| La
Iglesia, obra del Padre
La
acción del Padre en el ser de la Iglesia ( Lumen Gentium
No. 2).
El
Padre eterno
- Creó
todo el universo por un misterioso designio de su sabiduría
y bondad.
- Decretó
elevar a los hombres a la participación de la vida divina.
- Caídos
por el pecado de Adán, no los abandonó dispensándoles
siempre los auxilios
para su salvación, en atención a Cristo Redentor.
- A todos
los elegidos desde la eternidad el Padre los conoció
de antemano y los predestinó a ser conformes con la imagen
de su Hijo, para que éste sea el primogénito entre
muchos hermanos (Rom 8,29).
- Determino
convocar a los creyentes en cristo en la santa Iglesia, la cual
es:
Prefigurada:
Ya desde el origen del mundo
Preparada: Admirablemente en la historia del pueblo de Israel
en el Antiguo Testamento.
Constituida: En los últimos tiempos (por el acontecimiento
de Cristo)
Manifestada: Por la efusión del Espíritu Santo
(en Pentecostés)
Se perfeccionará: Gloriosamente al fin de los tiempos
Prefigurada
desde el origen del mundo
El
catecismo católico nos ayuda para comprender y profundizar
cada una de estas
etapas de nuestra Iglesia. En estas etapas vemos la acción
de las otras dos personas de la Santísima Trinidad, la del
Hijo, y la del Espíritu Santo.
En
la constitución Lumen gentium,2 consideró a la Iglesia
en su fundamento eterno, que es el designio salvífico concebido
por el Padre en el seno de la Trinidad.
"El
Padre eterno, por una disposición de sabiduría y bondad,
creó todo el universo, decreto elevar a los hombres a participar
de la vida divina y, como ellos hubieran pecado en Adán,
no los abandonó, antes bien les dispensó siempre los
auxilios para la salvación, en atención a Cristo Redentor"
Este
designio eterno encierra el destino de los hombres, creados a imagen
y semejanza de Dios, llamados a la dignidad de hijos de Dios y adoptados
por el Padre celestial como hijos de Jesucristo. Como leemos en
la carta a los Efesios.
"Dios
nos ha elegido de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio
de Jesucristo" (1, 4-5)
Los
mismos textos paulinos se refieren al destino del hombre elegido
y llamado a ser hijo adoptivo de Dios, no sólo en la dimensión
individual de la humanidad sino también en la comunitaria.
El
mundo fue creado en orden a la Iglesia, decían los cristianos
de los primeros tiempos. Dios creó el mundo en orden a la
comunión en su vida divina, "comunión"
que se realiza mediante la "convocación" de
los hombres en Cristo, y esta "convocación"
es la Iglesia.
La
Iglesia es la finalidad de todas las cosas e incluso los acontecimientos
dolorosos como la caída de los ángeles y el pecado
del hombre, no fueron permitidas por Dios más que como ocasión
y medio de desplegar toda la fuerza de su brazo, toda la medida
del amor que quería dar al mundo.
La
Iglesia PREPARADA en la Antigua Alianza
La
reunión del Pueblo de Dios comienza en el instante en que
el pecado destruye la comunión de los hombres con Dios y
la de los hombres entre sí. La reunión de la Iglesia
es por así decirlo, la reacción de Dios al caos provocado
por el pecado.
La
preparación lejana de la reunión del Pueblo de Dios
comienza con la vocación de Abraham, a quien Dios promete
que llegará a ser padre de un gran pueblo
(Gn 12,2).
La preparación inmediata comienza con la elección
de Israel que debe ser el signo de la reunión futura de todas
las naciones (Is 2, 2-5). Pero ya los profetas acusan a Israel de
haber roto la alianza y haberse comportado como una prostituta (Os
1; Is 1, 2-4). Anuncian, pues, una Alianza Nueva y eterna (Jr 31,
31-34; Is 55,3).
"Jesús instituyó esta nueva
alianza" (L.G.9)
La
íntima naturaleza de la Iglesia se nos manifiesta bajo diversas
imágenes tomadas
·
De la vida pastoril. El pueblo de Israel es la GREY de Yahvé
(Ez 34; Sal 23).
· De la agricultura: El pueblo de Israel es la VIÑA
de Yahvé ( Is 5)
· De los esponsales: Israel ESPOSA de Yahvé
( Os 2, 4-25).
Estas
figuras de la Iglesia llegarán a su pleno cumplimiento en
el Nuevo Testamento con CRISTO
La
Iglesia CONSTITUIDA por Cristo Jesús
Corresponde
al Hijo realizar el plan de salvación de su Padre, en la
plenitud de los tiempos: éste es el motivo de su "misión".
"El
Señor Jesús comenzó su Iglesia con el anuncio
de la Buena Noticia, es decir, de la llegada del Reino de Dios prometido
desde hacía siglos en las Escrituras" (L.G. 5). Para
cumplir la voluntad del Padre, Cristo inauguró el Reino de
los Cielos en la tierra. La Iglesia es el Reino de Cristo "presente
ya en misterio" (L.G.3).
La
palabra "Reino" , "makult" en hebreo,
designa, no una realidad estática como un estado concreto
o una forma de gobierno, sino la situación que se producía
cuando el rey pasaba a ejercer su mando. Podía traducirse
por reinado.
Los
textos mesiánicos del Antiguo Testamento indican que Dios
va a elegir a un consagrado (Mesías) para ser el rey ideal
encargado de introducir esa nueva realidad salvadora, donde se vivirá
en la justicia que brota de la ayuda y protección a los desvalidos,
humildes y pobres.
Este Reino comienza a manifestarse como una luz delante de los hombres
por la palabra, por las obras y por la presencia de Cristo.
Para
hacer posible la llegada de este Reino hacía falta convertirse
o arrepentirse que significa lo mismo. Quiere decir cambiar de modo
de pensar, de sentir, de actuar, cambiar de estilo de vida.
La
conversión es el primer paso para seguir a Jesús y
hacerse su discípulo. Por eso, el seguimiento que Jesús
pidió a sus discípulos es radical: han de dejarlo
todo, vivir como Él, compartir su destino.
"Si
alguno quiere venir a mí, y no deja a un lado a su padre,
a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos y hermanas,
y aún a su propia persona, no puede ser mi discípulo.
Del mismo modo, cualquiera de ustedes que no renuncia a todo lo
que tiene, no puede ser discípulo mío" (Lc 14,
26-27.33).
El
Señor Jesús dotó a su comunidad de una estructura
que permanecerá hasta la plena consumación del Reino.
Ante todo está la elección de los doce con Pedro como
su cabeza; puesto que representan a las doce tribus de Israel, ellos
con los cimientos de la nueva Jerusalén. Los doce y los otros
discípulos participan en la misión de Cristo, en su
poder y también en su suerte.
Con
todos estos actos, Cristo prepara y edifica su Iglesia.La Iglesia
no es un "resultado" posterior ni una simple consecuencia
"desencadenada" por la acción evangelizadora
de Jesús.
Ella nace ciertamente de esta acción, pero de modo directo,
pues es el mismo Señor quien convoca a sus discípulos
y les participa el poder de su Espíritu, dotando a la naciente
comunidad de todos los medios y elementos esenciales que el pueblo
católico profesa como institución divina.
Pero
la Iglesia ha nacido principalmente del don total de Cristo por
nuestra salvación, anticipado en la institución de
la Eucaristía y realizado en la cruz. Al morir Cristo en
la cruz nace místicamente la Iglesia, pues brota sangre y
agua de su costado abierto. El agua es el símbolo del
Espíritu Santo y simboliza el sacramento del Bautismo; la
sangre es símbolo de la Eucaristía
"El
agua y la sangre que brotan del costado abierto de Jesús
crucificado, son signo de este comienzo y crecimiento" (L.G.
3). "Pues del costado de Cristo dormido en la cruz nació
el sacramento admirable de toda la Iglesia" (SC. 5).
Del
mismo modo que Eva fue formada del costado de Adán adormecido,
así la Iglesia nació del corazón traspasado
de Cristo muerto en la Cruz.
Cristo
reina ya mediante la Iglesia
"Cristo
murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor
de muertos y vivos" (Rm 14,9). Jesucristo es el Señor:
posee todo poder en los cielos y en la tierra. El está "por
encima de todo principado, potestad, virtud, dominación"
porque el Padre "bajo sus pies sometió todas las cosas"
(Ef 1, 20-22).
Como
Señor, Cristo es también cabeza de la Iglesia que
es su Cuerpo.
"Bajo
sus pies sometió todas las cosas y le constituyó Cabeza
suprema de la Iglesia que es su Cuerpo, la Plenitud del que lo llena
todo en todo" ( Ef 1,22).
Los
Hechos nos dicen que Cristo "se ha adquirido" la
Iglesia "con su sangre" (Hch 20,28; 1 Cor 6,20).
También Jesús cuando al irse al Padre decía
a los discípulos
"Yo
estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo"
(Mt 28,20).
Podemos
resumir diciendo que Cristo es el Señor de la Historia. En
Él la historia del hombre, y puede decirse de toda la creación,
encuentra su cumplimiento trascendente. Es una concepción
que encuentra su fundamento en la carta a los Efesios en donde se
describe el eterno designio de Dios para realizarlo en la plenitud
de los tiempos:
"Haced que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está
en los cielos y lo que está en la tierra"( Ef 1,10)
Vinculación
y diferencia entre el Reino de Dios y la Iglesia o Reino de Cristo.
El
mensaje de Jesús tiene su centro en la proclamación
del Reino que en Él mismo se hace presente y viene.
Los que aceptan su predicación y su persona forman el REINO
DE CRISTO, que es la Iglesia
El
Reino de Dios es más amplio que la Iglesia: Se da en cierto
modo donde quiera que Dios esté reinando mediante su gracia
y amor, venciendo el pecado y ayudando a los hombres a crecer hacia
la gran comunión que les ofrece en Cristo.
Por lo tanto, el Reino de Dios, sin ser una realidad desligable
de la Iglesia, trasciende sus límites visibles.
La Iglesia o Reino de Cristo es germen del Reino de Dios y está
a su servicio.
Esta
relación y diferencia nos permite evitar todo triunfalismo
de la Iglesia y ubicarnos como Iglesia al servicio del Reino de
Dios, que de hecho puede estar realizándose más allá
de las fronteras visibles de nuestra Iglesia.
La
alternativa que ofrece Jesús, a la vista de todo lo dicho,
se comprende que el proyecto del Reino no se puede implantar en
toda la sociedad. Por una razón muy sencilla, el proyecto
del Reino no se puede imponer por la fuerza, sino mediante la conversión
de los corazones y de las conciencias.
El
reinado de Cristo se hará realidad en la medida que haya
hombres y mujeres que cambien radicalmente su propia mentalidad,
su escala de valores, su apreciación práctica y concreta
por el dinero, el poder y el prestigio.
La
Iglesia MANIFESTADA por el Espíritu Santo
"Cuando
el Hijo terminó la obra que el Padre le encargó realizar
en la tierra, fue enviado el Espíritu Santo el día
de Pentecostés para que santificara continuamente a la Iglesia"
(Lumen Gentium, 4).
El
Espíritu Santo obraba ya, sin duda en el mundo, antes de
que Cristo fuera glorificado. Sin embargo el día de Pentecostés
descendió sobre los discípulos para permanecer con
ellos para siempre;
"la
Iglesia se manifestó públicamente ante la multitud;
comenzó la difusión del Evangelio por la predicación
y fue, por fin prefigurada la unión de los pueblos en la
catolicidad de la fe por medio de la Nueva Alianza". (Ad gentes,
4).
El
día de Pentecostés, nace la primera comunidad cristiana,
madre de todas las demás comunidades cristianas. Pero también
modelo de todas las que le seguirán.
Como
ella es "convocatoria" de salvación para
todos los hombres, la Iglesia es, por su misma naturaleza, misionera
enviada por Cristo a todas las naciones para hacer de ellas discípulos
suyos.
San
Lucas explica que, cuarenta días después de la muerte
de Jesús, se les apareció por última vez para
hacerles comprender esto:
"Pero
recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá
sobre vosotros, y seréis testigos míos en Jerusalén,
Judea y Samaria y hasta el confín del mundo"
La
presencia del Espíritu de Jesús en la comunidad fue
la luz que les permitió entender el misterio de Jesús
y el sentido de su misión. Gracias al impulso del Espíritu,
la comunidad de discípulos, tomo una forma determinada y
se descubrió a sí misma como comunidad de salvación.
El
Espíritu Santo derramado sobre la comunidad de los discípulos
el día de Pentecostés:
- Abre los
ojos de los que estaban temerosos y aturdidos para descubrir
y proclamar la realidad de la Resurrección.
- Fortalece
a los miembros de la comunidad para que sean capaces de comunicar
la vida que mana de la fuente del crucificado.
- Los capacita
para comprender el mensaje de Jesús (Jn 16,13) y para
vivir las actitudes que les enseñó.
- Defiende
a la comunidad en los momentos difíciles, suscitando
siempre la palabra oportuna en los discípulos para responder
a las agresiones y preguntas de sus perseguidores.
La expansión de la Iglesia
La expansión definitiva de la Iglesia por el Imperio Romano
fue debida, en gran medida a la actividad misionera de Pablo de
Tarso, llamado el apóstol de los paganos.
Pablo judío helenista de la ciudad de Tarso. Su nombre de
nacimiento era Saulo, conservador de las tradiciones judías.
Persiguió a los cristianos helenistas de Jerusalén.
Cuando
se enteró que algunos cristianos helenistas que habían
huido a Damasco estaban predicando en las sinagogas, pidió
permiso al Sanedrín para ir a apresarlos.
Sin embargo, en el camino a Damasco tuvo una experiencia que le
cambió la vida. Lucas la explica así:
"Iba
de camino, ya cerca de Damasco, cuando de repente lo deslumbró
una luz celeste. Cayó en tierra y oyó una voz que
le decía: Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues?
-Contesto: ¿Quién eres Señor? Le dijo: -Yo
soy Jesús, a quien tu persigues. Ahora levántate,
entra en la ciudad y allí te dirán lo que has de hacer"
(Hch 9, 3-6).
Entonces
fue acogido por los mismos que iba a perseguir y se hizo cristiana,
dedicando el resto de su vida a la misión de predicar la
Buena Noticia. El Nuevo Testamento recoge muchas cartas de Pablo,
aunque algunas de las que se le atribuyen fueron escritas probablemente
por discípulos suyos
La Iglesia CONSUMADA en la Gloria.
La
Iglesia "solo llegará a su perfección en la
gloria del Cielo", cuando Cristo vuelva glorioso. Hasta
ese día, "La Iglesia avanza en su peregrinación
a través de las persecuciones del mundo y de los consuelos
de Dios".
Actividad:
Comparto: ¿Qué aprendí
de nuevo sobre mi Iglesia?
¿Qué hace brotar en mí el conocer que somos
convocados por las tres personas de la Santísima Trinidad?
¿Cómo lo puedo aplicar
a mi vivencia en mi parroquia, comunidad o movimiento?
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