REFLEXIONES CUARESMALES Segunda parte

 

La Parroquia, Cuerpo Eclesial de Cristo

En la fracción del Pan Eucarístico, participando realmente del Cuerpo del Señor, nos elevamos a una comunión con Él y entre nosotros mismos. "Puesto que hay un solo pan, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan" ( 1 Cor 10,17). Así todos nosotros quedamos hechos miembros de su Cuerpo (cf 1 Cor 12,27). "pero cada uno es miembro del otro" (Rom, 12,5) LG n. 7

 

Objetivo

Nuestra realidad

Iluminación doctrinal

Compromiso personal y comunitario

Tercera parte

Objetivo

Comprender que la comunidad parroquial se hace una con Cristo al celebrar la Eucaristía entre ellos. Partiendo de esta realidad sacramental, la comunidad se convierte en el cuerpo visible e histórico de Cristo, enriquecida por la diversidad de sus miembros, está llamada a ser signo de la unidad entre Cristo y los hombres y a llevar la Buena Nueva hasta el último rincón del mundo.

Nuestra realidad.   

Desde hace cuarenta años, la Iglesia se ha ido esforzando por hacer la Liturgia Eucarística mucho más participada. El cambio de la posición del sacerdote y la lengua en la que se celebra marcaron el inicio de muchos otros cambios que quisieron "acercar" la celebración eucarística al pueblo.

De ahí vinieron, los lectores y las lectoras, los ministros de la comunión, etc.
Sin embargo, una cosa nos ha faltado en la gran mayoría de nuestras parroquias: Celebrar la eucaristía en comunidad.

Muchos de nosotros asistimos a la misa a recibir a Cristo pero no nos importa nuestro hermano. Si llegó alguien nuevo a la comunidad no lo recibimos; si alguien se murió, no lo extrañamos; si otro está pasando hambre, no importa, mientras haya sacerdote nosotros podemos "celebrar" a Cristo entre nosotros. Nuestras misas son un espectáculo de individualidades, donde cada cual comulga "su Cristo", pero no nos damos cuenta que esta comunión nos ha hecho "un solo Cuerpo".

Esto lo vemos reflejado en nuestras pastorales. No vivimos como Iglesia, es decir, como comunidad convocada por Dios Padre y unida por el Espíritu entorno a la Palabra y el Cuerpo del Hijo. Veamos un ejemplo.

Pastoral familiar ha organizado una actividad para todas las familias de la comunidad un domingo por la tarde. Sin embargo, ese día pastoral litúrgica organizó otra actividad y no podrán asistir. Los de catequesis están cansados porque el sábado tuvieron su actividad y se excusan también de asistir. Los grupos de jóvenes ni se enteraron de la actividad y por lo tanto, no invitaron a sus papas y por último Pastoral Social organizó un Bingo para poder sostener el dispensario. Al final, acabaron asistiendo tres familias que escucharon el aviso en misa y las cuatro señoras, sin sus maridos, de pastoral familiar.

Pregunta ¿Quién estuvo mal, pastoral familiar por organizar un evento al que nadie fue? O la comunidad parroquial que no se siente responsable de las actividades de los demás?

Cada quien luchamos por nuestro "territorio", por nuestro "trabajo pastoral" como si lo que estuviéramos construyendo fueran "negocios personales" y no el Cuerpo de Cristo. Comulgar el mismo Cristo nos compromete a vivir como un solo Cuerpo, respetando los diferentes miembros, pero siempre conscientes que no podemos movernos hacia dos rumbos al mismo tiempo. Somos "UN SOLO CUERPO", el Cuerpo visible de Cristo en nuestra historia.

Iluminación doctrinal

"El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí" (Jn 6, 56-57).

Jesús no sólo nos invita a creer en Él, no sólo nos invita a seguir sus pasos; en este discurso del Pan de la Vida, Jesús quiere que "nos hagamos uno en Él". No solo nos comparte su sabiduría y su amor, sino que ahora nos quiere hacer uno con Él, nos comparte su misma vida.

Con esto Jesús nos invita a correr su misma suerte, a vivir unidos en cuerpo y sangre, a su misión: Ser testigos del amor del Padre por su creación. Fundado en esta identificación plena, Jesús, en la última cena orará al Padre diciendo: "Como tú Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado" (Jn 17,21)

San Pablo nos recordará la radicalidad en la que hemos sido unidos a Cristo. Para el, comer el Cuerpo de Cristo y beber su Sangre nos hacen un solo Cuerpo con Él (cf. 1 Cor 10, 16-17), por lo tanto se atreverá a decir que si existen divisiones e injusticias entre la comunidad de Corinto, ellos "no están celebrando la Cena del Señor" ( 1 Cor 11,20). Vemos aquí la unidad entre la Eucaristía y Comunidad.

La Eucaristía hace la comunidad y la comunidad está llamada a dar testimonio de la presencia Eucarística.
"Cada parroquia está fundada sobre una realidad teológica, porque ella es una comunidad eucarística" Crhistifideles n. 26

¿Cómo vivir esta vocación a ser Cuerpo visible de Cristo en nuestras parroquias?

Hoy en día las parroquias son muy grandes y es imposible conocernos todos. Por este motivo, para la realización de las tareas básicas de la evangelización se han elaborado una serie de medios que nos ayudan a vivir nuestro compromiso eucarístico de unidad. Esta organización es un instrumento y no un fin en sí misma. No hemos de olvidar que la organización nos sirve para vivir más claramente la comunión y no para dividirnos y olvidarnos de los demás.

Dentro de esta organización encontramos las tres pastorales fundamentales de la evangelización: Pastoral Catequética, Pastoral Social y Pastoral Litúrgica. Cada una de ellas realiza una actividad dentro del Cuerpo de Cristo, pero no pueden considerarse independientes pues perderían su lugar dentro del Cuerpo y con ello dejarían de dar testimonio de la Eucaristía.

Pastorales fundamentales

a. Pastoral Catequética: Es un instrumento que emplea el Obispo, para dirigir y orientar todas las actividades de enseñanza de la doctrina en la diócesis; persigue animar, coordinar y promover la catequesis y, proveer una adecuada formación a los catequistas.

b. Pastoral Social: Busca proyectar la dimensión social de la fe, a las realidades concretas para promover la transformación de las relaciones y estructuras sociales, según las exigencias del Reino de Dios.

c. Pastoral Litúrgica: Se encarga de promover la participación del pueblo en las celebraciones Eucarísticas, formando personas que se encarguen de esta preparación.

Además de estas pastorales, encontramos las pastorales específicas que se determinan por los destinatarios de la evangelización. Las más comunes son: Pastoral Juvenil y Pastoral Familiar. Sin embargo, también existen otras como: Pastoral Penitenciara, Pastoral de la Salud, etc.

Pastorales específicas:

a. Pastoral Familiar: Busca impulsar, promover y aprovechar la evangelización integral de las familias, para que vivan su identidad y misión, como parte de la sociedad y de la Iglesia, según el proyecto de Dios, a partir de la propia experiencia de comunión familiar (Iglesia Doméstica) siendo así formadores de valores humanos y cristianos.

b. Pastoral Juvenil: Anima la acción organizada de la Iglesia para acompañar a los jóvenes a descubrir, seguir y comprometerse con Jesucristo y su mensaje, para que transformados en hombres nuevos, e integrando su fe y su vida, se conviertan en protagonistas de la construcción de la civilización del amor.

Cada una de estas pastorales está llamada a vivirse en comunión con las demás. En el momento que nos aislamos dejamos de cumplir con la voluntad de Jesús "que todos sean uno, como tú y yo somos uno".

La Eucaristía es por lo tanto el sacramento que nos recuerda semana a semana, que todos somos uno en Jesús, que no se trata de peleas de poder, ni de negocios personales. Somos una sola comunidad, con diferentes miembros, pero al fin y al cabo sólo juntos podemos dar testimonio de que Dios vive en nosotros: "Que todos sean uno…. para que el mundo crea que tu me has enviado" (Jn 17,21)

Compromiso personal y comunitario

¿Colaboro activamente con la misión evangelizadora de la Iglesia a través de alguna de las pastorales?

¿Cómo me relaciono con las demás pastorales de la parroquia?

¿Participo en las actividades convocadas por el decanato, la zona o la diócesis?

ORACIÓN

Oh Virgen Santísima,
Madre de Cristo y Madre de la Iglesia,
con alegría y admiración
nos unimos a tu Magnificat,
a tu canto de amor agradecido.
Contigo damos gracias a Dios,
"cuya misericordia se extiende
de generación en generación",

por la espléndida vocación
y por la multiforme misión
confiada a los fieles laicos,
por su nombre llamados por Dios
a vivir en comunión de amor
y de santidad con El,
y a estar fraternalmente unidos
en la gran familia de los hijos de Dios,
enviados a irradiar la luz de Cristo,
y a comunicar el fuego del Espíritu
por medio de su vida evangélica
en todo el mundo.

Virgen del Magnificat,
llena sus corazones
de reconocimiento y entusiasmo
por esta vocación y por esta misión.

Tú, que has sido
con humildad y magnanimidad,
"la esclava del Señor"
danos tu misma disponibilidad
para el servicio de Dios
y para la salvación del mundo.
Abre nuestros corazones
a las inmensas perspectivas
del Reino de Dios
y del anuncio del Evangelio
a toda criatura.

En tu corazón de madre
están siempre presentes los muchos peligros
y los muchos males
que aplastan a los hombre y mujeres
de nuestro tiempo.
Pero también están presentes
tantas iniciativas de bien,
las grandes aspiraciones a los valores,
los progresos realizados
en el producir frutos abundantes de salvación.

Virgen valiente,
inspira en nosotros fortaleza de ánimo
y confianza en Dios,
para que sepamos superar
todos los obstáculos que encontremos
en el cumplimiento de nuestra misión.

Enséñanos a tratar las realidades del mundo
con un vivo sentido de responsabilidad cristiana
y en la gozosa esperanza
de la venida del Reino de Dios,
de los nuevos cielos y de la nueva tierra.

Tú, que junto a los Apóstoles
has estado en oración en el Cenáculo
esperando la venida del Espíritu de Pentecostés,
invoca su renovada efusión
sobre todos los fieles laicos, hombres y mujeres,
para que correspondan plenamente
a su vocación y misión,
como sarmientos de la verdadera vid,
llamados a dar mucho fruto para la vida del mundo.

Virgen Madre,
guíanos y sostennos para que vivamos siempre
como auténticos hijos e hijas de la Iglesia de tu Hijo
y podamos contribuir a establecer sobre la tierra
la civilización de la verdad y del amor,
según el deseo de Dios y para su gloria.
Amén.