| 1.-
Muy queridos
amigos:
Todavía
nos encontramos con el confetti en el cabello y aún en el
corazón y en el pensamiento tenemos el grato sentimiento
generado por el momento de alegría cristiana que hemos compartido
con los seres más queridos, es momento en que todavía
tenemos el eco de los villancicos y de los otros cantos navideños
en nuestra memoria, y sale a nuestro encuentro una fiesta sumamente
importante para todos los cristianos: La
Solemnidad de la Sagrada Familia.
Y
es que, la Solemnidad de la Navidad auténticamente cristiana
no puede separarse de esta Fiesta en la que tú y yo saliendo
de la gruta de Belén, terminamos dirigiendo nuestra mirada,
nuestro pensamiento y nuestros sentimientos hacia el hogar de Nazareth.
El
acontecimiento de la Navidad ha sido el suceso glorioso en el que
Dios nos ha manifestado el valor de la familia, la grandeza del
amor de los esposos, el valor de la maternidad biológica,
la verdadera dimensión de la paternidad adoptiva, el don
incomparable de la vida humana, el valor del “fruto bendito
del vientre”, el valor de todos y de cada uno de los hombres.
2.-
Quisiera, en este momento, invitarte para que dirijamos nuestra
reflexión hacia la Sagrada Familia de Nazaret, para que a
la luz de la Palabra de Dios, percibamos el cúmulo de las
virtudes que en el propio Nazaret de nuestras familias debiéramos
poner en práctica tú y yo, ellos y ellas, en realidad
todos los seres humanos de todos los tiempos y espacios. Todos
las necesitamos.
3.-
Y es que, tú y yo vivimos en un tiempo en el que sobrabundan
los hombres y las mujeres saciados e insatisfechos simultáneamente.
Hoy
en día, al salir a las calles te puedes encontrar en el camino
de la existencia con esos seres humanos que han levantado grandes
empresas, personas con logros que han sido reconocidos por la sociedad,
una generación de seres eruditos en los trabajos y en las
profesiones, personas competentes que se convierten en paradigmas
de la modernidad y del progreso, verdaderos “non plus ultra”
en los negocios, en la consultoria, en la organización y
en las finanzas. Pero..., por favor,
¡no me preguntes por su familia!, puesto que
en sus hogares la historia es tan distinta, tan lamentablemente
diferente... y, la verdad, provoca vergüenza y tristeza el
sólo hecho de mencionarlo, de recordalo y, peor aún
el vivirlo. Enormes en los negocios
y pigmeos en sus familias.
Ellos
me recuerdan ineludiblemente a aquel personaje de la mitología
griega llamado Tántalo y que fue condenado por Zeus, de acuerdo
a los relatos mitológicos que nos ha legado la literatura,
a vivir encadenado dentro de un receptáculo con agua que
le llegaba hasta el cuello. Tántalo tiene sed y quiere agachar
su cabeza para sorber un poco de aquel vital líquido tan
abundante, pero ésta es precisamente parte de su condena:
que cuando él inclina la cabeza para mitigar su sed, el nivel
del agua desciende proporcionalmente y nunca alcanza a saciar esa
necesidad física...
Una
especie de modernos Tántalos somos tantos y tantos de nosotros,
al mismo tiempo, saciados e insatisfechos. Seres que hemos dirigido
nuestra mirada hacia una sola dirección en la vida y que
hemos dejado de contemplar la totalidad de la existencia. Hombres
y mujeres que percibimos las cosas monocromáticamente y que
se pierden ante nuestra mirada los demás matices de la vida,
sobre todo el color que tiene el rostro de nuestro hermano. Nuestro
olfato solamente percibe un único aroma, el olor del dinero,
y se ha vuelto insensible ante a la fragancia de la familia. Nuestras
visiones se han vuelto monofocales y se pierde toda tercera dimensión
en la vida, sobre todo aquella en la que se encuentran nuestros
propios padres. En nuestra lente existencial solamente existe el
acercamiento a las cosas materiales, al trabajo, a la empresa, y
en ese “zoom” del existir desaparecen todas las otras
imágenes, aunque sean tan reales, como las de nuestros seres
más queridos, nuestra propia vida y la del mismo Dios.
4.-
Y es que no estimamos el valor de la familia hasta que un día
la perdemos.
¡Ah!,
¡La familia! Es muy cierto que cada quien habla de la vida
de acuerdo a su propia experiencia. Pero, ¿sabes?..., me
provocó risa abundante y me sigo sonriendo ante aquella expresión
que utilizó Giovanni Papini en su obra El Espía
del Mundo para definir lo que para él era la familia:
“La Familia es una asociación de delincuentes en perjuicio
del jefe de casa”.
¿Qué
te pareció su definición: “La Familia es una
asociación de delincuentes en perjuicio del jefe de casa”?
Mejor no me respondas y deja que te haga otra pregunta: ¿Cómo
definirías tú a tu familia?
A
mí en lo personal me agrada una definición que es
quizá la más sencilla pero también muy completa,
que dice que: “la familia cristiana
es una comunidad de vida y amor, que ha sido formada por Dios”.
Se
trata de un espacio existencial cristiano en donde se respete el
precioso don de la vida y en donde se valore, en su real sentido,
el amor sincero. Ni un “amor”, extrañamente entendido,
que anule el don de la vida; ni la sobreposición de la vida
que haga desaparecer cualquier rasgo del amor. La carencia, tanto
del respeto por la vida como del respeto por el amor, anula automáticamente
el sentido auténticamente cristiano de la familia.
¿Si
quieres entenderlo mejor?,... entonces te invito para que dirijamos
la mirada hacia la familia de Nazaret.
Hoy,
te sugiero que veamos el rostro de aquellos que fueron elegidos
para que le ofrecieran un cálido hogar al Hijo eterno del
Padre.
5.-
Contemplemos a la Virgen María y percibamos en ella la imagen
plena de la mujer. Es cierto que María Santísima
es un ejemplo para todos los cristianos. ¡Ojalá, todos
los hombres recibiéramos al Señor Jesús con
el amor con el que ella le recibió!; sin embargo, no quiero
omitir el que toda mujer debería de ver de una forma especial
en el rostro de la Virgen María su propio rostro.
Santa
María es un ejemplo para la mujer en su infancia, lo fue
como Joven, como Esposa y lo ha sido como Madre. Incluso
cuando se queda sola, porque su esposo fue llamado al Cielo y su
Hijo ha concluido su Obra Redentora, ella es un gran ejemplo de
fe, de esperanza, de caridad, de integridad y de fortaleza...
Para
la Virgen María su misión no fue algo fácil:
desde el silencio generado en torno a su embarazo virginal, desde
el nacimiento de su Hijo en situaciones por demás precarias,
desde el tener que huir a tierras extranjeras para proteger la vida
del “fruto bendito de su vientre”,... sin que nos olvidemos
de ese momento de la barbarie y de la sinrazón humana, en
el que le regresaron desfigurado y exánime a aquel a quien
ella había acariciado con sus manos santas y a quien había
amamantado y había arrullado en su regazo.
6.-
Pero..., démonos tiempo, voltéemos el rostro y contemplemos
también a este santo varón a quien el Padre eterno
eligió, puesto que encontró en él al mejor
de los padres en la tierra para el más grande de los Hijos
que han nacido en el tiempo y el espacio.
San
José, es un inmejorable modelo como esposo.
Se trata de alguien que, aún sumergido en la noche oscura
de la incomprensión que brota de nuestras incertidumbres
humanas, ama tanto a la que será su esposa, de tal manera
que prefiere ser despreciado él a que se desprecie a aquella
que ama. San José es un hombre de oración que sabe
escuchar la voz de Dios que le clarifica lo que tiene que hacer
en su vida y con su familia, aún cuando esta voz sea escuchada
en la oscuridad de la noche.
Se
trata de aquel que es llamado simple y llanamente: varón
justo, y que es un verdadero modelo para todos aquellos que han
recibido de parte de Dios el encargo de la tutoría en la
vida.
En
estos días me he estado preguntando:
¿Cuándo acabaremos de distinguir entre la progenitura
y la paternidad? ¿Cuándo entenderemos que ser progenitor
no es lo mismo que ser padre, y que el procrear no convierte a alguien
en un padre en el sentido auténtico de la expresión?
El
progenitor es aquel que engendra, el padre es el que enseña
a vivir. Para ser progenitor hacen falta segundos,
para ser padre es necesaria la vida. Para ser progenitor basta con
que dos células se fusionen y aparezca el milagro de la vida,
para ser padre hace falta que dos corazones se fusionen; se trata
de educar, aconsejar, corregir, acompañar, amar a los que
Dios permitió que nacieran.
Tener
hijos no hace de alguien un padre, tal y como el que alguien tenga
un piano no le convierte en un pianista.
Hoy
deambulan por nuestras calles tantos y tantos progenitores, y...
son tan escasos los padres de familia. Si bien San José no
fue el Progenitor del Señor Jesús, podemos decir que
Él fue un verdadero padre para el Hijo del Padre Eterno:
le amó, le cuidó, le alimentó, le protegió,
se gastó y se desgastó por él, corrió
riesgos por cuidar el don de Dios, fue a tocar puertas en tierras
de desconocidos para conseguir trabajo y poder así ofrecerle
manutención al Hijo eterno del Padre, que nació por
obra del Espíritu Santo del vientre inmaculado de la Virgen.
¿Qué
mejor ejemplo de paternidad podrían tener tantos hombres
que se ufanan de ser progenitores?
San
José, hace presente en la imagen sagrada de la Familia cristiana
a todos aquellos hombres y mujeres que no han engendrado biológicamente,
pero que han sido capaces de engendrar con su corazón. San
José nos recuerda que, más allá de la fecundidad
genética, la fecundidad de la voluntad y la que brota del
amor sincero pueden llegar a ser mucho más grandes a los
ojos de Dios.
¡Feliz
fiesta de la Sagrada Familia!
NO HAY NATIVIDAD
SIN MATERNIDAD.
“Después de que los magos partieron
para Belén, el ángel del Señor se le apareció
en sueños a José y le dijo: “Levántate,
toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate
allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al
niño para matarlo... José se levantó y esa
misma noche tomó al niño y a su madre y partió
para Egipto.
1.-
Muy queridos
amigos:
El
Evangelista san Mateo ha sido enfático al presentar el nacimiento
virginal de nuestro Señor y en esta escena de la historia
sagrada vuelve a ser rotundo en su afirmación: José,
levántate, toma al niño y a su madre,... José
se levantó y esa misma noche tomó al niño y
a su madre...
“Toma
al niño y a su Madre”, no habla de “tu
hijo”,... puesto que su nacimiento se debe a la obra del Espíritu
Santo, no obstante este niño tiene una relación innegable
para con aquella que es esposa de san José: se trata de la
Madre del niño.
2.-
Y, aunque será hasta el próximo sábado que
celebraremos la fiesta de la Maternidad Divina es justo que ya desde
hoy, en un escenario tan especial como lo es la fiesta de la Sagrada
Familia nos demos un espacio para reflexionar en torno al don de
la Maternidad de la Santísima Virgen.
Ojalá
que no nos quedemos en la superficialidad.
¡Si queremos profundizar en el misterio de la Navidad, no
nos podemos quedar simplemente en la poesía, en el sentimiento
o en lo externo!
La
Solemnidad de la Maternidad Divina invita a que nos sumerjamos en
el mensaje de Cristo, de tal manera que no nos quedemos en la corteza,
en la periferia, en los sentimentalismos estériles... La
Madre del Señor nos lo enseña, como nos lo recordó
san José el domingo pasado, ¿te acuerdas?
Y
es que la Navidad, ha sido la estación en que los ojos y
los corazones son movidos a la memoria y al amor del Niño
que nació en una cueva bajo el piso del mundo. Se trata del
Niño cuyo nacimiento conmovió al mundo en sus mismos
cimientos.
Todos
contemplamos en el reloj de la historia la hora de la Navidad como
el momento en el que el misterio de la omnipotencia de Dios ha querido
ser envuelta en pañales yaciendo en un pesebre. La navidad
nos dice que Dios se encuentra siempre donde el mundo menos lo espera
encontrar. La historia de la Navidad es la historia de Dios que
estuvo sin hogar en su propio Hogar, Aquel a quien los suyos no
lo recibieron.
3.-
Pero, mientras continuamos rindiendo este acto primario de adoración
al Dios que nos trajo los cielos a la tierra, al Dios cercano que
vino a los hombres, existe un peligro real de que algunos podamos
olvidar cómo nos vino el Niño al mundo: en efecto,
ciertas formas modernas del cristianismo hablan del Niño
que nos ha nacido, pero nunca, o muy pocas veces, nos dicen una
palabra sobre la Madre del Niño. ¡Qué
lamentable!
En
algunas estaciones radiofónicas de nuestra ciudad pudiste
escuchar en días pasados algunas reflexiones navideñas
en las que se habló del nacimiento sin hablar de la que dio
a luz. ¡Se habla del Niño que nace sin hablar de la
Madre! ¿No te da tristeza, el que un celo mal entendido se
convierta en un aparente odio, en ofensas,... o por lo menos en
olvidos ilógicos que dejan mucho que desear?
El
Niño de Belén no cayó de los cielos a un lecho
de paja, sino que vino a este mundo por medio de una gran Mujer
que le concibió y que le dio a luz por obra y gracia del
Espíritu Santo.
Y
es que los hijos son inseparables de las madres, y las madres son
inseparables de los hijos.
Es
por ello que existe el peligro de que, por celebrar la Navidad sin
la Madre, vayamos a llegar a un punto de que un día celebremos
la Navidad sin el Niño. ¡Y que
absurdo sería, pues, así como no puede haber una Navidad
verdadera sin Jesús, tampoco puede haber un Jesús
que nos nace sin una María! ¡Al menos así lo
quiso Dios en su proyecto inefable!
Aunque,...
por desgracia tengo que decirte que en muchos lugares la Navidad
ya es un pretexto,... y ya se ha expulsado a la Madre,... y al Hijo.
4.-
Volviendo a aquellos que nos llamamos cristianos y que luchamos
por serlo, yo le ruego a Dios para que la Navidad no la vivamos
de una manera en que pareciera que el Niño es un Huérfano,
sino un Hijo de María. ¡Aunque
les duela a algunos!
Le
ruego a Dios para que en el cristianismo alentemos el respeto por
la vida y por la Maternidad, de tal manera que seamos capaces de
vibrar de amor por esa Madre que nos trajo al Salvador al mundo.
Ver
al Niño en brazos de su Madre es ver el Cielo y la tierra
unidos por el gran misterio que la Navidad encierra. En efecto,
al ver a este Niño en brazos de su Madre, pareciera que los
cielos y la tierra cambiaran de lugar.
En
estos días cuando la Madre se halla separada de su Hijo,
por políticas poco cristianas de control de la Natalidad,
por la separación de las familias, por los problemas económicos,
por el morbo y la frivolidad en la sexualidad, le rogamos a Dios
para que retorne el Ideal de la Madre con su Hijo en brazos, que
nos ha recordado la Navidad.
5.-
Muy querido amigo:
En
el primer día del año se nos ofrecerá la festividad
de Santa María como Madre del misterio de Dios, para que
contemplemos la figura de aquella que acepta en plenitud la voluntad
de Dios. Esa fue la tónica de su vida, y la lección
para nosotros. Ante la difícil invitación del ángel,
la misma contestación de siempre: “hágase
en mí según tu palabra”. Y eso
es lo que caracterizó su vida: una disponibilidad sin condiciones.
Hoy
también le quiero pedir especialmente a Dios por todas aquellas
madres de familia, que han aceptado en su vida la voluntad divina,
al recibir amorosamente a cada uno de sus hijos, aún aquellos
que conforme a los criterios del mundo no cumplen con sus requerimientos
de calidad.
6.-
En este día de la Sagrada Familia y en la cercanía
con la fiesta de la Maternidad Divina quiero compartirte un mensaje
escrito por Marianne Neifert acerca de la maternidad, considerada
como un don y una tarea:
“De
no haber tenido hijos, probablemente hubiera contado con más
dinero y más cosas materiales. Quizá hubiera viajado
mucho y dormido a placer, y me hubiera dado más gustos. Pero
mi vida hubiera sido más aburrida y previsible. Como resultado
de mi maternidad, he reído intensamente y he llorado con
mayor frecuencia. Me he preocupado más y he corrido más.
He dormido menos, pero de una u otra manera me he divertido más
y he madurado más. Mi corazón ha experimentado un
mayor dolor, y he amado a un grado que trasciende todo lo que hubiera
podido imaginar. He dado mucho más de mí misma y le
he encontrado mayor sentido a la vida”
¿Sabes?
La maternidad exige la generosidad de parte de la madre de familia,
pues se trata de un amor generoso que busca el bien de aquellos
que a sus ojos serán siempre hijos independientemente de
la edad que puedan tener: el hijo
será siempre hijo para su madre. ¡Obvio!,...
no tanto.
7.-
Edward Handman, un célebre y reconocido actor de teatro en
Broadway, narra este aspecto del amor en aquellos que han recibido
el regalo del amor fecundo, al compartirnos una escena de su vida,
cuando una tarde salió a caminar con uno de sus hijos, que
en ese entonces tenía 25 años, y al caminar en el
parque el hijo se quitó la camiseta y su pregunta inmediata
fue:”¿No tienes frío,
hijo?”
“¡No!”
–repuso él, con paciencia aunque también con
rudeza- “Si tuviera frío, me pondría la camiseta”.
Adam
su hijo ostentaba ya un título universitario, había
iniciado su propia empresa, y se sentía autosuficiente.
Y
el se preguntaba: “Acaso ¿Existe en alguna parte del
mundo un padre de familia que no haya entrado a la habitación
de su hijo en donde lee muy a gusto, para decirle: “Hace demasiado
calor aquí”? ¿Y hay acaso una madre que no le
haya recomendado a su hijo adolescente o adulto: “No se te
olvide comer”?”
Narra
el mismo Edward que él cuenta con un amigo, considerado como
uno de los más sobresalientes psiquiatras en New York, quien
tiene 50 años, un exitoso médico, el cual en una ocasión
en que fue a la opera con su madre, cuando al salir ya se iban a
subir al Mercedes Benz del médico, ella se volteó
a verlo y le dijo: “Hijo ¿No tienes que ir al baño?”
Los
padres que hacen esto deben tener el mejor de los consuelos: “si
sus hijos han aprendido bien la lección y ellos tienen hijos,
posiblemente harán otro tanto con los propios hijos”.
Concluye Handman.
8.-
En lo personal, me agrada que todavía en estos días
invernales escucho a mi padre cuando me oye toser: “Hijo,
abrígate bien”, “¿Estás tomando
el medicamento?”. Guardo con el afecto más sincero
en el cofre del alma el tesoro de las palabras de mi madre, quien
de Dios goza, cuando al llamarle por teléfono invariablemente
me preguntaba ¿ya comiste?, o cuando al salir de la casa
en las alegres noches de la Navidad o de año Nuevo después
de haber estado con ellos compartiendo la alegría cristiana,
me pedía, en ese entonces, que le llamara al llegar de regreso
al Seminario para estar tranquila de que había llegado con
bien – le preocupaba el que me desplazara en medio de la ciudad
y saliera rumbo al camino a San Mateo en una noche en que gran cantidad
de gente, por desgracia, está alcoholizada.
9.-
Concluyo este segmento compartiéndote un texto escrito por
Erma Bombeck a su hija en 1977, sobre la maternidad:
'Es
que,...
¡Tú no me quieres!' ¿Cuántas veces nos
habrán espetado este reproche nuestros hijos? ¿Y cuántas,
como madres o padres, nos habremos aguantado las ganas de decirles
lo mucho que los queremos?
Algún
día, cuando estén en edad de comprender los móviles
de la conducta de una madre, les diré a mis hijos:
Te
amaba lo suficiente como para fastidiarte preguntando, cada vez
que salías, adónde ibas, quién te acompañaba
y a qué hora volverías a casa.
Te
amaba lo suficiente como para no callarme mi opinión y decirte
que aquel amigo que habías escogido tan cuidadosamente no
era más que un pelmaso cualquiera.
Te
amaba lo suficiente como para hacerte devolver la pastilla de chocolate
que ya mordías y confesarle al tendero que la habías
hurtado.
Te
amaba lo suficiente como para estarme dos horas viendo cómo
ponías en orden tu habitación, tarea que yo habría
despachado en quince minutos.
Te
amaba lo suficiente para no esperar disculpas a pesar de tus impertinencias
y de tus malos modales.
Te
amaba lo suficiente como para no tener en cuenta todo lo que las
otras madres del mundo si hacía, decían o permitían.
Te
amaba lo suficiente como para adivinar tus mentiras... y perdonártelas
después de confirmarlas.
Te
amaba lo suficiente para aceptarte tal como eres, sin pensar en
lo que yo querría de ti.
Y
sobre todo, te amaba lo suficiente para negarte algo a sabiendas
de que me detestarías, eso era lo más difícil
de todo.
10.-
¿Cuándo llegará el día en que los hijos
comprendan a sus padres? ¡Cuando los hijos un día sean
padres!, si es que Dios así se los permite, entonces
viajarán al otro ángulo de la vida y experimentarán
en su corazón un sentimiento ahora desconocido, en el que
querrán primero sufrir ellos antes que sufran los que aman,
querrán ellos pasar limitaciones antes que las pasen sus
hijos, querrán primero llorar ellos antes que lloren los
hijos.
¡Felíz
día de la Sagrada Familia y felicidades adelantadas por la
fiesta de la Maternidad Divina!
INVENTARIOS,
BALANCES Y PROGRAMACIONES.
Después
de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció
en sueños a José y le dijo: “Levántate,
toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel,
porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño”.
Se
levantó José, tomó al niño y a su madre
y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído
decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre, Herodes,
tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños, se retiró
a Galilea y se fue a vivir en una población llamada Nazaret.
Así se cumplió lo que habían dicho los profetas:
Se le llamará nazareno”.
1.-
Abrir una puerta,
lo mismo que iniciar un año nuevo es un acto preñado
de misticismo: tiene el vago sabor de lo desconocido, y despierta
la sensación de pasar a un momento nuevo, en el que se manifestará
de manera impredecible la incertidumbre humana.
Al
iniciar un año nos pueden asaltar vislumbres innumerables
de los goces humanos: habrá reencuentros, reconciliaciones,
quizá la dicha en el corazón de dos enamorados tras
una larga separación, algún matrimonio, un nacimiento
deseado y esperado, el culmen de una etapa en lo laboral, en lo
académico o en lo familiar e incluso la tristeza y la separación;
tal acto puede brindar consuelo, pues en él se distribuyen
las fuerzas humanas.
2.-
Muy querido amigo:
¿Te
has dado cuenta? Estamos ya muy cercanos, por la gracia de Dios,
al último día de este año. El próximo
viernes estaremos despidiendo un año de nuestra vida y el
sábado, Dios mediante, estaremos recibiendo un año
nuevo para los anales de nuestro existir.
Está
por moverse un dígito en nuestro cómputo de los años.
En
los grandes almacenes, en las industrias y en todo tipo de empresas,
éste suele ser el tiempo favorable para realizar inventarios,
balances y programaciones. Así también debiera ser
en nuestra vida.
Debiéramos
aprovechar la virtud y singularidad de este tiempo para que todos
hagamos un alto, y así dar una mirada hacia lo que ha sido
nuestro recorrido, no para que desandemos los pasos andados, sino
para que con ello nos dispongamos a corregir y fortalecer lo que
haya que mejorar, o simplemente continuar con un camino que hemos
constatado que es el adecuado. Es el tiempo también para
que dirijamos la mirada hacia delante analizando la textura del
camino que se avecina, y así proveernos de las herramientas
necesarias.
3.-
En primer lugar, hoy es tiempo de inventariar. Se trata de que cada
uno de nosotros sea capaz de valorar lo que tiene, y así
valorándolo, que nos dispongamos a cuidarlo y agradecerlo.
Es
tiempo de tomar una hoja de papel y un bolígrafo, para hacer
una lista honesta, sensata y justa de los beneficios con que Dios
nos ha obsequiado y privilegiado durante este año 2004 que
concluye. Solamente, entonces seremos capaces de agradecerle a Dios
por cada una de las realidades que poseemos, por nuestros seres
queridos, por nuestros logros, por sus bendiciones y por lo que
somos cada uno de nosotros.
Es
tiempo de que cada uno de nosotros urgue en cada uno de los rincones
de la existencia y desempolve los talentos de Dios. Revisemos todos
nuestros estantes y registremos en esa lista cada uno de nuestros
dones. Y es que, hay tantas cosas a las que nos hemos acostumbrado
en la vida diaria y que solamente al volver a considerarlas, podremos
entenderlas como “activos” de nuestra propia existencia.
¿Sabes?
Hace no mucho tiempo leía un artículo de Benjamín
Stein en “El Espectador Americano” que tocaba el tema
de la riqueza y se preguntaba:
“¿Cuánto
dinero debe uno tener para ser considerado rico en nuestra sociedad?
Las cifras, que andan por los millones, varían. Pero yo pienso
en toda la gente inmensamente rica que conozco, que no parece feliz.
También en todos aquellos que sudan para pagar sus cuentas,
y pese a ello son ricos.
Si
puede usted compartir cualquier problema con su cónyuge,
es rico. Si puede darse tiempo para dialogar con sus hijos, es rico.
Si puede mirar de frente a sus padres, convencido de haberles retribuido
aunque sea en mínima parte lo que ellos le dieron, es usted
rico. Si puede tomarse una tarde libre para salirse al cine con
su familia, es usted rico. Si puede decir con toda honradez que
no tiene nada que esconder, es usted verdaderamente rico”.
Amigos:
Seamos positivos, hagamos una lista de nuestras cualidades, inventariemos
las virtudes y seamos agradecidos con Dios. Es tiempo de agradecer
por la familia, los hijos, la vida, la fe, la salud, la amistad,
el trabajo, los estudios... y tantas cosas más.
4.-
Después de inventariar, hoy es también un tiempo ideal
para que hagamos balances en las cosas que en nuestra existencia
vamos haciendo.
Es
conveniente en este renglón que hablemos de un factor que
nos ayuda a no perder nuestra objetividad: el manejo de los promedios.
Entendamos
que no todo se hace de una sola pieza, la existencia no es monolítica,
nuestra vida no consiste en una sola escena, ¡gracias a Dios!;
más aún, puedo decir que ni cada hora ni cada día
nos ofrecen una felicidad uniforme. Más bien, en la felicidad
hay ciertas alzas separadas por momentos que suelen ser sumamente
difíciles.
Te
lo explico con términos que puedes entenderme:
En
el deporte ¿Qué es un promedio
de bateo? Un jugador que logra un promedio de .300 es considerado
como un bateador excelente. Eso significa que hace tres hits de
cada diez viajes a la base, en donde tienen por lo menos tres oportunidades
en cada viaje. Ellos, las grandes estrellas, también tienen
turnos, y muy frecuentes, en que los hacen “abanicar”.
Un
elemento que nos puede ayudar a iniciar con mejor actitud este año
2005, que Dios está por obsequiarnos, es el que seamos más
flexibles en nuestra propia vida.
Trata
de permitirte un margen en tus metas y planes: no exijas un promedio
de bateo de 1.000 en tus metas ni mucho menos en las de tus seres
queridos. Después de todo, la perfección no es una
característica “humana”, sino sólo un
ideal aquí en la tierra y un proyecto de eternidad.
¿Sabías
tú que Michael Jordan, que fue considerado el deportista
del siglo XX por un canal de la televisión privada, tenía
en ese entonces un 54 % en efectividad de tiros de campo? ¡No
seas tan intransigente contigo mismo!
Hay
promedios de efectividad en el fútbol americano, en el golf,
en el tenis, en el boxeo y en cualquier disciplina. Lo anterior
también se aplica a las ventas, a lo profesional, a la vida
académica y a cualquier negocio.
Incluso
nuestra vida cristiana tiene esta consideración: La vida
eterna, de ordinario, no se gana ni se pierde en un día sino
con la suma y el promedio de la vida de todos los días. ¡Bendito
sea Dios! En lo personal tengo algunos, o mejor dicho, muchos días
en que al terminar la jornada y al hacer mi examen de conciencia
me encuentro con situaciones de las que me siento avergonzado, hay
actuaciones mediocres que quisiera cortar en una especie de edición
cinematográfica. Sin embargo, lo anterior me empuja a pedirle
perdón con humildad al Señor y a acercarme al sacramento
de la confesión, y a suplicarle a Dios que me permita un
día más de vida y la posibilidad de mejorar mi “promedio
de bateo”.
La
vida cristiana tiene días e incluso años de dificultades.
Al hablar de la vida cotidiana tenemos que entender
también que no todos los esfuerzos se ven coronados por la
felicidad o por el éxito.
Al
revisar el año que está terminando, quizá podamos
encontrar momentos difíciles y de sufrimiento, momentos de
incertidumbre y de dolor. Momentos que nos han parecido eternos.
En nuestros días hay horas de luz y las hay de oscuridad,
en el ciclo de las estaciones de mi vida hay primaveras, pero también
ha existido el verano, el otoño y el invierno. Entendamos
que así se configura el día con sus 24 horas, y que
cada año tiene sus cuatro estaciones.
Pero,
pasemos del promedio al balance. Hoy tengo que hacer mis balances:
¿A nuestros seres queridos les he dado más abrazos,
que gritos?, ¿Les he dado más correcciones, que felicitaciones
a mis hijos?, ¿Les he dado más noticias tristes, que
alegres a mis padres?, ¿Con mis hermanos son más nuestros
encuentros, que nuestras distancias?, ¿En la vida diaria
han sido mayores mis obras, que mis omisiones?
5.-
Finalmente, hoy es un tiempo propicio para nuestras programaciones,
es el tiempo de planear. Pero en esto, seamos cautos y aprendamos
a hacer planes realistas para nuestra vida.
El
hombre sueña en proporcionar grandes aportaciones a su propia
familia, a su sociedad y a la humanidad, y se olvida de la verdadera
aportación que todo hombre, la sociedad y la humanidad tienen
necesidad: formar hombres de bien, formar familias como Dios nos
manda.
Son
sobradas las ocasiones en que pensamos solamente en los grandes
heroísmos y nos vamos olvidando de los heroísmos de
la vida diaria. Muchos de nosotros a fuerza de pensar en lo extraordinario
vamos olvidando la importancia que tiene lo ordinario. Recuerda,
por favor, que es allí en lo ordinario en donde se construye
la vida, se consigue la santidad y... la vida eterna.
Nuestra
vida será insatisfactoria, no tanto porque sea breve, sino
porque no la vivimos a la altura de nuestra aspiración más
elemental y más profunda. Marco Aurelio lo decía con
su erudición: “Escrito
está que una vida inútil, es en mucho peor que una
muerte prematura”.
Amigo:
¡Ojalá comprendieras que nuestra verdadera muerte no
será tanto el morir sino el dejar de creer, el dejar de amar,
el dejar de crecer...! ¡Y ésto se puede dejar de hacer
a cualquier edad y en cualquier momento!
6.-
Antes que nos den un abrazo y de que muchos repitan un saludo de
bienaventuranza temporal, prefiramos que sea Dios quien nos desee
“un feliz año”.
Dios
es, antes que nadie, quien hoy nos manda las mejores felicitaciones
al regalarnos esa posibilidad de iniciar un nuevo año. ¡Y
todo eso se recibe con el solo hecho de sonreírle a un nuevo
día y de continuar en esa misma actitud durante todo el año!
¡Ojalá, valoráramos cada día que Dios
nos da!
¿Sabes?
La felicitación de parte de Dios se llama bendición,
por ello te deseo que Dios sea el que te felicite.
La
bendición de Dios es algo en mucho más grande e importante
que una vaga felicitación. La bendición de Dios es
eficaz, poderosa y creadora. Dios es la fuente de la vida y al bendecirnos
nos comunica la misma vida.
Te
deseo: ¡Feliz año nuevo y que Dios te bendiga!
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