| Creo en un
solo Dios Dios
toma la iniciativa.
Desde
siempre el hombre ha buscado a Dios, movido por su sed de vida,
de seguridad, de justicia, de fidelidad... en realidad, sin que
el hombre fuera siempre consciente. Dios mismo le ha iluminado y
sostenido, atrayéndole hacia Sí por los más
variados caminos de la religión y de la cultura.
Cuando
hablamos de Dios, los cristianos hablamos de Alguien que ha tomado
la iniciativa para comunicarse con los hombres como afirma el Concilio:
"Quiso
Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a Sí mismo
y manifestar el misterio de su voluntad (Cfr. Ef 1,9); por Cristo,
la Palabra hecha carne y con el Espíritu Santo, pueden los
hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina"
(Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 2)
En
la Revelación, Dios se desvela a sí mismo
La
Revelación es, ante todo, la manifestación y comunicación
personal de Dios mismo, que ha querido darse a conocer al ser humano
y comunicarle sus sentimientos e intenciones en una historia concreta.
Dios ha querido darnos a conocer su intimidad, su ser trinitario:
Dios se revela como Padre que comunica su designio salvador en el
Hijo por el Espíritu Santo.
La
Revelación se realiza mediante obras y palabras.
Dios ha hablado y habla a los hombres. Se ha manifestado utilizando
el medio humano de comunicación por excelencia: la Palabra.
La Revelación , como encuentro interpersonal entre Dios y
los hombres, ha inaugurado un diálogo que atraviesa los siglos.
Y
culmina en la Encarnación de su Hijo, la Palabra eterna y
definitiva de Dios a los hombres.
Esta
palabra de Dios es eficaz, realiza siempre aquello que significa
(palabras y obras) Por ello, las palabras dirigidas por Dios a los
hombres van siempre acompañadas por sus acciones salvadoras
realizadas en la historia a favor de los hombres.
Dios interviene en la historia y declara el sentido de su intervención;
habla acerca de sí mismo y de su voluntad para los hombres,
y verifica en la historia la veracidad de sus palabras. De este
modo, a través de los acontecimientos y de las palabras,
se desarrolla la trama de la historia concreta en la que Dios mismo,
libremente, lleva adelante su diálogo con los hombres y los
hace capaces de responderle, de acoger su presencia y participar
en su vida.
Lo
que dice Dios de Sí mismo.
La
Sagrada Escritura nos habla de Dios al relatarnos la historia de
Dios con los hombres y cuando nos describe, mediante hechos y palabras,
lo que Dios es, quiere y hace por los hombres. Lo que Dios nos dice
de sí mismo y hace en favor de los hombres.
La Historia de Dios con los hombres comienza con la elección
de Abraham, al que promete la posesión de una tierra y una
gran descendencia.
Con Moisés y la alianza comienza un momento decisivo de la
historia de amor y gracia entre Dios y los hombres. Israel experimenta
continuamente que Dios está con él y su nombre es
"Yo soy el que soy" (Éx 3,14).
Yahvé, el Dios de Israel, es un Dios vivo, que ve la miseria
del hombre, escucha sus clamores, se interesa por su vida, le guía
y salva, abriendo la vida y el camino del pueblo a una nueva historia.
Desde
la experiencia de la fe de Israel en Yahvé Dios, se va descubriendo
y perfilando quién es Dios a través de múltiples
imágenes.
- El Señor
es la roca, la fortaleza (Cfr. Sal 18)
Es único e incomparable (Is 49,18)
Trasciende todo lo humano y terreno, por eso es "El
Señor" de los señores (Sal 8,2)
Es un Dios Santo, porque está más allá
del mundo y de lo creado; su gloria llena la tierra (Is 6,3)
Atributos
de Dios
Desde
la Revelación de su nombre a Israel hasta la Revelación
del Dios-Amor en Jesucristo, la Sagrada Escritura va desgranando
y presentándonos todos los atributos de Dios:
·
Lo conoce y lo sabe todo:
· Lo puede todo, pero su omnipotencia no consiste en coaccionar
o en oprimir, sino en defender los derechos del hombre contra la
injusticia u opresión, porque es el Dios Justo que cumple
siempre sus promesas por ser fiel y veraz.
· Se vuelve hacia los pequeños, pobres, huérfanos
y viudas.
· Perdona los pecados e infidelidades, porque es un Dios
de bondad y misericordia.
· Su amor y su justicia no se oponen entre sí, pues
si por amor Dios acepta incondicionalmente al hombre, este amor
incluye la justicia por la que Dios hace justo al hombre pecador.
Dios
Padre
En
el Antiguo Testamento no aparece nunca la idea de Dios Padre del
individuo, sino Padre del Pueblo.
"Hijos
sois de Yahvé vuestro Dios...Eres un pueblo consagrado a
Yahvé tu Dios; Yahvé te ha elegido entre todos los
pueblos de la tierra para que seas de su propiedad." (Dt 14,
1-2)
Dios, Padre misericordioso, restituye en la condición de
hijos.
Si Yahvé se queja de la conducta de sus hijos es por ver
cómo ellos se alejan de su propio bien. Quizás se
ha insistido en demasía en el honor ofendido de Dios y mucho
menos en la ruptura de una relación filial con el propio
Dios Padre. La querella que Dios entabla con su pueblo, acaba siempre
con una invitación al perdón.
Reconocer
la maldad o el pecado no es suficiente para conseguir el perdón;
lo importante es restablecer la relación filial, que reconoce
el amor paterno y ya no teme el castigo, pues es muy superior la
confianza en el perdón del Padre:
"Y
sin embargo, Señor, Tú eres nuestro Padre, nosotros
la arcilla y Tú el alfarero, somos todos obra de tus manos.
No te excedas en la ira, Señor, no recuerdes siempre nuestra
culpa, mira que somos tu pueblo" (Is 64, 7-11).
El
afecto de Dios por su Hijo, se expresa en el perdón que concede
al Hijo que reacciona ante la corrección divina:
"No
nos trata como merecen nuestros pecados... Como un padre se enternece
con sus hijos, así se enternece Yahvé con sus fieles.
Pues Él conoce nuestra condición y se acuerda de que
somos barro" (Sal 103, 10.13-14)
Dios
Padre de Jesucristo y Padre nuestro
La
Revelación absolutamente nueva de Dios como Padre, acontece
en Jesús. Es decir, en continuidad con el Antiguo Testamento,
Jesús nos da una imagen de Dios totalmente nueva y perfecta:
Dios es su Padre
Es
en el Nuevo Testamento, cuando Jesús nos revela que Dios
es Padre en un sentido nuevo y sorprendente: El hombre había
perdido la comunión con Dios a raíz del pecado. Jesucristo
recupera para el hombre esa relación y después de
El podemos llamar a Dios "Abba",... con esta expresión
mostramos absoluta confianza en Él, intimidad y cercanía.
Somos hijos en el Hijo, Jesús es Hijo por naturaleza consubstancial
al Padre y nosotros lo somos por adopción en el Hijo. (Cfr.
Gal 4, 4-7; Rm 8, 14-7).
Esta
realidad del hombre hijo de Dios, le implica reconocer a los demás
hombres como hermanos todos hijos de un mismo Padre.
Sólo Jesús conoce al Padre en su identidad más
verdadera y sólo Él lo puede revelar "Nadie
conoce al Padre más que el Hijo" (Mt 11,27). Su
misión consiste precisamente en dar a conocer a los hombres
su nombre y glorificarlo.
Por medio de Jesús, el Padre se manifiesta como amor sin
límites: Ama a los justos y pecadores, a los que sufren y
a los oprimidos, a los que maldicen y persiguen, perdona incluso
a los asesinos de su Hijo.
Jesús mismo lo recibe todo del Padre: "Todo me lo
ha entregado mi Padre" (Mt 11,26), incluso las obras que
realiza y lleva a cabo son las que el Padre le ha encomendado, hasta
el punto que afirma:
"El
que me ve a mí ve al Padre. ¿Cómo me pides
que os muestre al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre
y el Padre en mí?. Lo que os digo no son palabras mías,
es el Padre, que vive en mí, el que está realizando
su obra. Debéis creerme cuando afirmo que yo estoy en el
Padre y el Padre está en mí" (Jn. 14, 9-11).
DIOS,
TODOPODEROSO, CREADOR DEL CIELO Y TIERRA
Padre
Todopoderoso
La
Confesión de Fe de la Iglesia comienza confesando a Dios
como Padre. Esta primera afirmación de la Profesión
de Fe es, al mismo tiempo, la más importante.
Junto a esta confesión, la fe cristiana añade "Todopoderoso",
poniéndolo en relación con el Título de Padre.
La
confesión de Dios como "Padre Todopoderoso",
quiere significar que el poder de Dios no es un dominio arbitrario
y caprichoso sobre el mundo, los hombres y los acontecimientos,
sino que expresa realmente la total y absoluta soberanía
de Dios lleno de amor y de bondad
La
omnipotencia de Dios
Confesar
la omnipotencia de Dios significa que:
- ·
La realidad del mundo no es confusión y caos (aunque
a veces lo parezca)
· El mundo, los hombres y la historia no son fruto del
azar o de la casualidad
· No somos marionetas dirigidas por una mano invisible
· No estamos en manos de un destino incontrolable e impersonal
· Dios no es proyección de nuestra debilidad o
de nuestras necesidades.
La
Confesión de Fe en un solo Dios, Padre Todopoderoso:
Describe a Dios como origen último, universal Y trascendente
y como fuente creadora de vida.
Expresa la superioridad y dominio de Dios sobre todo lo terreno
y lo celestial.
"Dios
Todopoderoso" es el Señor de lo pasado y lo futuro,
de lo que existe y de lo que sucede, de las cosas y de los hombres,
del mundo y de la historia. Le reconocemos como Ser omnipotente
que:
- Todo lo
crea, cuida y guía, que tiene en sus manos el mundo y
la historia
Los hombres no son sus esclavos, sino sus hijos y sus amigos.
Llama a la existencia lo que no existe
Es capaz de hacerse débil para salvarnos a los hombres.
Dios Creador
Las
afirmaciones de la fe cristiana en Dios creador las encontramos
en las primeras páginas del Antiguo Testamento. Sin embargo,
es importante tener en cuenta que el A.T. nos ofrece dos relatos
de la creación. (Gen 1,1-2; 2,4-25)
En los dos relatos se expresa un contenido que es el resultado del
camino de Dios con su pueblo, Israel, y presenta una verdad de fe
revelada.
Los
cristianos, cuando confesamos que Dios es creador, queremos afirmar
que:
El
mundo no es fruto del azar, Dios lo ha creado, elegido y amado.
"Porque tu has creado el universo, por tu voluntad, no existía
y fue creado" ( Apoc. 4,11)
En la palabra creadora de Dios se funda la verdad y el sentido de
lo creado. "Todo lo creaste con tu palabra" (Sb 9,1)
Las cosas proceden de la bondad de Dios y participan de ella "Y
vio Dios que era bueno"
Dios crea con plena soberanía. "Y dijo Dios...hágase...y
fue hecho" por eso, para expresar el carácter único
de la creación de Dios, la Sagrada Escritura y la Doctrina
de la Iglesia hablan de la creación de "la nada".
El primer sentido de la creación, es para la gloria de Dios
y como la gloria de Dios es la gloria de su amor, la gloria de Dios
es la salvación del hombre.
La Fe en Dios creador no incluye solamente el acto de la creación
realizado una vez para siempre. Esta incluye, al mismo tiempo, la
conservación del mundo por parte de Dios.
En la conservación del mundo, el acto de la creación
se hace siempre presente: Dios lo cuida todo, lo sostiene todo,
da vida a todo. Sin la continua conservación de Dios, el
mundo, las cosas, volverían a la nada. El soplo de su Espíritu
rodea y penetra las criaturas, las sostiene y las hace vivir.
Del
cielo y de la tierra
En
la Sagrada Escritura, la expresión "cielo y tierra"
significa todo lo que existe, la creación entera: las criaturas
espirituales y corporales. Y para determinar y concretar el sentido
de estas palabras, el credo las interpreta diciendo: "de
todo lo visible e invisible".
Lo
visible: la tierra
La
tierra es el espacio vital del hombre, el mundo material que Dios
ha puesto en manos del hombre, el espacio de su existencia, la morada
en que habita. Precisamente por eso, la tierra, su hermosura y su
aprovechamiento son causa de la alabanza y de la acción de
gracias a Dios.
Pero también son motivo y razón de no considerarla
tan sólo como materia de explotación sin límites,
de consumo egoísta e incluso de injusta repartición
de los bienes y de la riqueza del mundo.
Lo invisible: el cielo - los ángeles
Junto con la tierra (visible), Dios ha creado el cielo (invisible).
Con ello, afirmamos que el mundo es "algo más"
de lo que afirma el materialismo.
Para
la Sagrada Escritura, solo Dios es el cielo del hombre, es decir,
sólo Dios y sólo en Dios encuentra el hombre la plenitud
de sus deseos y ansias más profundas. El cielo está
donde está Dios y donde está Dios, allí está
el cielo.
En
consecuencia, el cielo está donde Dios nos sale al encuentro
y está cerca de nosotros. En el Nuevo Testamento "Reino
de los Cielos" es una expresión equivalente a "Reino
de Dios"
La
existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada
Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe
y cuando el credo afirma que Dios creó el cielo, se refiere
también a estos seres que están especialmente cerca
de Dios y le glorifican perpetuamente.
Los
ángeles son:
seres espirituales, no son materia, por lo tanto son inmortales
Tienen inteligencia y libre voluntad, muy superior al hombre
Viven en sociedad, se dividen en órdenes y grados (serafines,
querubines, etc.)
Su misión: celebración de la Gloria de Dios. (Sal
148). Toman parte del gobierno de Dios sobre la creación.
Los
ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque "contemplan
constantemente el rostro de mi Padre que está en los Cielos"
( Mt 18,10). Son "agentes de sus órdenes, atentos
a la voz de su palabra" (Sal 103,20).
Cristo
es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles
le pertenecen:
"Cuando
el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos
sus ángeles" (Mt 25,31). Le pertenecen porque fueron
creados por y para Él" (Col. 1,16).
Desde
la creación y a lo largo de toda la Historia de la Salvación,
los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación
y sirviendo al designio divino de su realización: cierran
el paraíso terrenal (Cfr. Gn 3,24). Protegen a Lot (Cfr.
Gn 19), salvan a Agar y a su hijo (Cfr. Gn 21,17), detienen la mano
de Abraham (Cfr. Gn 22,11) anuncian nacimientos (Cfr. Jc. 13) y
vocaciones (Cfr. Is 6,6), asisten a los profetas (Cfr. 1 R 19,5).
Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor
y del mismo Jesús.
Dios
creó al hombre a su imagen.
A imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó.
En los dos relatos de la creación el hombre aparece como
culminación de la creación y como centro de la misma.
El hombre es un ser creado.
El
salmo 139 dice:
"Cuando en lo oculto me iba formando y entretejiendo en
los más profundo de la tierra, tus ojos veían mis
acciones, se escribían todas en un libro, calculados estaban
mis días antes que llegase el primero"
Según
la expresión del salmista, Dios nos veía cuando estábamos
formándonos; preciosa expresión que patentiza no sólo
la diferencia entre el origen del hombre y de los seres vivos, sino
la creación inmediata del ama por Dios.
Tiene un profundo significado, quiere decir algo importante y hermoso:
el hombre es algo más que el resultado de una evolución
biológica.
El hombre, cada varón o mujer, es querido por Dios de una
manera única y completamente personal. Dios pensó
en nosotros tal como somos, nos amó desde el primer momento
y nos llamó a la existencia.
El
hombre, imagen de Dios
El
primer relato de Génesis afirma que Dios creó al hombre
a "su imagen y semejanza". Pero ¿en que
consiste esta imagen y semejanza?
Significa que el hombre es constituido como señor de la tierra
y de los demás seres vivos; que ha de cuidarla y servirse
de ella, que es el "administrador" del dominio
de Dios en la tierra; que se distingue por su alma espiritual, está
dotado de razón y voluntad libres.
Dos
consecuencias prácticas se pueden deducir de la creación
del hombre como imagen y semejanza de Dios:
·
La dignidad de todo hombre ante Dios es el fundamento de la dignidad
del hombre ante los hombres; y es también la razón
última de la igualdad y fraternidad de todos los hombres.
Por eso la vida del hombre es sagrada e inviolable, porque en el
rostro de cada hombre hay un destello de la gloria de Dios. Solo
Dios es el señor de la vida y de la muerte.
· De la dignidad del hombre ante Dios se sigue la dignidad
del hombre ante sí mismo, el derecho y el deber de la autoestima
y del amor a sí mismo. Y más aún, le debemos
amor al prójimo como a nosotros mismos. De donde se deduce
que el hombre ha de buscar su realización plena no en lo
que tiene, sino en lo que es. "El hombre vale más
por lo que es que por lo que tiene" (Gaudium et spes, 35)
"Gracias al Padre que os ha hecho aptos para participar
en la herencia de los Santos en la luz. En nos libró del
poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de
su amor, en quien tenemos la redención: el perdón
de los pecados. El es Imagen del Dios invisible, Primogénito
en toda la creación, porque en él fueron creados todas
las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles,
los Tronos, las dominaciones, los Principados, las Potestades: todo
fue creado por él y para él, él existe con
anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia.
El es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: el es
el principio, el primogénito de entre los muertos, para que
sea Él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir
en Él toda la Plenitud, y reconciliar por Él y para
Él todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su
cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos". (Col. 1, 12-20)
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