Domingo 14 de Noviembre de 2004 _________Pbro. Rogelio Narváez Martínez

CATACLISMOS Y DESGRACIAS

“En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.

Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?” El les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: “Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado”. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que suceder, pero todavía no es el fin”.

Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles.

Pero antes de que todo esto suceda los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa mía. Con esto darán testimonio de mí.

Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.

Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.


Momento 2

Momento 3

1.- Muy queridos amigos (as):

La narración del Evangelio sitúa al cristiano en su contexto vital enfrentando una etapa o varias etapas en medio de cataclismos y desgracias, y el Señor nos lanza una invitación: mantenernos firmes para así conseguir la vida.

Y es que nuestra existencia cristiana si bien tiene su desarrollo en la mar-océano del tiempo y del espacio, posee una esperanza: finalizar su ruta en la eternidad. No obstante, mientras estamos navegando en nuestra travesía, alguna vez el mar de la vida se muestra manso y, en no pocas ocasiones, se manifiesta furioso y hasta violento. Las bitácoras no engañan, y nuestra nave, ocasionalmente, lleva el viento en popa y, en otros momentos, la ráfaga azota amenazadoramente contra la proa. Se trata de la mar de nuestra vida que, por momentos, se porta avaro negándonos el alimento y en otros pareciera vomitar los peces.

Se trata una vida que no debe amilanarse por un simple temporal en altamar, de los muchos que ha vivido cualquier pescador. Mucho menos, si se está consciente de que es el Señor mismo, el que viaja en nuestra barca, aquel que nos invita a mantenernos firmes en medio de las dificultades para que logremos triunfar ante las situciones difíciles de la vida.

2.- Los momentos difíciles no hay que inventarlos uno. Las crisis y las tentaciones de la fe, los cataclismos y las desgracias, se dan en la vida misma: el aparente silencio de Dios, la persistencia del mal, la impopularidad de la misma fe, nuestras frustraciones de todos los días, los cansancios, la enfermedad, el hambre, el desempleo, el abandono, la soledad, la muerte del ser querido, la fractura de nuestra familia... Ahí es donde uno o se mantiene firme o de desmorona; ahí es donde la fe en nuestros vasos de barro, o se consolida o se derrama. Dice San Agustín: ¿De qué te sirve creer con la voz en Áquel que niegas por las obras?

¿Será cierto eso de las tormentas?, ¿eso de los cataclismos?, ¿eso de las desgracias? ¡Más de lo que te puedes imaginar! Escribía el Marqués de Maricá: “Hay más tempestades dentro de nosotros mismos que en la tierra o en el mar.”

Si se mantienen firmes, ¡vivirán! Aquel que dice que nuestra vida cristiana es fácil, ¿o no la conoce o no ha sido capaz de practicarla?

3.- La diferencia del cristianismo se encuentra, no en que si nuestra vida pudiera tener o no tormentas, la diferencia está en nosotros. Nuestro mundo no cambia en la cercanía con Dios, quienes cambiamos somos tú y yo. En nuestros jardínes también se descargan los nubarrones,... y en nuestro suelo se experimentan los cataclismos, en nuestros hogares también hay desgracias...

¿Sabes? Ahora que el vecino país del norte ha reelegido a su presidente, me estaba acordando de aquella que fue su primera jefe del tesoro, Rosario Marín, aquella a quien entrevistó la televisión de nuestra patria, y estaba recordando sus declaraciones,... mujer de la Acción Católica cuando joven y que se enamoró de un joven militante de la Acción Católica, un joven lleno de Dios, a quien ella admiraba y le pedía a Dios casarse con alguien como él, y se lo concedió, se casó con aquel joven líder en la vida cristiana, y cuando vinieron los hijos,... se encontró con un hijo especial. Ella manifiesta que veía a su hijo y le consideraba un castigo de Dios. Dios le ayudó a cambiar su apreciación, hasta llevarla a convertirse en una activista en defensa de la vida humana,... ella menciona que ahora le ve como un regalo, y menciona: “sé que en ocasiones estos regalos vienen en envolturas que nos desagradan, con arrugas, en ocasiones el papel está sucio o el moño se empieza a deshilar. Yo le preguntaba a Dios en mis oraciones, el ¿por qué a nosotros?,... hasta que un día mi esposo me escuchó en mis plegarias, y me dijo: “pregúntate ¿Y por qué a nosotros no?”

4.- Muy queridos amigos:

Considero que todos los seres humanos también tenemos nuestras estaciones. Y afirmo que existe entereza en aquellas personas que son capaces de soportar los helados vientos de las dificultades y aquellas tormentas que asaltan el corazón, y que tienen la resistencia y la fortaleza de carácter para aguardar serenamente los días de abril.

5.- ¡Oye! ¿Has leído alguna vez a Isaac Bashevis Singer?, se trata de un cuentista nobel de literatura en 1978. Su característica principal radica en esa capacidad de ubicar en los animales, los árboles y todo tipo de cosas las diferentes situaciones humanas.

Isaac tiene un cuento titulado OLE Y TRUFA, en el que nos narra el dolor provocado por la separación de los esposos, y para ello se sirve del diálogo de dos hojas que penden de un árbol durante una fuerte ventisca.

“Se trataba del mes de noviembre en el que todo el bosque estaba tachonado de hojas caídas: algunas amarillas como el azafrán, otras rojas como el vino, otras más del color del oro. El viento y la lluvia habían derribado las hojas, unas durante el día y otras durante la noche, habían convertido aquellas hojas en una espesa alfombra en la floresta.

En la copa de un árbol que había perdido todas sus otras hojas, dos hojas permanecían aún colgando de una ramita: eran Olé y Trufa. Sin que supieran por qué, Olé y Trufa habían sobrevivido a todas las lluvias, a los gélidos vientos y a las noches frías. ¿Quién sabe la razón por la que una hoja caiga y otra permanezca en la rama? Pero Olé y Trufa creían que la razón estribaba en el gran amor que se profesaban mutuamente.

Olé era un poco más grande y unos cuantos días más grande que Trufa, pero Trufa era espigada al mismo tiempo que delicada. Poco puede hacer una hoja por otra cuando sopla el viento, arrecia la lluvia o golpea con fuerza el granizo. No obstante, Olé animaba constantemente a Trufa. Durante las peores tormentas, en que el rayo atronaba, el relámpago fulguraba y el viento no sólo arrancaba las hojas, sino también las ramas enteras, Olé instaba a Trufa: “¡No te sueltes, Trufa! ¡Aférrate con todas tus fuerzas!”

A veces, en noches tormentosas y heladas, Trufa gemía:

-Llegó mi hora, Olé, ¡pero tú no te sueltes!

-¿Para qué? –replicaba Olé-. Sin ti, mi vida no tiene objeto. Si tú caes, yo caeré contigo.

-¡No, Olé! ¡No hagas eso! Mientras una hoja pueda sostenerse, no debe ceder.

-Todo depende de que sigas tú a mi lado –insistía Olé-. Te veo a la luz del día y admiro tu belleza. De noche aspiro tu fragancia. ¿Ser yo la única hoja prendida a un árbol? ¿De qué me serviría?

-Tus palabras son muy dulces, Olé, pero no verdaderas. Bien sabes que ya no soy bonita. ¡Mira cuántas arrugas tengo, y cuánto me he marchitado! Sólo una cosa me queda: mi amor por ti.

-¿Y no es eso bastante?- prosiguió Olé- Mientras tú y yo nos amemos, aquí seguiremos, y ningún viento, ninguna lluvia ni tormenta podrán destruirnos. Te diré una cosa, Trufa: jamás te he amado tanto como te amo ahora.

¿Por qué, Olé? ¿Por qué? Mira: estoy toda amarilla.

¿Quién dice que el verde es bonito y feo el amarillo? Para mi tú eres hermosa, todos los colores son hermosos en ti.

Acababa Olé de pronunciar estas palabras, cuando ocurrió lo que Trufa había temido todos esos meses: surgió una ráfaga de viento y arrancó a Olé de la rama. Trufa empezó a temblar y a oscilar hasta que parecía que también sería arrancada del árbol; pero se sostuvo con firmeza. Vio que Olé caía y oscilaba en el aire, y le gritaba, en el susurro que provoca el viento en su contacto con las hojas: “¡Olé! ¡Regresa! ¡Olé! ¡Olé!, no te vayas...

6.- Muy queridos amigos: Si se mantienen firmes, vivirán.

Nuestras situaciones de desgracia, dificultades y adversidades se convierten en el momento en que se prueba el oro en el crisol y la ocasión para mostrar la solidez de nuestras construcciones. La dificultad para el cristiano es como la roca para la mar: el momento adecuado para mostrar su majestuosidad a través de las olas. La mar, como nuestra vida, también tiene su flujo y su reflujo. Nuestra vida, como el corazón y todo lo que tiene vida y ofrece vida, tiene sus diástoles y sus sístoles.

Y Dios nos invita a no desfallecer, a mantenernos firmes para conseguir la vida verdadera. No te desesperes, ya que es inevitable para aquel que camina tropezar en alguna ocasión.

El que está sentado nunca tendrá tropiezos, pero tampoco tendrá avances.

Ni siquiera el sol puede evitar que un nubarrón lo oculte en ocasiones, pero la nube no sella su destino. Debemos aprender a ser firmes.


FIRMEZA EN LO HUMANO Y EN LO CRISTIANO

“En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles.

Pero antes de que todo esto suceda los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparacer ante reyes y gobernadores por causa mía. Con esto darán testimonio de mí”.

1.- El Señor nos ha enviado a la vida y nos ha advertido sobre las dificultades existentes, y nos invita a ser fieles, mantenernos firmes, no dejarnos llevar por el pánico.

Se nos invita a confiar plenamente en Aquél que lo puede todo, y para muestra basta un botón: Ningún cabello de tu cabeza se cae sin el consentimiento de su voluntad.

En los momentos difíciles la confianza será nuestra mejor dama de compañía, aquella que puede hacer brotar la viril gallardía, aquella que nos puede hacer mantenernos firmes.

Se trata de una vida de fe auténticamente cristiana, en la que la fe nos ayuda para que en los momentos de oscuridad no neguemos aquellas cosas que hemos contemplado en nuestros episodios de luz. ¡Mantenerse firmes!

2.- ¡Qué contradicción! ¿No te parece? El mundo nos prepara para competir e iniciar un continuo proceso de mejoramiento en todas las áreas, ¡bueno!, casi en todas,... menos en nuestra dimensión personal.

Hoy se nos habla en todas partes de la excelencia y de la calidad: Las Normas Oficiales Mexicanas han dejado el paso libre a las ISO, que marcan estándares mundiales de competitividad, y a otras variantes cada vez más complejas de certificación.

Tú y yo sabemos que la calidad y la excelencia se deben respaldar por las más difíciles pruebas... Y, ¡Qué extraño! ¿No te parece? El hecho de que a pesar de que este es nuestro medio ambiente, nosotros no le entendamos al Señor que nos invita a ser cristianos de calidad y, por ende, a que sepamos sobreponernos a los cataclismos y a las dificultades.

Pero,... somos tantos los que ni siquiera quisiéramos correr el más mínimo de los riesgos, cualquier tipo de pruebas nos parecen detestables, o por lo menos injustas, ya que quisiésemos graduarnos de la universidad de la vida habiendo sido excentados en todos los exámenes y por todos los mentores. Cómo si fuésemos unos de esos deshonestos alumnos en el colegio de la existencia, quisiésemos plagiar los trabajos, y tener antes del período de la evaluación todo tipo de información sobre los exámenes que habrán de venir, para así ufanarnos de unos resultados que no son meritorios en aquello en lo que no nos hemos preparado, o bien quisiéramos tener la posibilidad de comprar fraudulentamente la complicidad de nuestros sinodales.

3.-Y el Señor nos invita a que no le tengamos miedo a la incertidumbre que acompaña nuestra vida. "El fruto de la timidez y del miedo es cero pérdidas y cero ganancias". Es decir, resultados nulos, tiempos invertidos en la nada y en la vida. Esto equivale a no vivir. No nos quebremos, debemos mantenernos firmes, para poder vivir en esta vida y en la vida eterna.

4.- El Evangelio no nos engaña. Una de las realidades de nuestro mundo marcado bajo el signo del pecado es la de todas esas situaciones imprevisibles, incluyendo el posible apersonamiento del mal, el cual al mismo tiempo que es problema es un misterio.

Voltea a mirar a tu alrededor. ¿Te das cuenta? Hoy hay tantas manifestaciones del mal: primero el mal cósmico manifestado en los azotes de la naturaleza como los terremotos, volcanes, huracanes, ciclones, tifones, maremotos, inundaciones, sequías...; segundo el mal físico manifestado en la enfermedad, mutilaciones, malformaciones, la muerte...; tercero el mal psíquico manifestado en las depresiones, obsesiones, angustias, traumatismos, psicopatías, esquizofrenia, paranoias, e incluso las adicciones que reúnen también lo físico...; cuarto en el mal moral como es la mentira, el odio, el rencor, la envidia...

Y, fuera de esa firmeza que nos ofrece la fe para obtener la vida verdadera, hoy se han favorecido dos formas de respuesta ante la problemática causada por el mal: o nuestra indiferencia o nuestra rebeldía.

Primero, nuestra indiferencia que suele ser anestésica y hasta cobarde; nos encargamos de maquillar las situaciones, armamos escenografías para esconder la realidad del dolor humano, disimulamos resignación o manifestamos incomprensión: es que las cosas no son tan graves,... el mundo siempre ha estado igual de mal,... ¡bueno! y a mí que me importan los demás, ¡qué se rasquen con sus uñas!...

Y, no obstante, no todo es indiferencia, algunos reaccionamos con nuestra rebeldía. Se trata de una angustia ante el mal. Se trata de situaciones equiparables a aquello que hizo el poeta francés Isidoro Ducasse, llamado Conde de Lautréamount, autor de los “Cantos de Maldoror” quien agobiado por el propio mal, a sus 24 años se suicida no sin antes escribirle a Dios: “Contempla por toda la eternidad el sacrificio que no has merecido”.

Nuestra rebeldía quiere ser la condenación de Dios en nombre de la justicia y del horror del mal...

5.- Y, en lugar de mantenernos firmes en la fe, nos mostramos renuentes y hasta evasivos.

El hombre ha querido suprimir a Dios para corregir el mal y entonces han surgido nuestras ideologías. Y, no se da cuenta de que al rebelarse contra Dios y al marginarle de sus pensamientos y de sus sentimientos, el hombre se hace capaz de las peores abominaciones: a nombre del marxismo surgió el Archipiélago Gulag, a nombre del nacismo se desprenden los campos de Auschwitz, aun el progreso nos ha requisitado la vida de muchos hombres sacrificados en áras del desarrollo y hoy se permite la muerte de los inocentes en gestación o en jubilación. Todo esto en nada se compara con los peores asesinos de William Shakespeare que sólo se limitaban a una docena de cadáveres.

¡Aunque tú no lo creas¡ Nuestra solución contra el mal se encuentra en Getsemaní y en el Gólgota, el hombre no podrá encontrar mejor solución que ahí. Se trata de la locura de Dios en la cruz que soluciona todas las otras locuras del hombre.

6.- Mantenernos firmes para obtener la vida. Y es que la vida eterna, tal como Cristo quiso presentárnosla, la tenemos qe entender como paga, retribución, trofeo, corona. Dios la da a los que se mantienen firmes.

Pero, para obtenerla es necesario comprender que se trata de no evadir y de no fugarnos. Se trata de no autoengañarnos ni con quimeras ni de idiotizarnos con verdaderos alucinógenos del mundo postmoderno que auténticamente se han convertido en el verdadero opio de nuestro pueblo.

¡No nos engañemos! Existe un mundo ideal y un mundo real. Los jóvenes a menudo anhelan la libertad y la independencia como algo bueno en sí mismo, sin las trabas de las obligaciones y del deber.

El mundo real es el del contexto de las responsabilidades para con los padres y la familia, los amigos y las autoridades, los individuos y las instituciones. Ese mundo adulto, meta de los ardientes deseos juveniles, es también un mundo donde la libertad es modificada en gran medida por las circunstancias, y por los deberes y las limitaciones concretas. Sólo en este mundo real de la vida diaria –no en una esfera ideal- existe la libertad.

Y hay quien niega la libertad, y al negar la libertad se niega la responsabilidad, y con ello nuestra firmeza se convierte en manipulación, y la solidez desaparece para ser suplantada por la conveniencia.

7.- ¡Que extraño! Mucho se ha hablado recientemente sobre el pecado, el crimen, y la vieja y llana conducta antisocial. Lo extraño es esa forma defectuosa en que se habla de estas conductas. Al parecer ya no se utiliza la palabra “malo”, y por lo tanto ya no hay pecado, y desaparecemos los pecadores, y un día desapareceremos todos, si las cosas siguen así.

El concepto “malo” nos parece molesto, ya que se le acusa de tener un matiz represivo, discriminatorio, oscurantista y anticuado. Y así, los hombres hemos creado toda una amplia gama de alternativas para suplantar lo bueno y lo malo.

Primero, lo referimos como “lo tonto”. Y así le llamamos a algo reprensible que halla hecho alguien principalmente de nuestra familia o uno de nuestros amigos. Lo malo es lo tonto; lo pasmosamente tonto y, por ende, lo insondable; por ello, convenencieramente, nos abstenemos de todo esfuerzo por comprenderlo.

Segundo, referimos lo malo como “la ocurrencia”. Y así le llamamos a nuestras acciones o las de nuestros seres queridos, que en otras circunstancias en las que hubiésemos sido los afectados, nos hubiéramos llenado de ira, y hubiésemos pedido la pena capital contra los culpables.

¡Vaya!, no es para tanto, sólo fue una ocurrencia –El niño estaba jugando- responde la mamá, cuando discute después de que su pequeño le ha dado un golpe a otro niño con algún juguete. Y el día de mañana cuando el joven siga siendo niño y cuando tenga otro tipo de juguetes, seguirá jugando, y seguirá con sus ocurrencias.

Tercero lo referimos como “lo enfermo”. Se califican los delitos como trastornos físicos y/o psicológicos. Este tiempo de suposición en las que una persona actúa impulsada por una enfermedad, y no por una elección moral, es explotado en muchas circunstancias para exonerar a los clientes de los que pueden pagar un mezquino abogado de todo tipo de actos delictivos, porque actuó en un momento de enfemedad,... pero ya que se le ha levantado el arraigo y se le dio la absolución, anda tan sanito en nuestras calles.

Y finalmente, culpamos a “las cirscunstancias”. Las circunstancias lo hacían inevitable. De esta manera en una situación verdaderamente grave, se buscarán siempre circunstancias atenuantes.

8.- Cuando escucho los argumentos morales que giran alrededor de nosotros en estos días, me convenzo cada vez más de que nuestro verdadero problema es este: “la vocecita interior” de la conciencia se ha vuelto demasiado tenue... y demasiado sigilosa. Lo anterior, sin olvidar que ya no nos importa escuchar la voz de Dios, antes que la de los hombres.

¿Cómo vamos a mantenernos firmes si no lo somos y no hemos aprendido a escuchar al Dios que se mantuvo firme hasta dar la vida por nosotros?


DESEMBARCO Y VICTORIA.

“En aquel tiempo, Jesús dijo: Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.

“Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida”.

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1.- Muy queridos amigos:

En Jesucristo, Verbo encarnado y Siervo doliente, la eternidad y el tiempo se han entrelazado y el espacio y la gloria se han familiarizado.

Una historia que vislumbra la eternidad y una eternidad que se hace historia se han escrito con la pluma del tiempo sacando tinta sangre del costado del Redentor, y utilizando el breve espacio del códice de la cruz para mostrarnos esos contenidos perennes que transforman la vida de todo hombre que haya venido a este mundo.

La cruz en el Gólgota del mundo se nos ha mostrado como garantía de un mensaje que nos dispone a enfrentar las situaciones más difíciles, incluyendo las heridas que pudieran provocarnos los más cercanos. Y aquí, la firmeza es, al mismo tiempo, nuestra vocación y nuestra respuesta ante cualquier situación de nuestro existir.

2.-Y en este, tu existir y mi existir, nuestra muerte se convertirá en la última prueba de nuestra fe en la vida verdadera que esperamos conseguir.

A ejemplo de Cristo, hay que mantenerse firmes en la vida para ser merecedores de la gloria.

Y es que nuestra muerte se enfrentará sin títulos, ni cargos, ni funciones, en la absoluta desnudez, bueno ¡casi en la total desnudez!, puesto que sólo llevaremos un lienzo que aparentará ser nuestra mortaja pero que se convertirá en la túnica para poder ingresar a la fiesta de la vida.

3.- Ninguna otra cosa nos acompañará más que el suave lienzo de nuestras obras...

¿No sé si lo hubieses escuchado en otra parte? Pero se cuenta que en el entierro de los emperadores austriacos, el pueblo solía llevar en hombros el ataúd ante la Iglesia de los monjes capuchinos en Viena. Allí ante la puerta cerrada se daba el siguiente diálogo:

¿Quién es? –Preguntaba el prior desde dentro a la multitud.

El emperador Alberto, Rey de Austria y de Hungría.

Aquí no conocemos a esa persona – respondía el Prior.

Idéntico diálogo se repetía por segunda vez.

¿Quién es? –Preguntaba de nuevo el prior desde dentro a la multitud.

El emperador Alberto, Rey de Austria y de Hungría- volvían a responder.

Aquí no conocemos a esa persona – reiteraba el Prior.

A la tercera, el pueblo en masa sólo gritaba el nombre escueto del emperador.

¿Quién es? –Preguntaba el prior desde dentro a la multitud.

Alberto.

Sólo entonces se abría la puerta.


El lienzo de las obras es lo único qe nos acompaña, la muerte nos ayudará a quitarnos el maquillaje y a dejar a un lado nuestras máscaras. Verdad que enseñaba Pedro Calderón de la Barca a su manera:

“ Acabóse la comedia,
y como el papel se acabe,
la muerte en el vestuario
a todos nos hace iguales”

O como lo decían los latinos:
“ Terminado el juego de la vida
el rey y el peón regresan a la misma caja”.

4.- Y no obstante, junto con lo inevitable, nada tan personal como nuestra muerte y al mismo tiempo nada tan desconocido y antojablemente extraño.

Y, aún así, es en esta situación decisiva de la vida en la que somos insustituibles,... “se cuenta que el buen rey Dagoberto le preguntaba angustiado a san Eloy a la hora de su muerte si no podría morir por él”.

No se trataba de morir con él o de morir él, lo que sería duro pero posible, sino “de morir por él”. Y esto es imposible. Cada cual de nosotros debe desde lo humano cultivar y morir su propia muerte y desde lo cristiano debe sembrar la semilla de una cosecha de eternidad, sin tenerke miedo a los riesgos de la vida, aunque algunos quisiéramos borrar el factor incertidumbre de nuestras posibilidades y, sí fuera posible, el factor riesgo de nuestras realidades.

Y no nos damos cuenta de que el riesgo es un factor humano ante nuestra incapacidad humana de conocer todos los factores en la composición de una empresa, aún los cataclismos..., y esto se da en todos los aspectos.

5.- Todos nosotros recordamos con júbilo y hasta con asuetos inmerecidos aquel memorable 12 de Octubre del año 1492 como una fecha trascendente. Conocemos desde la infancia que la flotilla de carabelas de Cristóbal Colón navegó en pos de la desconocida, incierta y aterradora frontera del Nuevo Mundo, y luego regresó a casa, con grandes descubrimientos y les recibieron como héroes. Pero casi todos hemos olvidado que ese triunfo del pionero Colón no estuvo excento de un costo. Cuando el navegante se hizo a la mar partió con tres naves: La Niña, la Pinta y la Santa María. Al viejo continente sólo regresó con dos, la otra la perdió en la aventura.

¡Ninguna empresa humana está excenta de enfrentar riesgos y dificultades!...Mucho menos la empresa de la salvación eterna. Y la invitación es a ¡Mantenerse firmes!

¡Oye!, por favor no te asustes, no seas tan pusilánime ¿Y qué es la santidad en el mundo sino la vida de bautizados con voluntades firmes iluminadas por la gracia de Dios, personas que han sido dóciles a los impulsos de Dios en la vida interior, pero que han puesto la parte que les correspondía en su propia historia de salvación sin tenerle miedo a... los cataclismos y desgracias?

6.- En esta semana que estuve en ejercicios espirituales, las actividades personales y para compartir me hicieron recuperar un sinfín de situaciones de mi historia. Recordaba aquella mañana de 1982 cuando nuestro entonces Arzobispo, Don José de Jesús Tirado y Pedraza agradecía en una celebración eucarística en el Seminario Menor de la Casa de Corregidora por sus cincuenta años de vida sacerdotal.

Recuerdo, cuando aquel hombre de Dios, pastor de nuestra Iglesia diocesana, célebre Rector de un Seminario de Morelia famoso por su oratoria sagrada decidió predicar, cuando en sus manos no podía mantener sin movimiento el micrófono como tampoco podía mantener en sus manos sin riesgo de derramarse el caliz con la sangre preciosísima de Cristo, aquel hombre que nos predicó inusualmente sentado hizo un recuento de su vida, y concluyó con un texto de un célebre exseminarista:

Muy cerca de mi ocaso yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida.

Porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas.
Cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas,
y en cambio tuve algunas santamente serenas...

Amé, fuí amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Escuchar a nuestro entonces arzobispo pronunciar este poema arrancó las lágrimas hasta de las piedras de aquel templo. El señor Tirado cumplió en los momentos alegres y en los tristes, en los días de dicha y en los de desdicha, en las jornadas fastas y en los nefastas, en la salud y en la enfermedad, en los días de luz y en los de oscuridad.

7.- Se trata de: ¡Obtener ya desde ahora la vida!,... siendo firmes.

Sin duda, la humanidad debe pasar todavía por una “ruptura”, a fin de entrar en la gloria plenamente manifestada de Dios. Pero, “en definitiva”, la vida que nos es prometida en Dios no es diferente de la que nos hace vivir ahora: nosotros tenemos la vida eterna si nos mantenemos firmes. Y aunque el Evangelio de hoy es de san Lucas, la Teología es de san Juan.

Entre el misterio de Cristo vivido hoy en la gracia y el misterio de Cristo en gloria, cuando Dios se manifieste todo en todos, no hay diferencia esencial; hay solamente la distancia entre lo que todavía se está realizando, pero sin poder regresar al punto de partida, y lo que está totalmente realizado.

8.- Este año que estamos por finalizar hemos celebrado los 60 años del día “D”. Acontecimiento que tiene que referirse a un dato que popularizó Oscar Cullman tras la segunda guerra mundial, utilizando la imagen expresiva del día D y del día V. El día D era el del desembarco de las tropas aliadas en Normandía y el día V el de la victoria final. Una vez que el desembarco había tenido éxito, ya se podía considerar ganada la guerra. El éxito era irreversible contra los alemanes. Sin embargo, la guerra continuaba, con su cortejo de drama y de muerte. Solamente el día V, la paz tan anhelada podrían abrirse a una era de verdadera felicidad.

Esta perspectiva debe cambiar nuestra manera de ver la vida presente y la vida que esperamos. El cristiano no se encuentra dividido entre los dos polos de un falso dualismo: o entregarse a las tareas temporales o preparar la vida eterna; o encerrarse en un “horizontalismo” plano, o confiscar las energías al servicio de una “verticalidad” engañosa. Porque si lo “definitivo” está ya presente en una vida que pide firmeza, esto quiere decir también que lo que hacemos en esta vida tiene un valor definitivo y puede entrar en la gran corriente de la salvación. Ya no existe ruptura entre el tiempo y la eternidad: gracias a Cristo, el tiempo ha engendrado la salvación eterna. Nuestras libertades son capaces también de comprometerse en un proyecto eterno.

9.- En este sentido me agrada la apreciación que sobre este tema hace el padre Louis Evely: “Nosotros los cristianos no creemos en una vida futura sino en la vida eterna, que es algo diferente. Porque si es eterna, es porque ya ha comenzado”. No obstante, quisiera decir que es eterna y es futura: es eterna porque se inició cuando se nos comunicó la vida sobrenatural y es futura porque superará lo que en este mal espejo estamos viendo, después de los cataclismos y dificultades.

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