| 1.-
Muy
queridos amigos:
Les invito para que salgan de su oratorio y de su
dormitorio, y yo por mi parte saldré del rincón del Santuario en el
que estoy ubicado, para que de esta manera hagamos un recorrido
juntos hacia los lugares que le agradan a Dios.
2.-
¿Sabes?
¿No sé si te habrás dado cuenta? La celebración del nacimiento del
Señor Jesucristo se va acercando vertiginosamente, tanto en nuestro
año litúrgico así como en nuestra vida eclesial, familiar y personal.
No, ¡espero que me entiendas! No se trata de aprender o recuperar un
dato más para nuestra ciencia sino de generar una actitud en nuestra
conciencia... Se aproxima la Navidad, ¡Dios se encuentra buscando un
hogar para poder nacer!
Y acontece que esa búsqueda de Dios se encuentra
súbitamente en el horizonte de la historia con una búsqueda que el
hombre también realiza. El ser humano anda en búsqueda de Dios para
así ofrecerle un espacio físico dentro de su ámbito existencial,...
mientras que Dios anda buscando el único lugar del que ha querido
tener necesidad: un espacio en el corazón del ser humano.
3.-
Y así, es
como acontece la continuación del inicio en una historia de lo
insospechable y, por lo tanto, una historia de lo imprevisible: el
Mensajero Divino había encontrado a una Virgen en su oratorio y le
solicitó su participación en esta trama de una historia del amor
divino, ella ha quedado en cinta y ahora lleva en su vientre al Dios
que hace posible lo imposible,... era la primera escena de una
historia que apenas se estaba iniciando...
Y ahora, el mensajero divino tiene otra tarea especial:
explicarle a un hombre justo lo que ha acontecido, allí en donde el
hombre y Dios se encuentran cara a cara: en el secreto de una oración
que se ha efectuado en el silencio de la habitación del corazón humano
de su esposa virginal;... habrá que decirle ahora las cosas con
claridad, puesto que este hombre casto piensa dejar sus respuestas en
el espacio secreto de una interrogante, sin sacar deducciones ni
generar acciones humanas que pudieran dañar a aquella que él tanto
ama.
...Tal pareciera que éste angel es un especialista en
esas habitaciones que humanamente son inviolables y en esas
situaciones que en lo humano son inexplicables,... tal parece que este
ángel se ha graduado con honores para hablar en las moradas de la
secresía y del silencio y para iluminar los entendimientos con la
lámpara de la fe.
4.-
El Ángel
que había estado discretamente en el oratorio de Nazareth dialogando
con la Virgen, y que ya antes había hablado a Zacarías desde el rincón
más sagrado del Santuario, ahora ha llegado puntual y sigilosamente a
la habitación del sueño de un descendiente de David para explicarle un
misterio que trascenderá en la vida de estos esposos, y en la vida de
todos los hombres.
El Ángel necesita notificarle a este insigne miembro
del tronco de Jesé un mensaje sumamente especial sobre aquello que sus
ojos contemplan y de lo que la razón no encuentra explicaciones: En la
circulación vital de las arterias de un corazón humano que ha empezado
a palpitar se ha vivenciado desde el primer momento del existir el
raudo recorrido de una sangre que puede y debe decirse divina y que
tiene sed de donación,... decirle que en un corazón divino que ha sido
gestado y que palpita en el vientre materno y virginal de su esposa se
ha experimentado la humana sed de trascendencia.
Y allí empieza la historia, o mejor dicho,... allí
continúa la verdadera historia, la única y la más grande historia,...
una historia humana que se convierte en historia divina, una historia
cronológica que se convierte en historia de salvación.
5.-
La
historia cristiana, que es historia humana y divina, se ha iniciado en
el don de Dios y en el don del hombre: en una donación que es
simultáneamente apertura, tanto en el Dios que nos ama como en unos
esposos bondadosos que experimentarán la paternidad de forma distinta,
aunque igualmente digna: la biológica y la adoptiva, y que les exigirá
a ambos la renuncia total y la disposición absoluta.
El pariente Zacarías ya había experimentado la llegada
del Angel divino al espacio más especial de su propia intimidad, y
esto le había hecho renunciar a la propia historia en su descendencia,
“Juan” debe llamarse el hijo de Zacarías aunque ningún pariente haya
tenido ese nombre... En Dios surge una historia totalmente nueva.
La Virgen María en su Anunciación contempló la llegada
del mensajero divino que le ha hecho renunciar al hecho de pensar en
términos de las solas posibilidades humanas, y entonces se confía
plenamente a la obra del Espíritu Santo. Es la entrega de amor a un
Amor que supera la comprensión, y los medios de los hombres.
San José vive ahora su propia Anunciación también
tendrá necesidad de renunciar a razonar en términos de tradiciones y
derechos sancionados y posibilitados por una Ley que ignora el amor
que él experimenta por esta joven,... y así será como también él
renunciará a resolver esta situación delicada mediante valoraciones
humanas, para entrar en un proyecto misterioso de Dios,... tal y como
ya lo había hecho su esposa.
En san José, un nuevo Abraham ha surgido para dar
nacimiento a un nuevo pueblo,... Si el primer Abraham renunció a su
parentela y con ello a su ascendencia, el nuevo Abraham ha renunciado
a su descendencia para ingresar al mundo de una fe que posibilita lo
imposible. San José también tendrá que ir a una tierra extranjera para
proteger al hijo de la promesa, al verdadero Isaac,... y será entonces
cuando comprendamos que a san José se le ha pedido hacer las veces
aquí en la tierra del Verdadero Abraham, el verdadero Padre para todos
los pueblos.
6.-
Ambos, la
Virgen María y el señor San José han sido visitados por el mensajero
divino y han renunciado a su propio programa de vida familiar, para
acoger sin reservas el proyecto y la promesa de Dios.
Y acontece que, hoy mismo, es esta la invitación que se
nos hace de parte de Dios: que renunciemos a nuestro propio proyecto
para que nos abramos a su proyecto.
Y, es que, así es el hombre que confía en Dios: capaz
de renunciar a su futuro con tal de abrirse a un proyecto de
eternidad,... sólo así nuestra historia personal se convierte en
nuestra historia de la salvación.
7.-
¡Bueno!,
ya es tiempo de que regresemos al oratorio y al dormitorio de nuestra
propia vida,... y al Santuario en el que yo sirvo no como sacerdote de
un culto antiguo sino del culto eterno,... y nuestra tarea no es otra
sino que, contra todos nuestros preparativos, entendamos que
Dios no anda buscando precisamente una casa, y que ni siquiera tiene
necesidad de ella... y quizá esto deba quitarnos el sueño en el
secreto de nuestro dormitorio, interrumpir todas nuestras oraciones en
el espacio de nuestro oratorio, y dejar mudos a muchos nuevos Zacarías
que nos hemos arrutinado en un ministerio que debería exigirnos
apertura a un Dios que se escapa de nuestros esquemas.
8.-
Dios anda
en búsqueda no de una casa sino de un hogar, y lo ha encontrado en la
ciudad de Nazaret, en el interior de una modesta habitación...
La plenitud de la historia se ha dado inicio en el
corazón dispuesto de María de Nazaret y en el corazón noble de san
José... será precisamente allí, en el corazón de la Virgen, en donde
Dios se encontrará con un espacio digno para plantar su tienda entre
nosotros,... y será en el corazón de san José donde hallará la
habitación más digna en esa majestuosa Casa de David, para así cumplir
con la promesa hecha desde antiguo.
La Virgen María le está ofreciendo ese único espacio
del que Él ha querido tener necesidad: su cuerpo, su persona, su
corazón, su vida,... todo su ser. San José le ofrece otro espacio
único: una ascendencia al renunciar él a su propia descendencia, una
paternidad humana para el Hijo de Dios aunque con ello él renuncie a
un hijo biológico.
Dios va mucho más allá de los planes que tiene el
hombre,...
9.-
Resulta
que Dios ha elegido un hogar cálido en el seno de una familia sencilla
que vive cotidianamente del fruto del trabajo, aún y cuando esta
familia tenga que vivir itinerante y en medio de peligros los
siguientes años en que se encarnó el Hijo Eterno del Padre, y que Dios
tuvo a bien plantar su tienda entre nosotros.
Nazaret, Belén, el desierto, Egipto, y todos esos
lugares que están en el camino, serán el espacio en donde esta familia
que Dios ha escogido ha tenido que poner su residencia, y en donde se
pasarán los siguientes años después de que Dios quiso poner su morada
entre nosotros.
Este contraste tan expresivo ilumina la diferencia
entre los caminos de Dios y los caminos de los hombres, entre las
grandezas humanas y la grandeza de Dios. Nuestra tentación como
creyentes ha sido y será siempre la de tomar como norma de
comportamiento y como signo de grandeza lo que corresponde a las miras
de este mundo, y el olvidarnos de pensar conforme a los criterios de
Dios.
10.-
¿No lo quieres creer? Entonces revisa qué has hecho con
el Adviento. La Navidad la celebraremos dentro de seis días. ¿Cómo te
has preparado para el nacimiento del Salvador?
La lección en esta historia que el Angel le explica a
san José y que el santo varón acepta es demasiado transparente: no hay
que confundir las promesas de Dios con las previsiones y las esperas
de los hombres.
Dios anda buscando para nacer no una hermosa casa sino
un verdadero hogar. ¿Tienes uno para brindarle?
¡Ojalá que el ángel divino nos haga salir de nuestros
oratorios, dormitorios y santuarios para que emprendamos el camino
hacia un Belén que puede transformar nuestro Nazareth!
LA
NAVIDAD NO ES UNA FECHA SINO UN INICIO.
“Cristo
vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada
con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por
obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo.
1.-
Muy queridos amigos:
Acerca
de la Navidad Cristiana que en esta semana celebraremos pareciera
ser que todo mundo tenemos una opinión cualificada. Todos hablamos
de tal manera que parecemos eruditos expertos sobre este difícil
tema que encierra uno de los tres grandes misterios de la vida
cristiana.
Podríamos
decir que al escuchar tantos y tantos consejos, programas, opiniones y
debates en la radio, la prensa y en la televisión
se podrían distinguir seis tipos de Navidades.
No es que
haya varias expresiones de una realidad tan sagrada, lo que pasa es
que son cada vez más los que se han apropiado de este misterio divino.
2.-
Por un lado aparecemos los que vivimos una
Navidad llamémosle Folklórica. Se trata de aquellos que
pugnamos por los villancicos, que coleccionamos y exhibimos
nacimientos, que hacemos exposiciones de las piñatas a lo largo de la
historia, que tenemos un verdadero museo con diferentes imágenes o
pinturas del nacimiento del Salvador Divino. Entre los folklóricos
estamos aquellos que tenemos colección de discos antiguos con cánticos
de Navidad... y que hasta los presumimos.
Hay otros que vivimos la Navidad emotiva:
aquellos que nos recreamos en los recuerdos. Aquellos que vivimos de
las imágenes del pasado, o que sensibilizados pasajeramente
aprovechamos este tiempo para hacer una obra de misericordia tratando
de compensar un año vivido en el más absoluto egoísmo.
Otros, parece ser que cada vez más personas,
vivimos la Navidad de los snobistas. Se trata de nuevas
formas de evadir la vida cristiana copiando modelos ajenos a nuestra
propia vida y nuestra cultura. Es lamentable que, en algunos círculos,
se planee vivir una Navidad lejos de la propia familia, se piensa en
una playa, en un crucero, en un salón de eventos, en un elegante hotel
o en un restaurant. En otros círculos se piensa en un rodeo, en una
diskoteque, en un “antro” como hoy se les llama a las cantinas,... y
se vive el misterio de Dios en la embriaguez transpirando humores
etílicos. La Navidad ha dejado de ser cristiana, o mejor dicho, parece
ser que un gran sector de nuestra sociedad ha dejado de ser cristiano.
Otros vivimos la Navidad de los
intelectuales: se trata de aquellos que vivimos en el
discurso y en las discusiones, proponemos un análisis y una
comparación entre las religiones. Solicitamos que se consideren los
estudios sobre la sociología y la religiosidad del judaísmo
contemporáneo a nuestro Señor y sus propuestas actuales en torno al
nacimiento de Jesucristo. Se trata de aquellos que perdemos nuestra
vida discutiendo en nuestros pizarrones inteligentes sobre el análisis
filológico de la Palabra Katalyma. Proponemos una crítica textual y un
análisis pragmaliguístíco sobre el Evangelio de san Lucas,... y la
noche santa nos vamos a dormir sin ofrecer ni recibir un solo
abrazo.
No nos puede faltar la Navidad de los
consumistas. Se trata de aquellos que hemos convertido esta
fiesta en un pujante mercado. Todos los detalles son cuidados o son
inventados. Nuevas necesidades se están implementando cada año. En
este mercado todo se vende con motivos navideños: servilletas,
tenedores, manteles, ropa, toallas,... Un sinfín de cosas llenan
nuestra largas listas de adquisiciones: la cena, el árbol, la sidra o
el vino, la corona, las luces, la bota, la chimenea, la piñata, los
regalos, la contratación del santoclós...
3.-
Finalmente, y este es nuestro propósito, tenemos que
considerar el rostro de la verdadera Navidad, llamémosle la Navidad
cristiana.
El Misterio de la Navidad es la celebración
del nacimiento temporal del Hijo Eterno del Padre. Se trata
de la manifestación visible en la historia, de Aquel que es la
Palabra, y que ha venido a todos nosotros desde ese momento precioso
de la Anunciación del Arcángel Gabriel y de la Concepción Virginal en
María Santísima, por obra y gracia del Espíritu Santo, tal y como se
lo ha explicado el Ángel a san José.
La Navidad es el misterio de la presencia de
Dios hecho hombre en nuestro mundo. La Vida del Hijo del
Padre Eterno será un hacer presente el amor de Dios en medio de las
condiciones humanas concretas de su tiempo, de su espacio y de su
gente. Allí vivía Dios en su plenitud.
La
celebración de la fiesta de la Navidad es para cada uno de nosotros la
renovación gozosa del misterio del Nacimiento del Hijo de Dios en el
Mundo, en su Iglesia y en cada uno de los Bautizados.
La
alegría de estas fiestas debe ser manifiesta, y es que celebramos la
real y verdadera presencia de Dios en este mundo, en su nacimiento, lo
cual nos aseguró para siempre la confianza de que Dios no es un sueño
del hombre ni mucho menos una pasión inútil.
Con la
Navidad, se ha iniciado la búsqueda definitiva y apasionante de Dios.
Ya no se trata del hombre que busca a Dios sino del Dios que anda en
búsqueda del hombre, del Dios que no se ha resignado a la lejanía.
Si el pecado y la perdición de la humanidad
habían tenido su consistencia en la pretensión del querer “ser como
dioses”, ahora Dios les está ofreciendo la salvación a
todos los hombres, precisamente al querer Dios hacerse hombre, como
cada uno de nosotros. En la Navidad Dios se
convierte en el Emmanuel, el “Dios con nosotros”.
4.-
No obstante, todo lo anteriormente referido, quisiera
cuestionarte y cuestionarme en este momento... ¿Qué es lo que
celebramos en la Navidad: una fecha o el inicio de una historia?
Hoy se
libran discusiones sin sentido, en los areópagos de la modernidad, de
parte de aquellos que intelectualizan la Navidad y hasta en algunos
que nos profesamos cristianos: que si esta fecha es la histórica o que
si fue en otra, que si el apacentamiento nocturno de los rebaños de
parte de aquellos pastores exigiría que la Navidad se ubicara en otros
meses mucho menos fríos, que si se toma en cuenta el registro
histórico de los censos romanos, que si consideramos los Ciclos
Litúrgicos del servicio en el Templo cuando Zacarías y el clan o la
familia a la que pertenecía, estaban programados para ejercer el culto
sagrado...
Hablando
de fechas o de calendarios, todos podemos disentir, ya que existen
varias formas, por no decir muchas, de computar el tiempo aún en
nuestro naciente siglo XXI. Bastaría solamente que pensáramos en la
realidad del Oriente y la del Occidente.
El mismo
concepto de tiempo es tan variado: podemos decir que existe el tiempo
cronológico, el psicológico, el biológico, el historiológico o
historiográfico, el kairós como tiempo de salvación, el tiempo
litúrgico...
Las
discusiones pueden continuar en el laberinto conceptual de aquellos
que se sienten sabios y entendidos. Y tendría que decirte que, en lo
personal, a mí no me importa la fecha, me importa que el Hijo de Dios
nos ha nacido... Si fue en Diciembre o en Abril,... ¡es lo de menos!
5.-
Y es que la Navidad no es en realidad una fecha,
sino que debe ser ante todo y sobre todo un inicio. La Navidad es
el inicio de toda la historia para nosotros los cristianos. Se trata
del vértice del tiempo de la salvación para todos los hombres.
Esta
Navidad del 2004 debiera ser también el inicio de una historia nueva
en tu vida y en mi vida. De no ser así, seguirá siendo una simple
fecha en el calendario de nuestra existencia.
¿Qué es la Navidad? ¿Una fecha o el
inicio de una historia nueva?
Nuestra
vida se entreteje de fechas y de historias. Las historias tienen
sentido en torno al día en que se les dio inicio. Y las fechas tienen
sentido en cuanto que una nueva historia ha empezado o se ha
transformado.
Una fecha
por sí misma no tiene sentido, es un dato frío, un número, una forma
de organizar, se trata de una convencionalidad. Una fecha tendrá
siempre su importancia por la historia del día siguiente, por lo que
se inicia.
¡Fíjate!
Como algunos nos vamos acordando perfectamente de las fechas, pero nos
olvidamos de la historia que se inició en ese día del calendario. Con
la fecha se ponen en orden las cosas. El inicio, por el contrario,
debiera poner en orden nuestra vida.
Refiriéndonos solamente a una fecha, decimos con ello lo que ha
ocurrido. Pero colocándonos en la perspectiva de un inicio, debemos
ser conscientes de aquello que ha nacido para nosotros.
6.-
La Navidad interpretada como una simple fecha es algo
tan antiguo y que puede ser tan poco atractivo, aunque nos afanemos
por hacer cosas nuevas. De lo anterior, se desprende el que algunos,
en los días más santos de nuestra vida, estén viviendo en inhumanas
soledades y en terribles amarguras.
Viviéndola como inicio, la Navidad aparece de verdad por lo que es: la
más grande “buena nueva” que ha escuchado el hombre sobre la tierra;
el anuncio de un evangelio; la “noticia nueva” que se nos ha traído al
mundo.
Dios nos
invita para que revisemos no las fechas sino las historias. Hoy
debemos pensar no en las celebraciones sino que debemos escrutar el
significado de estas celebraciones.
¿La
Navidad es para mi persona una fecha o realmente significa mi historia
propia y verdaderamente cristiana, significa el inicio de la auténtica
historia de la humanidad?
7.-
El acontecimiento de la Navidad tiene, sin lugar a
dudas, su importancia en el magnifico acontecimiento del nacimiento
del Señor, se trata del Dios que se hizo hombre. En la Navidad ha
aparecido el Misterio de la Salvación para todos los hombres.
El
festejo de la Navidad tiene su grandeza en cuanto que Dios pueda
provocar un verdadero cambio en nuestra vida.
Yo mismo
debo ser capaz de quitar los odios, los resentimientos, las iras y la
soberbia. Soy yo quien debo ofrecerle la palabra amable a todo aquel
que me rodea, la sonrisa amigable a los tristes y la mano generosa a
quien lo solicite.
Si cada
día puede ser un nuevo inicio del resto de nuestros días. ¡Cuánto más
debiera ser para nosotros un día tan especial, como lo es la
celebración de la Navidad Cristiana!
8.-
La verdadera Navidad empieza un día después,
es decir, “el día 26 de Diciembre”. Será ese día cuando
sabremos si esta Navidad fue solamente una fecha o realmente ha sido
el inicio de una historia nueva en mi vida cristiana. ¡Sería muy
triste el constatar al día siguiente, que la verdadera Navidad no ha
dado inicio en mi vida!
NACIMIENTO DEL DIOS CERCANO.
“José,
su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia,
pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en
estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de
David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque
ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y
tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de
sus pecados”
1.-
Muy queridos amigos:
Podemos
decir que la Navidad prácticamente ha llegado y, quizá casi todos
nosotros nos estemos ufanando de que al parecer no nos falta nada, o
nos falta muy poco, de todo aquello que tenemos que preparar. Sin
embargo, resulta lamentable el constatar que si bien no nos falta
nada, es muy posible que nos esté faltando Alguien. Lo más
entristecedor es el encontrarnos con que es Dios quien está faltando
en nuestra casa y en nuestra vida.
Nos preocupamos tanto por lo material
que no nos ocupamos de lo esencial
Hoy,
quiero invitarte para que releas el Evangelio, y constatemos que en
esas líneas evangélicas nos encontramos con la ternura, con las
evocaciones dulces y con los suaves pensamientos.
2.-
Y, no obstante, en este texto nos encontraremos también
con el cuestionamiento, y la molestia que se genera de la autorevisión,
que está más allá de un necio sentimentalismo.
Y es que
Dios condena una Navidad hinchada de retórica, llena de papeles
multicolores y de conmociones baratas.
A Dios
parece no agradarle nuestra propuesta de Navidad, poco o nada
cristiana, cursi y muchas veces ficticia. Le hemos inyectado toneladas
de sentimentalismos, de folklore, de pacotilla variada y de muy mal
gusto. La Navidad parece ser más un pretexto que una celebración
cristiana.
Francamente, hemos deshecho la Navidad. Hemos saboteado su sencillez.
Nuestra rica Navidad se ha impuesto y ha empobrecido a la Navidad
verdadera.
La fiesta
de la Navidad nos recuerda que a Dios le agrada la sencillez, y esto
lo meditábamos desde hace dos domingos cuando contemplábamos el
semblante de san Juan el Bautista, y lo podemos constatar este cuarto
domingo de Adviento, en que san Mateo nos permite acordarnos de san
José estrechamente ligado a la Virgen Santa, su esposa.
Sin
embargo, la sencillez de Dios no es comprendida por el hombre. El
padre José Luis Martín Descalzo lo dice con una bella y poética
soltura:
El mundo no comprendía
Que Dios fuera tan sencillo
Y corrió con sus guirnaldas,
Sus diademas, sus anillos,
A camuflar a este Dios
Que sólo quería ser niño.
Belén, Belén era un gran escándalo
Que ponía al hombre en ridículo.
Si Dios se hubiera encarnado
En un notario, en un químico,
Un carabinero, un buzo,
Un almirante, un obispo,
Un guardia o un farmacéutico,
El mundo habría comprendido.
¿Más cómo reconocer
en un bebé al Infinito?
Así, si todas las puertas
Se cerraron cuando Él vino
Y si la historia acabó
Con un final menos digno,
La culpa, la culpa la tuvo el cielo
Por andar con acertijos.
3.-
Cristo nace en un establo, y no en un Belén de
chocolate o de luces intermitentes. Pero su nacimiento es
solamente el prólogo de una vida que fue abnegada por la entrega a los
demás a lo largo de su existencia hasta la donación total, vacío de sí
mismo, en el árbol de la cruz.
Contemplar al Señor Jesús en Belén debe llevarnos al aprendizaje del
estilo de vida de quien ha elegido ser niño y que nos enseña que el
ingreso al Reino pasa inequívocamente por el camino de la infancia,
del querer ser niños. Es por ello que, en primer lugar, al mirar el
Pesebre debemos pensar sí realmente vivimos la infancia espiritual,
nuestro abandono filial.
Otro
aspecto digno de meditarse, a la luz del nacimiento de Jesús en Belén,
es el realismo incuestionable de su humanidad. El Hijo de Dios se hizo
hombre en verdad, esto contra cualquier doctrina de ayer y de hoy que
pretenda hacernos pensar que Jesucristo se disfrazó de hombre, sin que
llegara a experimentar el sabor agridulce de una auténtica naturaleza
humana, como la tuya y como la mía.
El
entronque real del Hijo de Dios con nuestra humanidad nos obliga a
pensar en el interés que Dios tiene en el hombre, lo cual nos debe
llevar a secundarlo, todos nosotros que llevamos el dulce apellido de
cristianos.
Así
mismo, el nacimiento temporal del Hijo de Dios nos lleva a ser más y
mejores hombres, ya que Jesús es el modelo humano, al constituirse por
derecho propio en el único ejemplar de la raza humana sin pecado y ser
el máximo revelador de la plena dimensión religiosa del hombre.
Jesucristo ha venido a traernos la perfección de
la plenitud de la revelación. El cristianismo no está destinado
a coronar las insuficiencias de las antiguas religiones dándoles el
toque que les faltaba. Jesucristo no viene a terminar edificios
inacabados, sino que ha venido a construir un nuevo Templo del
Espíritu Santo. Las piedras que utiliza somos los mismos hombres
purificados con su nacimiento.
4.-
Y se preguntarán ustedes, después de que les he
estado mareando con tantas palabras.
¿Cuál es nuestro papel en una verdadera Navidad cristiana?
En el
concierto de la actualidad, en la común lucha por una humanidad mejor,
el cristianismo debe tener una aportación específica: ofrecer un
humanismo del amor y de la trascendencia, nuestra contribución se
sitúa en la línea de la máxima exigencia y del ideal. Este es el
factor cristiano: amor y trascendencia. Nuestro peligro será la
perdida del realismo en la desconexión que nos lleva a ser simplemente
unos ilusos idealistas.
Navidad quiere decir
precisamente esto: una sonrisa divina se ha posado sobre nuestras
miserias, que constituye el motivo más fundado de esperanza y es
indicio de una posibilidad nueva ofrecida a todos por la paciencia de
Dios.
Dios no nos muestra un
rostro airado, ni la cara regada por las lágrimas de la desilusión,
sino que nos ofrece un don de paz ofrecido por Áquel que es el más
fuerte y que, resultando victorioso a través del amor, puede dictar
las condiciones de paz. Es más, Él pone una sola condición: dejarse
amar.
5.-
Querido amigo:
Muchos usamos, durante este tiempo
santo, el mecanismo de la compensación. Al sentirnos mal a causa de
nuestras muchas deficiencias durante el año que casi estamos por
terminar, empezamos a compensar nuestras carencias y ausencias con
atenciones, regalos..., momentáneos y fugaces.
Navidad no es tiempo de compensar,
sino de revisar, de convertirnos y empezar a hacer lo que tenemos que
hacer.
Debemos
cuidar que nuestros regalos no sean compensaciones de lo que en
justicia debimos haber hecho durante todo el año.
6.-
Se preguntarán ustedes: ¿Y Quién está necesitado del
amor cristiano? Eduardo Galeano escribe en el Libro de los abrazos la
siguiente anécdota:
“Fernando Silva dirige el hospital de niños en Managua. En vísperas
de la Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando
los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo,
cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para
festejar. Hizo un última recorrida por las salas, viendo si estaba
todo en orden; y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo
seguían. Unos pasos como de nube: se volvió y descubrió que uno de los
enfermitos le andaba atrás. En la penumbra, lo reconoció. Era un niño
que estaba sólo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y
esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso. Fernando se
acercó, y el niño le rozó con la mano: “Vos decidle a...” –susurró el
niño- “Vos, decidle a alguien que yo estoy aquí.”
Ese niño
está enfermo, está marcado por la muerte; peor aún, está solo.
Completamente solo. Y es Nochebuena, y él lo sabe. Nota las primeras
sombras que anuncian el comienzo de la noche sagrada. En esto, oye
pasos en el pasillo y ha salido con la esperanza de encontrar compañía
en la fiesta de todos. Es tímido y delicado y no quiere molestar a
nadie. Sólo un ligero tacto de su mano infantil, un débil murmullo,
una súplica inocente. “Por favor, dígale... dígale a alguien”. “No
importa a quién”. “No importa dónde”. “Basta con que le diga a alguien
que yo estoy aquí. La gente aún tiene corazón y quizá vendrá. No van a
dejar a un niño sólo en la noche en que nace Jesús. Solo y con la
muerte en su rostro. Solo en el banquillo del hospital de niños. Solo
mientras los cohetes festivos explotan en el cielo”. El niño está
enfermo, y su enfermedad se llama soledad. La enfermedad de la raza
humana. “Vos decidle,... decidle a alguien que yo estoy aquí, a quien
sea.”
7.-
Amigos: ¡es Navidad! Y yo sé que aquel que predica de Jesús no puede
ser un aguafiestas, un amargado y un cenizo, sino todo lo contrario,
alguien comprometido con la fiesta de la vida, un amante de una vida
que no admite ni comprende la degradación del hombre entrampado en el
placer que solamente conduce a la soledad y al hastío.
No obstante, el que
predica a Cristo tiene que recordar, si es preciso a gritos, dónde
está la verdadera vida en medio de una sociedad opulenta pero que ha
olvidado su destino y su lugar, puesto que se ha olvidado de los
hombres y están olvidando que son hombres.
¡Les
deseo a todos ustedes, a sus familias y demás seres queridos una Felíz
y muy cristiana Navidad!
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