Manual de Formación Bíblica 2003 - 2004

 

LA MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESÚS


Por vivir de acuerdo con los planes que Dios tenía sobre Él, y por anunciar un mensaje de amor y de perdón, Jesús sufrió la incomprensión de mucha gente, fue criticado e incluso condenado a muerte.

 

Los últimos días de Jesús

La celebración de la pascua

Enfrentamiento con los mercaderes

La última Cena

El proceso de la muerte de Jesús

La crucifixión

María al pie de la Cruz

Muerte de Jesús

La resurrección de Jesús

 

Los últimos días de Jesús

Cuando las personas sinceras intentan ser consecuentes con lo que piensan, a menudo suelen ser incomprendidas, criticadas y perseguidas.
Por vivir de acuerdo con los planes que Dios tenía sobre Él, y por anunciar un mensaje de amor y de perdón, Jesús sufrió la incomprensión de mucha gente, fue criticado e incluso condenado a muerte.

Él era consciente de que sus palabras y su manera de vivir eran una buena noticia para muchos, sobre todo para los sencillos y los mas necesitados. Estos veían en Él la encarnación de la bondad y el perdón de Dios.

Pero era también una molestia para otros, especialmente para los que no vivían de acuerdo con los planes de Dios. Estos se sentían interrogados por Jesús, se daban cuenta que tenían que cambiar muchas cosas en su vida y no estaban dispuestos a hacerlo. (Mt. 23, 23. 27-28).

Por otra parte, los gobernantes y jefes religiosos del tiempo de Jesús (sumos sacerdotes, fariseos…) temían que la fama de Jesús les quitara a ellos poder y popularidad (Mt. 21,45).

Por eso el sentimiento hacia Jesús en los últimos días de su vida se iba haciendo cada vez más hostil. Él era consciente de que las autoridades lo buscaban para matarlo y lo expresaba (Mt. 26,1-5).

Este era el ambiente que se daba en Palestina antes de la fiesta de Pascua. En esta fiesta, se reunían en Jerusalén numerosos judíos venidos de todas partes.

La celebración de la Pascua

A pesar del ambiente tenso que le rodeaba, Jesús, como buen judío, decidió ir a Jerusalén para celebrar la Pascua.
Al enterarse de su llegada, mucha gente salió a recibirle. En Betfagé, un pueblo cercano a Jerusalén, sus amigos pidieron prestado un borrico y Jesús se montó sobre él. A Jesús le gustaba llevar a cabo gestos significativos y éste fue uno de ellos. El asno era el signo de paz y de bondad, representaba la llegada del Mesías, que traía el amor de Dios.

Al verlo entrar los que le apreciaban, le hicieron un gran recibimiento y gritaban con alegría y entusiasmo (Mc. 11,7-9). Los que no le conocían preguntaban quien era aquél, y les contestaban: "Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea".

Los que deseaban detenerlo buscaban el momento oportuno para hacerlo, y prefirieron esperar, porque era mucha la gente que apreciaba a Jesús (Mc. 11,18).

A pesar de todo ello, Jesús se siente libre. Pasa entre ellos y entra al Templo de Jerusalén, como muchas veces lo hacía.
Durante la celebración de la fiesta de la Pascua, los judíos comían por familias un cordero, recordando la salida de Egipto, celebraban el paso de la esclavitud a la libertad.

Enfrentamiento con los mercaderes

Al entrar en el gran patio del Templo, el espectáculo que vio le indignó. Los cambistas y vendedores de palomas intentaban hacer negocio a costa de la buena fe de los que compraban. Jesús se dio cuenta de que el lugar de oración y de relación con Dios, como era el Templo, se había convertido en un centro de negocios y estafa. Era más similar a un mercado que a un templo (Mt. 21,12-15).

A partir de este hecho Jesús habló con mas fuerza y claridad, exhortando a sus seguidores a vivir de acuerdo con lo que Dios quería. Esta actitud le supuso un enfrentamiento con los sacerdotes y fariseos, quienes, desde ese momento, buscaron la ocasión para detenerlo y condenarlo (Mc.12,12).

Jesús veía claro que la muerte estaba muy cerca. Pero no cambió su conducta por evitarla, estaba dispuesto a cumplir la misión recibida del Padre y a seguir anunciando la buena nueva y denunciando lo que se oponía a ella.

La última cena

Viendo que su hora se acercaba, Jesús quiso celebrar la Pascua con sus discípulos. Para él esta cena era algo más que una celebración pascual. En ella quiso dejar a sus discípulos algo fundamental: su propia vida. Y lo hizo a través de los signos del pan y el vino. Así mientras cenaban, Jesús entregó su propia vida bajo los símbolos del pan y el vino. Estos simbolizaban que Él era comida y bebida, fortaleza y alimento para los creyentes (Lc. 22,14-15).

Durante la cena Jesús realizó otro gesto de servicio: Lavar los pies a los discípulos. Esta labor estaba destinada a los esclavos y sirvientes. Con este gesto, los discípulos descubrieron que toda su vida había sido una vida de servicio y entrega, sobre todo, a los más pobres y necesitados (Jn. 13,2.4-5; 12-15).

Jesús era consciente de que iba a ser traicionado por uno de sus discípulos: Judas Iscariote. Y aun así, sintiéndose traicionado, fue capaz de darles un último mensaje, el que tantas veces había corroborado con su vida: el amor a los demás:

" Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. En esto conocerán que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros" Jn. 13, 34-35.

El gesto de Jesús de entregar su vida a través del pan y del vino lo hacen presente los cristianos con la celebración de la Eucaristía. En ella rememoran la muerte y resurrección de Jesús.

En aquélla época se viajaba casi siempre a pie. Al llegar a casa, los esclavos o sirvientes lavaban los pies del caminante. El evangelista Juan nos cuenta en estos textos el testamento de Jesús: (Jn. 14, 1.18.26; Jn. 15, 9.1; Jn. 15,14-16).

El proceso de la muerte de Jesús

Después de la cena, Jesús y once de los discípulos, (Judas ya no estaba con ellos), se encaminaron al huerto de Getsemaní, en el monte de los Olivos. Apenas llegaron, Jesús se arrodilló y se puso a orar mientras los discípulos descansaban.

La oración a su Padre fue sinceramente dolorosa. Jesús no quería morir, nunca deseó su muerte, ni tampoco la buscó. Esta le vino propuesta por la voluntad de Dios y Él la aceptó, como acto de fidelidad a lo que Dios le pedía.

La traición y detención:

M
ientras Jesús rezaba, uno de los discípulos, Judas Iscariote se acercó a Él. Iba acompañado de los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y un grupo de personas armadas con palos y espadas. Al llegar junto a Jesús, Judas le dio un beso. Esta era la señal convenida para mostrarles quién era Jesús. Judas recibió a cambio 30 monedas, precio que se pagaba en aquel entonces por un esclavo ( Mt. 26, 55-56).
En aquel momento los amigos de Jesús se dejaron llevar por el miedo y huyeron.

5.2 Juicio y condenación:

Tras su detención, Jesús fue conducido ante el Sanedrín para ser juzgado. El juicio fue breve, debido a que se acercaba la fiesta de la Pascua, y fue condenado por dos causas: una religiosa y la otra política.

Jesús fue condenado por blasfemo (causa religiosa), pues se había presentado como el Mesías (Mc. 14,60-65).

Aunque el Sanedrín le juzgó y le condenó a muerte, no tenía competencia para ejecutar la sentencia: Era preciso que la autoridad de Roma lo aprobase. Por eso, Anás y Caifás (sumos sacerdotes) entregaron a Jesús a Poncio Pilato, gobernador Romano de Judea, presionándole para que juzgara y condenara a Jesús. Pilato necesitaba una causa política, ya que los romanos no condenaban a los judíos por causas religiosas.

Los miembros del Sanedrín la buscaron enseguida. Acusaron a Jesús ante Pilato de ser un líder con muchos seguidores que pretendía sublevarse contra Roma (Lc. 23,1-3).

Pilato no obstante, no estaba convencido de la culpabilidad de Jesús e intentó salvarlo. Por ello se dirigió al pueblo y les dijo: "Yo no encuentro ninguna culpa en este hombre" (Lc. 23,4). Al enterarse de que Jesús era Galileo, Pilato lo envió ante Herodes, gobernador de Galilea, que estaba en esos días en Jerusalén.

Herodes que sentía curiosidad por conocer a Jesús, le hizo varias preguntas, pero Jesús no respondió. Entonces mandó colocarle un vestido blanco (así solían ir vestidos los locos) y, tras burlarse de Él, lo devolvió a Pilato. Este aún intentó salvarlo.

Con motivo de la celebración de la Pascua, era costumbre devolver la libertad a un condenado. Por ello Pilato convocó a los judíos y les propuso liberar a Jesús. Pero estos prefirieron liberar a Barrabás, que estaba en la cárcel por asesinato (Jn. 18,40).

Convencido de su inocencia, Pilato buscó otro motivo para salvarlo. Mandó a sus soldados que lo azotasen y le colocasen una corona de espinas y un manto rojo. Muy pocas personas eran capaces de soportar el castigo de los azotes. Era tal el dolor de los golpes y el sufrimiento al rasgarse los vasos capilares, que solían desfallecer. Pero Jesús soportó el castigo.

Pilato mostró entonces al pueblo, convencido de que se apiadarían de Él. Sin embargo, el pueblo seguía pidiendo su muerte. Ante ello, el gobernador romano se lavó las manos, como símbolo de que no encontraba culpa alguna, y lo entregó a los judíos para que lo crucificaran.
Jesús cargó con la cruz en la que iba a morir y se dirigió hacia el monte Gólgota, lugar donde se ejecutaba a los condenados. La muerte en la cruz era la pena capital que los romanos imponían a los esclavos rebeldes, ladrones, traidores. Era un tormento horrible, por eso también la impusieron a los que eran acusados por delitos políticos.

La crucifixión

Una vez que llegó al lugar, Jesús fue crucificado en medio de dos ladrones y lo dejaron allí esperando a que muriera.

Era costumbre escribir en la cruz el motivo por el que había sido condenado el reo, por eso Pilato mandó colocar la inscripción: "Jesús de Nazareth, rey de los judíos". (Jn 19,18-22).

En algunas representaciones de Cristo en la cruz suelen aparecer las siglas INRI, que representan la inicial de cada palabra en latín: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum.

Algunos pasaban junto a Jesús crucificado, se burlaban de Él, y le insultaban echándole en cara lo que había hecho y dicho (Lc. 23, 35). Pero Jesús dio ejemplo hasta el final de su vida. Así, ante las burlas y los insultos, reaccionó con una postura de amor y de perdón. "Padre, perdónales porque no saben lo que hacen" (Lc. 23,34).

María al pie de la Cruz

Son pocas las veces en que los evangelistas nos hablan de María. No se debe a que ella no fuera importante en la vida de Jesús, sino a que los evangelistas deseaban transmitir, sobre todo, el mensaje de Jesús.
Pero María aparece siempre en los momentos importantes: Infancia de Jesús, comienzo de su vida pública (bodas de Caná), al pie de la cruz, cuando los discípulos reciben el Espíritu Santo….

María es la mujer fuerte, que colabora con la misión de su Hijo en todos los momentos, gozosos y dolorosos. Por tanto, no podía faltar en este momento.

En esta situación tan dolorosa para Jesús, su madre está presente llorando, junto al hijo. Junto a ella otras mujeres le acompañaban, aquellas que le habían seguido en su vida pública (Jn. 19,25 Mt 27,55).

Tanto en la sociedad del tiempo de Jesús, como en el transcurso de la historia, la mujer ha sido marginada e incluso ignorada. Jesús intentó solucionar esta injusticia y lucho contra ella, saltándose algunas costumbres y normas de su tiempo: se acercó a María Magdalena, defendió a la mujer adúltera, comía a menudo en casa de dos mujeres (Marta y María).

Hoy en día, hay también personas y movimientos que reconocen la dignidad de la mujer, la valoran y la defienden. Pero es insuficiente, queda una gran labor por realizar en este campo.

Muerte de Jesús

Después de sufrir y padecer, Jesús murió entregando su vida a Dios su Padre: "Padre en tus manos encomiendo mi espíritu" Dicho lo cual, expiró (Lc. 23,46; Mt. 27, 45-46. 48. 50).

Su muerte despertó mucho interés entre la gente que había llegado a Jerusalén. Muchos veían el fracaso del profeta Jesús. El Mesías había sucumbido ante la autoridad romana.

Entierro de Jesús

El día en que Jesús murió era viernes. Como el sábado no se podía llevar a cabo ninguna actividad, fue enterrado con rapidez. Un amigo de Jesús llamado José, se dirigió a Pilato a pedirle permiso para enterrarlo. Este lo autorizó. Bajaron el cuerpo de la cruz, lo envolvieron con una sábana, lo enterraron en un sepulcro excavado en la roca en forma de cueva. Para cerrar el sepulcro colocaron una gran piedra y se fueron (Lc.23, 50-53. 55-56).

EL SIGNIFICADO DE LA MUERTE DE JESÚS

La muerte de Jesús desconcertó y desilusionó a los creyentes de aquel entonces. Se preguntaban si toda su obra había sido un fracaso. Pero poco a poco fueron descubriendo su significado.
Para entender el significado de la muerte de Jesús hemos de tener presente figuras e imágenes bíblicas del AT. Estas nos ayudarán a comprender el sentido de su muerte:

  • La figura del profeta. En Israel existieron muchos profetas que fueron incomprendidos. Incluso dieron la vida por defender y orientar en el buen camino a su pueblo. Gracias a estos profetas, muchas personas vivieron de acuerdo con lo que Dios quería. Se sintieron salvadas.

  • Por qué sufre el justo: El pueblo de Israel se preguntaba constantemente por qué sufría el justo. Uno de los personajes que la Biblia nos pone como modelo de los justos es Job.
    Jesús el justo por excelencia, es el que traerá la salvación para muchos. Los primeros creyentes estaban convencidos de que, a pesar de que Jesús no fue del todo comprendido ni aceptado, el amor y la justicia que él vivió y proclamó triunfarían un día.

  • El sufrimiento y la muerte del Siervo: En el Antiguo Testamento el profeta Isaías nos habla continuamente de este Siervo de Yahvé. Este siervo sufrirá por los demás y de su sufrimiento y su dolor surgirá la vida (Is. 53, 3-5. 11).

Los creyentes estaban convencidos de que, de la misma forma que la semilla muere da fruto cuando cae en la tierra, la muerte de Jesucristo traía la vida para la humanidad.

La resurrección de Jesús

Algunos apóstoles tenían la certeza de que Jesús no había quedado entre los muertos, sino que estaba con ellos. Y lo anunciaron a los cuatro vientos, salieron a proclamarlo por todas las partes y se iban contagiando. Pedro lo expresa de esta forma: (Hch. 2, 14. 22-24. 32. 36).

Esta certeza que tienen los apóstoles acerca de la presencia de Jesús en su vida es lo que les hace cambiar de actitud. Pasan de la desilusión a la ilusión; de la desesperanza a la esperanza; de la cobardía a la valentía. A partir de este momento los apóstoles anuncian, sin miedo alguno, que Jesús vive y que merece la pena vivir según su doctrina y su mensaje.

Esta es la razón del cambio sorprendente que se produjo en la vida de los apóstoles: Dios había resucitado de entre los muertos a Jesús y con ello afirmaban todas sus palabras y todas sus actuaciones. Por eso se convertirán en los testigos de la resurrección e iniciarán la Iglesia.

Textos sobre la Resurrección de Jesús

Antes de que esta creencia en la resurrección de Jesús apareciera en los Evangelios, la primitiva Iglesia ya afirmaba la fe en la resurrección de Jesús a través de unos credos expresados en forma de discurso (1Cor. 15, 3-5).

En los Evangelios podemos encontrar diversos textos que nos hablan de la resurrección de Jesús. Algunos hacen referencia al sepulcro vacío. Algunas mujeres que habían acompañado a Jesús y a sus discípulos decidieron volver al sepulcro para embalsamar bien el cuerpo de Jesús (Mc. 16, 1-2. 4-7).

Otros textos hablan de las apariciones. Estos textos son múltiples pero todos coinciden en tres aspectos básicos:

    • La iniciativa. La iniciativa de dejarse ver corresponde a Jesús Resucitado. Jesús puede estar en medio de los suyos o junto a ellos y sin embargo, no ser reconocido. Hace falta que Él dé el primer paso con algún gesto especial: partir el pan, llamar a María por su nombre…. (Jn. 20, 11-17).

    • El reconocimiento: Jesús Resucitado no es un fantasma, ni un ser misterioso de otro mundo. Los discípulos ven al mismo Jesús que vivió en la tierra y paso haciendo el bien. Es el mismo, aunque tenga una vida diferente. (Lc. 24, 36-39).

    • La misión: Cuando el Resucitado se deja ver, no es simplemente para gozo de quien lo descubre. Jesús siempre empuja a comunicar a otros su presencia, desea que se anuncie su mensaje (Jn. 20, 19-21).

EL SIGNIFICADO DE LA RESURRECCIÓN DE JESÚS
El acontecimiento de la resurrección cae fuera de la experiencia humana, pero no de la de los apóstoles. El creyente tiene pleno convencimiento de que:

  • La Resurrección de Jesús es una acción de Dios (1Cor. 6,14).

  • A través de la Resurrección de Jesús, Dios se revela como el Dios de la vida que no permite que triunfen el mal, el dolor, el sufrimiento….

Jesús vive, y los que creen en Él vivirán para siempre. Este vivir para siempre puede resultar difícil de comprender: ¿Qué quieren decir los Evangelios cuando hablan de la resurrección? La respuesta a esta pregunta puede resumirse en tres puntos:

  • La resurrección no es un retorno a la vida de antes para morir de nuevo.

  • Es entrar en una vida completamente distinta: estar con Dios.

  • La resurrección no es una continuación de esta vida terrenal. No es una reencarnación, un vivir distintamente en esta vida. Después de la muerte hay una nueva creación, un nacer de nuevo.

  • La resurrección es entrar en la realidad y la vida definitiva. La muerte no significa nada, es el paso a Dios, es la entrada a la vida plena. Vista la perspectiva mundana, puede parecer la entrada a un mundo de silencio, oscuro y sin relaciones. En cambio, la muerte vista desde la fe cristiana no se aleja de la vida, sino que es la plenitud de la vida y de la luz. El cristiano esta convencido de que tras la muerte le espera su Padre Dios.

Esta fe en la Resurrección de Jesús y la esperanza de la propia resurrección es la base y fundamento del cristianismo. Sin la fe en la resurrección no es posible creer en Jesús, pues Él es la vida y la vida en plenitud.

A raíz de la Resurrección de Jesús, sus discípulos se lanzan con la fuerza del Espíritu a anunciar lo que Él transmitió con su vida, muerte y resurrección. Así se formó la Iglesia, el pueblo de Dios. Los discípulos del tiempo de Jesús y todos los cristianos están convencidos de las palabras de Jesús:

"Pero recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis testigos míos en Jerusalén, Judea y Samaría y hasta el confín del mundo" (Hch. 1,8).

"Yo estaré con vosotros siempre, hasta el fin del mundo" (Mt. 28,2).

 

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