Domingo 12 de Diciembre de 2004 _________Pbro. Rogelio Narváez Martínez

LA HORIZONTALIDAD DE LO VERTICAL.

“ En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María: Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi Salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Momento 2

Momento 3

1.- Muy queridos amigos:

Celebramos en este domingo la Solemnidad de la Santísima Virgen de Guadalupe, y la Palabra de Dios nos ofrece una ocasión muy especial como para que meditemos en torno a este pasaje de la Visitación y que lo apliquemos a nuestra vida.

La Visitación de María Santísima a su prima Santa Isabel puede y debe ser contemplada desde muchos ángulos de vista. Hoy, quisiera sólo referirme a dos de ellos: el punto de vista bíblico y el pastoral.

La visión bíblica es la más conforme al inescrutable tesoro de la sabiduría divina y el pastoral es el más cercano a nuestra propia historia y a la propuesta que Dios nos ofrece para nuestra propia vida.

2.- Desde la perspectiva bíblica, el encuentro de la Virgen María con su Santa Isabel puede ser contemplado como el encuentro entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.

El Antiguo representado por Isabel, aquella mujer de quien se subraya que es Estéril y Anciana, esposa de Zacarías, siervo fiel del Templo, quien después de una vida en desposorio con el sacerdote del culto antiguo, por fin lleva un fruto en su interior, Dios le ha dado la gracia de poseer en su seno al mismísimo Precursor del Salvador del Mundo.

El Nuevo Testamento es representado en María Santísima, aquella Mujer Virgen y Joven, que lleva en su seno al mismísimo Hijo del Padre Eterno, el cual fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo.

Y en ambos niños en el vientre de aquellas mujeres aparece la acción del Espíritu Santo: san Juan que representa la plenitud y conclusión del Antiguo Testamento y que es penetrado por el Espíritu Divino a los seis meses, tres meses antes de nacer; en el Señor Jesús, en quien se realiza la Nueva y definitiva Alianza y en quien llega la plenitud no tan sólo del Antiguo Testamento, sino la plenitud de los tiempos, la acción del Espíritu Santo aparece desde el primer instante de su concepción, en que el Espíritu cubrió con su sombra el vientre inmaculado de la Virgen, tal como la sombra del Espíritu de Dios cubría aquella arca de la alianza, itinerante por el desierto y las montañas: es la Encarnación del Hijo de Dios.

3.- Se encuentran en la montaña la Virgen e Isabel, y en ellas se encuentran la Iglesia y la Sinagoga: en el vientre de Isabel se encuentra la grandeza del último de los profetas y un nazir, es decir, un consagrado, mientras que en el Vientre de la Santísima Virgen María se encuentra el mismísimo Hijo de Dios, la Palabra hecha carne, el Adonai, el Kirios, el Señor, aquel que quiso ser reconocido como el Nazareno.

Mientras que Zacarías, padre del Bautista, servía fielmente al Templo de Jerusalém, María Santísima aparece como Nueva Arca viva de la Alianza. La sombra de Dios ya no está sobre el templo que inició Salomón, sino que ha descendido y cubierto el vientre inmaculado de la Virgen. Ella es la nueva Tienda de la presencia.

Es Jesucristo, Evangelio del Padre, Buena Nueva para todos los hombres, quien se traslada en el vientre de la Virgen María y que se encuentra con el resto fiel de Israel, de quien se reconoce que están emparentados. El Nuevo Testamento le está mostrando al Antiguo Testamento el cumplimiento de todo lo que se esperaba, y cómo las esperanzas de aquellos que realmente vivieron la fidelidad no se realizaron en vano.

La visitación nos muestra una actitud de sencillez y servicio, de disponibilidad y comprensión de Aquella que dignamente nos representa a todos los hijos de la Nueva Alianza, a todos los hijos de la Iglesia. Por su parte, aquellos, que representan al resto fiel de Israel, en los labios de santa Isabel, reconocen a la Virgen María como la Madre del Señor: ¿De dónde a mí que la Madre de Adonai venga a verme?, es la Madre de Dios, la Madre del Señor la que les ha ido a visitar en la montaña.

4.- Quisiera ahora dejar lo bíblico, para hacer una lectura pastoral del pasaje del Evangelio. La Visitación de María a Santa Isabel ha sido el acontecimiento inmediatamente posterior a la Anunciación. Bastaría que leyeras, sin prejuicios, el Evangelio de san Lucas para que lo constates.

Después de que la Virgen María ha tenido el encuentro con el Arcángel Divino, de que el Espíritu Santo se posó en su seno y de que el mismísimo Hijo de Dios fuera engendrado en su vientre puro, ella se dispone apresuradamente a ayudar a aquella que estaba en necesidad, no importándole las distancias e incomodidades propias del camino.

La Virgen acaba de vivir un momento de plenitud en la historia de la humanidad, y no deja de vivir la sencillez en su corazón, esa sencillez que encantó a Dios y que le hizo significativa ante sus ojos. El encuentro con Dios no se puede separar de un encuentro significativo con el hermano.

5.- María Santísima, se convierte así en un ejemplo de verdadera espiritualidad, en aquella en la que la relación vertical es el motor de la relación horizontal.

La Virgen María se apresura, no quiere dilatarse, no quiere llegar tarde, no tiene tiempo que perder. El amor, cuando se tiene en el corazón, no puede esperar. Ella debe dar una mano allí donde la necesidad se hizo presente.

A la Virgen María no le falta el trabajo. Ella misma lleva un hijo bajo su corazón y en el vientre, y esto no le impide el desplazamiento. Ella tiene en su pensamiento a Santa Isabel y sus necesidades. Ella se acaba de enterar a través del mensaje del Arcángel, y piensa inmediatamente en una mujer más apremiada que ella.

La Virgen va con prontitud a la región Montañosa, el viaje es pesado, pero no importa el cansancio cuando es Dios el que inspira nuestras acciones. Ella viene desde el Norte, desde su casa de Nazareth en la tierras de Galilea, y llega apresuradamente a una ciudad que dista 6 kilómetros de la gran Jerusálem. Se hace presente allí, donde se le necesita.

6.- Una enseñanza se nos da con el ejemplo de la Virgen María: la fe debe manifestarse forzosamente en el amor. El que cree verdaderamente no es el que pide incesantemente que Dios intervenga, que Dios haga algo por los otros, que Dios resuelva aquello que nosotros podemos hacer por los demás.

El creyente hace cuanto puede realizar por sus propias fuerzas, para lo que Dios le está dando las fuerzas. El creyente debe ser capaz de escalar todas las montañas y recorrer cualquier distancia, porque su fuerza se encuentra en el amor de Dios.

Y viene el encuentro con el hermano. Santa Isabel y la Virgen María- Dos personas que se encuentran, como muchos hombres nos encontramos diariamente. Y,... ¿en verdad nos encontramos? -en realidad casi nunca. Muchos nos encontramos a menudo, o mejor dicho nos topamos en el camino,... Pero rara vez nos encontramos realmente.

Los auténticos encuentros son raros. Ellos tienen lugar allí donde reina un buen Espíritu, “El Espíritu Santo”. Entonces nos basta un saludo, o una mirada. Y dos personas se encuentran; encuentran la felicidad. Entonces se conmueven íntimamente y podrían explotar de alegría en el Señor. Se dicen felices, y lo son en la realidad. Se trata de una alegría que se convierte, al mismo tiempo, en una gratitud por la visita y en un necesario Cántico de alabanza a Dios.

7.- Pero... cada vez somos más y más los extraños místicos que pensamos tener una buena relación vertical, con el Dios de los Cielos, y que nuestra relación horizontal, con el hermano, es cada vez más pobre. Existimos los místicos extravagantes que escuchamos la dulce voz de Dios, pero que no escuchamos la voz del prójimo. ¡Místicos modernos que vemos a Dios en todas partes, pero no hemos logrado verlo en el que vive con nosotros! Tampoco faltamos los místicos seductores que hablamos bellamente con Dios, pero que no somos capaces de dirigirle una palabra a los que viven en nuestra propia casa. Existimos los pseudo-místicos que ahora escuchamos hasta el aleteo de los ángeles en nuestro entorno, pero que somos extrañamente sordos al grito desesperado de los propios padres necesitados. ¡Qué místicos tan insólitos que hasta les ponemos nombre a los ángeles y que no conocemos los nombres de las personas!

8.- ¿Tengo tiempo, tiempo de sobra? ¿A quién consagro gustosamente mi tiempo? ¿Para quién no dispongo de tiempo? ¿A quién podría dedicar más tiempo? ¿Registro el tiempo dedicado a otros, como perdido o aprovechado?

¿Tengo comprensión para las necesidades ajenas? ¿Me disculpo con facilidad por mis propias obligaciones? ¿Qué es lo más urgente?

¿Se restringe mi fe a la oración, a las reuniones de mis amistades o al ámbito del Templo? ¿Se manifiesta en compromisos sociales? ¿Trasciende el ámbito de mi familia?

¿Tratamos de hacernos felices unos a otros? ¿Nuestro saludo, es sólo un cumplo y miento, o es una expresión de respeto y honor? ¿Cuáles son las bases para un verdadero encuentro? ¿Que nos impide encontrarnos auténticamente: los prejuicios, la pereza, los pretextos, las ocupaciones, el trabajo, los quehaceres, las inhibiciones, el miedo?

9.- La Virgen recorre las montañas, los montículos no le impiden encontrarse con aquella mujer necesitada, y así se encuentra el santuario materno de la antigüedad con el Templo de la Gloria Eterna, llegan puntuales a la cita tanto el maravilloso y sagrado don de la naturaleza como el inescrutable don de lo sobrenatural que quiso asumir los procesos humanos.

Jesucristo el Redentor de todos los hombres, a quien Juan le allanará los caminos, es quien nos hace hermanos y nos compromete a luchar, unos a favor de otros, buscando preferentemente la protección, la promoción y el servicio fraterno a los más desprotegidos.

10.- El encuentro con Dios va unido al encuentro con el hermano. La anunciación va unida inmediatamente a la Visitación, la experiencia de Dios no puede estar aislada de nuestra experiencia fraterna. La relación vertical debiera conducirnos a la horizontalidad de la vida.





CULTURA DE LA VIDA.

“En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno”.

1.- Muy querido amigo:

Hay un doble encuentro que se realiza en el Evangelio de san Lucas que meditamos, el cual debe darnos la pauta como para comprender y profundizar en torno a la intervención salvífica de Dios en la historia de todos los hombres,... así como también en su intervención bondadosa que tiene en la historia de cada uno de los hombres, en la historia de nuestras familias, en tu historia y en mi historia.

El encuentro que acontece es doble: se encuentran dos mujeres y se encuentran dos hombres,...o mejor dicho se encuentran dos niños.

Pareciera en aquella escena de la montañas de Judea, desde una mirada rápida e irreflexiva, que solamente dos personas se alegran con su presencia, pero en la realidad hay cuatro personas que entran en interacción, y que comparten la alegría que acompaña la salvación.

2.- Es cierto, que se encuentran dos mujeres que han recibido el favor divino: Isabel engendrando de su esposo un hijo en la ancianidad, María Santísima engendrando del Espíritu Santo un hijo en la virginidad. Isabel antes señalada injustamente por el oprobio de la esterilidad, María señalizada ahora por aquella santa mujer como la Madre de Mi Señor, la Madre de Adonai, la Madre de Yahwéh, la Madre del Kirios, la Madre de Dios que se ha dignado a visitarla... Ambas pueden constatar que para Dios no hay imposibles.

3.- Y, precisamente en el Dios para quien no existen los imposibles, acontece un segundo encuentro: se da el encuentro de dos promesas dimensionadas como realidades en el Dios que inicia las verdaderas posibilidades en donde terminan las posibilidades del hombre, se trata del encuentro de un bebé que lleva seis meses de gestación y que salta de gozo por la presencia de otro Bebé que es traído en el vientre materno, y aún cuando aquella mujer virginal tenga pocos días de haber engendrado al mismísimo autor de la vida, ya es llamada “la Madre de mi Señor”, puesto que el fruto de su vientre es bendito.

Se trata del encuentro de dos hombres ungidos por el Espíritu de Dios: Juan a los seis meses cuando Isabel escucha el saludo de la Virgen y quedó llena del Espíritu Santo y María Santísima cuando escuchó el saludo del Angel y el Espíritu divino le cubrió con su sombra.

Se contemplan dos mujeres favorecidas por el milagro de la fecundidad que Dios otorga de dos maneras diferentes: Isabel por la sanación en la esterilidad propia y la ancianidad de su esposo, y la Virgen María por la elevación, en la virginidad propia y en la castidad de su esposo,...

Isabel viene con el fruto de una humanidad estéril que ha sido redimida y María con un fruto que es bendito, y se encuentran, y ambas están llenas de gozo saludándose y deseándose bendiciones

Y se encuentran también estos dos hijos, aún cuando todavía habitan el santuario del vientre materno, y nos ofrecen el recurso idóneo como para que reflexionemos en torno al don de la vida humana.

4.- El niño salta de gozo en el seno de Isabel y en María el fruto del vientre es llamado bendito. La enseñanza es clara: la vida humana ha de ser respetada y protegida de manera absoluta desde el primer momento de su concepción y hasta el último momento de su existir.

No obstante, la violencia más despiadada e injusta es infringida hoy en día contra el hombre desde la misma concepción.

Los hombres y las mujeres de nuestro tiempo parecieran no comprender que el aborto no puede ser sólo un asunto entre la mujer y su médico, y que de así entenderlo, se están olvidando de alguien muy importante: la persona que se encuentra en gestación.

Y es que, la vida humana es un valor intrínseco que posee sus propios códigos genéticos, únicos e irrepetibles, y por tanto merecedores del respeto en todas y cada una de las etapas de su desarrollo, es decir, desde el inicio de la vida en el momento de la concepción hasta que esa vida sea tomada, en su fin natural, por su único dueño: Dios.

5.- ¿Sabes? No puedo entender como hoy en día, la ciencia médica haya avanzado tanto, pero que en términos morales el hombre haya retrocedido tanto. Es lamentable constatar como el hombre es un gigante en asuntos nucleares y un pigmeo en la ética, enorme en la ciencia de la destrucción y enano en los criterios de la preservación.

¡Fíjate en la paradoja! Los ginecólogos le recomienden a la madre que le hable y que le cante a sus hijos mientras está en el vientre, y ellos mismos a su antojo niegan la vida humana en gestación.

Hoy se habla de psicología prenatal, desarrollo prenatal, memoria prenatal,... pero, al mismo tiempo hay algunos que se refieren al bebé en el vientre materno como si fuera sólo un producto, un glóbulo, un tejido, materia fetal y alguno le llega a llamar: "parásito". ¡Parásitos somos otros que podemos caminar pero que vivimos siempre a expensas de otros!

Y así se habla de memoria Pre-Natal, relacionándola con conexiones neuronales simples o con moléculas de proteína en células aisladas. ¡No lo entiendo bien!, pero sé que en el cerebro del bebé se graban tanto los aspectos positivos como los negativos que se viven durante el embarazo.

Para muestra basta un botón: El Doctor Thomas Verny, publicó un estudio en 1981 ("Secret Life of the Unborn Child", New York) en el que afirma que Borris Brott, director de sinfónica, era capaz de tocar las notas para el violonchelo de algunas piezas musicales que nuca había visto antes, como si ya conociera la partitura. Supo después por su mamá violonchelista, que ella tocaba esas piezas cuando lo llevaba en el seno.

6.- En realidad, el gineco-obstreta trata con dos pacientes cuando trata a una mujer embarazada.

Y es que, fíjate ¡Con cuánta frivolidad se habla hoy de el aborto! Ah, pero es que si la mujer fue violada... Un momento, ¿quién es el enemigo, el inocente o el violador? ¿Por qué entonces asesinar al inocente? ¿Cómo no comprender que estamos comprometiendo el mismísimo respeto por la vida? ¿Cómo van a vivir las generaciones futuras sin respeto por la vida? O qué, ¿la solución está, como siempre, que la cuerda se rompa por lo más delgado? ¿Qué? ¿Vamos a resolver nuestros problemas destruyendo al inocente?

¡Es que,... en los casos en que la vida viene malformada!... Sí hablamos utilitaristamente tenemos que decir que la imperfección no está reñida con la utilidad: se puede beber agua con una taza desportillada.

Hoy se han cambiado los sustantivos con los que se identifica a aquellos que nacen distintos de nosotros. Antes se les llamaba minusválidos, queriendo expresar que no se podían valer por sí mismos. Un día nos dimos cuenta que no es así. Después, queriendo corregir se les llamaba discapacitados queriendo expresar que no tiene todas sus capacidades. Otro día nos dimos cuenta que tampoco es así. Hoy se les empieza a llamar personas con otras capacidades, y es que nos han demostrado lo valiosos que son y una serie de capacidades insospechadas.

7.- Christopher de Vinck escribió un libro titulado: “La invalidez que nos dio fuerza” en el que narraba la historia de su familia con la presencia de Oliver, su hermano que permaneció casi 33 años recostado boca arriba en el lecho, en el mismo rincón de la habitación, bajo la misma ventana, junto a los mismos muros amarillos. Oliver era ciego y mudo. Tenía las piernas torcidas. No tenía fuerza suficiente para alzar la cabeza, ni la menor inteligencia para aprender algo.

Cuenta Christopher: “Cuando mi madre llevaba tres meses de embarazo y esperaba a Oliver, la intoxicaron los gases que se escapaban de la estufa de carbón.

Dentro de las escenas de la familia que él narraba, hubo dos momentos que me quedaron grabados: Uno de ellos cuando Christopher ya era maestro de literatura y les expuso a sus alumnos la obra sobre la vida de Helen Keller y se puso a hablarles sobre Oliver, su hermano. Dice entonces que un muchacho levantó la mano y le dijo: -Usted quiere decir que su hermano es un vegetal.

Vacilé unos segundos antes de contestar. Mi familia y yo alimentábamos a Oliver. Le cambiábamos los pañales, lo bañábamos y la hacíamos cosquillas en el pecho para que se riera. Mientras veíamos televisión en la planta baja, oíamos que movía los brazos hacia arriba y abajo para hacer que la cama rechinara y que nos diéramos cuenta que estaba allí.

Pues creo que tú puedes llamarlo vegetal- reconocí-. Yo lo llamo Oliver, mi hermano. Y creo que si lo hubieses conocido te habría agradado tratarlo.

La segunda escena que me atrajo fue cuando el autor contaba con 20 años y conoció a una muchacha y se enamoró de ella. Unos meses después la llevó a su casa para presentarle a la familia. Al entrar mi madre en la cocina le pregunté a la muchacha:

-¿Te gustaría conocer a mi hermano Oliver?

-¡No! Contestó sin titubear.... -Ahí terminó la relación.

Poco después, conoció a otra joven, Roe, y la llevó a casa para presentarla a la familia. A la hora de alimentar a Oliver le pregunté tímidamente si le gustaría verlo.

-¡Claro que sí!- respondió. Me senté en la orilla de la cama de Oliver y le di las primeras cucharadas de cereal.

¿Me dejas que yo lo haga? -Me pidió Roe con tranquilidad, sencillez y compasión.

Le pasé el plato, y ella alimentó a Oliver.

Dice Christopher: Allí conocí lo que significa el poder del desvalido... ¿Con cuál de estas mujeres se casaría el lector? Hoy, Roe y yo tenemos tres hijos.

8.- Hoy por hoy, el bebé en gestación es un marginado de esta nuestra sociedad de adultos, en la que nos vamos dando de codazos sin ton ni son buscando ser los primeros y anulando a aquellos que pudieran convertirse en potenciales amenazas de nuestro liderazgo y confort.

Debemos darnos cuenta de que un hombre existe en donde antes existió un niño. Un niño existe en dónde antes existió un bebé y un bebé existe en donde antes existió un ser en gestación. Si aplastamos los brotes jamás existirán los árboles, si cortamos las flores jamás existirán los frutos.

¿No te parece que vivimos en un mundo contradictorio?

Hoy, el bebé en gestación es un ser marginado de nuestra sociedad. No hay un lugar para ellos, se les aplica el odio y la violencia, aún antes de que puedan contemplar la luz física.

9.- La aceptación profunda del don de la redención en Cristo, al cual hubo un hombre que ya desde el vientre fue señalado como Precursor, es el camino único para los creyentes de lograr una elevación en los ambientes que vivimos actualmente.

¿De qué mejor manera pudo haberse precedido a Jesucristo, Evangelio de la Vida, sino precisamente a través de alguien que fue santificado desde su estancia en el mismo vientre materno?

¡Seamos, también nosotros, defensores del Evangelio de la Vida!


UNA FIESTA SIN CELEBRARSE.

“En aquellos días, Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la Madre de mi Señor venga a verme?”.

1.- ¡Extrañas e inexplicables conductas vive el hombre! En la justicia, reconoce y celebra el amor incondicional de una mujer, y en la injusticia y un torpe recelo opta por desconocer y poner tantas condiciones, con el fin de no celebrar a aquella que estaría sobre toda mujer.

2.- Date cuenta: ¡Todo mundo celebra a aquella que le dio a luz!

Resultaría muy difícil el que nos encontráramos a alguien que, en la sensatez de la vida, no sea capaz de guardar un recuerdo lleno de ternura, de gratitud y de respeto para aquella, por la cual, Dios le entregó la vida.

Si echáramos mano a la memoria, atraeríamos muchos y muy distintos pensamientos, en los que se exaltaría la grandeza, las cualidades y esa entrega desinteresada de aquella, que ha llegado a conocer la evidencia de un sentimiento solamente equiparable con el de Dios: el amor materno.

A ella la han honrado: médicos, poetas, filósofos, cantores, místicos, sabios y escultores... Simultáneamente, cada uno de ellos ha experimentado, en algún instante de su esfuerzo, una injusta impotencia para plasmar, todo lo que a través de sus artes quisieran expresar.

3.- ¿Qué cosas se han hablado sobre una madre?

El médico Lowell Ponte al hablar sobre las submodalidades sensoriales o sentidos secundarios, afirma que los labios de una madre han recibido un regalo de Dios: captan en la frente del bebé variaciones de temperatura hasta de cuatro milésimas de grado centígrado. Talento, por el cual, él asegura, una madre llega a percibir la enfermedad en su pequeño.

Sobre aquella que nos dio la vida, han hablado y le han honrado también los clérigos, tal es el caso de Mons. Ramón Angel Jara quien escribe con una belleza singular y virtuosa:

“Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados;

Una mujer, que siendo joven tiene la reflexión de una anciana, y en la vejez, trabaja con el vigor de la juventud;

Una mujer que si es ignorante descubre los secretos de la vida con más acierto que un sabio, y si es instruida se acomoda a la simplicidad de los niños;

Una mujer que siendo pobre se satisface con la felicidad de los que ama y siendo rica, daría con gusto su tesoro para no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud;

Una mujer que siendo vigorosa se estremece con el llanto de un niño y siendo débil se reviste con la bravura de un león;

Una mujer que mientras vive no la sabemos estimar porque a su lado todos los dolores se olvidan, pero después de muerta, daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por mirarla de nuevo un solo instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios...

De esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape de lágrimas este escrito, porque ya la ví pasar por mi camino.

Cuando crezcan vuestros hijos, comentadles este pensamiento, y ellos, acariciando y cubriendo de besos vuestra frente, os dirán que un humilde viajero en pago del suntuoso hospedaje recibido, ha dejado aquí para ustedes y para ellos, el boceto del retrato de mi madre.”

4.- Sería interminable, y al mismo tiempo presuntuoso el querer referir en tan poco espacio todo lo que sobre ellas se ha dicho. En ocasiones, los reclamos se convierten en elogios, tal ha sido el caso de lo que comunicaba Héctor Geraldi, cuando escribía:
“Los hijos nunca analizan el sentimiento de un padre,
Porque el brillo de la madre es tan grande que lo eclipsa,
Sólo le hacemos justicia, cuando nos toca vivir a nosotros el problema”.

Y así podríamos continuar: “Mi madre, niña de mil años”, le llamaba Octavio Paz; “Teosófica” le llamaba Cabral del Hoyo; “Deifilia, flor de toda verdad” le llama Carlos Pellicer en su “nocturno a mi madre”; “la mujer que me brindó sus embelesos y me envolvió en sus besos... la mujer que me dio en pedazos, uno por uno, el corazón entero”, canta Guillermo Aguirre y Fierro en su brindis del Bohemio; “Religión del alma, sacrosanto nombre” la califica Manuel José Otón; “Flor de una raza tardía” canta Neftalí Beltrán; “señora de las tres certezas: ética, mística, práctica” le llama Macedonio Fernández; “criatura de nuestros sueños” le llamó Sabines.

5.- ¿Habrá acaso alguien sobre la tierra que sea capaz de no guardar un recuerdo lleno de ternura, de gratitud y de respeto para aquella, por la cual, Dios nos entregó la vida?

Es tan grande el amor materno que algunos, como ha sido el caso del Padre John Powell, han optado por decir que en nuestro tiempo y en nuestra cultura, la manifestación de amor más cercana al amor que Dios tiene para con sus hijos, es más la del amor materno que la del paterno.

El padre Powell dice que un padre de familia en nuestra cultura esperará siempre un motivo para manifestar el amor que tiene: se siente orgulloso del hijo que se parece a él, se siente realizado por un hijo que concluye una carrera, un día le dice al hijo que está feliz porque ha puesto un negocio... Hay siempre algo que le motiva, se trata de una condición que detona la manifestación de su orgullo o de su cariño. En cambio una madre ama al hijo por la sencilla razón de haberle llevado en su vientre y es así como le ama, independientemente que sea inteligente o no, que tenga un buen trabajo o no, que sea reconocido en la sociedad o no...

Este factor, parece ser el que ha querido manifestar Isaías, cuando quiso equiparar el amor que Dios nos tiene con el que le tiene una mujer al fruto de sus entrañas: “¿Acaso puede haber una madre que olvide al hijo de sus entrañas? Pues, aunque la hubiera, yo jamás me olvidaré de ti” (Is 49,15).

6.- Y sin embargo, parece ser que sólo hay una persona que no merece una celebración, un recuerdo, una manifestación de ternura, de gratitud y de respeto. ¡Es aquí en donde se registra lo inexplicable!

Es extraño, como algunos no tan sólo se empecinan en negarle a ella una manifestación de afecto sincero; más aún le guardan una especie de malestar, de resentimiento, de rencor, que a mí me resulta incomprensible.

Hay personas que creen en Jesucristo, y que quisieran olvidar que Jesús tuvo una madre. El sólo recordarla les incomoda, ¡mucho más el festejarle!

7.- Hoy, los católicos te celebramos ¡Oh, Virgen María, en la advocación de nuestra Señora de Guadalupe! Y, creemos que esto, muy lejos de molestarle a Cristo, le atrae un agrado puesto que Él ama con un corazón más puro que el de cualquiera de nosotros.

8.- ¡Hay cosas que no alcanzo a comprender! Dime: ¿Qué has hecho María, como para que a los ojos del Padre Eterno fueras digna de su elección, y que a los ojos de algunos que nos llamamos cristianos pareciéramos encontrar todos los argumentos para detestarte?

Explícame: ¿Qué has hecho María, como para que Dios hubiera querido convertirte en el Arca que ha llevado en su seno al Cordero de la Alianza Nueva y Eterna y, que al mismo tiempo haya quienes rechacen que como Arca, el Cordero te haya hecho ingresar al Templo de la Eternidad?

Hazme entender: ¿Qué has hecho María, como para que el Padre eterno, a través de su mensajero, te hubiese llamado “la llena de gracia”, y que algunos que nos llamamos seguidores de Cristo te desvirtuemos y queramos a fuerza mancillar tu pureza?

Háblame María y dime: ¿Qué has hecho, como para que el Arcángel Gabriel te diga solemnemente que “el Señor es contigo”, y haya algunos que en su predicación quieran alejarte de Aquel que está contigo desde la misma encarnación?

Aclárame esta duda: ¿Qué haz hecho María, como para que santa Isabel, llena del Espíritu Santo, te hubiese llamado el día de hoy “la bendita entre todas las mujeres”, y muchos que hemos sido bautizados gocemos ridiculizándote como a ninguna otra mujer se le ha hecho?

Respóndeme esta pregunta: ¿Qué has hecho María, como para que habiéndole dado tu sangre, tu carne y tu herencia a Aquel que fue concebido en tu seno inmaculado por obra y gracia del Espíritu Santo, haya quienes quieran desterrarte de esos goces de la eternidad que tu Hijo, Verbo eterno del Padre, vino a compartirnos a todos los hombres?

Perdóname que insista una vez más: Dime ¿Qué hiciste María, como para que habiendo estado con tu Hijo desde la cuna hasta la tumba y habiendo soportado esa espada que ha atravesado tu alma, seas enfrentada por algunos que nos creemos eruditos, recitando de memoria algunos textos bíblicos por las plazas y las calles, y que nos convertimos en falaces y nefastos jueces, negándote y despojándote de una bienaventuranza que solamente tu Hijo te ha dado?

Una última vez, y prometo que ya no volveré a insistir: ¿Qué hiciste María, como para que algunos te guarden tanto rencor, a ti que un día cargaste en tus brazos y arrullaste con tu canto a tu Hijo recién nacido, a ti a quien un día los hombres, después del canto del martillo, hicieron descender a tu hijo de la cruz, y lo regresaron a tus brazos destrozado y exánime?

9.- Jesús, Hijo eterno del Padre: ¿Qué hizo tu Madre santa, cómo para que los hombres neguemos a aquella que por su “Sí” ha cooperado a la redención del mundo entero?

¿Alguien puede explicarme todas estas preguntas que me atormentan?

Medio mundo le escribe un poema a su madre, le dirige unas palabras o le canta una canción, pero parece ser que la única que no merece un poema ni una palabra bella, ni la música de un canto, es aquella por la cual nació en el tiempo el Verbo de Dios.

Los hombres que vimos partir a nuestra madre, guardamos con afecto su fotografía, y hasta nos inclinamos para ofrecerle un beso, y parece ser que a la única que se le negaría esa manifestación de cariño sería a ti, María, al menos en los argumentos de algunos que invocan a tu Hijo en la tierra.

¡Felicidades, Madre Santa en esta fiesta y gracias por haber venido a nuestra tierra!

¡Gracias Cristo, Sol que nace de lo alto, por el regalo que nos has hecho en tu Madre Santísima!

 

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