La Vida del Cristiano (Parte 1/4)

 

¡Hola! Bienvenido. Muchos nos llamamos cristianos, pero por desgracia, no todos saben en qué consiste este nombre. Cristiano es el que "sigue a Cristo", es decir, sigue su doctrina, sus mandatos, su forma de vivir. La vida cristiana no consiste solamente en participar de ciertas ceremonias o actos litúrgicos, como son recibir los sacramentos, ir a Misa, rezar, etc. La vida cristiana va mucho más allá: abarca cada una de las actividades que una persona realiza y se ejerce durante todos los días de la vida.
Por esto hemos querido incluir en esta página algo acerca de las actitudes concretas que deben caracterizar a toda persona bautizada en la Iglesia de Cristo, tomando del Catecismo de la Iglesia Católica lo que nos enseña en cuanto al comportamiento de todo cristiano.
Presentamos, a manera de curso en cinco partes, lo que la Iglesia nos enseña acerca de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios, desde luego de manera mucho más breve de cómo lo hace el texto. Te invitamos a que consultes dicho Catecismo para que profundices más en este tema.

La Dignidad del hombre

La conciencia moral

El pecado

Pecado original

Pecado mortal

Pecado venial

La proliferación del pecado

Vicios

Parte 2

La Dignidad del hombre   

"Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer los creó"
(Gn 1,27).

El hombre ocupa un lugar único en la creación: está hecho a imagen de Dios. De todas las
criaturas sólo el hombre es capaz de conocer y amar a su Creador, sólo él está llamado a participar, por el conocimiento y el amor, en la vida de Dios. Para este fin ha sido creado y ésta es la razón fundamental de su dignidad. Dios creó al hombre racional dándole la dignidad de persona, dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos; quiso dejarlo en manos de su propia decisión, para que busque a su Creador libremente y alcance así la plena y feliz perfección.
El hombre posee facultades superiores para alcanzar esa perfección. Estas facultades son la libertad, la inteligencia y la voluntad. La libertad es el poder, radicado en la razón y en la voluntad, de obrar o de no obrar, de hacer esto o aquello, implica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal.

 

La conciencia moral   Los actos humanos libremente realizados, son calificables moralmente como actos buenos o actos malos.

  • El acto moralmente bueno es el que busca un bien propio y de los otros.

  • Un acto moralmente malo es el que daña a uno mismo y/o a otros.

En lo más profundo de su ser el hombre descubre una ley que él no se da a sí mismo, sino a la que debe obedecer y cuya voz resuena en los oídos de su corazón, llamándole siempre a amar y a hacer el bien y a evitar el mal. El hombre tiene una ley inscrita por Dios en su corazón, es esta la conciencia, el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está sólo con Dios. La conciencia moral es un juicio de la razón por el que la persona reconoce si un acto es bueno o malo. La dignidad de la persona humana implica y exige la rectitud de la conciencia moral, para distinguir entre los actos buenos y malos y para asumir la responsabilidad de los actos realizados. Es necesario formar la conciencia rectamente, para ello es preciso formular un juicio de acuerdo con la razón y con la ley divina.

 

El pecado 
"Pecado" es un concepto teológico, no psicológico ni sociológico, por lo que solo las ciencias religiosas lo estudian como tal, sin embargo, es la realidad más trágica del hombre; nadie puede ignorarlo, aunque se le dan otros nombres. El concepto pecado se entiende a la luz de la fe y de la Revelación cristiana; se define como una ofensa a Dios; San Agustín dice que es "amor de sí mismo hasta el desprecio de Dios". El hombre, fue creado en el "paraíso", es decir, en estado de gracia; desde el principio pudo elegir entre participar de la comunión con Dios o alejarse de Él. Tentado por el diablo, dejó morir en su corazón la confianza hacia su Creador y abusando de su libertad, desobedeció el mandato del Señor. En esto consistió el primer pecado del hombre. En adelante, todo pecado será una desobediencia a Dios y una falta de confianza en su bondad. La Escritura muestra las consecuencias dramáticas de esta primera desobediencia: el hombre pierde inmediatamente la gracia de la santidad original; la armonía en la que se encontraba, establecida gracias a la justicia original, queda destruida; el hombre "vuelve al polvo del que fue formado"; la muerte hace su entrada en la historia de la humanidad. (Cf. Gn 3, 1-24) La variedad de pecados es grande. La Escritura contiene varias listas, (cf. Gal 5,19-21; Rom 1,28-32; 1Co 6, 9-10). Se pueden distinguir los pecados según su objeto, según las virtudes a las que se oponen, o según los mandamientos que quebrantan. La raíz del pecado está en el corazón del hombre.
Conviene valorar los pecados según la gravedad:

  • Pecado original
    Adán había recibido la santidad y la justicia originales no para él sólo, sino para toda la naturaleza humana. Cediendo ante el diablo, Adán y Eva cometen un pecado personal, pero este pecado afecta a la naturaleza humana, será transmitido por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales. Esto es lo que conocemos como pecado original o pecado de los orígenes. Sin embargo, Dios no abandona al hombre al poder de la muerte, inmediatamente anuncia de modo misterioso la victoria sobre el mal y el levantamiento de su caída: anuncia al Mesías redentor, que nos traerá su Gracia para poder vencer al pecado: "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5,20) (Ver: Sacramentos - La Gracia Divina) El hombre está expuesto siempre al pecado. Es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. El pecado hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. San Agustín lo define como "una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna".

  • Pecado mortal.  
    El pecado mortal priva al hombre de la gracia de Dios, lo aparta de Él, por una infracción grave a la Ley de Dios.

    Características del pecado mortal:
    • Para que un pecado sea mortal se requiere que sea cometido con pleno y deliberado consentimiento.
    • El endurecimiento del corazón no disminuye, sino aumenta, el carácter voluntario del pecado.
    • Para borrarlo es necesaria una nueva iniciativa de la misericordia de Dios y
    • Una conversión del corazón del hombre = el Sacramento de la Reconciliación. (Confesión)

Son pecados mortales, además de las faltas a la Ley de Dios:

    • "El que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien será reo de pecado eterno" (Mc 3, 29) Jesús se refiere a quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento, rechazando el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo. Este proceder puede conducir a la condenación eterna.
    • Los pecados capitales son los que tienen que ver con los vicios, contrarios a las virtudes, se llaman capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Son la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la lujuria, la gula y la pereza.
  • Pecado venial El pecado venial deja subsistir la gracia de Dios, aunque la ofende y la hiere, haciendo al hombre aun más débil ante las tentaciones.
    Un pecado es venial cuando falta en materia leve a la Ley de Dios, o cuando se desobedece a esta Ley en materia grave, pero sin pleno conocimiento.
    El pecado venial deliberado y que permanece sin arrepentimiento, nos dispone poco a poco a cometer el pecado mortal. Para borrarlo es preciso la gracia de Dios y el arrepentimiento del hombre.
    San Agustín dice a cerca del pecado venial: "El hombre, mientras permanece en la carne, no puede evitar todo pecado, al menos los pecados leves. Pero estos pecados leves no los consideres poca cosa: si los tienes por tales cuando los pesas, tiembla cuando los cuentas. Muchos objetos pequeños hacen una gran masa; muchas gotas de agua llenan un río. Muchos granos hacen un montón. ¿Cuál es entonces nuestra esperanza? Ante todo, la confesión…."

 

 

 

La proliferación del pecado. El pecado crea una facilidad para el pecado, engendra vicio por la repetición de actos. De ahí resultan las desviaciones de la conciencia y la confusión entre los actos buenos y los actos malos. Así el pecado tiende a reproducirse y a reforzarse.
El pecado es un acto personal. Pero se tiene una responsabilidad en los pecados cometidos por otros cuando se coopera a ellos:

  • participando directa y voluntariamente;

  • ordenándolos, aconsejándolos, alabándolos o aprobándolos;

  • no revelándolos o no impidiéndolos cuando se tiene obligación de hacerlo;

  • protegiendo a los que hacen el mal.

Así el pecado convierte a los hombres den cómplices unos de otros. Los pecados provocan situaciones sociales e instituciones contrarias a la voluntad de Dios. Las "estructuras de pecado" son expresión y resultado de los pecados personales; se convierten entonces en "pecado social".

 

 

Vicios. Un vicio es la repetición de una conducta destructiva, repetición que se vuelve costumbre. Los vicios se catalogan según las virtudes a las que se oponen, generalmente se refieren a los pecados capitales. Se llaman pecados capitales porque son fuente y raíz de otros pecados, son pecados mortales cuando quebrantan en materia grave algún mandamiento de la Ley de Dios. Contra cada pecado capital se debe buscar la práctica de una virtud:

  • Soberbia, es el deseo desmedido de ser preferido antes que otros por creerse superior. Este pecado perdió a los ángeles rebeldes y provocó el pecado original. Contra la soberbia está la virtud de la Humildad.

  • Avaricia, es el deseo desordenado de las riquezas. El avaro pone los bienes materiales antes de cualquier otra situación y antes de las personas. Contra la avaricia está la virtud de la Generosidad.

  • Envidia, es sentir tristeza o coraje por el bien ajeno. La envidia no permite vivir en paz, pues el envidioso está siempre pendiente de los demás, sufriendo por sus éxitos. Contra la envidia está la virtud de la Caridad.

  • Ira, es el deseo desordenado de venganza. Es muy fácil ser presa de la ira, pues con frecuencia somos víctimas de daños e injusticias. Contra la ira está la virtud de la Mansedumbre.

  • Lujuria, es el deseo desordenado de los placeres sexuales. La cultura moderna, provoca caer fácilmente en este pecado, por lo que es preciso estar muy atentos. Contra la lujuria está la virtud de la Castidad.

  • Gula, es el gusto desordenado por la comida y la bebida. Las prácticas piadosas como el ayuno y la oración, ayudan a controlar esta tentación. Contra la gula está la virtud de la Templanza

  • Pereza, es la falta de ánimo para cumplir las propias obligaciones y para hacer buenas obras. Contra la pereza está la virtud de la Diligencia.

El hombre puede vencer a los vicios si recurre a la gracia de Dios, proponiéndose a practicar las virtudes que harán desaparecer la práctica del vicio.

 

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