Manual de Formación Bíblica 2003 - 2004
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LOS LIBROS PROFÉTICOS
La palabra "profeta" es griega, y quiere decir "hablar
en nombre de …" Este nombre profeta, indica claramente la
misión de estos hombres: El profeta es el que habla en
nombre de Yahvéh; es su voz viva en medio del pueblo, para
recordar las promesas entre Dios y su pueblo, para enderezar,
corregir, etc.
Son hombres de fuerte personalidad y espiritualidad, enviados,
intermediarios, siervos de Yahvéh.
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¿Cómo
nació el profetismo?
En el plan de salvación, Dios siempre ha llamado algunas
personas quienes fueran sus enviados para el pueblo. Siempre, pues,
en Israel hubo profetas, hombres llamados a ser intérpretes
de su voluntad salvífica ante Israel. Ya Abraham es llamado
"profeta" (Cfr. Gén. 20,7), Moisés es considerado
el más grande de los profetas (Cfr. Am. 2,10).
Profetas
Mayores
Sin embargo, cuando hablamos en la Biblia de los "Profetas",
nos referimos a aquellos que dejaron escritos sus pensamientos y
sus profecías y constan en el Canon Bíblico.
Conozcamos sumariamente quienes son los "profetas bíblicos".
Mayores, por la extensión larga de sus libros
-
ISAÍAS:
Vivió en el siglo VIII a.C. unos años antes del
destierro. Es el profeta mesiánico, cuya palabra golpea
y consuela.
-
JEREMÍAS:
Profeta muy delicado, dotado de gran sensibilidad, en él
pugna la necesidad de paz y ternura con la dureza del mensaje
que tiene que anunciar, porque vivió momentos terribles
para su pueblo: El período de la humillación y
del exilio.
-
EZEQUIEL:
Es el profeta del cautiverio, del exilio a Babilonia. En su
libro, lleno de esperanza y de consejos, busca tener viva la
fe del pueblo.
-
DANIEL:
Es de carácter totalmente distinto a los anteriores.
La primera parte de su obra consta de narraciones en el período
de Babilonia; la segunda trata de visiones en las que se presentan
las grandes fuerzas impulsadoras de la historia.
Profetas
Menores
12 profetas MENORES, así llamados por la menor extensión
de sus escritos.
-
OSEAS:
Marido abandonado por su mujer; el matrimonio roto le hace comprender
el drama de la fidelidad entre Dios y el pueblo.
-
JOEL:
Hizo resonar su voz en el momento de una espantosa plaga
de langostas.
-
AMÓS:
Campesino del norte con un lenguaje duro y concreto sobre la
justicia comunitaria se estima que es el más antiguo
de los profetas escritores (780 a.C).
-
ABDÍAS:
Sólo nos ha dejado una "postal", por la pequeñez
de su escrito.
-
JONÁS:
Un profeta, ¡a pesar de su mala gana! Su historia es una
narración ficticia, simbólica, con un mensaje
universal. Jesús se refería a él varias
veces en su predicación.
-
MIQUEAS:
Es contemporáneo de Isaías. Su profecía
contiene las bellas palabras mesiánicas de la descendencia
de David, referente a Belén.
-
NAHUM:
Con su breve mensaje y oráculos contra Nínive.
-
HABACUC:
Con su gran pregunta sobre la justicia de Dios y el cántico
solemne a su Gloria.
-
SOFONÍAS:
Es el profeta del "Día del Señor".
-
AGEO:
Profeta del tiempo de la restauración, eso es del regreso
del exilio.
-
ZACARÍAS:
Contemporáneo de Ageo, habla del futuro Redentor, que
será manso y montará sobre un pollino.
-
MALAQUÍAS:
Habla de la venida de Dios para desterrar toda miseria y necesidad.
Características
de los profetas
Leyendo los libros proféticos,
podemos darnos cuenta de unas características comunes: en
su vocación, su vida y su mensaje. Leer por ejemplo: Am.
7-9; Is 6; Ez. 1-3; Is. 40, 3-8. A estos textos se pueden añadir
la vocación de Eliseo (1Re. 19, 19ss.) de Samuel (1Sam. 3,
1ss) y Moisés (Ex. 3-4).
Toda vocación profética es única, personal
e irrepetible, sin embargo podemos destacar unos elementos comunes
en todos:
-
La vocación es libre iniciativa
de Dios y no-determinación del hombre.
A veces es una llamada sin aparente preparación, sino
repentina
(Am. 7, 14-15).
-
Es una llamada irresistible, capaz
de vencer cualquier temor: El profeta normalmente experimenta
incapacidad y se resiste, hasta ser investido por una fuerza
que lo seduce (Jer. 20, 7).
-
La llamada de Dios reviste al profeta
de una Misión: Ser la voz de Dios. Ellos tienen la clara
conciencia de hablar con la autoridad de Dios, no con la propia.
-
La llamada de Dios nace siempre en
una experiencia fuerte de Dios, de su Gloria (Ezequiel), de
su presencia (Isaías), de un diálogo con Él
(Jeremías).
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Manual
de Formación Bíblica
2003-2004
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