SÍNTESIS DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS
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"Una vez salió
un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte
cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron.
Otra parte cayó en pedregal, donde no tenía mucha
tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra;
pero cuando salió el sol se agostó, y por no tener
raíz se secó.
Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la
ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y,
creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron
treinta, otras sesenta, otras ciento" (Mc. 4, 3-8).
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El
anuncio del Evangelio en el mundo contemporáneo.
"Una vez salió un sembrador
a sembrar" (Mc 4,3)
La semilla es la Palabra de Dios. El sembrador
es Jesucristo. Anunció el Evangelio en Palestina hace dos
mil años y envió a sus discípulos a sembrarlo
en el mundo. Jesucristo, hoy, presente en la Iglesia por medio de
su Espíritu, sigue sembrando la Palabra del Padre en el campo
del mundo.
La calidad del terreno es siempre muy variada, el Evangelio cae:
A lo largo del camino cuando no es realmente escuchado
En el pedregal, sin penetrar en la tierra, sofocándose enseguida
en el corazón de muchas personas, distraídas por mil
afanes.
Tierra buena, en hombres y mujeres abiertos a la relación
personal con Dios y solidarios con el prójimo, y da fruto
abundante.
Una mirada al mundo desde la fe
La Iglesia continúa sembrando el Evangelio de Jesús
en el gran campo de Dios. El discípulo de Jesucristo, participa
desde dentro de "los gozos y esperanzas, de las tristezas
y angustias de los hombres de nuestro tiempo", mira la
historia humana y participa en ella, no sólo con la razón
sino con la fe.
El Cristiano sabe
que en toda realidad y acontecimiento humano subyacen al mismo tiempo:
-
La acción
creadora de Dios
-
La fuerza que
proviene del pecado, que limita y entorpece al hombre
-
El dinamismo que
brota de la Pascua de Cristo, que confiere la esperanza de una
"consumación" definitiva.
El campo del mundo
Como madre de los hombres, lo primero que ve la Iglesia, con profundo
dolor, es "una multitud ingente de hombres y mujeres: niños,
adultos y ancianos, que sufren el peso intolerable de la miseria".
Ella, por medio de una catequesis en la que la enseñanza
social de la Iglesia ocupe su puesto, desea suscitar en el corazón
de los cristianos "el compromiso por la justicia" y
la "opción o amor preferencial por los pobres"
La situación religioso - moral
En la cultura actual se da una persistente difusión
de la indiferencia religiosa: "Son muchos los que, hoy en
día, se desentienden de esta íntima y vital unión
con Dios o la niegan de forma explícita"
El ateísmo, en cuanto negación de Dios, "es
uno de los fenómenos más graves de nuestro tiempo".
Adopta formas diversas, pero especialmente hoy aparece bajo la forma
del secularismo, que consiste en una visión autónoma
del hombre y del mundo "que se explica por sí mismo
sin que sea necesario recurrir a Dios".
En el ámbito específicamente religioso, se dan signos
de una "vuelta a la sagrado" y de una nueva sed
de las cosas trascendentes y divinas. El mundo actual testifica,
de una manera cada vez más amplia y viva, "el despertar
de una búsqueda religiosa".
La evangelización encuentra en el terreno religioso - moral
un campo preferente de actuación. La misión primordial
de la Iglesia, en efecto, es anunciar a Dios, ser testimonio de
El ante el mundo. Se trata de dar a conocer el verdadero rostro
de Dios y su designio de amor y de salvación a favor de los
hombres, tal como Jesús lo reveló.
La Iglesia
en el campo del mundo
La fe de los cristianos
Los discípulos de Jesús están inmersos en el
mundo como levadura pero, al igual que en todo tiempo, no quedan
inmunes de experimentar el influjo de las situaciones humanas.
La renovación catequética en la Iglesia,
durante los últimos decenios, ha dado ya frutos muy positivos.
La catequesis de niños, de jóvenes y de adultos ha
dado origen a un tipo de cristiano verdaderamente consciente de
su fe y coherente con ella en su vida. Ha favorecido en ellos, en
efecto:
-
Una nueva experiencia viva de Dios, como Padre
misericordioso.
-
Un redescubrimiento más hondo de Jesucristo,
no sólo en su divinidad, sino también en su verdadera
humanidad.
-
El sentirse, todos, corresponsables de la misión
de la Iglesia en el mundo
-
La toma de conciencia de las exigencias sociales
de la fe.
Sin embargo, ante el panorama religioso actual, se
hace necesario que los hijos de la Iglesia verifiquen ¿en
qué medida están también ellos afectados por
la atmósfera de secularismo y relativismo ético?
Un primer grupo está constituido por el gran número
de personas que recibieron el bautismo pero viven al margen de toda
la vida cristiana. Cristianos "no practicantes".
Junto a éstos, están también las "gentes
sencillas", que se expresan a menudo con sentimientos religiosos
muy sinceros y con una "religiosidad popular" muy
arraigada. Tienen una cierta fe, pero conocen poco los fundamentos
de la misma.
También existen numerosos cristianos, intelectualmente
más cultivados, pero con una formación religiosa recibida
sólo en la infancia, que necesitan replantear y madurar su
fe bajo una luz distinta.
LA SIEMBRA DEL EVANGELIO
¿Cómo leer los signos de los tiempos?
La voz del Espíritu que Jesús, de parte
del Padre, ha enviado a sus discípulos resuena también
en los acontecimientos mismos de la historia. Tras los datos cambiantes
de la situación actual, es necesario descubrir "los
signos de la presencia y del designio de Dios".
Algunos retos para la catequesis
Para poder expresar su vitalidad y eficacia, la catequesis debe
asumir, hoy, los siguientes desafíos y opciones:
-
Debe ser propuesta como un servicio fundamental,
interior a la evangelización de la Iglesia, y con un
acentuado carácter misionero.
-
Debe dirigirse a sus destinatarios de siempre,
que han sido y siguen siendo los niños, los adolescentes,
los jóvenes y los adultos, y debe hacerlo a partir, sobre
todo, de estos últimos.
-
Debe moldear la personalidad creyente y, en consecuencia,
ser una verdadera y propia escuela de pedagogía cristiana.
-
Debe anunciar los misterios esenciales del cristianismo.
Promoviendo la experiencia trinitaria de la vida en Cristo como
centro de la vida de fe.
-
Debe considerar, como tarea prioritaria, la preparación
y formación de catequistas dotados de una profunda fe.
La
catequesis en la misión evangelizadora de la Iglesia
"Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio a toda creación"
(Mc 16,15).
"Id y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y
enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado"
(Mt 28, 19-20).
"Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que
vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos… hasta
los confines de la tierra" (Hch 1,8).
El mandato misionero de Jesús
Jesús fue el primero y más grande evangelizador. Anunció
el Reino de Dios, a él dedico toda su existencia terrena:
dio a conocer el gozo de pertenecer al Reino,, sus exigencias y
su "carta magna", los misterios que encierra, la
vida fraterna de los que entran en él, y su plenitud futura.
La Revelación y su transmisión
mediante la Evangelización"Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con
toda clase de bendiciones espirituales, en Cristo…, dándonos
a conocer el misterio de su voluntad, según su designio benevolente,
que en El se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud
de los tiempos: hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza" (Ef
1, 3-10).
La Revelación del designio
benevolente de Dios
La Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II ha descrito
la Revelación como el acto por el cual Dios se manifiesta
personalmente a los hombres. Es así como realiza su designio
de amor.
Este designio benevolente del Padre, revelado plenamente
en Jesucristo, se realiza con la fuerza del Espíritu Santo.
Lleva consigo:
-
La revelación de Dios, de su verdad íntima,
de su secreto, así como de la verdadera vocación
y dignidad de la persona humana.
-
El ofrecimiento de la salvación a todos
los hombres, como don de la gracia y de la misericordia de Dios,
que implica la liberación del mal, del pecado y de la
muerte.
-
La definitiva llamada para reunir a todos los
hijos dispersos en la familia de Dios.
La Revelación: hechos
y palabras
Dios, para revelarse a la persona humana, utiliza una pedagogía:
se sirve de acontecimientos y palabras humanas para comunicar su
designio; y lo hace progresivamente, por etapas, para mejor acercarse
a los hombres.
También la evangelización, que transmite
al mundo la Revelación, se realiza con obras y palabras.
Es, a un tiempo, testimonio y anuncio, palabra y sacramento, enseñanza
y compromiso. La catequesis, debe proclamarlos y narrarlos y, a
mismo tiempo, esclarecer los profundos misterios que contienen.
Jesucristo, mediador y plenitud
de la Revelación
Dios se reveló progresivamente a los hombres, por medio de
los profetas y de los acontecimientos salvíficos, hasta que
culminó su revelación enviando a su propio Hijo.
Jesucristo no sólo es el mayor de los profetas, sino que
es el Hijo eterno de Dios hecho hombre. Él es, en efecto,
la Palabra única, perfecta y definitiva del Padre.
Es tarea propia de la catequesis mostrar quién
es Jesucristo: su vida y su misterio, y presentar la fe cristiana
como seguimiento de su persona. Para ello, ha de apoyarse continuamente
en los Evangelios, que son el corazón de toda la Escritura,
por ser el testimonio principal de la vida y doctrina de la Palabra
hecha carne, nuestro Salvador.
El hecho de que Jesucristo sea la plenitud de la
Revelación es el fundamento del "cristocentrismo"
de la catequesis: el misterio de Cristo, en el mensaje revelado,
no es un elemento más junto a otros, sino el centro a partir
del cual los restantes elementos se jerarquizan y se iluminan.
La transmisión de la
revelación por medio de la Iglesia, obra del Espíritu
Santo.
"Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al
conocimiento de la verdad" ( 1 Tm 2,4).
Para cumplir este designio divino, Jesucristo instituyó
la Iglesia sobre el fundamento de los apóstoles y, enviándoles
de parte del Espíritu Santo, les mandó predicar el
Evangelio por todo el mundo.
Esta Tradición apostólica se perpetúa
en la Iglesia y por la Iglesia. Toda ella, pastores y fieles, vela
por su conservación y transmisión. El Espíritu
Santo fecunda constantemente la iglesia en esta vivencia del Evangelio,
la hace crecer continuamente en la inteligencia del mismo, y la
impulsa y sostiene en la tarea de anunciarlo por todos los confines
del mundo.
La evangelización
La Iglesia "existe para evengelizar", esto es,
para "llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la
humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a
la misma humanidad"
El mandato misionero de Jesús comporta varios
aspectos, íntimamente unidos entre sí: "anunciad"
(Mc 16,15) "haced discípulos y enseñad",
"sed mis testigos", "bautizad", "haced
esto en memoria mía" (Lc 22,19), "amaos unos a
otros" (Jn 15,12). Anuncio, testimonio, enseñanza,
sacramentos, amor al prójimo, hacer discípulos: Todos
estos aspectos son vías y medios para la transmisión
del único Evangelio y constituyen los elementos de la evangelización.
El proceso de la evangelización
La evangelización se ha de concebir como el proceso, por
el que la Iglesia, movida por el Espíritu, anuncia y difunde
el Evangelio en todo el mundo, de tal modo que ella:
-
Impulsada por la caridad, impregna y transforma
todo el orden temporal, asumiendo y renovando las culturas.
-
Da testimonio entre los pueblos de la nueva manera
de ser y de vivir que caracteriza a los cristianos.
-
Y proclama explícitamente el Evangelio,
mediante el "primer anuncio", llamando a la
conversión.
Inicia en la fe y vida cristiana, mediante la "catequesis"
y los "sacramentos de iniciación"
a los que se convierten a Jesucristo.
-
Alimenta constantemente el don de la comunión
en los fieles, mediante la educación permanente de la
fe.
-
Y suscita continuamente la misión, al
enviar a todos los discípulos de Cristo a anunciar el
Evangelio, con palabras y obras por todo el mundo.
El ministerio de la Palabra
de Dios en la evangelización
"No hay evangelización verdadera mientras no se anuncie
el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio
de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios" (EN 22).
Las principales funciones del ministerio de la Palabra
son las siguientes:
Convocatoria y llamada a la
fe
Primer anuncio, dirigido a los no creyentes, los bautizados que
viven al margen de la vida cristiana, los que pertenecen a otras
religiones.
La función de iniciación
La Iglesia realiza esta función, fundamentalmente, por medio
de la catequesis, en íntima relación con los sacramentos
de la iniciación. Formas importantes son: la catequesis de
adultos no bautizados; la catequesis de adultos bautizados que desean
volver a la fe, o de los que necesitan completar su iniciación;
la catequesis de niños y jóvenes, que tiene de por
sí un carácter iniciatorio.
La función litúrgica
Este ministerio se expresa de modo eminente a través de la
homilía. También a la preparación inmediata
a los diversos sacramentos y a las celebraciones sacramentales,
sobre todo a la participación de los fieles en la Eucaristía.
La función teológica
Trata de desarrollar la inteligencia de la fe. Se canaliza a través
de formas que promueven "la enseñanza sistemática
y la investigación científica de las verdades de la
fe".
La conversión y la fe
La evangelización, al anunciar al mundo la Buena Nueva de
la Revelación, invita a hombres y mujeres a la conversión
y a la fe. "Convertios y creed el Evangelio" (Mc 1,15).
La fe cristiana es, ante todo, conversión a Jesucristo, adhesión
plena y sincera a su persona y decisión de caminar en su
seguimiento. La fe es un encuentro personal con Jesucristo, es hacerse
discípulo suyo.
Esto es sólo posible por la acción
del Espíritu Santo:
-
Por la fe,
-
El hombre se entrega entera y libremente a Dios
-
Y le ofrece el homenaje total de su entendimiento
y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios ha revelado.
La fe es un don de Dios. Sólo puede nacer
en el fondo del corazón humano como fruto de "la
gracia que previene y ayuda".
La Virgen María vivió de la manera
más perfecta estas dimensiones de la fe. La Iglesia venera
en ella "la realización más pura de la fe".
El proceso de conversión
permanente
En el proceso de la fe y de la conversión se pueden destacar
desde el punto de vista teológico, varios momentos importantes:
A) El interés por el Evangelio. El primer momento se produce
cuando en el corazón del no creyente, del indiferente o del
que pertenece a otra religión, brota como consecuencia del
primer anuncio, un interés por el Evangelio.
B) La conversión. Este primer interés
por el Evangelio necesita un tiempo de búsqueda. Esa búsqueda,
impulsada por la acción del Espíritu Santo, prepara
la conversión, que será ciertamente inicial, pro que
lleva consigo la adhesión a Jesucristo.
C) La profesión de fe. La catequesis les inicia
en el conocimiento de la fe y en el aprendizaje de la vida cristiana,
favoreciendo un camino espiritual que provoca un "cambio
progresivo de actitudes y costumbres"
D) El camino hacia la perfección. El bautizado,
impulsado siempre por el Espíritu, alimentado por los sacramentos,
la oración y el ejercicio de la caridad y ayudado por las
múltiples formas de educación permanente de la fe,
busca hacer suyo el deseo de Cristo: "Vosotros sed perfectos
como vuestro Padre Celestial es perfecto". Es la llamada
a la plenitud que se dirige a todo bautizado.
Naturaleza, finalidad
y tareas de la catequesis
"Que toda lengua confiese que Cristo Jesús
es Señor para gloria de Dios Padre" (Fil 2,11).
La catequesis: acción de naturaleza
eclesial
El verdadero sujeto de la catequesis es la Iglesia. La Iglesia transmite
la fe de forma activa, la siembra en el corazón de los catecúmenos
y catequizandos para que fecunde sus experiencias más hondas.
Precisamente "porque es madre es también la educadora
de nuestra fe", es madre y maestra, al mismo tiempo.
Finalidad de la catequesis: la comunión
con Jesucristo
El fin definitivo de la catequesis es poner a uno no sólo
en contacto sino en comunión, en intimidad con Jesucristo.
La catequesis se propone fundamentar y hacer madurar esta primera
adhesión. Se trata, entonces, de ayudar al recién
convertido a conocer mejor a ese Jesús en cuyas manos se
ha puesto.
La finalidad de la catequesis se expresa en la profesión
de fe en el único Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
"La catequesis tiene su origen en la confesión
de fe y conduce a la confesión de fe". Es importante
que la catequesis sepa vincular bien la confesión de fe cristológica.
"Jesús es Señor", con la confesión
trinitaria "Creo en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu
Santo".
Con la profesión de fe en el Dios único,
el cristiano renuncia a servir a cualquier absoluto humano: poder,
placer, raza, antepasado, estado, dinero…, liberándose de
cualquier ídolo que lo esclavice.
Las tareas de la catequesis
realizan su finalidad
La finalidad de la catequesis se realiza a través
de diversas tareas, para actualizarlas se inspirará en el
modo en que Jesús formaba a sus discípulos:
-
Les daba a conocer diferentes dimensiones del
Reino de Dios. (Mt 13,11)
-
Les enseñaba a orar (Lc 11,21)
-
Les inculcaba las actitudes evangélicas
(Mt 11,29)
-
Les iniciaba en la misión (Lc10,1).
El Concilio Vaticano II expresó así
estas tareas: "La formación catequética ilumina
y robustece la fe, alimenta la vida según el espíritu
de Cristo, lleva a una consciente y activa participación
del misterio litúrgico y alienta a la acción apostólica".
(CIC 788,2)
Tareas fundamentales de la
catequesis: ayudar a conocer, celebrar, vivir y contemplar el misterio
de Cristo.
Las tareas fundamentales de
la catequesis son:
Propiciar el conocimiento de la fe:
Conducir a la comprensión paulatina de toda la verdad del
designio divino. Introduciendo a los discípulos de Jesucristo
en el conocimiento de la Tradición y la Escritura.
La educación litúrgica
La comunión con Jesucristo, conduce a celebrar su presencia
salvífica en los sacramentos y principalmente en la Eucaristía.
La formación moral
La conversión a Jesucristo implica caminar en su seguimiento.
La catequesis debe, por tanto, inculcar en los discípulos
las actitudes propias del Maestro.
Los discípulos emprenden así, un camino de transformación
interior en el que, participando del misterio pascual del Señor,
"pasan del hombre viejo al hombre nuevo en Cristo".
Enseñar a orar
Aprender a orar con Jesús es orar con los mismos sentimientos
con que se dirigía al Padre: adoración, alabanza,
acción de gracias, confianza filial, súplica, admiración
por su gloria.
Cuando la catequesis está penetrada por un clima de oración,
el aprendizaje de la vida cristiana cobra toda su profundidad.
Otras tareas relevantes de la catequesis: iniciación
y educación para la vida comunitaria y para la misión.
La catequesis capacita al cristiano para vivir en comunidad y para
participar activamente en la vida y misión de la Iglesia.
La educación para la
vida comunitaria
Para este aprendizaje, la enseñanza de Jesús sobre
la vida comunitaria, recogida en el Evangelio de Mateo reclama algunas
actitudes que la catequesis deberá fomentar:
-
Espíritu de sencillez y humildad (Mt 18,3)
-
La solicitud por los más pequeños
(Mt 18,16)
-
La atención preferente a los que se han
alejado (Mt 18,12)
-
La corrección fraterna (Mt 18,15)
-
La oración en común (Mt 18,19)
-
El perdón mutuo (Mt 18,22)
-
El amor fraterno aglutina todas estas actitudes
"amaos unos a otros como yo os he amado" (Jn 13,34).
En la educación de este sentido comunitario,
la catequesis cuidará también la dimensión
ecuménica y estimulará actitudes fraternales hacia
los miembros de otras iglesias y comunidades eclesiales.
La iniciación a la
misión
Las actitudes evangélicas que Jesús sugirió
a sus discípulos, cuando les inició en la misión,
son las que la catequesis debe alimentar:
-
buscar la oveja perdida,
-
Anunciar y sanar el mismo tiempo; presentarse
a los pobres, sin oro ni alforja; saber asumir el rechazo y
la persecución;
-
Poner la confianza en el Padre y en el apoyo
del Espíritu Santo;
-
No esperar otro premio que la dicha de trabajar
por el Reino.
Mensaje
evangélico
"Padre, ésta es la vida eterna: que
te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado
Jesucristo" (Jn 17,3).
Normas y criterios para la
presentación del mensaje evangélico en la catequesis
La Palabra de Dios, fuente de la catequesis
"La catequesis extraerá siempre su contenido de la
fuente viva de la Palabra de Dios, transmitida mediante la Tradición
y la Escritura, dado que la Sagrada Tradición y la Sagrada
Escritura constituyen el único depósito sagrado de
la Palabra de Dios, confiado a la Iglesia" (CT, 27).
La fuente y "las fuentes"
del mensaje de la catequesis
La Palabra de Dios contenida en la Sagrada Tradición y en
la Sagrada Escritura:
-
Es meditada y comprendida cada vez más
profundamente por el sentido de la fe de todo el Pueblo de Dios.
-
Se celebra en la liturgia, donde constantemente
es proclamada, escuchada, interiorizada y comentada
-
Resplandece en la vida de la Iglesia, en su historia
bimilenaria, sobre todo en el testimonio de los cristianos,
particularmente de los santos.
-
Es profundizada en la investigación teológica,
que ayuda a los creyentes a avanzar en la inteligencia vital
de los misterios de la fe.
-
Se manifiesta en los genuinos valores religiosos
y morales, que, como semillas de la Palabra, están esparcidos
en la sociedad humana y en las diversas culturas.
Los criterios para la presentación
del mensaje.
Los criterios para presentar el mensaje evangélico, están
íntimamente relacionados entre sí, pues brotan de
una única fuente:
-
El mensaje centrado en la persona de Jesucristo
(cristocentrismo), introduce en la dimensión trinitaria
del mismo mensaje.
-
El anuncio de la Buena Nueva del Reino de Dios,
centrado en el don de la salvación, implica un mensaje
de liberación.
-
El carácter eclesial del mensaje remite
a su carácter histórico, pues la catequesis se
realiza en el "tiempo de la Iglesia"
-
El mensaje destinado a todos los pueblos, busca
la inculturación, la cual se logrará en profundidad
si se presenta en toda su integridad y pureza.
-
Es necesariamente un mensaje orgánico
con su jerarquía de verdades.
El cristocentrismo del mensaje
evangélico.
La tarea fundamental de la catequesis es mostrar a Cristo: todo
lo demás, en referencia a Él. Lo que, en definitiva,
busca es propiciar el seguimiento de Jesucristo, la comunión
con Él: cada elemento del mensaje tiende a ello.
El cristocentrismo, significa que Cristo está "en
el centro de la historia de la salvación", es "la
clave, el centro y el fin de toda la historia humana"
Significa, igualmente, que el mensaje evangélico no proviene
del hombre, sino que es Palabra de Dios. La Iglesia, y en su nombre
todo catequista, puede decir con verdad: "Mi doctrina no
es mía, sino del que me ha enviado".
El cristocentrismo trinitario
del mensaje evangélico.
La Palabra de Dios, encarnada en Jesús de Nazaret,
Hijo de María Virgen, es la Palabra del Padre, que habla
al mundo por medio de su Espíritu. Jesús remite constantemente
al Padre del que se sabe Hijo Único, y al Espíritu
Santo, por el que se sabe Ungido. Él es el "camino"
que introduce en el misterio íntimo de Dios.
El cristocentrismo de la catequesis, conduce a
la confesión de la fe en Dios: Padre, Hijo y Espíritu
Santo.
Un mensaje de liberación
La Buena Nueva del Reino de Dios, que anuncia la salvación,
incluye un mensaje de liberación. Al anunciar este Reino,
Jesús se dirigía de una manera muy particular a los
pobres:
"Dichosos los pobres, porque vuestro es el
Reino de Dios. Dichosos los que tenéis hambre ahora, porque
seréis saciados. Dichosos los que lloráis ahora, porque
reiréis" (Lc 6, 20-21).
Como dimensión importante de su misión,
la Iglesia "tiene el deber de anunciar la liberación
de millones de seres humanos entre los cuales hay muchos hijos suyos;
el deber de ayudar a que nazca esta liberación, de dar testimonio
de la misma, de hacer que sea total".
Igualmente, en la tarea de la iniciación a
la misión, la catequesis suscitará en los catequizandos
"la opción preferencial por los pobres" que,
lejos de ser un signo de particularismo o de sectarismo, manifiesta
la universalidad del ser y de la misión de la Iglesia.
La inculturación del
mensaje evangélico
La Palabra de Dios se hizo hombre, hombre concreto, situado en el
tiempo y en el espacio, enraizado en una cultura determinada. Esta
es la originaria "inculturación" de la Palabra
de Dios y el modelo referencial para toda la evangelización
de la Iglesia.
La inculturación de la fe, es un proceso profundo
y global un camino lento. No es una mera adaptación externa
que, para hacer más atrayente el mensaje cristiano, se limitase
a cubrirlo de manera decorativa o con un barniz superficial. Se
trata al contrario, de la penetración del Evangelio en los
niveles más profundos de las personas y de los pueblos, afectándoles
"de una manera vital, con profundidad y hasta las mismas
raíces".
Catecismo de la Iglesia
Católica
Finalidad y naturaleza del
Catecismo de la Iglesia Católica
El Magisterio de la Iglesia con el Catecismo de la Iglesia Católica
ha querido ofrecer un servicio eclesial para nuestro tiempo, reconociéndolo:
-
Instrumento válido y autorizado al servicio
de la comunión eclesial.
-
Norma segura para la enseñanza de la fe.
-
Punto de referencia para los catecismos o compendios
que se redacten en las diversas regiones. Esta destinado a "alentar
y facilitar la redacción de nuevos catecismos locales
que tengan en cuenta las diversas situaciones y culturas, pero
que guarden cuidadosamente la unidad de la fe y la fidelidad
a la doctrina católica".
La articulación del
Catecismo de la Iglesia Católica
El Catecismo de la Iglesia Católica se articula en torno
a cuatro dimensiones fundamentales de la vida cristiana: la profesión
de fe, la celebración litúrgica, la moral evangélica
y la oración. Las cuatro brotan de un mismo núcleo,
el misterio cristiano que:
-
Es el objeto de la fe
-
Es celebrado y comunicado en las acciones litúrgicas
-
Está presente para iluminar y sostener
a los hijos de Dios en su obrar
-
Es el fundamento de nuestra oración, cuya
expresión privilegiada es el "Padre Nuestro",
y que constituye el objeto de nuestra petición, nuestra
alabanza y nuestra intercesión.
Esta articulación desarrolla los aspectos
esenciales de la fe:
-
Creer en Dios creador, Uno y Trino, y en su designio
salvífico.
-
Ser santificado por Él en la vida sacramental
-
Amarle con todo el corazón y amar al prójimo
como a sí mismo
-
Orar esperando la venida de su Reino y el encuentro
cara a cara con Él
La inspiración del Catecismo de la Iglesia
Católica: El cristocentrismo trinitario y la sublimidad de
la vocación de la persona humana.
El eje central de la articulación del CIC es Jesucristo,
"camino, verdad y vida" (Jn 14,6). Centrado en
Jesucristo, se abre en dos direcciones: hacia Dios y hacia la persona
humana.
La profesión de fe, la liturgia, la moral
evangélica y la oración tienen, en el CIC, una inspiración
trinitaria, que atraviesa toda la obra como hilo conductor.
El misterio de la persona humana es presentado por
el CIC a lo largo de sus páginas y, sobre todo, en algunos
capítulos especialmente significativos: "El hombre
es capaz de Dios", "La creación del hombre",
"El Hijo de Dios se hizo hombre", "La vocación
del hombre: la vida en el Espíritu" y otros más.
En verdad, toda la doctrina del CIC, queda sintetizada en este pensamiento
conciliar: "Jesucristo, en la misma revelación del
Padre y de su amor, manifiesta plenamente lo que es el hombre al
propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación".
La Sagrada Escritura, el Catecismo
de la Iglesia Católica y la catequesis
La Sagrada Escritura y el CIC se presentan como dos puntos de referencia
para inspirar toda la acción catequizadora de la Iglesia
en nuestro tiempo:
La Sagrada Escritura, como "Palabra de Dios está
escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo"
y el CIC, como expresión relevante actual de la Tradición
viva de la Iglesia y norma segura para la enseñanza de la
fe, están llamados, cada uno a su modo y según su
específica autoridad, a fecundar la catequesis en la Iglesia
contemporánea.
La catequesis transmite el contenido de la Palabra de Dios, según
las dos modalidades con que la Iglesia lo posee, lo interioriza
y lo vive: como narración de la Historia de la Salvación
y como explicitación del Símbolo de la fe.
La catequesis, en definitiva, no es otra cosa que la transmisión,
vital y significativa, de estos documentos de la fe.
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