CURSO MARIOLOGÍA * LA INMACULADA

 

Todos los privilegios y todos los títulos, la gloria, los honores de la santa Virgen María tienen su fundamento y justificación en su privilegio central que es su maternidad divina, y sus privilegios son o premisa o consecuencia de ese privilegio central, por ejemplo: concebida sin la culpa original (inmaculada) porque iba a ser la Madre de Dios, llevada a los cielos en cuerpo y alma (asunción) porque es Madre de Dios, dispensadora de todas las gracias, porque es Madre de Dios, siempre virgen (antes del parto, en el parto y perpetuamente después del parto), etc..., por que es Madre de Dios.

 

La Inmaculada

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Tema 4

Tema 5


La Inmaculada


El Dios-Redentor, Cristo Jesús, quiere una madre y se la prepara toda hermosa, preservándola del pecado original.

Dios crea al hombre de la nada y lo crea por amor; y en el acto creativo está la voluntad salvífica de Dios, es decir, Dios crea al hombre para hacerlo partícipe de su naturaleza divina y por ende eternamente feliz.

La participación a la naturaleza divina, la íntima amistad con Dios, la vocación a la filiación adoptiva, es la que comúnmente llamamos la "gracia santificante". Dios dio al hombre esa gracia, le da ese don que lo hace hijo adoptivo suyo y heredero de la gloria.

Es un don y por lo tanto totalmente gratuito y, dado que no lo debe a nadie, para darlo puede poner condiciones. Puso al hombre una condición: ser fiel y acatar con cuanto le imponía. El hombre no contento de tener la imagen y semejanza, el parecido con Dios, quería ser igual a Dios. No se mantuvo fiel, no acató con la condición y así perdió el don y con él todos sus descendientes.

Pero Dios sigue en su voluntad salvífica. Si de una parte Dios usa la justicia infinita dando el merecido castigo, de otra parte usa la misericordia infinita, prometiendo la redención. Da al hombre la posibilidad de regresar de nuevo en su amistad, pero poniendo otra condición. Promete la encarnación de su Hijo amado, de su Verbo divino, que tomará la humana naturaleza de una mujer.

Así que ahora el hombre llega a Dios, a la gloria, no por ser hijo de Adán, sino por ser redimido por Cristo; en y por Cristo el hombre tendrá la salvación (Cf. Gn 1-3).

Satanás engaño, pudo vencer a una mujer, Eva y por el linaje de otra mujer será vencido.

"Dijo el Señor Dios a la serpiente: Porque has hecho esto, maldita tú sobre todas las bestias y sobre todas las fieras del campo. Sobre tu vientre caminarás y polvo comerás todos los días de tu vida. Yo establezco enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje: El te aplastará la cabeza y tú le asecharás el calcañar" (Gn 3, 14- 15).

La primera presentación de la Madre de Dios-Redentor la hace el mismo eterno Padre. Y desde cuando el eterno Padre anunció que su Verbo divino tomaría la humana naturaleza de una mujer, esta mujer entra en el deseo y en la espera de los Justos del Viejo Testamento; el profeta Isaías, en su visión profética, ve que esta mujer será virgen que virginalmente dará el Emmanuel, al Dios-con-nosotros (Cf. Is. 7, 14). Otro brinco de siete siglos y sabemos que la Mujer-Virgen se llama María: "el nombre de la Virgen era María", "llena de gracia" (Lc 1,27). Los libros del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento y la Tradición venerable manifiestan de un modo cada vez más claro la función de la Madre del Salvador en la economía de la salvación y vienen a ponerla como delante de los ojos. En efecto, los libros del Antiguo Testamento narran la historia de la salvación, en la que paso a paso se prepara la venida de Cristo al mundo. Estos primeros documentos, tal como se ven en la Iglesia y tal como se interpretan a la luz de una revelación ulterior y plena, evidencian poco a poco, de una forma cada vez más clara, la figura de la mujer Madre del Redentor. Bajo esta luz aparece ya proféticamente bosquejada en la promesa de victoria sobre la serpiente, hecha a los primeros padres caídos en pecado. Asimismo Ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo, que se llamará Emmanuel. Ella sobresale entre los humildes y pobres del Señor, que confiadamente esperan y reciben de El la salvación. Finalmente, con Ella misma, Hija excelsa de Sión, tras la prolongada espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y se instaura la nueva economía, al tomar de Ella la naturaleza humana el Hijo de Dios, a fin de liberar al hombre del pecado mediante los misterios de su humanidad.

El día 12 de febrero de 1849 el Sumo Pontífice Pío IX con la Carta Encíclica Ubi Primum pedía informaciones de todo el Episcopado sobre la creencia universal en la Inmaculada Concepción y un dictamen acerca del inefable misterio de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios, María Santísima. De los 603 obispos interrogados 546 se declararon a favor por la definición dogmática, los demás vacilaban, no sobre la cuestión de la doctrina, sino sobre la cuestión de oportunidad.

El 8 de diciembre de 1854 el mismo Pontífice Pío IX, con la Bula Ineffabilis Deus declaró dogma de fe la Concepción Inmaculada de la Santísima Virgen Madre de Dios.

"...la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles" (DS 2802).

La Santísima Virgen María fue preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción en el útero de su madre, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en atención a los méritos de su Hijo Jesucristo, Salvador del género humano.

La infidelidad de Adán, su desobediencia a la Ley de Dios, es el pecado llamado original, porque hecho por nuestros primeros Padres, Adán y Eva, al origen. Ahora bien, hablando de la Inmaculada Concepción hay que tener presente y claramente la doctrina de la Iglesia acerca del pecado original.


ANTE TODO HAY QUE HACER LA DISTINCIÓN ENTRE:

"peccatum originale originans" que es el de Adán, y el Eva.
"peccatum originale originatum" que es el de los descendientes de Adán ; y luego
Existencia de un pecado personal del primer hombre
En virtud de ese pecado el hombre perdió la santidad y justicia original
El hombre cayó bajo el dominio del Demonio y de la muerte
Perdió esa misma santidad y justicia también para nosotros de suerte que
Pasó a todos los hombres, no sólo la muerte, sino también el pecado (como habitual)
Se transmite por propagación (generatione) y no por imitación
En su origen es uno solo, pero también realmente propio de cada uno
Sólo se quita por la Redención de Cristo
El relato de culpa del pecado original no se identifica con la concupiscencia, en tanto que ésta permanece en el justificado

POR TANTO

Existe un estado de culpa anterior al pecado personal

Este estado de culpa es verdadero pecado, no cometido, sino contraído

Tiene una semejanza analógica con los pecados personales actuales, siendo un estado habitual y no un acto

Se caracteriza por su universalidad y su unidad de origen; y en cuanto a la unidad de origen es necesario afirmar por lo menos que

El pecado original es uno ya que todos los hombres nacen sin la justicia original

Sólo el bautismo libera al hombre de ese estado, de suerte que el bautismo de los niños tiene importancia salvífica.

La Santísima Virgen María por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente no tuvo el pecado original.

Ella fue preservada que significa que la suya fue una redención preventiva, esto es, se pagó anticipadamente impidiendo con ello caer en la esclavitud; diferente de la redención liberativa, esto es, pagando un rescate para liberar de la esclavitud y esta última es la nuestra. Fue preservada no liberada.

Por su infidelidad y desobediencia Eva nos dio la perdición, por su fe y obediencia María nos dio la vida. María desata el nudo de Eva. Por una mujer (Eva) nos vino la muerte, por otra mujer (María) nos viene la vida.

De esa antítesis se llega a la consideración de una santidad de María del todo singular, María es la no-manchada, la incontaminada (inmaculada) Madre de Dios (acrant`V qeot`koV), la más gloriosa, más sublime que los cielos, más pura que el resplandor del sol. Cristo y María son dos bellezas únicas, sin mancha el Hijo, sin mancha la Madre.

Con el nacimiento de María empieza la nueva creación; en el útero de la piadosa Ana el mismo Salvador hizo aparecer la inmaculada Madre suya (aspilon mhtXra thn sZn...); "incontaminado tu nacimiento, Virgen incontaminada" (acrant`V sou Z gXnnehsiV, parqXne acrante).

La Virgen María es la Toda Pura (panVcrantoV).

"Tu nos abres el camino del árbol de la vida que por el hombre había sido cerrado y nos regresas a nosotros a los goces de los cuales habíamos sido excluidos; tu puente de la vida es escalera del cielo o inmaculada, (acrantoV); tu verdaderamente bienaventurada, la más bienaventurada de todos". ( S. Juan Damasceno).

He citado algunos de los muchísimos testimonios de la Tradición que afirman que la Virgen María no tuvo mancha de pecado; y ya desde por lo menos el siglo VIII en algunos lugares se encuentra la fiesta de la Inmaculada Concepción.

El Evangelio nos presenta a la Santísima Virgen ya muchacha; no nos dice nada de su nacimiento y de su infancia; los escritos apócrifos nos hablan de una niña cuyo concebimiento en el seno de su madre Ana y cuya infancia saben de extraordinario.
El escrito apócrifo Protoevangelio de Santiago parece insinuar una concepción virginal. Como quiera describe la concepción de María como un hecho extraordinario; la hace nacer de padres estériles (Joaquín y Ana); no pisa el suelo con sus pies; tiene una habitación particular; ninguna cosa común o impura debe pasar por sus manos; doncellas vírgenes y puras son sus compañeras; permanece en el templo como pura paloma recibiendo el alimento de manos de un ángel; y los sacerdotes del templo, llegada María a la edad de la pubertad y dada su excepcional santidad se la entregan a la custodia del casto José escogido milagrosamente.

La Virgen María es en el orden de la naturaleza hija de Adán y Eva, y entonces Ella también necesitada de la redención; Ella también, pues, redimida; y la definición dogmática prácticamente da razón a santo Tomás: Ella también fue redimida con redención preservativa y no liberativa, esto no lo intuyó santo Tomás. Debemos decir que "no intuyó", debemos hablar más bien de "equivocación". Santo Tomás se mantuvo firme en negar a una Inmaculada no redimida, y esto está correcto, porque es lo mismo que no acepta el Magisterio cuando afirma que Ella también fue redimida, pero con redención preservativa. Santo Tomás confiesa con el corazón a la Madre de Dios Inmaculada, "inmune del pecado original y del actual", pero con la razón no puede ni debe porque Ella también era necesitada de la redención por parte de Cristo su Hijo, el cual dejaría de ser el redentor universal si no fuera de todos, inclusive de la Santa Virgen por ser Ella también hija de Adán y Eva. Santo Tomás, pues, quería, sí, a la Madre de Dios toda bella y sin pecado original en ningún instante de su existencia, pero no sabía como poderlo admitir sin restar dignidad al Redentor; por ello, dice la Madre de Dios fue llena de gracia cuando fue liberada del pecado original; y esta plenitud de gracia la inclinaba al bien; fue llena de gracia (de plenitud mayor) cuando concibió en su seno al Hijo de Dios; y esta plenitud de gracia la purificó totalmente del fomes peccati confirmándola en el bien; fue llena de gracia en su glorificación, y esta plenitud de gracia la liberó también de toda miseria, perfeccionándola en el gozo de todo bien.

A fines del siglo XIII y comienzos de XIV el franciscano Guillermo de Ware y especialmente el también franciscano Juan Duns Scoto empiezan a desarrollar la idea que María fue preservada del pecado original por la anticipación de la futura redención de Jesús, mientras que los demás hombres han sido liberados del pecado original; María también estuvo obligada a la ley universal del pecado original, pero en Ella esa ley pudo quedar sin efecto en virtud de un designio particular de Dios; Ella también está redimida, pero "de un modo eminente"; fue preservada no liberada.

El Papa Sixto IV (1471-1484) afirmó una creencia universal de la cristiandad católica en la Inmaculada Concepción de María; reprendió a los predicadores partidarios y adversarios prohibiéndoles que se censuraran recíprocamente, no estando todavía decidido por la Sede Apostólica. (DS 1400, 1425-1426).

Ya el Concilio de Basilea iniciado en 1431, en su fase cismática, en la sesión XXXVI, 17 de septiembre de 1439, había declarado que la santa e inmaculada Virgen María por singular gracia de Dios no había tenido el pecado original, que había estado siempre inmune del pecado original y actual; que esta doctrina de la inmaculada concepción de María debía ser tenida, aprobada por todos los católicos como piadosa y conforme al culto eclesiástico, a la fe católica, a la recta razón y a la Sagrada Escritura, prohibiendo severamente predicar o enseñar lo contrario.

El Concilio de Trento (1545-1563) declara que no es su intención incluir en el decreto, donde se trata del pecado original, a la bienaventurada e inmaculada Virgen María Madre de Dios; y que han de observarse las Constituciones del Papa Sixto IV.

La Santa Virgen es la Obra Maestra del Todopoderoso; la Concepción Inmaculada es el privilegio de premisa para ser la Madre de Dios-Redentor; y Ella se presenta al mundo como astro brillantísimo del cual parte el rayo de luz vivísima, haciéndonos ver los lazos que unen María a Dios y los privilegios que la ensalzan por encima de todos y todo, haciéndonos ver el inmenso amor que Dios tuvo por su Madre llenándola de gracia, volcando en Ella la celestial lluvia de los excepcionales beneficios sobrenaturales.

 

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