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Introducción
ANTECEDENTES
HISTÓRICOS
Lo social es
una dimensión esencial del hombre, y por tanto no puede escapar
de la atención de la Iglesia:
En el campo
social la Iglesia ha querido realizar siempre una doble tarea:
a) Iluminar
al hombre para ayudarlo a descubrir la verdad
b) Distinguir el camino que debe seguir de acuerdo a los dictados
del Evangelio.
La Iglesia quiere
ofrecer a los creyentes un camino de liberación. La Doctrina
Social no es en modo alguno una legitimación que perpetúe
el orden establecido.
"Cuando
arrecian las injusticias y crece dolorosamente la distancia entre
pobres y ricos, la doctrina social en forma creativa y abierta a
los amplios campos de la presencia de la Iglesia, debe ser instrumento
de formación y de acción" (Juan Pablo II, a los
Obispos de Puebla).
En muchas formas
y en diversas circunstancias, Juan Pablo II habla de la Doctrina
Social de la Iglesia e insiste en la necesidad de una revalorización
de la misma. Haciendo eco a esta inquietud, los obispos latinoamericanos
reunidos en Puebla se pronunciaron ampliamente sobre este tema (Puebla
472ss, 511, 538ss, 1033, 1227, 793, 1008, 1196)
En el número
472 del documento de Puebla podemos leer:
"El
aporte de la Iglesia a la liberación y promoción humana
se ha venido concretando en un conjunto de orientaciones doctrinales
y criterios de acción que solemos llamar enseñanza
social de la Iglesia. Tiene su fuente en la Sagrada Escritura, en
la enseñanza de los Padres y grandes teólogos de la
Iglesia y en el magisterio especialmente de los últimos Papas.
Como aparece desde su origen, hay en ellas elementos de validez
permanente que se fundan en una antropología nacida del mismo
mensaje de Cristo y en los valores perennes de la ética cristiana.
Pero hay también elementos cambiantes que responden a las
condiciones propias de cada país y cada época"
(Puebla 472)
La Doctrina
Social de la Iglesia no es un cuerpo definitivo y cerrado, es una
secuencia de orientaciones siempre abierta, nunca acabada, que responde
a la realidad social siempre cambiante. La Doctrina Social está
siempre atenta a los signos de los tiempos y a las necesidades concretas
de la época y de los hombres a los que se dirige.
La Doctrina
Social no es un puro proceso deductivo de principios abstractos,
sino que éstos se confrontan con la experiencia vivida por
los creyentes. La Doctrina Social surge de la confrontación
directa del Evangelio y la realidad.
Sin embargo,
a pesar de las realidades son diversificadas y cambiantes, no se
debe perder de vista lo que existe en ellas de universal y permanente,
puesto que los protagonistas de estas realidades sociales son seres
humanos, con la misma dignidad inalienable, con la misma grandeza
y fragilidad, con las mismas ambiciones y esperanzas.
Una doctrina
Social verdadera acepta la experiencia acumulada a través
de los siglos para no repetir los mismos errores y acepta la originalidad
de las comunidades cristianas que escrudiñan la realidad
a la luz del Evangelio.
La
Sagrada Escritura en el Antiguo Testamento
El que piensa
que la enseñanza social de la Iglesia, comenzó apenas
en el siglo XIX desconoce la historia del Pueblo de Dios. Las relaciones
sociales ocupan un lugar importante en el pueblo de la Antigua Alianza
desde su origen.
Para los profetas
el signo inconfundible de que una persona participaba en la Alianza
Divina se manifestaba en su conducta social: la persona santa era
aquella que en todos los órdenes, con relación a Dios,
a los demás y a sí mismo procedía debidamente.
Los profetas insistieron una y otra vez que el culto no es válido
si no va acompañado de buenas obras. El profeta Isaías
resume este pensamiento con claridad:
Escuchen la
palabra de Yahvé
¿De qué me sirve la multitud de sus sacrificios?
Cuando extienden las manos,
aparto mis ojos de ustedes
Aunque multipliquen sus plegarias
no las escucho
sus manos están llenas de sangre.
Lávense, purifíquense
alejen de mis ojos sus malas acciones,
dejen de hacer el mal.
Aprendan a hacer el bien
y busquen lo que es justo,
den sus derechos al oprimido
hagan justicia al huérfano,
defiendan a la viuda. (Is 1,10. 11. 15-17)
En los profetas
y en la ley, la justicia es un tema religioso y social. El santo
es el justo. El Dios de la alianza ama al santo, justo y misericordioso.
Para estar en unión con Dios hay que participar en su justicia
y su amor en las relaciones con los demás.
Dios crea un
pueblo en comunión con Él y con los hermanos a través
de la alianza que sella con Él. (Ex 19, 3-6). En este pueblo
se debe vivir la solidaridad, sobre todo hacia los más débiles
(Ex 22,20; Lev 19, 33-34; Dt 5, 12-15). Para los profetas, el signo
inconfundible de participación en la Alianza Divina era la
conducta social.
Los profetas
proclaman sin cesar el derecho del pobre, del humilde, de la viuda,
del huérfano, del asalariado, de los que están marginados
en la repartición de los bienes.
La ley trata
de refrenar los instintos de avaricia y de acaparamiento que surgen
del derecho de propiedad, de primacía al derecho del pobre.
"No
explotarás al jornalero humilde y pobre, ya sea uno de tus
hermanos o un forastero que resida dentro de tus puertas. Le darás
cada día su salario, sin dejar que el sol se ponga sobre
esta deuda: porque es pobre y para vivir necesita de su salario,
así no apelará por ello a Yahvé contra ti y
no te cargarás con un pecado" (Dt. 24, 14-15).
Los profetas
dan a la justicia una dimensión que muchas veces se le niega
ahora; para ellos es primordial el derecho de los que no tienen,
por el mismo hecho de su necesidad.
"Dejen
de hacer el mal. Aprendan a hacer el bien y busquen lo que es justo;
den sus derechos al oprimido, hagan justicia al huérfano,
defiendan a la viuda" (Is 1, 10-11 y 15-17).
Isaías
muestra que para Yahvé es intolerable el culto y la oración,
separados de una vida de justicia y misericordia.
En Amós
la denuncia de la injusticia es muy fuerte, es el profeta de la
justicia. Al igual que Isaías insiste en la inutilidad del
culto sin la justicia.
"Aparta
de mi lado la multitud de tus canciones, no quiero oír la
salmodia de tus arpas. ¡Que fluya sí, el juicio como
agua y la justicia como un torrente inagotable!" (Amós
5, 21-24)
Miqueas, en
la misma época se refiere a la justicia:
"Se
te ha declarado, oh, hombre, lo que es bueno, lo que Yahvé
de ti reclama: tan solo practicar la equidad, amar la piedad y caminar
humildemente con tu Dios" (Mi 6, 6-8)
Para Jeremías
la injusticia profana el templo y Yahvé ya no mora en él.
"Si
mejoráis realmente vuestra conducta y obras, si realmente
hacéis justicia y no oprimís al forastero, al huérfano
y a la viuda, ni andáis en pos de otros dioses para vuestro
daño, entonces yo me quedaré con vosotros en este
lugar" (Jeremías 7, 4-7).
Isaías
expresa la misma enseñanza a propósito del ayuno.
"¿No
será más bien este otro, el ayuno que yo quiero?....
desatar los lazos de la maldad, deshacer las coyundas del yugo,
da la libertad a los quebrantados y arrancar todo yugo. (Is 58,
3-11)
La ley y los
profetas condicionan la Alianza Divina al respeto del derecho del
pobre, hasta tal punto que Yahvé vuelve su rostro ante su
pueblo, cuando el hermano vuelve el rostro ante el hermano.
Nuevo
Testamento
El Evangelio
reafirma todas estas enseñanzas. Jesús proclama no
sólo el derecho del pobre, sino el amor a Él. Si el
tema de la justicia abunda en el Antiguo Testamento, el tema del
amor caracteriza al Nuevo Testamento. La verdadera caridad va más
allá de la justicia; es el signo por el que se reconocerá
al cristiano.
"Así
reconocerán que son mis discípulos, si se aman unos
a otros" (Jn 13,35)
El proyecto
único y original de Dios para todos nosotros es el de compartir
su misma vida de plenitud y felicidad, en donde todas nuestras aspiraciones
y necesidades sean colmadas; en donde todas las relaciones entre
los hombres sean de justicia, de amor, de verdad y de paz. Este
es el Reino de Dios, al cual se llega cambiando la vida y el corazón.
"Entonces
fue cuando Jesús empezó a predicar. Y les decía:
cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los cielos
se ha acercado" (Mt 4,17)
La vida y
el corazón se transforman con la justicia y la caridad.
"La
gente le preguntaba: ¿qué debemos hacer? Él
les contestaba: el que tiene dos capas de una al que no tiene y
quien tenga que comer haga lo mismo. Vinieron también los
cobradores de impuestos para que los bautizara. Le dijeron: Maestro:
¿Qué tenemos que hacer? Respondió Juan: no
cobren más de lo debido. A la vez unos soldados le preguntaron:
Y nosotros ¿Qué debemos hacer? Les contestó:
no abusen de la gente, no hagan denuncias falsas...." (Lc 3,
10-14)
Jesús
se identificó de manera especial con el pobre y con el humilde.
Al describirnos el juicio final nos recuerda que seremos juzgados
por las obras hacia ellos.
"Entonces
los buenos preguntaran: Señor, ¿cuándo te vimos
hambriento y te dimos de comer; sediento y te dimos de beber; o
forastero y te recibimos; o sin ropa y te vestimos; o enfermo, o
en la cárcel y te fuimos a ver? El Rey responderá:
en verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de éstos
mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo"
(Mt 25, 31-46)
La parábola
de Lázaro y el rico, expresa la misma doctrina pero esta
vez bajo la forma de una denuncia de la riqueza. El pecado del rico
en este caso, es la distancia entre la mesa repleta de comida y
el estómago vacío del pobre; entre su riqueza y las
úlceras del pobre.
Jesús señala el peligro que hay en las riquezas, pues
fácilmente se pone en ellas la seguridad, la confianza y
el corazón, lo que lleva a olvidarse de Dios y a buscar los
bienes sin importar los medios. "No podéis servir a
Dios y al dinero" (Lc 16,13).
Hay sin embargo,
una salvación del rico: compartir las riquezas (Lc 16, 9-11;
Lc 19, 1-10; Mt 19,24).
En la parábola
del juicio final, Jesús sintetiza esa doble enseñanza
de la salvación del rico que reconoce el derecho del pobre.
"La pobreza de espíritu" no debe entenderse únicamente
del despojo interior que no sería auténtico si no
se tradujera en el compartir.
La actitud en
las relaciones sociales, se encuentra expresado en las bienaventuranzas
que Jesús proclamó en el Sermón de la Montaña
(Mt. 5, 1-11)
Los
Padres de la Iglesia
El pensamiento
patrístico continúa la tradición profética
y evangélica, puede sintetizarse en la afirmación
de que la riqueza pertenece a los pobres, el que la posee sólo
es su administrador. Así se expresa en el documento llamado
Doctrina de los doce Apóstoles, e inspira toda la enseñanza
posterior. ( siglo II)
Abundan los
textos que se refieren al tema; San Basilio en su homilía
contra la riqueza dice:
"El
que despoja a un hombre de su vestimenta es un ladrón. El
que no viste la desnudez del indigente cuando puede hacerlo ¿merecerá
otro nombre?. El pan que guardas pertenece al hambriento. Al desnudo
el abrigo que escondes en tus cofres. Al descalzo, el zapato que
se pudre en tu casa. Al mísero la plata que escondes"
(homilía contra la riqueza. Padres Griegos 31, 277).
San Ambrosio
piensa que cuando el rico da al pobre, lo único que hace
es restituir.
"No es tu bien el que distribuyes al pobre. Le devuelves parte
de lo que le pertenece, porque usurpas para ti solo lo que fue dado
a todos, para el uso de todos. La tierra a todos pertenece, no sólo
a los ricos" (Naboth el pobre, Padres latinos, 14, 747).
San Agustín
afirma de modo más claro aún el derecho de los pobres,
al darnos la célebre definición de justicia: socorrer
a los desgraciados. Habla de la justicia como del reconocimiento
del derecho de cada ser.
Lo que se da
al pobre es una deuda en nombre de la justicia. La intención
primera de Dios fue destinar todo a todos.
"Dios
nunca hizo a unos ricos y a otros pobres. Dio la misma tierra para
todos. La tierra es toda del Señor y los frutos de la tierra
deben ser comunes a todos" (S. Juan Crisóstomo)
Los Padres de
la Iglesia más próximos que nosotros a las fuentes
evangélicas y más sensibles al mensaje de los profetas
bíblicos, nos dejaron muy claro su pensamiento social; hablaron
y escribieron ampliamente sobre el sentido de la propiedad, el destino
de la tierra, la responsabilidad de los ricos y las exigencias de
la justicia.
Santo Tomás,
el teólogo más representativo de este período,
expone su pensamiento social cuando estudia la justicia y la caridad.
Al hablar de la justicia hace ver que es el fundamento de la comunidad
humana. No la reduce al concepto liberal individualista de justicia
al que estamos acostumbrados, sino que cuando Santo Tomás
habla de la justicia general se refiere más bien a la regulación
de las relaciones humanas en sociedad para realizar el bien común;
y cuando habla de la justicia particular considera en primer lugar
la justicia distributiva, ya que ésta regula la distribución
del bien común entre todos los miembros de la sociedad. Cada
uno de ellos tiene el derecho de participar en el bien común
y también el deber de compartirlo. Hay un derecho del pobre
(justicia distributiva) y hay un derecho de propiedad (justicia
conmutativa), pero el propietario no puede usar para sí mismo
los bienes propios que no necesita porque los pobres tienen derecho
a ello
Santo Tomás,
abarca en su enseñanza social, los grandes temas de la Sagrada
Escritura y los Padres de la Iglesia: el derecho de los que no tienen
nada, la amistad cristiana y la caridad que cumplen la justicia
y la sobrepasan; la condenación de la riqueza injusta cuando
el rico guarda para sí solo los bienes destinados a toda
la humanidad.
Antecedentes
en México
No es posible
hablar de pensamiento social cristiano en México, sin recordar
a los misioneros que lucharon por la dignidad del pueblo indígena,
por lograr que fueran tratados como personas y se les reconocieran
sus derechos humanos: Fray Bartolomé de las Casas, Fray Juan
de Zumárraga, Fray Bernardino de Sahagún; ellos dedicaron
todos sus esfuerzos para combatir los prejuicios raciales y las
posiciones económicas y políticas asumidas por muchos
españoles.
Ya desde 1515,
Bartolomé de las Casas había elaborada un plan de
reformas para las Indias en el que se incluía el reconocimiento
del indígena como ser racional, el derecho a la vida e integridad
corporal, el derecho a la seguridad, a la cultura, a la libre reunión
y el derecho a ser oídos para decidir su régimen político.
En 1517, presenta
a Carlos I otros escrito en el que afirma: que los indios son libres
por naturaleza, la obligación de la restitución para
todos aquellos que hayan maltratado y explotado a los indios; que
la evangelización sólo es posible por medios pacíficos,
el ataque a la encomienda considerada como el origen de las desgracias
de los indios y en sustitución el establecimiento de comunidades
mixtas, hispano-indias.
La lucha teórica
y el compromiso práctico de Bartolomé de las Casas,
Sahagún y Zumárraga, tuvieron gran impacto en la vida
de la colonia.
Del
Siglo XIX a la actualidad
En el proceso
del desarrollo del pensamiento social, se debe recordar la nueva
situación creada en el siglo XIX en Europa y América
como consecuencia de la revolución industrial, del liberalismo,
del capitalismo y el socialismo. En ésta situación,
muchos cristianos promovieron el despertar de la conciencia cristiana
ante las injusticias de aquella época. Se comprendió
la importancia de la presencia de la Iglesia en el mundo y la acción
que los nuevos tiempos pedían.
En el proceso
de desarrollo del pensamiento social de la Iglesia, debemos tener
en cuenta, para comprenderlo, el contexto socio-cultural de cada
documento, pues tratan de ser una respuesta de la Iglesia a un momento
histórico concreto.
León
XIII, preocupado por la cuestión obrera, interviene con la
encíclica "Rerum Novarum" (1891). Aquí expone
los principios que, de acuerdo con el Evangelio, pueden remediar
los males sociales de la época. Actualiza la doctrina sobre
el trabajo y el derecho de propiedad.
Cuarenta años
después, Pío XI sintió la responsabilidad de
promover un mayor conocimiento y una urgente aplicación de
la ley moral. Su encíclica "Quadragesimo Anno",
busca superar, con el sistema corporativista la antimonia social
mostrándose favorable a los principios de solidaridad y colaboración.
Son célebres
los discursos y radio mensajes de Pío XII. Él precisó
formuló y reivindicó los principios ético-sociales
orientados a promover la reconstrucción tras las ruinas de
la segunda guerra mundial. Los puntos más importantes de
su doctrina fueron: el destino universal de los bienes, el derecho
y deber de trabajadores y empresarios, la función del Estado
en las actividades económicas, el salario mínimo familiar....
Juan XXIII,
escribió dos encíclicas "Mater et Magistra"
(1961) y "Pacem in Terris" (1963). En el primer documento
resalta las desigualdades existentes entre los distintos sectores
económicos.
En el Segundo, ante el peligro de una guerra nuclear, el Papa hace
un llamamiento urgente a construir la paz basada en el respeto de
las exigencias éticas que deben regir las relaciones entre
los hombres y en los Estados.
El Concilio
Vaticano II, en su Constitución Pastoral "Gaudium et
Spes", expone una concepción más dinámica
del hombre y de la sociedad. El desarrollo afirma, debe ser rectamente
interpretado para elaborar la vida socioeconómica; sólo
una justa comprensión humanista del desarrollo permite la
eliminación de las desigualdades sociales.
Algunos años
después del Concilio Paulo VI enriquece el capítulo
sobre la vida económica y social de la "Gaudium et Spes"
con una nueva e importante reflexión: "La Populorum
Progressio" (1967).
El crecimiento del desequilibrio existente entre los países
pobres y los ricos motivó que la encíclica ofreciera
ayuda para comprender todos los aspectos de un desarrollo integral
del hombre, y de un desarrollo solidario de la humanidad.
Cuatro años
después, Paulo VI escribió la "Octagesima Adveniens"
(1971) aclarando los criterios para el compromiso político
de los cristianos.
Juan Pablo II
interviene con la encíclica "Laborem Exercens"
(1981). La clave central de toda la cuestión social - dice
Juan Pablo II - se encuentra en el trabajo humano. Este tiene prioridad
frente al capital y requiere una revisión profunda de su
sentido. Supone una distribución equitativa no sólo
de la gente y la riqueza, sino del trabajo mismo.
El 30 de diciembre
de 1987, Juan Pablo II publica la encíclica "Sollicitudo
Rei Socialis", cuyo tema central es la noción del desarrollo.
Dos son sus temas fundamentales: el sentido, las condiciones y las
exigencias e un desarrollo digno del hombre y la situación
dramática del mundo contemporáneo.
El mundo dividido en bloques constituye una amenaza para la unidad,
la carrera armamentista impide la cooperación y solidaridad
entre los pueblos.
"Centesimus
Annus", Juan Pablo II (1991). La carta de Juan Pablo II trata
de iluminar los tiempos actuales con las enseñanzas transmitidas
por la Iglesia Católica desde hace un siglo. Es el mensaje
social más reciente.
Esta encíclica
es un documento que no deja fuera ningún tema fundamental
es un documento de nuestro tiempo que nos prepara para el futuro.
Conclusión
La Doctrina
Social de la Iglesia, no es una enseñanza nueva, tiene sus
raíces en la Alianza de Dios con su Pueblo en el Antiguo
Testamento y ha continuado a lo largo de la historia de la humanidad.
Iluminada por la fe y respondiendo a las situaciones históricas,
la Doctrina Social se desarrolló paulatinamente hasta que
en el siglo pasado entró en una etapa de nuevo vigor, que
se ha ido enriqueciendo cada vez más con las enseñanzas
sociales de los Papas de este siglo.
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