La Vida del Cristiano (Parte 4 /4)

   

Los diez Mandamientos

El hombre, llamado a la felicidad, pero herido por el pecado, necesita la salvación de Dios. Esta salvación el hombre la recibe por medio de Cristo, sin embargo tiene que esforzarse por merecerla, para eso, cuenta con la ayuda de la ley que lo dirige y de la Gracia de Dios que lo sostiene.

Séptimo mandamiento

Pecados contra el séptimo mandamiento

Ecología

Trabajo humano

Solidaridad

Octavo mandamiento

Pecados contra el octavo mandamiento

Otras disposiciones

Noveno mandamiento

Obligaciones

Décimo mandamiento

Obligaciones

     

Séptimo mandamiento "RESPETA Y HAS RESPETAR LOS BIENES AJENOS" (No Robarás)
El séptimo mandamiento prohibe tomar o retener el bien del prójimo injustamente y perjudicar de cualquier manera al prójimo en sus bienes.
El derecho a la propiedad privada, adquirida por el trabajo, o recibida de otro por herencia o regalo, constituye para el hombre al servirse de estos bienes, la oportunidad de no considerar las cosas externas sólo como suyas, sino también como comunes, en el sentido de que han de aprovechar no sólo a él, sino también a los demás.
La práctica de la templanza ayuda a moderar el apego a los bienes de este mundo; a la práctica de la justicia; a preservar los derechos del prójimo y darle lo que le es debido; y a la práctica de la solidaridad, según la generosidad del Señor.
El octavo mandamiento tiene relación directa con la justicia, por lo que es preciso que todas las actividades humanas apunten a esta virtud.
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Pecados contra el séptimo mandamiento   
Toda forma de tomar, retener injustamente el bien ajeno, aunque no contradiga las disposiciones de la ley civil, es pecado contra el séptimo mandamiento:
  • El robo, es decir, la usurpación del bien ajeno contra la voluntad de su dueño.
  • Retener deliberadamente bienes prestados u objetos perdidos.
  • Defraudar en el ejercicio del comercio.
  • Pagar salarios injustos.
  • Elevar los precios especulando con la ignorancia o la necesidad ajenas.
  • Incumplir promesas o contratos que se hayan hecho justamente.
  • Celebrar contratos injustos que dañen el respeto a los bienes ajenos.
  • Esclavizar seres humanos por cualquier motivo; comprar, vender o cambiar seres humanos como mercancía.

Ecología

  • El séptimo mandamiento exige el respeto a la integridad de la creación, ya que los animales, las plantas y los seres inanimados, están naturalmente destinados al bien común de la humanidad pasada, presente y futura.

  • Exige también el uso responsable de los recursos naturales.

  • El hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económica y social, por tanto, debemos procurar que los bienes creados por Dios para todos, lleguen de hecho a todos, en justicia y caridad.

 

Trabajo humano

  • El trabajo humano tiene un valor primordial; es un deber de todos los hombres "Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma" (2 Ts 23,10; cf. 1 Ts 4,11).

  • El trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo, éste puede ser un medio de santificación y de animación de las realidades terrenas en el espíritu de Cristo.

  • El trabajo también es un derecho, cada cual debe poder sacar del trabajo los medios para sustentar su vida y la de los suyos y para prestar servicio a la comunidad humana.

  • Los responsables de las empresas tienen la responsabilidad económica y ecológica de sus operaciones.

  • Deben considerar el bien de las personas y no solamente el aumento de las ganancias.

  • Deber hacer accesible el trabajo a todos sin discriminación injusta.

  • Deben dar un salario justo, negarlo o retenerlo es contra el séptimo mandamiento.

Solidaridad  

  • El amor a los pobres pertenece a la tradición de la Iglesia, es incompatible con el amor desordenado de las riquezas o su uso egoísta. En la miseria humana, bajo diferentes formas, (indigencia material, opresión injusta, enfermedades...) se ve manifiesta la debilidad que el hombre hereda tras el primer pecado. Por eso, los oprimidos -amados por Jesucristo- son objeto de un amor preferencial por parte de la Iglesia.

  • Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales, estas acciones van de la mano con el séptimo mandamiento.

  • En la multitud de seres humanos sin pan, sin techo, sin patria, hay que reconocer y oír a Jesús que dice: "Cuanto dejaste de hacer con uno de éstos, también conmigo dejaste de hacerlo" (Mt 25,45) )

 

Octavo mandamiento "HABLA Y ACTÚA SIEMPRE CON LA VERDAD" (No Mentirás)
"Digan sí, cuando es sí, y no, cuando es no; porque lo que se añade lo dicta el demonio" (Mt. 5,37)

El octavo mandamiento prohibe falsear la verdad en las relaciones con el prójimo. Dios es la Verdad, por tanto el hombre está llamado a vivir en la verdad, faltar a ella es un rechazo y una infidelidad a Dios. Jesús nos revela "Yo soy... la Verdad...." (Jn 14,6). El discípulo de Jesús, "permanece en su palabra", para conocer "la verdad que hace libre" (cf. Jn 8, 31-32), Jesús enseña a sus discípulos el amor incondicional de la verdad.
La verdad es la rectitud de la acción y de la palabra humana, se llama veracidad, sinceridad o franqueza; es la virtud que consiste en mostrarse veraz en los propios actos y en decir verdad en sus palabras, evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía. Santo Tomás de Aquino decía que "los hombres no podrían vivir juntos si no tuvieran confianza recíproca, es decir, si no se manifestasen la verdad. En justicia, un hombre debe honestamente a otro la manifestación de la verdad".

Cristo dijo ante Pilato que había "venido al mundo; para dar testimonio de la verdad" (Jn 18,37).
El testimonio es un acto de justicia que establece o da a conocer la verdad. El cristiano no debe "avergonzarse de dar testimonio del Señor" (2 Tm 1,8).
En las situaciones que exigen dar testimonio de la fe, el cristiano debe profesarla sin ambigüedad. El martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; habla de un testimonio que llega hasta la muerte.

Toda falta cometida contra la justicia y la verdad exige el deber de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Es decir, no basta con acudir al sacramento de la reconciliación, es necesario además reparar las falta cometidas, sobre todo contra la reputación del prójimo. Este deber obliga en conciencia.

 

Pecados contra el octavo mandamiento
Son ofensas contra la verdad, por tanto pecados contra el octavo mandamiento:

  • Falso testimonio y perjurio. Es una afirmación contraria a la verdad, es más grave cuando se hace públicamente. Ante un tribunal es falso testimonio; si se pronuncia bajo juramento, es perjurio. Estas acciones van en contra de la justicia.

  • El juicio temerario, es admitir como verdadero sin tener fundamento suficiente, un defecto moral del prójimo.

  • La maledicencia, es manifestar los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran, sin razón justificada.

  • La calumnia, que consiste en dañar la reputación de otros por medio de mentiras, provocando juicios falsos con respecto a ellos. Estas tres acciones, faltan al respeto por la reputación o buen nombre de las personas, son contrarias a la justicia y a la caridad.

  • La mentira, consiste en decir falsedad con intención de engañar. Es la ofensa más directa contra la verdad. La gravedad de la mentira se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, según las circunstancias, las intenciones de quien la comete, y los daños padecidos por los que resultan perjudicados. Es un pecado mortal cuando lesiona las virtudes de la justicia y la caridad. Es funesta para la sociedad, ya que daña la confianza entre los hombres y rompe las relaciones sociales.

  • La adulación, es un pecado grave cuando alienta vicios o pecados graves del otro, pues quien adula, se convierte en cómplice. Es un pecado venial, cuando sólo desea hacerse grato, evitar un mal, remediar una necesidad u obtener ventajas legítimas.

  • La vanagloria o jactancia, que es mentir a cerca de las propias cualidades o logros; la ironía, que trata de ridiculizar intencionalmente el comportamiento de una persona. . .

 

Otras disposiciones

  • El derecho a la comunicación de la verdad está condicionado al amor fraterno, que exige en situaciones concretas, revisar si conviene o no revelar la verdad a quien la pide.

  • La caridad y el respeto a la verdad deben de tomarse en cuenta ante la petición de información o de una comunicación.

  • El secreto del sacramento de la Reconciliación -sigilo- es sagrado y no puede ser revelado por ningún motivo.

  • Los secretos profesionales y las confidencias hechas bajo secreto deben ser guardados, salvo en casos excepcionales, en los que no revelarlos podría causar algún grave daño. Todo esto se debe al respeto que todos merecen de su vida privada.

  • Los medios de comunicación social tienen el deber de dar información fundada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad, y los cristianos tienen el deber de velar porque esto se lleve a cabo. .

 

Noveno mandamiento "SÉ SIEMPRE LIMPIO DE MENTE Y CORAZÓN" (No Consentirás Pensamientos Ni Deseos Impuros)
"Habéis oído que se dijo: 'No cometerás adulterio'. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón" (MT 5,27-28)

DESEOS E INTENCIONES

La concupiscencia designa toda forma vehemente de deseo humano, contrario a la razón. San Pablo la identifica con la lucha que la "carne" sostiene con el "espíritu" (cf. Ga 5,16.17.24; Ef 2,3). Procede de la desobediencia del primer pecado. Es la inclinación del hombre a hacer el mal. San Juan distingue tres tipos de concupiscencia: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida. (cf. 1 Jn 2,16).
El corazón es el origen de las buenas o malas intenciones: "de dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones," (Mt 15,19). Es por eso que a los "limpios de corazón" Jesús les promete que "verán a Dios" (cf. Mt 5,8).
Esta bienaventuranza se refiere a los que han ajustado su inteligencia y su voluntad a la voluntad de Dios, principalmente en tres dominios: la caridad, la castidad o rectitud sexual y el amor a la verdad.
La pureza del corazón se refiere a las intenciones. Todo pecado comienza con un deseo y una intención. Es por eso que el mandamiento prohibe consentir los pensamientos y los deseos impuros; este noveno mandamiento es para "prevenir" que se quebrante el sexto.
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Obligaciones
Para luchar contra los "malos deseos", necesitamos la gracia de Dios que fortalece la voluntad para vencer al pecado y la práctica continua de las virtudes, hasta hacerlas de ellas un hábito:

    • Mediante la virtud y el don de la castidad, que permite amar con un corazón recto.

    • Mediante la pureza de intención, que consiste en buscar el fin verdadero del hombre que es hacer la voluntad de Dios.

    • Mediante la pureza de la mirada exterior e interior; es decir la disciplina de los sentidos y la imaginación; es por eso que se prohibe la pornografía, pues "la vista despierta la pasión de los insensatos" (Sab 15,5)

    • Mediante la oración; que es la "fuerza del cristiano", para pedir la asistencia del Espíritu Santo con sus dones.

    • La pureza exige el pudor. Es parte de la templanza. El pudor guarda la intimidad de la persona y rechaza mostrar lo que debe permanecer velado. Está relacionado con la castidad. Ordena las miradas y los gestos según la dignidad de las personas. Invita a la paciencia y a la moderación en la relación amorosa. Mantiene silencio y reserva donde se adivina una curiosidad malsana; se convierte en discreción. No se debe considerar al pudor como algo "pasado de moda", es una buena costumbre de quien no desea provocar pensamientos y deseos que luego puedan dañar su integridad y su dignidad de persona.

      • La pureza exige una purificación del clima social.

      • Los cristianos deben impedir a los medios de comunicación social atentar contra la pureza y pedir a los responsables de la educación que se imparta una enseñanza respetuosa de la verdad y de la dignidad del hombre.

      • Del mismo modo conviene ser cautelosos en cuanto a la permisividad de las costumbres que se basan en una concepción errónea de la libertad humana. .

 

 

Décimo mandamiento "ALÉGRATE POR LOS BIENES AJENOS Y AGRADECE LO QUE TU TIENES" (No Codiciarás los Bienes Ajenos)
El décimo mandamiento completa el noveno, al tratar sobre la concupiscencia de los ojos. Prohibe la codicia del bien ajeno, raíz del robo, de la rapiña y del fraude, prohibidos por el séptimo mandamiento. También se refiere a la intención del corazón; resumen los últimos dos mandamientos, todos los preceptos de la Ley.
Desear bienes materiales y obtenerlos con el fruto del trabajo honrado, es bueno. Lo malo es cuando ese deseo no guarda la medida de la razón y nos empuja a codiciar injustamente lo que no nos pertenece, provocando desasosiego y tristeza.

El décimo mandamiento prohibe:

  • La avaricia, que es el deseo desesperado por tener bienes materiales. Este deseo puede conducir a desear cometer injusticias o daños al prójimo con tal de obtener los bienes deseados. Puede adoptar la forma de codicia que es el deseo de querer más cada vez; o la forma de tacañería, que implica el no querer compartir los propios bienes e incluso, evitar los gastos necesarios y razonables para uno mismo.

  • La envidia, es un pecado capital. Es la tristeza que se siente ante al bien del prójimo y el deseo desesperado de poseerlo de cualquier forma. Cuando se desea un mal al prójimo por envidia, es un pecado mortal.

 

Obligaciones

      • Para luchar contra la envidia es preciso practicar la benevolencia. La envidia procede con frecuencia del orgullo, para combatirlo es necesario esforzarse por vivir en la humildad.

      • Jesús exhorta a sus discípulos a ser "Pobres de espíritu", esta bienaventuranza se refiere al desprendimiento de las riquezas, que pone como condición necesaria para entrar en el Reino de los cielos (cf. Lc 21,4).

      • Juan Pablo II, en su encíclica Solicitudo rei socialis, dice: "Los bienes de este mundo están originalmente destinados a todos. El derecho a la propiedad es válido y necesario pero no anula el valor de tal principio...".

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