| 1.-
Muy queridos amigos (as):
La narración del Evangelio sitúa al cristiano en su
contexto vital enfrentando una etapa o varias etapas en medio de
cataclismos y desgracias, y el Señor nos lanza una invitación:
mantenernos firmes para así conseguir la vida.
Y es que nuestra existencia cristiana si bien tiene su desarrollo
en la mar-océano del tiempo y del espacio, posee una esperanza:
finalizar su ruta en la eternidad. No obstante, mientras estamos
navegando en nuestra travesía, alguna vez el mar de la vida
se muestra manso y, en no pocas ocasiones, se manifiesta furioso
y hasta violento. Las bitácoras no engañan, y nuestra
nave, ocasionalmente, lleva el viento en popa y, en otros momentos,
la ráfaga azota amenazadoramente contra la proa. Se trata
de la mar de nuestra vida que, por momentos, se porta avaro negándonos
el alimento y en otros pareciera vomitar los peces.
Se trata una vida que no debe amilanarse por un simple temporal
en altamar, de los muchos que ha vivido cualquier pescador. Mucho
menos, si se está consciente de que es el Señor mismo,
el que viaja en nuestra barca, aquel que nos invita a mantenernos
firmes en medio de las dificultades para que logremos triunfar ante
las situciones difíciles de la vida.
2.- Los momentos difíciles no hay
que inventarlos uno. Las crisis y las tentaciones de la fe, los
cataclismos y las desgracias, se dan en la vida misma:
el aparente silencio de Dios, la persistencia del mal, la impopularidad
de la misma fe, nuestras frustraciones de todos los días,
los cansancios, la enfermedad, el hambre, el desempleo, el abandono,
la soledad, la muerte del ser querido, la fractura de nuestra familia...
Ahí es donde uno o se mantiene firme o de desmorona; ahí
es donde la fe en nuestros vasos de barro, o se consolida o se derrama.
Dice San Agustín: ¿De
qué te sirve creer con la voz en Áquel que niegas
por las obras?
¿Será cierto eso de las tormentas?, ¿eso de
los cataclismos?, ¿eso de las desgracias? ¡Más
de lo que te puedes imaginar! Escribía el Marqués
de Maricá: “Hay más
tempestades dentro de nosotros mismos que en la tierra o en el mar.”
Si se mantienen firmes, ¡vivirán! Aquel que dice que
nuestra vida cristiana es fácil, ¿o no la conoce o
no ha sido capaz de practicarla?
3.- La diferencia del cristianismo se encuentra, no en que
si nuestra vida pudiera tener o no tormentas, la diferencia está
en nosotros. Nuestro mundo no cambia en la cercanía
con Dios, quienes cambiamos somos tú y yo. En nuestros jardínes
también se descargan los nubarrones,... y en nuestro suelo
se experimentan los cataclismos, en nuestros hogares también
hay desgracias...
¿Sabes? Ahora que el vecino país del norte ha reelegido
a su presidente, me estaba acordando de aquella que fue su primera
jefe del tesoro, Rosario Marín, aquella a quien entrevistó
la televisión de nuestra patria, y estaba recordando sus
declaraciones,... mujer de la Acción Católica cuando
joven y que se enamoró de un joven militante de la Acción
Católica, un joven lleno de Dios, a quien ella admiraba y
le pedía a Dios casarse con alguien como él, y se
lo concedió, se casó con aquel joven líder
en la vida cristiana, y cuando vinieron los hijos,... se encontró
con un hijo especial. Ella manifiesta que veía a su hijo
y le consideraba un castigo de Dios. Dios le ayudó a cambiar
su apreciación, hasta llevarla a convertirse en una activista
en defensa de la vida humana,... ella menciona que ahora le ve como
un regalo, y menciona: “sé que en ocasiones estos regalos
vienen en envolturas que nos desagradan, con arrugas, en ocasiones
el papel está sucio o el moño se empieza a deshilar.
Yo le preguntaba a Dios en mis oraciones, el ¿por qué
a nosotros?,... hasta que un día mi esposo me escuchó
en mis plegarias, y me dijo: “pregúntate ¿Y
por qué a nosotros no?”
4.- Muy queridos amigos:
Considero que todos los seres humanos también tenemos nuestras
estaciones. Y afirmo que existe entereza en aquellas personas que
son capaces de soportar los helados vientos de las dificultades
y aquellas tormentas que asaltan el corazón, y que tienen
la resistencia y la fortaleza de carácter para aguardar serenamente
los días de abril.
5.- ¡Oye! ¿Has leído alguna vez a Isaac
Bashevis Singer?, se trata de un cuentista nobel de literatura
en 1978. Su característica principal radica en esa capacidad
de ubicar en los animales, los árboles y todo tipo de cosas
las diferentes situaciones humanas.
Isaac tiene un cuento titulado OLE Y TRUFA, en
el que nos narra el dolor provocado por la separación de
los esposos, y para ello se sirve del diálogo de dos hojas
que penden de un árbol durante una fuerte ventisca.
“Se trataba del mes de noviembre en el que todo el bosque
estaba tachonado de hojas caídas: algunas amarillas como
el azafrán, otras rojas como el vino, otras más del
color del oro. El viento y la lluvia habían derribado las
hojas, unas durante el día y otras durante la noche, habían
convertido aquellas hojas en una espesa alfombra en la floresta.
En la copa de un árbol que había perdido todas sus
otras hojas, dos hojas permanecían aún colgando de
una ramita: eran Olé y Trufa. Sin que supieran por qué,
Olé y Trufa habían sobrevivido a todas las lluvias,
a los gélidos vientos y a las noches frías. ¿Quién
sabe la razón por la que una hoja caiga y otra permanezca
en la rama? Pero Olé y Trufa creían que la razón
estribaba en el gran amor que se profesaban mutuamente.
Olé era un poco más grande y unos cuantos días
más grande que Trufa, pero Trufa era espigada al mismo tiempo
que delicada. Poco puede hacer una hoja por otra cuando sopla el
viento, arrecia la lluvia o golpea con fuerza el granizo. No obstante,
Olé animaba constantemente a Trufa. Durante las peores tormentas,
en que el rayo atronaba, el relámpago fulguraba y el viento
no sólo arrancaba las hojas, sino también las ramas
enteras, Olé instaba a Trufa: “¡No te sueltes,
Trufa! ¡Aférrate con todas tus fuerzas!”
A veces, en noches tormentosas y heladas, Trufa gemía:
-Llegó mi hora, Olé, ¡pero tú no te sueltes!
-¿Para qué? –replicaba Olé-. Sin ti,
mi vida no tiene objeto. Si tú caes, yo caeré contigo.
-¡No, Olé! ¡No hagas eso! Mientras una hoja pueda
sostenerse, no debe ceder.
-Todo depende de que sigas tú a mi lado –insistía
Olé-. Te veo a la luz del día y admiro tu belleza.
De noche aspiro tu fragancia. ¿Ser yo la única hoja
prendida a un árbol? ¿De qué me serviría?
-Tus palabras son muy dulces, Olé, pero no verdaderas. Bien
sabes que ya no soy bonita. ¡Mira cuántas arrugas tengo,
y cuánto me he marchitado! Sólo una cosa me queda:
mi amor por ti.
-¿Y no es eso bastante?- prosiguió Olé- Mientras
tú y yo nos amemos, aquí seguiremos, y ningún
viento, ninguna lluvia ni tormenta podrán destruirnos. Te
diré una cosa, Trufa: jamás te he amado tanto como
te amo ahora.
¿Por qué, Olé? ¿Por qué? Mira:
estoy toda amarilla.
¿Quién dice que el verde es bonito y feo el amarillo?
Para mi tú eres hermosa, todos los colores son hermosos en
ti.
Acababa Olé de pronunciar estas palabras, cuando ocurrió
lo que Trufa había temido todos esos meses: surgió
una ráfaga de viento y arrancó a Olé de la
rama. Trufa empezó a temblar y a oscilar hasta que parecía
que también sería arrancada del árbol; pero
se sostuvo con firmeza. Vio que Olé caía y oscilaba
en el aire, y le gritaba, en el susurro que provoca el viento en
su contacto con las hojas: “¡Olé! ¡Regresa!
¡Olé! ¡Olé!, no te vayas...
6.- Muy queridos amigos: Si se mantienen firmes, vivirán.
Nuestras situaciones de desgracia, dificultades y adversidades se
convierten en el momento en que se prueba el oro en el crisol y
la ocasión para mostrar la solidez de nuestras construcciones.
La dificultad para el cristiano es como la roca para la mar: el
momento adecuado para mostrar su majestuosidad a través de
las olas. La mar, como nuestra vida, también tiene su flujo
y su reflujo. Nuestra vida, como el corazón y todo lo que
tiene vida y ofrece vida, tiene sus diástoles y sus sístoles.
Y Dios nos invita a no desfallecer, a mantenernos firmes para conseguir
la vida verdadera. No te desesperes, ya que es inevitable para aquel
que camina tropezar en alguna ocasión.
El que está sentado nunca tendrá tropiezos, pero tampoco
tendrá avances.
Ni siquiera el sol puede evitar que
un nubarrón lo oculte en ocasiones, pero la nube no sella
su destino. Debemos aprender a ser firmes.
FIRMEZA
EN LO HUMANO Y EN LO CRISTIANO
“En aquel tiempo, como algunos
ponderaban la solidez de la construcción del templo y la
belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo:
“Se levantará una nación contra otra y un reino
contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos,
epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales
prodigiosas y terribles.
Pero antes de que todo esto suceda
los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán
a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparacer
ante reyes y gobernadores por causa mía. Con esto darán
testimonio de mí”.
1.- El Señor nos
ha enviado a la vida y nos ha advertido sobre las dificultades existentes,
y nos invita a ser fieles, mantenernos firmes, no dejarnos llevar
por el pánico.
Se nos invita a confiar plenamente en Aquél que lo puede
todo, y para muestra basta un botón: Ningún
cabello de tu cabeza se cae sin el consentimiento de su voluntad.
En los momentos difíciles la confianza será nuestra
mejor dama de compañía, aquella que puede hacer brotar
la viril gallardía, aquella que nos puede hacer mantenernos
firmes.
Se trata de una vida de fe auténticamente cristiana, en la
que la fe nos ayuda para que en los momentos de oscuridad no neguemos
aquellas cosas que hemos contemplado en nuestros episodios de luz.
¡Mantenerse firmes!
2.- ¡Qué contradicción! ¿No te
parece? El mundo nos prepara para competir e iniciar un continuo
proceso de mejoramiento en todas las áreas, ¡bueno!,
casi en todas,... menos en nuestra dimensión personal.
Hoy se nos habla en todas partes de la excelencia y de la calidad:
Las Normas Oficiales Mexicanas han dejado el paso libre a las ISO,
que marcan estándares mundiales de competitividad, y a otras
variantes cada vez más complejas de certificación.
Tú y yo sabemos que la calidad y la excelencia se deben respaldar
por las más difíciles pruebas... Y, ¡Qué
extraño! ¿No te parece? El hecho de que a pesar de
que este es nuestro medio ambiente, nosotros no le entendamos al
Señor que nos invita a ser cristianos de calidad y, por ende,
a que sepamos sobreponernos a los cataclismos y a las dificultades.
Pero,... somos tantos los que ni siquiera quisiéramos correr
el más mínimo de los riesgos, cualquier tipo de pruebas
nos parecen detestables, o por lo menos injustas, ya que quisiésemos
graduarnos de la universidad de la vida habiendo sido excentados
en todos los exámenes y por todos los mentores. Cómo
si fuésemos unos de esos deshonestos alumnos en el colegio
de la existencia, quisiésemos plagiar los trabajos, y tener
antes del período de la evaluación todo tipo de información
sobre los exámenes que habrán de venir, para así
ufanarnos de unos resultados que no son meritorios en aquello en
lo que no nos hemos preparado, o bien quisiéramos tener la
posibilidad de comprar fraudulentamente la complicidad de nuestros
sinodales.
3.-Y el Señor nos invita a que no le tengamos miedo
a la incertidumbre que acompaña nuestra vida. "El
fruto de la timidez y del miedo es cero pérdidas y cero ganancias".
Es decir, resultados nulos, tiempos invertidos en la nada y en la
vida. Esto equivale a no vivir. No nos quebremos, debemos mantenernos
firmes, para poder vivir en esta vida y en la vida eterna.
4.- El Evangelio no nos engaña. Una de las realidades
de nuestro mundo marcado bajo el signo del pecado es la de todas
esas situaciones imprevisibles, incluyendo el posible apersonamiento
del mal, el cual al mismo tiempo que es problema es un misterio.
Voltea a mirar a tu alrededor. ¿Te
das cuenta? Hoy hay tantas manifestaciones del mal:
primero el mal cósmico manifestado en los azotes de la naturaleza
como los terremotos, volcanes, huracanes, ciclones, tifones, maremotos,
inundaciones, sequías...; segundo el mal físico manifestado
en la enfermedad, mutilaciones, malformaciones, la muerte...; tercero
el mal psíquico manifestado en las depresiones, obsesiones,
angustias, traumatismos, psicopatías, esquizofrenia, paranoias,
e incluso las adicciones que reúnen también lo físico...;
cuarto en el mal moral como es la mentira, el odio, el rencor, la
envidia...
Y, fuera de esa firmeza que nos ofrece la fe para obtener la vida
verdadera, hoy se han favorecido dos formas de respuesta ante la
problemática causada por el mal: o nuestra indiferencia o
nuestra rebeldía.
Primero, nuestra indiferencia que suele ser anestésica y
hasta cobarde; nos encargamos de maquillar las situaciones, armamos
escenografías para esconder la realidad del dolor humano,
disimulamos resignación o manifestamos incomprensión:
es que las cosas no son tan graves,... el mundo siempre ha estado
igual de mal,... ¡bueno! y a mí que me importan los
demás, ¡qué se rasquen con sus uñas!...
Y, no obstante, no todo es indiferencia, algunos reaccionamos con
nuestra rebeldía. Se trata de una angustia ante el mal. Se
trata de situaciones equiparables a aquello que hizo el poeta francés
Isidoro Ducasse, llamado Conde de Lautréamount, autor de
los “Cantos de Maldoror” quien agobiado por el propio
mal, a sus 24 años se suicida no sin antes escribirle a Dios:
“Contempla por toda la eternidad el sacrificio que no has
merecido”.
Nuestra rebeldía quiere ser la condenación de Dios
en nombre de la justicia y del horror del mal...
5.- Y, en lugar de mantenernos firmes en la fe, nos mostramos
renuentes y hasta evasivos.
El hombre ha querido suprimir a Dios para corregir el mal y entonces
han surgido nuestras ideologías. Y, no se da cuenta de que
al rebelarse contra Dios y al marginarle de sus pensamientos y de
sus sentimientos, el hombre se hace capaz de las peores abominaciones:
a nombre del marxismo surgió el Archipiélago Gulag,
a nombre del nacismo se desprenden los campos de Auschwitz, aun
el progreso nos ha requisitado la vida de muchos hombres sacrificados
en áras del desarrollo y hoy se permite la muerte de los
inocentes en gestación o en jubilación. Todo esto
en nada se compara con los peores asesinos de William Shakespeare
que sólo se limitaban a una docena de cadáveres.
¡Aunque tú no lo creas¡ Nuestra solución
contra el mal se encuentra en Getsemaní y en el Gólgota,
el hombre no podrá encontrar mejor solución que ahí.
Se trata de la locura de Dios en la cruz que soluciona todas las
otras locuras del hombre.
6.- Mantenernos firmes para obtener la vida. Y es que la
vida eterna, tal como Cristo quiso presentárnosla, la tenemos
qe entender como paga, retribución, trofeo, corona. Dios
la da a los que se mantienen firmes.
Pero, para obtenerla es necesario comprender que se trata de no
evadir y de no fugarnos. Se trata de no autoengañarnos ni
con quimeras ni de idiotizarnos con verdaderos alucinógenos
del mundo postmoderno que auténticamente se han convertido
en el verdadero opio de nuestro pueblo.
¡No nos engañemos! Existe un mundo ideal y un mundo
real. Los jóvenes a menudo anhelan la libertad y la independencia
como algo bueno en sí mismo, sin las trabas de las obligaciones
y del deber.
El mundo real es el del contexto de las responsabilidades para con
los padres y la familia, los amigos y las autoridades, los individuos
y las instituciones. Ese mundo adulto, meta de los ardientes deseos
juveniles, es también un mundo donde la libertad es modificada
en gran medida por las circunstancias, y por los deberes y las limitaciones
concretas. Sólo en este mundo real de la vida diaria –no
en una esfera ideal- existe la libertad.
Y hay quien niega la libertad, y al negar la libertad se niega la
responsabilidad, y con ello nuestra firmeza se convierte en manipulación,
y la solidez desaparece para ser suplantada por la conveniencia.
7.- ¡Que extraño! Mucho se ha hablado recientemente
sobre el pecado, el crimen, y la vieja y llana conducta antisocial.
Lo extraño es esa forma defectuosa en que se habla
de estas conductas. Al parecer ya no se utiliza la palabra “malo”,
y por lo tanto ya no hay pecado, y desaparecemos los pecadores,
y un día desapareceremos todos, si las cosas siguen así.
El concepto “malo”
nos parece molesto, ya que se le acusa de tener un matiz represivo,
discriminatorio, oscurantista y anticuado. Y así, los hombres
hemos creado toda una amplia gama de alternativas para suplantar
lo bueno y lo malo.
Primero, lo referimos como “lo
tonto”. Y así le llamamos a algo reprensible
que halla hecho alguien principalmente de nuestra familia o uno
de nuestros amigos. Lo malo es lo tonto; lo pasmosamente tonto y,
por ende, lo insondable; por ello, convenencieramente, nos abstenemos
de todo esfuerzo por comprenderlo.
Segundo, referimos lo malo como “la
ocurrencia”. Y así le llamamos a nuestras
acciones o las de nuestros seres queridos, que en otras circunstancias
en las que hubiésemos sido los afectados, nos hubiéramos
llenado de ira, y hubiésemos pedido la pena capital contra
los culpables.
¡Vaya!, no es para tanto, sólo fue una ocurrencia –El
niño estaba jugando- responde la mamá, cuando discute
después de que su pequeño le ha dado un golpe a otro
niño con algún juguete. Y el día de mañana
cuando el joven siga siendo niño y cuando tenga otro tipo
de juguetes, seguirá jugando, y seguirá con sus ocurrencias.
Tercero lo referimos como “lo
enfermo”. Se califican los delitos como trastornos
físicos y/o psicológicos. Este tiempo de suposición
en las que una persona actúa impulsada por una enfermedad,
y no por una elección moral, es explotado en muchas circunstancias
para exonerar a los clientes de los que pueden pagar un mezquino
abogado de todo tipo de actos delictivos, porque actuó en
un momento de enfemedad,... pero ya que se le ha levantado el arraigo
y se le dio la absolución, anda tan sanito en nuestras calles.
Y finalmente, culpamos a “las
cirscunstancias”. Las circunstancias lo hacían
inevitable. De esta manera en una situación verdaderamente
grave, se buscarán siempre circunstancias atenuantes.
8.- Cuando escucho los argumentos morales que giran alrededor
de nosotros en estos días, me convenzo cada vez más
de que nuestro verdadero problema es este: “la
vocecita interior” de la conciencia se ha
vuelto demasiado tenue... y demasiado sigilosa. Lo anterior, sin
olvidar que ya no nos importa escuchar la voz de Dios, antes que
la de los hombres.
¿Cómo vamos a mantenernos
firmes si no lo somos y no hemos aprendido a escuchar al Dios que
se mantuvo firme hasta dar la vida por nosotros?
DESEMBARCO
Y VICTORIA.
“En
aquel tiempo, Jesús dijo: Grábense bien que no tienen
que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras
sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún
adversario de ustedes.
“Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos,
parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos
los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá
ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes,
conseguirán la vida”.
.
1.- Muy queridos amigos:
En Jesucristo, Verbo encarnado y Siervo doliente, la eternidad y
el tiempo se han entrelazado y el espacio y la gloria se han familiarizado.
Una historia que vislumbra la eternidad y una eternidad que se hace
historia se han escrito con la pluma del tiempo sacando tinta sangre
del costado del Redentor, y utilizando el breve espacio del códice
de la cruz para mostrarnos esos contenidos perennes que transforman
la vida de todo hombre que haya venido a este mundo.
La cruz en el Gólgota del mundo se nos ha mostrado como garantía
de un mensaje que nos dispone a enfrentar las situaciones más
difíciles, incluyendo las heridas que pudieran provocarnos
los más cercanos. Y aquí, la firmeza es, al mismo
tiempo, nuestra vocación y nuestra respuesta ante cualquier
situación de nuestro existir.
2.-Y en este, tu existir y mi existir, nuestra muerte se
convertirá en la última prueba de nuestra fe en la
vida verdadera que esperamos conseguir.
A ejemplo de Cristo, hay que mantenerse firmes en la vida para ser
merecedores de la gloria.
Y es que nuestra muerte se enfrentará sin títulos,
ni cargos, ni funciones, en la absoluta desnudez, bueno ¡casi
en la total desnudez!, puesto que sólo llevaremos un lienzo
que aparentará ser nuestra mortaja pero que se convertirá
en la túnica para poder ingresar a la fiesta de la vida.
3.- Ninguna otra cosa nos acompañará más
que el suave lienzo de nuestras obras...
¿No sé si lo hubieses escuchado en otra parte? Pero
se cuenta que en el entierro de los emperadores austriacos, el pueblo
solía llevar en hombros el ataúd ante la Iglesia de
los monjes capuchinos en Viena. Allí ante la puerta cerrada
se daba el siguiente diálogo:
¿Quién es? –Preguntaba el prior desde dentro
a la multitud.
El emperador Alberto, Rey de Austria y de Hungría.
Aquí no conocemos a esa persona – respondía
el Prior.
Idéntico diálogo se repetía por segunda vez.
¿Quién es? –Preguntaba de nuevo el prior desde
dentro a la multitud.
El emperador Alberto, Rey de Austria y de Hungría- volvían
a responder.
Aquí no conocemos a esa persona – reiteraba el Prior.
A la tercera, el pueblo en masa sólo gritaba el nombre escueto
del emperador.
¿Quién es? –Preguntaba el prior desde dentro
a la multitud.
Alberto.
Sólo entonces se abría la puerta.
El lienzo de las obras es lo único qe nos acompaña,
la muerte nos ayudará a quitarnos el maquillaje y a dejar
a un lado nuestras máscaras. Verdad que enseñaba Pedro
Calderón de la Barca a su manera:
“
Acabóse la comedia,
y como el papel se acabe,
la muerte en el vestuario
a todos nos hace iguales”
O como lo decían los latinos:
“ Terminado el juego de la vida
el rey y el peón regresan a la misma caja”.
4.- Y no obstante, junto con lo inevitable, nada tan personal
como nuestra muerte y al mismo tiempo nada tan desconocido y antojablemente
extraño.
Y, aún así, es en esta situación decisiva de
la vida en la que somos insustituibles,... “se cuenta que
el buen rey Dagoberto le preguntaba angustiado a san Eloy a la hora
de su muerte si no podría morir por él”.
No se trataba de morir con él o de morir él, lo que
sería duro pero posible, sino “de morir por él”.
Y esto es imposible. Cada cual de nosotros debe desde lo humano
cultivar y morir su propia muerte y desde lo cristiano debe sembrar
la semilla de una cosecha de eternidad, sin tenerke miedo a los
riesgos de la vida, aunque algunos quisiéramos borrar el
factor incertidumbre de nuestras posibilidades y, sí fuera
posible, el factor riesgo de nuestras realidades.
Y no nos damos cuenta de que el riesgo es un factor humano ante
nuestra incapacidad humana de conocer todos los factores en la composición
de una empresa, aún los cataclismos..., y esto se da en todos
los aspectos.
5.- Todos nosotros recordamos con júbilo y hasta
con asuetos inmerecidos aquel memorable 12 de Octubre del año
1492 como una fecha trascendente. Conocemos desde la infancia
que la flotilla de carabelas de Cristóbal Colón navegó
en pos de la desconocida, incierta y aterradora frontera del Nuevo
Mundo, y luego regresó a casa, con grandes descubrimientos
y les recibieron como héroes. Pero casi todos hemos olvidado
que ese triunfo del pionero Colón no estuvo excento de un
costo. Cuando el navegante se hizo a la mar partió con tres
naves: La Niña, la Pinta y la Santa María. Al viejo
continente sólo regresó con dos, la otra la perdió
en la aventura.
¡Ninguna empresa humana está excenta de enfrentar riesgos
y dificultades!...Mucho menos la empresa de la salvación
eterna. Y la invitación es a ¡Mantenerse firmes!
¡Oye!, por favor no te asustes, no seas tan pusilánime
¿Y qué es la santidad en el mundo sino la vida de
bautizados con voluntades firmes iluminadas por la gracia de Dios,
personas que han sido dóciles a los impulsos de Dios en la
vida interior, pero que han puesto la parte que les correspondía
en su propia historia de salvación sin tenerle miedo a...
los cataclismos y desgracias?
6.- En esta semana que estuve en ejercicios espirituales,
las actividades personales y para compartir me hicieron recuperar
un sinfín de situaciones de mi historia. Recordaba
aquella mañana de 1982 cuando nuestro entonces Arzobispo,
Don José de Jesús Tirado y Pedraza agradecía
en una celebración eucarística en el Seminario Menor
de la Casa de Corregidora por sus cincuenta años de vida
sacerdotal.
Recuerdo, cuando aquel hombre de Dios, pastor de nuestra Iglesia
diocesana, célebre Rector de un Seminario de Morelia famoso
por su oratoria sagrada decidió predicar, cuando en sus manos
no podía mantener sin movimiento el micrófono como
tampoco podía mantener en sus manos sin riesgo de derramarse
el caliz con la sangre preciosísima de Cristo, aquel hombre
que nos predicó inusualmente sentado hizo un recuento de
su vida, y concluyó con un texto de un célebre exseminarista:
Muy
cerca de mi ocaso yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida.
Porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas.
Cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas,
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fuí amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
Escuchar a nuestro entonces arzobispo pronunciar este poema arrancó
las lágrimas hasta de las piedras de aquel templo. El señor
Tirado cumplió en los momentos alegres y en los tristes,
en los días de dicha y en los de desdicha, en las jornadas
fastas y en los nefastas, en la salud y en la enfermedad, en los
días de luz y en los de oscuridad.
7.- Se trata de: ¡Obtener ya desde ahora la vida!,...
siendo firmes.
Sin duda, la humanidad debe pasar todavía por una “ruptura”,
a fin de entrar en la gloria plenamente manifestada de Dios. Pero,
“en definitiva”, la vida que nos es prometida en Dios
no es diferente de la que nos hace vivir ahora: nosotros tenemos
la vida eterna si nos mantenemos firmes. Y aunque el Evangelio de
hoy es de san Lucas, la Teología es de san Juan.
Entre el misterio de Cristo vivido hoy en la gracia y el misterio
de Cristo en gloria, cuando Dios se manifieste todo en todos, no
hay diferencia esencial; hay solamente la distancia entre lo que
todavía se está realizando, pero sin poder regresar
al punto de partida, y lo que está totalmente realizado.
8.- Este año que estamos por finalizar hemos celebrado
los 60 años del día “D”. Acontecimiento
que tiene que referirse a un dato que popularizó Oscar Cullman
tras la segunda guerra mundial, utilizando la imagen expresiva del
día D y del día V. El día D era el del desembarco
de las tropas aliadas en Normandía y el día V el de
la victoria final. Una vez que el desembarco había tenido
éxito, ya se podía considerar ganada la guerra. El
éxito era irreversible contra los alemanes. Sin embargo,
la guerra continuaba, con su cortejo de drama y de muerte. Solamente
el día V, la paz tan anhelada podrían abrirse a una
era de verdadera felicidad.
Esta perspectiva debe cambiar nuestra manera de ver la vida presente
y la vida que esperamos. El cristiano no se encuentra dividido entre
los dos polos de un falso dualismo: o entregarse a las tareas temporales
o preparar la vida eterna; o encerrarse en un “horizontalismo”
plano, o confiscar las energías al servicio de una “verticalidad”
engañosa. Porque si lo “definitivo” está
ya presente en una vida que pide firmeza, esto quiere decir también
que lo que hacemos en esta vida tiene un valor definitivo y puede
entrar en la gran corriente de la salvación. Ya no existe
ruptura entre el tiempo y la eternidad: gracias a Cristo, el tiempo
ha engendrado la salvación eterna. Nuestras libertades son
capaces también de comprometerse en un proyecto eterno.
9.- En este sentido me agrada la apreciación que
sobre este tema hace el padre Louis Evely: “Nosotros
los cristianos no creemos en una vida futura sino en la vida eterna,
que es algo diferente. Porque si es eterna, es porque ya ha comenzado”.
No obstante, quisiera decir que es eterna y es futura: es eterna
porque se inició cuando se nos comunicó la vida sobrenatural
y es futura porque superará lo que en este mal espejo estamos
viendo, después de los cataclismos y dificultades.
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