ASI PIENSA EL PAPA - Preguntas a Juan Pablo II
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Respuestas
a la juventud
En sus viajes nunca ha
faltado el encuentro con la gente jovenJuan Pablo II les entiende;
predica con su vida, con su coherencia, con toda su persona. Les
enseña la verdad sobre el ser humano y sobre Dios sin miedo,
sin hacer concesiones. Por eso confían en él y se
lo dicen gritando, cantando o haciéndole las preguntas más
imprevisibles. El Papa disfruta con ellos. Se ríe, les escucha
y, lo más importante, les toma en serio. No ignora sus problemas,
muchas veces en conflicto con la doctrina que les propone. Él
los asume. Tampoco trata de ganárselos a cualquier precio.
De un modo natural y espiritual a la vez, les propone grandes retos,
ideales capaces de cambiar el rumbo de su vida
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Introducción
Haciendo un balance de sus años de pontificado, se puede
asegurar que la gente joven ha tenido un papel protagonista en esta
larga película que es la vida de Juan Pablo II
El mismo día de su proclamación, 22 de octubre de
1978, después de las dos horas y media que duró la
ceremonia, se asomó a la ventana de sus apartamentos privados
en el Vaticano y, a las 13.20, rezó el Ángelus con
los que, asombrados, le vieron aparecer en lo alto. Cuando terminó
la oración a la Virgen, los jóvenes que estaban presentes
rompieron a gritar a todo pulmón: "¡Viva el Papa!"
Iniciaban con su admiración lo que se convirtió casi
en una costumbre hasta entonces insospechada, tanto en este recinto,
como en otros lugares del mundo. Y, como tantas veces a partir de
aquel día, resonó la voz inconfundible del Papa, que
respondía a sus vítores con un reto cariñoso:
"Vosotros sois el porvenir del mundo, la esperanza de la Iglesia.
Vosotros sois mi esperanza. El mañana depende de vosotros".
Desde el primero hasta el último, esas
reuniones casi siempre multitudinarias nos han causado la misma
impresión: existe una perfecta sintonía entre ellos.
Hasta tal punto es así que nos hemos acostumbrado a estar
presentes, o a seguir por los medios de comunicación, esas
reuniones, desbordantes de gente divertida, alegre, capaces de esperar
horas y horas, bajo el frío nórdico, el calor mediterráneo
o las lluvias tropicales, para demostrar su cariño y su adhesión
hacia un hombre en el que creen, porque no se queda en teorías
abstractas cuando se dirige a ellos.
Santo
Padre: ¿Qúe es lo más
importante de su pensamiento respecto a los jóvenes.
"En un sentido muy real el siglo XXI les
pertenece. Les pido: pensad muy en serio sobre lo que queréis
hacer de vuestra vida". "Superad el mal con el bien".
¿Cómo tener
fe en un mundo tan duro, tan competitivo y que tantas veces nos
resulta injusto?
R. - "Comprendo que os inquieta de forma
profunda el mal que pesa sobre la vida social de las naciones cuyas
hijas e hijos sois vosotros. Estáis inquietos porque sentís
la necesidad de un cambio, la urgencia de construir un mundo mejor,
más justo, más digno del hombre. Esto tiene que llevar
consigo la verdad total referida al hombre y debe conducirnos a
la plena actualización de los derechos humanos. La correcta
actualización de esta noble aspiración que late en
el corazón de los jóvenes, requiere que se considere
al hombre en su dimensión humana total. El hombre no puede
reducirse a la esfera de sus necesidades materiales más primarias.
El progreso no se puede medir sólo con categorías
económicas. La dimensión espiritual del ser humano
tiene que ocupar su puesto".
De acuerdo. Pero ¿Está
mal aspirar a vivir bien? ¿Por qué fastidiarse siempre?.
R. - "No habrá un mundo mejor, nada
se arreglará en la vida social, mientras no se den preferencia
a los valores del espíritu humano. Recordad esto bien, los
que estáis suspirando por unos cambios que hablan una sociedad
mejor y más justa. Tened presente que lo que buscáis
es un orden moral, y no lo conseguiréis si no dais primacía
a los que constituye la fuerza del espíritu humano, justicia,
amor y amistad
En su primer viaje a España, a finales
de octubre de 1982, tuvimos un reflejo excepcional de esta faceta
del Papa. Acababan de celebrarse las elecciones en las que el Partido
Socialista obtuvo una mayoría aplastante. Por encima de las
ideologías y de la política, los españoles
siguieron con verdadera emoción aquel viaje.
Uno de los actos de mayor colorido, y repercusión,
y con un contenido más serio fue el encuentro con los jóvenes
en el estadio Santiago Bernabeu de Madrid. Un espectáculo
que no ha superado ninguna final de copa ni de los mundiales celebrados
en ese mismo lugar. Miles de chicas y chicos esperaron su llegada,
mezclando sus canciones preferidas con aclamaciones al Santo Padre.
Cuando apareció en el papamóvil, como ya se conoce
el coche acristalado con el que cubre pequeñas distancias
dentro de las ciudades, el clamor se hizo insuperable. El Papa recorrió
el campo en un saludo cálido, tanto a los que habían
logrado entrar, como a todos los que desde afuera lo seguían
por unas gigantescas pantallas de televisión. Los aplausos
y los vivas se prolongaron durante más de media hora.
Santo
Padre: ¿Qué le mueve a organizar estos encuentros
con la juventud en todas las ciudades a las que viaja?
R. - "Los jóvenes se ganan el corazón del Papa
por su sed de verdad y de grandes ideales, por su generosidad y
espontaneidad. Me encuentro con ellos en todos los viajes alrededor
del mundo. Los convoco para escuchar lo que me quieren contar sobre
ellos mismos, sobre la sociedad, sobre la Iglesia. Y les comento:
lo que voy a deciros no es tan importante como lo que vosotros me
vais a contar a mí".
Ese mismo año, el 7 de octubre, pocos días
antes de su viaje a España había dicho algo muy parecido
en Estados Unidos " Disfrutad de los privilegios de vuestra
juventud: tenéis derecho a estar llenos de esperanza y de
alegría; la oportunidad de explorar el mundo maravilloso
de la ciencia y del conocimiento, y por encima de todo, la oportunidad
de daos a los demás en un servicio generoso y alegre"
"Creo en los jóvenes, en vosotros - les dijo en el Bernabeu
de Madrid - Y, creo, no para halagarlos, sino porque cuento con
vosotros para difundir un nuevo sistema de vida. Ése que
nace de Jesús, Hijo de Dios y de María, cuyo mensaje
os traigo".
Sentados en la hierba, distribuidos por las gradas,
apretujados, sin pestañear, siguieron la respuesta de Juan
Pablo II a una cuestión que se le ha planteado más
de una vez después de hablarles, como ocurrió aquella
tarde, del contenido de las bienaventuranzas, recogidas en el Evangelio
¿ Por qué,
si Dios ha creado el mundo y al hombre, existe esa realidad descrita
en el Sermón de la Montaña por el mismo Jesucristo
de persecución y de injusticia, de mentira, de falta de paz
y de sufrimiento? ¿Cómo se puede aguantar semejante
panorama, en el que las promesas que nos hacen - los que lloran
serán consolados; los que tienen hambre serán saciados,
y otras por el estilo - suenan a un futuro muy lejano. ¿De
verdad existe esa otra vida? ¿Sólo quienes sean unos
desgraciados en ésta la conseguirán?
R. "Sabemos muy bien que ese Reino de los
Cielos está cerca: lo ha inaugurado Cristo con su muerte
y resurrección. Está cerca, porque en buena parte
depende de nosotros, cristianos y discípulos de Jesús,
los llamados a acercar ese Reino, a hacerlo visible y actual en
este mundo, como preparación a su establecimiento definitivo.
Y esto se logra con vuestro esfuerzo personal, con vuestra conducta
acorde con los preceptos del Evangelio, con vuestra fidelidad a
su persona, con vuestra dignidad personal".
P. - Santo Padre: Todo ese
programa les resulta lejano y abstracto. Los jóvenes, aunque
parecen rechazar cualquier norma o código de conducta, están
pidiendo a gritos que se les marque el camino del que usted tanto
hable: el de la verdad. Quieren saber en qué consiste, como
vivir de acuerdo con ella. Ver si es posible ser gente normal, como
tantos amigos suyos que no creen en nada y que están tan
a gusto sin complicarse la vida, y al mismo tiempo seguir ese programa
que les plantea el Papa. ¿Cómo se consigue esa meta?
R. -"Vosotros, jóvenes, vencéis
el mal cada vez que, por amor y a ejemplo de Cristo, os libráis
de la esclavitud de quienes miran a tener más y no a ser
más. Conseguiréis esa meta, si sois capaces de ser
dignamente sencillos en un mundo que paga cualquier precio al poder".
P. ¿Cómo se
aplica esto en el día a día?
R. - "Cuando sois limpios de corazón
entre quien juzga sólo en términos de sexo, de apariencia
o de hipocresía.
Cuando construís la paz, en un mundo de violencia y de guerra.
Cuando lucháis por la justicia ante la explotación
del hombre por el hombre o de una nación por otra;
Cuando con la misericordia generosa no buscáis la venganza,
sino que llegáis a amar al enemigo.
Cuando en medio del dolor y las dificultades, no perdéis
la esperanza y la constancia en el bien, apoyados en el consuelo
y el ejemplo de Cristo y en el amor al hombre hermano.
Entonces os convertís en transformadores eficaces y radicales
del mundo y en constructores de la nueva civilización del
amor, de la verdad, de la justicia, que Cristo trae como mensaje.
Bien os puedo decir que quien sabe orientar su
conducta de forma coherente a ese programa, logra hacer penetrar
el Evangelio en su vida. Entonces es verdaderamente cristiano. Con
los criterios sólidos que saca de su convicción cristiana,
el joven sabe reaccionar debidamente ante un mundo de injusticias
y de materialismo que le rodea".
Día
mundial de la juventud
Juan Pablo II explica cómo surgió
la idea de celebrar esos encuentros. Aprovechando el año
Internacional de la Juventud, organizado por las Naciones Unidas
en 1985, invitó a la gente joven a reunirse con él
en Roma el Domingo de Ramos.
"Nadie ha inventado el Encuentro de la Juventud.
Fueron los propios jóvenes quienes lo forjaron, los que me
pidieron que siguiera convocándoles". Estos encuentros
se han convertido en un testimonio fascinante de la juventud y en
un poderoso medio de evangelización. Es la mejor prueba de
que entre los jóvenes existe de hecho un gran potencial hacia
posibilidades creativas extraordinarias.
A partir de esa jornada iniciada en Roma el año
1985, Juan Pablo II ha seguido convocando a los jóvenes en
los lugares más diversos: Buenos Aires, Santiago de Compostela,
Denver, Manila, París, etc.
P. Santo Padre:¿Sospechaba
que, en pleno mes de agosto, estudiantes de los cinco continentes,
con una mochila y un saco de dormir al hombro, sin tomar una gota
de alcohol, sin juergas nocturnas o diurnas, sin peleas, sin dinero
para llenarse de caprichos, iban a acudir a esa llamada de un hombre,
mayor, muy mayor para esta civilización en la que prima la
juventud sobre los demás valores, cada vez con más
achaques físicos, pero con una capacidad de arrastre y de
convocatoria que envidiaría cualquier político? ¿Nos
podría explicar dónde está el secreto de su
carisma?
R. - "No es verdad que el Papa mueva a la
gente de un extremo a otro del mundo. Son ellos los que me llevan.
Incluso ahora que me estoy haciendo mayor, son ellos quienes me
obligan a seguir manteniéndome joven; no dejan que me olvide
de mis experiencias, del descubrimiento continuo de la juventud
y de la enorme importancia de esa etapa para la vida de cualquier
hombre"
P. Pero ¿Cómo
lo consigue? ¿Guarda en su pasado de actor de teatro el secreto
de esa fuerza con la que atrae a esas masas? ¿Qué
tipo de lenguaje utiliza, qué les transmite a ese auditorio
multirracial?
Es evidente, que la fuerza de Juan Pablo II radica
en toda su personalidad. Pero sus palabras van siempre dirigidas
al núcleo de la cuestión sin falsear la verdad, ni
hacerla fácil a base de aguarla. Ahí radica, quizás,
el secreto del Papa: en su fe profunda en Dios, en su honestidad,
en su absoluta carencia de complejos, en su valentía a la
hora de proclamar la verdad, sea quien sea el interlocutor. Por
supuesto que no lo ha improvisado. Desde que era un joven sacerdote
en Polonia, siempre ha estado muy cerca de sus asuntos, de sus problemas,
de sus ideales y sus amores, sus éxitos y sus fracasos. Les
conoce y les quiere. Sabe muy bien en qué lenguaje debe transmitirles
esas convicciones sólidas sobre las que construirán
sus vidas.
P.¿Qué
le diría a los jóvenes que están llenos de
inquietudes hacia el futuro?
R. - " Sé que en vuestra generosidad
de jóvenes no os satisfacen tantas cosas de vuestra sociedad
actual que desearías más justa y solidaria. Sé
también que buscáis algo que pueda dar razón,
de verdad, a lo más profundo de vosotros mismos, a esa hondura
del espíritu humano que sentís, o al menos presentís.
Sé que no os bastan - para fundar vuestras vidas - los datos
secos de la cultura técnica o de la informática. No
os basta disponer de noticias y conocimientos dispersos y fragmentarios.
Vislumbráis que es preciso dar con una realidad que comunique
a las realidades disgregadas un sentido definitivo y final.
"Yo siento sobre mí el deber de proclamar ante vosotros
ese "algo", el "Dios desconocido" que los hombres
buscan a tientas, existe y es el fundamento de todo y "el que
hace nuevas todas las cosas".
P. - Sin duda es un mensaje
atractivo. Pero ¿Piensa que es compatible con un entorno
vital en el que las preocupaciones espirituales suenan a anticuadas?
R. -"La sociedad actual tiene bastante afinidad con aquella
en la que se abrió paso la primera predicación del
Evangelio. Nos sentimos, como muchos hombres de aquella época,
aprisionados en nuestra impotencia, sumergidos en múltiples
ofertas de salvación que vemos como engañosas. Pero,
como sucedió a los hombres de aquella generación,
desde la experiencia de nuestros límites, tenemos hoy la
vivencia de que existe un don que nos desborda, una misericordia
sumamente acogedora, que puede salvarnos en plenitud, ofreciéndonos
la gratuidad de su amor"
"Yo tengo la misión de afirmaros que
esa salvación es cierta para quienes creen y confían
en el nombre de Jesús"
"Él confiere toda su grandeza a nuestro ser personal,
es quien posibilita vivir la vida con dignidad y ponerla a disposición
de los otros, para ayudarles a dignificarse más; quien avala
las genuinas aportaciones de las ciencias y los saberes humanos
y los proyecta a horizontes más amplios; quien nos hace capaces
de enfrentarnos sin temor ante el futuro, empeñados en construir
"la utopía" de un mundo nuevo, más justo
y más humano"
¿Qué
ocurre cuando les habla del amor, con el que sueñan a esa
edad?
R - "Este es un tema al que personalmente he dedicado muchas
reflexiones y análisis. Dios ha creado al ser humano: hombre
y mujer, introduciendo con esto en la historia del género
humano aquella peculiar duplicidad con una completa igualdad si
se trata de la dignidad humana, y con una complementariedad maravillosa,
si se trata de la división de los atributos, de las propiedades
y de las tareas unidas a la masculinidad y a la femeneidad del ser
humano"
"Por lo tanto, éste es un tema de
suyo grabado en el mismo yo personal de cada uno y de cada una de
vosotros. La juventud es el período en el que este gran tema
invade, de forma experimental y creadora, el alma y el cuerpo de
cada muchacho y muchacha, y se manifiesta en el interior de la joven
conciencia junto con el descubrimiento del propio yo en toda su
múltiple potencialidad. Entonces, en el horizonte de un corazón
joven, se perfila una experiencia nueva; la experiencia del amor,
que desde el primer instante pide ser esculpido en aquel proyecto
de vida, que la juventud crea y forma espontáneamente".
P. ¿Qué argumentos
ofrecería a quienes no aceptan ese lenguaje tan espiritual?
R. " Emprender el camino del amor matrimonial
significa aprender el amor esponsal día tras día,
año tras año, el amor según el alma y el cuerpo,
el amor que es longánime, es benigno, que no busca lo suyo…
todo lo excusa, el amor que se complace en la verdad, el amor que
todo lo tolera"
"Vosotros, jóvenes, tenéis
la necesidad de ese amor precisamente si vuestro futuro matrimonio
debe superar la prueba de toda la vida. Y, en concreto, esta prueba
forma parte de la esencia misma de la vocación que, a través
del matrimonio, intentáis grabar en el proyecto de vuestra
vida.
"El futuro del hombre se decide en buena medida por los caminos
de este amor, inicialmente juvenil, que tú y ella o tú
y él descubrís a lo largo de vuestra juventud. Ésta
es una gran aventura, pero es también una gran tarea.
P.-
Santo Padre: La mayoría de estos jóvenes se quejan
de que la Iglesia les plantea un amor casi platónico, que
no se hace cargo de lo que entraña el amor de atracción
física, de la necesidad de expresarla sin esperar al matrimonio.
Usted, Santo Padre, está en esa misma onda y hay muchos jóvenes
que le seguirían pero que rechazan una moral rígida
y que les parece pasada de moda, además de imposible de vivir.
R. - Hoy los principios de la moral cristiana
matrimonial son presentados de modo desfigurado en muchos ambientes.
Se intenta imponer a sociedades enteras un modelo que se auto proclama
"progresista y moderno". No se advierte entonces que en
este modelo el ser humano, y sobre todo la mujer, es transformado
de sujeto en objeto (objeto de una manipulación específica)
y todo el gran contenido del amor es reducido a mero placer, el
cual aunque toque a ambas partes no deja de ser egoísta en
su esencia.
Finalmente "el hijo" que es fruto y
encarnación nueva del amor de los dos, se convierte cada
vez más en una "añadidura fastidiosa". La
civilización materialista y consumista penetra en este maravilloso
conjunto del amor conyugal - paterno y materno - y lo despoja de
aquel contenido profundamente humano, que desde el principio llevó
una señal y un reflejo divino".
P. A muchos nos preocupa
esa imagen de la juventud que parece tan sólo dedicada a
pasarlo bien y al dinero. ¿Qué les diría a
este aspecto?
R. - "La perspectiva de un creciente progreso
económico y la posibilidad de conseguir una mayor participación
en los bienes que la sociedad moderna ofrece, aparecerá ante
vosotros como la ocasión de conseguir una libertad mayor.
Cuanto más poseáis - podéis sentir la tentación
de pensar -, más capaces seréis de liberaros de cualquier
tipo de aislamiento. Con el fin de conseguir mas dinero, con la
idea de eliminar el esfuerzo y las preocupaciones, podéis
sentir la tentación de lanzaros por atajos donde la honradez,
la verdad y el trabajo se ven comprometidos. Los progresos de la
ciencia y de las tecnologías actuales son evidentes, y podéis
pensar que en esa sociedd tecnológica están las respuestas
a vuestros problemas.
"La búsqueda del placer, buscado donde
sea y cuando sea, será fuerte y os aparecerá como
parte del progreso hacia una mayor autonomía y libertad.
El deseo de veros libres de coacciones externas se manifestará
de forma mayor en el terreno sexual, por se un área que está
fuertemente unida a la personalidad humana. Las normas morales que
la iglesia y la sociedad os han enseñado desde siempre, se
os presentarán como obsoletas y un obstáculo para
el desarrollo pleno de vuestra personalidad. La literatura, los
mass-media, todo os ofrecerá un modelo de vida donde, con
demasiada frecuencia, está el hombre aislado en sí
mismo, y donde los demás no tienen lugar.
"No ignoréis la enfermedad moral que
sufre la sociedad actual, y de la que no os va a proteger vuestra
juventud. Cuánta gente joven ha desoído sus conciencias
hasta enmudecerlas y ha sustituido la verdadera alegría de
vivir por las drogas, el sexo, el alcohol, el vandalismo y la búsqueda
que les lleva al vacío de puros bienes materiales".
"No grabéis un contenido deformado,
empobrecido y falseado en el proyecto de vuestra vida; el amor se
complace con la verdad. Buscadla donde se encuentra de veras. Si
es necesario sed decididos en ir contra la corriente de las opiniones
que circulan y de los eslóganes propagandísticos.
No tengáis miedo del amor que presenta exigencias precisas
al hombre. Estas exigencias - tal como las encontráis en
la enseñanza constante de la Iglesia - son capaces de convertir
vuestro amor en un amor verdadero. La Iglesia y la humanidad os
confían el gran problema del amor sobre el que se basa el
matrimonio, la familia, es decir, el futuro. Esperan que sabréis
hacerlo renacer: esperan que sabréis hacerlo hermoso, humana
y cristianamente. Un amor grande maduro y responsable.
P. - Santo Padre, con todo
mi respeto, le repito que esa respuesta necesita alguna forma de
explicación sobre lo que supone en la juventud, y en la vida,
la atracción entre los sexos. ¿Qué hay de malo
en ello? ¿Por qué se enfoca siempre como una serie
de negaciones o de prohibiciones que llevan a pensar que es incompatible
ser un buen cristiano o una persona honrada y vivir un amor apasionado?.
R. - "El ser humano es un ser corpóreo.
Esta afirmación está llena de consecuencias. Por muy
material que sea el cuerpo no es un objeto más entre otros
muchos objetos. El cuerpo es una palabra, un lenguaje.
"¡ Tened un gran respeto por vuestros
cuerpos y por los cuerpos de los demás seres humanos! Lograd
que vuestro cuerpo esté al servicio de vuestro ser más
profundo. ¡Que vuestros gestos, vuestras miradas sean siempre
un reflejo del alma! Espero de verdad que asumiréis el reto
de esta época, y que seréis, cada uno y todos, campeones
de un dominio del cuerpo con sentido cristiano. Los deportes, entendidos
de forma razonable, que están resurgiendo de nuevo entre
los profesionales, son de una gran ayuda. Este dominio es decisivo
para integrar la sexualidad en vuestras vidas como jóvenes
y como adultos".
Santo Padre: ¿
Con qué enfoque les habla de la sexualidad que, como es lógico,
es tan poderosa en ese momento de sus vidas?
R. - " No es fácil hablar de sexualidad
en estos tiempos, que se caracterizan por la inhibición total,
estimulada por una explotación del instinto sexual. Tenedlo
claro: la unión de los cuerpos siempre ha sido la forma más
sublime del lenguaje con el que dos seres humanos pueden comunicarse
entre sí. Esa es la razón por la que ese lenguaje,
que toca el misterio sagrado del hombre y de la mujer, exige que
los gestos del amor nunca se lleven a cabo sin asumir las condiciones
de una total y definitiva aceptación de responsabilidad hacia
su compañero, y que ese compromiso se debe contraer públicamente
en el matrimonio".
P.- Santo Padre, después
de leer y de escuchar sus respuestas, muchos jóvenes, desilusionados
porque piensan que su doctrina es inasequible, dan media vuelta
como aquel chico del Evangelio, diciendo ¡No hay quien aguante
este nivel! Yo le pregunto ¿Cómo les anima en medio
de ese panorama, donde para hacer lo que les propone tienen que
ir contra la corriente que les arrastra, y que a ellos les atrae?
R. "La historia completa de la humanidad
es la historia de la necesidad del hombre de amar y de ser amado.
Pero, en este campo como en todos es importante ver las cosas con
claridad. Sea como sea el uso que los hombres hacen de él,
el corazón - símbolo de amistad y de amor - tiene
sus normas y sus principios éticos. Hacer un espacio en el
corazón en la armoniosa construcción de vuestra personalidad
no tiene nada que ver con la sensiblería o el sentimentalismo.
El corazón es la total apertura del propio ser a la existencia
de los demás, la capacidad de comprenderles. Esa sensibilidad,
verdadera y profunda, nos hace vulnerables. Ésa es la razón
por la que alguna gente siente la tentación de escapar de
ello a base de endurecer su corazón".
Santo Padre, en este
contexto nos gustaría una definición suya sobre el
amor.
R. "Amar es, esencialmente, darnos a los
demás. Lejos de ser una inclinación instintiva, el
amor es una decisión consciente de nuestra voluntad de acercarnos
a los demás. Para ser capaces de amar de verdad, es necesario
desprenderse cada uno de muchas cosas, sobre todo de nosotros mismos,
para darnos sin esperar que nos agradezcan, para amar hasta el final.
Este despojarte de uno mismo, una larga y existente
tarea, es exhaustiva y enaltecedora. Es la fuente del equilibrio.
Es el secreto de la felicidad.
"Jóvenes: ¡No tengáis miedo! Jesús
no vino a condenar el amor sino a liberarlo de sus ambigüedades
y sus falsedades. Hoy más que nunca tenemos que trabajar,
mano a mano, para construir la civilización del amor".
P. Santo Padre, quedan
muchas cuestiones en torno a los jóvenes. Pero hay una que
me parece básica. Se escucha una especie de clamor de rebeldía
en contra de la exigencia de la Iglesia, sobre todo en torno a problemas
morales. Más de uno y más de dos dicen: "Yo creo
en Dios, pero no en la Iglesia". Su razonamiento es que quieren
ser felices. Parece que, en su punto de vista, la fe se lo impidiera.
¿Qué les diría?
R. -"Esa pregunta encierra lo que hace 2000
años preguntó aquel joven que nos cuenta el Evangelio
¿Qué hacer para conseguir la vida eterna? Se puede
trasladar a esa otra pregunta ¿Es posible ser felices en
el mundo actual?
"La respuesta es la misma: Si quieres llegar a la vida eterna
- esto es, ser feliz - guarda los Mandamientos (Mt 19,17). Estas
palabras significan que el hombre sólo puede ser feliz en
la medida en que es capaz de aceptar las condiciones que su propia
humanidad, su dignidad como hombre, le exigen. Son las exigencias
que Dios ha puesto en su naturaleza.
"En este sentido, Dios no sólo contesta
a la cuestión de si es posible ser feliz, sino que dice aún
más explícitamente cómo podemos ser felices
y en qué condiciones. Esta respuesta es absolutamente genuina,
y no puede dejarse a un lado ni pasarla por alto. Hay que pensar
sobre ella muy en serio y adaptar la propia vida a lo que entraña.
La respuesta de Cristo consiste en dos partes. En la primera pide
que se cumplan los Mandamientos. Aquí voy a hacer un paréntesis
teniendo en cuenta, una vez más, vuestra preocupación
acerca de los principios que la Iglesia enseña en el campo
de la moral sexual. Expresáis vuestra intranquilidad al comprobar
que son demasiado exigentes y son la excusa que os lleva a creer
que la gente joven, precisamente por eso, se aparta de la Iglesia.
La Iglesia solo fija las normas que están
estrechamente ligadas con la verdad - que significa, un amor responsable,
conyugal, dentro del matrimonio -. Exige lo que la dignidad de la
persona y el orden social fundamental exigen. No os niego que no
sean exigentes. Pero el punto esencial del problema radica precisamente
ahí: hay que reconocer, de forma no sólo moral sino
metafísica, que el hombre se realiza a sí mismo sólo
en la medida en que es hombre, es decir, capaz de imponerse esas
exigencias a sí mismo. Lo contrario, la moral permisiva,
no hace felices a los hombres. La sociedad de consumo no hace felices
a los hombres. Nunca lo han hecho.
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