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La Iglesia es Una
- La Iglesia
es Una debido a su origen. "El modelo y principio supremo
de este misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en
el Espíritu Santo, en la Trinidad de personas".
- La Iglesia
es Una debido a su fundador. "Pues el mismo Hijo encarnado
por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios, restituyendo
la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo cuerpo"
- La Iglesia
es Una debido a su "alma": "El Espíritu
Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la
Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles y une
a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de
la unidad de la Iglesia". Por tanto, pertenece a la esencia
misma de la Iglesia ser una. (CIC, 813)
La
Iglesia es Una.
Cristo no fundó muchas, sino UNA Iglesia, dijo que quería
formar un solo rebaño bajo la guía de un solo pastor
(Cfr.Jn. 10)
La única Iglesia de Cristo, Nuestro Salvador, después
de su resurrección, la entregó a Pedro para que la
pastoreara. Le encargó a él y a los demás Apóstoles
que la extendieran la gobernaran. Esta Iglesia, constituida y ordenada
en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica,
gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión
con él.
La unidad de
la Iglesia consiste en una unidad en la fe, en la caridad y en la
liturgia, bajo el gobierno de los apóstoles y sus sucesores.
Algo que aparece expresado en los Hechos de los Apóstoles:
"Eran constantes en escuchar la enseñanza de los
apóstoles y en la comunidad de vida, en el partir el pan
y en las oraciones" (Hch 2,42)
En este sentido,
el Concilio Vaticano II ha hablado del triple vínculo de
la unidad:
La profesión de fe, los sacramentos y el gobierno y comunión
eclesial.
Esta unidad
no debe ser confundida con uniformidad, ya que la Iglesia no podría
unir a hombres de todos los pueblos, razas y culturas, con muy diferentes
mentalidades y costumbres, si no se diera en su seno una diversidad
que enriquece la unidad.
Sin embargo,
esta diversidad tiene unas fronteras que, si se traspasan anulan
la unidad. Así aparecen los cismas y las herejías.
Cuando se rompe la comunión vital, especialmente en la comunión
en el culto, estamos hablando de un cisma. Si la ruptura se produce
en el ámbito de la unidad de la fe, que a su vez provoca
una separación en el culto, nos encontramos ante una herejía.
Las separaciones
y escisiones sufridas por la Iglesia a través de la historia,
se han debido a disensiones en el ámbito de la fe, que se
han profundizado al incidir también factores no religiosos
(tensiones nacionales, políticas, culturales, etc.) y disposiciones
personales (espíritu de contradicción, rivalidad,
orgullo...) sin embargo, tras estas escisiones había también
un sincero afán de mantener la autenticidad del mensaje cristiano,
por lo que el camino hacia la unidad se debe realizar mediante el
esfuerzo común por entender rectamente el Evangelio.
Las dos separaciones
más importantes se produjeron en 1054, al escindirse la Iglesia
Oriental y Occidental tras un largo período de disensiones
y enfrentamientos, y la ruptura que la Reforma introdujo en la Iglesia
Occidental, y que a su vez originaría nuevas rupturas.
Estamos buscando
la unidad
Así como notamos la diversidad de comunidades cristianas,
también constatamos que la mayor parte de lo que somos y
de lo que anunciamos es lo mismo. Más son los aspectos que
nos unen que los puntos diversos. Y la Iglesia busca la unidad,
porque siempre le han dolido las divisiones por ser contrarias al
pensamiento del fundador.
Un esfuerzo
muy notable por encontrar la unidad de los cristianos comenzó
con el Concilio Vaticano II. La Iglesia quiere la unidad, la busca
y se revisa a sí misma para quitar todo lo que por culpa
humana impide llegar a esa unidad. En las denominaciones no católicas
también se ha emprendido esta búsqueda.
Los cristianos
de las diferentes Iglesias y comunidades eclesiales, sienten la
necesidad de la unidad que Jesús expresa en su oración
al Padre. "Que sean todos uno, como tu, Padre, estás
conmigo y yo contigo que también ellos estén con nosotros,
para que el mundo crea que tu me enviaste". Este movimiento
por la unidad de todas las Iglesias se llama "ECUMENISMO",
antes a los no católicos los solíamos llamar protestantes,
calvinistas, anglicanos.... Hoy ya se ha hecho común llamarlos
mejor "hermanos separados", porque en verdad son
hermanos nuestros y están separados de nuestra fe católica.
El deseo de
volver a encontrar la unidad de todos los cristianos es un don de
Cristo y un llamamiento del Espíritu Santo. Para responder
adecuadamente a este llamamiento se exige:
- Una renovación
permanente de la Iglesia en una fidelidad mayor a su vocación.
Esta renovación es el alma del movimiento hacia la unidad.
- La conversión
del corazón para llevar una vida más pura según
el Evangelio. Porque la infidelidad de los miembros al don de
Cristo, es la causa de las divisiones.
- La oración
en común, porque esta conversión del corazón
y santidad de vida, junto con las oraciones privadas y públicas
por la unidad de los cristianos, deben considerarse como el alma
de todo el movimiento ecuménico, y pueden llamarse con
razón ecumenismo espiritual.
- El fraterno
conocimiento recíproco.
- La formación
ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes.
- El diálogo
entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos
de diferentes Iglesias y comunidades.
- La colaboración
entre cristianos en los diferentes campos de servicio a los hombres.
Es muy difícil
lograr en un futuro próximo la unidad de todos los cristianos,
tener una sola Iglesia, porque las divisiones han perdurado siglos.
Pero la tarea no es imposible. Si somos de veras cristianos que
deseamos permanecer fieles al Evangelio, debemos poner de nuestra
parte lo que podamos, poner toda la esperanza "en la oración
de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros,
y en el poder del Espíritu Santo."
La
Iglesia es Santa
La Iglesia es
Santa, porque Cristo "la amó y dio su vida por ella".
Esto lo hizo para consagrarla. En Ella dejó el Señor
todo el tesoro de su santidad adquirido por su muerte y resurrección
y así la Iglesia es dispensadora de santidad y santifica
a todos sus miembros desde el bautismo hasta la última despedida,
luchando siempre por purificarla del pecado
Esta propiedad
de la Iglesia parece contradecir la experiencia concreta, que nos
manifiesta una comunidad con deficiencias en las actuaciones de
sus miembros, y en sus propias acciones comunitarias. Sin embargo,
podemos afirmar su santidad desde el misterio de su ser.
Cuando la Sagrada
Escritura habla de santidad, está haciendo mención
a algo que es propiedad y pertenece a Dios, al solo Santo. Por tanto,
la santidad no expresa en la Biblia una actitud ética primordialmente,
sino una apropiación por parte de Dios que santifica una
realidad profana. De ahí que podamos afirmar que la Iglesia
es santa porque:
- Es de Dios
y para Dios. Él la elige y crea un pueblo santo, al que
es incondicionalmente fiel y no abandona a los poderes de la muerte
y de la contingencia del mundo (Mt 16,18)
- Jesucristo,
el Hijo amado de Dios, se entregó por la Iglesia para hacerla
santa e inmaculada (Cfr. Ef 5,27), uniéndose con ella de
forma indisoluble (Cfr. Mt 28,20)
- El Espíritu
Santo, prometido por Jesucristo (Jn 14,26; 16,7-9), está
presente en ella, actuando con poder y haciéndola depositaria
de los bienes de la salvación que debe transmitir; la verdad
de la fe, los sacramentos de la nueva vida, los ministerios.
Sin embargo, al acoger a hombres y mujeres pecadores, la propia
Iglesia es pecadora, necesitando convertirse al Evangelio para manifestar
con su vida lo que es su ser mas profundo.
El Apóstol Pablo nos recuerda a los cristianos que, por el
Bautismo, hemos nacido a una nueva vida que transforma nuestro modo
de obrar y que hace de nuestra existencia cotidiana un servicio
a Dios. Esta conversión de actitudes, valores y comportamientos
no es fruto de un empeño personal, sino efecto del Espíritu
Santo que actúa en nosotros si somos capaces de dejarnos
transformar por Él.
Por todo lo
anterior, podemos concluir que la Iglesia es Santa en su ser más
profundo, pero pecadora y en constante conversión en su visibilización
en el mundo.
Al canonizar
a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente que esos fieles
han practicado heroicamente las virtudes y han vivido en la fidelidad
a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder del Espíritu
de Santidad, que está en ella, y sostiene la esperanza de
los fieles proponiendo a los santos como modelos e intercesores.
Los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de la renovación
en las circunstancias más difíciles de la historia
de la Iglesia. En efecto, "La santidad de la Iglesia es el
secreto manantial y la medida infalible de su laboriosidad apostólica
y de su ímpetu misionero" (CIC, 828)
La Iglesia en
la Santísima Virgen llegó ya a la perfección,
sin mancha ni arrugo. En cambio, los fieles cristianos se esfuerzan
todavía en vencer el pecado para crecer en la santidad. Por
eso dirigen sus ojos a María. En ella, la Iglesia es ya enteramente
santa.
La
Iglesia es Católica
Porque la salvación
que Cristo nos trajo se dirige a todos los hombres sin excepción.
Es Universal. Por esto la Iglesia es Católica. A partir de
la Ascensión del Señor, se rompieron las fronteras
de Israel para "ir por todo el mundo y anunciar el Evangelio
a todas las gentes" Y en orden histórico los apóstoles
serían los testigos de Jesús en Jerusalén en
Judea y Samaria y hasta las regiones más lejanas de la tierra"
(Hch 1,8)
La palabra "Católico"
no se encuentra en el Nuevo Testamento. Será Ignacio de Antioquia
quien, hacia el año 110, aplique por vez primera este calificativo
a la Iglesia (Carta a los de Esmirna 8,2). Originalmente significaba
"la que expresa todo", "la plenitud de
la fe", pero con el tiempo ha pasado también a denominar
su extensión por todo el mundo.
Consecuentemente,
al reconocerse la Iglesia como católica, dice de sí
misma que predica la Fe en su integridad a todo hombre, cualquiera
que sea su raza, nación o clase social. La catolicidad de
la Iglesia se realiza de forma concreta por:
a) La misión que ha recibido del Señor para anunciar
la Buena Noticia a todos los hombres (Mc 16,15; Mt 28, 19-20); esta
tarea la realiza enriqueciendo las diversas culturas, llevándolas
a su plena humanización, al tiempo que ella misma se enriquece
con las riquezas de todos.
b) Su enraizamiento en un pueblo, localidad o ambiente, donde hace
presente la plenitud de la Iglesia de Jesús que es al mismo
tiempo Iglesia Universal, extendida por todo el mundo.
c) La abundancia de grupos que realizan la existencia cristiana
de un modo diferente, ya sea como religiosos, laicos, célibes,
casados o clérigos.
La catolicidad
de la Iglesia es un don de Dios, pero al mismo tiempo es una labor
permanente, no exenta de tensiones y dificultades, debido a la diversidad
de culturas, costumbres, formas de vida y vocaciones.
El Concilio
Vaticano II en la Lumen Gentium 13 dice: "Todos los hombres
están invitados al nuevo Pueblo de Dios. Por eso este pueblo,
uno y único, ha de extenderse por todo el mundo a través
de todos los siglos, para que así cumpla el designio de Dios,
que en el principio creó una única naturaleza humana
y decidió reunir a sus hijos dispersos...Este carácter
de universalidad, que distingue al pueblo de Dios, es un don del
mismo Señor. Gracias a este carácter, la Iglesia Católica
tiende siempre y eficazmente a reunir a la humanidad entera con
todos sus valores bajo Cristo como Cabeza, en la unidad de su Espíritu"
La
Iglesia es Apostólica
Apóstol
quiere decir enviado. Los cuatro evangelios señalan que Dios,
el Padre, ha enviado a Jesús, su hijo como Salvador del mundo.
A su vez, Jesucristo confió a los apóstoles la misión
que había recibido del Padre, encargándoles predicar
en su lugar el Evangelio a todos los pueblos, con el poder del Espíritu
Santo, hasta la consumación del undo:
"Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra,
Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizadlos
y consagrárselos al Padre y al Hijo y al Espíritu
Santo, y enseñadles a guardar todo lo que os he mandado,
mirad que yo estoy con vosotros cada día hasta el fin del
mundo" ( Mt 28, 18-20; Mc 16, 15-20; Lc. 24, 47-48; Hch 1,8).
Su función
apostólica intransferible, consistió precisamente
en ser:
- Testigos
inmediatos de la Resurrección del Señor
- Fundamentos
de la Iglesia
Hoy como ayer y siempre, el Espíritu Santo mantiene a la
Iglesia en comunión con los Apóstoles y, gracias a
esta comunión, en comunión con el Padre y con su Hijo
Jesucristo. El Espíritu Santo es el principio de la comunión
de todos los miembros de la Iglesia en la fe y en el testimonio
de vida de los Apóstoles. En este sentido toda la Iglesia
es apostólica, manteniéndose en ella la vitalidad
del Evangelio.
Al servicio
de la apostolicidad de todos los miembros de la Iglesia está
la sucesión apostólica de los Obispos que garantiza
en cada momento que esta Iglesia nuestra es la Iglesia misma de
los apóstoles. La verdadera Iglesia de Jesucristo está
allí donde los creyentes son fieles a la fe de los apóstoles,
al mismo tiempo que se adhieren a la sucesión apostólica
de los obispos.
En el Nuevo
Testamento hay indicios claros de cómo la misión apostólica,
en los tiempos inmediatamente posteriores a los Apóstoles,
se transmitió a otros discípulos. En efecto: Los Apóstoles
no sólo tuvieron en vida diversos colaboradores en su ministerio,
sino que:
- Confiaron
a algunos el encargo de continuar, llevar a término y consolidar
la obra que ellos habían comenzado.
- Establecieron
colaboradores al frente de las comunidades cristianas y les encomendaron
que proveyesen para que otros hombres probados se hiciesen cargo,
mas tarde, del ministerio apostólico.
La misión
de los apóstoles se ha transmitido hasta nuestros días
a través de los obispos y del Papa, sucesor del apóstol
Pedro. Los obispos son sucesores de los Apóstoles no en lo
que a éstos les fue propio y exclusivo: ser testigos de Cristo
Resucitado y ser fundamentos de la Iglesia. Los obispos suceden
a los Apóstoles en su función de Pastores de la Iglesia;
a través de ellos se manifiesta y se conserva en el mundo
entero la Tradición Apostólica.
No es necesario que cada obispo, en particular, sea sucesor de un
determinado Apóstol. Para garantizar la sucesión apostólica,
basta con que el Colegio (o conjunto) de los obispos suceda al Colegio
(o conjunto) de los Apóstoles. Cada obispo, como miembro
de todo el Colegio Episcopal, ocupa un puesto en la sucesión
apostólica. Esto es lo que quiere decir el hecho de que,
para ordenar a un presbítero como obispo, está establecido
que le ordenen, por lo menos, tres obispos, como señal de
que se admite al candidato en el Colegio de los obispos.
Desde los orígenes
de la Iglesia hasta hoy, y así sucederá hasta siempre,
la Fe y la misión de los Apóstoles se han mantenido
íntegras y vivas mediante la sucesión apostólica
de los obispos, asistida por el Espíritu Santo.
Un antiguo texto de la Tradición de la Iglesia resume esta
realidad diciendo:
"Los apóstoles salieron al orbe entero a predicar
la misma doctrina de la misma fe a todas las naciones. En cada ciudad
fundaron Iglesias, que vinieron a ser como retoños o semillas
de la fe y de la doctrina para las demás iglesias de entonces
y ahora. Por eso, nuestras Iglesias deben ser consideradas como
brotes de las Iglesias apostólicas. Aún siendo tantas
Iglesias, no forman más que una sola". Tertuliano, siglo
III
¿Por qué decimos
que la Iglesia es Romana?
Un hecho histórico
vino a poner esta nota en la Iglesia de Cristo: San Pedro, el primero
entre los Apóstoles, fue a Roma y ahí murió.
En los Evangelios
aparece San Pedro con un lugar muy importante entre sus compañeros
apóstoles, esta primacía es confirmada por Cristo
resucitado. En los Hechos es quien tiene la dirección principal
de la Iglesia naciente. Así se le consideró como signo
de ser la Iglesia de Cristo el estar en comunión con Pedro.
San Pablo mismo que tiene una parte tan importante en la propagación
del cristianismo primitivo, confiesa que después de su conversión
fue a estar unos 15 días con Pedro, no fuera a suceder que
su mensaje no estuviera de acuerdo con él.
Este puesto
importante de Pedro en toda la Iglesia lo sigue teniendo el sucesor
de Él en Roma, porque ahí murió en el año
67 dando su vida por Cristo como testimonio final de su amor al
Maestro. Conocemos los nombres de todos los sucesores de Pedro hasta
el presente. Hoy también los cristianos conservamos la comunión
con la Iglesia de Roma. Por eso decimos que la Iglesia es Romana.
"FUERA
DE LA IGLESIA NO HAY SALVACIÓN"
¿Cómo
entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres
de la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que toda salvación
viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su cuerpo:
El Concilio
Vaticano II Sínodo "basado en la sagrada Escritura
y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina
es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el
Único Mediador y Camino de Salvación que se nos hace
presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con
palabras bien explícitas, la necesidad de la fe y del Bautismo,
confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la
que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta. Por
eso, no podrían salvarse los que, sabiendo que Dios fundó
por medio de Jesucristo la Iglesia católica como necesaria
para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar
o perseverar en ella". (Conc. Vat. II Lumen Gentium 14)
Esta afirmación
no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen a Cristo y a
su Iglesia: "Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio
de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón
e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad
de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia,
pueden conseguir la salvación eterna" (L.G. 16)
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