Tercer
mandamiento de la Iglesia Católica
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Comprender en toda su profundidad el misterio de la Eucaristía es imposible para una inteligencia creada. Sin embargo, iluminada por la fe, puede percibir la gran importancia que -en sí mismo y en orden de la salvación- tiene este Sacramento. En virtud de su infinito valor y de su importancia, la Iglesia señala el precepto de comulgar al menos anualmente. |
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Introducción |
Disposiciones para el cumplimiento del precepto |
Otros puntos de interés |
Quinta parte |
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| Introducción Que sea necesario para la vida eterna se desprende de las mismas palabras del Señor: "En verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo lo resucitaré en el último día" (Jn 6, 53-54) Por todo lo anterior es lógico que la Iglesia promulgue este tercer mandamiento, pues supondría indiferencia ante el Cuerpo y la Sangre del Señor -y tendría por ello razón de pecado- el caso de quien no se acercara, al menos una vez al año a recibirlo. Así pues, incumplir este precepto lleva consigo la comisión de pecado mortal. Disposiciones para el cumplimiento del precepto
El
ayuno -abstención de cualquier alimento y bebida- ha de ser
desde una hora antes de la comunión. El
agua y las medicinas no rompen el ayuno. Los
enfermos o personas de edad avanzada pueden comulgar aunque hayan
tomado algo en la hora inmediatamente anterior a la comunión. En el caso anterior se encuentran también las personas que cuidan a los enfermos o a los ancianos. Como es lógico, la reverencia que debemos al Santísimo Sacramento se debe manifestar especialmente al recibir la comunión, y por eso se hacen necesarias otras disposiciones:
Por
indulto de la Santa Sede, hay lugares donde el Obispo puede autorizar
que se comulgue recibiendo la Hostia en la mano. En este caso, para
distribuir así la comunión ha de evitarse cualquier
peligro de irreverencia hacia el Santísimo Sacramento, y
el que se pueda introducir algún error sobre la Presencia
real y permanente del Señor en la Eucaristía. La Primera Comunión La
Iglesia hace un llamado a los padres o a los que hacen sus veces
-e igualmente a los párrocos- para que procuren que todos
los niños, al llegar al uso de razón, se preparen
y, previa confesión, hagan cuanto antes la primera comunión. La Comunión frecuente La Iglesia ha recomendado vivamente a todos los fieles -sobre todo en los últimos años- la práctica de la comunión frecuente e incluso diaria. San Pío X enseñaba que: "Jesucristo y su Iglesia desean que todos los fieles cristianos se acerquen diariamente al Sagrado convite, principalmente para que unidos con Dios por medio del Sacramento, en él tomen fuerzas para refrenar las pasiones, purificarse de las culpas leves cotidianas, e impedir los pecados graves a que está expuesta la debilidad humana"
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