Durante
toda su vida, y hasta su última prueba, cuando Jesús,
su Hijo, murió en la cruz, su fe no vaciló. María
no cesó de creer en el "cumplimiento" de la Palabra
de Dios. Por todo ello, la Iglesia venera en María la realización,
más pura de la fe." (Catecismo de la Iglesia Católica,
148 y 149).
Según
una antigua y venerada tradición, la Virgen, cuando aún
vivía, se apareció en carne mortal al Apóstol
Santiago en Zaragoza, acompañada de ángeles que traían
una columna o pilar como signo de su presencia.
En
la aparición nuestra Señora consoló y reconfortó
al Apóstol Santiago, a quien prometió su asistencia
materna en la evangelización que estaba llevando a cabo en
España. Desde entonces el Pilar es considerado como "el
símbolo de la firmeza en la fe"; a la vez, nos indica
el camino seguro de todo apostolado: a Jesús por María.
La Virgen es el pilar firme, los cimientos seguros, donde se asienta
la fe y donde esta fe se guarda. "Por medio de ella, a través
de muy diversas formas de piedad, ha llegado a muchos cristianos
la fe en Cristo, Hijo de Dios y de María". Son sostenidos
"por la devoción a María, hecha así columna
de esa fe y guía segura hacia la salvación".(Enc.
Redemptoris Mater).
"En
vez de tinieblas, diste a los tuyos una columna de fuego, guía
a través de rutas desconocidas, y sol inofensivo en su gloriosa
emigración" (Sap 18,3). Cada uno de nosotros, quizá,
ha experimentado esta poderosa ayuda de la Virgen. "Sí,
tenemos como guía una columna que acompaña al nuevo
Israel, a la Iglesia, en su peregrinar hacia la Tierra prometida,
que es Cristo el Señor" (Papa Juan Pablo II, Angelus).
Ella nos lleva a Jesús, que es nuestra Tierra prometida.
"Ella con su Hijo en brazos, como aquí en el Pilar,
nos lo muestra sin cesar como el Camino, la Verdad y la Vida"(
Papa Juan Pablo II, Homilía en Zaragoza).
La
fiesta de hoy es una excelente ocasión para pedir, por su
mediación, que la fe que Ella alentó desde el principio
se fortalezca más y más, que los cristianos seamos
testigos tanto más firmes cuanto mayores sean las dificultades
que podamos encontrar en el ambiente del trabajo, de las personas
con las que habitualmente nos relacionamos, o en nosotros mismos.
Le
pedimos hoy ser pilares seguros, cimiento firme, donde se puedan
apoyar nuestros familiares y nuestros amigos.
(Francisco
Fernández Carvajal, Hablar con Dios)
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