SÍNTESIS DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS
Segunda parte
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"Una vez salió
un sembrador a sembrar. Y sucedió que, al sembrar, una parte
cayó a lo largo del camino; vinieron las aves y se la comieron.
Otra parte cayó en pedregal, donde no tenía mucha
tierra, y brotó enseguida por no tener hondura de tierra;
pero cuando salió el sol se agostó, y por no tener
raíz se secó.
Otra parte cayó entre abrojos; crecieron los abrojos y la
ahogaron, y no dio fruto. Otras partes cayeron en tierra buena y,
creciendo y desarrollándose, dieron fruto; unas produjeron
treinta, otras sesenta, otras ciento" (Mc. 4, 3-8).
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La
pedagogía de la fe.
"Cuando quedó a solas, los que le seguían
a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. Él
les dijo: A vosotros se os ha dado el misterio del Reino de Dios.
A sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado"
(Mc 4,10-11.34).
La pedagogía de Dios, fuente y modelo
de la pedagogía de la fe
La pedagogía de Dios
La salvación de la persona, que es el fin de la revelación,
se manifiesta también como fruto de una original y eficaz
"Pedagogía de Dios" a lo largo de la historia.
La Sagrada Escritura
nos presenta a Dios como un padre misericordioso, un maestro, un
sabio que toma a su cargo a la persona - individuo y comunidad -
en las condiciones que se encuentra, la libera de los vínculos
del mal, la atrae hacia sí con lazos de amor. A este fin,
como educador genial y previsor, Dios transforma los acontecimientos
de la vida de su pueblo en lecciones de sabiduría adaptándose
a las diversas edades y situaciones de vida.
En realidad, favorecer
el encuentro de una persona con Dios, que es tarea del catequista,
significa poner en el centro y hacer propia la relación que
Dios tiene con la persona y dejarse guiar por Él.
Pedagogía de Cristo.
Con las palabras,
signos, obras de Jesús, a lo largo de toda su breve pero
intensa vida, los discípulos tuvieron la experiencia directa
de los rasgos fundamentales de la "pedagogía de Jesús",
consignándolos después en los evangelios: la acogida
del otro, en especial del pobre, del pequeño, del pecador
como persona amada y buscada por Dios; el anuncio genuino del Reino
de Dios como buena noticia de la verdad y misericordia del Padre;
un estilo de amor tierno y fuerte que libera del mal y promueva
la vida; la invitación apremiante a un modo de vivir sostenido
por la fe en Dios, la esperanza en el Reino y la caridad hacia el
prójimo. Invitando a los discípulos a seguirle totalmente
y sin condiciones.
Cristo les enseña
la pedagogía de la fe en la medida en que comparten plenamente
su misión y destino.
La pedagogía de la Iglesia
Desde sus comienzos
la Iglesia, que es "en Cristo como un sacramento",
vive su misión en continuidad visible y actual con la pedagogía
del Padre y del Hijo. Ella, "siendo nuestra Madre es también
educadora de nuestra fe".
La Iglesia ha generado
a lo largo de los siglos un incomparable patrimonio de pedagogía
de la fe: sobre todo el testimonio de las catequistas y de los catequistas
santos; una variedad de vías y formas originales de comunicación
religiosa como el catecumenado, los catecismos, los itinerarios
de vida cristiana.
La pedagogía divina, acción
del Espíritu Santo en todo cristiano
En la escuela de la
Palabra de Dios acogida en la Iglesia, gracias al don del Espíritu
Santo enviado por Cristo, el discípulo crece como su Maestro
en "sabiduría, edad y gracia ante Dios y ante los
hombres" (Lc 2,52).
Se puede decir que la pedagogía de Dios alcanza su meta cuando
el discípulo llega "al estado de hombre perfecto,
a la madurez de la plenitud de Cristo. Por eso no se puede ser maestro
y pedagogo de la fe de otros, si no se es discípulo convencido
y fiel de Cristo en su Iglesia".
Elementos
de metodología
La diversidad de métodos
en la catequesis
En la transmisión de la fe, la Iglesia no tiene de por sí
un método propio ni único, sino que, a la luz de la
pedagogía de Dios, discierne los métodos de cada época,
asume con libertad de espíritu "todo cuanto hay de
verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable,
todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio" (Flp 4,8).
Método inductivo y deductivo
El método inductivo consiste en la presentación de
hechos (acontecimientos bíblicos, actos litúrgicos,
hechos de la vida de la Iglesia y de la vida cotidiana) a fin de
descubrir en ellos el significado que pueden tener en la Revelación
divina. Lleva al conocimiento de las cosas inteligibles a través
de las cosas visibles.
El método inductivo no excluye, más bien exige el
método deductivo, que explica y describe los hechos procediendo
desde sus causas. Pero la síntesis deductiva tendrá
pleno valor sólo cuando se ha hecho el proceso inductivo.
La experiencia humana en la
catequesis
La experiencia ejerce diversas funciones en la catequesis, a la
luz de las cuales la existencia misma debe ser siempre debidamente
valorada:
-
Hace que nazcan en el hombre intereses, interrogantes,
esperanzas e inquietudes, reflexiones y juicios, que confluyen
en un cierto deseo de transformar la existencia.
-
Ayuda a ser inteligible el mensaje cristiano.
Esto se ajusta al modo de obrar de Jesús, que se sirvió
de experiencias y situaciones humanas para anunciar realidades
escatológicas y transcendentes.
-
Indican que la experiencia asumida por la fe
viene a ser en cierto modo ámbito n el que se manifiesta
y realiza la salvación, en la que Dios, de acuerdo con
la pedagogía de la encarnación, se acerca al hombre
con su gracia y lo salva.
La memorización en la
catequesis
La catequesis está vinculada a la "Memoria"
de la Iglesia que mantiene viva entre nosotros la presencia del
Señor. El ejercicio de la memoria, es un elemento constitutivo
de la pedagogía de la fe. Para superar los riesgos de la
memorización mecánica, el ejercicio de la memoria
ha de integrarse armónicamente entre las diversas funciones
del aprendizaje, tales como la espontaneidad y la reflexión,
los momentos de diálogo y de silencio, la relación
oral y el trabajo escrito.
Se han de considerar oportunamente como objeto de memoria las principales
fórmulas de la fe, es necesario que tales fórmulas,
propuestas como síntesis después de una previa explicación.
Función del catequista
Ningún método, por experimentado que sea, exime al
catequista del trabajo personal en ninguna de las fases del proceso
de la catequesis.
El catequista es un mediador que facilita la comunicación
entre las personas y el misterio de Dios, así como la de
los hombres entre sí y con la comunidad.
Los
destinatarios de la catequesis
El Reino interesa a todos
Al comienzo de su ministerio, Jesús proclama
que ha sido enviado a anunciar a los pobres la buena noticia; dando
a entender y confirmándolo después con su vida, que
el Reino de Dios está destinado a todos los hombres, primordialmente
a los más necesitados.
Se muestra disponible a cada persona y se interesa
por las necesidades de cada uno: las del alma y las del cuerpo,
sanando y perdonando, corrigiendo y animando con palabras y hechos.
Jesús concluye su vida terrena invitando a
sus discípulos a hacer los mismo, a predicar el Evangelio
a toda criatura. Esta es la misión que la Iglesia lleva a
cabo desde hace dos mil años, con una inmensa variedad de
modalidades de anuncio y catequesis, urgida continuamente por el
Espíritu de Pentecostés para llegar con el Evangelio
"a los griegos y a los bárbaros, a los sabios y a los
ignorantes".
La adaptación al destinatario
Necesidad y derecho de todo
creyente a ser catequizado
Todo bautizado, por estar llamado por Dios a la madurez de la fe,
tiene necesidad y, por lo mismo, derecho a una catequesis adecuada.
Por ello la Iglesia tiene el deber de darle respuesta de forma conveniente
y satisfactoria.
En el proceso de la catequesis, el destinatario ha
de tener la posibilidad de manifestarse activa, consciente y corresponsablemente
y no como simple receptor silencioso y pasivo.
Necesidad y derecho de la comunidad
La catequesis tiene como destinatario a la comunidad
cristiana en cuanto tal y a cada uno de sus miembros en particular.
Por tanto, la necesaria adaptación del Evangelio afecta y
atañe también a la comunidad como tal.
La adaptación tiene
en cuenta las diversas circunstancias
La adaptación se realiza de acuerdo con las
diversas circunstancias en que se transmite la Palabra de Dios.
Responde a "las exigencias que dimanan de las diferentes
culturas, de edades, de la vida espiritual, de situaciones sociales
y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis".
Se ha de tener en cuenta a la persona en su totalidad y en su unidad
esencial.
Por eso la catequesis no se queda sólo en la consideración
de los elementos exteriores de una situación concreta, sino
que tiene presente también el mundo interior de las personas,
la verdad sobre el ser humano.
La catequesis por edades
La Catequesis de los adultos
La transmisión del mensaje de la fe a los
adultos ha de tener muy en cuenta las experiencias vividas, los
condicionamientos y los desafíos que tales adultos encuentran.
Cabe distinguir entre:
-
Adultos creyentes, que viven con coherencia su
opción de fe y desean sinceramente profundizar en ella.
-
Adultos bautizados que no recibieron una catequesis
adecuada; o que no han culminado realmente la iniciación
cristiana.
-
Adultos no bautizados, que necesitan, en sentido
propio, un verdadero catecumenado.
-
Adultos que provienen de confesiones cristianas
no en plena comunión con la Iglesia Católica.
Elementos y criterios propios
de la catequesis de adultos
La catequesis de adultos debe identificar claramente
los rasgos propios del cristiano adulto en la fe, traducir estos
rasgos en objetivos y contenidos, determinar algunas constantes
en la exposición, establecer las indicaciones metodológicas
más eficaces, escoger formas y modelos. Merece atención
especial la figura y la identidad del catequista de adultos y su
formación.
Entre los criterios que aseguran de modo eficaz una
catequesis de adultos, auténtica y eficaz, hay que recordar:
-
La atención a los destinatarios en cuanto
adultos, teniendo en cuenta sus problemas y experiencias, sus
capacidades espirituales y culturales, con pleno respeto a las
diferencias.
-
La atención a la condición laical
de los adultos, que por el Bautismo tienen la misión
de "buscar el Reino de Dios ocupándose de las
realidades temporales y ordenándolas según Dios"
y asimismo que están llamados a la santidad.
-
La atención por despertar el interés
de la comunidad, para que sea lugar de acogida y ayuda de los
adultos.
Cometidos generales y particulares
de la catequesis de adultos
-
Promover la formación y la maduración
de la vida en el Espíritu de Cristo Resucitado, con medios
adecuados como son la pedagogía sacramental, los retiros,
la dirección espiritual.
-
Educar para juzgar con objetividad los cambios
socio - culturales de nuestra sociedad a la luz de la fe.
-
Dar respuestas a los interrogantes religiosos
y morales de hoy.
Esclarecer las relaciones existentes entre acción temporal
y acción eclesial.
-
Desarrollar los fundamentos racionales de la
fe.
-
Formar para asumir responsabilidades en la misión
de la Iglesia y para saber dar testimonio cristiano en la sociedad.
CATEQUESIS DE LA INFANCIA Y
DE LA NIÑEZ
Situación e importancia
de la infancia y de la niñez
Esta etapa de la vida, en la que tradicionalmente se distingue la
primera infancia o edad preescolar de la niñez, se caracteriza
por tener la gracia de una vida que comienza. El niño, hijo
de Dios por el don del Bautismo, es considerado por Cristo miembro
privilegiado del Reino de Dios.
Hoy, tal vez más que en otro tiempo, el niño
necesita pleno respeto y ayuda para su crecimiento humano y espiritual;
también está necesitado de la catequesis. En efecto
quienes le han dado la vida, enriqueciéndola con el don del
Bautismo, tienen el deber de seguir alimentándola continuamente.
Características de esta
catequesis
Se pueden indicar algunas características
de especial importancia de valor universal:
-
La infancia y la niñez, representan el
tiempo de la llamada primera socialización y de la educación
humana y cristiana en la familia y por eso hay que considerarlas
como un momento decisivo para el futuro de la fe.
-
La educación a la oración y la
iniciación a la Sagrada Escritura, son aspectos centrales
de la formación cristiana de los pequeños.
-
Hay que tener en cuenta la importancia de dos
ámbitos educativos:
la familia y la escuela.
Niños sin apoyo religioso
familiar o que no frecuentan la escuela
Existen también, y en no pequeña medida, niños
con graves carencias, en la medida en que les falta un apoyo religioso
familiar adecuado, o por no tener una verdadera familia, o por no
frecuentar la escuela. Muchos ni siquiera están bautizados.
Corresponde a la comunidad cristiana suplir con generosidad,
competencia y de modo realista estas carencias, tratando de dialogar
con las familias, proponiendo formas apropiadas de educación
escolar y llevando a cabo una catequesis proporcionada a las posibilidades
y necesidades concretas de esos niños.
LA CATEQUESIS DE LOS JÓVENES
Preadolescencia, adolescencia
y juventud
Se ha de observar que la crisis espiritual y cultural,
que está afectando al mundo, tiene en las generaciones jóvenes
sus primeras víctimas.
A este respecto, la experiencia muestra que es útil para
la catequesis distinguir en esas edades entre preadolescencia, adolescencia
y juventud, sirviéndose oportunamente de los resultados de
la investigación científica y de las condiciones de
vida en los distintos países.
Actualmente, con frecuencia los catequizandos de
esta edad, al recibir el sacramento de Confirmación, concluyen
también el proceso de iniciación sacramental, pero
a la vez tiene lugar su alejamiento casi total de la práctica
de la fe.
La importancia de la juventud
para la sociedad y para la Iglesia
La Iglesia, que ve a los jóvenes como "la
esperanza", los contempla hoy como "un gran desafío
para el futuro de la Iglesia".
El rápido y tumultoso cambio cultural y social, la falta
de trabajo y las presiones de la sociedad de consumo.. Todo ayuda
a perfilar el mundo de los jóvenes como el tiempo de espera,
a veces de desencanto y de insatisfacción. En los jóvenes
se refleja a menudo la falta de apoyo espiritual y moral de las
familias y la precariedad de la catequesis recibida.
Por otro lado, en numerosos jóvenes se descubre
una fuerte e impetuosa tendencia a la búsqueda de sentido
de la vida, a la solidaridad, al compromiso social, e incluso a
la misma experiencia religiosa.
De aquí se desprenden algunas consecuencias
para la catequesis:
La propuesta explícita de Cristo al joven
del Evangelio es el corazón de la catequesis, propuesta dirigida
a todos los jóvenes y a su medida, en la comprensión
atenta de sus problemas. En el Evangelio, los jóvenes aparecen
de hecho como interlocutores directos de Jesucristo que les revela
su "singular riqueza".
Por eso no debe verse a los jóvenes sólo
como objeto de la catequesis, sino como "sujetos activos,
protagonistas de la evangelización y artífices de
la renovación social"
Características de la
catequesis para jóvenes
Se ha de tener presente las diferentes situaciones
religiosas; jóvenes no bautizados; jóvenes bautizados
que no han realizado el proceso catequético ni completado
la iniciación cristiana; jóvenes que atraviesan crisis
de fe a veces graves.
La catequesis que se puede llevar a cabo al interior
de una pastoral más amplia de preadolescentes, adolescentes
y jóvenes orientada al conjunto de problemas que afectan
a sus vidas.
Una acción de grupo bien orientada, una pertenencia
a asociaciones juveniles de carácter educativo, y un acompañamiento
personal del joven, en el que destaca la dirección espiritual.
En general se ha de proponer a los jóvenes
una catequesis con itinerarios nuevos, abiertos a la sensibilidad
y a los problemas de esa edad. En particular, deben ocupar un puesto
adecuado, la educación para la verdad y la libertad según
el Evangelio, la formación de la conciencia, la educación
para el amor, el planteamiento vocacional, el compromiso cristiano
en la sociedad y la responsabilidad misionera en el mundo.
CATEQUESIS DE LOS ANCIANOS
La tercera edad, don de Dios
a la Iglesia
Las personas de esta edad, a veces considerados como
objeto pasivo, más o menos molesto, es necesario, sin embargo,
verlas a la luz de la fe, como un don de Dios a la Iglesia y a la
sociedad, a las que hay que dedicarles también el cuidado
de una catequesis adecuada.
Se ha de tener en cuenta la diversidad de situaciones
personales, familiares, sociales en particular, la situación
de soledad y el riesgo de marginación.
Catequesis de la plenitud y
de la esperanza
-
El anciano puede haber llegado a esta edad con
una fe sólida y rica, entones la catequesis ayudará
a seguir recorriendo el camino en actitud de acción de
gracias y de espera confiada
-
Otros viven una fe más o menos oscurecida
y una débil práctica cristiana, entones la catequesis
aportará una luz y experiencia religiosa nuevas
-
A veces el anciano llega a su dad con profundas
heridas en el alma y en el cuerpo, la catequesis le ayudará
a vivir su situación en actitud de invocación,
de perdón de paz interior.
En cualquier caso, la condición del anciano reclama una
catequesis de esperanza que proviene de la certeza del encuentro
definitivo con Dios.
Catequesis
para situaciones especiales, mentalidad y ambientes
La catequesis de discapacitados
e inadaptados.
El amor del Padre hacia sus hijos más débiles
y la continua presencia de Jesús con su Espíritu,
dan fe de que toda persona, por limitada que sea, es capaz de crecer
en santidad.
La educación de la fe, que corresponde ante
todo a la familia, requiere itinerarios adecuados y personalizados.
Por otra parte, se debe evitar el riesgo de que esta catequesis
tan especializada acabe situándose al margen de la pastoral
comunitaria.
La Catequesis de los marginados
La garantía de que se actúa acertadamente
cuando se catequiza en estos ámbitos no fáciles nos
viene de la palabra solemne de Jesús, quien reconoce como
hecho a Sí mismo el bien que se hace a "estos pequeños
hermanos". Signos permanentes de la vitalidad de la catequesis
son la capacidad para distinguir la diversidad de situaciones de
cada persona; valorar los encuentros personales. La comunidad debe
apoyar fraternalmente a los catequistas dedicados a este servicio.
La catequesis para grupos diferenciados
La catequesis se encuentra hoy ante personas que,
por su profesión específica y, más ampliamente
por su situación cultural, requieren itinerarios especiales.
Tal es el caso de la catequesis del mundo obrero, de las profesiones
liberales, de los artistas, de los hombres de ciencia, de la juventud
universitaria.
Todos estos sectores necesitan lenguaje adaptado
a los destinatarios, manteniendo una plena fidelidad al mensaje
que se quiere transmitir.
La catequesis según
ambientes
La educación de la fe hoy ha de tener muy
en consideración los ambientes o contextos de vida. En general
y a modo de ejemplo, conviene recordar dos ambientes de la mayor
importancia, el rural y el urbano, que exigen formas diferenciadas
de catequesis
-
La catequesis en el medio rural ha de reflejar
las necesidades el mismo ámbito, necesidades que con
frecuencia están unidas a la pobreza y a la miseria,
y a veces a miedos y supersticiones; pero también el
ambiente rural es rico en experiencias de sencillez, de confianza
en la vida, de sentido de solidaridad, de fe en Dios y fidelidd
a las tradiciones religiosas.
-
La catequesis en el medio urbano ha de tener
en cuenta una amplia variedad de situaciones, que van desde
las de bienestar a la pobreza y marginación.
Para cada uno de estos ambientes habrá que
pensar en un servicio específico de ecuación de la
fe, estimulado a catequistas preparados, creando instrumentos y
materiales y usando de los recursos que proporcionan los medios
de comunicación.
CATEQUESIS SEGÚN EL
CONTEXTO SOCIO - RELIGIOSO
La catequesis en relación con la religiosidad
popular
En las comunidades cristianas existen expresiones
particulares de búsqueda de Dios y de vida religiosa, cargadas
de fervor y de pureza de intención a veces conmovedoras,
que bien cabe llamar "piedad popular".
Se requiere, pues, una catequesis que, asumiendo
tal riqueza religiosa, sea capaz de percibir sus dimensiones interiores
y sus valores innegables, ayudándola a superar los riesgos
de fanatismo, de superstición, de ignorancia religiosa. "Bien
orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más,
para nuestras masas populares, un verdadero encuentro con Dios en
Jesucristo".
También la veneración de los fieles
a la Madre de Dios ha asumido formas múltiples, según
las circunstancias de lugar y de tiempo. Las formas en las que esta
piedad mariana se ha expresado, sujetas al desgaste del tiempo,
se muestran necesitadas de una catequesis renovada que permita que
los elementos caducos sean sustituidos.
Tal catequesis es sumamente necesaria. Y se caracterizará
claramente por su dimensión trinitaria, cristológica
y eclesial.
La catequesis en un contexto
ecuménico
Toda comunidad cristiana, por el hecho de serlo,
es movida por el Espíritu Santo a reconocer su vocación
ecuménica, participando en el diálogo ecuménico
y en las iniciativas a realizar la unidad de los cristianos.
Por ello, la catequesis está llamada a sumir siempre y en
todas partes una "dimensión ecuménica".
Esta se llevará a cabo mediante:
-
La exposición de toda la Revelación,
cuyo depósito custodia la Iglesia Católica, respetando
la jerarquía de verdades
-
Ha de poner de manifiesto la unidad de fe que
existe entre los cristianos y, al mismo tiempo, explicar las
divisiones que aún perduran y los pasos a dar para superarlas.
-
Ha de suscitar y alimentar un deseo sincero de
unidad, en particular mediante el amor a la Sagrada Escritura
-
Se ha de esforzar en preparar a los niños,
jóvenes y adultos, a vivir en contacto con hermanos y
hermanas de otras confesiones, cultivando la propia identidad
católica en el respeto a la fe de los demás.
La catequesis en el contexto
de otras religiones
La catequesis ha de ayudar a profundizar y robustecer
la identidad de los bautizados, en especial donde están en
minoría, mediante una adaptación o inculturación
conveniente, en una confrontación necesaria entre el Evangelio
de Jesucristo y el mensaje de las otras religiones.
Ha de ayudar a tomar conciencia de la presencia de
otras religiones. A la vez de capacitar a los fieles a discernir
en ellas los elementos que entran en confrontación con el
mensaje cristiano, la catequesis ha de educar también para
descubrir las semillas del Evangelio.
Ha de promover en todos los creyentes un vivo sentido
misionero.
La catequesis en relación con los "nuevos movimientos
religiosos"
En un clima de relativismo religioso y cultural, y a veces también
a causa de la conducta no recta de los cristianos, proliferan hoy
"nuevos movimientos religiosos", llamados también
sectas o cultos, con multitud de nombres y de
tendencias, difíciles de clasificar. Cabe distinguir movimientos
de matriz cristiana, otros derivados de religiones orientales y
otros vinculados a tradiciones esotéricas.
La razón de la preocupación estriba
en que sus doctrinas y prácticas de vida se alejan de los
contenidos de la fe cristiana.
Por ello es necesario promover, a favor de los cristianos cuya fe
está en peligro, el "esfuerzo de una evangelización
y una catequesis integral y sistemática, a la que ha de acompañar
el testimonio".
La Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual que ofrecer a
la humanidad: Cristo, que se proclama "el camino, la verdad
y la vida" (Jn 14,61)
El ministerio de la
catequesis en la Iglesia Particular y sus agentes
La Iglesia particular
El anuncio, la transmisión y la vivencia del
Evangelio, se realizan en el seno de una Iglesia particular o diócesis.
La Iglesia particular está constituida por la comunidad de
los discípulos de Jesucristo que viven en un espacio socio-cultural
determinado.
En cada Iglesia particular "se hace presente
la Iglesia universal, con todos sus elementos esenciales" Realmente
la Iglesia universal, fecundada como primera célula el día
de Pentecostés por el Espíritu Santo, "da
a luz a las Iglesias particulares como hijas y se expresa en ellas"
La catequesis es una acción evangelizadora
básica de toda Iglesia particular. Mediante ella, la diócesis
ofrece a todos sus miembros y a todos los que se acercan con el
deseo de entregarse a Jesucristo, un proceso formativo que les permita
conocer, celebrar, vivir y anunciar el Evangelio dentro de su propio
horizonte cultural.
El ministerio de la catequesis
en la Iglesia particular
En el conjunto de ministerios y servicios, con los
que la Iglesia particular realiza su misión evangelizadora,
ocupa un lugar destacado el ministerio de la catequesis. En el cabe
señalar los rasgos siguientes:
a) En la Diócesis la catequesis es un servicio
único, realizado de modo conjunto por presbíteros,
diáconos, religiosos y laicos, en comunión con el
Obispo. Toda la comunidad cristiana debe sentirse responsable de
este servicio.
b) Se trata, por otra parte, un servicio eclesial,
indispensable para el crecimiento de la Iglesia. No es una acción
que pueda realizarse en la comunidad a título privado o por
iniciativa puramente personal.
c) Tiene un carácter propio. La tarea del
catequista, como educador de la fe, difiera de la de otros agentes
de la pastoral (litúrgica, social), aunque, obviamente, ha
de actuar en coordinación con ellos.
d) Necesita contar con otros agentes, no necesariamente
catequistas directos, que apoyen y respalden la actividad catequética
realizando tareas que son imprescindibles, como: la formación
de catequistas, la elaboración de materiales, la reflexión,
la organización y planificación.
El Obispo, primer responsable
de la catequesis en la Iglesia particular
"Entre las principales tareas de los obispos
destaca la predicación del Evangelio" (LG 25) son
ante todo, "pregoneros de la fe"
Los obispos son "los primeros responsables
de la catequesis, los catequistas por excelencia".
Esta preocupación por la actividad catequética llevará
al obispo a asumir "la alta dirección de la catequesis"
en la Iglesia particular, lo que implica entre otras cosas:
-
Asegurar en su Iglesia la prioridad efectiva
de una catequesis activa y eficaz.
-
Ejercer la solicitud por la catequesis con una
intervención directa en la transmisión del Evangelio
a los fieles.
-
Suscitar y mantener una verdadera mística
de la catequesis que se encarne en una organización adecuada
y eficaz.
-
Cuidar de que "los catequistas se preparen
de la forma debida para su función, de suerte que conozcan
con claridad la doctrina de la Iglesia y aprendan teórica
y prácticamente las leyes psicológicas y las disciplinas
pedagógicas"
-
Establecer en la diócesis un proyecto
global de catequesis, articulado y coherente, que responda a
las verdaderas necesidades de los fieles y que esté convenientemente
ubicado en los planes pastorales diocesanos.
Los presbíteros, pastores
y educadores de la comunidad cristiana
"Por el sacramento del Orden, los presbíteros
se configuran con Cristo sacerdote, como ministros de la Cabeza,
para construir y edificar todo su cuerpo que es la Iglesia, como
cooperadores del orden episcopal".
Tratan por ello, de que los fieles de la comunidad
se formen adecuadamente y alcancen la madurez cristiana. Sabiendo,
que su "sacerdocio ministerial", está al
servicio del "sacerdocio común de los fieles".
Los presbíteros llevan a cabo, de esta manera,
la recomendación del Concilio Vaticano II, cuando les pide
que "reconozcan y promuevan la dignidad de los laicos y
la parte que les corresponde en la misión de la Iglesia"
Tareas propias del presbítero
en la catequesis y particularmente del párroco:
-
Suscitar en la comunidad cristiana el sentido
de la común responsabilidad hacia la catequesis, así
como el reconocimiento y aprecio hacia los catequistas y su
misión.
-
Cuidar la orientación de fondo de la catequesis
y su adecuada programación, contando con la participación
activa de los catequistas y tratando de que esté "bien
estructurada y bien orientada"
-
Fomentar y discernir vocaciones para el servicio
catequético y, como catequista de catequistas, cuidar
la formación de éstos, dedicando a esta tarea
sus mejores desvelos.
-
Integrar la acción catequética
en el proyecto evangelizador de la comunidad y cuidar, en particular,
el vínculo entre catequesis, sacramentos y liturgia.
-
Garantizar la vinculación de la catequesis
de su comunidad con los planes pastorales diocesanos.
Los padres de familia, primeros
educadores de la fe de sus hijos
Los hijos perciben y viven gozosamente la cercanía
de Dios y de Jesús que los padres manifiestan, hasta el punto,
que esta primera experiencia cristiana deja frecuentemente en ellos
una huella decisiva que dura toda la vida. Este despertar religioso
infantil en el ambiente familiar tiene, por ello, un carácter
insustituible.
Los padres reciben en el sacramento del matrimonio
la gracia y la responsabilidad de la educación cristiana
de sus hijos, a los que testifican y transmiten a la vez los valores
humanos y religiosos.
Por ello es preciso que la comunidad cristiana preste una atención
especialísima a los padres. Mediante contactos personales,
encuentros, cursos e, incluso, mediante una catequesis de adultos
dirigida a los padres, ha de ayudarles a asumir la tarea hoy especialmente
delicada, de educar en la fe a sus hijos.
Los religiosos en la catequesis
La aportación peculiar de los religiosos,
de las religiosos y de los miembros de sociedades de vida apostólica
a la catequesis, brota de su condición específica.
En la acción catequética diocesana,
su aportación original y específica nunca podrá
ser suplida por la de los sacerdotes y laicos. Esta contribución
original brota del testimonio público de su consagración,
que les convierte en signo viviente de la realidad del Reino.
Los catequistas laicos
Los laicos ejercen la catequesis desde su inserción
en el mundo, compartiendo todo tipo de tareas con los demás
hombres y mujeres, aportando a la transmisión del Evangelio
una sensibilidad y unas connotaciones específicas.
En efecto, al vivir la misma forma de vida que aquellos
a quienes catequizan, los catequistas laicos, tienen una especial
sensibilidad para encarnar el Evangelio en la vida concreta de los
seres humanos.
Diversos tipos de catequista,
hoy especialmente necesarios.
-
Los catequistas de tierras de misión:
sin ellos no se habrían edificado Iglesias hoy florecientes.
En algunas iglesias con gran escasez de clero, se deja sentir
la necesidad de una figura en cierto modo análoga a la
del catequista de tierras de misión. Se trata de hacer
frente a necesidades imperiosas: la animación comunitaria
de pequeñas poblaciones rurales, carentes de la presencia
asidua del sacerdote.
-
Catequista de jóvenes y adultos: se hacen
imprescindibles para animar procesos de catequesis de iniciación.
Estos deben atender también a la catequesis permanente.
-
Catequista de niños y adolescentes: con
la delicada misión de inculcar "las primeras
nociones de catequesis y preparar para los sacramentos de la
Reconciliación, Primera Comunión y Confirmación".
-
Catequista para encuentros pre sacramentales:
Destinado al mundo de los adultos, con ocasión del Bautismo
o de la Primera comunión de los hijos, o con motivo del
sacramento del Matrimon
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Catequistas para la tercera edad, para personas
desadaptadas y discapacitadas: que necesitan una presentación
del Evangelio adaptada a sus condiciones y una pedagogía
catequética especial.
La
formación para el servicio de la catequesis
La pastoral de catequistas
en la Iglesia particular
Para el buen funcionamiento del ministerio catequético
en la Iglesia particular es preciso contar ante todo, con una adecuada
pastoral de los catequistas. Se ha de tratar en efecto de:
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Suscitar en las parroquias y comunidades cristianas
vocaciones para la catequesis. Las necesidades de catequización
son cada vez más diferenciadas hay que promover diferentes
tipos de catequistas.
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Promover un cierto número de "catequistas
a tiempo pleno" que puedan dedicarse a la catequesis
de manera más intensa y estable.
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Establecer una distribución más
equilibrada de los catequistas entre los sectores de destinatarios
que necesitan catequesis.
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Promover animadores responsables de la acción
catequética que asuman responsabilidades en el nivel
diocesano, zonal o parroquial.
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Organizar adecuadamente la formación de
los catequistas, tanto en lo que concierne a la formación
básica inicial como a la formación permanente.
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Cuidar la atención personal y espiritual
de los catequistas y del grupo de catequistas como tal.
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Coordinar a los catequistas con los demás
agentes de pastoral en las comunidades cristianas a fin de que
el grupo de catequistas no quede aislado de la vida de la comunidad.
Importancia de la formación
de los catequistas
Cualquier actividad pastoral que no cuente para su
realización con personas verdaderamente formadas y preparadas,
pone en peligro su calidad. Por tanto la adecuada formación
de los catequistas no puede ser descuidada a favor de la renovación
de los textos y de una mejor organización de la catequesis.
Finalidad y naturaleza de la
formación de los catequistas
La finalidad cristocéntrica de la catequesis,
lo que persigue, en efecto, no es otra cosa que lograr que el catequista
pueda animar eficazmente un itinerario catequético en el
que, mediante las necesarias etapas. Anuncie a Jesucristo; dé
a conocer su vida, enmarcándola en el conjunto de la Historia
de la Salvación; explique su misterio de Hijo de Dios, hecho
hombre por nosotros; y ayude, finalmente, al catequizando a identificarse
con Jesucristo en los sacramentos de iniciación.
Criterios inspiradores de la
formación de los catequistas
Para concebir de una manera adecuada la formación
de los catequistas hay que tener en cuenta, una serie de criterios
inspiradores:
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Formar catequistas para las necesidades evangelizadoras
de este momento histórico con sus valores, sus desafíos
y sus sombras. Se necesitan catequistas dotados de una fe profunda,
clara identidad cristiana y eclesial, y una honda sensibilidad
social.
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La formación tendrá presente, también,
el concepto de catequesis que hoy propugna la Iglesia. Formar
catequistas para que puedan impartir no sólo una enseñanza,
sino una formación cristiana integral.
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La formación de los catequistas laicos
no puede ignorar el carácter propio del laico en la Iglesia
y no debe ser concebida como mera síntesis de la formación
propia de los sacerdotes o de los religiosos. Al contrario,
se tendrá en cuenta que su formación recibe una
característica especial por su misma índole secular.
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Debe existir una coherencia entre la pedagogía
global de la formación del catequista y la pedagogía
propia de un proceso catequético.
La formación bíblico
- teológica del catequista
Además de testigo, el catequista debe ser
maestro que enseña la fe. Una formación bíblico
- teológica adecuada le proporcionará un conocimiento
orgánico del mensaje cristiano, articulado en torno al misterio
central de la fe que es Jesucristo.
Contenido de esta formación
doctrinal:
Las tres grandes etapas de la Historia de la Salvación: Antiguo
Testamento, vida de Jesucristo e Historia de la Iglesia.
Los grandes núcleos del mensaje cristiano:
símbolo, liturgia, moral y oración.
Por otra parte, la Sagrada Escritura deberá ser "como
el alma de toda esta formación". El Catecismo de
la Iglesia Católica, será referencia doctrinal fundamental
de toda la formación.
Esta formación bíblico - teológica,
debe reunir algunas cualidades:
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En primer lugar, una formación que corresponda
al anuncio que se ha de transmitir, y donde los diferentes elementos
de la fe cristiana aparezcan, trabados y unidos, en una visión
orgánica que respete la jerarquía de verdades.
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Esta síntesis de fe ha de ser tal que
ayude al catequista a madurar en su propia fe, al mismo tiempo
que le capacite para dar razón de la esperanza en un
tiempo de misión.
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Debe ser una formación teológica
muy cercana a la experiencia humana, capaz de relacionar los
diferentes aspectos del mensaje cristiano con la vida concreta
de los hombres y mujeres.
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Debe ser tal que el catequista "pueda
no sólo transmitir con exactitud el mensaje evangélico,
sino también capacitar a los mismos catequizandos para
recibir ese mensaje de manera activa y poder discernir lo que,
en su vida espiritual, es conforme a la fe"
La formación pedagógica
Lo primero que hay que tener en cuenta en este decisivo
aspecto de la formación, es respetar la pedagogía
original de la fe.
La formación tratará de que madure en el catequista
la capacidad educativa, que implica: la facultad de atención
a las personas, la habilidad para interpretar y responder a la demanda
educativa, la iniciativa de activar procesos de aprendizaje y el
arte de conducir a un grupo humano hacia la madurez.
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