Misterio
e imágenes de la Iglesia
La
Iglesia es un misterio relacionado con la Trinidad y en el que confluye
el plan salvador de Dios, manifestado en la voluntad de salvación
universal del Padre, que envía a su Hijo unigénito
al mundo para que los hombres reunidos en una comunidad a la que
da vida el Espíritu, tengan vida eterna.
La
Iglesia es una realidad compleja. Si sólo nos preocupáramos
de recabar información sobre su historia, organización
y estructura, administración, etc. Conoceríamos, con
más o menos profundidad, una sociedad, pero no a la Iglesia,
ya que ésta tiene un componente trascendente que sólo
se manifiesta a quien la mira con los ojos de la fe.
Por detrás de sus errores históricos, su pobreza externa
o las limitaciones de sus miembros, se encuentra el Espíritu
Santo, que llena y anima a la Iglesia y la convierte en medio que
presencializa y transmite la salvación de Dios a los hombres.
Toda
esta complejidad se expresa con términos como la Iglesia,
Sacramento de Salvación o al hablar de la Iglesia como misterio.
Vamos a detenernos brevemente en el significado de estas palabras.
El
nombre de la Iglesia
Iglesia
proviene del término griego "ekklesia", que
significa asamblea (convocada). Y en el Antiguo Testamento se usaba
para designar a la comunidad del pueblo elegido, especialmente en
el desierto (cfr. Dt. 4,10; Hch 7,38). También Jesús
usa este término para hablar de "su comunidad mesiánica",
la nueva asamblea convocada por la Alianza en su Sangre, alianza
anunciada en el Cenáculo.
Misterio
y sacramento
La
palabra "misterio" sugiere algo escondido, oculto,
inaccesible a la explicación científica. Cuando la
palabra griega "mysterion" aparece en la Sagrada
Escritura, designa la voluntad salvadora de Dios que quiere liberar
al ser humano de todo lo que le causa mal e impide su felicidad.
Este deseo divino se lleva a cabo a través de un plan salvador,
que va progresando a lo largo de la historia hasta llegar a Cristo,
y que aguarda a partir de Él su plena consumación.
Cuando
el término griego "mysterion" se traduce
al latín, se emplea la palabra "sacramentum",
de donde proviene "sacramento". Por tanto, podemos
afirmar que, inicialmente, sacramento y misterio eran palabras sinónimas.
Pero con el paso del tiempo estos términos han ido desplazando
su significado, de forma que al hablar de misterio nos referimos
concretamente al plan salvador de Dios, mientras que si empleamos
sacramento, hablamos de las realidades que nos hacen presentes el
misterio, el plan de salvación.
Así, al afirmar que Jesucristo es el "sacramento
primordial" se está afirmando que es la realidad
que manifiesta de forma privilegiada y única la voluntad
salvadora de Dios
Concluyamos
resumiendo lo hasta aquí dicho por medio de dos definiciones:
·
Misterio: es el término que designa el plan por el que
Dios quiere salvar a la humanidad
· Sacramento: es la realidad que manifiesta y hace
presente la salvación de Dios entre los hombres
La
Iglesia, Sacramento Universal de Salvación
El Concilio Vaticano II (1962-1965) enseña que la Iglesia
es, en Jesucristo, el sacramento, es decir, el signo y el instrumento,
de la salvación universal del hombre.
"De
ahí que la Iglesia haya recibido la misión de anunciar
e instaurar el Reino en todos los pueblos. Ella es su signo. En
ella se manifiesta, de modo visible, lo que está llevando
a cabo silenciosamente en el mundo entero. Es el lugar donde se
concentra el máximo la acción del Padre, que en la
fuerza del Espíritu de Amor busca solicito a los hombres,
para compartir con ellos -en gesto de indecible ternura- su propia
vida trinitaria. La Iglesia es también el instrumento que
introduce el Reino entre los hombres para impulsarlos hacia su meta
definitiva" Puebla, 227
Esto significa que:
- La Iglesia
es fruto de la obra salvífica de Jesucristo y que su
función es manifestar y hacer presente la salvación
de Dios a todos los hombres.
- La realidad
profunda de la Iglesia ha de estar inspirando constantemente
sus manifestaciones externas para poder ser expresión
de "la unidad íntima con Dios y la de todo el
género humano"
- El acontecimiento
de la salvación se trata de vivir en la Iglesia a través
de la comunión de vida, la oración, el compartir
los bienes, la escucha constante de la Palabra y la celebración
de los Sacramentos, especialmente la Eucaristía.
Por
esto, la Iglesia es consciente de que su visibilización,
es decir, sus estructuras, su organización, la forma de administrarse,
la manera de hacerse presente en la sociedad de su tiempo, no debe
enturbiar el contenido que trata de transmitir haciendo propias
las palabras del Apóstol Pablo: "Este tesoro lo llevamos
en vasijas de barro, para que se vea que esa fuerza tan extraordinaria
es de Dios y no viene de nosotros" 2 Cor 4,7.
Imágenes
de la Iglesia
Toda
la realidad de la Iglesia no es posible reducirla a un solo concepto,
puesto que serían silenciados elementos y dimensiones que
la constituyen. De ahí que la Iglesia se haya descrito, a
lo largo de la historia, con múltiples imágenes que
se complementan entre sí y expresan aspectos diferentes de
su esencia.
Así
se habla de Pueblo de Dios, Plantación de Dios, grey, edificio,
Casa de Dios, Familia de Dios, Cuerpo de Jesucristo, Esposa de Jesucristo,
Templo del Espíritu Santo.
Los Santos Padres definieron la Iglesia como comunidad de creyentes
y comunión de los Santos, es decir, de los santificados por
los sacramentos.
Fijémonos
ahora en las tres imágenes que Pablo empleó para describir
la Iglesia: Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu
Santo.
La
Iglesia, Pueblo de Dios de la Nueva Alianza
La
Iglesia es el pueblo que Dios elige y llama entre los pueblos, con
el que establece una Alianza, pueblo de su propiedad:
- Abierto
a todos los hombres y mujeres, sin importar la raza, la nación,
o clase social a la que pertenezcan.
- Al que
se nace por la Fe y el Bautismo
- Que se
reúne para escuchar la Palabra de Dios y darle gracias
por sus obras de salvación
- Enviado
al mundo para dar testimonio del Evangelio con obras y palabras
Este
Pueblo de la Nueva Alianza cuenta con:
- Una
dimensión histórica: Pues se vincula al antiguo
Pueblo de Dios, elegido en la servidumbre de Egipto, y al que
Dios le dice: "Yo soy vuestro Dios y vosotros, mi pueblo"
(Lv 26,11-12; Ez 37,27) Esta historia de salvación alcanza
su punto culminante en Cristo y se prolonga en la historia humana,
pues la Iglesia es un pueblo en camino, una realidad dinámica,
un signo de esperanza abierto a la meta definitiva que proclama.
- Una
dimensión comunitaria: Ya que como pueblo es una
comunidad de personas en la que todos participan de la misma
dignidad y donde se tiene conciencia de la igualdad fundamental
de todos sus miembros.
- Una
dimensión ministerial: Ya que la común pertenencia
se vive en una diversidad de funciones que se orientan al servicio
- Una
dimensión salvífica: En el sentido de salvación
plena, definitiva, escatológica que revela el Nuevo Testamento
y que asume la experiencia de salvación que tuvo Israel
al ser liberado de la esclavitud. De aquí se sigue la
misión que tiene la Iglesia a favor de la liberación
de la opresión y de la injusticia, expresando así
la salvación integral que anuncia.
- Una
dimensión cultual: Como pueblo sacerdotal que es,
al rendir culto a Dios "en Espíritu y Verdad"
La
Iglesia: Cuerpo místico de Cristo
El
Hijo de Dios encarnado en la naturaleza humana, redimió al
hombre y lo transformó en una nueva criatura (Cfr. Gal. 6,15),
superando la muerte con su muerte y resurrección. A sus hermanos
convocados de entre todas las gentes, los constituyó místicamente
como su cuerpo comunicándoles su Espíritu.
"La
vida de Cristo se comunica a los creyentes por medio de los Sacramentos."
(Conc.Vat. II LG 7) En la antigüedad era conocida la comparación
entre el organismo humano y la sociedad: Como un miembro no puede
subsistir separado del cuerpo, así un individuo no puede
permanecer aislado de la sociedad.
Pablo
recoge esta comparación y la aplica a la Iglesia: La Iglesia
es un cuerpo con muchos miembros distintos que se necesitan mutuamente,
que deben mantenerse unidos y actuar en estrecha armonía
(Cfr. Rm 12, 4-9), compartiendo sufrimientos y honores y protegiendo
a los más débiles y pobres
( Cfr.1 Cor 12, 22-25 ).
Así como en el cuerpo si un miembro sufre, también
sufre el todo. Estamos mal cuando padecemos en algún miembro.
Todo el Cuerpo está mejor, cuando todos los miembros están
bien. Así también la Iglesia: sufre cuando un miembro
sufre y el bien de la Iglesia está en el bien de todos sus
miembros.
Sin
embargo, Pablo corrige esta imagen. Al hacer la comparación,
el segundo término de ésta no es la Iglesia, sino
Cristo. Así, a semejanza del cuerpo, Cristo esta formado
por diversos miembros:
"Es
un hecho que el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros, pero
los miembros, aun siendo muchos, forman entre todos un solo cuerpo.
Pues también Cristo es así, porque también
a todos nosotros, ya seamos judíos o griegos, esclavos o
libres, nos bautizaron con el único Espíritu para
formar un solo cuerpo".
- Cuando
se dice que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, se quiere afirmar
que:
Todos los creyentes forman un solo cuerpo, lo que significa
que la Iglesia es una comunión donde:
- Han quedado
superadas todas la diferencias y distancias (Cfr. Gal 3,28)
Se comparte la vida y todos viven poniendo en común las
preocupaciones y alegrías, haciendo realidad la atención
y mutua entrega
- Jesucristo,
como "Cabeza del cuerpo de la Iglesia", imagen
del Dios invisible (Cfr. Ef 1,22-12; 4,15-16; Col 1,18; 2,19
) distribuye su vida divina a todos sus miembros, capacitándoles
para que sean presencia actual de su amor en el mundo (Jn 15,
1-5)
- La Iglesia
está sometida a los criterios, escala de valores y la
Palabra exigente de Jesucristo, su Cabeza, en quien reside la
plenitud (Cfr. Col. 1,18; 2,10)
Un
cuerpo necesita del alma para ser un cuerpo vivo. Nosotros tenemos
un solo Espíritu, que distribuye sus variados dones para
el bien de la Iglesia según su riqueza y la diversidad de
los ministerios.
Este
es el sentido de esta imagen bíblica para que entendamos
un poco lo que es la Iglesia. En realidad todos los cristianos en
la Iglesia fundada por Cristo formamos con Él lo que San
Agustín llamaba EL CRISTO TOTAL, Cabeza y miembros.
La
Iglesia, Templo de Dios en el Espíritu Santo
En
el mundo antiguo, el Templo es el lugar privilegiado de la presencia
de Dios en el mundo. Israel se caracterizó durante largo
tiempo por no tener templo alguno; Dios estaba en medio de su pueblo
en el camino por el desierto.
Así
el Nuevo Testamento también puede describir a la Iglesia
- o en su caso a la comunidad concreta - Como Templo, lugar de la
presencia de Dios y de Jesucristo.
"Porque
donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí
estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20)
El
edificio que es la Iglesia está constituido por piedras vivas
y su piedra angular es Jesucristo ( Cfr. 1 Pe 2, 4-5). Dios se hace
presente en ella por el Espíritu.
"Habéis
olvidado que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios
habita en vosotros"
Este
Espíritu le da vida a la Iglesia, la renueva, rejuvenece
y fecunda; la mantiene misionera y la hace santa. Es el mismo Espíritu
quien derrama sus diferentes dones sobre ella para enriquecerla,
haciéndola el lugar de la presencia activa de Dios en el
mundo.
CREO
EN LA IGLESIA QUE ES:
Una,
Santa, Católica y Apostólica
Como
quiso Cristo que fuera su Iglesia:
Toda sociedad tiene una serie de características que la identifican
frente a otras que puedan parecérsele. La Iglesia, al reflexionar
sobre sí misma, descubre cuatro notas que la definen y que
forman parte de la Profesión de Fe: Creo en la Iglesia, que
es Una, Santa, Católica y Apostólica.
LA
IGLESIA ES UNA
- La Iglesia
es Una debido a su origen. "El modelo y principio supremo
de este
misterio es la unidad de un solo Dios Padre e Hijo en el Espíritu
Santo, en la Trinidad de personas".
- La Iglesia
es Una debido a su fundador. "Pues el mismo Hijo Encarnado
por su cruz reconcilió a todos los hombres con Dios,
restituyendo la unidad de todos en un solo pueblo y en un solo
cuerpo"
- La Iglesia
es Una debido a su "alma": "El Espíritu
Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda
la Iglesia, realiza esa admirable comunión de fieles
y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio
de la unidad de la Iglesia" Por tanto, pertenece a
la esencia misma de la Iglesia ser una. (CIC, 813)
La
Iglesia es Una. Cristo no fundó muchas, sino UNA Iglesia,
dijo que quería formar un solo rebaño bajo la guía
de un solo pastor (Cfr.Jn. 10)
La única Iglesia de Cristo, Nuestro Salvador, después
de su Resurrección, la entregó a Pedro para que la
pastoreara. Le encargó a él y a los demás Apóstoles
que la extendieran la gobernaran. Esta Iglesia, constituida y ordenada
en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia católica,
gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión
con él.
La
unidad de la Iglesia consiste en una unidad en la Fe, en la Caridad
y en la Liturgia, bajo el gobierno de los apóstoles y sus
sucesores. Algo que aparece expresado en los Hechos de los Apóstoles:
"Eran constantes en escuchar la enseñanza de los
apóstoles y en la comunidad de vida, en el partir el pan
y en las oraciones" (Hch 2,42)
En
este sentido, el Concilio Vaticano II ha hablado del triple vínculo
de la unidad:
La profesión de fe, los sacramentos y el gobierno y comunión
eclesial.
Esta
unidad no debe ser confundida con uniformidad, ya que la Iglesia
no podría unir a hombres de todos los pueblos, razas y culturas,
con muy diferentes mentalidades y costumbres, si no se diera en
su seno una diversidad que enriquece la unidad.
Sin
embargo, esta diversidad tiene unas fronteras que, si se traspasan
anulan la unidad. Así aparecen los cismas y las herejías.
Cuando se rompe la comunión vital, especialmente en la comunión
en el culto, estamos hablando de un cisma. Si la ruptura se produce
en el ámbito de la unidad de la fe, que a su vez provoca
una escisión en el culto, nos encontramos ante una herejía.
Las
separaciones y escisiones sufridas por la Iglesia a través
de la historia, se han debido a disensiones en el ámbito
de la fe, que se han profundizado al incidir también factores
no religiosos (tensiones nacionales, políticas, culturales,
etc.) y disposiciones personales (espíritu de contradicción,
rivalidad, orgullo...)
Sin embargo, tras estas escisiones había también un
sincero afán de mantener la autenticidad del mensaje cristiano,
por lo que el camino hacia la unidad se debe realizar mediante el
esfuerzo común por entender rectamente el Evangelio.
Las
dos separaciones más importantes se produjeron en 1054, al
escindirse la Iglesia Oriental y Occidental tras un largo período
de disensiones y enfrentamientos, y la ruptura que la Reforma introdujo
en la Iglesia Occidental, y que a su vez originaría nuevas
rupturas.
Estamos
buscando la unidad
Así
como notamos la diversidad de comunidades cristianas, también
constatamos que la mayor parte de lo que somos y de lo que anunciamos
es lo mismo. Más son los aspectos que nos unen que los puntos
diversos. Y la Iglesia busca la unidad, porque siempre le han dolido
las divisiones por ser contrarias al pensamiento del fundador.
Un
esfuerzo muy notable por encontrar la unidad de los cristianos comenzó
con el Concilio Vaticano II. La Iglesia quiere la unidad, la busca
y se revisa a sí misma para quitar todo lo que por culpa
humana impide llegar a esa unidad. En las denominaciones no católicas
también se ha emprendido esta búsqueda.
Los
cristianos de las diferentes Iglesias y comunidades eclesiales,
sienten la necesidad de la unidad que Jesús expresa en su
oración al Padre. "Que sean todos uno, como Tú,
Padre, estás conmigo y yo contigo que también ellos
estén con nosotros, para que el mundo crea que tu me enviaste".
Este movimiento por la unidad de todas las Iglesias se llama
"ECUMENISMO", antes a los no católicos los
solíamos llamar protestantes, calvinistas, anglicanos....
Hoy ya se ha hecho común llamarlos mejor "hermanos
separados", porque en verdad son hermanos nuestros y están
separados de nuestra fe católica.
El
deseo de volver a encontrar la unidad de todos los cristianos es
un don de Cristo y un llamamiento del Espíritu Santo. Para
responder adecuadamente a este llamamiento se exige:
- Una renovación
permanente de la Iglesia en una fidelidad mayor a su vocación.
Esta renovación es el alma del movimiento hacia la unidad.
- La conversión
del corazón para llevar una vida más pura según
el Evangelio. Porque la infidelidad de los miembros al don de
Cristo, es la causa de las divisiones.
- La oración
en común, porque esta conversión del corazón
y santidad de vida, junto con las oraciones privadas y públicas
por la unidad de los cristianos, deben considerarse como el
alma de todo el movimiento ecuménico, y pueden llamarse
con razón ecumenismo espiritual.
- El fraterno
conocimiento recíproco.
- La formación
ecuménica de los fieles y especialmente de los sacerdotes.
- El diálogo
entre los teólogos y los encuentros entre los cristianos
de diferentes Iglesias y comunidades.
- La colaboración
entre cristianos en los diferentes campos de servicio a los
hombres.
Es
muy difícil lograr en un futuro próximo la unidad
de todos los cristianos, tener una sola Iglesia, porque las divisiones
han perdurado siglos. Pero la tarea no es imposible. Si somos de
verdad cristianos que deseamos permanecer fieles al Evangelio, debemos
poner de nuestra parte lo que podamos, poner toda la esperanza "En
la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre
para con nosotros, y en el poder del Espíritu Santo."
LA
IGLESIA ES SANTA
La
Iglesia es Santa, porque Cristo "la amó y dio su
vida por ella". Esto lo hizo para consagrarla. En Ella
dejó el Señor todo el tesoro de su santidad adquirido
por su Muerte y Resurrección y así la Iglesia es dispensadora
de santidad y santifica a todos sus miembros desde el Bautismo hasta
la última despedida, luchando siempre por purificarla del
pecado
Esta
propiedad de la Iglesia parece contradecir la experiencia concreta,
que nos manifiesta una comunidad con deficiencias en las actuaciones
de sus miembros, y en sus propias acciones comunitarias. Sin embargo,
podemos afirmar su santidad desde el misterio de su ser.
Cuando
la Sagrada Escritura habla de santidad, está haciendo mención
a algo que es propiedad y pertenece a Dios, al solo Santo. Por tanto,
la santidad no expresa en la Biblia una actitud ética primordialmente,
sino una apropiación por parte de Dios que santifica una
realidad profana. De ahí que podamos afirmar que la Iglesia
es santa porque:
- Es de
Dios y para Dios. Él la elige y crea un pueblo santo,
al que es incondicionalmente fiel y no abandona a los poderes
de la muerte y de la contingencia del mundo (Mt 16,18)
- Jesucristo,
el Hijo amado de Dios, se entregó por la Iglesia para
hacerla santa e inmaculada (Cfr. Ef 5,27), uniéndose
con ella de forma indisoluble (Cfr. Mt 28,20)
- El Espíritu
Santo, prometido por Jesucristo (Jn 14,26; 16,7-9), está
presente en ella, actuando con poder y haciéndola depositaria
de los bienes de la salvación que debe transmitir; la
verdad de la fe, los sacramentos de la nueva vida, los ministerios.
Sin
embargo, al acoger a hombres y mujeres pecadores, la propia Iglesia
es pecadora, necesitando convertirse al Evangelio para manifestar
con su vida lo que es su ser mas profundo.
El Apóstol Pablo nos recuerda a los cristianos que, por el
bautismo, hemos nacido a una nueva vida que transforma nuestro modo
de obrar y que hace de nuestra existencia cotidiana un servicio
a Dios. Esta conversión de actitudes, valores y comportamientos
no es fruto de un empeño personal, sino efecto del Espíritu
Santo que actúa en nosotros si somos capaces de dejarnos
transformar por Él.
Por
todo la anterior, podemos concluir que la Iglesia es Santa en su
ser más profundo, pero pecadora y en constante conversión
en su visibilización en el mundo.
Al
canonizar a ciertos fieles, es decir, al proclamar solemnemente
que esos fieles han practicado heroicamente las virtudes y han vivido
en la fidelidad a la gracia de Dios, la Iglesia reconoce el poder
del Espíritu de Santidad, que está en ella, y sostiene
la esperanza de los fieles proponiendo a los santos como modelos
e intercesores.
Los santos y las santas han sido siempre fuente y origen de la renovación
en las circunstancias más difíciles de la historia
de la Iglesia. En efecto:
"La
santidad de la Iglesia es el secreto manantial y la medida infalible
de su laboriosidad apostólica y de su ímpetu misionero"
(CIC, 828)
La
Iglesia en la Santísima Virgen llegó ya a la perfección,
sin mancha ni arrugo. En cambio, los fieles cristianos se esfuerzan
todavía en vencer el pecado para crecer en la santidad. Por
eso dirigen sus ojos a María. En ella, la Iglesia es ya enteramente
santa.
LA
IGLESIA ES CATÓLICA.
Porque
la salvación que Cristo nos trajo se dirige a todos los hombres
sin excepción. Es Universal. Por esto la Iglesia es Católica.
A partir de la Ascensión del Señor, se rompieron las
fronteras de Israel para "ir por todo el mundo y anunciar
el Evangelio a todas las gentes" Y en orden histórico
los apóstoles serían los testigos de Jesús
en Jerusalén en Judea y Samaria y hasta las regiones más
lejanas de la tierra (Hch 1,8)
La
palabra "Católico" no se encuentra en el
Nuevo Testamento. Será Ignacio de Antioquia quien, hacia
el año 110, aplique por vez primera este calificativo a la
Iglesia (Carta a los de Esmirna 8,2). Originalmente significaba
"la que expresa todo", "la plenitud de la fe",
pero con el tiempo ha pasado también a denominar su extensión
por todo el mundo.
Consecuentemente,
al reconocerse la Iglesia como católica, dice de sí
misma que predica la Fe en su integridad a todo hombre, cualquiera
que sea su raza, nación o clase social.
La
catolicidad de la Iglesia se realiza de forma concreta por:
a)
La misión que ha recibido del Señor para anunciar
la Buena Noticia a todos los hombres (Mc 16,15; Mt 28, 19-20); esta
tarea la realiza enriqueciendo las diversas culturas, llevándolas
a su plena humanización, al tiempo que ella misma se enriquece
con las riquezas de todos.
b) Su enraizamiento en un pueblo, localidad o ambiente, donde hace
presente la plenitud de la Iglesia de Jesús que es al mismo
tiempo Iglesia Universal, extendida por todo el mundo.
c) La abundancia de grupos que realizan la existencia cristiana
de un modo diferente, ya sea como religiosos, laicos, célibes,
casados o clérigos.
La
catolicidad de la Iglesia es un don de Dios, pero al mismo tiempo
es una labor permanente, no exenta de tensiones y dificultades,
debido a la diversidad de culturas, costumbres, formas de vida y
vocaciones.
El
Concilio Vaticano II en la Lumen Gentium 13 dice:
"Todos
los hombres están invitados al nuevo Pueblo de Dios. Por
eso este pueblo, uno y único, ha de extenderse por todo el
mundo a través de todos los siglos, para que así cumpla
el designio de Dios, que en el principio creó una única
naturaleza humana y decidió reunir a sus hijos dispersos...
Este carácter de universalidad, que distingue al pueblo de
Dios, es un don del mismo Señor. Gracias a este carácter,
la Iglesia Católica tiende siempre y eficazmente a reunir
a la humanidad entera con todos sus valores bajo Cristo como Cabeza,
en la unidad de su Espíritu"
LA
IGLESIA ES APOSTÓLICA
Apóstol
quiere decir "enviado". Los cuatro Evangelios señalan
que Dios, el Padre, ha enviado a Jesús, su Hijo como Salvador
del mundo. A su vez, Jesucristo confió a los apóstoles
la misión que había recibido del Padre, encargándoles
predicar en su lugar el Evangelio a todos los pueblos, con el poder
del Espíritu Santo, hasta la consumación del mundo:
"Se me ha dado plena autoridad en el cielo y en la tierra,
Id y haced discípulos de todas las naciones, bautizadlos
y consagrárselos al Padre y al hijo y al Espíritu
Santo, y enseñadles a guardar todo lo que os he mandado,
mirad que yo estoy con vosotros cada día hasta el fin del
mundo" ( Mt 28, 18-20; Mc 16, 15-20; Lc. 24, 47-48; Hch 1,8).
Su
función apostólica intransferible, consistió
precisamente en ser:
- Testigos
inmediatos de la Resurrección del Señor
- Fundamentos
de la Iglesia
Hoy
como ayer y siempre, el Espíritu Santo mantiene a la Iglesia
en comunión con los Apóstoles y, gracias a esta comunión,
en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. El Espíritu
Santo es el principio de la comunión de todos los miembros
de la Iglesia en la fe y en el testimonio de vida de los Apóstoles.
En este sentido toda la Iglesia es apostólica, manteniéndose
en ella la vitalidad del Evangelio.
Al
servicio de la apostolicidad de todos los miembros de la Iglesia
está la sucesión apostólica de los Obispos
que garantiza en cada momento que esta Iglesia nuestra es la Iglesia
misma de los apóstoles. La verdadera Iglesia de Jesucristo
está allí donde los creyentes son fieles a la fe de
los apóstoles, al mismo tiempo que se adhieren a la sucesión
apostólica de los obispos.
En
el Nuevo Testamento hay indicios claros de cómo la misión
apostólica, en los tiempos inmediatamente posteriores a los
Apóstoles, se transmitió a otros discípulos.
En efecto: Los Apóstoles no sólo tuvieron en vida
diversos colaboradores en su ministerio, sino que:
- Confiaron
a algunos el encargo de continuar, llevar a término y
consolidar la obra que ellos habían comenzado.
- Establecieron
colaboradores al frente de las comunidades cristianas y les
encomendaron que proveyesen para que otros hombres probados
se hiciesen cargo, mas tarde, del ministerio apostólico.
La
misión de los apóstoles se ha transmitido hasta nuestros
días a través de los Obispos y del Papa, sucesor del
apóstol Pedro. Los Obispos son sucesores de los Apóstoles
no en lo que a éstos les fue propio y exclusivo: Ser testigos
de Cristo Resucitado y ser fundamentos de la Iglesia. Los Obispos
suceden a los Apóstoles en su función de Pastores
de la Iglesia; a través de ellos se manifiesta y se conserva
en el mundo entero la Tradición Apostólica.
No
es necesario que cada Obispo, en particular, sea sucesor de un determinado
Apóstol. Para garantizar la sucesión apostólica,
basta conque el Colegio (o conjunto) de los obispos suceda al Colegio
(o conjunto) de los Apóstoles. Cada Obispo, como miembro
de todo el Colegio Episcopal, ocupa un puesto en la sucesión
apostólica.
Esto
es lo que quiere decir el hecho de que, para ordenar a un presbítero
como Obispo, está establecido que le ordenen, por lo menos,
tres Obispos, como señal de que se admite al candidato en
el Colegio de los Obispos.
Desde
los orígenes de la Iglesia hasta hoy, y así sucederá
hasta siempre, la Fe y la misión de los Apóstoles
se han mantenido íntegras y vivas mediante la sucesión
apostólica de los Obispos, asistida por el Espíritu
Santo.
Un antiguo texto de la Tradición de la Iglesia resume esta
realidad diciendo:
"Los
apóstoles salieron al orbe entero a predicar la misma doctrina
de la misma fe a todas las naciones. En cada ciudad fundaron Iglesias,
que vinieron a ser como retoños o semillas de la fe y de
la doctrina para las demás iglesias de entonces y ahora.
Por eso, nuestras Iglesias deben ser consideradas como brotes de
las Iglesias apostólicas. Aún siendo tantas Iglesias,
no forman más que una sola. Tertuliano, siglo III
¿Por qué decimos
que la Iglesia es Romana?
Un
hecho histórico vino a poner esta nota en la Iglesia de Cristo:
San Pedro, el primero entre los Apóstoles, fue a Roma y ahí
murió.
En
los Evangelios aparece San Pedro con un lugar muy importante entre
sus compañeros apóstoles, esta primacía es
confirmada por Cristo resucitado. En los Hechos es quien tiene la
dirección principal de la Iglesia naciente. Así se
le consideró como signo de ser la Iglesia de Cristo el estar
en comunión con Pedro.
San Pablo mismo que tiene una parte tan importante en la propagación
del cristianismo primitivo, confiesa que después de su conversión
fue a estar unos 15 días con Pedro, no fuera a suceder que
su mensaje no estuviera de acuerdo con él.
Este
puesto importante de Pedro en toda la Iglesia lo sigue teniendo
el sucesor de él en Roma, porque ahí murió
en el año 67 dando su vida por Cristo como testimonio final
de su amor al Maestro. Conocemos los nombres de todos los sucesores
de Pedro hasta el presente. Hoy también los cristianos conservamos
la comunión con la Iglesia de Roma. Por eso decimos que la
Iglesia es Romana.
"FUERA
DE LA IGLESIA NO HAY SALVACIÓN"
¿Cómo
entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres
de la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que toda salvación
viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su cuerpo:
El
santo Sínodo "basado en la sagrada Escritura y en
la Tradición", enseña que esta Iglesia peregrina
es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el
Único Mediador y Camino de Salvación que se nos hace
presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con
palabras bien explícitas, la necesidad de la fe y del Bautismo,
confirmó al mismo tiempo la necesidad de la iglesia, en la
que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta. "Por
eso, no podrían salvarse los que, sabiendo que Dios fundó
por medio de Jesucristo la Iglesia católica como necesaria
para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar
o perseverar en ella". (Conc. Vat. II Lumen Gentium 14)
Esta
afirmación no se refiere a los que, sin culpa suya, no conocen
a Cristo y a su Iglesia:
"Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo
y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan
en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios,
conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden
conseguir la salvación eterna" (L.G. 16)
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