CURSO
MARIOLOGÍA * LA INMACULADA
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Todos
los privilegios y todos los títulos, la gloria, los honores
de la santa Virgen María tienen su fundamento y justificación
en su privilegio central que es su maternidad divina, y sus privilegios
son o premisa o consecuencia de ese privilegio central, por ejemplo:
concebida sin la culpa original (inmaculada) porque iba a ser la
Madre de Dios, llevada a los cielos en cuerpo y alma (asunción)
porque es Madre de Dios, dispensadora de todas las gracias, porque
es Madre de Dios, siempre virgen (antes del parto, en el parto y
perpetuamente después del parto), etc..., por que es Madre
de Dios.
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La
Inmaculada
El Dios-Redentor,
Cristo Jesús, quiere una madre y se la prepara toda hermosa,
preservándola del pecado original.
Dios
crea al hombre de la nada y lo crea por amor; y en el acto creativo
está la voluntad salvífica de Dios, es decir, Dios
crea al hombre para hacerlo partícipe de su naturaleza divina
y por ende eternamente feliz.
La
participación a la naturaleza divina, la íntima amistad
con Dios, la vocación a la filiación adoptiva, es
la que comúnmente llamamos la "gracia santificante".
Dios dio al hombre esa gracia, le da ese don que lo hace hijo adoptivo
suyo y heredero de la gloria.
Es
un don y por lo tanto totalmente gratuito y, dado que no lo debe
a nadie, para darlo puede poner condiciones. Puso al hombre una
condición: ser fiel y acatar con cuanto le imponía.
El hombre no contento de tener la imagen y semejanza, el parecido
con Dios, quería ser igual a Dios. No se mantuvo fiel, no
acató con la condición y así perdió
el don y con él todos sus descendientes.
Pero
Dios sigue en su voluntad salvífica. Si de una parte Dios
usa la justicia infinita dando el merecido castigo, de otra parte
usa la misericordia infinita, prometiendo la redención. Da
al hombre la posibilidad de regresar de nuevo en su amistad, pero
poniendo otra condición. Promete la encarnación de
su Hijo amado, de su Verbo divino, que tomará la humana naturaleza
de una mujer.
Así
que ahora el hombre llega a Dios, a la gloria, no por ser hijo de
Adán, sino por ser redimido por Cristo; en y por Cristo el
hombre tendrá la salvación (Cf. Gn 1-3).
Satanás
engaño, pudo vencer a una mujer, Eva y por el linaje de otra
mujer será vencido.
"Dijo
el Señor Dios a la serpiente: Porque has hecho esto, maldita
tú sobre todas las bestias y sobre todas las fieras del campo.
Sobre tu vientre caminarás y polvo comerás todos los
días de tu vida. Yo establezco enemistad entre ti y la mujer,
entre tu linaje y su linaje: El te aplastará la cabeza y
tú le asecharás el calcañar" (Gn 3, 14-
15).
La
primera presentación de la Madre de Dios-Redentor la hace
el mismo eterno Padre. Y desde cuando el eterno Padre anunció
que su Verbo divino tomaría la humana naturaleza de una mujer,
esta mujer entra en el deseo y en la espera de los Justos del Viejo
Testamento; el profeta Isaías, en su visión profética,
ve que esta mujer será virgen que virginalmente dará
el Emmanuel, al Dios-con-nosotros (Cf. Is. 7, 14). Otro brinco de
siete siglos y sabemos que la Mujer-Virgen se llama María:
"el nombre de la Virgen era María", "llena
de gracia" (Lc 1,27). Los libros del Antiguo Testamento y del
Nuevo Testamento y la Tradición venerable manifiestan de
un modo cada vez más claro la función de la Madre
del Salvador en la economía de la salvación y vienen
a ponerla como delante de los ojos. En efecto, los libros del Antiguo
Testamento narran la historia de la salvación, en la que
paso a paso se prepara la venida de Cristo al mundo. Estos primeros
documentos, tal como se ven en la Iglesia y tal como se interpretan
a la luz de una revelación ulterior y plena, evidencian poco
a poco, de una forma cada vez más clara, la figura de la
mujer Madre del Redentor. Bajo esta luz aparece ya proféticamente
bosquejada en la promesa de victoria sobre la serpiente, hecha a
los primeros padres caídos en pecado. Asimismo Ella es la
Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo, que se
llamará Emmanuel. Ella sobresale entre los humildes y pobres
del Señor, que confiadamente esperan y reciben de El la salvación.
Finalmente, con Ella misma, Hija excelsa de Sión, tras la
prolongada espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos
y se instaura la nueva economía, al tomar de Ella la naturaleza
humana el Hijo de Dios, a fin de liberar al hombre del pecado mediante
los misterios de su humanidad.
El
día 12 de febrero de 1849 el Sumo Pontífice Pío
IX con la Carta Encíclica Ubi Primum pedía informaciones
de todo el Episcopado sobre la creencia universal en la Inmaculada
Concepción y un dictamen acerca del inefable misterio de
la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios, María
Santísima. De los 603 obispos interrogados 546 se declararon
a favor por la definición dogmática, los demás
vacilaban, no sobre la cuestión de la doctrina, sino sobre
la cuestión de oportunidad.
El
8 de diciembre de 1854 el mismo Pontífice Pío IX,
con la Bula Ineffabilis Deus declaró dogma de fe la Concepción
Inmaculada de la Santísima Virgen Madre de Dios.
"...la
doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María
fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el
primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio
de Dios omnipotente, en atención a los méritos de
Cristo Jesús Salvador del género humano, está
revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída
por todos los fieles" (DS 2802).
La
Santísima Virgen María fue preservada del pecado original
desde el primer instante de su concepción en el útero
de su madre, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente
en atención a los méritos de su Hijo Jesucristo, Salvador
del género humano.
La
infidelidad de Adán, su desobediencia a la Ley de Dios, es
el pecado llamado original, porque hecho por nuestros primeros Padres,
Adán y Eva, al origen. Ahora bien, hablando de la Inmaculada
Concepción hay que tener presente y claramente la doctrina
de la Iglesia acerca del pecado original.
ANTE TODO HAY QUE HACER LA DISTINCIÓN ENTRE:
"peccatum
originale originans" que es el de Adán, y el Eva.
"peccatum originale originatum" que es el de los descendientes
de Adán ; y luego
Existencia de un pecado personal del primer hombre
En virtud de ese pecado el hombre perdió la santidad y justicia
original
El hombre cayó bajo el dominio del Demonio y de la muerte
Perdió esa misma santidad y justicia también para
nosotros de suerte que
Pasó a todos los hombres, no sólo la muerte, sino
también el pecado (como habitual)
Se transmite por propagación (generatione) y no por imitación
En su origen es uno solo, pero también realmente propio de
cada uno
Sólo se quita por la Redención de Cristo
El relato de culpa del pecado original no se identifica con la concupiscencia,
en tanto que ésta permanece en el justificado
POR
TANTO
Existe
un estado de culpa anterior al pecado personal
Este estado
de culpa es verdadero pecado, no cometido, sino contraído
Tiene una semejanza analógica con los pecados personales
actuales, siendo un estado habitual y no un acto
Se caracteriza por su universalidad y su unidad de origen; y en
cuanto a la unidad de origen es necesario afirmar por lo menos que
El pecado original es uno ya que todos los hombres nacen sin la
justicia original
Sólo el bautismo libera al hombre de ese estado, de suerte
que el bautismo de los niños tiene importancia salvífica.
La
Santísima Virgen María por singular gracia y privilegio
de Dios omnipotente no tuvo el pecado original.
Ella
fue preservada que significa que la suya fue una redención
preventiva, esto es, se pagó anticipadamente impidiendo con
ello caer en la esclavitud; diferente de la redención liberativa,
esto es, pagando un rescate para liberar de la esclavitud y esta
última es la nuestra. Fue preservada no liberada.
Por
su infidelidad y desobediencia Eva nos dio la perdición,
por su fe y obediencia María nos dio la vida. María
desata el nudo de Eva. Por una mujer (Eva) nos vino la muerte, por
otra mujer (María) nos viene la vida.
De
esa antítesis se llega a la consideración de una santidad
de María del todo singular, María es la no-manchada,
la incontaminada (inmaculada) Madre de Dios (acrant`V qeot`koV),
la más gloriosa, más sublime que los cielos, más
pura que el resplandor del sol. Cristo y María son dos bellezas
únicas, sin mancha el Hijo, sin mancha la Madre.
Con
el nacimiento de María empieza la nueva creación;
en el útero de la piadosa Ana el mismo Salvador hizo aparecer
la inmaculada Madre suya (aspilon mhtXra thn sZn...); "incontaminado
tu nacimiento, Virgen incontaminada" (acrant`V sou Z gXnnehsiV,
parqXne acrante).
La
Virgen María es la Toda Pura (panVcrantoV).
"Tu
nos abres el camino del árbol de la vida que por el hombre
había sido cerrado y nos regresas a nosotros a los goces
de los cuales habíamos sido excluidos; tu puente de la vida
es escalera del cielo o inmaculada, (acrantoV); tu verdaderamente
bienaventurada, la más bienaventurada de todos". ( S.
Juan Damasceno).
He
citado algunos de los muchísimos testimonios de la Tradición
que afirman que la Virgen María no tuvo mancha de pecado;
y ya desde por lo menos el siglo VIII en algunos lugares se encuentra
la fiesta de la Inmaculada Concepción.
El
Evangelio nos presenta a la Santísima Virgen ya muchacha;
no nos dice nada de su nacimiento y de su infancia; los escritos
apócrifos nos hablan de una niña cuyo concebimiento
en el seno de su madre Ana y cuya infancia saben de extraordinario.
El escrito apócrifo Protoevangelio de Santiago parece insinuar
una concepción virginal. Como quiera describe la concepción
de María como un hecho extraordinario; la hace nacer de padres
estériles (Joaquín y Ana); no pisa el suelo con sus
pies; tiene una habitación particular; ninguna cosa común
o impura debe pasar por sus manos; doncellas vírgenes y puras
son sus compañeras; permanece en el templo como pura paloma
recibiendo el alimento de manos de un ángel; y los sacerdotes
del templo, llegada María a la edad de la pubertad y dada
su excepcional santidad se la entregan a la custodia del casto José
escogido milagrosamente.
La
Virgen María es en el orden de la naturaleza hija de Adán
y Eva, y entonces Ella también necesitada de la redención;
Ella también, pues, redimida; y la definición dogmática
prácticamente da razón a santo Tomás: Ella
también fue redimida con redención preservativa y
no liberativa, esto no lo intuyó santo Tomás. Debemos
decir que "no intuyó", debemos hablar más
bien de "equivocación". Santo Tomás se mantuvo
firme en negar a una Inmaculada no redimida, y esto está
correcto, porque es lo mismo que no acepta el Magisterio cuando
afirma que Ella también fue redimida, pero con redención
preservativa. Santo Tomás confiesa con el corazón
a la Madre de Dios Inmaculada, "inmune del pecado original
y del actual", pero con la razón no puede ni debe porque
Ella también era necesitada de la redención por parte
de Cristo su Hijo, el cual dejaría de ser el redentor universal
si no fuera de todos, inclusive de la Santa Virgen por ser Ella
también hija de Adán y Eva. Santo Tomás, pues,
quería, sí, a la Madre de Dios toda bella y sin pecado
original en ningún instante de su existencia, pero no sabía
como poderlo admitir sin restar dignidad al Redentor; por ello,
dice la Madre de Dios fue llena de gracia cuando fue liberada del
pecado original; y esta plenitud de gracia la inclinaba al bien;
fue llena de gracia (de plenitud mayor) cuando concibió en
su seno al Hijo de Dios; y esta plenitud de gracia la purificó
totalmente del fomes peccati confirmándola en el bien; fue
llena de gracia en su glorificación, y esta plenitud de gracia
la liberó también de toda miseria, perfeccionándola
en el gozo de todo bien.
A
fines del siglo XIII y comienzos de XIV el franciscano Guillermo
de Ware y especialmente el también franciscano Juan Duns
Scoto empiezan a desarrollar la idea que María fue preservada
del pecado original por la anticipación de la futura redención
de Jesús, mientras que los demás hombres han sido
liberados del pecado original; María también estuvo
obligada a la ley universal del pecado original, pero en Ella esa
ley pudo quedar sin efecto en virtud de un designio particular de
Dios; Ella también está redimida, pero "de un
modo eminente"; fue preservada no liberada.
El
Papa Sixto IV (1471-1484) afirmó una creencia universal de
la cristiandad católica en la Inmaculada Concepción
de María; reprendió a los predicadores partidarios
y adversarios prohibiéndoles que se censuraran recíprocamente,
no estando todavía decidido por la Sede Apostólica.
(DS 1400, 1425-1426).
Ya
el Concilio de Basilea iniciado en 1431, en su fase cismática,
en la sesión XXXVI, 17 de septiembre de 1439, había
declarado que la santa e inmaculada Virgen María por singular
gracia de Dios no había tenido el pecado original, que había
estado siempre inmune del pecado original y actual; que esta doctrina
de la inmaculada concepción de María debía
ser tenida, aprobada por todos los católicos como piadosa
y conforme al culto eclesiástico, a la fe católica,
a la recta razón y a la Sagrada Escritura, prohibiendo severamente
predicar o enseñar lo contrario.
El
Concilio de Trento (1545-1563) declara que no es su intención
incluir en el decreto, donde se trata del pecado original, a la
bienaventurada e inmaculada Virgen María Madre de Dios; y
que han de observarse las Constituciones del Papa Sixto IV.
La
Santa Virgen es la Obra Maestra del Todopoderoso; la Concepción
Inmaculada es el privilegio de premisa para ser la Madre de Dios-Redentor;
y Ella se presenta al mundo como astro brillantísimo del
cual parte el rayo de luz vivísima, haciéndonos ver
los lazos que unen María a Dios y los privilegios que la
ensalzan por encima de todos y todo, haciéndonos ver el inmenso
amor que Dios tuvo por su Madre llenándola de gracia, volcando
en Ella la celestial lluvia de los excepcionales beneficios sobrenaturales.
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