La
conquista (hacia 1230)
La conquista de la tierra de Canáan realizada por Josué,
el sucesor de Moisés, pone fin a la caminata por el desierto
y corona la salida de Egipto. La tierra se convierte en don de Dios
pero a la vez significa el esfuerzo humano. Al ser conquistada (Jos.
1-12), y luego repartida (13-21), Dios cumple la promesa de la tierra
hecha a los Patriarcas (23). El pueblo ratifica y renueva la Alianza
en Siquem.
El
período de los jueces (hacia 1230-1030 a.C.)
En el
período de los jueces el pueblo peca rebelándose contra
Dios con quien había pactado una Alianza. Dios los castiga
por medio de otras naciones. Sólo cuando su pueblo reconoce
su pecado y se arrepiente, entonces Dios lo perdona y lo libera
suscitando un juez o libertador entre ellos (Jc. 2,6 -3,6).
La
monarquía unida (hacia 1030-931 a.C.)
Las doce tribus de Israel, aunadas ya por la Alianza, se unifican
políticamente, comenzando así la monarquía
que surge tanto por imitación de los pueblos vecinos (1Sam.
8,5), como por necesidades internas: protegerse contra las invasiones
de las naciones que los rodean
3.1 Samuel
El último juez, hace ver que Dios es el auténtico
rey de su pueblo (8,7; 12,12) y a la vez constata los peligros de
una monarquía con autoridad ilimitada (8, 10-22).
La historia del pueblo se encargará de mostrar que esos peligros
fueron una realidad, y que la auténtica función del
rey: asegurar la paz exterior, y proteger a los débiles y
explotados haciendo justicia (Cfr. Sal 72), pocas veces se cumplió
con fidelidad.
3.2 Saúl
Es el primer rey (1Sam. 4,11) su monarquía es incipiente
y no logra unificar todas las tribus. Desgraciadamente fue infiel
a Yahvéh (15, 19-31).
3.3 David
Sucesor de Saúl, es el primero que reina de hecho sobre las
tribus del sur y del norte, sobre Judá e Israel (2Sam. 2,
1-4). Conquista Jerusalén y traslada allí el Arca
de la Alianza, símbolo de la presencia de Dios con su pueblo.
Convierte así a Jerusalén en el centro religioso y
político del pueblo. Quiere construirle a Dios una casa,
un templo, pero Él no se lo permite, pues es un Dios de la
historia, que va de un lado a otro, que no puede ser localizado
ni manipulado al antojo del hombre (7, 1-7).
Dios le promete a David que le construirá una casa, una dinastía,
es decir, que siempre habrá en el trono de Judá un
descendiente de su familia: es la promesa mesiánica de la
dinastía de David (7, 12-16). Por eso, no obstante sus pecados
(11, 1-12,15), David quedará como tipo o figura del Rey Mesías
(Cfr. Is. 11, 1ss; Jer. 23,5).
3.4 Salomón
Fue el sucesor de David (1Re. 1,28-40). Se distingue por su sabiduría,
sus riquezas y grandes construcciones. A él le corresponde
el honor de la construcción del templo de Jerusalén
(6-8). Desgraciadamente a causa de sus muchas mujeres extranjeras
se apartó de la Alianza con su Dios y se fue tras los otros
dioses (11, 1-13). También fue infiel al pueblo, pues le
cargó con muchos impuestos para poder dedicarse a las construcciones
y llenarse él de riquezas y esplendor (12,4).
División
de los reinos (931-586 a.C.)
A la muerte de Salomón se hace
patente el descontento del pueblo, especialmente de los del Norte
que se habían visto cargados con fuertes impuestos. Ante
las amenazas del Roboam, el hijo de Salomón, que pretende
oprimir más, surge el cisma político - religioso.
El pueblo se divide en dos reinos: el de Israel o del Norte y el
de Judá o del Sur (1Re. 12), cada uno con sus propias capitales
y sus propios centros de culto.
Poco a poco el pueblo junto con sus dirigentes se va olvidando de
la Alianza, a pesar de las amonestaciones de los profetas. Dios
castigará a su pueblo destruyendo los dos re
4.1 El Reino de Israel o del Norte (931-722
a. C).
El reino de Israel o del Norte, tuvo primero como capital a Siquem,
luego a Tirsa, y por último a Samaria. Comprendía
casi 10 tribus (Efraim, Manases, Rubén, Gad, Dan, Neftalí,
Aser, Zabulón, Isacar y parte de la de Benjamín).
Sus 19 reyes, iniciando con Jeroboam, no pertenecían a la
familia de David. Sus centros religiosos se establecieron en Dan
y Betel, prácticamente sus fronteras.
Fueron famosos sus profetas "no escritores": Elías
y su discípulo Eliseo, en el s. IX, indudables defensores
de la fe yahvista en medio de su pueblo (1Re 18-19; 21) . Y también
sus profetas "escritores" Amós y Oseas en el s.
VIII. Los asirios destruyeron el reino del Norte en el 722. deportaron
a los notables hacia Asiria y trajeron a Samaria colonos de allá
(Cfr. 2Re 17,5ss).
4.2 El Reino de Judá o del Sur (931
- 586 a. C)
El reino de Judá o del Sur, tuvo como capital política
y religiosa a la ciudad de Jerusalén. Comprendía prácticamente
dos tribus (la de Judá que ya se había anexado el
territorio de la de Simeón y parte de la tribu de Benjamín).
Sus 19 reyes, iniciando con Roboam, pertenecieron a la dinastía
de David.
En el campo religioso fueron famosos los intentos de reformas hechos
por los reyes Ezequías en el s. VIII y Josías en el
s. VII. Entre sus profetas podemos enumerar: Miqueas e Isaías
en el s. VIII; Sofonías, Nahum y Habacuc en el s. VII, y
en los siglos VII y VI el gran profeta Jeremías. En el 597
los Babilonios hicieron la primera deportación; en el 586
capturaron y destruyeron Jerusalén incendiando el templo
salomónico. Se inicia el exilio o destierro en Babilonia.
Parte del pueblo permanece en la patria en ruinas o huye hacia Egipto
(Cfr. Jer. 39-44).
Los profetas
pre-exílicos
Durante este tiempo, como ya hemos señalado,
surgieron los profetas que llamamos preexílicos o anteriores
al destierro de Babilonia. Su mensaje fundamental fue la denuncia
de los pecados del pueblo, y el anuncio del castigo que consistiría
en la destrucción de los reinos, dejando, no obstante, una
esperanza de salvación para el futuro.
Se les llama también "profetas escritores"
porque sus oráculos o palabras han llegado hasta nosotros
en escritos hechos ordinariamente por discípulos o generaciones
posteriores.
Las características de los profetas las podemos resumir en
las siguientes líneas:
-
Son hombres de Dios:
Porque por Él han sido llamados a predicar con su palabra,
con sus acciones simbólicas y con su misma vida el mensaje
de Dios. Todos ellos están convencidos de esa irrupción
de Dios en su vida personal (Is. 6; Jer. 1; Os 1-3)
-
Son hombres de espíritu:
Porque él es quien inspira a los profetas y quien los
invade con su fuerza arrolladora (Miq 3,8; Is. 48, 16; Jl. 3,1).
Porque son hombres libres que se enfrentan a toda clase de personas
e instituciones: "Yo, en cambio, estoy lleno de valor,
de espíritu del Señor, de justicia, de fortaleza,
para anunciar sus crímenes a Jacob, sus pecados a Israel"
(Miq. 3,8).
-
Son hombres de la palabra:
Han sido llamados por Dios y han recibido la fuerza del espíritu
para anunciar a su pueblo la Palabra de Dios:
Es la palabra de Yahvéh. Así lo
repiten constantemente en los oráculos: "Esto dice el
Señor…". Una palabra que el profeta no la puede acallar
ni silenciar: "Me dije: No me acordaré de él,
no hablaré en su nombre, pero ella era en mis entrañas
fuego ardiente encerrado en los huesos: intentaba contenerlo, y
no podía" (Jer. 20,9; Am. 3,8).
Es la palabra que cala honda y profundamente en
la vida del profeta. En ocasiones es alegría y gozo para
él (Jer. 15,16). Una palabra que le acarrea problemas, incomprensiones
y persecuciones (Os 9, 7-9).
Es la palabra de la tradición actualizada,
está enraizada en el pasado, en la Alianza y los beneficios
que Dios ha hecho por su pueblo (Am. 2, 9-11; Os. 1-3).
Es la palabra que interpela, que provoca una respuesta,
que no nos puede dejar indiferentes, y ante la que no podemos permanecer
neutrales. Anuncia la presencia de Dios en la historia, la salvación
divina para el pueblo (Is. 60-62). Denuncia los intentos de hacer
ausente de la historia al Dios de la historia, denuncia los pecados
del pueblo en general y de sus dirigentes en especial:
-
Pecados de injusticia y falsedad (Am. 2, 6-7;
Miq. 2, 1-5);
-
Pecados de culto falso o hipócrita
que pretende sobornar a Dios mediante ritos, prácticas
cultuales y oraciones, sin tener una verdadera relación
de justicia hacia el hermano. (Is 1, 10-16; Os 6,6; Miq. 6,
6-8)
-
Pecados que consisten en una falsa seguridad
puesta en su elección, en sus instituciones como el templo
(Jer. 7, 1-15).
-
Pecados de sus dirigentes: profetas falsos
(Jer. 14, 13-16; Ez.13). Sacerdotes malos (Os 4, 4-10; Mal.
1, 6) reyes injustos (Jer. 22, 10-30).
-
Pecados de idolatría que, por la relación
matrimonial entre Yahvéh y su pueblo, se convierten en
adulterio y prostitución (Os. 1-3; Ez. 16).
Son hombres del pueblo:
Porque a él son enviados y le sirven auténticamente
comunicándole la Palabra del Señor, ayudándole
a descubrir sus pecados, interpelándolo a una radical conversión
(Jer. 3, 1-4).
Reflexiones
La tierra prometida fue un don y a la vez una conquista. Dios nos
ha otorgado a la humanidad muchos dones y derechos: libertad, justicia,
paz, vida, etc. estos implican por parte nuestra una lucha o conquista.
¿Por qué?
¿En que situaciones
concretas de nuestra sociedad descubres que muchos no disfrutan
totalmente de estos dones? ¿A qué se debe?
En el AT. el Rey tenía como función
practicar la justicia a favor de los pobres, los oprimidos, los
huérfanos y las viudas. ¿En la actualidad nuestros
gobernantes y dirigentes qué intereses defienden: los del
pueblo pobre y marginado, o los de los ricos y poderosos?
¿Crees que Dios en la actualidad suscite
personas con una misión profética: hombres llenos
de Dios, portavoces de su palabra, que anuncian la salvación
y denuncian los pecados? ¿Qué caso les hacemos a ellos?
Preguntas:
1. ¿Qué final
marca la conquista de la tierra?
2. ¿Qué sucede con el pueblo durante el período
de los jueces?
3. ¿Por qué surge la monarquía y cómo
es vista por Samuel?
4. ¿Cuál era la función del rey?
5. Describe brevemente las características de Saúl,
David y Salomón
6. ¿Por qué a la muerte de Salomón se dividen
los reinos?
7. Da los datos principales de cada uno de los reinos: nombre, capital,
centros religiosos, destrucción (fecha e imperio), profetas.
8. Explica lo que se entiende al decir que los profetas son hombres
de Dios y del espíritu.
9. ¿Cuáles son las características principales
de la palabra profética?
10. Da algunos ejemplos del contenido del mensaje profético.
11. ¿Por qué los profetas son servidores del pueblo?
12. ¿Por qué Dios destruyó su obra?
13. ¿Qué es la obra historiográfica deutoronomista
y por quiénes fue escrita?
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Manual
de Formación Bíblica
2003-2004
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