Todos
los Santos
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 La fiesta de Todos los
Santos se celebra el 1 de noviembre en la Iglesia
Universal desde el año 840. Antes de esta fecha, había un día
para recordar y celebrar a todos los mártires, hasta que el Papa
Bonifacio IV, transformó un templo griego dedicado a todos los
dioses (Partenón), en un templo cristiano, dedicándolo a "Todos
los Santos".
Desde entonces la fiesta se fue extendiendo, primero en Europa
y luego en todo el mundo.
Como fiesta
mayor, tenía su celebración vespertina en la vigilia (
la noche del día anterior - 31 de octubre - ) para preparar
la fiesta. En Inglaterra se le llamó a esta vigilia vespertina:
All Hallows Even (Vigilia de todos los santos). Con
el paso del tiempo su pronunciación fue cambiando
.All
Hallowd Eve
., All Hallow Een
.., Halloween.
Por esto ahora se relaciona esta fiesta con la tradición norteamericana
del halloween que, en su forma actual, nada tiene que ver
con las fiestas cristianas.
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¿Porqué
y para qué? Te
preguntarás, ¿tiene sentido rezar a los santos o pedir por las almas
de quienes ya se han muerto?. Esta tradición está basada en la certeza
que tenemos los cristianos de que la Iglesia es un solo cuerpo,
el Cuerpo de Cristo. En el Cuerpo de Cristo fluye un mismo espíritu:
el Espíritu Santo; Jesucristo es la Cabeza de ese cuerpo y todos
los bautizados, somos sus miembros. La unión de los miembros de
la Iglesia no se interrumpe con la muerte, más aun, la Iglesia nos
enseña que se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales.
Esto es un misterio,
el misterio de la Iglesia. No se puede comprender con la razón,
ni se puede comprobar como las ciencias; es cuestión de fe, los
creyentes no solamente creemos en Dios, también "le creemos
a Dios", y sabemos que Él nos habla en su Palabra: consulta
la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, capítulo 12, versos
del 12 al 31 y medita lo que ahí dice.
Comprenderás ahora
por qué decimos en el Credo "Creo en la Comunión de los Santos",
queremos indicar que existe una unión, una comunicación entre las
almas en las que el Espíritu Santo tiene su morada. Entre todos
los miembros de la Iglesia, que está dividida en tres estados:
s La
Iglesia Peregrina: los vivos, que aun peregrinan
en la tierra;
s La
Iglesia Purgante: los ya difuntos, que se purifican;
s La
Iglesia Triunfante: los que están ya glorificados, en
el cielo, contemplando a Dios.
Como todos los creyentes
forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros.
Es pues necesario creer que existe una comunión de bienes en
la Iglesia. El miembro más importante de este cuerpo es Cristo,
ya que es la Cabeza, así, el bien de Cristo es comunicado a todos
los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos.
Por eso también se
habla de la "intercesión de los santos"; ellos están ya
unidos a Cristo, gozando de la Gloria del Padre y como parte del
mismo Cuerpo de Cristo, pueden interceder por quienes aun no llegamos
al cielo.
Culto:
Los
católicos veneramos a los santos, son quienes constituyen la Iglesia
Triunfante, que junto con nosotros (Iglesia Peregrina) y con los
que se están purificando (Iglesia Purgante), forman una sola Iglesia,
la Iglesia de Jesucristo. Son quienes vivieron una vida normal,
como tú y como cualquiera de nosotros, esforzándose por seguir a
Cristo, sus mandamientos y enseñanzas, y lo hicieron hasta la muerte.
Las fiestas de los
santos y de la Virgen María, no son fiestas ajenas a Cristo, antes
bien, nos ayudan a comprender en qué consiste la vida cristiana
y nos enseñan que sí se puede merecer la redención que Cristo nos
alcanzó, si se vive de acuerdo al evangelio.
-
La Virgen María,
es el fruto más espléndido de la Redención.
-
Con el culto a
los demás santos la Iglesia proclama el misterio pascual cumplido
en ellos.
El Culto que se da
a los santos es derivado del que se da a Dios. Hay diferentes tipos
de culto:
-
De Latría
® servicio a un amo o Señor ® sólo se da a Dios.
-
De Dulía
® servidor, servidumbre ® a los siervos de Dios por la gracia
que de él han recibido ® es el que se da a los santos.
-
De Hiperdulía
® servidor superior ® es el que se da a la Virgen María.
El venerar o dar culto
a los santos no es una costumbre nueva de la Iglesia Católica, desde
las primeras comunidades cristianas lo hacían, hay pruebas de ello
en numerosos escritos de la historia de la Iglesia de Cristo de
los primeros siglos.
Lo importante es siempre
situar al santo "debajo" de Jesucristo, quien es el centro
y motivo de la fe cristiana. Los santos son importantes precisamente
porque siendo hombres y mujeres normales, pecadores, limitados,
se esforzaron por seguir a Jesús en su vida y contagiaron a muchos
de su gran amor por Él.
La Iglesia los venera y pide su intercesión, por la certeza de es
el Cuerpo Místico de Cristo, un "solo cuerpo con
un solo Espíritu" (Cf. 1Co 12, 12-31); cuerpo que no se
puede "desmembrar" ni aun con la muerte y convencida también
de que los bienes de cualquiera de sus miembros benefician al resto
de este Cuerpo Místico.
Historia:
En
la Iglesia primitiva se celebraba solamente el misterio Pascual
® la Resurrección de Cristo. La santidad de los hombres se medía
por la participación en la muerte de Cristo ® el mártir era el
santo por excelencia.
Los primeros santos
fueron todos mártires, hombres o mujeres que morían por defender
la fe en Jesús Resucitado. El primero de quien se tiene noticias
fue un obispo llamado Policarpo (156 d. C.), a quien ya se celebró
como "santo". En aquéllas comunidades:
-
se sentía veneración
por el mártir
-
se celebraba la
memoria del día del martirio
-
se tenía una celebración
jubilosa (Eucaristía y fiesta)
Posteriormente (año
258) se veneraba también a los Confesores, es decir, a los
hombres y mujeres que con valentía confesaban su fe en Cristo dando
testimonio de ella mediante un amor admirable sin llegar al Martirio,
y a las Vírgenes por consagrar su vida al servicio del Señor.
Los fieles recogían
los restos de sus santos (reliquias) y los sepultaban en un lugar
especial, conmemoraban alrededor de su tumba el día del martirio
o de su muerte y celebraban la Eucaristía. Después comenzaron a
colocar la mesa del altar sobre la tumba del hombre a quien consideraban
santo o se le daba sepultura al pie de un altar ya construido. En
algunos casos se erigieron basílicas sobre las tumbas de los principales
mártires (San Pedro, San Pablo, etc.)
Hoy, para reconocer
públicamente a una persona como santo es preciso un proceso de
canonización promovido por quienes conocieron a esa persona
o son testigos de milagros realizados por su intercesión. Existe
una gran cantidad de santos reconocidos por la Iglesia y otros muchos
que, aunque no son famosos ni siquiera conocidos, vivieron una vida
de auténtica santidad. A todos ellos se dedica la fiesta del 1°
de noviembre; a todos ellos los cristianos podemos encomendarnos
para que intercedan por nosotros y alcancemos, como ellos, llegar
a reunirnos con Cristo, nuestra cabeza.
Proceso
de Canonización: Canonizar
significa declarar solemnemente santa a una persona, esto lo hace
el Papa, una vez que se hayan cumplido ciertos requisitos. Para
que una persona sea reconocida como santa, es necesario todo un
proceso que, a lo largo de la historia ha ido modificándose de acuerdo
a las necesidades de cada época.
Al principio, cuando
un hombre era considerado santo, sea por haber muerto en martirio
o por su testimonio de vida de fe, quienes lo conocieron pedían
al Obispo local que se le nombrara formalmente santo, era él quien
determinaba la autenticidad del martirio o vida del candidato, lo
nombraba "Santo" y luego lo comunicaba al Papa.
No fue hasta el siglo
X que se decidió que los santos deberían de ser autorizados y nombrados
solamente desde Roma. La primera canonización formal fue la de San
Uldarico, Obispo de Augusta, hecha por el Papa Juan XV en 993. El
Papa Gregorio IX en 1234, publicó normas estrictas para el proceso
de canonización, con el fin de evitar exageraciones y errores. A
partir de entonces ese proceso se haría a través de un procedimiento
legal a manera de juicio, en donde participaban abogados, oficinistas
y oficiales que deberían demostrar si la persona merecía o no el
título de santo.
Estaba por una parte
el abogado que defendía la causa del santo propuesto, quien hablaba
de su vida y virtudes que en él se observaban, generalmente se mencionaban
supuestos milagros realizados por el candidato a santo; por la otra
estaba el llamado abogado del diablo, que refutaba lo que el defensor
de la causa presentaba y los oficiales de la Iglesia que finalmente
aprobaban o rechazaban la propuesta.
Para aprobar una canonización
ya desde ese tiempo es necesario que el santo realice dos milagros
de curación y que pase por varias etapas: 1) es llamado "Siervo
de Dios", cuando su causa es aceptada en Roma; 2) se le declara
"Venerable", cuando se comprueba que poseía virtudes vividas
en grado heroico; 3) se le llama "Bienaventurado" o "Beato",
al comprobarse un primer milagro por su intercesión; y 4) finalmente
se le declara "Santo", al comprobar que realizó ya dos
o más milagros.
Si quisiéramos definir
a un santo, diríamos que es una persona común y corriente que tiene
una relación muy fuerte y cercana con Dios y que ésta se traduce
en el trato con las personas. Un santo es quien hace cosas extraordinarias
por los demás, al estilo de Jesús, es quien, como dice el Concilio,
"completa en su propia carne, a favor de la Iglesia, lo que
falta a las tribulaciones de Cristo". Es quien, por su vida
de auténtico seguimiento a Cristo, hace presente el Reino de Dios
entre los hombres.
Reformas
a partir del Concilio Vaticano II El
Concilio organizó la reforma litúrgica y del Calendario Romano,
con ella disminuyeron las fiestas de devoción que no celebran acontecimientos
concretos de la Historia de Salvación y se revisaron los nombres
de los santos que aparecían en el calendario para corregir errores,
se eliminaron los que no tenían suficientes datos históricos. Se
seleccionaron los santos de mayor importancia, no por su grado de
santidad (sólo Dios la puede medir), sí por el grado de modelo
de santidad para ser imitado por el pueblo. También se pensó
en dar un carácter más universal al calendario, incluyendo santos
de diversas nacionalidades.
En enero de 1983,
el Papa Juan Pablo II propuso revisar el proceso de canonización
con el fin de hacerlo todavía más confiable. Ahora se recurren a
muchas ciencias humanas como la psicología, la sociología, la historia;
ya no son abogados, sino teólogos y diferentes especialistas los
que participan en un proceso de canonización.
Para iniciar el proceso
primero debe haber un movimiento popular que promueva la canonización
de determinada persona, gran cantidad de gente que lo conocía y
que siente que puede ser santo, deben demostrar que el candidato
hizo en vida cosas extraordinarias por otras personas. Este movimiento
se presenta ante el Obispo quien por medio de tribunales debe investigar
la causa y reunir el material suficiente para enviar a Roma a través
del Postulante, es el encargado de presentar la causa a la Iglesia.
En el Vaticano se
nombra un Juez Supremo y un cuerpo de Consultores, ellos cuentan
con un consejo de historiadores y un consejo de teólogos; participan
además 12 o 15 Cardenales y Obispos que, una vez revisado y aprobado
el material lo entregan al Papa quien, después de un minucioso estudio
nombra al candidato "Venerable" o "Heroicamente Virtuoso".
Después se espera a que se comprueben dos milagros realizados por
su intercesión para nombrarlo "Beato" o "Bienaventurado"
y finalmente se reconoce ante la Iglesia Universal como "Santo".
Todo este proceso generalmente dura muchos años.
Entre los especialistas
en la materia están los Bolandistas, son humanistas que estudian
las vidas de los santos para establecer sus historias precisas,
comprobando que no son sólo leyendas. Ellos son quienes han trabajado
con el calendario para decidir los que se deben suprimir o incluir.
Son más de 10 mil los santos nombrados a través de la historia de
la Iglesia, por lo que los Bolandistas tienen todavía una ardua
tarea.
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