Domingo 26 de Diciembre de 2004 _________Pbro. Rogelio Narváez Martínez

LA FAMILIA ES UNA COMUNIDAD DE VIDA Y AMOR.

“Después de que los magos partieron para Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo”.

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño”.

Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre, Herodes, tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños, se retiró a Galilea y se fue a vivir en una población llamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: Se le llamará nazareno”.

Momento 2

Momento 3

1.-  Muy queridos amigos:

Todavía nos encontramos con el confetti en el cabello y aún en el corazón y en el pensamiento tenemos el grato sentimiento generado por el momento de alegría cristiana que hemos compartido con los seres más queridos, es momento en que todavía tenemos el eco de los villancicos y de los otros cantos navideños en nuestra memoria, y sale a nuestro encuentro una fiesta sumamente importante para todos los cristianos: La Solemnidad de la Sagrada Familia.

Y es que, la Solemnidad de la Navidad auténticamente cristiana no puede separarse de esta Fiesta en la que tú y yo saliendo de la gruta de Belén, terminamos dirigiendo nuestra mirada, nuestro pensamiento y nuestros sentimientos hacia el hogar de Nazareth.

El acontecimiento de la Navidad ha sido el suceso glorioso en el que Dios nos ha manifestado el valor de la familia, la grandeza del amor de los esposos, el valor de la maternidad biológica, la verdadera dimensión de la paternidad adoptiva, el don incomparable de la vida humana, el valor del “fruto bendito del vientre”, el valor de todos y de cada uno de los hombres.

2.- Quisiera, en este momento, invitarte para que dirijamos nuestra reflexión hacia la Sagrada Familia de Nazaret, para que a la luz de la Palabra de Dios, percibamos el cúmulo de las virtudes que en el propio Nazaret de nuestras familias debiéramos poner en práctica tú y yo, ellos y ellas, en realidad todos los seres humanos de todos los tiempos y espacios. Todos las necesitamos.

3.- Y es que, tú y yo vivimos en un tiempo en el que sobrabundan los hombres y las mujeres saciados e insatisfechos simultáneamente.

Hoy en día, al salir a las calles te puedes encontrar en el camino de la existencia con esos seres humanos que han levantado grandes empresas, personas con logros que han sido reconocidos por la sociedad, una generación de seres eruditos en los trabajos y en las profesiones, personas competentes que se convierten en paradigmas de la modernidad y del progreso, verdaderos “non plus ultra” en los negocios, en la consultoria, en la organización y en las finanzas. Pero..., por favor, ¡no me preguntes por su familia!, puesto que en sus hogares la historia es tan distinta, tan lamentablemente diferente... y, la verdad, provoca vergüenza y tristeza el sólo hecho de mencionarlo, de recordalo y, peor aún el vivirlo. Enormes en los negocios y pigmeos en sus familias.

Ellos me recuerdan ineludiblemente a aquel personaje de la mitología griega llamado Tántalo y que fue condenado por Zeus, de acuerdo a los relatos mitológicos que nos ha legado la literatura, a vivir encadenado dentro de un receptáculo con agua que le llegaba hasta el cuello. Tántalo tiene sed y quiere agachar su cabeza para sorber un poco de aquel vital líquido tan abundante, pero ésta es precisamente parte de su condena: que cuando él inclina la cabeza para mitigar su sed, el nivel del agua desciende proporcionalmente y nunca alcanza a saciar esa necesidad física...

Una especie de modernos Tántalos somos tantos y tantos de nosotros, al mismo tiempo, saciados e insatisfechos. Seres que hemos dirigido nuestra mirada hacia una sola dirección en la vida y que hemos dejado de contemplar la totalidad de la existencia. Hombres y mujeres que percibimos las cosas monocromáticamente y que se pierden ante nuestra mirada los demás matices de la vida, sobre todo el color que tiene el rostro de nuestro hermano. Nuestro olfato solamente percibe un único aroma, el olor del dinero, y se ha vuelto insensible ante a la fragancia de la familia. Nuestras visiones se han vuelto monofocales y se pierde toda tercera dimensión en la vida, sobre todo aquella en la que se encuentran nuestros propios padres. En nuestra lente existencial solamente existe el acercamiento a las cosas materiales, al trabajo, a la empresa, y en ese “zoom” del existir desaparecen todas las otras imágenes, aunque sean tan reales, como las de nuestros seres más queridos, nuestra propia vida y la del mismo Dios.

4.- Y es que no estimamos el valor de la familia hasta que un día la perdemos.

¡Ah!, ¡La familia! Es muy cierto que cada quien habla de la vida de acuerdo a su propia experiencia. Pero, ¿sabes?..., me provocó risa abundante y me sigo sonriendo ante aquella expresión que utilizó Giovanni Papini en su obra El Espía del Mundo para definir lo que para él era la familia: “La Familia es una asociación de delincuentes en perjuicio del jefe de casa”.

¿Qué te pareció su definición: “La Familia es una asociación de delincuentes en perjuicio del jefe de casa”? Mejor no me respondas y deja que te haga otra pregunta: ¿Cómo definirías tú a tu familia?

A mí en lo personal me agrada una definición que es quizá la más sencilla pero también muy completa, que dice que: “la familia cristiana es una comunidad de vida y amor, que ha sido formada por Dios”.

Se trata de un espacio existencial cristiano en donde se respete el precioso don de la vida y en donde se valore, en su real sentido, el amor sincero. Ni un “amor”, extrañamente entendido, que anule el don de la vida; ni la sobreposición de la vida que haga desaparecer cualquier rasgo del amor. La carencia, tanto del respeto por la vida como del respeto por el amor, anula automáticamente el sentido auténticamente cristiano de la familia.

¿Si quieres entenderlo mejor?,... entonces te invito para que dirijamos la mirada hacia la familia de Nazaret.

Hoy, te sugiero que veamos el rostro de aquellos que fueron elegidos para que le ofrecieran un cálido hogar al Hijo eterno del Padre.

5.- Contemplemos a la Virgen María y percibamos en ella la imagen plena de la mujer. Es cierto que María Santísima es un ejemplo para todos los cristianos. ¡Ojalá, todos los hombres recibiéramos al Señor Jesús con el amor con el que ella le recibió!; sin embargo, no quiero omitir el que toda mujer debería de ver de una forma especial en el rostro de la Virgen María su propio rostro.

Santa María es un ejemplo para la mujer en su infancia, lo fue como Joven, como Esposa y lo ha sido como Madre. Incluso cuando se queda sola, porque su esposo fue llamado al Cielo y su Hijo ha concluido su Obra Redentora, ella es un gran ejemplo de fe, de esperanza, de caridad, de integridad y de fortaleza...

Para la Virgen María su misión no fue algo fácil: desde el silencio generado en torno a su embarazo virginal, desde el nacimiento de su Hijo en situaciones por demás precarias, desde el tener que huir a tierras extranjeras para proteger la vida del “fruto bendito de su vientre”,... sin que nos olvidemos de ese momento de la barbarie y de la sinrazón humana, en el que le regresaron desfigurado y exánime a aquel a quien ella había acariciado con sus manos santas y a quien había amamantado y había arrullado en su regazo.

6.- Pero..., démonos tiempo, voltéemos el rostro y contemplemos también a este santo varón a quien el Padre eterno eligió, puesto que encontró en él al mejor de los padres en la tierra para el más grande de los Hijos que han nacido en el tiempo y el espacio.

San José, es un inmejorable modelo como esposo. Se trata de alguien que, aún sumergido en la noche oscura de la incomprensión que brota de nuestras incertidumbres humanas, ama tanto a la que será su esposa, de tal manera que prefiere ser despreciado él a que se desprecie a aquella que ama. San José es un hombre de oración que sabe escuchar la voz de Dios que le clarifica lo que tiene que hacer en su vida y con su familia, aún cuando esta voz sea escuchada en la oscuridad de la noche.

Se trata de aquel que es llamado simple y llanamente: varón justo, y que es un verdadero modelo para todos aquellos que han recibido de parte de Dios el encargo de la tutoría en la vida.

En estos días me he estado preguntando: ¿Cuándo acabaremos de distinguir entre la progenitura y la paternidad? ¿Cuándo entenderemos que ser progenitor no es lo mismo que ser padre, y que el procrear no convierte a alguien en un padre en el sentido auténtico de la expresión?

El progenitor es aquel que engendra, el padre es el que enseña a vivir. Para ser progenitor hacen falta segundos, para ser padre es necesaria la vida. Para ser progenitor basta con que dos células se fusionen y aparezca el milagro de la vida, para ser padre hace falta que dos corazones se fusionen; se trata de educar, aconsejar, corregir, acompañar, amar a los que Dios permitió que nacieran.

Tener hijos no hace de alguien un padre, tal y como el que alguien tenga un piano no le convierte en un pianista.

Hoy deambulan por nuestras calles tantos y tantos progenitores, y... son tan escasos los padres de familia. Si bien San José no fue el Progenitor del Señor Jesús, podemos decir que Él fue un verdadero padre para el Hijo del Padre Eterno: le amó, le cuidó, le alimentó, le protegió, se gastó y se desgastó por él, corrió riesgos por cuidar el don de Dios, fue a tocar puertas en tierras de desconocidos para conseguir trabajo y poder así ofrecerle manutención al Hijo eterno del Padre, que nació por obra del Espíritu Santo del vientre inmaculado de la Virgen.

¿Qué mejor ejemplo de paternidad podrían tener tantos hombres que se ufanan de ser progenitores?

San José, hace presente en la imagen sagrada de la Familia cristiana a todos aquellos hombres y mujeres que no han engendrado biológicamente, pero que han sido capaces de engendrar con su corazón. San José nos recuerda que, más allá de la fecundidad genética, la fecundidad de la voluntad y la que brota del amor sincero pueden llegar a ser mucho más grandes a los ojos de Dios.

¡Feliz fiesta de la Sagrada Familia!


 

NO HAY NATIVIDAD SIN MATERNIDAD.

“Después de que los magos partieron para Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre, y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo... José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto.

 

1.- Muy queridos amigos:

El Evangelista san Mateo ha sido enfático al presentar el nacimiento virginal de nuestro Señor y en esta escena de la historia sagrada vuelve a ser rotundo en su afirmación: José, levántate, toma al niño y a su madre,... José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre...

“Toma al niño y a su Madre”, no habla de “tu hijo”,... puesto que su nacimiento se debe a la obra del Espíritu Santo, no obstante este niño tiene una relación innegable para con aquella que es esposa de san José: se trata de la Madre del niño.

2.- Y, aunque será hasta el próximo sábado que celebraremos la fiesta de la Maternidad Divina es justo que ya desde hoy, en un escenario tan especial como lo es la fiesta de la Sagrada Familia nos demos un espacio para reflexionar en torno al don de la Maternidad de la Santísima Virgen.

Ojalá que no nos quedemos en la superficialidad. ¡Si queremos profundizar en el misterio de la Navidad, no nos podemos quedar simplemente en la poesía, en el sentimiento o en lo externo!

La Solemnidad de la Maternidad Divina invita a que nos sumerjamos en el mensaje de Cristo, de tal manera que no nos quedemos en la corteza, en la periferia, en los sentimentalismos estériles... La Madre del Señor nos lo enseña, como nos lo recordó san José el domingo pasado, ¿te acuerdas?

Y es que la Navidad, ha sido la estación en que los ojos y los corazones son movidos a la memoria y al amor del Niño que nació en una cueva bajo el piso del mundo. Se trata del Niño cuyo nacimiento conmovió al mundo en sus mismos cimientos.

Todos contemplamos en el reloj de la historia la hora de la Navidad como el momento en el que el misterio de la omnipotencia de Dios ha querido ser envuelta en pañales yaciendo en un pesebre. La navidad nos dice que Dios se encuentra siempre donde el mundo menos lo espera encontrar. La historia de la Navidad es la historia de Dios que estuvo sin hogar en su propio Hogar, Aquel a quien los suyos no lo recibieron.

3.- Pero, mientras continuamos rindiendo este acto primario de adoración al Dios que nos trajo los cielos a la tierra, al Dios cercano que vino a los hombres, existe un peligro real de que algunos podamos olvidar cómo nos vino el Niño al mundo: en efecto, ciertas formas modernas del cristianismo hablan del Niño que nos ha nacido, pero nunca, o muy pocas veces, nos dicen una palabra sobre la Madre del Niño. ¡Qué lamentable!

En algunas estaciones radiofónicas de nuestra ciudad pudiste escuchar en días pasados algunas reflexiones navideñas en las que se habló del nacimiento sin hablar de la que dio a luz. ¡Se habla del Niño que nace sin hablar de la Madre! ¿No te da tristeza, el que un celo mal entendido se convierta en un aparente odio, en ofensas,... o por lo menos en olvidos ilógicos que dejan mucho que desear?

El Niño de Belén no cayó de los cielos a un lecho de paja, sino que vino a este mundo por medio de una gran Mujer que le concibió y que le dio a luz por obra y gracia del Espíritu Santo.

Y es que los hijos son inseparables de las madres, y las madres son inseparables de los hijos.

Es por ello que existe el peligro de que, por celebrar la Navidad sin la Madre, vayamos a llegar a un punto de que un día celebremos la Navidad sin el Niño. ¡Y que absurdo sería, pues, así como no puede haber una Navidad verdadera sin Jesús, tampoco puede haber un Jesús que nos nace sin una María! ¡Al menos así lo quiso Dios en su proyecto inefable!

Aunque,... por desgracia tengo que decirte que en muchos lugares la Navidad ya es un pretexto,... y ya se ha expulsado a la Madre,... y al Hijo.

4.- Volviendo a aquellos que nos llamamos cristianos y que luchamos por serlo, yo le ruego a Dios para que la Navidad no la vivamos de una manera en que pareciera que el Niño es un Huérfano, sino un Hijo de María. ¡Aunque les duela a algunos!

Le ruego a Dios para que en el cristianismo alentemos el respeto por la vida y por la Maternidad, de tal manera que seamos capaces de vibrar de amor por esa Madre que nos trajo al Salvador al mundo.

Ver al Niño en brazos de su Madre es ver el Cielo y la tierra unidos por el gran misterio que la Navidad encierra. En efecto, al ver a este Niño en brazos de su Madre, pareciera que los cielos y la tierra cambiaran de lugar.

En estos días cuando la Madre se halla separada de su Hijo, por políticas poco cristianas de control de la Natalidad, por la separación de las familias, por los problemas económicos, por el morbo y la frivolidad en la sexualidad, le rogamos a Dios para que retorne el Ideal de la Madre con su Hijo en brazos, que nos ha recordado la Navidad.

5.- Muy querido amigo:

En el primer día del año se nos ofrecerá la festividad de Santa María como Madre del misterio de Dios, para que contemplemos la figura de aquella que acepta en plenitud la voluntad de Dios. Esa fue la tónica de su vida, y la lección para nosotros. Ante la difícil invitación del ángel, la misma contestación de siempre: “hágase en mí según tu palabra”. Y eso es lo que caracterizó su vida: una disponibilidad sin condiciones.

Hoy también le quiero pedir especialmente a Dios por todas aquellas madres de familia, que han aceptado en su vida la voluntad divina, al recibir amorosamente a cada uno de sus hijos, aún aquellos que conforme a los criterios del mundo no cumplen con sus requerimientos de calidad.

6.- En este día de la Sagrada Familia y en la cercanía con la fiesta de la Maternidad Divina quiero compartirte un mensaje escrito por Marianne Neifert acerca de la maternidad, considerada como un don y una tarea:

“De no haber tenido hijos, probablemente hubiera contado con más dinero y más cosas materiales. Quizá hubiera viajado mucho y dormido a placer, y me hubiera dado más gustos. Pero mi vida hubiera sido más aburrida y previsible. Como resultado de mi maternidad, he reído intensamente y he llorado con mayor frecuencia. Me he preocupado más y he corrido más. He dormido menos, pero de una u otra manera me he divertido más y he madurado más. Mi corazón ha experimentado un mayor dolor, y he amado a un grado que trasciende todo lo que hubiera podido imaginar. He dado mucho más de mí misma y le he encontrado mayor sentido a la vida”

¿Sabes? La maternidad exige la generosidad de parte de la madre de familia, pues se trata de un amor generoso que busca el bien de aquellos que a sus ojos serán siempre hijos independientemente de la edad que puedan tener: el hijo será siempre hijo para su madre. ¡Obvio!,... no tanto.

7.- Edward Handman, un célebre y reconocido actor de teatro en Broadway, narra este aspecto del amor en aquellos que han recibido el regalo del amor fecundo, al compartirnos una escena de su vida, cuando una tarde salió a caminar con uno de sus hijos, que en ese entonces tenía 25 años, y al caminar en el parque el hijo se quitó la camiseta y su pregunta inmediata fue:”¿No tienes frío, hijo?”

“¡No!” –repuso él, con paciencia aunque también con rudeza- “Si tuviera frío, me pondría la camiseta”.

Adam su hijo ostentaba ya un título universitario, había iniciado su propia empresa, y se sentía autosuficiente.

Y el se preguntaba: “Acaso ¿Existe en alguna parte del mundo un padre de familia que no haya entrado a la habitación de su hijo en donde lee muy a gusto, para decirle: “Hace demasiado calor aquí”? ¿Y hay acaso una madre que no le haya recomendado a su hijo adolescente o adulto: “No se te olvide comer”?”

Narra el mismo Edward que él cuenta con un amigo, considerado como uno de los más sobresalientes psiquiatras en New York, quien tiene 50 años, un exitoso médico, el cual en una ocasión en que fue a la opera con su madre, cuando al salir ya se iban a subir al Mercedes Benz del médico, ella se volteó a verlo y le dijo: “Hijo ¿No tienes que ir al baño?”

Los padres que hacen esto deben tener el mejor de los consuelos: “si sus hijos han aprendido bien la lección y ellos tienen hijos, posiblemente harán otro tanto con los propios hijos”. Concluye Handman.

8.- En lo personal, me agrada que todavía en estos días invernales escucho a mi padre cuando me oye toser: “Hijo, abrígate bien”, “¿Estás tomando el medicamento?”. Guardo con el afecto más sincero en el cofre del alma el tesoro de las palabras de mi madre, quien de Dios goza, cuando al llamarle por teléfono invariablemente me preguntaba ¿ya comiste?, o cuando al salir de la casa en las alegres noches de la Navidad o de año Nuevo después de haber estado con ellos compartiendo la alegría cristiana, me pedía, en ese entonces, que le llamara al llegar de regreso al Seminario para estar tranquila de que había llegado con bien – le preocupaba el que me desplazara en medio de la ciudad y saliera rumbo al camino a San Mateo en una noche en que gran cantidad de gente, por desgracia, está alcoholizada.

9.- Concluyo este segmento compartiéndote un texto escrito por Erma Bombeck a su hija en 1977, sobre la maternidad:

'Es que,... ¡Tú no me quieres!' ¿Cuántas veces nos habrán espetado este reproche nuestros hijos? ¿Y cuántas, como madres o padres, nos habremos aguantado las ganas de decirles lo mucho que los queremos?

Algún día, cuando estén en edad de comprender los móviles de la conducta de una madre, les diré a mis hijos:

Te amaba lo suficiente como para fastidiarte preguntando, cada vez que salías, adónde ibas, quién te acompañaba y a qué hora volverías a casa.

Te amaba lo suficiente como para no callarme mi opinión y decirte que aquel amigo que habías escogido tan cuidadosamente no era más que un pelmaso cualquiera.

Te amaba lo suficiente como para hacerte devolver la pastilla de chocolate que ya mordías y confesarle al tendero que la habías hurtado.

Te amaba lo suficiente como para estarme dos horas viendo cómo ponías en orden tu habitación, tarea que yo habría despachado en quince minutos.

Te amaba lo suficiente para no esperar disculpas a pesar de tus impertinencias y de tus malos modales.

Te amaba lo suficiente como para no tener en cuenta todo lo que las otras madres del mundo si hacía, decían o permitían.

Te amaba lo suficiente como para adivinar tus mentiras... y perdonártelas después de confirmarlas.

Te amaba lo suficiente para aceptarte tal como eres, sin pensar en lo que yo querría de ti.

Y sobre todo, te amaba lo suficiente para negarte algo a sabiendas de que me detestarías, eso era lo más difícil de todo.

10.- ¿Cuándo llegará el día en que los hijos comprendan a sus padres? ¡Cuando los hijos un día sean padres!, si es que Dios así se los permite, entonces viajarán al otro ángulo de la vida y experimentarán en su corazón un sentimiento ahora desconocido, en el que querrán primero sufrir ellos antes que sufran los que aman, querrán ellos pasar limitaciones antes que las pasen sus hijos, querrán primero llorar ellos antes que lloren los hijos.

¡Felíz día de la Sagrada Familia y felicidades adelantadas por la fiesta de la Maternidad Divina!


INVENTARIOS, BALANCES Y PROGRAMACIONES.

Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: “Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño”.

Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de Israel. Pero, habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre, Herodes, tuvo miedo de ir allá, y advertido en sueños, se retiró a Galilea y se fue a vivir en una población llamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: Se le llamará nazareno”.

1.-  Abrir una puerta, lo mismo que iniciar un año nuevo es un acto preñado de misticismo: tiene el vago sabor de lo desconocido, y despierta la sensación de pasar a un momento nuevo, en el que se manifestará de manera impredecible la incertidumbre humana.

Al iniciar un año nos pueden asaltar vislumbres innumerables de los goces humanos: habrá reencuentros, reconciliaciones, quizá la dicha en el corazón de dos enamorados tras una larga separación, algún matrimonio, un nacimiento deseado y esperado, el culmen de una etapa en lo laboral, en lo académico o en lo familiar e incluso la tristeza y la separación; tal acto puede brindar consuelo, pues en él se distribuyen las fuerzas humanas.

2.- Muy querido amigo:

¿Te has dado cuenta? Estamos ya muy cercanos, por la gracia de Dios, al último día de este año. El próximo viernes estaremos despidiendo un año de nuestra vida y el sábado, Dios mediante, estaremos recibiendo un año nuevo para los anales de nuestro existir.

Está por moverse un dígito en nuestro cómputo de los años.

En los grandes almacenes, en las industrias y en todo tipo de empresas, éste suele ser el tiempo favorable para realizar inventarios, balances y programaciones. Así también debiera ser en nuestra vida.

Debiéramos aprovechar la virtud y singularidad de este tiempo para que todos hagamos un alto, y así dar una mirada hacia lo que ha sido nuestro recorrido, no para que desandemos los pasos andados, sino para que con ello nos dispongamos a corregir y fortalecer lo que haya que mejorar, o simplemente continuar con un camino que hemos constatado que es el adecuado. Es el tiempo también para que dirijamos la mirada hacia delante analizando la textura del camino que se avecina, y así proveernos de las herramientas necesarias.

3.- En primer lugar, hoy es tiempo de inventariar. Se trata de que cada uno de nosotros sea capaz de valorar lo que tiene, y así valorándolo, que nos dispongamos a cuidarlo y agradecerlo.

Es tiempo de tomar una hoja de papel y un bolígrafo, para hacer una lista honesta, sensata y justa de los beneficios con que Dios nos ha obsequiado y privilegiado durante este año 2004 que concluye. Solamente, entonces seremos capaces de agradecerle a Dios por cada una de las realidades que poseemos, por nuestros seres queridos, por nuestros logros, por sus bendiciones y por lo que somos cada uno de nosotros.

Es tiempo de que cada uno de nosotros urgue en cada uno de los rincones de la existencia y desempolve los talentos de Dios. Revisemos todos nuestros estantes y registremos en esa lista cada uno de nuestros dones. Y es que, hay tantas cosas a las que nos hemos acostumbrado en la vida diaria y que solamente al volver a considerarlas, podremos entenderlas como “activos” de nuestra propia existencia.

¿Sabes? Hace no mucho tiempo leía un artículo de Benjamín Stein en “El Espectador Americano” que tocaba el tema de la riqueza y se preguntaba:

¿Cuánto dinero debe uno tener para ser considerado rico en nuestra sociedad? Las cifras, que andan por los millones, varían. Pero yo pienso en toda la gente inmensamente rica que conozco, que no parece feliz. También en todos aquellos que sudan para pagar sus cuentas, y pese a ello son ricos.

Si puede usted compartir cualquier problema con su cónyuge, es rico. Si puede darse tiempo para dialogar con sus hijos, es rico. Si puede mirar de frente a sus padres, convencido de haberles retribuido aunque sea en mínima parte lo que ellos le dieron, es usted rico. Si puede tomarse una tarde libre para salirse al cine con su familia, es usted rico. Si puede decir con toda honradez que no tiene nada que esconder, es usted verdaderamente rico”.

Amigos: Seamos positivos, hagamos una lista de nuestras cualidades, inventariemos las virtudes y seamos agradecidos con Dios. Es tiempo de agradecer por la familia, los hijos, la vida, la fe, la salud, la amistad, el trabajo, los estudios... y tantas cosas más.

4.- Después de inventariar, hoy es también un tiempo ideal para que hagamos balances en las cosas que en nuestra existencia vamos haciendo.

Es conveniente en este renglón que hablemos de un factor que nos ayuda a no perder nuestra objetividad: el manejo de los promedios.

Entendamos que no todo se hace de una sola pieza, la existencia no es monolítica, nuestra vida no consiste en una sola escena, ¡gracias a Dios!; más aún, puedo decir que ni cada hora ni cada día nos ofrecen una felicidad uniforme. Más bien, en la felicidad hay ciertas alzas separadas por momentos que suelen ser sumamente difíciles.

Te lo explico con términos que puedes entenderme:

En el deporte ¿Qué es un promedio de bateo? Un jugador que logra un promedio de .300 es considerado como un bateador excelente. Eso significa que hace tres hits de cada diez viajes a la base, en donde tienen por lo menos tres oportunidades en cada viaje. Ellos, las grandes estrellas, también tienen turnos, y muy frecuentes, en que los hacen “abanicar”.

Un elemento que nos puede ayudar a iniciar con mejor actitud este año 2005, que Dios está por obsequiarnos, es el que seamos más flexibles en nuestra propia vida.

Trata de permitirte un margen en tus metas y planes: no exijas un promedio de bateo de 1.000 en tus metas ni mucho menos en las de tus seres queridos. Después de todo, la perfección no es una característica “humana”, sino sólo un ideal aquí en la tierra y un proyecto de eternidad.

¿Sabías tú que Michael Jordan, que fue considerado el deportista del siglo XX por un canal de la televisión privada, tenía en ese entonces un 54 % en efectividad de tiros de campo? ¡No seas tan intransigente contigo mismo!

Hay promedios de efectividad en el fútbol americano, en el golf, en el tenis, en el boxeo y en cualquier disciplina. Lo anterior también se aplica a las ventas, a lo profesional, a la vida académica y a cualquier negocio.

Incluso nuestra vida cristiana tiene esta consideración: La vida eterna, de ordinario, no se gana ni se pierde en un día sino con la suma y el promedio de la vida de todos los días. ¡Bendito sea Dios! En lo personal tengo algunos, o mejor dicho, muchos días en que al terminar la jornada y al hacer mi examen de conciencia me encuentro con situaciones de las que me siento avergonzado, hay actuaciones mediocres que quisiera cortar en una especie de edición cinematográfica. Sin embargo, lo anterior me empuja a pedirle perdón con humildad al Señor y a acercarme al sacramento de la confesión, y a suplicarle a Dios que me permita un día más de vida y la posibilidad de mejorar mi “promedio de bateo”.

La vida cristiana tiene días e incluso años de dificultades. Al hablar de la vida cotidiana tenemos que entender también que no todos los esfuerzos se ven coronados por la felicidad o por el éxito.

Al revisar el año que está terminando, quizá podamos encontrar momentos difíciles y de sufrimiento, momentos de incertidumbre y de dolor. Momentos que nos han parecido eternos. En nuestros días hay horas de luz y las hay de oscuridad, en el ciclo de las estaciones de mi vida hay primaveras, pero también ha existido el verano, el otoño y el invierno. Entendamos que así se configura el día con sus 24 horas, y que cada año tiene sus cuatro estaciones.

Pero, pasemos del promedio al balance. Hoy tengo que hacer mis balances: ¿A nuestros seres queridos les he dado más abrazos, que gritos?, ¿Les he dado más correcciones, que felicitaciones a mis hijos?, ¿Les he dado más noticias tristes, que alegres a mis padres?, ¿Con mis hermanos son más nuestros encuentros, que nuestras distancias?, ¿En la vida diaria han sido mayores mis obras, que mis omisiones?

5.- Finalmente, hoy es un tiempo propicio para nuestras programaciones, es el tiempo de planear. Pero en esto, seamos cautos y aprendamos a hacer planes realistas para nuestra vida.

El hombre sueña en proporcionar grandes aportaciones a su propia familia, a su sociedad y a la humanidad, y se olvida de la verdadera aportación que todo hombre, la sociedad y la humanidad tienen necesidad: formar hombres de bien, formar familias como Dios nos manda.

Son sobradas las ocasiones en que pensamos solamente en los grandes heroísmos y nos vamos olvidando de los heroísmos de la vida diaria. Muchos de nosotros a fuerza de pensar en lo extraordinario vamos olvidando la importancia que tiene lo ordinario. Recuerda, por favor, que es allí en lo ordinario en donde se construye la vida, se consigue la santidad y... la vida eterna.

Nuestra vida será insatisfactoria, no tanto porque sea breve, sino porque no la vivimos a la altura de nuestra aspiración más elemental y más profunda. Marco Aurelio lo decía con su erudición: “Escrito está que una vida inútil, es en mucho peor que una muerte prematura”.

Amigo: ¡Ojalá comprendieras que nuestra verdadera muerte no será tanto el morir sino el dejar de creer, el dejar de amar, el dejar de crecer...! ¡Y ésto se puede dejar de hacer a cualquier edad y en cualquier momento!

6.- Antes que nos den un abrazo y de que muchos repitan un saludo de bienaventuranza temporal, prefiramos que sea Dios quien nos desee “un feliz año”.

Dios es, antes que nadie, quien hoy nos manda las mejores felicitaciones al regalarnos esa posibilidad de iniciar un nuevo año. ¡Y todo eso se recibe con el solo hecho de sonreírle a un nuevo día y de continuar en esa misma actitud durante todo el año! ¡Ojalá, valoráramos cada día que Dios nos da!

¿Sabes? La felicitación de parte de Dios se llama bendición, por ello te deseo que Dios sea el que te felicite.

La bendición de Dios es algo en mucho más grande e importante que una vaga felicitación. La bendición de Dios es eficaz, poderosa y creadora. Dios es la fuente de la vida y al bendecirnos nos comunica la misma vida.

Te deseo: ¡Feliz año nuevo y que Dios te bendiga!

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