación de los fieles. La estación parece ser el otoño, porque se habla de la "lluvia temprana" que aplaca el calor del verano (cf. Sal 83, 7). Por tanto, se podría pensar en la peregrinación a Sión con ocasión de la tercera fiesta principal del año judío, la de las Tiendas, memoria de la peregrinación de Israel a través del desierto.

  2. El templo está presente con todo su encanto al inicio y al final del Salmo. En la apertura (cf vv. 2-4) encontramos la admirable y delicada imagen de los pájaros que han hecho sus nidos en el santuario, privilegio envidiable.
    Esta es una representación de la felicidad de cuantos, como los sacerdotes del templo, tienen una morada fija en la Casa de Dios, gozando de su intimidad y de su paz. En efecto, todo el ser del creyente tiende al Señor, impulsado por un deseo casi físico e instintivo: "Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo" (v. 3). El templo aparece nuevamente también al final del Salmo (cf. vv. 11-13). El peregrino expresa su gran felicidad por estar un tiempo en los atrios de la casa de Dios, y contrapone esta felicidad espiritual a la ilusión idolátrica, que impulsa hacia "las tiendas del impío , o sea, hacia los templos infames de la injusticia y la perversión.

  3. Sólo en el santuario del Dios vivo hay luz, vida y alegría, y es "dichoso el que confía" en el Señor, eligiendo la senda de la rectitud (ef. vv. 12-13). La imagen del camino nos lleva al núcleo del Salmo (cf. vv. 5-9), donde se desarrolla otra peregrinación más significativa. Si es dichoso el que vive en el templo de modo estable, más dichoso aún es quien decide emprender una peregrinación de fe a Jerusalén.
    También los Padres de la Iglesia, en sus comentarios al Salmo 83, dan particular relieve al versículo 6: "Dichosos los que encuentran en ti su fuerza al preparar su peregrinación". Las antiguas traducciones del Salterio hablaban de la decisión de realizar las "subidas" a la Ciudad santa. Por eso, para los Padres la peregrinación a Sión era el símbolo del avance continuo de los justos hacia las "eternas moradas", donde Dios acoge a sus amigos en la alegría plena (cf. Lc 16, 9).
    Quisiéramos reflexionar un momento sobre esta "subida" mística, de la que la peregrinación terrena es imagen y signo. Y lo haremos con las palabras de un escritor cristiano del siglo VH, abad del monasterio del Sinaí.

  4. Se trata de san Juan Clímaco, que dedicó un tratado entero --La escala del Paraíso-- a ilustrar los innumerables peldaños por los que asciende la vida espiritual. Al final de su obra, cede la palabra a la caridad, colocada en la cima de la escala del progreso espiritual.
    Ella invita y exhorta, proponiendo sentimientos y actitudes ya sugeridos por nuestro Salmo: "Subid, hermanos, ascended. Cultivad, hermanos en vuestro corazón el ardiente deseo de subir siempre (cf. Sal 83, 6). Escuchad la Escritura, que invita: "Venid, subamos al monte del Señor y a la casa de nuestro Dios" (ls. 2, 3), que ha hecho nuestros pies ágiles armo los del ciervo y nos ha dado como meta un lugar sublime, para que, siguiendo sus caminos, venciéramos (cf. Sal 17, 33). Así pues, apresurémonos, como está escrito, hasta que encontremos todos en la unidad de la fe el rostro de Dios y, reconociéndolo, lleguemos a ser el hombre perfecto en la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef. 4, 13)" (La scala del Paradiso, Roma 1989, p. 355).

  5. El salmista piensa, ante todo, en la peregrinación concreta que conduce a Sión desde las diferentes localidades de la Tierra Santa. La lluvia que está cayendo le parece una anticipación de las gozosas bendiciones que lo cubrirán como un manto (cf. Sal. 83, 7) cuando esté delante del Señor en el templo (ef. v. 8). La cansada peregrinación a través de "áridos valles" (cf. v. 7) se transfigura por la certeza de que la meta es Dios, el que da vigor (cf. v. 8), escucha la súplica del fiel (cf. v. 9) y se convierte en su "escudo" protector (cf. V. 10).
    Precisamente desde esta perspectiva la peregrinación concreta se transforma, como habían intuido los Padres, en una parábola de la vida entera, en tensión entre la lejanía y la intimidad con Dios, entre el misterio y la revelación. También en el desierto de la existencia diaria, los seis días laborables son fecundados, iluminados y santificados por el encuentro con Dios en el séptimo día, a través de la liturgia y la oración en el encuentro dominical.
    Caminemos, pues, también cuando estemos en "áridos valles", manteniendo la mirada fija en esa meta luminosa de paz y comunión. También nosotros repetimos en nuestro corazón la bienaventuranza final, semejante a una antífona que concluye el Salmo- "¡Señor de los ejércitos, dichoso el hombre que confía en ti!" (v. 13).

 

PRECES

Invoquemos al Señor de cielo y tierra, que ha querido glorificar a toda la humanidad, por medio de la encarnación de su Hijo Jesucristo, en el vientre purísimo de la Excelsa Hija de Sión, y digámosle:
R. Que la Madre de tu Hijo, interceda por nosotros.

Tú que nos has dado en tu Hijo, el modelo perfecto del peregrino,
- concédenos imitarle aquí en la tierra, para acompañarle allá en el cielo.

Tú que quisiste que Santa María, la Madre de tu Hijo, siguiera cercanamente la obra de tu Hijo,
- concédenos seguirle nosotros también llenos de alegría.

Tú que permitiste que Santa María de Guadalupe, acompañase el nacimiento de la Iglesia en México,
- concédenos también reconocerle en nuestro caminar.

Tú que quieres que tu Iglesia reúna a hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación,
- no nos abandones en nuestro peregrinar.

 

ORACIÓN DE BENDICIóN

Dios todopoderoso, que, otorgas tu misericordia a los que te aman y en ningún lugar estás lejos de los que te buscan, asiste a tus servidores que emprenden esta piadosa peregrinación y dirige su camino según tu voluntad; que de día los cubra tu sombra protectora y de noche los alumbre la luz de tu gracia, para que, acompañados por ti, puedan llegar felizmente a su destino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. AMEN.

Vayamos en paz y, demos testimonio de Cristo.
R. Así sea.

 

CANTO PARA PARTIR

DESDE EL CIELO UNA HERMOSA MAÑANA.
DESDE EL CIELO UNA HERMOSA MAÑANA,
LA GUADALUPANA, LA GUADALUPANA, LA GUADALUPANA
BAJÓ AL TEPEYAC (2).

Suplicante juntaba sus manos (2)
y eran mexicanos (3)
su traje y su faz.

Su llegada llenó de alegría (2)
de luz y armonía (3)
todo el Anáhuac.
Junto al monte pasaba Juan Diego (2)
y acercóse luego (3)
al oír cantar.

A Juan Diego la Virgen le dijo (2)
este cerro elijo (3)
para hacer mi altar.

Y en la tilma entre rosas pintada (2)
su imagen amada (3)
se dignó dejar.

Desde entonces para el mexicano (2)
ser guadalupano (3)
es algo esencial.

En sus penas se postra de hinojos (2)
y eleva sus ojos (3)
hacia el Tepeyac.

 

LAS PEREGRINACIONES
(Artículo tomado de Ediciones SAPAL)

Las Peregrinaciones iniciaron en la Iglesia antes de la paz otorgada por el emperador Constantino en el 313, aunque aumentaron considerablemente cuando la Iglesia gozó de paz y libertad en el Imperio Romano.

Las más antiguas peregrinaciones cristianas tenían como destino Roma y Tierra Santa como a las tumbas de los mártires. La más famosa de las peregrinas de esa época fue una española de nombre Egeria, quien nos narra cómo se celebraban estas peregrinaciones en Tierra Santa en el siglo IV.

Las peregrinaciones en honor a la Bienaventurada Virgen María cobran fuerza entre los siglos V-VII principalmente en Nazareth.
Pero, no es sino hasta los siglos XIV-XVII cuando lograron su más alto esplendor y participación.
En la actualidad, la Iglesia encuentra en el Papa Juan Pablo II el modelo de los peregrinos. El nos recuerda que el cristiano es ante todo un peregrino (GS 7) y que la Iglesia misma es un pueblo peregrino (LG 8).

La Peregrinación nos ofrece la posibilidad de reencontramos con nuestra propia historia cristiana, nuestra realidad transitoria en este mundo. Pero la nota característica es la forma festiva y gozosa de estas peregrinaciones, que ha de recordarnos que nuestro peregrinar hacia Dios no debe, ni puede ser lastimoso ni triste.

Así pues, las peregrinaciones favorecen la práctica de los valores cristianos, estimulan un culto integral a Dios (ver, oír, cantar, escuchar, tocar, convivir, etc.) Nos dispone a ser agradecidos y ante todo nos recuerda nuestra común subsistencia y la necesidad de una salvación comunitaria.
Pero, la Iglesia no es la única que realiza peregrinaciones, esto también sucede entre los judíos, los musulmanes, los budistas, etc, y los valores constantes son: la purificación, la renovación y la iluminación.

Para la Iglesia, además de esto, la peregrinación cumple con un sentido social: Manifestar públicamente la pertenencia a la Iglesia y en este caso el amor y la devoción a la Virgen María de Guadalupe.
El modo de hacer una peregrinación ha variado con los siglos y con los lugares, pero básicamente ha mantenido su fisonomía. En la antigüedad se hacía así:

  1. Se reunían en un lugar sagrado ( Templo )

  2. Escuchaban la Palabra de Dios.

  3. Se instruía sobre el sentido de la peregrinación.

  4. Recibían la Bendición para partir.
    Nota.- Con esto se quería señalar que es precisamente la Palabra de Dios la que nos abre el camino en la vida y que la iglesia siempre es convocada y dirigida por Dios en todo momento y circunstancia.

  5. Los peregrinos se ponían en camino, orando, cantando, conviviendo, conociendo.
    Nota. - No se trataba de ir a encontrar a Dios, o a la Virgen o a los santos. Dios siempre está con nosotros y la intercesión de María Santísima y de los santos es constante. No, se trataba ante todo de ir a un lugar donde el peregrino, sentía de una manera en especial esa providencia, esa intercesión siempre perenne de Dios, de la Virgen, de los santos.

  6. La Peregrinación, finalmente, no concluye al llegar al santuario o meta de la peregrinación y de participar en los actos de Litúrgicos o de devoción, o en firmar el libro de peregrinos, o de adquirir algunos recuerdos como estampitas, medallas, agua bendita, etc. Se trataba y debe tratarse todavía de " recargar las energías " de cobrar nuevo vigor e impulso para llevar y hacer presente la gracia de Dios al volver a casa. Entusiasmar y alegrar a los miembros de la familia, de la comunidad que no pudieron asistir. Se trata ante todo, de infamarnos en el propósito de extender el Reino de Dios, tal como lo pide el Papa Juan Pablo II: Una nueva evangelización nueva en su impulso, nueva en sus métodos, nueva en su ardor.

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