PASTORAL JUVENIL

 

La Iglesia espera de los jóvenes su aporte rejuvenecedor y confía en ellos, y ve en los jóvenes los renovadores de la cultura y de la vida "es la juventud un símbolo de la Iglesia llamada a una constante renovación de sí misma, o sea, a un incesante rejuvenecimiento".

 

El joven en el Antiguo Testamento

La juventud y la familia en el Nuevo Testamento Jesucristo modelo de formación del joven La Pastoral Juvenil Diocesana

 

El joven en el Antiguo Testamento

Se subraya lo positivo: de la joven se alaba ante todo la belleza (Gen 24,16; Cant 4, 1-7), lo mismo que del joven ( 1 Sam 16,12; 2 Sam 14,25s). Pero el principal adorno de los jóvenes es la fuerza (Prov 20,29). La juventud debería ser el tiempo de la alegría y del amor que se sacrifica (Eclo 11,9; Jer 2,2; Ez 16,43).

Se le previene contra lo nocivo: del joven también se subraya su indecisión temerosa (Jue 8,20) y el titubear ante las empresas (Jer 1,6), debido ante todo a la poca experiencia ( 1 Re 3,7ss). En ocasiones se suscita el desprecio de la vejez como una tentación de la juventud (Prov 23,22; Cfr. Lev 19,32). El joven debe procurar una adecuada y justa relación con sus padres (Eclo 3, 1-16; 7, 22-26).

Pero en la misma Sagrada Escritura se le da un lugar importante al joven. Yahvé elige a jóvenes, mientras que se posterga o incluso se rechaza a la gente mayor (tal es el caso de José y sus hermanos: Gen 37,2ss, Samuel sobre Elí en 1 Sam 3, 10-14; David sobre Saúl en 1 Sam 15, 10-16. La anteposición de los hijos menores sobre los primogénitos se convierte más en la regla que en la excepción de la elección de Dios (Gen 48, 17-19).

En Jue 6,15 Gedeón llega a dudar de si mismo para enfrentar a los madianitas, a causa de su juventud. En la vocación de Samuel se acentúa una y otra vez lo muy joven que es el llamado ( 1 Sam 1,24; 2, 21.26; 3, 1. 7. 19).

Sin duda el joven debe encontrar su fortaleza en Dios:

"Jóvenes se cansan y se fatigan, y hasta los guerreros mozos se desploman. Mas los que esperan en Yahvé, renuevan su fuerza. Tienen alas como de águila, corren y no se cansan, andan y no se fatigan" (Is 40, 30s)

La juventud y la familia en el Nuevo Testamento

El Señor Jesús nos deja un ejemplo de relación con sus padres en su hogar de Nazareth:

"Nazareth es la escuela donde empieza a entenderse la vida de Jesús, es la escuela donde se inicia el conocimiento de su Evangelio. Aquí aprendemos a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido profundo y misterioso de esta sencilla, humilde y encantadora manifestación del Hijo de Dios entre los hombres. Aquí se aprende e incluso, quizá de una manera casi insensible, a imitar esta vida" (Papa Pablo VI, Aloc Nazareth, enero 1964)

Se trata del Señor Jesús que como joven vivió su tiempo y su historia, asimiló la cultura y la tradición de su pueblo, compartió las angustias y las esperanzas de su gente.

El mismo Señor nos muestra como el Espíritu de Dios puede hacer de los jóvenes unos maestros de los ancianos experimentados (Lc 2, 46-50). Sin embargo advierte sobre los apegos a los que el joven puede ser especialmente propenso y vulnerable. (Mt 19, 16-22)

Las enseñanzas del Nuevo Testamento sobre la vida del joven nos llevan a reconocer en los padres la obligación de educar a sus hijos ( 1 Tim 5,8; Ef 6,1ss). Los hijos por su parte son invitados a observar la obediencia para con aquellos, por quines Dios les dio la vida (Col 3,20).

Jesucristo modelo de formación del joven

"La verdad sobre Jesucristo se presenta a los jóvenes, necesita acentuar algunos rasgos del misterio de Cristo, en orden a la construcción de la civilización del amor, como una realidad que pretende ser una manifestación evangélica del Reino de Dios en la nueva sociedad que se anuncia y se gesta en los albores del nuevo siglo. La acentuación de estos rasgos no permiten en manera alguna, utilizar una d3terminada imagen del Señor, sino plasmar en la conciencia y en el corazón de los jóvenes la presencia de Jesús de Nazareth compartiendo la vida, las esperanzas y las angustias de su pueblo y mostrar que Él es el Cristo creído, proclamado y celebrado por la Iglesia" (Documento de Puebla, 175)

La Iglesia joven con los jóvenes

La Iglesia espera de los jóvenes su aporte rejuvenecedor y confía en ellos, y ve en los jóvenes los renovadores de la cultura y de la vida "es la juventud un símbolo de la Iglesia llamada a una constante renovación de sí misma, o sea, a un incesante rejuvenecimiento".

La Iglesia se muestra entusiasta por entrar en comunión con los jóvenes y verlos activos en la comunidad eclesial, pues ve en sus actitudes la manifestación de los signos de los tiempos, ve que ellos anuncian valores que renuevan las diversas épocas de la historia; los ve como un grupo social cada vez más decisivo en los procesos de transformación del continente.

La Iglesia se abre a los jóvenes como un lugar de encuentro con Cristo amigo, que la mira y le llama (Mc 10,21) lugar de encuentro con los hermanos, en particular con otros jóvenes, camino de encuentro con el Padre.

"Los jóvenes deben sentir a la Iglesia como lugar de comunión y participación y los acepta con gozo en su seno y en sus estructuras activas, acepta sus críticas, porque se sabe limitada de sus miembros, y los hace gradualmente capaces en su propia edificación como cuerpo de Cristo, hasta su envío como testigos y misioneros, especialmente de la gran masa juvenil" (Documento de Puebla 1184)

La Pastoral Juvenil Diocesana

La Pastoral Juvenil debe de inspirar el contenido y proceso que lleva al joven a confesar con la Iglesia a Jesucristo, Verbo e Hijo de Dios, que se hace para acercarse al hombre y brindarle por la fuerza de su misterio, la salvación, gran don de Dios. Se ha de tener en cuenta lo que atañe a la presentación y comprensión de la persona, la vida, el mensaje, la salvación ofrecida y las exigencias de Jesucristo, tal como puede y debe ser captado por el joven, a saber: el joven ha de darse cuenta que Jesús funda su Iglesia como expresión y lugar de amor para todos los hombres, un amor que privilegia a los más pobres y necesitados.

La Pastoral Juvenil debe presentar una visión Cristiana del hombre, tanto a la luz de la fe, de la razón para juzgar su situación en América Latina en orden de contribuir a la edificación de una sociedad más cristiana y por tanto, más humana. El joven debe comprender:

"El proceso de formación de los jóvenes debe ser constante y dinámico, adecuado para ayudarle a encontrar su lugar en la Iglesia y en el mundo. Ante el momento que hoy viven los jóvenes, la Iglesia se compromete a mantener su opción pastoral y misionera por los jóvenes, para que puedan encontrar hoy a Cristo vivo. Por otra parte, en el ámbito parroquial y diocesano será oportuno desarrollar también una acción pastoral de la juventud que tenga en cuenta la evolución del mundo" (Ecclesia in América, 47)

El joven como agente de pastoral

La Iglesia en América Latina ha visto en los jóvenes su esperanza, ha depositado en ellos la tarea de transformar la sociedad y la Iglesia misma, no como únicos agentes de cambio, sino como colaboradores esenciales.
La juventud está dispuesta a responder generosamente a este llamado. Aportará a esta tarea lo mejor de sí, sus capacidades, sus valores, la frescura de lo nuevo, su misma vida.

Lo anterior le lleva a la Iglesia a ponderar el apostolado y la responsabilidad del joven. De una manera especial la Iglesia reconoce al joven como el apóstol del joven.
Sin embargo, el joven no puede perder de vista su primer apostolado y la primera ayuda que se espera de ellos gira en torno a su propia familia:

"Honra a tu padre y a tu madre. Este honor se les hace no sólo con el respeto, sino también por la asistencia. Porque es un honor reconocer sus beneficios. Alimenta a tu padre, alimenta a tu madre; que aunque así lo hagas aún no habrás pagado los trabajos y dolores que tu madre ha padecido por ti. Le debes lo que tienes a tu padre, y a tu madre lo que eres" (San Ambrosio)

 

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