SANTA
MARÍA DE GUADALUPE
|
|
EL
MENSAJE TEOLÓGICO
Antes
de todo, es diáfano y claro que el "Acontecimiento Guadalupano",
puesto en una terminología religiosa actual, es una "evangelización".
Evangelizar es "proclamar una noticia feliz", es "gritar
con gozo que una salvación viene de lo alto".
En el caso de Jesús, él evangelizó con sus
palabras reveladoras, con sus gestos y con la manifestación
del poder de Dios en sus prodigios.
En el suceso del Tepeyac es lo mismo: Se trata de una espléndida
evangelización en palabras, en símbolos y en milagros.
Y aquí, como allá, el centro y foco del anuncio jubiloso
es DIOS, siendo así, no es extraño que el relato que
cuenta lo sucedido en diciembre de 1531 esté todo él
tejido con reminiscencia y resonancias constantes de la Biblia.
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
El
"Nican Mopohua"
JUAN
DIEGO, llamado Cuauhtlatoatzin antes de su conversión al
cristianismo y protagonista de las apariciones, vivió del
año 1474 (?) al 1548. Contaba con 57 años de edad
en el momento en que la Virgen María se le apareció.
ANTONIO
VALERIANO (1520-1605), AUTOR DEL "Nican mopohua",
era indígena de raza tepaneca pura, muy culto; hablaba el
náhuatl como lengua propia y había aprendido el castellano
y el latín. Su padre fue contemporáneo de Juan Diego,
de manera que Valeriano bien pudo escuchar el relato de las apariciones
de los mismos labios del vidente. Valeriano tenía once años
cuando las apariciones, y veintiocho a la muerte de Juan Diego.
El
"Nican mopohua" fue escrito en Tlatelolco, posiblemente
hacia el año 1549, sobre papel hecho de pulpa de maguey como
los antiguos códices aztecas, en lengua náhuatl pero
con caracteres latinos.
Un
ambiente de "sobrenatural y divino"
La
primera aparición es, en todo su conjunto, el pasaje más
rico en contenido evangelizador. Y este no se confina únicamente
a las palabras de la Virgen María, sino que comienza ya desde
el principio de la narración:
"Era
sábado, muy de madrugada…. Cerca del cerrito…"
Bíblica
y cristianamente hablando, el "sábado" es ya todo
un símbolo preñado de sentido, que no es necesario
comentar.
En
cuanto al "amanecer" o mejor a la "oscuridad
de la madrugada", este momento tenía en la mentalidad
prehispana, un simbolismo muy fuerte: Era el comienzo, era el principio,
era el nacer de algo nuevo y grande.
"La
cumbre de los montes" es un punto de particular contacto
con la divinidad; es allí donde misteriosamente se conjugan
los cielos con la tierra ¿No vienen fácilmente a la
memoria la montaña sagrada del Sinaí, el monte alto
de la Transfiguración, el monte de los Olivos, la montaña
de Sión?
Y viene enseguida la aparición: Juan Diego primero "oyó"
una voz lo llamaba: "Juanito, Juandieguito…"
La
repetición del nombre evoca naturalmente las teofanías
bíblicas: "Abraham, Abraham; Samuel, Samuel; Saúl,
Saúl". (Gn 22,1; 1Sam 3,4; Hch 9,4).
Al
oír sigue el "ver". Cuando llegó a la cumbre
del cerrillo, vio a una Señora que estaba allí de
pie y
"Cuando
llegó frente a Ella, mucho admiró en qué manera
sobre toda ponderación aventajaba su perfecta grandeza: su
vestido relucía como el sol, y como que reverberaba, y la
piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos;
el resplandor de Ella como preciosas piedras, (todo lo más
bello) parecía la tierra como que relumbraba con los resplandores
del arcoiris en la niebla. Y los mezquites y nopales y las demás
hierbecillas que allí se suelen dar, parecían como
esmeraldas. Como turquesas aparecía el follaje. Y su tronco,
sus espinas, relucían como el oro"
En
esta espléndida descripción de sol, rayos, resplandor,
arcoiris, niebla, piedras preciosas, esmeraldas, turquesas, oro…
no son únicamente adornos poéticos, sino manifiestan
algo sobrenatural y divino.
La nube era para los mexicanos, como para los israelitas, un símbolo
de la presencia de Dios.
Todo es luz. Y Dios es luz, y Cristo es luz y en la aurora de la
creación lo primero que dijo Dios fue "Hágase
la luz" (Gn 1,3).
Pero
es sobre todo en las palabras de la Virgen María donde se
encuentra de manera más explícita la mayor riqueza
teológica del mensaje Guadalupano.
La
siempre Virgen Santa María
Lo
primero que hace la Santísima Virgen es identificarse, haciendo
la revelación de sí misma a Juan Diego.
"Sábelo,
ten por cierto, hijo mío el más pequeño,
que yo soy la perfecta siempre Virgen Santa María"
"La
perfecta - siempre - Virgen". Quien se presenta es simple y
sencillamente la "perfecta - siempre - Virgen" de la más
antigua tradición cristiana. La Iglesia es firme en su tradición
secular, proclamando la perpetua virginidad de María.
"Santa María". El adjetivo "santa" evoca
naturalmente "llena de gracia" del saludo angélico.
EN
EL CENTRO: DIOS
Viene
luego una nota fundamental, de la más grande importancia,
a saber:
"Madre
del verdaderísimo Dios por quien se vive,
el creador de las personas
el dueño de la cercanía y de la inmediación,
el dueño del cielo
el dueño de la tierra"
Aquí
el mensaje Guadalupano toca el corazón del misterio revelado.
María de Guadalupe es la Virgen- Madre de Dios. El relato,
en su simplicidad evangélica, no se afana por precisiones
teológicas; no puntualiza que es Madre del "Hijo de
Dios", sino que habla el lenguaje sencillo de la fe, tal como
se expresa en la segunda parte del Ave María: "Santa
María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores…"
Las
cualidades divinas mencionadas: "el veraderísimo Dios
/ por quien se vive / el creador de las personas / el dueño
de la cercanía /….. Son las expresiones mismas con que los
indígenas caracterizaban el poder y la grandeza de algunos
de sus dioses.
La Virgen - Madre, enseña a sus nuevos hijos la fe en el
Único Dios a quien se debe toda adoración y todo honor.
Con esto el mensaje de Guadalupe toca la cumbre de la evangelización.
Esta revelación queda puesta de relieve cuando la Virgen
agrega:
"Deseo
vivamente que se me erija un templo, para en él
mostrar y dar todo mi amor…"
Ella
se presenta como Madre de un Dios cuya serie de atributos lo hacen
el centro de la atención. Y así sigue siéndolo
a lo largo de todo el relato.
Maternidad
espiritual de María
Enseguida,
la Virgen María expresa la manera y el por qué de
esa manifestación y entrega:
"Lo
daré a las gentes en todo mi amor personal,
en mi mirada compasiva, en mi auxilio,
en mi salvación: porque yo en verdad
soy vuestra madre compasiva"
Este
pasaje es revelador. La tarea primordial de la Virgen María
será dar a conocer a Dios, manifestar lo que es Dios. Pero
para ello se valdrá de un método original, lo dará
a conocer y enseñará como es Él, a través
de la cálida expresión de su amor de madre, de su
mirada misericordiosa y de sus cuidados maternales. Nos parece escuchar
de nuevo el diálogo entre Felipe y Jesús. A la palabra
de Felipe:
"Señor
muéstranos al Padre, y eso nos basta" responde Jesús:
"¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me has
conocido, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre.
¿Cómo dices tú: muéstranos al Padre?".
(Jn 14, 8-9).
La
Virgen María es una imagen, un reflejo, un trasunto, una
transparencia de Dios.
Hay
que decirlo claramente en sus palabras hay todo un cántico
a la maternidad espiritual:
"Escucha,
hijo mío el menor, Juanito:
"Hijo mío el más pequeño de mis hijos"
"Bien está hijito mío"
Y
no se diga si recordamos la conmovedora escena de la cuarta aparición:
"Escucha,
ponlo en tu corazón, hijo mío el menor, que no es
nada lo que te espantó, lo que te afligió, que no
se perturbe tu rostro, tu corazón. No temas esta enfermedad,
ni ninguna otra enfermedad, no cosa punzante, aflictiva. ¿No
estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo
mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría?
¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de
mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?"
Lo
que acabamos de leer es una cascada de expresiones de intenso amor
maternal. Recordemos los acentos maternales del Dios del profeta
Oseas:
"Yo era para ellos como quien alza a una criatura contra
su mejilla; mi inclinaba hacia él para darle de comer"
(Os 11,4).
Y
del Dios del Segundo Isaías: "¿Acaso olvida una
mujer a su niño de pecho?. Pues aunque ellas llegasen a olvidar,
Yo no te olvido". (Is 49,15)
El mismo Jesús, en un momento trascendental exclama lleno
de dolor:
"Jerusalén,
Jerusalén….¡Cuántas veces he querido reunir
a tus hijos como una gallina su nidada bajo las alas, pero no habéis
querido….!" ( Lc 13,34)
Un
detalle que para nosotros sería casualidad, pero que en Dios
se llama providencia, es el nombre del protagonista. Allá,
en el Calvario, al pie de la cruz, cuando la Iglesia estaba por
nacer, un discípulo de Jesús, símbolo de todos
los cristianos, llamado JUAN, escuchó de los labios de su
maestro moribundo aquella palabra "¡He ahí a tu
Madre!" (Jn 19,27); y aquí en el Tepeyac, otro JUAN,
también él símbolo y representante de todo
un pueblo que estaba por surgir, era proclamado por la misma Virgen
María: "¡El más pequeño de mis
hijos!"
Además La Virgen María se presenta a Juan Diego como
madre en un horizonte universal que no se cierra a un individuo,
ni siquiera se limita a un pueblo:
"Tuya
y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno (es
decir, los naturales de esta tierra, con sus diferentes tribus y
razas) y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores,
los que a mí me clamen, los que me busquen, los que confíen
en mí"
"
¡MI CASITA SAGRADA! ….¡MI TEMPLO! "
La
Virgen de Guadalupe pidió desde el primer momento una casa,
un templo:
"Mucho deseo que aquí me levanten mi casita sagrada"
"Que me erija en el llano mi templo"
Allí les escucharé su llanto, su tristeza, para remediar,
para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores"
Lo
que más cautiva en la petición de la Virgen, es que
Ella no desea una casa - templo con el fin de recibir allí
homenaje y veneración -. "Casa" es el sitio del
encuentro familiar, es el lugar de convivencia entre el padre, la
madre y los hijos. Pues bien, la Virgen María quiere una
casa, un sitio de encuentro familiar, mas no para Ella, sino para
Dios y para nosotros. Claramente lo ha dicho. Quiere ocuparse ahí
en dar a conocer al verdaderísimo Dios, por quien se vive.
Además hay en la petición un rasgo conmovedor y característicamente
evangélico:
"Jesús
recorría toda Galilea, enseñando en sus sinagogas,
proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y
toda dolencia del pueblo" (Mt 4,23).
María
de Guadalupe, ella desea continuar, por su parte, esa misión
evangelizadora llena de misericordia.
Juan
Diego profeta de la Virgen
Según
los datos tradicionales de la Biblia, un profeta es un hombre elegido
personal y gratuitamente por Dios, que recibe una palabra para comunicarla
a la comunidad o a sus dirigentes. Habla, en definitiva, en nombre
de Dios. Es su mensajero, su heraldo, su embajador (Am 7,14-15;
Os 1, 2-9; Is 6, 1-13).
A las veces cuando el escogido siente su incapacidad para transmitir
con éxito el mensaje, se rehusa, se intimida, resiste. (Jr
1, 4-10)
El profeta es también un siervo, y un siervo recibe un mandato,
una orden que tiene que cumplir. El siervo entonces debe simplemente
obedecer. Así lo declara en el Nuevo Testamento Pablo de
Tarso, siervo de Cristo Jesús (Rm 1,1).
Por
lo que en Juan Diego se encuentran los perfiles claros de profeta.
Todo profeta es un "enviado" para transmitir un mensaje;
y la Virgen le dice a Juan Diego expresamente:
"Yo
te envío para que le descubras cómo mucho deseo que
aquí me provea de una casa…"
El
profeta es un "siervo", y Juan Diego como siervo obediente
y fiel, acepta el punto:
"Señora
mía, Niña, ya voy a realizar tu venerable aliento,
tu venerable palabra; por ahora de ti me aparto, yo, tu pobre indito"
El
profeta es consciente de su "indignidad y pequeñez";
y Juan Diego, ante el asomo de un fracaso en su misión, confiesa
su impotencia y con humildad y sencillez busca sustraerse:
"Mucho
te suplico, Señora mía, Reina, muchachita mía,
que a alguno de los nobles, estimados, que sea conocido, respetado,
honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu amable aliento,
tu amable palabra para que le crean. Porque en verdad yo soy hombre
del campo, soy mecapal, soy parihuela, soy cola, soy ala; yo mismo
necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar,
ni de mi detenerme allá a donde tu me envías. Virgencita
mía, Hija mía menor, Señora, Niña. Por
favor dispénsame; afligiré con pena tu rostro, tu
corazón; iré a caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora,
Dueña mía"
Pero
la vocación de Dios es irrevocable (Rm 11,29) y nadie sino
el profeta elegido es quien debe cumplir la misión:
"Escucha, el más pequeño de mis hijos, ten
por cierto que no son escasos mis servidores, mis mensajeros, a
quienes encargue que lleven mi aliento, mi palabra, para que efectúen
mi voluntad; pero es muy necesario que tú personalmente vayas,
ruegues, que por tu intercesión se realice, se lleve a efecto
mi querer, mi voluntad. Y mucho te ruego, hijo mío el menor,
y con rigor te mando, que otra vez vayas mañana a ver al
Obispo"
A
lo que Juan Diego responde:
"Señora
mía, Reina, muchachita mía, que no angustie yo con
pena tu rostro, tu corazón; con todo gusto iré a poner
por obra tu aliento, tu palabra; de ninguna manera la dejaré
de hacer, ni estimo por molesto el camino"
Un
rasgo pintoresco asemeja a Juan Diego al del gran profeta Elías.
En la vida de éste eran frecuentes las desapariciones repentinas,
porque el Espíritu de Dios de apoderaba de él; en
el caso de Juan Diego es seguido por los servidores del Obispo y,
en un instante, en el momento más interesante, desaparece
a sus miradas.
El profeta es un "hombre de fe", y Juan Diego da de ella
una prueba heroica. Recordemos la secuencia de los acontecimientos:
Juan Diego va al Obispo.
Este le pide una señal.
Juan Diego da parte a la Virgen María.
Esta le dice que regrese al día siguiente.
Juan Bernardino tío de Juan Diego, se enferma gravemente.
Juan Diego llama al médico. No hay remedio, está desahuciado.
Al otro día se apresura a llamar a un sacerdote que lo auxilie.
Toma otro camino para que la Virgen no lo vea, ni lo detenga;
Ella que "perfectamente a todas partes está mirando"
le sale al encuentro.
Juan Diego contesta a su saludo:
Mi
Jovencita, Hija mía la más pequeña, Niña
mía, ojalá que estés contenta; ¿Cómo
amaneciste? ¿Acaso sientes bien tu amado cuerpecito, Señora
mía, Niña mía?
Y
Juan Diego le participa su pena.
La Virgen lo conforta, le anuncia que su tío ha sanado
Y Juan Diego ¡creyó!
Después de escuchar la consoladora noticia, ruega a la Virgen
que inmediatamente lo mande a ver al Señor Obispo a llevarle
algo de señal, de prueba, para que crea.
Juan
Diego, ejemplo de santidad
Juan Diego, el profeta de María de Guadalupe, es en definitiva
un grande santo, su figura es comparable a la de los más
grandes santos, mensajeros de las voluntades divinas.
Su actitud es admirable; está hecha de amor de respeto; de
fe de abandono filial; de reverencia y de confianza; de sencillez
y obediencia; de prontitud y diligencia; de olvido propio, de seguridad
en la misión, de solicitud y cuidado; en una palabra de donación
personal.
En la providencia de Dios estaba que al Santo Padre Juan Pablo II
le tocara glorificar a Juan Diego, reconociendo públicamente
su santidad en la Basílica misma del Tepeyac, en el mes de
mayo de 1990, con ocasión de su segundo viaje apostólico
a tierras de México.
UN
VERDADERO CLIMA DE IGLESIA
El Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Iglesia,
enseña que "los Obispos han sucedido por institución
divina a los Apóstoles como pastores de la Iglesia, y quien
a ellos escucha, a Cristo escucha, y quien los desprecia, a Cristo
desprecia y al que le envió" (Lumen Gentium 20)
Es hondamente impresionante constatar cómo el mensaje Guadalupano
se sitúa en una perspectiva de Iglesia, en un clima verdaderamente
eclesial. María, con ser "la Madre del verdaderísimo
Dios por quien se vive", para realizar lo que su clemencia
pretendía, envía a su profeta al palacio del Obispo
de México, para que le manifieste lo que ella mucho desea;
que se le edifique una casa (primera aparición) y en la segunda
aparición se lo repite:
"De mi parte hazle saber, hazle oír mi querer, mi
voluntad, para que realice, haga mi templo que le pido"
Y respecto de los sacerdotes, hay dos expresiones que es útil
destacar. En la misma aparición leemos:
"Llegaré
a tu casita de México a seguir las cosas de Dios que nos
dan quienes son las imágenes de Nuestro Señor: nuestros
sacerdotes".
Y
en el curso de la cuarta aparición, Juan Diego dice a la
Santísima Virgen:
Ahora
iré de prisa a tu casita de México a llamar a alguno
de los amados de Nuestro Señor, nuestros sacerdotes, para
que vaya a confesarlo…"
En
la economía de un cristianismo verdadero, el reconocimiento
de la autoridad en la Iglesia es un signo de autenticidad. Y aquí
lo vemos claramente. La Virgen María respeta el orden jerárquico
instituido por su Hijo.
La
teología del signo
A
lo largo de la Historia de la Salvación, Dios ha querido
utilizar el método del "signo", esto es, del "milagro",
para que el hombre, apoyándose en un fenómeno sensible,
se levante a creer en una realidad superior.
El "signo - milagro" tiene dos funciones: una se dirige
a los sentidos de la razón una cosa que se "ve"
pero ésta conduce a una realidad que solamente se "cree".
El
mensaje de la Santísima Virgen tiene un carácter "sobrenatural"
y "extraordinario".
Juan
Diego comunicó a la Virgen María la exigencia del
Obispo y ella la aceptó:
"Bien
está, hijito mío, volverás aquí mañana
para que lleves al Obispo la señal que te ha pedido; con
esto te creerá y acerca de esto ya no dudará, ni de
ti sospechará"
Y
en la mañana del 12 de diciembre, cuando Juan Diego encontró
a la Virgen, ésta le dijo:
"Sube
a la cumbre del cerrito….Allí verás que hay variadas
flores; córtalas, reúnelas, ponlas todas juntas, luego
baja aquí; tráelas aquí a mi presencia"
Al
punto subió Juan Diego y se asombró de que hubieran
brotado tantas variadas exquisitas flores, antes del tiempo en que
se dan y en un lugar donde sólo crecen abrojos, espinas,
nopales y mezquites. Trajo Juan Diego las diferentes rosas a la
Señora del Cielo y cuando las vio, con sus venerables manos
las tomó; luego otra vez se las vino a poner juntas en el
hueco de su ayate, y le dijo:
"Mi
hijito menor, estas diversas flores son la prueba, la señal
que llevarás al Obispo; de mi parte le dirás que vea
en ellas mi deseo y que por ello realice mi querer, mi voluntad.
Y tú… tú que eres mi mensajero… en ti absolutamente
se deposita la confianza; y mucho te mando con rigor que nada más
a solas, en la presencia del Obispo, extiendas tu ayate y le enseñes
lo que llevas"
Y recordemos lo sucedido. Finalmente, habiendo entrado Juan Diego
en presencia del Obispo, le entregó las rosas y flores que
serían la señal pedida para creer en el mensaje y
realizar su voluntad:
"¡Aquí
las tienes; hazme favor de recibirlas!" "Y luego extendió
la blanca tilma, en cuyo hueco había colocado las flores.
Y así como cayeron al suelo todas las variadas flores preciosas.
LUEGO ALLI SE CONVIRTIÓ EN SEÑAL, SE APARECIÓ
DE REPENTE LA AMADA IMAGEN DE LA PERFECTA VIRGEN SANTA MARÍA,
MADRE DE DIOS, en la forma y figura en que ahora está en
su amada casita… en el Tepeyac, que se llama Guadalupe"
Simbología
de la imagen de la Virgen de Guadalupe
La
Virgen se apareció de este modo porque quería ser
una "escritura jeroglífica" un catecismo especial,
para que sus recién adoptados hijos fácilmente la
entendieran. Este hecho es muy natural puesto que los naturales
no podían todavía leer el castellano.
-
Toda
la Virgen tiene por respaldo el sol, que hermosamente la rodea,
despidiendo 129 rayos, unos un tanto serpeados y los otros
rectos. Dispuestos alternativamente 62 por el lado derecho
y 77 por el izquierdo.
-
Sirve
de fondo al sol; el campo que se deja ver entre los rayos
y que en el contorno de la Imagen es tan blanco, semeja una
nube.
Los aztecas adoraban al sol, Tonatiuh, y le agradecían
sus rayos ardientes y vitales, ofreciéndole lo más
precioso que el hombre posee, el corazón, para que
continuara su ciclo diario y el mundo no pereciera. Pero cuando
miraron la Imagen de la Virgen y vieron que estaba delante
del sol, y su cuerpo humano lo tapaba dejando sólo
visibles sus rayos, se dieron cuenta de que los seres humanos
valen más que el sol, y que el sol no era un dios.
-
Está
pisando una luna negra en cuarto creciente, que simboliza
al maligno. Además, éste era uno de los ideogramas
para representar a Quetzalcóatl, la serpiente emplumada.
Ídolo al que adoraban con una religión de temor
y al que aplacaban ofreciéndole sacrificios humanos.
Esto les revelaba que Nuestra Señora era más
poderosa que su dios - serpiente. El sentirse libres de la
obligación de sacrificar seres humanos fue también
factor importante para su conversión.
-
Sobre
su cabeza, inclinada hacia la derecha y encima, sobre su manto,
está una corona de diez rayos o puntas de oro
-
El rostro
de la Imagen no tiene los rasgos de una indígena o
de una española, sino de una mestiza. Su tez "morenita",
sus mejillas sonrosadas, están anunciando la parición
de una nueva raza formada por la mezcla de mexicanos y españoles.
Su faz mestiza profetiza la unión de las dos razas.
-
Sus ojos,
muy vivos, ojos con todas las características de los
ojos humanos. Nuestro Señor grabó el retrato
de María con tal fidelidad que hasta en los pequeños
reflejos de sus ojos quedaron retratados Juan Diego y las
otras personas que estaban ante Ella en ese momento.
-
La luz
o la parte más iluminada es el vientre, pues se presenta
como una mujer embarazada: Jesús está por nacer;
viene la Reina del Cielo a dar a luz a Jesús en México.
-
La cinta
negra alrededor de la cintura es una prenda que usaban las
mujeres aztecas cuando estaban embarazadas
-
Nuestra
Señora luce sólo una joya: sobre su cuello lleva
un broche dorado que tiene una cruz negra en el centro. La
misma que vio la Princesa Papantzin en el ángel y en
los barcos de Hernán Cortés.
Esto enseñaba a los aztecas que Ella, Cortés
y los misioneros, profesaban la misma religión. Y aquí
encontraron una razón poderosa para aceptar la fe católica
que los misioneros les predicaban.
-
La hermosa
Señora tiene manos gentiles, bellísimas y se
nota enseguida que no es una diosa, porque las lleva juntas
en actitud de oración, mientras que su cabeza inclinada,
hace reverencia a Alguien superior; al Señor Creador
del mundo, el Todopoderoso, que es su Hijo.
-
Junto
al vientre de la Madre resalta la "única flor
de cuatro pétalos" (en todo el vestido es singular
esa flor), la cual hace referencia al centro del universo,
la flor de la vida.
-
El manto
sienta bien en su cabeza y nada cubre su rostro y cae hasta
los pies, ciñéndose un poco por en medio; tiene
toda su franja dorada, que es algo ancha, y estrellas de oro
por doquier, las cuales son 46, repartidas 22 en el lado derecho
y 24 en el izquierdo, formando una cruz cada cuatro de ellas.
Es de color azul verde claro. A los aztecas este color, y
el filo dorado del contorno, les hablaban de su linaje real.
-
Abajo
un ángel sostiene sus vestiduras, para indicarnos su
procedencia celestial. Este ángel se muestra muy contento
de transportar a la Madre del Cielo; el ángel luce
como si se asomara de entre las nubes que forman el contorno
de la Imagen y sostiene con una mano la extremidad del manto
y con la otra mano la túnica, que en largos pliegues
cae sobre los pies.
-
Después
de muchas guerras, los aztecas terminaron, en 1440 de construir
en el Tepeyac una pirámide para dar culto a la madre
de los dioses, Tonantzin. Más de 90 años duró
el culto a esa diosa de la discordia, y en su pirámide
fueron sacrificados cientos de personas. La Virgen de Guadalupe
eligió el Tepeyac, para dar a entender que Ella es
la Madre del Dios verdadero.
-
La Virgen,
en su aparición de Guadalupe, no dice que se haga…..
como en la aparición de la Milagrosa, que se acuñe
una medalla, o en Lourdes…. O en Fátima. Aquí
en México, Ella misma se queda en el ayate usado, cosido,
diviso, burdo. Dejó - y se siente - su presencia entre
nosotros.
Terminamos
con lo que dice Juan Pablo II:
"Tu
que has entrado tan adentro en los corazones de los fieles a través
de la señal de tu presencia, que es tu Imagen en el santuario
de Guadalupe; vive como en tu casa en estos corazones, también
en el futuro.
Se
una casa en nuestras familias, en nuestras Parroquias, misiones,
diócesis y en todos los pueblos.
Te
ofrecemos todo este pueblo de Dios. Te ofrecemos la Iglesia de México
y de todo el Continente. Te lo ofrecemos, es propiedad tuya". |
|
|