Manual de Formación Bíblica 2003 - 2004

 

DISPOSICIONES Y MÉTODO
PARA LA LECTURA DE LA BIBLIA


OBJETIVO:
Ver la importancia que tiene la lectura de la Biblia. Presentar algunos métodos sencillos de lectura; y sobre todo, darnos cuenta que un verdadero contacto con la Sagrada Escritura, lleva al cristiano y a la comunidad a una transformación conforme al Evangelio.

 

Antes de comenzar la lectura

Durante la lectura

Métodos de lectura

Reflexiones

 

Antes de comenzar la lectura

Primero antes de comenzar la lectura de la Biblia, debemos dirigirnos a Dios por medio de una corta oración. Conectarnos con Él, puesto que es el Señor el que nos va a hablar.
No se necesita para ello ninguna oración prefabricada. Basta que elevemos nuestra mente al Señor y hagamos una oración cualquiera, la que nos inspire el corazón. Por ejemplo la de Samuel: "Habla, Señor, que tu siervo escucha".

Sin embargo hay oraciones muy hermosas. Por ejemplo:
"Señor, creo que en las Sagradas Escrituras que voy a leer, se contiene tu Santa Palabra. Haz que la escuche con todo respeto y amor. Ilumina mi mente para que por medio de ella conozca tu santa voluntad, y mueve mi corazón para que cumpla con fidelidad lo que tú quieres de mí. Te lo pido por Jesucristo, tu Hijo y Nuestro Señor. Amén."

Segundo por medio de Jesucristo, que es quien puede abrir los sellos con que ese Libro Sagrado está cerrado.

"¿Quién es el que puede romper las amarras de este Libro sellado? Solamente Uno: Cristo" (Apoc. 5,5) "Lloraba yo mucho, porque no había nadie que fuera capaz de abrir el rollo ni de examinarlo siquiera. Entonces uno de los ancianos me dijo: No llores, ha vencido el león de Judá, el retoño de David; él abrirá el rollo y los siete sellos"

De ahí la necesidad de conectarnos con el Padre, por medio de nuestro intercesor, Cristo, para que Él abra nuestra inteligencia y prepare nuestro corazón.

Debemos estar penetrados de sumo respeto hacia los Libros Sagrados: Los personajes del AT oían la divina Palabra descalzos y rostro en la tierra, como consta en Éxodo 3,5.
Los primitivos cristianos tenían tal veneración a la Biblia, que la encerraban, junto con la Eucaristía, en el Sagrario. Ellos mismos copiaban capítulos enteros de su puño y letra y los llevaban consigo, y al morir, los familiares los depositaban sobre su pecho.
Actualmente los cristianos conscientes, sienten también por la Biblia un respeto santo. Por eso, en la Misa, en el momento de anunciarse la Palabra de Dios, el sacerdote o diácono rezan una oración especial, los fieles se ponen de pie y se persignan; y una vez acabada la lectura, el sacerdote besa la Escritura. En las misas solemnes, se inciensa, además, la Biblia.

Durante la lectura

a) Leer las Sagradas Escrituras, no corriendo, sino despacio, meditando lo que se lee:
Es recomendable hacer la lectura a una hora fija y si es posible en un lugar silencioso, en la casa o en la Iglesia y aún en la oficina.
Si eres padre o madre de familia, acostúmbrate a leer diariamente a una hora oportuna con todos los tuyos. Es la mejor manera de "orar en familia" y de unirse con Cristo que dice: "Allí donde dos o más se reunieren en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos".
Hay quien propone para rumiar lo que se lee, copiar frases y textos. Nos hacemos poco a poco de una buena selección de textos y habrá la ventaja de que los aprenderemos de memoria.

b) Leer las Escrituras con espíritu de humildad.
Cuando acudimos a sus páginas en plan científico, histórico o cultural. Dios no se manifiesta porque no hay diálogo con Él. En cambio cuando nos acercamos a ellas con disposición sencilla, como el discípulo ante el maestro, el Señor nos va revelando "El gran amor con que nos ama"
(Ef. 2,4).

"Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y prudentes, y se las has dado a conocer a los sencillos" (Mt. 11,25).

"Y si no, hermanos, tengan en cuenta quiénes han sido llamados, pues no hay entre ustedes muchos sabios según los criterios del mundi, ni muchos poderosos, ni muchos nobles." (1 Cor. 1, 26-27).

"Mi orgullo despreciaba la sencillez (de las Escrituras) y mi inteligencia no penetraba su sentido. Cuando más pequeño se haga uno, mejor las penetrará; pero a mí me repugnaba hacerme pequeño y la infatuación de mi vanidad me agrandaba a mis propios ojos" (San Agustín, Confesiones).

c) Leer la Biblia con espíritu de fe.
Es decir, creyendo firmemente que es el mismo Dios el que nos habla ahora. La Biblia no es sólo el testimonio de un pasado; tiene una dimensión eterna y siempre actual. Por ello, es también la fe de la Iglesia de hoy que sigue escuchando al Padre y Señor que nos habla constantemente.

d) Leer la Biblia, con espíritu de oración.
"La Biblia hay que leerla de rodillas",
decía un autor. En realidad hay muchísimos pasajes que se prestan para rezar y meditar:

  • Para rezar: "Leer la Biblia es rezar; reverenciarla es adorar la grandeza divina; familiarizarse con ella es entrar en diálogo frecuente con Dios y empezar a gozar de Él". En los Salmos, Ester, Tobías, Judit, Jeremías y, en general, en casi todos los libros, hay plegarias que se prestan muchísimo para la oración personal y comunitaria.

  • Para meditar: La Biblia nos ofrece muchos temas de meditación reposada. Tan cierto es esto, que abundan libros que tratan de comentar frases y pasajes bíblicos al respecto. Así sus enseñanzas penetran más eficazmente en el corazón del hombre. Leemos en Hebreos 4,12: "Porque la Palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que una espada de dos filos: penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta lo más profundo del ser y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón"

e)Leer la Biblia con inteligencia:
Nuestra fe debe ser una fe racional. Por lo mismo, nuestra inteligencia debe ponerse al servicio de la fe, con el objeto de penetrar, lo mejor que se pueda, en el contenido de los textos. Por eso, nunca se insistirá bastante sobre la necesidad que tiene el cristiano de una preparación o iniciación bíblica.

Métodos de lectura

a). Lectura personal
Para una persona poco conocedora de la Biblia recomendamos seguir este orden:
Por ser Cristo el fin y el centro de la Biblia:

    • Se comienza por los Evangelios, procurando que la lectura de sus cuatro libros sea reposada, atenta. Será el mejor medio de conocer a Jesucristo. Un buen comentario de los cuatro Evangelios y una sinopsis, nos ayudarán extraordinariamente.

    • Después se puede pasar a los Hechos de los Apóstoles. Sus relatos contienen provechosas enseñanzas para la vida cristiana de hoy.

    • Las Epístolas de San Pablo. Estas cartas paulinas tienen un grandísimo valor porque son el mejor complemento y comentario del Evangelio, en su doctrina y en su aplicación.

    • Las Epístolas Católicas. Puede comenzarse por Santiago, que es el más fácil de entender.

    • El Apocalipsis, dará fin al Nuevo Testamento.

    • Por los Profetas puede comenzarse a leer el AT, ya que numerosos pasajes del NT nos remitirán de manera particular a ellos.

    • Leyendo los Profetas, desearemos conocer las circunstancias en que ellos vivieron y obraron impulsados por la acción del Espíritu de Dios. Estas circunstancias están escritas también en algunos libros Históricos, como en Samuel y Reyes.

    • El NT, los Profetas y los Libros Históricos, nos llevan a estudiar también pasajes de la "Antigua Alianza" y las primeras promesas, o sea, los relatos de los Patriarcas y las primeras leyes de Israel que se contienen en los cinco primeros libros de la Biblia: El Pentateuco.

La Lectura de los Libros Sapienciales que, por otra parte, tanta sabiduría contienen, nos será de gran utilidad para conocer mejor la mentalidad de los judíos contemporáneos de Jesús.

Después de haber leído por este orden la Biblia entera, el lector estará preparado para una segunda lectura que podría ser desde el principio hasta el fin.

b). Lectura en grupo:
Si nos concretamos sólo a leer la Biblia personalmente, corremos el riesgo de quedarnos con una reflexión e interpretación muy parcial de la misma; por eso sugerimos, dentro de lo posible, la lectura en grupo. Esta será más completa y a la vez más iluminadora, ya que los demás integrantes del grupo nos enriquecerán con sus aportaciones.
En esta clase de lectura señalamos la siguiente metodología:

El grupo debe ser pequeño a fin de que haya más participación, uno de los miembros coordina las aportaciones o reflexiones que se vayan haciendo.
Si el grupo está formado por principiantes, es bueno por método, seguir algunos pasos que ayuden a adentrarse poco a poco en la reflexión bíblica. Llegará un momento en que no serán necesarios tales pasos ya que las personas del grupo lograrán tener más experiencia al respecto y podrán con mayor facilidad reflexionar la Palabra de Dios.
El esquema de los pasos para la lectura en grupo de un texto narrativo puede ser el siguiente:

Oración
Lectura del texto a nivel grupo.
Lectura del texto en forma personal.
Narrar con nuestras palabras lo leído.
Señalar los personajes que intervienen y sus actitudes.
Enunciar los temas o ideas dominantes de la lectura.
Aplicar a nuestra vida el mensaje que hemos descubierto.
Compromisos a nivel personal y de grupo.
Oración final.

c). Lectura litúrgica.

La Iglesia ha querido, a partir del Concilio Vaticano II, que en las celebraciones sagradas haya lecturas de la Sagrada Escritura más abundantes, más variadas y más apropiadas. Fue por eso que hace algunos años se renovó el Leccionario que contiene las lecturas de las misas lográndose así, una mejor selección de textos bíblicos.

Basándose en esta reforma litúrgica, se tiene la posibilidad de conocer globalmente la Sagrada Escritura a través de los pasajes bíblicos que se leen en cada celebración Eucarística. Aconsejamos pues, en este tipo de lectura, lo siguiente:

Quienes asistan a Misa durante la semana, podrán tener en dos años una visión general de toda la Biblia; para ello, es bueno ir leyendo paralelamente en casa, los textos bíblicos correspondientes a cada día.
Quienes asistan sólo los domingos, lograrán una visión sintética de la Escritura en tres años; se requiere también, leer en casa los pasajes bíblicos propios de cada domingo.

Reflexiones

1. ¿Creemos sinceramente que la Biblia puede transformar nuestra manera de pensar y de actuar.
2. ¿Qué sentido tiene leer la Biblia sin relacionarla para nada con nuestra vida?
3. En los ambientes donde nos movemos ¿Qué cosas o situaciones pueden ser confrontadas con la Biblia?
4. ¿Qué importancia le damos a lectura y reflexión de la Escritura en grupo?
5. ¿Somos conscientes que cuando se lee la Sagrada Escritura en la comunidad, es Cristo quien nos sigue hablando y que está presente allí?
6. ¿A qué se debe que en la mayoría de los cristianos que escuchan la Palabra de Dios proclamada en las misas, no se opera cambio alguno en sus vidas?


 

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