CURSO
MARIOLOGÍA * LA ASUNCIÓN DE MARÍA
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Todos
los privilegios y todos los títulos, la gloria, los honores
de la santa Virgen María tienen su fundamento y justificación
en su privilegio central que es su maternidad divina, y sus privilegios
son o premisa o consecuencia de ese privilegio central, por ejemplo:
concebida sin la culpa original (inmaculada) porque iba a ser la
Madre de Dios, llevada a los cielos en cuerpo y alma (asunción)
porque es Madre de Dios, dispensadora de todas las gracias, porque
es Madre de Dios, siempre virgen (antes del parto, en el parto y
perpetuamente después del parto), etc..., por que es Madre
de Dios.
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La
asunción de María
MAGISTERIO
El primero de noviembre de 1950, el Papa Pío XII ponía
la última joya a la fúlgida corona de los personales
privilegios que adorna la frente de la Inmaculada Virgen María
Madre de Dios, con la proclamación del dogma de la Asunción
de la Bienaventurada Virgen en cuerpo y alma a la gloria celestial.
"Para
gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María
su peculiar benevolencia, para honor de su Hijo, Rey inmortal de
los siglos y vencedor del pecado y de la muerte, para aumentar la
gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de
toda la Iglesia, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo,
de los Bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la Nuestra
pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado
que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado
el curso de la vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria
celestial". (DS 3903).
"La
Virgen Inmaculada preservada de toda mancha de culpa original, terminado
el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria
celestial y fue ensalzada por el Señor como Reina universal
con el fin que se asemejase de forma más plena a su Hijo,
Señor de señores (Cf. Ap. 19, 16) y vencedor del pecado
y de la muerte". (LG. 59).
La Asunción es la lógica consecuencia de la divina
maternidad, de la perpetua virginidad y de la perfecta santidad
de María.
¿En
que consiste el dogma de la Asunción?
El privilegio de la Asunción concedido a María consiste
en el don de la anticipada glorificación integral de su ser,
alma y cuerpo, a semejanza de su Hijo.
La
verdad definida concierne, pues, solamente el estado glorioso de
la Santa virgen y sin determinar la manera en que María llegó
a su glorificación en cuerpo y alma, si pasando a través
de la muerte y la resurrección o no.
Cuando
uno muere en amistad con Dios (en gracia de Dios), su alma inmediatamente
después de la muerte, o después su purificación
en el Purgatorio, si tuvo necesidad, va a gozar de la visión
intuitiva, es decir, ve la divina esencia sin mediación de
criatura alguna, ve a Dios cara a cara, es verdaderamente bienaventurada
y tiene vida y descanso eterno, y ello aun antes de la reasunción
de su cuerpo en la resurrección final y del juicio universal;
en otras palabras, en la muerte el alma se separa del propio cuerpo
y si está en gracia de Dios, o purificada en el Purgatorio,
va inmediatamente en el Paraíso a gozar, mientras su cuerpo
va "a la tierra de donde fue sacado", y ahí espera
hasta la resurrección final cuando resucitará glorioso
a semejanza del cuerpo resucitado de Jesús y se unirá
a su alma para gozar (el hombre) en cuerpo y alma por toda la eternidad;
será entonces la "plenitud de la vida en la resurrección"
(DS 1000).
Y
entonces el que muere en amistad con Dios participa de la bienaventuranza
antes del juicio final cuanto al alma, no cuanto a cuerpo, y tendrá
la "plenitud" en la resurrección:
"Usted
sabe del estudio de la Escatología que el alma debe estar
unida a su cuerpo por naturaleza (unión sustancial), y entonces
no puede estar separada de su cuerpo; ahora bien, es el hombre (cuerpo
y alma) que goza, y si "momentáneamente" (hasta
la resurrección), el alma está separada de su cuerpo,
es por la fuerza divina que así la mantiene... A la resurrección,
la deja y el alma se una a su cuerpo... Por ejemplo, una piedra
"por naturaleza" está en el suelo, pero si usted
la levanta, y la tiene en su mano, está separada del suelo
porque usted la detiene, y en el momento que usted "la suelta",
inmediatamente "por naturaleza" alcanza el suelo, su lugar
natural... Por eso, el alma goza de la vida dichosa en el Paraíso,
pero gozará plenamente en la resurrección, será
entonces la plena victoria sobre la muerte".
En
la plenitud de la gloria celestial, en la plenitud de la bienaventuranza
en la gloria celestial se encuentran la Humanidad santísima
de Nuestro Señor Jesucristo y la Bienaventurada Virgen María,
en cuerpo y alma; y a esa gloria llegarán todos los elegidos
al final del mundo.
LA DEFINICIÓN DOGMÁTICA DICE "TERMINADO EL
CURSO DE LA VIDA TERRENA".
El
dogma consiste en "la no corrupción" del cuerpo
de la santa Virgen María, y ello.
-
O por anticipada resurrección, es decir, la Virgen murió
y su cuerpo fue puesto en el sepulcro, pero antes de que empezara
el proceso natural de putrefacción, fue resucitado.
-
O por instantánea transformación de cuerpo pasible
a cuerpo impasible y glorioso... obteniendo así anticipadamente
la plenitud de la vida y de la gloria.
Las
dos opiniones son buenas y la definición dogmática
no quiso definir ni una ni otra al decir que fue asunta a la gloria
celestial en cuerpo y alma "terminado el curso de la vida terrena",
así que los Teólogos pueden estar por una o por otra
, murió o no murió, con tal que acepten, afirmen y
defiendan que el cuerpo de la Bienaventurada Virgen María
ni por un instante "padeció" corrupción...
El
privilegio de la Inmaculada Concepción y de la Asunción
están estrictamente unidos entre sí, el uno preparó
a el otro. Cristo con su muerte venció el pecado y la muerte,
y en virtud de la victoria de Cristo vence el pecado y la muerte
aquel que ha sido regenerado sobrenaturalmente por el bautismo.
Pero por ley general Dios concede a los justos el pleno efecto de
esta victoria sobre la muerte cuando llegará el final de
los tiempos; por lo tanto, también los cuerpos de los justos
después de la muerte se disuelven, y solamente en el último
día se reunirán de nuevo con su propia alma gloriosa.
De
esta ley general Dios quiso exentar a la Bienaventurada Virgen María.
Ella por privilegio del todo singular ha vencido el pecado con su
Inmaculada Concepción; por ello, no fue sujeta a la ley de
quedar en la corrupción del sepulcro, ni tuvo que esperar
la redención de su cuerpo solamente al final del mundo.
Así
que su Inmaculada Concepción es su total triunfo sobre el
pecado y su gloriosa Asunción es su total triunfo sobre la
muerte.
Por
expresa voluntad del Pontífice se hicieron estudios los más
rigurosos sobre este tema; y éstos pusieron en mayor luz
que en el deposito de la fe confiado a la Iglesia estaba contenido
también el dogma de la Asunción al Cielo de María
Virgen.
El
1º de mayo de 1946 el pontífice Pío XII envió
la carta Deiparae Virginis Mariae a los obispos de todo el mundo
pidiendo directa y oficialmente si en su sabiduría y prudencia
consideraban que la Asunción corpórea de la bienaventurada
Virgen se podía proponer y definir como dogma de fe, y si
con su clero y su pueblo lo deseaban.
La
respuesta fue casi unánimemente afirmativa. Y el singular
consentimiento, del episcopado católico y de los fieles,
en el considerar definible, como dogma de fe, la Asunción
corpórea de la Madre de Dios, presentando la concordé
enseñanza del magisterio ordinario de la Iglesia y la fe
concordé del pueblo cristiano, por el mismo Magisterio sostenida
y dirigida, de suyo manifiesta de manera cierta e infalible que
este privilegio es verdad revelada por Dios y contenida en aquel
divino depósito que Cristo confió a su Esposa para
que la custodiara fielmente y lo declara infaliblemente
Tradición
San
Juan Damasceno se distingue entre todos como testigo eximio de esta
tradición; él considera la Asunción corpórea
de la gran Madre de Dios en la luz de los demás privilegios.
"Así
como el cuerpo santo e incontaminado, que la persona del Verbo de
Dios asumió de la Virgen, resucitó del sepulcro al
tercer día, así también era preciso que ella
fuera arrebatada del sepulcro y que como madre fuera trasladada
junto a su Hijo. Puesto que el verbo había descendido hacia
María, era conveniente que, con gran amor, ella fuera elevada
hacia El y habitara en el glorioso y perfectísimo tabernáculo
celestial. Era preciso que la que había albergado en su seno
al Verbo de Dios, tuviera como morada los tabernáculos de
su Hijo, teniendo en cuenta que el Señor había dicho
que El debía estar en la casa de su Padre, también
su Madre debía habitar en el paraíso real del Hijo...
pues si en este lugar tienen su mansión todos los que se
alegran, ¿cómo no había de estar allí
la que es causa de la alegría?
Era
necesario que aquella que, al ser madre, había conservado
intacta su virginidad, obtuviese la incorrupción de su cuerpo
después de morir. Era preciso que quien llevó en su
seno al Creador hecho niño, habitara en los divinos tabernáculos.
Era preciso que la novia que el Padre había desposado, residiera
en la cámara nupcial de los cielos. Era preciso que la que
había visto a su Hijo en la cruz, con lo cual atravesó
su corazón la espada del dolor que no había conocido
en el parto, contemplara después a su Hijo sentado junto
a Dios Padre. Era preciso que la Madre de Dios poseyera las cosas
de su Hijo, y que por todas las criaturas fuera ella venerara como
sierva del Señor y Madre de Dios.
Otro
gran Padre mariólogo es san Andrés de Creta. La Dormición
de María, Madre de Dios es un glorioso e inefable misterio.
No podemos ignorar, dice, que Ella haya experimentado la muerte
natural, pero en un modo alguno para quedar encarcelada bajo el
dominio de la muerte, como acontece a nosotros, sino que, a través
de un sueño estático, había de entrar en un
impactó espiritual que la trasladaría hacia los bienes
que son objeto de la esperanza y que operan una transformación
divinizadora. Se trata de un sueño al estilo de aquel que
tuvo el primer hombre, cuando le fue quitada una costilla... así
fue como ella experimentó la muerte natural, pero no permaneció
bajo su poder, sino para que se cumpliera con lo establecido por
la Providencia, esto es, dar cumplimiento a las leyes naturales,
pero si por una parte cumple con cuanto fue establecido para todo
el género humano, por otra parte, no quedándose bajo
el pode de la muerte, manifestó un nuevo modo de realizarse
el tránsito de un estado de corrupción a otro de incorrupción.
Se cumplió, pues, en ella la ley común, pero de un
modo muy distinto de como se cumple en nosotros, pues se realizó
de una manera que está por encima de lo que acontece en nosotros.
El
alma de la Bienaventurada Madre de Dios fue separada de su cuerpo,
y esto sólo se prolongo por el tiempo requerido para el trayecto
de su descenso a los Infiernos con el fin de que ella, pasando por
esos lugares desconocidos y esas regiones inhóspitas, pudiera
darse cuenta de lo que allí existía.
Todos
los Apóstoles y Discípulos, dispersos por todo el
mundo, milagrosamente llagan a Jerusalén desde hasta los
lugares más remotos para asistir al excelso triunfo de la
Madre de Dios; son ellos que cargan el bendito féretro de
Sión al Getsemaní y lo llevan en procesión
con participación de toda la asamblea terrestre y celeste.
Y cada uno de los Apóstoles, según su capacidad, entonó
alabanzas por el gran prodigio realizado en la muerte de la Madre
de Dios.
Si
es verdad que faltan en la Escritura Sagrada y en la Tradición
testimonios explícitos acerca del tránsito de la Bienaventurada
Madre de Dios, es también verdad que no es una doctrina aislada
y mucho menos extraña; y ello porque brota de los privilegios
de María y de su posición del todo especial, única,
a lado de su Hijo en la economía de la salvación.
Por ser Madre del Verbo Encarnado tiene con El, el vínculo
histórico-físico, y esto la elevó al orden
hipostático (relativo) y por ende a una dignidad y santidad
excepcional y única. De aquí se deduce que Ella fue
también susswmoV en afqarsia (incorporada en la incorruptibilidad).
De
la Escritura aparece muy claramente la íntima unión
de María con su Hijo, y esta íntima unión entre
Madre e Hijo la Tradición la ilustra con la doctrina de la
nueva Eva. Ya desde el segundo siglo María es presentada
como nueva Eva al lado de su Hijo, nuevo Adán. Eva obedeció
a la serpiente y nos dio la muerte, María "obedeció"
al ángel y nos dio la salvación: Jesús.
Los
argumentos para justificar la creencia en la Asunción de
la Santa Virgen, no son ciertamente sacados de los apócrifos,
sino de la Mariología general, esto es:
La
Inmaculada Concepción de María
La Consagración del cuerpo de María mediante la maternidad.
El honor debido a María por parte de su Hijo
La unión efectiva (físico-espiritual) entre madre
e Hijo
La concepción y nacimiento virginal del Hijo
El honor de María como nueva Eva.
La
fe de los cristianos en el dogma de la Asunción antes se
expresó de una forma espontánea e intuitiva, luego
bajo la guía del magisterio y de la reflexión teológica
de una manera más y más clara y segura.
Es
preciso recordar que causa real última del desarrollo dogmático
es la acción del Espíritu Santo que ilumina la inteligencia
de la Iglesia en los fieles y en los pastores para comprender el
contenido total de la Revelación.
Hemos
dicho que el dogma de la Asunción está en estrecha
conexión con las otras verdades reveladas; y los Doctores
escolásticos revelan que este privilegio "concordar
admirablemente" con las otras verdades reveladas explícitamente
por la Sagrada Escritura; y además, sirviéndose con
cierta libertad de hecho y dicho de la Sagrada Escritura, lo ven
como implícito por ejemplo en aquella gran señal que
apareció en el cielo, una mujer vestida de sol, con una corona
de doce estrellas sobre la cabeza y con la luna bajo sus pies, vista
por san Juan (Cf. Ap. 12,1). En la Virgen llena de gracia (Cf. Lc.
1, 28), pues ven el dogma de la Asunción como un complemento
de la plenitud de la gracia concedida por Dios a la Santa Virgen,
y además, una bendición singular en oposición
a la maldición de Eva.
Dijimos
al principio que el dogma de la Asunción consiste en la no
corrupción del cuerpo de la santa Virgen María; su
cuerpo no padeció la corrupción del sepulcro a la
cual están destinados todos los demás hijos de Adán
y Eva. Terminando el curso de la vida terrena y éste curso
pudo terminarse o con la muerte, es decir, fue asunta al cielo después
de morir y resucitar, o por instantánea transformación
de cuerpo pasible a cuerpo impasible y glorioso, es decir, trasladada
en cuerpo y alma al cielo sin pasar por la muerte como todos los
demás mortales.
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