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El
joven en el Antiguo Testamento
Se subraya lo
positivo: de la joven se alaba ante todo la belleza (Gen 24,16;
Cant 4, 1-7), lo mismo que del joven ( 1 Sam 16,12; 2 Sam 14,25s).
Pero el principal adorno de los jóvenes es la fuerza (Prov
20,29). La juventud debería ser el tiempo de la alegría
y del amor que se sacrifica (Eclo 11,9; Jer 2,2; Ez 16,43).
Se le previene
contra lo nocivo: del joven también se subraya su indecisión
temerosa (Jue 8,20) y el titubear ante las empresas (Jer 1,6), debido
ante todo a la poca experiencia ( 1 Re 3,7ss). En ocasiones se suscita
el desprecio de la vejez como una tentación de la juventud
(Prov 23,22; Cfr. Lev 19,32). El joven debe procurar una adecuada
y justa relación con sus padres (Eclo 3, 1-16; 7, 22-26).
Pero en la misma
Sagrada Escritura se le da un lugar importante al joven. Yahvé
elige a jóvenes, mientras que se posterga o incluso se rechaza
a la gente mayor (tal es el caso de José y sus hermanos:
Gen 37,2ss, Samuel sobre Elí en 1 Sam 3, 10-14; David sobre
Saúl en 1 Sam 15, 10-16. La anteposición de los hijos
menores sobre los primogénitos se convierte más en
la regla que en la excepción de la elección de Dios
(Gen 48, 17-19).
En Jue 6,15
Gedeón llega a dudar de si mismo para enfrentar a los madianitas,
a causa de su juventud. En la vocación de Samuel se acentúa
una y otra vez lo muy joven que es el llamado ( 1 Sam 1,24; 2, 21.26;
3, 1. 7. 19).
Sin duda el
joven debe encontrar su fortaleza en Dios:
"Jóvenes
se cansan y se fatigan, y hasta los guerreros mozos se desploman.
Mas los que esperan en Yahvé, renuevan su fuerza. Tienen
alas como de águila, corren y no se cansan, andan y no se
fatigan" (Is 40, 30s)
La
juventud y la familia en el Nuevo Testamento
El Señor
Jesús nos deja un ejemplo de relación con sus padres
en su hogar de Nazareth:
"Nazareth
es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús,
es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí
aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido
profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación
del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende e incluso,
quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida"
(Papa Pablo VI, Aloc Nazareth, enero 1964)
Se trata del
Señor Jesús que como joven vivió su tiempo
y su historia, asimiló la cultura y la tradición de
su pueblo, compartió las angustias y las esperanzas de su
gente.
El mismo Señor
nos muestra como el Espíritu de Dios puede hacer de los jóvenes
unos maestros de los ancianos experimentados (Lc 2, 46-50). Sin
embargo advierte sobre los apegos a los que el joven puede ser especialmente
propenso y vulnerable. (Mt 19, 16-22)
Las enseñanzas
del Nuevo Testamento sobre la vida del joven nos llevan a reconocer
en los padres la obligación de educar a sus hijos ( 1 Tim
5,8; Ef 6,1ss). Los hijos por su parte son invitados a observar
la obediencia para con aquellos, por quines Dios les dio la vida
(Col 3,20).
Jesucristo
modelo de formación del joven
"La
verdad sobre Jesucristo se presenta a los jóvenes, necesita
acentuar algunos rasgos del misterio de Cristo, en orden a la construcción
de la civilización del amor, como una realidad que pretende
ser una manifestación evangélica del Reino de Dios
en la nueva sociedad que se anuncia y se gesta en los albores del
nuevo siglo. La acentuación de estos rasgos no permiten en
manera alguna, utilizar una d3terminada imagen del Señor,
sino plasmar en la conciencia y en el corazón de los jóvenes
la presencia de Jesús de Nazareth compartiendo la vida, las
esperanzas y las angustias de su pueblo y mostrar que Él
es el Cristo creído, proclamado y celebrado por la Iglesia"
(Documento de Puebla, 175)
La Iglesia
joven con los jóvenes
La Iglesia espera
de los jóvenes su aporte rejuvenecedor y confía en
ellos, y ve en los jóvenes los renovadores de la cultura
y de la vida "es la juventud un símbolo de la Iglesia
llamada a una constante renovación de sí misma, o
sea, a un incesante rejuvenecimiento".
La Iglesia se
muestra entusiasta por entrar en comunión con los jóvenes
y verlos activos en la comunidad eclesial, pues ve en sus actitudes
la manifestación de los signos de los tiempos, ve que ellos
anuncian valores que renuevan las diversas épocas de la historia;
los ve como un grupo social cada vez más decisivo en los
procesos de transformación del continente.
La Iglesia se
abre a los jóvenes como un lugar de encuentro con Cristo
amigo, que la mira y le llama (Mc 10,21) lugar de encuentro con
los hermanos, en particular con otros jóvenes, camino de
encuentro con el Padre.
"Los
jóvenes deben sentir a la Iglesia como lugar de comunión
y participación y los acepta con gozo en su seno y en sus
estructuras activas, acepta sus críticas, porque se sabe
limitada de sus miembros, y los hace gradualmente capaces en su
propia edificación como cuerpo de Cristo, hasta su envío
como testigos y misioneros, especialmente de la gran masa juvenil"
(Documento de Puebla 1184)
La
Pastoral Juvenil Diocesana
La Pastoral
Juvenil debe de inspirar el contenido y proceso que lleva al joven
a confesar con la Iglesia a Jesucristo, Verbo e Hijo de Dios, que
se hace para acercarse al hombre y brindarle por la fuerza de su
misterio, la salvación, gran don de Dios. Se ha de tener
en cuenta lo que atañe a la presentación y comprensión
de la persona, la vida, el mensaje, la salvación ofrecida
y las exigencias de Jesucristo, tal como puede y debe ser captado
por el joven, a saber: el joven ha de darse cuenta que Jesús
funda su Iglesia como expresión y lugar de amor para todos
los hombres, un amor que privilegia a los más pobres y necesitados.
La Pastoral
Juvenil debe presentar una visión Cristiana del hombre, tanto
a la luz de la fe, de la razón para juzgar su situación
en América Latina en orden de contribuir a la edificación
de una sociedad más cristiana y por tanto, más humana.
El joven debe comprender:
"El
proceso de formación de los jóvenes debe ser constante
y dinámico, adecuado para ayudarle a encontrar su lugar en
la Iglesia y en el mundo. Ante el momento que hoy viven los jóvenes,
la Iglesia se compromete a mantener su opción pastoral y
misionera por los jóvenes, para que puedan encontrar hoy
a Cristo vivo. Por otra parte, en el ámbito parroquial y
diocesano será oportuno desarrollar también una acción
pastoral de la juventud que tenga en cuenta la evolución
del mundo" (Ecclesia in América, 47)
El joven
como agente de pastoral
La Iglesia en
América Latina ha visto en los jóvenes su esperanza,
ha depositado en ellos la tarea de transformar la sociedad y la
Iglesia misma, no como únicos agentes de cambio, sino como
colaboradores esenciales.
La juventud está dispuesta a responder generosamente a este
llamado. Aportará a esta tarea lo mejor de sí, sus
capacidades, sus valores, la frescura de lo nuevo, su misma vida.
Lo anterior
le lleva a la Iglesia a ponderar el apostolado y la responsabilidad
del joven. De una manera especial la Iglesia reconoce al joven como
el apóstol del joven.
Sin embargo, el joven no puede perder de vista su primer apostolado
y la primera ayuda que se espera de ellos gira en torno a su propia
familia:
"Honra
a tu padre y a tu madre. Este honor se les hace no sólo con
el respeto, sino también por la asistencia. Porque es un
honor reconocer sus beneficios. Alimenta a tu padre, alimenta a
tu madre; que aunque así lo hagas aún no habrás
pagado los trabajos y dolores que tu madre ha padecido por ti. Le
debes lo que tienes a tu padre, y a tu madre lo que eres" (San
Ambrosio)
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