| 1.-
Muy queridos amigos:
Celebramos en este domingo la Solemnidad de la Santísima
Virgen de Guadalupe,
y la Palabra de Dios nos ofrece una ocasión muy especial
como para que meditemos en torno a este pasaje de la Visitación
y que lo apliquemos a nuestra vida.
La Visitación de María Santísima a su prima
Santa Isabel puede y debe ser contemplada desde muchos ángulos
de vista. Hoy, quisiera sólo referirme a dos de ellos: el
punto de vista bíblico y el pastoral.
La visión bíblica es la más conforme al inescrutable
tesoro de la sabiduría divina y el pastoral es el más
cercano a nuestra propia historia y a la propuesta que Dios nos
ofrece para nuestra propia vida.
2.- Desde la perspectiva bíblica, el encuentro de
la Virgen María con su Santa Isabel puede ser contemplado
como el encuentro entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
El Antiguo representado por Isabel, aquella mujer de quien se subraya
que es Estéril y Anciana, esposa de Zacarías, siervo
fiel del Templo, quien después de una vida en desposorio
con el sacerdote del culto antiguo, por fin lleva un fruto en su
interior, Dios le ha dado la gracia de poseer en su seno al mismísimo
Precursor del Salvador del Mundo.
El Nuevo Testamento es representado en María Santísima,
aquella Mujer Virgen y Joven, que lleva en su seno al mismísimo
Hijo del Padre Eterno, el cual fue concebido por obra y gracia del
Espíritu Santo.
Y en ambos niños en el vientre de aquellas mujeres aparece
la acción del Espíritu Santo: san Juan que representa
la plenitud y conclusión del Antiguo Testamento y que es
penetrado por el Espíritu Divino a los seis meses, tres meses
antes de nacer; en el Señor Jesús, en quien se realiza
la Nueva y definitiva Alianza y en quien llega la plenitud no tan
sólo del Antiguo Testamento, sino la plenitud de los tiempos,
la acción del Espíritu Santo aparece desde el primer
instante de su concepción, en que el Espíritu cubrió
con su sombra el vientre inmaculado de la Virgen, tal como la sombra
del Espíritu de Dios cubría aquella arca de la alianza,
itinerante por el desierto y las montañas: es la Encarnación
del Hijo de Dios.
3.- Se encuentran en la montaña la Virgen e Isabel,
y en ellas se encuentran la Iglesia y la Sinagoga: en el
vientre de Isabel se encuentra la grandeza del último de
los profetas y un nazir, es decir, un consagrado, mientras que en
el Vientre de la Santísima Virgen María se encuentra
el mismísimo Hijo de Dios, la Palabra hecha carne, el Adonai,
el Kirios, el Señor, aquel
que quiso ser reconocido como el Nazareno.
Mientras que Zacarías, padre del Bautista, servía
fielmente al Templo de Jerusalém, María Santísima
aparece como Nueva Arca viva de la Alianza. La sombra de Dios ya
no está sobre el templo que inició Salomón,
sino que ha descendido y cubierto el vientre inmaculado de la Virgen.
Ella es la nueva Tienda de la presencia.
Es Jesucristo, Evangelio del Padre, Buena Nueva para todos los hombres,
quien se traslada en el vientre de la Virgen María y que
se encuentra con el resto fiel de Israel, de quien se reconoce que
están emparentados. El Nuevo Testamento le está mostrando
al Antiguo Testamento el cumplimiento de todo lo que se esperaba,
y cómo las esperanzas de aquellos que realmente vivieron
la fidelidad no se realizaron en vano.
La visitación nos muestra una actitud
de sencillez y servicio, de disponibilidad y comprensión
de Aquella que dignamente nos representa a todos los hijos de la
Nueva Alianza, a todos los hijos de la Iglesia. Por su parte, aquellos,
que representan al resto fiel de Israel, en los labios de santa
Isabel, reconocen a la Virgen María como la Madre del Señor:
¿De dónde a mí que la Madre de Adonai venga
a verme?, es la Madre de Dios, la Madre del Señor la que
les ha ido a visitar en la montaña.
4.- Quisiera ahora dejar lo bíblico, para hacer una
lectura pastoral del pasaje del Evangelio. La Visitación
de María a Santa Isabel ha sido el acontecimiento inmediatamente
posterior a la Anunciación. Bastaría que leyeras,
sin prejuicios, el Evangelio de san Lucas para que lo constates.
Después de que la Virgen María ha tenido el encuentro
con el Arcángel Divino, de que el Espíritu Santo se
posó en su seno y de que el mismísimo Hijo de Dios
fuera engendrado en su vientre puro, ella se dispone apresuradamente
a ayudar a aquella que estaba en necesidad, no importándole
las distancias e incomodidades propias del camino.
La Virgen acaba de vivir un momento de plenitud en la historia de
la humanidad, y no deja de vivir la sencillez en su corazón,
esa sencillez que encantó a Dios y que le hizo significativa
ante sus ojos. El encuentro con Dios no se puede separar de un encuentro
significativo con el hermano.
5.- María Santísima, se convierte así
en un ejemplo de verdadera espiritualidad, en aquella en la que
la relación vertical es el motor de la relación horizontal.
La Virgen María se apresura, no quiere dilatarse, no quiere
llegar tarde, no tiene tiempo que perder. El amor, cuando se tiene
en el corazón, no puede esperar. Ella debe dar una mano allí
donde la necesidad se hizo presente.
A la Virgen María no le falta
el trabajo. Ella misma lleva un hijo bajo su corazón
y en el vientre, y esto no le impide el desplazamiento. Ella tiene
en su pensamiento a Santa Isabel y sus necesidades. Ella se acaba
de enterar a través del mensaje del Arcángel, y piensa
inmediatamente en una mujer más apremiada que ella.
La Virgen va con prontitud a la región Montañosa,
el viaje es pesado, pero no importa el cansancio cuando es Dios
el que inspira nuestras acciones. Ella viene desde el Norte, desde
su casa de Nazareth en la tierras de Galilea, y llega apresuradamente
a una ciudad que dista 6 kilómetros de la gran Jerusálem.
Se hace presente allí, donde se le necesita.
6.- Una enseñanza se nos da con el ejemplo de la
Virgen María: la fe debe manifestarse forzosamente en el
amor. El que cree verdaderamente no es el que pide incesantemente
que Dios intervenga, que Dios haga algo por los otros, que Dios
resuelva aquello que nosotros podemos hacer por los demás.
El creyente hace cuanto puede realizar
por sus propias fuerzas, para lo que Dios le está dando las
fuerzas. El creyente debe ser capaz de escalar todas las montañas
y recorrer cualquier distancia, porque su fuerza se encuentra en
el amor de Dios.
Y viene el encuentro con el hermano. Santa Isabel y la Virgen María-
Dos personas que se encuentran, como muchos hombres nos encontramos
diariamente. Y,... ¿en verdad nos encontramos? -en realidad
casi nunca. Muchos nos encontramos a menudo, o mejor dicho nos topamos
en el camino,... Pero rara vez nos encontramos realmente.
Los auténticos encuentros son raros. Ellos tienen lugar allí
donde reina un buen Espíritu, “El Espíritu Santo”.
Entonces nos basta un saludo, o una mirada. Y dos personas se encuentran;
encuentran la felicidad. Entonces se conmueven íntimamente
y podrían explotar de alegría en el Señor.
Se dicen felices, y lo son en la realidad. Se trata de una alegría
que se convierte, al mismo tiempo, en una gratitud por la visita
y en un necesario Cántico de alabanza a Dios.
7.- Pero... cada vez somos más y más los extraños
místicos que pensamos tener una buena relación vertical,
con el Dios de los Cielos, y que nuestra relación horizontal,
con el hermano, es cada vez más pobre. Existimos
los místicos extravagantes que escuchamos la dulce voz de
Dios, pero que no escuchamos la voz del prójimo. ¡Místicos
modernos que vemos a Dios en todas partes, pero no hemos logrado
verlo en el que vive con nosotros! Tampoco faltamos los místicos
seductores que hablamos bellamente con Dios, pero que no somos capaces
de dirigirle una palabra a los que viven en nuestra propia casa.
Existimos los pseudo-místicos que ahora escuchamos hasta
el aleteo de los ángeles en nuestro entorno, pero que somos
extrañamente sordos al grito desesperado de los propios padres
necesitados. ¡Qué místicos tan insólitos
que hasta les ponemos nombre a los ángeles y que no conocemos
los nombres de las personas!
8.- ¿Tengo tiempo, tiempo de
sobra? ¿A quién consagro gustosamente mi tiempo? ¿Para
quién no dispongo de tiempo? ¿A quién podría
dedicar más tiempo? ¿Registro el tiempo dedicado a
otros, como perdido o aprovechado?
¿Tengo comprensión para
las necesidades ajenas? ¿Me disculpo con facilidad por mis
propias obligaciones? ¿Qué es lo más urgente?
¿Se restringe mi fe a la oración, a las reuniones
de mis amistades o al ámbito del Templo? ¿Se manifiesta
en compromisos sociales? ¿Trasciende el ámbito de
mi familia?
¿Tratamos de hacernos felices unos a otros? ¿Nuestro
saludo, es sólo un cumplo y miento, o es una expresión
de respeto y honor? ¿Cuáles son las bases para un
verdadero encuentro? ¿Que nos impide encontrarnos auténticamente:
los prejuicios, la pereza, los pretextos, las ocupaciones, el trabajo,
los quehaceres, las inhibiciones, el miedo?
9.- La Virgen recorre las montañas, los montículos
no le impiden encontrarse con aquella mujer necesitada, y así
se encuentra el santuario materno de la antigüedad con el Templo
de la Gloria Eterna, llegan puntuales a la cita tanto el maravilloso
y sagrado don de la naturaleza como el inescrutable don de lo sobrenatural
que quiso asumir los procesos humanos.
Jesucristo el Redentor de todos los hombres, a quien Juan le allanará
los caminos, es quien nos hace hermanos y nos compromete a luchar,
unos a favor de otros, buscando preferentemente la protección,
la promoción y el servicio fraterno a los más desprotegidos.
10.- El encuentro con Dios va unido al encuentro con el
hermano. La anunciación va unida inmediatamente a la Visitación,
la experiencia de Dios no puede estar aislada de nuestra experiencia
fraterna. La relación vertical debiera conducirnos a la horizontalidad
de la vida.
CULTURA
DE LA VIDA.
“En aquellos días,
María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas
de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó
a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María,
la creatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y
levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú
entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién
soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme? Apenas
llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó
de gozo en mi seno”.
1.- Muy querido amigo:
Hay un doble encuentro que se realiza en el Evangelio de san Lucas
que meditamos, el cual debe darnos la pauta como para comprender
y profundizar en torno a la intervención salvífica
de Dios en la historia de todos los hombres,... así como
también en su intervención bondadosa que tiene en
la historia de cada uno de los hombres, en la historia de nuestras
familias, en tu historia y en mi historia.
El encuentro que acontece es doble: se encuentran dos mujeres y
se encuentran dos hombres,...o mejor dicho se encuentran dos niños.
Pareciera en aquella escena de la montañas de Judea, desde
una mirada rápida e irreflexiva, que solamente dos personas
se alegran con su presencia, pero en la realidad hay cuatro personas
que entran en interacción, y que comparten la alegría
que acompaña la salvación.
2.- Es cierto, que se encuentran dos mujeres que han recibido
el favor divino: Isabel engendrando de su esposo un hijo en la ancianidad,
María Santísima engendrando del Espíritu Santo
un hijo en la virginidad. Isabel antes señalada injustamente
por el oprobio de la esterilidad, María señalizada
ahora por aquella santa mujer como la Madre de Mi Señor,
la Madre de Adonai, la Madre de Yahwéh, la Madre del Kirios,
la Madre de Dios que se ha dignado a visitarla... Ambas pueden constatar
que para Dios no hay imposibles.
3.- Y, precisamente en el Dios para quien no existen los
imposibles, acontece un segundo encuentro: se da el encuentro
de dos promesas dimensionadas como realidades en el Dios que inicia
las verdaderas posibilidades en donde terminan las posibilidades
del hombre, se trata del encuentro de un bebé que lleva seis
meses de gestación y que salta de gozo por la presencia de
otro Bebé que es traído en el vientre materno, y aún
cuando aquella mujer virginal tenga pocos días de haber engendrado
al mismísimo autor de la vida, ya es llamada “la
Madre de mi Señor”, puesto que el fruto
de su vientre es bendito.
Se trata del encuentro de dos hombres ungidos por el Espíritu
de Dios: Juan a los seis meses cuando Isabel escucha el saludo de
la Virgen y quedó llena del Espíritu Santo y María
Santísima cuando escuchó el saludo del Angel y el
Espíritu divino le cubrió con su sombra.
Se contemplan dos mujeres favorecidas por el milagro de la fecundidad
que Dios otorga de dos maneras diferentes: Isabel por la sanación
en la esterilidad propia y la ancianidad de su esposo, y la Virgen
María por la elevación, en la virginidad propia y
en la castidad de su esposo,...
Isabel viene con el fruto de una humanidad estéril que ha
sido redimida y María con un fruto que es bendito, y se encuentran,
y ambas están llenas de gozo saludándose y deseándose
bendiciones
Y se encuentran también estos dos hijos, aún cuando
todavía habitan el santuario del vientre materno, y nos ofrecen
el recurso idóneo como para que reflexionemos en torno al
don de la vida humana.
4.- El niño salta de gozo en el seno de Isabel y
en María el fruto del vientre es llamado bendito.
La enseñanza es clara: la vida
humana ha de ser respetada y protegida de manera absoluta desde
el primer momento de su concepción y hasta el último
momento de su existir.
No obstante, la violencia más despiadada e injusta es infringida
hoy en día contra el hombre desde la misma concepción.
Los hombres y las mujeres de nuestro
tiempo parecieran no comprender que el aborto no puede ser sólo
un asunto entre la mujer y su médico, y que de así
entenderlo, se están olvidando de alguien muy importante:
la persona que se encuentra en gestación.
Y es que, la vida humana es un valor intrínseco que posee
sus propios códigos genéticos, únicos e irrepetibles,
y por tanto merecedores del respeto en todas y cada una de las etapas
de su desarrollo, es decir, desde el inicio de la vida en el momento
de la concepción hasta que esa vida sea tomada, en su fin
natural, por su único dueño: Dios.
5.- ¿Sabes? No puedo entender como hoy en día,
la ciencia médica haya avanzado tanto, pero que en términos
morales el hombre haya retrocedido tanto. Es lamentable constatar
como el hombre es un gigante en asuntos nucleares y un pigmeo en
la ética, enorme en la ciencia de la destrucción y
enano en los criterios de la preservación.
¡Fíjate en la paradoja!
Los ginecólogos le recomienden
a la madre que le hable y que le cante a sus hijos mientras está
en el vientre, y ellos mismos a su antojo niegan la vida humana
en gestación.
Hoy se habla de psicología prenatal, desarrollo prenatal,
memoria prenatal,... pero, al mismo tiempo hay algunos que se refieren
al bebé en el vientre materno como si fuera sólo un
producto, un glóbulo, un tejido, materia fetal y alguno le
llega a llamar: "parásito".
¡Parásitos somos otros
que podemos caminar pero que vivimos siempre a expensas de otros!
Y así se habla de memoria
Pre-Natal, relacionándola con conexiones neuronales simples
o con moléculas de proteína en células aisladas.
¡No lo entiendo bien!, pero sé que en el cerebro del
bebé se graban tanto los aspectos positivos como los negativos
que se viven durante el embarazo.
Para muestra basta un botón:
El Doctor Thomas Verny, publicó un estudio en 1981 ("Secret
Life of the Unborn Child", New York) en el que afirma que Borris
Brott, director de sinfónica, era capaz de tocar las notas
para el violonchelo de algunas piezas musicales que nuca había
visto antes, como si ya conociera la partitura. Supo después
por su mamá violonchelista, que ella tocaba esas piezas cuando
lo llevaba en el seno.
6.- En realidad, el gineco-obstreta
trata con dos pacientes cuando trata a una mujer embarazada.
Y es que, fíjate ¡Con
cuánta frivolidad se habla hoy de el aborto! Ah, pero es
que si la mujer fue violada... Un momento, ¿quién
es el enemigo, el inocente o el violador? ¿Por qué
entonces asesinar al inocente? ¿Cómo no comprender
que estamos comprometiendo el mismísimo respeto por la vida?
¿Cómo van a vivir las generaciones futuras sin respeto
por la vida? O qué, ¿la solución está,
como siempre, que la cuerda se rompa por lo más delgado?
¿Qué? ¿Vamos a resolver nuestros problemas
destruyendo al inocente?
¡Es que,... en los casos en
que la vida viene malformada!... Sí hablamos utilitaristamente
tenemos que decir que la imperfección
no está reñida con la utilidad: se puede beber agua
con una taza desportillada.
Hoy se han cambiado los sustantivos
con los que se identifica a aquellos que nacen distintos de nosotros.
Antes se les llamaba minusválidos, queriendo expresar que
no se podían valer por sí mismos. Un día nos
dimos cuenta que no es así. Después, queriendo corregir
se les llamaba discapacitados queriendo expresar que no tiene todas
sus capacidades. Otro día nos dimos cuenta que tampoco es
así. Hoy se les empieza a llamar personas con otras capacidades,
y es que nos han demostrado lo valiosos que son y una serie de capacidades
insospechadas.
7.- Christopher de Vinck
escribió un libro titulado: “La invalidez que nos dio
fuerza” en el que narraba la historia de su familia
con la presencia de Oliver, su hermano que permaneció casi
33 años recostado boca arriba en el lecho, en el mismo rincón
de la habitación, bajo la misma ventana, junto a los mismos
muros amarillos. Oliver era ciego y mudo. Tenía las piernas
torcidas. No tenía fuerza suficiente para alzar la cabeza,
ni la menor inteligencia para aprender algo.
Cuenta Christopher: “Cuando
mi madre llevaba tres meses de embarazo y esperaba a Oliver, la
intoxicaron los gases que se escapaban de la estufa de carbón.
Dentro de las escenas de la familia
que él narraba, hubo dos momentos que me quedaron grabados:
Uno de ellos cuando Christopher ya era maestro de literatura y les
expuso a sus alumnos la obra sobre la vida de Helen Keller y se
puso a hablarles sobre Oliver, su hermano. Dice entonces que un
muchacho levantó la mano y le dijo: -Usted quiere decir que
su hermano es un vegetal.
Vacilé unos segundos antes
de contestar. Mi familia y yo alimentábamos a Oliver. Le
cambiábamos los pañales, lo bañábamos
y la hacíamos cosquillas en el pecho para que se riera. Mientras
veíamos televisión en la planta baja, oíamos
que movía los brazos hacia arriba y abajo para hacer que
la cama rechinara y que nos diéramos cuenta que estaba allí.
Pues creo que tú puedes llamarlo
vegetal- reconocí-. Yo lo llamo Oliver, mi hermano. Y creo
que si lo hubieses conocido te habría agradado tratarlo.
La segunda escena que me atrajo
fue cuando el autor contaba con 20 años y conoció
a una muchacha y se enamoró de ella. Unos meses después
la llevó a su casa para presentarle a la familia. Al entrar
mi madre en la cocina le pregunté a la muchacha:
-¿Te gustaría conocer
a mi hermano Oliver?
-¡No! Contestó sin
titubear.... -Ahí terminó la relación.
Poco después, conoció
a otra joven, Roe, y la llevó a casa para presentarla a la
familia. A la hora de alimentar a Oliver le pregunté tímidamente
si le gustaría verlo.
-¡Claro que sí!- respondió.
Me senté en la orilla de la cama de Oliver y le di las primeras
cucharadas de cereal.
¿Me dejas que yo lo haga?
-Me pidió Roe con tranquilidad, sencillez y compasión.
Le pasé el plato, y ella
alimentó a Oliver.
Dice Christopher: Allí conocí
lo que significa el poder del desvalido... ¿Con cuál
de estas mujeres se casaría el lector? Hoy, Roe y yo tenemos
tres hijos.
8.- Hoy por hoy, el bebé
en gestación es un marginado de esta nuestra sociedad de
adultos, en la que nos vamos dando de codazos sin ton ni son buscando
ser los primeros y anulando a aquellos que pudieran convertirse
en potenciales amenazas de nuestro liderazgo y confort.
Debemos darnos cuenta de que un
hombre existe en donde antes existió un niño. Un niño
existe en dónde antes existió un bebé y un
bebé existe en donde antes existió un ser en gestación.
Si aplastamos los brotes jamás existirán los árboles,
si cortamos las flores jamás existirán los frutos.
¿No te parece que
vivimos en un mundo contradictorio?
Hoy, el bebé en gestación
es un ser marginado de nuestra sociedad. No hay un lugar para ellos,
se les aplica el odio y la violencia, aún antes de que puedan
contemplar la luz física.
9.- La aceptación profunda del don de la redención
en Cristo, al cual hubo un hombre que ya desde el vientre fue señalado
como Precursor, es el camino único para los creyentes de
lograr una elevación en los ambientes que vivimos actualmente.
¿De qué mejor manera pudo haberse precedido a Jesucristo,
Evangelio de la Vida, sino precisamente a través de alguien
que fue santificado desde su estancia en el mismo vientre materno?
¡Seamos, también nosotros,
defensores del Evangelio de la Vida!
UNA
FIESTA SIN CELEBRARSE.
“En
aquellos días, Isabel quedó llena del Espíritu
Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita
tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién
soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme?”.
1.- ¡Extrañas e inexplicables conductas vive
el hombre! En la justicia, reconoce y celebra el amor incondicional
de una mujer, y en la injusticia y un torpe recelo opta por desconocer
y poner tantas condiciones, con el fin de no celebrar a aquella
que estaría sobre toda mujer.
2.-
Date cuenta: ¡Todo mundo celebra a aquella que le dio a luz!
Resultaría
muy difícil el que nos encontráramos a alguien que,
en la sensatez de la vida, no sea capaz de guardar un recuerdo lleno
de ternura, de gratitud y de respeto para aquella, por la cual,
Dios le entregó la vida.
Si
echáramos mano a la memoria, atraeríamos muchos y
muy distintos pensamientos, en los que se exaltaría la grandeza,
las cualidades y esa entrega desinteresada de aquella, que ha llegado
a conocer la evidencia de un sentimiento solamente equiparable con
el de Dios: el amor materno.
A
ella la han honrado: médicos, poetas, filósofos, cantores,
místicos, sabios y escultores... Simultáneamente,
cada uno de ellos ha experimentado, en algún instante de
su esfuerzo, una injusta impotencia para plasmar, todo lo que a
través de sus artes quisieran expresar.
3.-
¿Qué cosas se han hablado sobre una madre?
El
médico Lowell Ponte al hablar sobre las submodalidades sensoriales
o sentidos secundarios, afirma que los labios de una madre han recibido
un regalo de Dios: captan en la frente del bebé variaciones
de temperatura hasta de cuatro milésimas de grado centígrado.
Talento, por el cual, él asegura, una madre llega a percibir
la enfermedad en su pequeño.
Sobre
aquella que nos dio la vida, han hablado y le han honrado también
los clérigos, tal es el caso de Mons. Ramón Angel
Jara quien escribe con una belleza singular y virtuosa:
“Hay
una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y
mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados;
Una
mujer, que siendo joven tiene la reflexión de una anciana,
y en la vejez, trabaja con el vigor de la juventud;
Una
mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más
acierto que un sabio, y si es instruida se acomoda a la simplicidad
de los niños;
Una
mujer que siendo pobre se satisface con la felicidad de los que
ama y siendo rica, daría con gusto su tesoro para no sufrir
en su corazón la herida de la ingratitud;
Una
mujer que siendo vigorosa se estremece con el llanto de un niño
y siendo débil se reviste con la bravura de un león;
Una
mujer que mientras vive no la sabemos estimar porque a su lado todos
los dolores se olvidan, pero después de muerta, daríamos
todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un
solo instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar
un solo acento de sus labios...
De
esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que
empape de lágrimas este escrito, porque ya la ví pasar
por mi camino.
Cuando
crezcan vuestros hijos, comentadles este pensamiento, y ellos, acariciando
y cubriendo de besos vuestra frente, os dirán que un humilde
viajero en pago del suntuoso hospedaje recibido, ha dejado aquí
para ustedes y para ellos, el boceto del retrato de mi madre.”
4.-
Sería interminable, y al mismo tiempo presuntuoso el querer
referir en tan poco espacio todo lo que sobre ellas se ha dicho.
En ocasiones, los reclamos se convierten en elogios, tal ha sido
el caso de lo que comunicaba Héctor Geraldi, cuando escribía:
“Los hijos nunca analizan el
sentimiento de un padre,
Porque el brillo de la madre es tan grande que lo eclipsa,
Sólo le hacemos justicia, cuando nos toca vivir a nosotros
el problema”.
Y
así podríamos continuar: “Mi madre, niña
de mil años”, le llamaba Octavio Paz; “Teosófica”
le llamaba Cabral del Hoyo; “Deifilia, flor de toda verdad”
le llama Carlos Pellicer en su “nocturno a mi madre”;
“la mujer que me brindó sus embelesos y me envolvió
en sus besos... la mujer que me dio en pedazos, uno por uno, el
corazón entero”, canta Guillermo Aguirre y Fierro en
su brindis del Bohemio; “Religión del alma, sacrosanto
nombre” la califica Manuel José Otón; “Flor
de una raza tardía” canta Neftalí Beltrán;
“señora de las tres certezas: ética, mística,
práctica” le llama Macedonio Fernández; “criatura
de nuestros sueños” le llamó Sabines.
5.-
¿Habrá acaso alguien sobre la tierra que sea capaz
de no guardar un recuerdo lleno de ternura, de gratitud y de respeto
para aquella, por la cual, Dios nos entregó la vida?
Es
tan grande el amor materno que algunos, como ha sido el caso del
Padre John Powell, han optado por decir que en nuestro tiempo y
en nuestra cultura, la manifestación de amor más cercana
al amor que Dios tiene para con sus hijos, es más la del
amor materno que la del paterno.
El
padre Powell dice que un padre de familia en nuestra cultura esperará
siempre un motivo para manifestar el amor que tiene: se siente orgulloso
del hijo que se parece a él, se siente realizado por un hijo
que concluye una carrera, un día le dice al hijo que está
feliz porque ha puesto un negocio... Hay siempre algo que le motiva,
se trata de una condición que detona la manifestación
de su orgullo o de su cariño. En cambio una madre ama al
hijo por la sencilla razón de haberle llevado en su vientre
y es así como le ama, independientemente que sea inteligente
o no, que tenga un buen trabajo o no, que sea reconocido en la sociedad
o no...
Este
factor, parece ser el que ha querido manifestar Isaías, cuando
quiso equiparar el amor que Dios nos tiene con el que le tiene una
mujer al fruto de sus entrañas: “¿Acaso
puede haber una madre que olvide al hijo de sus entrañas?
Pues, aunque la hubiera, yo jamás me olvidaré de ti”
(Is 49,15).
6.-
Y sin embargo, parece ser que sólo hay una persona que no
merece una celebración, un recuerdo, una manifestación
de ternura, de gratitud y de respeto. ¡Es aquí en donde
se registra lo inexplicable!
Es
extraño, como algunos no tan sólo se empecinan en
negarle a ella una manifestación de afecto sincero; más
aún le guardan una especie de malestar, de resentimiento,
de rencor, que a mí me resulta incomprensible.
Hay
personas que creen en Jesucristo, y que quisieran olvidar que Jesús
tuvo una madre. El sólo recordarla les incomoda, ¡mucho
más el festejarle!
7.-
Hoy, los católicos te celebramos ¡Oh, Virgen María,
en la advocación de nuestra Señora de Guadalupe! Y,
creemos que esto, muy lejos de molestarle a Cristo, le atrae un
agrado puesto que Él ama con un corazón más
puro que el de cualquiera de nosotros.
8.-
¡Hay cosas que no alcanzo a comprender! Dime: ¿Qué
has hecho María, como para que a los ojos del Padre Eterno
fueras digna de su elección, y que a los ojos de algunos
que nos llamamos cristianos pareciéramos encontrar todos
los argumentos para detestarte?
Explícame:
¿Qué has hecho María,
como para que Dios hubiera querido convertirte en el Arca que ha
llevado en su seno al Cordero de la Alianza Nueva y Eterna y, que
al mismo tiempo haya quienes rechacen que como Arca, el Cordero
te haya hecho ingresar al Templo de la Eternidad?
Hazme
entender: ¿Qué has hecho
María, como para que el Padre eterno, a través de
su mensajero, te hubiese llamado “la llena de gracia”,
y que algunos que nos llamamos seguidores de Cristo te desvirtuemos
y queramos a fuerza mancillar tu pureza?
Háblame
María y dime: ¿Qué
has hecho, como para que el Arcángel Gabriel te diga solemnemente
que “el Señor es contigo”, y haya algunos que
en su predicación quieran alejarte de Aquel que está
contigo desde la misma encarnación?
Aclárame
esta duda: ¿Qué haz
hecho María, como para que santa Isabel, llena del Espíritu
Santo, te hubiese llamado el día de hoy “la bendita
entre todas las mujeres”, y muchos que hemos sido bautizados
gocemos ridiculizándote como a ninguna otra mujer se le ha
hecho?
Respóndeme
esta pregunta: ¿Qué
has hecho María, como para que habiéndole dado tu
sangre, tu carne y tu herencia a Aquel que fue concebido en tu seno
inmaculado por obra y gracia del Espíritu Santo, haya quienes
quieran desterrarte de esos goces de la eternidad que tu Hijo, Verbo
eterno del Padre, vino a compartirnos a todos los hombres?
Perdóname
que insista una vez más: Dime ¿Qué
hiciste María, como para que habiendo estado con tu Hijo
desde la cuna hasta la tumba y habiendo soportado esa espada que
ha atravesado tu alma, seas enfrentada por algunos que nos creemos
eruditos, recitando de memoria algunos textos bíblicos por
las plazas y las calles, y que nos convertimos en falaces y nefastos
jueces, negándote y despojándote de una bienaventuranza
que solamente tu Hijo te ha dado?
Una
última vez, y prometo que ya no volveré a insistir:
¿Qué hiciste María,
como para que algunos te guarden tanto rencor, a ti que un día
cargaste en tus brazos y arrullaste con tu canto a tu Hijo recién
nacido, a ti a quien un día los hombres, después del
canto del martillo, hicieron descender a tu hijo de la cruz, y lo
regresaron a tus brazos destrozado y exánime?
9.-
Jesús, Hijo eterno del Padre: ¿Qué hizo tu
Madre santa, cómo para que los hombres neguemos a aquella
que por su “Sí” ha cooperado a la redención
del mundo entero?
¿Alguien
puede explicarme todas estas preguntas que me atormentan?
Medio
mundo le escribe un poema a su madre, le dirige unas palabras o
le canta una canción, pero parece ser que la única
que no merece un poema ni una palabra bella, ni la música
de un canto, es aquella por la cual nació en el tiempo el
Verbo de Dios.
Los
hombres que vimos partir a nuestra madre, guardamos con afecto su
fotografía, y hasta nos inclinamos para ofrecerle un beso,
y parece ser que a la única que se le negaría esa
manifestación de cariño sería a ti, María,
al menos en los argumentos de algunos que invocan a tu Hijo en la
tierra.
¡Felicidades,
Madre Santa en esta fiesta y gracias por haber venido a nuestra
tierra!
¡Gracias
Cristo, Sol que nace de lo alto, por el regalo que nos has hecho
en tu Madre Santísima!
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