CURSO MARIOLOGÍA * MARIA DE LOS EVANGELIOS

 

Todos los privilegios y todos los títulos, la gloria, los honores de la santa Virgen María tienen su fundamento y justificación en su privilegio central que es su maternidad divina, y sus privilegios son o premisa o consecuencia de ese privilegio central, por ejemplo: concebida sin la culpa original (inmaculada) porque iba a ser la Madre de Dios, llevada a los cielos en cuerpo y alma (asunción) porque es Madre de Dios, dispensadora de todas las gracias, porque es Madre de Dios, siempre virgen (antes del parto, en el parto y perpetuamente después del parto), etc..., por que es Madre de Dios.

 

María de los Evangelios

Evangelio según San Marcos

Evangelio según San Mateo

Evangelio según San Lucas

Evangelio según San Juan

Tema 1

Tema 2

Tema 3

Tema 4

 

María de los Evangelios

Veremos que María pertenece al evangelio, a la Buena Nueva de la salvación que nos ha venido en Jesucristo. Lo que sabemos de ella se nos ha transmitido por la tradición evangélica reflejada y cristalizada en los textos del Nuevo Testamento.

En este contexto teológico es donde la tradición conservó el recuerdo de María y comprendió progresivamente su papel en la economía cristiana. Se da por tanto un progreso. Sin Ignorar a María, los primeros textos son muy discretos sobre ella. Mateo, y sobre todo Lucas, en sus relatos de la infancia de Jesús, presentan de ella una comprensión más profunda. Llegará luego la mirada de Juan sobre aquélla a la que su texto llama simplemente, pero muy teológicamente, la madre de Jesús.

Evangelio según San Marcos

Encontramos dos pasajes sobre María en el Evangelio de Marcos. El primero la pone en escena junto con los <<hermanos >> de Jesús (3, 31-35). El otro no hace más que evocarla, también en compañía de los hermanos y hermanas de Jesús, pero llamándola por su nombre por primera vez (6,1-6).

En Marcos 3, 31-35. Aquí se define a la verdadera familia de Jesús. Aquellos y aquellas que escuchan y cumplen de este modo la voluntad de Dios, Jesús dice que son su madre, sus hermanos y hermanas.

La familia según la carne ha quedado fuera; la familia evangélica, escatológica, está en casa, sentada en torno a Jesús. Esta casa se convierte sin duda para Marcos en una figura de la Iglesia.

Pero ¿qué pasa con la familia humana de Jesús? Los v. 20-21, <<decían que había perdido la cabeza>>, <<decían que tenían a Beelsebul>> que esbozan este conjunto y que refieren un juicio severo sobre Jesús, proyectan una atmósfera negativa sobre la escena, incluyendo los v. 31-35 que mencionan a la madre de Jesús. Se presenta a la familia de Jesús bajo una luz poco favorable. Un grupo que parece, si no francamente hostil a Jesús, sí al menos cerrado a su misión.

Hay que advertir que los <<hermanos de Jesús>> no son llamados nunca <<hijos de María>>. Por que es bien sabido que en la Biblia las palabras hermano y hermana cubren un campo semántico muy grande. En hebreo y arameo, la palabra puede designar también a un medio hermano(Gn 42, 15; 43, 5), a un sobrino (13, 8; 14, 16) o a un simple primo (Lv 10, 4; 1ª Cr 23, 21-22). Pero miradas así las cosas, la palabra hermano del Nuevo Testamento podría muy bien designar a los que nosotros llamamos <<primos>>.

a) El hijo de María (Mc 6,3)

Basta decir, más modesta y sencillamente, que Jesús es llamado hijo de María, porque José hacía ya mucho tiempo que había muerto, mientras que las gentes de Nazaret conocen bien a María, su madre y a sus hermanos y hermanas que están presentes.

Evangelio según San Mateo

a) La genealogía (1,1-17)

Indica la sorpresa de la venida de Dios, del Emmanuel. Jesús, el Mesías, es al mismo tiempo largamente esperado y totalmente inesperado. Llegando al final de la larga historia humana, pero no a la manera humana. Este es, sin duda, el sentido teológico de esta concepción virginal: fruto de la tierra y don del Espíritu. Como el reino, como la Iglesia, como cada historia humana, todo se mueve en el juego de la libertad y de la gracia.

b) La madre del Rey- Mesías

En el contexto tan fuertemente davídico de los dos primeros capítulos de Mateo, la expresión repetida << el niño y su madre>> recuerdan esta imagen de la reina-madre tan estrechamente vinculada a la esperanza mesiánica. El trono de David está bien afianzado, y es a la madre del rey a la que se dirige el ángel. Notemos que el cumplimiento mesiánico no cierra su horizonte, que se abre así a la historia evangélica del reino. Y los creyentes no olvidarán que ese reino, en su comienzos, mezclada íntimamente las imágenes del niño príncipe con las de su madre.

Evangelio según San Lucas

De todos los autores del Nuevo Testamento, Lucas es el que más abundantemente de María. Muy ampliamente primero en sus relatos de la infancia, que no se presentan ya desde el punto de vista de José, como se hacía en los de Mateo, sino desde el punto de vista de María.

a) El anuncio a María (1, 26-38)

Alégrate (1, 28)

Tiene el sentido de alegrarse, en referencia al gozo que manifiesta el pueblo ante una intervención de Dios. Ausencia de temor, gozo, presencia del Señor en medio de la Hija de Sión y de todo su pueblo: estos son los temas esenciales de estos mensajes escatológicos. Esta lectura le conservaba al relato su color judío y le devolvía los acentos d alegría mesiánica, alegría tan característica de los dos primeros capítulos de Lucas.

Sofonías: "¡Lanza gritos de júbilo, hija de Sión!... ¡Alégrate... hija de Jerusalén! YHWH es rey de Israel en medio de ti. No temas, Sión, YHWH (Kyrios) tu Dios está en tu seno (literalmente: en ti) como héroe que se salva. Zacarías escribía igualmente: "¡Alégrate..., hija de Sión! ¡Grita de gozo, hija de Jerusalén! ¡He aquí que tu rey viene a ti...! (9,9). En otras palabras, las promesas se cumplen. María personifica a la hija de Sión, acoge la buen nueva en nombre de Israel.

b) Bajo la sombra del poder

"El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra". Volverá a usar este verbo en la transfiguración, en donde la nube, símbolo de la presencia de Dios, cubre a los discípulos: sobrevino una nube que los tomaba bajo su sombra.

Se ve una alusión a la toma de posesión del santuario por parte de YHWH, que se narra en Ex 40, 35. Moisés no puede entrar en la tienda, "porque la nube reposaba sobre ella". Aplicada a María, haría de ella el nuevo santuario en donde habita la gloria divina encarnada en Jesús.

A las propuestas de alianza que antes se le habían hecho, en el Sinaí o en los rituales de renovación, el pueblo de Israel respondía: "Todo lo que YHWH ha dicho, lo haremos" (Ex 19,8); serviremos a YHWH nuestro Dios, obedeceremos su voz (Jos 24,24). Lucas coloca hoy la respuesta de fe del pueblo de Israel en labios de la servidora, María. Ella es realmente, también aquí, la hija de Sión.

En estas perspectivas fundamentales es donde hay que comprender el diálogo entre el ángel, es decir, Dios y María. En este texto lucano, que exalta tan fuertemente el poder de Dios, la Virgen de Nazaret es el límite del poder de Dios. Dios tiene necesidad de ella. No hará nada sin su consentimiento. El consentimiento de María es un consentimiento de alianza.


c) La visitación (1, 39-45)

El texto pasa de "la creyente que recibe la palabra a la `servidora` que actúa o, mejor dicho, a través de la cual actúa la palabra".

"Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tus entrañas". Estas palabras despiertan el recuerdo de las mujeres del Antiguo Testamento que ayudaron a librar del peligro al pueblo de Dios (Jdt 13, 18).

Después de celebrar a la madre, es a la creyente a la que Isabel proclama bienaventurada: "Dichosa tú que has creído..." Primera bienaventuranza evangélica, que Lucas relaciona con aquel que es, para él, como el otro nombre de María: "la que creyó".

d) El Magníficat (1, 46-56)

A nivel del texto actual, la respuesta de María a Isabel se expresa en un cántico que recuerda los grandes hechos de la historia de la salvación.

La primera estrofa juega con la oposición entre el rebajamiento, la pobreza de la esclava, y "el Poderoso que ha hecho en mí grandes cosas. Estas palabras se refieren a la intervención divina que ha hecho María "la madre del Señor" (1, 43). Esta es la "gran cosa" que Dios ha hecho en ella.

La estructura misma del Magnificat pone de manifiesto esta dimensión comunitaria de la figura de María. En efecto, el cántico pasa insensiblemente de lo individual (María) a lo colectivo (Israel): de la pobreza de María (1, 48) al pueblo de los pobres (1, 52); de la esclava (1, 48) a Israel siervo (país: 1, 54, la palabra es diferente, pero la correspondencia es evidente), pero sin olvidarse nunca del acontecimiento único de la maternidad mesiánica.

e) Los secretos de la Palabra (2, 41-52)

Lucas escribe: "María, por su parte guardaba estas palabras y las confrontaba en su corazón".

Una vez Lucas la presenta como primera creyente después de pascua. Ella inaugura esa comunidad de fe, nacida también del Espíritu, que se llamará la Iglesia. Es algo que Lucas no dejará de recordar al comienzo de los hechos de la Iglesia (1, 14).

Y Lucas nos repite, para terminar, que María "guardaba todas estas palabras en su corazón". La última palabra misteriosa de Jesús (2, 50), pero también todas las demás que habían precedido y todos los acontecimientos que habían surgido de ella.

Evangelio según San Juan

Pero habla de hecho de la madre de Jesús, y la maternidad de aquella a la que llama mujer no se separa ni de la maternidad mesiánica de Israel ni de la maternidad de la Iglesia. El grupo de creyentes que Juan presenta al pie de la cruz es ya la primera Iglesia, tal como confirma la interpretación eclesial y sacramental de los símbolos de la sangre y del agua que brotan del costado traspasado del crucificado. En otras palabras, la maternidad misteriosa de Jn 19, 25-27 se proclama en pleno contexto eclesial.

a) El comienzo de los signos

Juan abre la primera parte de su evangelio, el libro de los signos, con un relato a primera vista desconcertante: "Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subiendo y bajando por encima del Hijo del hombre" (1, 51), el paso a las bodas en una aldea es bastante inesperado. En efecto, el relato termina con una reflexión de gran importancia: "Este es el comienzo que hizo Jesús de los signos en Caná de Galilea y manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él" (2, 11).

b) Una Boda en Caná

Los tres primeros versículos nos sitúan en el nivel de una boda terrena. El texto dice que <<estaba allí la madre de Jesús>>. El hecho nuevo es la invitación de Jesús y la de los discípulos. Se ha interpretado el <<el tercer día>> de muchas maneras.

1. No tienen vino

Es una petición discreta, como la que puede leerse en la frase de María y Marta cuando mandaron a decir a Jesús: <<El que tú amas está enfermo>> (11, 3). Esta observación de la madre de Jesús es evidentemente necesaria para la continuación del relato. La petición de la madre de Jesús es necesaria, narrativamente, pero como una pista de despegue para la respuesta joánica de Jesús.

2. A mí y a ti, ¿qué?

Se trata de una expresión que se encuentra varias veces en la Biblia (Jue 11, 12; 2Sm 16, 10; 19, 23). Es una formula adversativa. En el texto de Juan, María habla en el nivel de las bodas terrenas. Y Jesús va a responder en otro nivel. Tiene la finalidad de agudizar el pensamiento, no digamos ya de María, sino del lector de Juan por el camino del misterio.

3. Mujer

¿Por qué hablar así a su madre? ¿Qué sentido podía tener esta palabra en labios de Jesús? No hay ya nadie que vea aquí un término de desprecio o de falta de respeto. Se evoca por tanto una relación distinta de la del hijo con la madre. Se ha hablado de separación. Señalaría a su madre que sus deseos no tienen ya más peso que los de una mujer ordinaria. Juan nos presenta a la mujer al comienzo y al final de la vida pública, en el momento en que el mesías comienza sus obras y en la hora de la muerte cuando consuma su obra.

4. Haced lo que el os diga

Cuando se comprende el v. 4 como una respuesta a la petición de vino para la boda terrena, la actitud de María en el v. 5 resulta inexplicable, a no ser que se suponga una especie de omisión. La intervención de la madre de Jesús entre los sirvientes tiene que leerse, joánicamente, en ese nivel. Se ha visto en ella de ordinario una referencia a la recomendación del faraón a los egipcios: <<Id a José y haced lo que él os diga>> (Gn 41,55). Juan pondría en labios de María la profesión de fe del pueblo elegido.

La figura de la madre de Jesús ocupa entonces, en el evangelio de Juan, un lugar excepcional. Jesús no la llama madre, sino mujer, anticipando así, en el comienzo de los signos, lo que manifestará plenamente al final de todos los signos, en tiempos del cumplimiento, cuando haya llegado definitivamente mi hora

c) La mujer vestida de sol (Ap. 12, 1-17)

"Apareció en el cielo una magnífica señal: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y en la cabeza una corona de doce estrellas. Estaba encinta, gritaba por los dolores de parto y el momento de dar a luz... Dio a luz a un hijo varón destinado a regir todas las naciones con cetro de hierro" (12, 1-2.5).

Pues bien, esta mujer de Ap. 12 está muy emparentada con la de Jn 19, 25-27. En este último texto hay tres rasgos que caracterizan a la madre de Jesús, que no se encuentran en los otros evangelios: 1) se la llama mujer con insistencia; 2) tiene otros hijos, además de Jesús, puesto que se convierte en la madre del discípulo, que simboliza a los creyentes; 3) esta nueva maternidad está relacionada con los dolores de la cruz.

 

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