Manual de Formación Bíblica 2003 - 2004
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EL APOCALIPSIS (2)
Como lo vimos en la lección anterior, el libro estaba destinado
a alentar a los cristianos en medio de las pruebas y la persecución.
Desde el comienzo hasta el final de las grandes visiones, se trata
de hombres que fueron degollados a causa de la Palabra de Dios,
de los santos cuya sangre fue derramada por la "gran corrupción",
o sea por la Roma Imperial (Ap. 6,9; 18,1-8).
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Introducción
Los estudiosos están de acuerdo en identificar
en los símbolos del Apocalipsis a la persecución de
Nerón y de Domiciano, emperadores romanos que persiguieron
a la Iglesia, primero en Roma y luego en todo el imperio, durante
los años 64-96 d.C.
Sin embargo la crisis y luchas que menciona el
Apocalipsis, no son sólo de persecuciones externas. En los
primeros 3 capítulos se habla de una "crisis interna"
de la Iglesia, a la cual hace frente el apóstol con la "carta
a las 7 Iglesias" (Ap. 2-3).
Estructura
y contenido del Apocalípsis
-
Prólogo
(Ap. 1,1-3).
Con la solemnidad de una liturgia, Juan establece que Cristo
Jesús está al centro de todo el libro "Apocalipsis-revelación
de Jesucristo" (1,1).
-
Primera visión:
Las siete cartas a la Iglesia (1, 43,22)
Juan, desde el destierro en la isla de Patmos, donde ha sido
relegado a causa de su valiente predicación de la Palabra
de Dios, se une a todos los cristianos y comparte las tribulaciones
de las comunidades. Allí es testigo de una revelación;
ve a Cristo resucitado y recibe el encargo de una misión
profética.
-
Con esta garantía de ser profeta de
Cristo, redacta las cartas a las Iglesias, en nombre de Cristo
(Caps. 2 y 3).
Cristo interpela a la Iglesia con autoridad divina, reconoce
y valora los progresos de su fe, más también les
hecha en cara sus defectos y culpabilidad.
El objetivo de estas cartas es la conversión
leal de la Iglesia, prepararla y purificarla a fin de que pueda
acoger toda la revelación.
La Iglesia aparece representada con el número
simbólico de 7 comunidades, indicando en su totalidad a la
Iglesia universal. Pero esta universalidad no le quita nada al realismo,
pues Cristo habla a una Iglesia concreta, a una comunidad con los
problemas iguales a los nuestros, de manera que toda comunidad cristiana
se puede reconocer en ellas.
En las cartas se puede descubrir una misma estructura
a) Dirección de la carta: Señala
a las 7 ciudades de Asia Menor, siguiendo la ruta del correo imperial.
b) Auto presentación de Cristo: Aparece
el Señor revestido de unas características especiales
para cada comunidad.
c) Alabanza: El Señor alaba lo bueno que
hay en la comunidad. Solo para la Iglesia de Sardis y de la Laodicea
no hay alabanzas.
d) Reproches: Cristo Jesús recrimina con
severidad los pecados de la comunidad. No hay reproches por las
Iglesias de Esmirna y Filadelfia.
e) Exhortaciones a la conversión: En todas
las cartas se repite con insistencia la urgencia de la conversión.
Es la parte central de cada carta.
f) Promesa del "Vencedor": Con esta
palabra de "vencedor", Cristo designa a quien le será
fiel en la prueba. A él promete participar en su victoria
pascual.
g) Fórmula de aviso: "El que tenga
oídos que escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias".
Segunda parte: Interpretación profética
de la historia (Ap. 4-22)
Una idea general invade toda la sección:
Hay una lucha total entre el bien y el mal; la Iglesia se mueve
dentro de esta lucha, de su tiempo y de todos los tiempos.
La presencia de Cristo en ella es garantía
de segura victoria.
a) El trono, el libro y el Cordero (Ap. 4, 1-5,
15)
Esta sección forma el preludio majestuoso a las otras visiones.
Ha sido colocada aquí con un sentido preciso: Inculcar la
fe en la providencia y sabiduría de Dios, aunque la realidad
sea engañosa. La historia está vista desde dónde
debe verse: desde los ojos de Dios.
La visión de Dios, sentado en el trono, indica su perfecto
dominio sobre todo lo creado: Dios queda en todo momento como el
Señor único de la historia.
El libro: (5,1):
Es la misma historia humana, que esconde dentro
de ella el designio misterioso de Dios sobre los acontecimientos
ni es capaz de leer su interpretación (5,3). Por eso la humanidad
llora porque no encuentra el sentido de su vida, de sus las luchas,
de sus padecimientos (5,4). Sólo el Cordero, Cristo Jesús,
es capaz de abrirse el misterio de la historia humana y da sentido
a la vida (5, 7-14).
Queda una vez más establecida la centralidad
de Cristo, el único que puede descifrar la historia del mundo
y descubrir su dignificado último.
Si recordamos que el Apocalipsis se dirige a cristianos que conocen
la persecución, está visión del Cordero es
una inmensa invitación al valor y la esperanza: Los que sufren
actualmente por Cristo son un pueblo de futuros vencedores, porque
es Dios, por medio de Cristo, que dirige el destino de todos los
hombres.
Los 7 sellos (Ap. 6-7):
Esta segunda sección habla de la apertura
de los sellos, que cerraban el libro: Es Cristo resucitado que aclara
y explica las grandes fuerzas que impulsan la historia humana.
Los 4 caballos expresan dramáticamente
el desarrollo de la historia que zigzaguea entre tantas dificultades,
pruebas y acontecimientos. Los 3 caballos, rojo, negro y verde,
indican las grandes plagas de la humanidad; la violencia, la injusticia
social y la muerte, con todos los males que estas acarrean. El caballo
blanco, el primero, representa a Cristo resucitado que combatirá
y vencerá contra esos azotes de la humanidad.
El quinto sello es diferente (6, 9-11): Son los
mártires que piden justicia por su sangre derramada. Cristo
descubre aquí otra fuerza invisible, que mueve la historia
de la salvación: ¡la oración sangrienta de los
santos mártires es una fuerza poderosa en el camino de la
historia!. El v. 6,11 está cargado de esperanza para los
cristianos que sufren injusticia y persecución: A ellos les
garantiza la victoria del Cordero.
En la apertura del sexto sello (6, 12-17) la visión
se hace cósmica. La caída de los astros y la huída
de los poderosos significan la llegada del gran día de la
"cólera" de Dios, sobre las divinidades paganas
(los astros de 16,13) y la derrota de la maldad (los poderosos)
(6, 15-17).
Cristo abre ese sello, es decir que revela la
esperanza de la victoria del bien sobre las fuerzas del mal y de
las falsas divinidades de todos los tiempos.
Las 7 trompetas: La historia se pone en movimiento
(Ap. 8-11)
Esta sección se caracteriza por el sonar
de las 7 trompetas. Anuncian con solemnidad que Dios se hace presente
en la historia para realizar su salvación. Para la realización
de su plan, de su voluntad. Dios cuenta con una colaboración:
La oración de los santos (8,4). Ésta, enlazada con
el incienso, que es la acción directa de Dios, hace una fuerza
para que se realice el designio salvífico de Dios.
Con las 7 trompetas, se pone en movimiento la
historia, que es vista como una lucha sin tregua entre mal y bien.
Pero el poder del mal es limitado y está sometido al poder
de Dios (Ap. 9).
En el Cap. 11, el mal (la bestia: 11,7) tendrá
una victoria temporal hasta sobre "los testigos" (11,
3-4), o sea los profetas. Es el grado más alto de la persecución
y de victoria temporal de la bestia, del mal sobre el bien.
El choque frontal entre las fuerzas del bien y
del mal (Ap. 12-16)
En esta sección el autor inspirado nos introduce en el drama
profundo de la historia humana. El enfrentamiento entre las fuerzas
del bien y del mal llegan a su máxima expresión.
Las 3 señales que aparecen: la mujer (12,1),
el dragón (12,3) y los 7 ángeles (15,1), introducen
a los varios personajes simbólicos que participan y protagonizan
este duro enfrentamiento:
Ap. 12: La lucha de la mujer (la Iglesia) contra
el dragón (los perseguidores de la Iglesia) (12,1-18): Describe
con muchos detalles simbólicos y complejos, la lucha victoriosa
de la Iglesia contra las fuerzas perseguidoras que quieren acallarla
y derribarla.
Esta, la Iglesia, cuenta con la ayuda de Dios
y sus ángeles (12, 7-9), de manera que saldrá victoriosa
con Cristo y sus mártires (12,11). La visión es una
maravillosa vista panorámica de la historia de la Iglesia,
como pueblo de Dios, que da a luz a Cristo (12,5) y éste,
con el triunfo de su resurrección derrota a las fuerzas demoníacas.
Ap. 13: La visión de las dos bestias profundiza
la presencia del mal en el mundo. a la joven Iglesia de Cristo se
le zarandea de todos los lados, muchas "bestias" se le
oponen y hacen peligrar su fidelidad (13,7).
La primera bestia es el Imperio Romano, con sus autoridades (10
cabezas) y su mucho poder (7 cuernos), que persigue a la Iglesia.
Pero es también la personificación de todo poder humano
y político que a lo largo de la historia oprime a la Iglesia
de Cristo. Juan invita a la paciencia y a la firmeza de la fe (13,10).
La segunda bestia, un falso cordero, es la personificación
de las falsas doctrinas y falsas religiones o falsos maestros que
seducen a los pueblos (13, 11-18).
Ap. 14-15: Frente a las fuerzas del mal (las dos
bestias) en la historia del mundo hay una gran esperanza: Muchos
siguen a Cristo resucitado, el Cordero, con fidelidad (14,1-13).
En esta lucha de siempre, entre bien y mal, hay otros elementos
positivos: La predicación de la fe, el anuncio de la conversión.
Se entreve ya desde aquí el victorioso, pero paciente camino
de las fuerzas de Cristo frente a las fuerzas del mal (14,8-12).
Quien sea fiel y perseverante saldrá victorioso en el juicio
de Dios (14, 13-20), y cantará el canto de los vencedores
(15,1-4).
Esta visión pretende fortalecer la fe de
la comunidad cristiana, tras la adversidad sufrida y la calamidad
de las plagas que se acercan. Como siempre, el Apocalipsis sigue
siendo el libro cristiano de la consolación.
Ap. 16: las 7 copas (se asemejan a las 10 plagas
de Egipto)
El número 7 indica la universalidad del castigo, que Dios
tiene preparado para quien no se convierte (16,11). La lucha entre
el bien y el mal continúa, siempre bajo el dominio absoluto
de Dios (16,15).
El desenlace final de toda la historia (Ap. 16,
17-20, 15).
La séptima copa derramada, signo de la intervención
de Dios en el mundo, inicia el desenlace final. Cristo y los suyos
van aniquilando progresivamente todas las fuerzas negativas que
han corrompido a la humanidad (Ap. 18; 19,11-21), con el gozo total
desbordante de todas las creaturas (19,1-10).
Después de la derrota de la prostituta,
de la gran ciudad y de las 2 bestias, por último le toca
al enemigo número uno, origen del mal, el gran dragón,
Satanás (20,2).
Juan con la gloriosa visión del Cap. 19,
revela la idea central del Apocalipsis: en medio de la tribulación,
y a pesar de un triunfo aparente y temporal de las fuerzas del mal,
en la gran lucha bien-mal de toda la historia humana, hay la segura
esperanza del triunfo de Cristo, del Bien, de los cristianos fieles.
En el Cap. 20 la visión se enriquece de
símbolos que han dado motivos a varias interpretaciones:
un ángel arroja a Satanás al abismo donde permanecerá
encadenado por mil años (20, 1.3). Entonces todos los mártires
vuelven a la vida y reinan con Cristo estos mil años (20,4).
Luego Satanás, de nuevo desencadenado,
emprende un último combate contra el pueblo de Dios, antes
de ser juzgado y precipitado para siempre al estanque del fuego
(20, 7-10). Después de esto se celebra el juicio final, precedido
de la resurrección general de los muertos (20, 11-15).
Este texto ha dado motivo
a varias interpretaciones erróneas.
-
Algunos piensan en un paraíso terrenal
de mil años antes del cielo.
-
Otros, entre los cuales algunos Padres de
la Iglesia de los primeros siglos, dieron origen a la doctrina
del MILENARISMO: pensaban que Cristo vendría de nuevo
a la tierra después de un tiempo; su retorno sería
acompañado por la resurrección de los justos,
que vivirían en prosperidad durante 1,000 años.
Luego vendría la resurrección final.
-
Algunos protestantes, en fin, lo interpretan
como doble resurrección: la de los justos y la de los
condenados. ¡Pero no se puede interpretar literalmente
este texto, en un marco de visiones simbólicas!
La Iglesia hoy nos orienta a esta interpretación
espiritual:
La "primera resurrección" de
los 1000 años (20, 3-6) es la "vida nueva" que
el hombre recibe cuando se adhiere a Cristo en la fe, con el Bautismo.
El reino de los 1,000 años corresponde, entonces, a toda
la vida de la Iglesia, desde Pentecostés hasta el fin de
los tiempos ( o la "renovación de la Iglesia",
desde el término de las persecuciones hasta el fin de los
tiempos).
El tiempo de la vida de la Iglesia, pero, no sería
exento de la presencia del maligno (20, 11-15). Juan habla de estos
últimos tiempos en los mismos términos del Evangelio
y de los profetas Daniel y Ezequiel.
Los cielos nuevos y la tierra nueva (Ap. 21-22)
Después de dejar en claro que el combate entre la Iglesia
y sus oponentes, entre bien y mal, entre Cristo y Satanás,
tiene como vencedores definitivos a Cristo, la Iglesia y los que
se mantuvieron fieles a su fe, Juan termina con la esperanza de
toda la historia: La esposa del Cordero (21,9) o sea la Iglesia,
tiene un futuro de gloria: ¡todo lo que ansiaba la humanidad
desde el Génesis, se realizará!
La esposa, luego se cambia, como símbolo
en ciudad (21,10) y la Nueva Jerusalén sustituye a la antigua.
La historia llega a su plenitud con un nuevo Génesis, donde
el hombre fiel a Cristo reencuentra la plenitud de su vida en la
comunión con Dios y con los hermanos: ¡Es la realización
del REINO DE DIOS!
Epílogo (Ap. 22, 6-21)
La conclusión del Apocalipsis se estructura
en forma de diálogo litúrgico, donde interviene el
autor sagrado, el ángel, Jesús y la asamblea.
Hay tres mensajes principales:
-
Juan recibe la orden profética de
revelar los secretos del sentido de la
historia (22,10).
-
Cristo Jesús se presenta como recapitulación
de toda la historia e
invita a una actitud (22, 13-17).
-
La actitud es de una oración de espera:
"¡Maranathá!",
"¡Ven, Señor Jesús!".
Explicación
de algunos símbolos
El libro del Apocalipsis merece que tengamos claros los elementos
del lenguaje simbólico.
Puedes
confrontar en tu Biblia algunos símbolos más con su
significado:
Los 24 ancianos (4,4):
Son
las 12 tribus de Israel más los 12 apóstoles del Cordero;
representan la totalidad de los Santos que han intervenido activamente
en la historia de la salvación.
Los
4 seres vivientes (león, toro, hombre, ángel) (4,
6-7):
Significan el mundo de las creaturas, que Dios domina y que están
al servicio del Todopoderoso. La tradición de la Iglesia
ha visto siempre en estos 4 vivientes también los símbolos
de los 4 evangelistas: Marcos (león), Mateo (hombre), Juan
(águila) y Lucas (toro).
El Cordero
(5,6):
Es Jesús, Hijo de Dios, inmolado en la cruz, manso y dócil,
quien sin embargo es redentor y victorioso sobre la historia.
Los
7 cuernos y 7 ojos del Cordero (5,6):
Indican plenitud de poder (los cuernos) y perfección de ciencia
(los ojos).
Los
144,000 de los "marcados" con el sello (7,4):
Son los cristianos marcados por el Bautismo. El número es
simbólico: 12 por 12 por 1000, es decir todos los hombres
buenos del pueblo de Dios de la Antigua y Nueva Alianza.
Los
2 testigos (11, 2-4) y la bestia (11,7):
Los dos testigos indican a los discípulos profetas de Cristo,
los anuncia el Evangelio. La bestia es el mal personificado. El
mal dañará también a los profetas, pero después
de 3 días y medio (un tiempo breve) serán elevados
por el Espíritu (11,11) y serán incorporados a la
victoria de Cristo.
La mujer
(12, 1-18):
Este símbolo es muy rico. Directamente es la Iglesia, pero
la tradición ve en ella también a María.
El dragón
(12, 1-18):
Es la bestia que será vencida por último (20, 1-10).
Es la personificación de las fuerzas demoníacas, presentes
a lo largo de la historia.
Las
2 bestias (13, 1-18):
La primera bestia surge del mar, y personifica las potencias hostiles
a Dios. Directamente es Roma y su Imperio, pero es todo poder político
que se opone a Dios y se hace adorar.
La segunda
bestia surge desde la tierra, que es el horizonte donde se desarrolla
la historia humana. Es el falso profeta (16,13; 19,20; 20,10). Representa
toda falsa doctrina, con su poder de persuasión y halagos.
666 (13,9):
¡es la bestia más cruel! Según las reglas de
la simbología de números, leído en caracteres
hebraicos, este número corresponde a "NERÓN CÉSAR".
Juan,
con mucha ironía (13,18) señala que el poder demoníaco
se encarnó en este emperador romano, aborrecido por los cristianos.
Pero la cifra no es "777", es decir crueldad total, sino
es 666, eso se refiere a una violencia cruel, pero no total. ¡La
cifra indica su limitación, para consuelo de los cristianos!
Los
144,000 del Cordero (14,1):
Son los fieles a Cristo, los que se quedan firmes en la fe, frente
al Imperio Romano, o a las falsas doctrinas. Son 12 por 12 por 1000.
es decir una multitud grande (1000) del antiguo pueblo de Dios (12
tribus) y de la Iglesia (12 apóstoles).
Los
3 ángeles (14, 6-17):
Son los predicadores del Reino de Dios, los profetas los misioneros,
que anuncian conversión. Son también los heraldos
de Dios que anuncian el juicio sobre la historia humana.
Babilonia,
la prostituta (14,8; 17,1; 19,2):
Directamente es Roma y el Imperio Romano. Pero es también
todo el poder político que se opone al plan salvífico
de Dios en Cristo. Las 7 cabezas (17,9) son las 7 colinas de Roma
y sus 7 emperadores; el sexto es
Nerón
y el séptimo es Domiciano.
Los 3 espíritus inmundos en forma de sapos (16,13):
Son los mensajeros de la "trinidad infernal", en contraposición
de la Trinidad celeste, y actúan como sapos en las tinieblas
y clandestinamente.
Gog y Magog (20,8) (Cfr. Ez. 38):
Es el
proverbial símbolo de todas las potencias hostiles al pueblo
de Dios, las cuales combaten a la Iglesia con poderes terrenales,
animados por Satanás.
Enseñanzas
en el Apocalípsis
Apocalipsis: El gran libro de la esperanza
cristiana
Desde la primera a la última página aletea el grito
esperanzador:
"Tengan paciencia, sean fuertes en la prueba,
porque el mal será vencido: ¡Cristo, el Cordero victorioso
llevará consigo a los que serán fieles a Él!
Juan invita a todos los cristianos de todos los tiempos a no claudicar
y a tener viva la esperanza en la Iglesia de Cristo.
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