Manual de Formación Bíblica 2003 - 2004

 

UN PUEBLO BAJO LA ALIANZA
Desde la conquista de la tierra, hasta su pérdida

OBJETIVO:
Descubrir la Alianza hecha con Dios como el eje central donde se mueve la historia del pueblo de Israel. La observancia de la Alianza atraerá sobre él las bendiciones o favores de Dios. El incumplimiento del pacto provocará el castigo de Dios a su pueblo.

 

La conquista (hacia 1230)

El período de los jueces (hacia 1230-1030 a.C)

La monarquía unida (hacia 1030-931a.C.)

División de los reinos (931-586a.C.)

Los profetas pre-exilicos

Reflexiones

       

La conquista (hacia 1230)

La conquista de la tierra de Canáan realizada por Josué, el sucesor de Moisés, pone fin a la caminata por el desierto y corona la salida de Egipto. La tierra se convierte en don de Dios pero a la vez significa el esfuerzo humano. Al ser conquistada (Jos. 1-12), y luego repartida (13-21), Dios cumple la promesa de la tierra hecha a los Patriarcas (23). El pueblo ratifica y renueva la Alianza en Siquem.

El período de los jueces (hacia 1230-1030 a.C.)

En el período de los jueces el pueblo peca rebelándose contra Dios con quien había pactado una Alianza. Dios los castiga por medio de otras naciones. Sólo cuando su pueblo reconoce su pecado y se arrepiente, entonces Dios lo perdona y lo libera suscitando un juez o libertador entre ellos (Jc. 2,6 -3,6).

La monarquía unida (hacia 1030-931 a.C.)

Las doce tribus de Israel, aunadas ya por la Alianza, se unifican políticamente, comenzando así la monarquía que surge tanto por imitación de los pueblos vecinos (1Sam. 8,5), como por necesidades internas: protegerse contra las invasiones de las naciones que los rodean

3.1 Samuel

El último juez, hace ver que Dios es el auténtico rey de su pueblo (8,7; 12,12) y a la vez constata los peligros de una monarquía con autoridad ilimitada (8, 10-22).
La historia del pueblo se encargará de mostrar que esos peligros fueron una realidad, y que la auténtica función del rey: asegurar la paz exterior, y proteger a los débiles y explotados haciendo justicia (Cfr. Sal 72), pocas veces se cumplió con fidelidad.

3.2 Saúl
Es el primer rey (1Sam. 4,11) su monarquía es incipiente y no logra unificar todas las tribus. Desgraciadamente fue infiel a Yahvéh (15, 19-31).

3.3 David

Sucesor de Saúl, es el primero que reina de hecho sobre las tribus del sur y del norte, sobre Judá e Israel (2Sam. 2, 1-4). Conquista Jerusalén y traslada allí el Arca de la Alianza, símbolo de la presencia de Dios con su pueblo. Convierte así a Jerusalén en el centro religioso y político del pueblo. Quiere construirle a Dios una casa, un templo, pero Él no se lo permite, pues es un Dios de la historia, que va de un lado a otro, que no puede ser localizado ni manipulado al antojo del hombre (7, 1-7).
Dios le promete a David que le construirá una casa, una dinastía, es decir, que siempre habrá en el trono de Judá un descendiente de su familia: es la promesa mesiánica de la dinastía de David (7, 12-16). Por eso, no obstante sus pecados (11, 1-12,15), David quedará como tipo o figura del Rey Mesías (Cfr. Is. 11, 1ss; Jer. 23,5).

3.4 Salomón
Fue el sucesor de David (1Re. 1,28-40). Se distingue por su sabiduría, sus riquezas y grandes construcciones. A él le corresponde el honor de la construcción del templo de Jerusalén (6-8). Desgraciadamente a causa de sus muchas mujeres extranjeras se apartó de la Alianza con su Dios y se fue tras los otros dioses (11, 1-13). También fue infiel al pueblo, pues le cargó con muchos impuestos para poder dedicarse a las construcciones y llenarse él de riquezas y esplendor (12,4).

División de los reinos (931-586 a.C.)

A la muerte de Salomón se hace patente el descontento del pueblo, especialmente de los del Norte que se habían visto cargados con fuertes impuestos. Ante las amenazas del Roboam, el hijo de Salomón, que pretende oprimir más, surge el cisma político - religioso. El pueblo se divide en dos reinos: el de Israel o del Norte y el de Judá o del Sur (1Re. 12), cada uno con sus propias capitales y sus propios centros de culto.
Poco a poco el pueblo junto con sus dirigentes se va olvidando de la Alianza, a pesar de las amonestaciones de los profetas. Dios castigará a su pueblo destruyendo los dos re

4.1 El Reino de Israel o del Norte (931-722 a. C).

El reino de Israel o del Norte, tuvo primero como capital a Siquem, luego a Tirsa, y por último a Samaria. Comprendía casi 10 tribus (Efraim, Manases, Rubén, Gad, Dan, Neftalí, Aser, Zabulón, Isacar y parte de la de Benjamín). Sus 19 reyes, iniciando con Jeroboam, no pertenecían a la familia de David. Sus centros religiosos se establecieron en Dan y Betel, prácticamente sus fronteras.

Fueron famosos sus profetas "no escritores": Elías y su discípulo Eliseo, en el s. IX, indudables defensores de la fe yahvista en medio de su pueblo (1Re 18-19; 21) . Y también sus profetas "escritores" Amós y Oseas en el s. VIII. Los asirios destruyeron el reino del Norte en el 722. deportaron a los notables hacia Asiria y trajeron a Samaria colonos de allá (Cfr. 2Re 17,5ss).

4.2 El Reino de Judá o del Sur (931 - 586 a. C)

El reino de Judá o del Sur, tuvo como capital política y religiosa a la ciudad de Jerusalén. Comprendía prácticamente dos tribus (la de Judá que ya se había anexado el territorio de la de Simeón y parte de la tribu de Benjamín). Sus 19 reyes, iniciando con Roboam, pertenecieron a la dinastía de David.

En el campo religioso fueron famosos los intentos de reformas hechos por los reyes Ezequías en el s. VIII y Josías en el s. VII. Entre sus profetas podemos enumerar: Miqueas e Isaías en el s. VIII; Sofonías, Nahum y Habacuc en el s. VII, y en los siglos VII y VI el gran profeta Jeremías. En el 597 los Babilonios hicieron la primera deportación; en el 586 capturaron y destruyeron Jerusalén incendiando el templo salomónico. Se inicia el exilio o destierro en Babilonia. Parte del pueblo permanece en la patria en ruinas o huye hacia Egipto (Cfr. Jer. 39-44).

Los profetas pre-exílicos

Durante este tiempo, como ya hemos señalado, surgieron los profetas que llamamos preexílicos o anteriores al destierro de Babilonia. Su mensaje fundamental fue la denuncia de los pecados del pueblo, y el anuncio del castigo que consistiría en la destrucción de los reinos, dejando, no obstante, una esperanza de salvación para el futuro.

Se les llama también "profetas escritores" porque sus oráculos o palabras han llegado hasta nosotros en escritos hechos ordinariamente por discípulos o generaciones posteriores.
Las características de los profetas las podemos resumir en las siguientes líneas:

  • Son hombres de Dios: Porque por Él han sido llamados a predicar con su palabra, con sus acciones simbólicas y con su misma vida el mensaje de Dios. Todos ellos están convencidos de esa irrupción de Dios en su vida personal (Is. 6; Jer. 1; Os 1-3)

  • Son hombres de espíritu: Porque él es quien inspira a los profetas y quien los invade con su fuerza arrolladora (Miq 3,8; Is. 48, 16; Jl. 3,1).
    Porque son hombres libres que se enfrentan a toda clase de personas e instituciones: "Yo, en cambio, estoy lleno de valor, de espíritu del Señor, de justicia, de fortaleza, para anunciar sus crímenes a Jacob, sus pecados a Israel" (Miq. 3,8).

  • Son hombres de la palabra: Han sido llamados por Dios y han recibido la fuerza del espíritu para anunciar a su pueblo la Palabra de Dios:

Es la palabra de Yahvéh. Así lo repiten constantemente en los oráculos: "Esto dice el Señor…". Una palabra que el profeta no la puede acallar ni silenciar: "Me dije: No me acordaré de él, no hablaré en su nombre, pero ella era en mis entrañas fuego ardiente encerrado en los huesos: intentaba contenerlo, y no podía" (Jer. 20,9; Am. 3,8).

Es la palabra que cala honda y profundamente en la vida del profeta. En ocasiones es alegría y gozo para él (Jer. 15,16). Una palabra que le acarrea problemas, incomprensiones y persecuciones (Os 9, 7-9).

Es la palabra de la tradición actualizada, está enraizada en el pasado, en la Alianza y los beneficios que Dios ha hecho por su pueblo (Am. 2, 9-11; Os. 1-3).

Es la palabra que interpela, que provoca una respuesta, que no nos puede dejar indiferentes, y ante la que no podemos permanecer neutrales. Anuncia la presencia de Dios en la historia, la salvación divina para el pueblo (Is. 60-62). Denuncia los intentos de hacer ausente de la historia al Dios de la historia, denuncia los pecados del pueblo en general y de sus dirigentes en especial:

  • Pecados de injusticia y falsedad (Am. 2, 6-7; Miq. 2, 1-5);

  • Pecados de culto falso o hipócrita que pretende sobornar a Dios mediante ritos, prácticas cultuales y oraciones, sin tener una verdadera relación de justicia hacia el hermano. (Is 1, 10-16; Os 6,6; Miq. 6, 6-8)

  • Pecados que consisten en una falsa seguridad puesta en su elección, en sus instituciones como el templo (Jer. 7, 1-15).

  • Pecados de sus dirigentes: profetas falsos (Jer. 14, 13-16; Ez.13). Sacerdotes malos (Os 4, 4-10; Mal. 1, 6) reyes injustos (Jer. 22, 10-30).

  • Pecados de idolatría que, por la relación matrimonial entre Yahvéh y su pueblo, se convierten en adulterio y prostitución (Os. 1-3; Ez. 16).

Son hombres del pueblo: Porque a él son enviados y le sirven auténticamente comunicándole la Palabra del Señor, ayudándole a descubrir sus pecados, interpelándolo a una radical conversión (Jer. 3, 1-4).

Reflexiones

La tierra prometida fue un don y a la vez una conquista. Dios nos ha otorgado a la humanidad muchos dones y derechos: libertad, justicia, paz, vida, etc. estos implican por parte nuestra una lucha o conquista. ¿Por qué?

¿En que situaciones concretas de nuestra sociedad descubres que muchos no disfrutan totalmente de estos dones? ¿A qué se debe?

En el AT. el Rey tenía como función practicar la justicia a favor de los pobres, los oprimidos, los huérfanos y las viudas. ¿En la actualidad nuestros gobernantes y dirigentes qué intereses defienden: los del pueblo pobre y marginado, o los de los ricos y poderosos?

¿Crees que Dios en la actualidad suscite personas con una misión profética: hombres llenos de Dios, portavoces de su palabra, que anuncian la salvación y denuncian los pecados? ¿Qué caso les hacemos a ellos?

Preguntas:

1. ¿Qué final marca la conquista de la tierra?
2. ¿Qué sucede con el pueblo durante el período de los jueces?
3. ¿Por qué surge la monarquía y cómo es vista por Samuel?
4. ¿Cuál era la función del rey?
5. Describe brevemente las características de Saúl, David y Salomón
6. ¿Por qué a la muerte de Salomón se dividen los reinos?
7. Da los datos principales de cada uno de los reinos: nombre, capital, centros religiosos, destrucción (fecha e imperio), profetas.
8. Explica lo que se entiende al decir que los profetas son hombres de Dios y del espíritu.
9. ¿Cuáles son las características principales de la palabra profética?
10. Da algunos ejemplos del contenido del mensaje profético.
11. ¿Por qué los profetas son servidores del pueblo?
12. ¿Por qué Dios destruyó su obra?
13. ¿Qué es la obra historiográfica deutoronomista y por quiénes fue escrita?

 

Manual de Formación Bíblica
2003-2004