DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

 

"La Buena nueva del Evangelio no debe quedar en los individuos, en su interioridad, debe llegar a las culturas mismas, es decir, a las relaciones sociales, colectivas, públicas del hombre: a su pensamiento, su arte, su filosofía, su economía, su política" (Evangeli Nuntiandi, 20).

 

 

Introducción

La Sagrada Escritura en el Antiguo Testamento Nuevo Testamento Los Padres de la Iglesia Antecedentes en México
Del Siglo XIX a la actualidad Conclusión      

Introducción

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Lo social es una dimensión esencial del hombre, y por tanto no puede escapar de la atención de la Iglesia:

En el campo social la Iglesia ha querido realizar siempre una doble tarea:

a) Iluminar al hombre para ayudarlo a descubrir la verdad
b) Distinguir el camino que debe seguir de acuerdo a los dictados del Evangelio.

La Iglesia quiere ofrecer a los creyentes un camino de liberación. La Doctrina Social no es en modo alguno una legitimación que perpetúe el orden establecido.

"Cuando arrecian las injusticias y crece dolorosamente la distancia entre pobres y ricos, la doctrina social en forma creativa y abierta a los amplios campos de la presencia de la Iglesia, debe ser instrumento de formación y de acción" (Juan Pablo II, a los Obispos de Puebla).

En muchas formas y en diversas circunstancias, Juan Pablo II habla de la Doctrina Social de la Iglesia e insiste en la necesidad de una revalorización de la misma. Haciendo eco a esta inquietud, los obispos latinoamericanos reunidos en Puebla se pronunciaron ampliamente sobre este tema (Puebla 472ss, 511, 538ss, 1033, 1227, 793, 1008, 1196)

En el número 472 del documento de Puebla podemos leer:

"El aporte de la Iglesia a la liberación y promoción humana se ha venido concretando en un conjunto de orientaciones doctrinales y criterios de acción que solemos llamar enseñanza social de la Iglesia. Tiene su fuente en la Sagrada Escritura, en la enseñanza de los Padres y grandes teólogos de la Iglesia y en el magisterio especialmente de los últimos Papas. Como aparece desde su origen, hay en ellas elementos de validez permanente que se fundan en una antropología nacida del mismo mensaje de Cristo y en los valores perennes de la ética cristiana. Pero hay también elementos cambiantes que responden a las condiciones propias de cada país y cada época" (Puebla 472)

La Doctrina Social de la Iglesia no es un cuerpo definitivo y cerrado, es una secuencia de orientaciones siempre abierta, nunca acabada, que responde a la realidad social siempre cambiante. La Doctrina Social está siempre atenta a los signos de los tiempos y a las necesidades concretas de la época y de los hombres a los que se dirige.

La Doctrina Social no es un puro proceso deductivo de principios abstractos, sino que éstos se confrontan con la experiencia vivida por los creyentes. La Doctrina Social surge de la confrontación directa del Evangelio y la realidad.

Sin embargo, a pesar de las realidades son diversificadas y cambiantes, no se debe perder de vista lo que existe en ellas de universal y permanente, puesto que los protagonistas de estas realidades sociales son seres humanos, con la misma dignidad inalienable, con la misma grandeza y fragilidad, con las mismas ambiciones y esperanzas.

Una doctrina Social verdadera acepta la experiencia acumulada a través de los siglos para no repetir los mismos errores y acepta la originalidad de las comunidades cristianas que escrudiñan la realidad a la luz del Evangelio.

La Sagrada Escritura en el Antiguo Testamento

El que piensa que la enseñanza social de la Iglesia, comenzó apenas en el siglo XIX desconoce la historia del Pueblo de Dios. Las relaciones sociales ocupan un lugar importante en el pueblo de la Antigua Alianza desde su origen.

Para los profetas el signo inconfundible de que una persona participaba en la Alianza Divina se manifestaba en su conducta social: la persona santa era aquella que en todos los órdenes, con relación a Dios, a los demás y a sí mismo procedía debidamente. Los profetas insistieron una y otra vez que el culto no es válido si no va acompañado de buenas obras. El profeta Isaías resume este pensamiento con claridad:

Escuchen la palabra de Yahvé
¿De qué me sirve la multitud de sus sacrificios?
Cuando extienden las manos,
aparto mis ojos de ustedes
Aunque multipliquen sus plegarias
no las escucho
sus manos están llenas de sangre.
Lávense, purifíquense
alejen de mis ojos sus malas acciones,
dejen de hacer el mal.
Aprendan a hacer el bien
y busquen lo que es justo,
den sus derechos al oprimido
hagan justicia al huérfano,
defiendan a la viuda. (Is 1,10. 11. 15-17)

En los profetas y en la ley, la justicia es un tema religioso y social. El santo es el justo. El Dios de la alianza ama al santo, justo y misericordioso. Para estar en unión con Dios hay que participar en su justicia y su amor en las relaciones con los demás.

Dios crea un pueblo en comunión con Él y con los hermanos a través de la alianza que sella con Él. (Ex 19, 3-6). En este pueblo se debe vivir la solidaridad, sobre todo hacia los más débiles (Ex 22,20; Lev 19, 33-34; Dt 5, 12-15). Para los profetas, el signo inconfundible de participación en la Alianza Divina era la conducta social.

Los profetas proclaman sin cesar el derecho del pobre, del humilde, de la viuda, del huérfano, del asalariado, de los que están marginados en la repartición de los bienes.

La ley trata de refrenar los instintos de avaricia y de acaparamiento que surgen del derecho de propiedad, de primacía al derecho del pobre.

"No explotarás al jornalero humilde y pobre, ya sea uno de tus hermanos o un forastero que resida dentro de tus puertas. Le darás cada día su salario, sin dejar que el sol se ponga sobre esta deuda: porque es pobre y para vivir necesita de su salario, así no apelará por ello a Yahvé contra ti y no te cargarás con un pecado" (Dt. 24, 14-15).

Los profetas dan a la justicia una dimensión que muchas veces se le niega ahora; para ellos es primordial el derecho de los que no tienen, por el mismo hecho de su necesidad.

"Dejen de hacer el mal. Aprendan a hacer el bien y busquen lo que es justo; den sus derechos al oprimido, hagan justicia al huérfano, defiendan a la viuda" (Is 1, 10-11 y 15-17).

Isaías muestra que para Yahvé es intolerable el culto y la oración, separados de una vida de justicia y misericordia.

En Amós la denuncia de la injusticia es muy fuerte, es el profeta de la justicia. Al igual que Isaías insiste en la inutilidad del culto sin la justicia.

"Aparta de mi lado la multitud de tus canciones, no quiero oír la salmodia de tus arpas. ¡Que fluya sí, el juicio como agua y la justicia como un torrente inagotable!" (Amós 5, 21-24)

Miqueas, en la misma época se refiere a la justicia:

"Se te ha declarado, oh, hombre, lo que es bueno, lo que Yahvé de ti reclama: tan solo practicar la equidad, amar la piedad y caminar humildemente con tu Dios" (Mi 6, 6-8)

Para Jeremías la injusticia profana el templo y Yahvé ya no mora en él.

"Si mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente hacéis justicia y no oprimís al forastero, al huérfano y a la viuda, ni andáis en pos de otros dioses para vuestro daño, entonces yo me quedaré con vosotros en este lugar" (Jeremías 7, 4-7).

Isaías expresa la misma enseñanza a propósito del ayuno.

"¿No será más bien este otro, el ayuno que yo quiero?.... desatar los lazos de la maldad, deshacer las coyundas del yugo, da la libertad a los quebrantados y arrancar todo yugo. (Is 58, 3-11)

La ley y los profetas condicionan la Alianza Divina al respeto del derecho del pobre, hasta tal punto que Yahvé vuelve su rostro ante su pueblo, cuando el hermano vuelve el rostro ante el hermano.

Nuevo Testamento

El Evangelio reafirma todas estas enseñanzas. Jesús proclama no sólo el derecho del pobre, sino el amor a Él. Si el tema de la justicia abunda en el Antiguo Testamento, el tema del amor caracteriza al Nuevo Testamento. La verdadera caridad va más allá de la justicia; es el signo por el que se reconocerá al cristiano.

"Así reconocerán que son mis discípulos, si se aman unos a otros" (Jn 13,35)

El proyecto único y original de Dios para todos nosotros es el de compartir su misma vida de plenitud y felicidad, en donde todas nuestras aspiraciones y necesidades sean colmadas; en donde todas las relaciones entre los hombres sean de justicia, de amor, de verdad y de paz. Este es el Reino de Dios, al cual se llega cambiando la vida y el corazón.

"Entonces fue cuando Jesús empezó a predicar. Y les decía: cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los cielos se ha acercado" (Mt 4,17)

La vida y el corazón se transforman con la justicia y la caridad.

"La gente le preguntaba: ¿qué debemos hacer? Él les contestaba: el que tiene dos capas de una al que no tiene y quien tenga que comer haga lo mismo. Vinieron también los cobradores de impuestos para que los bautizara. Le dijeron: Maestro: ¿Qué tenemos que hacer? Respondió Juan: no cobren más de lo debido. A la vez unos soldados le preguntaron: Y nosotros ¿Qué debemos hacer? Les contestó: no abusen de la gente, no hagan denuncias falsas...." (Lc 3, 10-14)

Jesús se identificó de manera especial con el pobre y con el humilde. Al describirnos el juicio final nos recuerda que seremos juzgados por las obras hacia ellos.

"Entonces los buenos preguntaran: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer; sediento y te dimos de beber; o forastero y te recibimos; o sin ropa y te vestimos; o enfermo, o en la cárcel y te fuimos a ver? El Rey responderá: en verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de éstos mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo" (Mt 25, 31-46)

La parábola de Lázaro y el rico, expresa la misma doctrina pero esta vez bajo la forma de una denuncia de la riqueza. El pecado del rico en este caso, es la distancia entre la mesa repleta de comida y el estómago vacío del pobre; entre su riqueza y las úlceras del pobre.


Jesús señala el peligro que hay en las riquezas, pues fácilmente se pone en ellas la seguridad, la confianza y el corazón, lo que lleva a olvidarse de Dios y a buscar los bienes sin importar los medios. "No podéis servir a Dios y al dinero" (Lc 16,13).

Hay sin embargo, una salvación del rico: compartir las riquezas (Lc 16, 9-11; Lc 19, 1-10; Mt 19,24).

En la parábola del juicio final, Jesús sintetiza esa doble enseñanza de la salvación del rico que reconoce el derecho del pobre. "La pobreza de espíritu" no debe entenderse únicamente del despojo interior que no sería auténtico si no se tradujera en el compartir.

La actitud en las relaciones sociales, se encuentra expresado en las bienaventuranzas que Jesús proclamó en el Sermón de la Montaña (Mt. 5, 1-11)

Los Padres de la Iglesia

El pensamiento patrístico continúa la tradición profética y evangélica, puede sintetizarse en la afirmación de que la riqueza pertenece a los pobres, el que la posee sólo es su administrador. Así se expresa en el documento llamado Doctrina de los doce Apóstoles, e inspira toda la enseñanza posterior. ( siglo II)

Abundan los textos que se refieren al tema; San Basilio en su homilía contra la riqueza dice:

"El que despoja a un hombre de su vestimenta es un ladrón. El que no viste la desnudez del indigente cuando puede hacerlo ¿merecerá otro nombre?. El pan que guardas pertenece al hambriento. Al desnudo el abrigo que escondes en tus cofres. Al descalzo, el zapato que se pudre en tu casa. Al mísero la plata que escondes" (homilía contra la riqueza. Padres Griegos 31, 277).

San Ambrosio piensa que cuando el rico da al pobre, lo único que hace es restituir.
"No es tu bien el que distribuyes al pobre. Le devuelves parte de lo que le pertenece, porque usurpas para ti solo lo que fue dado a todos, para el uso de todos. La tierra a todos pertenece, no sólo a los ricos" (Naboth el pobre, Padres latinos, 14, 747).

San Agustín afirma de modo más claro aún el derecho de los pobres, al darnos la célebre definición de justicia: socorrer a los desgraciados. Habla de la justicia como del reconocimiento del derecho de cada ser.

Lo que se da al pobre es una deuda en nombre de la justicia. La intención primera de Dios fue destinar todo a todos.

"Dios nunca hizo a unos ricos y a otros pobres. Dio la misma tierra para todos. La tierra es toda del Señor y los frutos de la tierra deben ser comunes a todos" (S. Juan Crisóstomo)

Los Padres de la Iglesia más próximos que nosotros a las fuentes evangélicas y más sensibles al mensaje de los profetas bíblicos, nos dejaron muy claro su pensamiento social; hablaron y escribieron ampliamente sobre el sentido de la propiedad, el destino de la tierra, la responsabilidad de los ricos y las exigencias de la justicia.

Santo Tomás, el teólogo más representativo de este período, expone su pensamiento social cuando estudia la justicia y la caridad. Al hablar de la justicia hace ver que es el fundamento de la comunidad humana. No la reduce al concepto liberal individualista de justicia al que estamos acostumbrados, sino que cuando Santo Tomás habla de la justicia general se refiere más bien a la regulación de las relaciones humanas en sociedad para realizar el bien común; y cuando habla de la justicia particular considera en primer lugar la justicia distributiva, ya que ésta regula la distribución del bien común entre todos los miembros de la sociedad. Cada uno de ellos tiene el derecho de participar en el bien común y también el deber de compartirlo. Hay un derecho del pobre (justicia distributiva) y hay un derecho de propiedad (justicia conmutativa), pero el propietario no puede usar para sí mismo los bienes propios que no necesita porque los pobres tienen derecho a ello

Santo Tomás, abarca en su enseñanza social, los grandes temas de la Sagrada Escritura y los Padres de la Iglesia: el derecho de los que no tienen nada, la amistad cristiana y la caridad que cumplen la justicia y la sobrepasan; la condenación de la riqueza injusta cuando el rico guarda para sí solo los bienes destinados a toda la humanidad.


Antecedentes en México

No es posible hablar de pensamiento social cristiano en México, sin recordar a los misioneros que lucharon por la dignidad del pueblo indígena, por lograr que fueran tratados como personas y se les reconocieran sus derechos humanos: Fray Bartolomé de las Casas, Fray Juan de Zumárraga, Fray Bernardino de Sahagún; ellos dedicaron todos sus esfuerzos para combatir los prejuicios raciales y las posiciones económicas y políticas asumidas por muchos españoles.

Ya desde 1515, Bartolomé de las Casas había elaborada un plan de reformas para las Indias en el que se incluía el reconocimiento del indígena como ser racional, el derecho a la vida e integridad corporal, el derecho a la seguridad, a la cultura, a la libre reunión y el derecho a ser oídos para decidir su régimen político.

En 1517, presenta a Carlos I otros escrito en el que afirma: que los indios son libres por naturaleza, la obligación de la restitución para todos aquellos que hayan maltratado y explotado a los indios; que la evangelización sólo es posible por medios pacíficos, el ataque a la encomienda considerada como el origen de las desgracias de los indios y en sustitución el establecimiento de comunidades mixtas, hispano-indias.

La lucha teórica y el compromiso práctico de Bartolomé de las Casas, Sahagún y Zumárraga, tuvieron gran impacto en la vida de la colonia.

Del Siglo XIX a la actualidad

En el proceso del desarrollo del pensamiento social, se debe recordar la nueva situación creada en el siglo XIX en Europa y América como consecuencia de la revolución industrial, del liberalismo, del capitalismo y el socialismo. En ésta situación, muchos cristianos promovieron el despertar de la conciencia cristiana ante las injusticias de aquella época. Se comprendió la importancia de la presencia de la Iglesia en el mundo y la acción que los nuevos tiempos pedían.

En el proceso de desarrollo del pensamiento social de la Iglesia, debemos tener en cuenta, para comprenderlo, el contexto socio-cultural de cada documento, pues tratan de ser una respuesta de la Iglesia a un momento histórico concreto.

León XIII, preocupado por la cuestión obrera, interviene con la encíclica "Rerum Novarum" (1891). Aquí expone los principios que, de acuerdo con el Evangelio, pueden remediar los males sociales de la época. Actualiza la doctrina sobre el trabajo y el derecho de propiedad.

Cuarenta años después, Pío XI sintió la responsabilidad de promover un mayor conocimiento y una urgente aplicación de la ley moral. Su encíclica "Quadragesimo Anno", busca superar, con el sistema corporativista la antimonia social mostrándose favorable a los principios de solidaridad y colaboración.

Son célebres los discursos y radio mensajes de Pío XII. Él precisó formuló y reivindicó los principios ético-sociales orientados a promover la reconstrucción tras las ruinas de la segunda guerra mundial. Los puntos más importantes de su doctrina fueron: el destino universal de los bienes, el derecho y deber de trabajadores y empresarios, la función del Estado en las actividades económicas, el salario mínimo familiar....

Juan XXIII, escribió dos encíclicas "Mater et Magistra" (1961) y "Pacem in Terris" (1963). En el primer documento resalta las desigualdades existentes entre los distintos sectores económicos.
En el Segundo, ante el peligro de una guerra nuclear, el Papa hace un llamamiento urgente a construir la paz basada en el respeto de las exigencias éticas que deben regir las relaciones entre los hombres y en los Estados.

El Concilio Vaticano II, en su Constitución Pastoral "Gaudium et Spes", expone una concepción más dinámica del hombre y de la sociedad. El desarrollo afirma, debe ser rectamente interpretado para elaborar la vida socioeconómica; sólo una justa comprensión humanista del desarrollo permite la eliminación de las desigualdades sociales.

Algunos años después del Concilio Paulo VI enriquece el capítulo sobre la vida económica y social de la "Gaudium et Spes" con una nueva e importante reflexión: "La Populorum Progressio" (1967).
El crecimiento del desequilibrio existente entre los países pobres y los ricos motivó que la encíclica ofreciera ayuda para comprender todos los aspectos de un desarrollo integral del hombre, y de un desarrollo solidario de la humanidad.

Cuatro años después, Paulo VI escribió la "Octagesima Adveniens" (1971) aclarando los criterios para el compromiso político de los cristianos.

Juan Pablo II interviene con la encíclica "Laborem Exercens" (1981). La clave central de toda la cuestión social - dice Juan Pablo II - se encuentra en el trabajo humano. Este tiene prioridad frente al capital y requiere una revisión profunda de su sentido. Supone una distribución equitativa no sólo de la gente y la riqueza, sino del trabajo mismo.

El 30 de diciembre de 1987, Juan Pablo II publica la encíclica "Sollicitudo Rei Socialis", cuyo tema central es la noción del desarrollo. Dos son sus temas fundamentales: el sentido, las condiciones y las exigencias e un desarrollo digno del hombre y la situación dramática del mundo contemporáneo.
El mundo dividido en bloques constituye una amenaza para la unidad, la carrera armamentista impide la cooperación y solidaridad entre los pueblos.

"Centesimus Annus", Juan Pablo II (1991). La carta de Juan Pablo II trata de iluminar los tiempos actuales con las enseñanzas transmitidas por la Iglesia Católica desde hace un siglo. Es el mensaje social más reciente.

Esta encíclica es un documento que no deja fuera ningún tema fundamental es un documento de nuestro tiempo que nos prepara para el futuro.

Conclusión

La Doctrina Social de la Iglesia, no es una enseñanza nueva, tiene sus raíces en la Alianza de Dios con su Pueblo en el Antiguo Testamento y ha continuado a lo largo de la historia de la humanidad. Iluminada por la fe y respondiendo a las situaciones históricas, la Doctrina Social se desarrolló paulatinamente hasta que en el siglo pasado entró en una etapa de nuevo vigor, que se ha ido enriqueciendo cada vez más con las enseñanzas sociales de los Papas de este siglo.

 

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