| Convocación: El
tiempo jubilar nos impulsa a la conversión y a la penitencia, principio
y camino para la rehabilitación del hombre y condición para recuperar
la amistad de Dios, su gracia y la vida sobrenatural. El cristiano
convertido, puede entrar al nuevo milenio extendiendo su mirada de
fe hacia nuevos horizontes en el anuncio del Reino de Dios, comprometiéndose
a vivir en el mundo como "fermento y alma de la sociedad humana,
que debe ser renovada en Cristo y transformada en familia de Dios".
(Concilio Vaticano II, GS 40).
La Iglesia entra en un nuevo período de gracia
y de misión, para celebrar la Encarnación, con la mirada fija en
el misterio de la Trinidad: Por Cristo, en el Espíritu Santo, a
Dios Padre.
La celebración del Jubileo, ha de tener un carácter
ecuménico, ya que todos somos hijos de un solo Padre, la conmemoración
del misterio central de la fe cristiana ha de ser vivido como camino
de reconciliación y como signo de genuina esperanza para quienes
miran a Cristo y a su Iglesia, sacramento "de la unión íntima
con Dios y de la unidad de todo el género humano" (LG 1)
Para nosotros los creyentes el año jubilar pondrá
claramente de relieve la redención realizada por Cristo mediante
su muerte y resurrección. Nadie, después de esta muerte, puede ser
separado del amor de Dios (Cf. Rm 8,21-39), si no es por su propia
culpa.
Disposiciones
:
El Papa Juan Pablo II, dispone para tal
celebración lo siguiente:
- El Gran Jubileo del Año 2000 se iniciará la noche de
Navidad de 1999, con la apertura de la puerta
santa de la Basílica de San Pedro y se clausurará el 6
de enero del año 2001, día de la Epifanía de Nuestro
Señor Jesucristo.
- La inauguración del Jubileo en las Iglesias Particulares se
celebrará el mismo día de la Natividad del Señor Jesús, con
una solemne Liturgia Eucarística presidida por el Obispo
diocesano en la Catedral, así como en la concatedral.
- Todos los fieles convenientemente preparados,
pueden beneficiarse con abundancia, durante todo el Jubileo,
con el don de la Indulgencia, según las indicaciones
dadas.
La Navidad de 1999 debe ser para todos una solemnidad
radiante de luz, preludio de una experiencia particularmente profunda
de gracia y misericordia divina. El tiempo de Navidad será el corazón
palpitante del Año Santo; que introducirá en la vida de la Iglesia
la abundancia de los dones del Espíritu para una nueva evangelización.
Signos:
Los signos que acompañan
a esta celebración del Jubileo, testimonian la fe y favorecen la
devoción del pueblo cristiano:
- La Peregrinación:
recuerda la condición del hombre caminando por la vida hacia la
casa del Padre. Evoca el camino personal del creyente siguiendo
las huellas del Redentor. Mediante las velas, el ayuno y la oración,
el peregrino avanza por el camino de la perfección cristiana,
esforzándose por llegar, con la ayuda de la gracia de Dios, "al
estado del hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo"
(Ef 4,13).
- La "puerta santa":
evoca el paso que cada cristiano está llamado a dar del pecado
a la gracia. Jesús dijo: "Yo soy la puerta" (Jn
10,7). Hay un solo acceso que abre de par en par la entrada en
la vida de comunión con Dios, este acceso es Jesús, única y absoluta
vía de salvación. El signo de la puerta recuerda la responsabilidad
de cada creyente de cruzar su umbral, que significa confesar que
Cristo Jesús es el Señor, fortaleciendo la fe en Él para vivir
la vida nueva que nos ha dado. Es una decisión que presupone la
libertad de elegir y, al mismo tiempo, el valor de dejar algo,
sabiendo que se alcanza la vida divina (Cf. Mt 13, 44-46)
- La
Indulgencia: es además de un signo, uno de
los elementos constitutivos del Jubileo para manifestar la plenitud
de la misericordia del Padre, que sale al encuentro de todos con
su amor, manifestado en primer lugar con el perdón de las culpas
y la posibilidad de purificarse, borrando la pena
temporal que ocasiona el pecado. (ver: "Las
Indulgencias")
- La Purificación de la
memoria: que pide a todos un acto de valentía
y humildad para reconocer las faltas cometidas por quienes han
llevado y llevan el nombre de cristianos. Es a través de un examen
de conciencia en el que todo hombre se pone ante la verdad de
su propia vida, descubriendo así la distancia que separa sus acciones
del ideal que se ha propuesto. La Iglesia sabe que en su historia
hay muchos casos de santidad, signos visibles ante el mundo de
la posibilidad de perfección; pero reconoce también los no pocos
antitestimonios; se sabe cargando el peso de los errores y de
las culpas de quienes nos han precedido y asume su responsabilidad.
Nuestro pecado ha obstaculizado la acción del Espíritu Santo en
el corazón de muchas personas. Nuestra poca fe ha hecho caer en
la indiferencia y alejado a muchos de un encuentro auténtico con
Cristo. Los cristianos están llamados a hacerse cargo, ante Dios
y ante los hombres que han ofendido con su comportamiento, de
las faltas cometidas por ellos.
- La Caridad:
signo de la misericordia de Dios, ejercicio necesario para todos
los cristianos, que nos abre los ojos a las necesidades de quienes
viven en la pobreza y la marginación. La extrema pobreza es fuente
de violencias, rencores y escándalos. Poner remedio a la misma
es una obra de justicia y, por tanto, de paz.
- La
Memoria de los mártires: cuyo testimonio no debe
olvidarse, pues son quienes han anunciado el Evangelio dando su
vida por amor. El creyente que haya tomado seriamente en consideración
la vocación cristiana, en la cual el martirio es una posibilidad
anunciada ya por la Revelación, no puede excluir esta perspectiva
en su propio horizonte de existencia.
Expectativas:
Celebrar el Jubileo, ha de llevar al cristiano
a un cambio radical de vida, manifestado en acciones concretas a favor
de la humanidad. El Papa Juan Pablo II, pide y espera que:
- En este año de misericordia, la Iglesia, persuadida por la santidad
que recibe de su Señor, se postre ante Dios e implore perdón por
los pecados pasados y presentes de sus hijos.
- Que nadie quiera excluirse del abrazo del Padre.
- Que la alegría del perdón sea más grande y profunda que cualquier
resentimiento.
- Que por la humildad de la Iglesia, brille todavía más la gloria
y la fuerza de la Eucaristía, en donde Jesucristo resucitado y
glorificado, manifiesta la continuidad de su Encarnación, permanece
vivo y verdadero en medio de nosotros para alimentarnos con su
Cuerpo y su Sangre.
- Que la mirada esté puesta en el futuro, para robustecer la fe,
acrecentar la esperanza y hacer cada vez más activa la caridad,
para un renovado compromiso de testimonio cristiano en el mundo
del próximo milenio.
- Que se eliminen los atropellos que llevan al predominio de unos
sobre otros: son un pecado y una injusticia.
- Que este año de gracia, por el testimonio de todos los cristianos,
el Señor toque el corazón de cuantos tienen en sus manos los destinos
de los pueblos.
- Que, en memoria de los mártires de nuestra historia, el creyente
tome en serio su vocación cristiana, en la cual el martirio, demostración
más elocuente de la verdad de la fe, es una posibilidad anunciada
por la Revelación.
- Que los cristianos dirijamos la mirada a María, mujer del silencio
y de la escucha, dócil en las manos del Padre, para que proteja
el camino de todos los peregrinos, intercediendo con especial
intensidad a nuestro favor durante los próximos meses, para que
obtengamos la abundancia de gracia y misericordia.
Obtención
de la Indulgencia Jubilar:
La Penitenciaría Apostólica, en virtud de las facultades concedidas
por el Sumo Pontífice, determina la disciplina que se ha de observar
para la obtención de la indulgencia jubilar: (Ver: Doctrina sobre
las Indulgencias )
- Todos los fieles debidamente preparados
pueden beneficiarse copiosamente del don de la indulgencia durante
todo el Jubileo.
- La indulgencia jubilar puede ser aplicada como sufragio por
las almas de los difuntos; con esta práctica se hace
un acto de caridad sobrenatural, por el vínculo mediante el cual,
en el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia peregrina está unida
a los difuntos, la Iglesia que se encuentra purificándose en el
purgatorio.
- Durante el año jubilar la indulgencia plenaria puede obtenerse
solamente una vez al día.
- Para obtener la indulgencia plenaria es necesario estar
en gracia, por medio de la confesión sacramental
en su forma individual e íntegra, para borrar los pecados mortales.
Conviene además, recibir con cierta frecuencia la gracia del sacramento
de la Reconciliación, aunque no se hallen en pecado mortal, para
ahondar en la conversión y en la pureza de corazón.
- La participación en la Eucaristía, es necesaria para cada indulgencia.
- Es necesario también el testimonio de comunión con la Iglesia,
manifestada con la oración por las intenciones del Papa,
así como por las obras de caridad y de penitencia.
- Compromiso de conversión y renovación,
de comunión eclesial y de caridad para con los hermanos.
- Los confesores pueden cambiar, a favor de quienes estén legítimamente
impedidos, tanto la obra prescrita como las condiciones requeridas.
Lugares
para ganar Indulgencia durante el Jubileo:
- En Roma, haciendo una peregrinación
a una de las Basílicas patrialcales y participando allí con devoción
en la Santa Misa o en otra celebración litúrgica como Laudes o
Vísperas, o en un ejercicio de piedad (Vía Crucis, Rosario
mariano, etc); visitando en grupo o individualmente, una de las
cuatro Basílicas patrialcales y permaneciendo allí cierto tiempo
en adoración eucarística o en meditación espiritual, concluyendo
con el Padrenuestro, con la profesión de fe y con la invocación
a la Santísima Virgen María.
- En Tierra Santa, observando
las mismas condiciones y visitando la Basílica del Santo Sepulcro,
la Basílica de la Natividad o la Basílica de la Anunciación.
- En las demás circunscripciones eclesiásticas,
haciendo una peregrinación a la iglesia Catedral o a otras iglesias
o lugares designados por el Ordinario y asistiendo allí con devoción
a una celebración litúrgica o a otro tipo de ejercicio de piedad;
visitando en grupo o individualmente la iglesia Catedral o un
Santuario designado por el Ordinario.
- En cada lugar, yendo a visitar por
un tiempo conveniente a los hermanos necesitados o con dificultades
(enfermos, encarcelados, ancianos solos, etc.), como haciendo
una peregrinación hacia Cristo presente en ellos y cumpliendo
los requisitos espirituales acostumbrados, sacramentales y de
oración.
Se podrán obtener por cada obra prescrita una indulgencia
plenaria, obviamente una sola vez cada día.
Otras
disposiciones:
Se podrá obtener la indulgencia jubilar también mediante iniciativas
que favorezcan de modo concreto y generoso el espíritu penitencial,
que es como el alma del Jubileo, éstas son: (Ver: Doctrina sobre
las Indulgencias)
- abstenerse al menos durante un día de cosas suplerfluas (tabaco,
bebidas alcohólicas, ayunando o practicando la abstinencia según
las normas generales de la Iglesia);
- dando una suma proporcionada de dinero a los pobres;
- sosteniendo con una significativa aportación obras de carácter
religioso o social;
- dedicando una parte conveniente del propio tiempo libre a actividades
de interés para la comunidad u otras formas parecidas de sacrificio
personal.
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