Los
últimos días de Jesús
Cuando
las personas sinceras intentan ser consecuentes con lo que piensan,
a menudo suelen ser incomprendidas, criticadas y perseguidas.
Por vivir de acuerdo con los planes que Dios tenía sobre
Él, y por anunciar un mensaje de amor y de perdón,
Jesús sufrió la incomprensión de mucha gente,
fue criticado e incluso condenado a muerte.
Él
era consciente de que sus palabras y su manera de vivir eran una
buena noticia para muchos, sobre todo para los sencillos y los mas
necesitados. Estos veían en Él la encarnación
de la bondad y el perdón de Dios.
Pero
era también una molestia para otros, especialmente para los
que no vivían de acuerdo con los planes de Dios. Estos se
sentían interrogados por Jesús, se daban cuenta que
tenían que cambiar muchas cosas en su vida y no estaban dispuestos
a hacerlo. (Mt. 23, 23. 27-28).
Por
otra parte, los gobernantes y jefes religiosos del tiempo de Jesús
(sumos sacerdotes, fariseos…) temían que la fama de Jesús
les quitara a ellos poder y popularidad (Mt. 21,45).
Por
eso el sentimiento hacia Jesús en los últimos días
de su vida se iba haciendo cada vez más hostil. Él
era consciente de que las autoridades lo buscaban para matarlo y
lo expresaba (Mt. 26,1-5).
Este
era el ambiente que se daba en Palestina antes de la fiesta de Pascua.
En esta fiesta, se reunían en Jerusalén numerosos
judíos venidos de todas partes.
La
celebración de la Pascua
A pesar del ambiente tenso que le rodeaba, Jesús,
como buen judío, decidió ir a Jerusalén para
celebrar la Pascua.
Al enterarse de su llegada, mucha gente salió a recibirle.
En Betfagé, un pueblo cercano a Jerusalén, sus amigos
pidieron prestado un borrico y Jesús se montó sobre
él. A Jesús le gustaba llevar a cabo gestos significativos
y éste fue uno de ellos. El asno era el signo de paz y de
bondad, representaba la llegada del Mesías, que traía
el amor de Dios.
Al verlo entrar los que le apreciaban, le hicieron
un gran recibimiento y gritaban con alegría y entusiasmo
(Mc. 11,7-9). Los que no le conocían preguntaban quien era
aquél, y les contestaban: "Es Jesús, el profeta
de Nazaret de Galilea".
Los que deseaban detenerlo buscaban el momento
oportuno para hacerlo, y prefirieron esperar, porque era mucha la
gente que apreciaba a Jesús (Mc. 11,18).
A pesar de todo ello, Jesús se siente libre.
Pasa entre ellos y entra al Templo de Jerusalén, como muchas
veces lo hacía.
Durante la celebración de la fiesta de la Pascua, los judíos
comían por familias un cordero, recordando la salida de Egipto,
celebraban el paso de la esclavitud a la libertad.
Enfrentamiento
con los mercaderes
Al entrar en el gran patio del Templo, el espectáculo que
vio le indignó. Los cambistas y vendedores de palomas intentaban
hacer negocio a costa de la buena fe de los que compraban. Jesús
se dio cuenta de que el lugar de oración y de relación
con Dios, como era el Templo, se había convertido en un centro
de negocios y estafa. Era más similar a un mercado que a
un templo (Mt. 21,12-15).
A partir
de este hecho Jesús habló con mas fuerza y claridad,
exhortando a sus seguidores a vivir de acuerdo con lo que Dios quería.
Esta actitud le supuso un enfrentamiento con los sacerdotes y fariseos,
quienes, desde ese momento, buscaron la ocasión para detenerlo
y condenarlo (Mc.12,12).
Jesús
veía claro que la muerte estaba muy cerca. Pero no cambió
su conducta por evitarla, estaba dispuesto a cumplir la misión
recibida del Padre y a seguir anunciando la buena nueva y denunciando
lo que se oponía a ella.
La última
cena
Viendo que su hora se acercaba, Jesús
quiso celebrar la Pascua con sus discípulos. Para él
esta cena era algo más que una celebración pascual.
En ella quiso dejar a sus discípulos algo fundamental: su
propia vida. Y lo hizo a través de los signos del pan y el
vino. Así mientras cenaban, Jesús entregó su
propia vida bajo los símbolos del pan y el vino. Estos simbolizaban
que Él era comida y bebida, fortaleza y alimento para los
creyentes (Lc. 22,14-15).
Durante la cena Jesús realizó
otro gesto de servicio: Lavar los pies a los discípulos.
Esta labor estaba destinada a los esclavos y sirvientes. Con este
gesto, los discípulos descubrieron que toda su vida había
sido una vida de servicio y entrega, sobre todo, a los más
pobres y necesitados (Jn. 13,2.4-5; 12-15).
Jesús era consciente de que iba
a ser traicionado por uno de sus discípulos: Judas Iscariote.
Y aun así, sintiéndose traicionado, fue capaz de darles
un último mensaje, el que tantas veces había corroborado
con su vida: el amor a los demás:
" Os doy un mandamiento nuevo: que os
améis unos a otros como yo os he amado. En esto conocerán
que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros"
Jn. 13, 34-35.
El gesto de Jesús de entregar su
vida a través del pan y del vino lo hacen presente los cristianos
con la celebración de la Eucaristía. En ella rememoran
la muerte y resurrección de Jesús.
En aquélla época se viajaba
casi siempre a pie. Al llegar a casa, los esclavos o sirvientes
lavaban los pies del caminante. El evangelista Juan nos cuenta en
estos textos el testamento de Jesús: (Jn. 14, 1.18.26; Jn.
15, 9.1; Jn. 15,14-16).
El proceso
de la muerte de Jesús
Después de la cena, Jesús y once
de los discípulos, (Judas ya no estaba con ellos), se encaminaron
al huerto de Getsemaní, en el monte de los Olivos. Apenas
llegaron, Jesús se arrodilló y se puso a orar mientras
los discípulos descansaban.
La oración a su Padre fue sinceramente
dolorosa. Jesús no quería morir, nunca deseó
su muerte, ni tampoco la buscó. Esta le vino propuesta por
la voluntad de Dios y Él la aceptó, como acto de fidelidad
a lo que Dios le pedía.
La traición y detención:
Mientras Jesús rezaba,
uno de los discípulos, Judas Iscariote se acercó a
Él. Iba acompañado de los sumos sacerdotes, los escribas
y los ancianos y un grupo de personas armadas con palos y espadas.
Al llegar junto a Jesús, Judas le dio un beso. Esta era la
señal convenida para mostrarles quién era Jesús.
Judas recibió a cambio 30 monedas, precio que se pagaba en
aquel entonces por un esclavo ( Mt. 26, 55-56).
En aquel momento los amigos de Jesús se dejaron llevar por
el miedo y huyeron.
5.2 Juicio y condenación:
Tras su detención, Jesús fue conducido ante
el Sanedrín para ser juzgado. El juicio fue breve, debido
a que se acercaba la fiesta de la Pascua, y fue condenado por dos
causas: una religiosa y la otra política.
Jesús fue condenado
por blasfemo (causa religiosa), pues se había presentado
como el Mesías (Mc. 14,60-65).
Aunque el Sanedrín le juzgó y le
condenó a muerte, no tenía competencia para ejecutar
la sentencia: Era preciso que la autoridad de Roma lo aprobase.
Por eso, Anás y Caifás (sumos sacerdotes) entregaron
a Jesús a Poncio Pilato, gobernador Romano de Judea, presionándole
para que juzgara y condenara a Jesús. Pilato necesitaba una
causa política, ya que los romanos no condenaban a los judíos
por causas religiosas.
Los miembros del Sanedrín la buscaron enseguida. Acusaron
a Jesús ante Pilato de ser un líder con muchos seguidores
que pretendía sublevarse contra Roma (Lc. 23,1-3).
Pilato no obstante, no estaba convencido de la culpabilidad de Jesús
e intentó salvarlo. Por ello se dirigió al pueblo
y les dijo: "Yo no encuentro ninguna culpa en este hombre"
(Lc. 23,4). Al enterarse de que Jesús era Galileo, Pilato
lo envió ante Herodes, gobernador de Galilea, que estaba
en esos días en Jerusalén.
Herodes que sentía curiosidad por conocer
a Jesús, le hizo varias preguntas, pero Jesús no respondió.
Entonces mandó colocarle un vestido blanco (así solían
ir vestidos los locos) y, tras burlarse de Él, lo devolvió
a Pilato. Este aún intentó salvarlo.
Con motivo de la celebración de la Pascua,
era costumbre devolver la libertad a un condenado. Por ello Pilato
convocó a los judíos y les propuso liberar a Jesús.
Pero estos prefirieron liberar a Barrabás, que estaba en
la cárcel por asesinato (Jn. 18,40).
Convencido de su inocencia, Pilato buscó
otro motivo para salvarlo. Mandó a sus soldados que lo azotasen
y le colocasen una corona de espinas y un manto rojo. Muy pocas
personas eran capaces de soportar el castigo de los azotes. Era
tal el dolor de los golpes y el sufrimiento al rasgarse los vasos
capilares, que solían desfallecer. Pero Jesús soportó
el castigo.
Pilato mostró entonces al pueblo, convencido
de que se apiadarían de Él. Sin embargo, el pueblo
seguía pidiendo su muerte. Ante ello, el gobernador romano
se lavó las manos, como símbolo de que no encontraba
culpa alguna, y lo entregó a los judíos para que lo
crucificaran.
Jesús cargó con la cruz en la que iba a morir y se
dirigió hacia el monte Gólgota, lugar donde se ejecutaba
a los condenados. La muerte en la cruz era la pena capital que los
romanos imponían a los esclavos rebeldes, ladrones, traidores.
Era un tormento horrible, por eso también la impusieron a
los que eran acusados por delitos políticos.
La crucifixión
Una vez que llegó al lugar, Jesús fue crucificado
en medio de dos ladrones y lo dejaron allí esperando a que
muriera.
Era costumbre escribir en la cruz el motivo por
el que había sido condenado el reo, por eso Pilato mandó
colocar la inscripción: "Jesús de Nazareth, rey
de los judíos". (Jn 19,18-22).
En algunas representaciones de Cristo en la cruz
suelen aparecer las siglas INRI, que representan la inicial de cada
palabra en latín: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum.
Algunos pasaban junto a Jesús crucificado,
se burlaban de Él, y le insultaban echándole en cara
lo que había hecho y dicho (Lc. 23, 35). Pero Jesús
dio ejemplo hasta el final de su vida. Así, ante las burlas
y los insultos, reaccionó con una postura de amor y de perdón.
"Padre, perdónales porque no saben lo que hacen"
(Lc. 23,34).
María
al pie de la Cruz
Son pocas las veces en que los evangelistas nos hablan de María.
No se debe a que ella no fuera importante en la vida de Jesús,
sino a que los evangelistas deseaban transmitir, sobre todo, el
mensaje de Jesús.
Pero María aparece siempre en los momentos importantes: Infancia
de Jesús, comienzo de su vida pública (bodas de Caná),
al pie de la cruz, cuando los discípulos reciben el Espíritu
Santo….
María es la mujer fuerte, que colabora
con la misión de su Hijo en todos los momentos, gozosos y
dolorosos. Por tanto, no podía faltar en este momento.
En esta situación tan dolorosa para Jesús,
su madre está presente llorando, junto al hijo. Junto a ella
otras mujeres le acompañaban, aquellas que le habían
seguido en su vida pública (Jn. 19,25 Mt 27,55).
Tanto en la sociedad del tiempo de Jesús,
como en el transcurso de la historia, la mujer ha sido marginada
e incluso ignorada. Jesús intentó solucionar esta
injusticia y lucho contra ella, saltándose algunas costumbres
y normas de su tiempo: se acercó a María Magdalena,
defendió a la mujer adúltera, comía a menudo
en casa de dos mujeres (Marta y María).
Hoy en día, hay también personas
y movimientos que reconocen la dignidad de la mujer, la valoran
y la defienden. Pero es insuficiente, queda una gran labor por realizar
en este campo.
Muerte
de Jesús
Después de sufrir y padecer, Jesús murió entregando
su vida a Dios su Padre: "Padre en tus manos encomiendo mi
espíritu" Dicho lo cual, expiró (Lc. 23,46; Mt.
27, 45-46. 48. 50).
Su muerte despertó mucho interés
entre la gente que había llegado a Jerusalén. Muchos
veían el fracaso del profeta Jesús. El Mesías
había sucumbido ante la autoridad romana.
Entierro de Jesús
El día en que Jesús murió
era viernes. Como el sábado no se podía llevar a cabo
ninguna actividad, fue enterrado con rapidez. Un amigo de Jesús
llamado José, se dirigió a Pilato a pedirle permiso
para enterrarlo. Este lo autorizó. Bajaron el cuerpo de la
cruz, lo envolvieron con una sábana, lo enterraron en un
sepulcro excavado en la roca en forma de cueva. Para cerrar el sepulcro
colocaron una gran piedra y se fueron (Lc.23, 50-53. 55-56).
EL SIGNIFICADO DE LA MUERTE
DE JESÚS
La muerte de Jesús desconcertó y
desilusionó a los creyentes de aquel entonces. Se preguntaban
si toda su obra había sido un fracaso. Pero poco a poco fueron
descubriendo su significado.
Para entender el significado de la muerte de Jesús hemos
de tener presente figuras e imágenes bíblicas del
AT. Estas nos ayudarán a comprender el sentido de su muerte:
-
La figura del profeta.
En Israel existieron muchos profetas que fueron incomprendidos.
Incluso dieron la vida por defender y orientar en el buen camino
a su pueblo. Gracias a estos profetas, muchas personas vivieron
de acuerdo con lo que Dios quería. Se sintieron salvadas.
-
Por qué sufre
el justo: El pueblo de Israel se preguntaba constantemente
por qué sufría el justo. Uno de los personajes
que la Biblia nos pone como modelo de los justos es Job.
Jesús el justo por excelencia, es el que traerá
la salvación para muchos. Los primeros creyentes estaban
convencidos de que, a pesar de que Jesús no fue del todo
comprendido ni aceptado, el amor y la justicia que él
vivió y proclamó triunfarían un día.
-
El sufrimiento y la
muerte del Siervo: En el Antiguo Testamento el profeta
Isaías nos habla continuamente de este Siervo de Yahvé.
Este siervo sufrirá por los demás y de su sufrimiento
y su dolor surgirá la vida (Is. 53, 3-5. 11).
Los creyentes estaban convencidos de que, de la
misma forma que la semilla muere da fruto cuando cae en la tierra,
la muerte de Jesucristo traía la vida para la humanidad.
La resurrección
de Jesús
Algunos apóstoles tenían la certeza de que Jesús
no había quedado entre los muertos, sino que estaba con ellos.
Y lo anunciaron a los cuatro vientos, salieron a proclamarlo por
todas las partes y se iban contagiando. Pedro lo expresa de esta
forma: (Hch. 2, 14. 22-24. 32. 36).
Esta certeza que tienen los apóstoles acerca
de la presencia de Jesús en su vida es lo que les hace cambiar
de actitud. Pasan de la desilusión a la ilusión; de
la desesperanza a la esperanza; de la cobardía a la valentía.
A partir de este momento los apóstoles anuncian, sin miedo
alguno, que Jesús vive y que merece la pena vivir según
su doctrina y su mensaje.
Esta es la razón del cambio sorprendente
que se produjo en la vida de los apóstoles: Dios había
resucitado de entre los muertos a Jesús y con ello afirmaban
todas sus palabras y todas sus actuaciones. Por eso se convertirán
en los testigos de la resurrección e iniciarán la
Iglesia.
Textos sobre la Resurrección
de Jesús
Antes de que esta creencia en la resurrección
de Jesús apareciera en los Evangelios, la primitiva Iglesia
ya afirmaba la fe en la resurrección de Jesús a través
de unos credos expresados en forma de discurso (1Cor. 15, 3-5).
En los Evangelios podemos encontrar diversos textos
que nos hablan de la resurrección de Jesús. Algunos
hacen referencia al sepulcro vacío. Algunas mujeres que habían
acompañado a Jesús y a sus discípulos decidieron
volver al sepulcro para embalsamar bien el cuerpo de Jesús
(Mc. 16, 1-2. 4-7).
Otros textos hablan de las apariciones. Estos
textos son múltiples pero todos coinciden en tres aspectos
básicos:
-
La iniciativa. La iniciativa de dejarse
ver corresponde a Jesús Resucitado. Jesús puede
estar en medio de los suyos o junto a ellos y sin embargo,
no ser reconocido. Hace falta que Él dé el primer
paso con algún gesto especial: partir el pan, llamar
a María por su nombre…. (Jn. 20, 11-17).
-
El reconocimiento: Jesús Resucitado
no es un fantasma, ni un ser misterioso de otro mundo. Los
discípulos ven al mismo Jesús que vivió
en la tierra y paso haciendo el bien. Es el mismo, aunque
tenga una vida diferente. (Lc. 24, 36-39).
-
La misión: Cuando el Resucitado
se deja ver, no es simplemente para gozo de quien lo descubre.
Jesús siempre empuja a comunicar a otros su presencia,
desea que se anuncie su mensaje (Jn. 20, 19-21).
EL SIGNIFICADO DE LA RESURRECCIÓN
DE JESÚS
El acontecimiento de la resurrección cae fuera de la experiencia
humana, pero no de la de los apóstoles. El creyente tiene
pleno convencimiento de que:
-
La Resurrección de Jesús es
una acción de Dios (1Cor. 6,14).
-
A través de la Resurrección
de Jesús, Dios se revela como el Dios de la vida que
no permite que triunfen el mal, el dolor, el sufrimiento….
Jesús vive, y los que creen en Él
vivirán para siempre. Este vivir para siempre puede resultar
difícil de comprender: ¿Qué quieren decir los
Evangelios cuando hablan de la resurrección? La respuesta
a esta pregunta puede resumirse en tres puntos:
-
La resurrección no es un retorno a
la vida de antes para morir de nuevo.
-
Es entrar en una vida completamente distinta:
estar con Dios.
-
La resurrección no es una continuación
de esta vida terrenal. No es una reencarnación, un vivir
distintamente en esta vida. Después de la muerte hay
una nueva creación, un nacer de nuevo.
-
La resurrección es entrar en la realidad
y la vida definitiva. La muerte no significa nada, es el paso
a Dios, es la entrada a la vida plena. Vista la perspectiva
mundana, puede parecer la entrada a un mundo de silencio, oscuro
y sin relaciones. En cambio, la muerte vista desde la fe cristiana
no se aleja de la vida, sino que es la plenitud de la vida y
de la luz. El cristiano esta convencido de que tras la muerte
le espera su Padre Dios.
Esta fe en la Resurrección de Jesús
y la esperanza de la propia resurrección es la base y fundamento
del cristianismo. Sin la fe en la resurrección no es posible
creer en Jesús, pues Él es la vida y la vida en plenitud.
A raíz de la Resurrección de Jesús,
sus discípulos se lanzan con la fuerza del Espíritu
a anunciar lo que Él transmitió con su vida, muerte
y resurrección. Así se formó la Iglesia, el
pueblo de Dios. Los discípulos del tiempo de Jesús
y todos los cristianos están convencidos de las palabras
de Jesús:
"Pero recibiréis la fuerza del Espíritu
Santo que vendrá sobre vosotros, y seréis testigos
míos en Jerusalén, Judea y Samaría y hasta
el confín del mundo" (Hch. 1,8).
"Yo estaré
con vosotros siempre, hasta el fin del mundo" (Mt. 28,2).
|
Manual
de Formación Bíblica
2003-2004
|