Domingo 17 de Octubre de 2004 _________Pbro. Rogelio Narváez Martínez

ESTAR PARADOS DE RODILLAS

“En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer. Jesús les propuso esta parábola:

“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: “Hazme justicia contra mi adversario”.

Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando”.

Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen ustedes acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los hará esperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?

Momento 2

Momento 3

1.- Muy querido (a) amigo (a):

La parábola evangélica de este domingo, tal como está redactada, está orientada a la oración. Así lo afirma al comienzo: “Para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola....”

Lo anterior supondría que la figura central es la pobre viuda que suplica con insistencia a aquel juez insensible,... pero al leer la conclusión del texto sagrado, en donde se compara ventajosamente a Dios que sabe hacer justicia a los elegidos, con aquel juez inicuo, da la preeminencia a éste...

Independientemente de que en nuestra reflexión le demos preeminencia al juez o a la viuda, la lección de la parábola es clara: si un juez que deja mucho que desear por ser un mezquino comerciante de su oficio que ni teme a Dios ni le importan los hombres, acaba por hacer justicia a una pobre viuda que le importuna insistentemente, cuánto más Dios, que es santo y justo, atenderá la oración perseverante de sus hijos..., por lo tanto si ustedes se saben hijos sabrán orar sin desconfiar.

2.- Hablemos pues, ¿qué te parece? en este primer segmento, sobre el tema de la oración.

Dice un adagio irlandés: “Ponte de rodillas y dale gracias a Dios de que estás de pie”.

¡Oye! ¿Has aprendido a ponerte de rodillas ante Dios? ¿Por qué lo haces o por qué no lo haces? Tú sabes que el soldado que se cuadra ante el coronel, no lo ama, pero sí teme las consecuencias de no cumplir con ese requisito militar. El esclavo hace repetidas reverencias ante su amo, no porque sienta afecto, sino porque teme el látigo de su amo. Los antiguos indígenas ofrecían incienso y sacrificios a sus dioses, porque los temían y querían mantenerlos aplacados. ¿Por qué nosotros nos postramos ante Dios al rezarle? ¿Por qué le amamos o por que le tenemos miedo?


3.- En el antiguo ligro de los mayas, el Popol Vuh, se narra que un día, los dioses se reunieron para crear al hombre con el fin de que cantara sus alabanzas. Lo hicieron de barro. Pero la creatura resultó sin consistencia y no alababa a los dioses. La destruyeron. Después hicieron un hombre de madera. No tenía sentimientos y no alababa a los dioses. La narrativa nos narra que los dioses hicieron que toda la naturaleza se rebelara contra el hombre: sus comales, sus perros, sus casas y sus árboles. Es perceptible que en estas divinidades mayas no se adivina compasión ni misericordia.

Si un día lees la “Iliada” o la “Odisea”, constatarás lo mismo. Los dioses del Olimpo juegan con los hombres; son, por lo general, dioses de duro corazón que no tienen clemencia.


4.- Y esto por desgracia es lo que prevalece en el pensamiento de muchos de nuestros contemporáneos llamados cristianos, y quizá sea esta precisamente la respuesta a la pregunta con la que concluye el texto del Evangelio: al parecer la fe auténticamente cristiana está desapareciendo.

Por desgracia, hoy está dominando una idea pagana de Dios muy lejana al pensamiento cristiano. Se concibe a Dios tan lejano, tan infinito y tan poderoso, tan abstracto y tan preciso, tan sabio y tan distante que por eso mismo no lo sienten en la vida. No se tiene una genuina vivencia de Dios y han reducido al Dios de la verdad al más contradictorio de los silencios... y es que muchos de los bautizados creen en nuestro Dios como si fuera uno de esos dioses de los griegos o de los antiguos indígenas mayas.

No es raro el caso de personas que hayan recibido una educación religiosa mal orientada: le tienen miedo a Dios. Para ellos Dios es alguien justiciero y hasta quisquilloso. Una persona que tenga esta imagen de Dios, nunca podrá tener confianza en Él y, por eso mismo, su oración se reducirá a fórmulas vacías.




5.-
Es muy importante descubrir la imagen de Dios que nos presenta Jesús, el único que conoce al Padre, porque le ha visto y el único que nos lo puede dar a conocer.

Y ha sido, precisamente para que comprendamos lo que Él ha vivido desde la eternidad, que el Señor se vale de parábolas y comparaciones para presentarnos el rostro de aquel que también nos ama desde la eternidad,... para animarnos a acudir a donde Él.

El Evangelio nos ofrece una enseñanza: debemos orar sin desfallecer.

En la parábola se nos dice que el malvado juez termina haciendo justicia porque “ya no aguantaba la insistencia de la viuda”. Y Jesús les pregunta a sus oyentes: “¿Y Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche?”. La respuesta es un “sí” categórico: “Claro que sí”. Dios no puede ser peor que ese juez mezquino. Dios es bueno. Hay otra conclusión implícita: No podemos poner a Dios en el mismo nivel del juez malvado. Pero la triste realidad es que muchas personas, que se quejan de Dios, que se rebelan porque les parece que no resuelven sus problemas, están poniendo a Dios en el mismo nivel del juez malvado. Están considerando a Dios como de mal corazón. Con una imagen semejante, nunca podrán tener la suficiente confianza como para dirigirse a Dios con plena fe.


6.- Hay que considerar la contraparte de esta conclusión. Desconfiar de Dios, rebelarse contra Él, porque aparentemente no contesta nuestras peticiones es olvidar que Dios es Padre de bondad, y es caer en la consideración de ver a Dios como si fuese el juez malvado.

No. Dios no puede ser comparado con el malvado e injusto juez que, al fin, terminó haciendo justicia a la pobre viuda.... Si es así, yo seguiré clamando a Dios; es imposible que no resuelva mi caso.

Esta imagen de Dios amigo, compasivo y Padre de bondad, induce a tener confianza: de allí brota espontánea la oración de fe que Jesús nos pide.

Ninguna oración se pierde, te lo puedo asegurar, por que al final de cuentas la eficacia de la oración no depende de la insistencia del hombre sino de la bondad de Dios,... sólo que en ocasiones la solución no es precisamente la que nosotros estábamos esperando o aquella qe nosotros juzgábamos como la adecuada,... pero Dios no se equivoca.

 

7.- Quisiera participarte de un episodio sobre mi vida de familia. Mi madre fue siempre una mujer de fe cristiana. Ella fue muy devota de la Virgen María, en especial bajo su advocación de Nuestra Señora de Guadalupe. En cualquier circunstancia sobreponía su fe profunda y sólida en Dios, y siempre se escuchaba en sus labios una jaculatoria mariana: ¡Madre mía!, ¡Virgen Santa!, ¡Madrecita de Guadalupe!, ¡Ayúdame!...

Ella vivió la Pascua definitiva el 10 de Enero del 2001. A la distancia del tiempo he reflexionado sobre su profundo amor a la Madre de Jesús y sobre sus constantes jaculatorias marianas, y me he dado cuenta de que la Virgen María vino a llenar un espacio afectivo en su vida. Mi madre quedó huérfana de mamá cuando tenía 4 años, y la Virgen María se convirtió en aquella que le ofreció el afecto materno que ella y todos nosotros necesitamos.

Debo decirles que Dios nuestro Señor le concedió, a través de la intercesión de la Virgen, muchísimas veces su salud. Solamente te digo una cosa: en 1982 yo tenía dos años de que había entrado al Seminario y, yo ya le pedía a Nuestro Señor que me permitiera la gracia de que ella estuviera el día en que me ordenara sacerdote. Y el Señor nos lo concedió, nos la permitió durante 10 años de mi ministerio sacerdotal. ¿Cuántas veces, estando en estado crítico, Dios le devolvió la salud? Si te dijera que 20, serían muy pocas.

En la Navidad del 2000, cuando ella estaba preparándose para ir al encuentro con Dios, los hijos le pedíamos al Señor por su salud. Pero Dios no se equivoca, y Él tenía un designio de salvación sobre ella. Y Dios dijo: ¡hasta aquí!

A la distancia creo que Dios al salirle al encuentro a mi madre, le dijo: Mira Virginia, tus hijos me piden que te dé la salud. Lo piden porque te quieren, pero creo que son algo egoístas. Yo te puedo dar una vez más la salud, puedo ayudarte para que te incorpores nuevamente a tus actividades... pero, ¿sabes una cosa?: Ya no te quiero ver sufrir, te quiero tanto... que ya no te quiero ver sufrir. ¡Ven conmigo!...

Y estoy seguro, de que mi madre sonrió y le tomó de la mano.

Los hombres somos egoístas, no vemos más que el presente. Queremos perpetuar a nuestros seres queridos, aún a costa de dolores y sufrimientos. Y cuando Dios les muestra su rostro bondadoso y les sonríe... Nos molestamos y reclamamos. ¡No comprendemos su bondad!


8.- Muy querido amigo:

Te puede parecer contradictoria y hasta cierto punto incomprensible mi afirmación, pero sí te puedo decir que: “algunos de los mejores regalos de Dios son las plegarias sin respuesta”, y nuestro mejor regalo para Él es la apertura a su santa voluntad. Pareciera que en verdad está desapareciendo la fe de la faz de la tierra, o al menos muchos hemos llegado a pensar que los milagros son esos momentos en que Dios hace nuestra voluntad, cuando el día de hoy el mayor milagro se dará cuando el hombre aprenda a hacer la voluntad de Dios.

Sabías que,.... san Buenaventura un día le pidió a Santo Tomás de Aquino que le mostrara su Biblioteca en donde había aprendido tanta ciencia y santo Tomás de Aquino le llevó a su celda y al correr la cortina le mostró su extensa Biblioteca: un reclinatorio frente a un Santo Cristo,... y san Buenaventura le dijo entonces a santo Tomás: ¡Se parece a la mía!

¡Ponte de rodillas ante Dios!, para que puedas mantenerte de pie en la vida, aunque te sugiero que no lo confundas con una posición corporal,... escribía Vïctor Hugo: “Ciertos pensamientos son plegarias. Hay momentos en que, sea cual fuere la actitud del cuerpo, el alma está de rodillas”.


EL ROSARIO DE LA VIDA.

“En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer. Jesús les propuso esta parábola:

 

1.- Orar siempre y sin desfallecer,...

Cuando se lee con seriedad el Evangelio, ya no quedan dudas: Esa imagen errónea de un dios impasible y frío, ese dios olvidadizo y sádico que tanto se esmeran en presentarnos algunos de nuestros contemporáneos no es el Dios del cristianismo. Si recordando la ejemplaridad de aquella viuda fuéramos capaces de ser constantes en nuestra oración, sabríamos encontrar un día el rostro de aquel que como Padre bueno sale a nuestro encuentro.

Algunos autores, y aunque no coincido totalmente en la instrumentalidad te lo comparto, mencionan que una de las más grandes contribuciones de Longinos fue el abrir con su lanza el costado de Cristo, de donde salió el agua y la sangre que nos manifiestan el nacimiento de la Iglesia y el origen efectivo de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía, y que con la caída de la sangre divina recibió el mismo Longinos la vista en uno de sus ojos que tenía ciego.... Ellos mencionan que ese costado abierto es como una puerta sin candado para todo el que con sinceridad busque a Dios en sus momentos de desesperación y abandono.



2.-
Orar siempre y sin desfallecer,... la puerta está abierta.

Me ha hecho pensar en uno de los ejercicios de piedad cristiana más completos, que más me han sido útiles, y que inevitablemente se relaciona con la advocación mariana bajo cuyo patrocinio está encomendada la comunidad cristiana de la que soy párroco,... ¡adivinaste!, el Santo Rosario.



3.- Hoy quiero, más que hablar de la riqueza del Santo Rosario, que tú sabes que soy yo el primero en reconocerla y en buscarla, quiero referir la riqueza de aquellos que rezan el Santo Rosario.

Soy defensor de las personas que lo rezan porque lo entienden y que lo entienden porque lo aman.

Caigo en la cuenta, en efecto, de que aquellas personas son habitualmente las protagonistas de lo cotidiano.

Se “agarran” al rosario, porque están “agarradas” a las realidades más humildes y más sublimes, se trata de esas realidades que son indispensables para la vida de todos.

Se encuentran a gusto rezando el rosario, porque encuentran satisfacción en las modestas ocupaciones de los días ordinarios.



4.- Aman las repeticiones que impone el rezo del Santo Rosario porque saben que en la vida cotidiana se dan las repeticiones y que estas no deben cansarnos. ¡Cuántas repeticiones en la recitación real, de su existencia cotidiana!

Los mismos gestos.

El horario de siempre.

El mismo trabajo.

El cansancio de todos los días.

Un recorrido idéntico.

Las mismas incomprensiones.

Siempre los mismo verbos por conjugar.

Siempre las mismas personas a que complacer.

Siempre los mismo reproches que soportar.

Y siempre el mismo aprecio que,... en realidad no llega casi nunca, porque los demás dan por descontado el derecho a aquellos determinados oficios humildes. “Cosas de nada”: precisamente porque ellos no permiten que falte ni una sola vez.




5.-
Que ciertos “intelectuales” le vayan a decir a esta persona sabia como si fuera un elevadorista que “la mecánica de las Ave María es mortificante para la espontaneidad”.
El ascensorista debe pensar instintivamente en el gesto mecánico de pulsar un botón que repite centenares de veces durante la jornada. Y nunca ha considerado aquel gesto como mortificante de la propia espontaneidad. En todo caso debe resultar mortificante para el que espera en un piso y quisiera llegar a otro si, una sola vez, el elevadorista decidiera permitirse una pausa para la... espontaneidad.



6.-
Los que atacan el rosario cometen la equivocación de olvidar a los que rezan y a aquellos por quienes se reza. Son hombres de ciencia que rayarán en la inconsciencia. Atribuyen efectivamente a estos devotos una ignorancia, una torpeza, un “hacer mecánico”, que habría que probar antes de hacer afirmaciones gratuitas.

¿Quién les ha dicho a los que danzan en el laberinto de la erudición que los devotos del Santo Rosario no saben rescatar la “mecánica de las Ave María” y el monótono hábito de las fórmulas” mediante un suplemento del corazón?

¿Cuál es el fundamento cómo para que afirmen que las repeticiones sólo son repeticiones en la fatiga, y no más bien incesantes novedades de contenido, aunque expresadas en la repetición de las fórmulas?


7.- Algunos lo llaman monólogo,... y la verdad es que no debemos tenerle miedo incluso a rezar el Santo Rosario en momentos personales, puesto que entendemos que los monólogos que Dios rechaza son aquellos que se convierten en panegíricos de las propias virtudes, como el del Fariseo en el Templo y el de muchos que rechazan esta devoción de piedad cristiana.

Lo importante en la oración no son las palabras sino los latidos del corazón.

8.- Y, ¿qué decir sobre las letanías?

Nadie tiene derecho a juzgar lo que una persona pone dentro de una letanía. Sea en la letanía de la oración, sea en las letanías de la vida cotidiana,... ¿Cómo si un enamorado se cansara de decirle te amo a la persona amada o la amada de escucharlo?

Los especialistas de lo cotidiano se reconocen en el Rosario, porque en el Rosario reconocen no tan sólo su oración, sino también su vida, sus sentimientos, sus emociones y sus ilusiones. Se trata de una vida hecha de pequeñas cuentas siempre iguales, pero unidos por el hilo del misterio que les va dando un significado y les ofrece coherencia.

Y ellos reconocen a la Santa Virgen y Madre nuestra como su “cómplice” de todos sus días. Y la eligen como la compañera del viaje de lo cotidiano para que no se vuelva rutinario, precisamente a ella: la criatura más excelsa que ha recorrido un camino semejante al de cada uno de nosotros.

9.- Junto a la Virgen intentan marchar a lo largo del camino de todos los días, marcado por los misterios de gozo, por los misterios de luz, los misterios dolorosos hasta llegar a los misterios de gloria.

Y es que la oración del Rosario nos capacita para convertir en una oración el Rosario de nuestra vida. Todos nos llenamos de júbilo con los misterios de gozo en las concepciones, las visitaciones y los nacimientos,...
¿Quién no ha percibido los propios misterios de luz en la vivencia de un Dios que está cercano y que convierte nuestra vida en nuestra propia historia de salvación: nuestro bautismo, el Evangelio que se nos ha predicado, la invitación a la mesa de la eucaristía...? Y así, un día también se hacen presentes nuestros misterios de dolor, un día en nuestra historia llegamos a vivir nuestro viernes santo y lo hacemos con la comprensión que nos da la totalidad de la composición del Santo Rosario: el Gólgota se ha convertido en un lugar de oración, porque anhelamos y sabemos que sólo pasando por los misterios de dolor podemos rezar un día los misterios de Gloria en el Reino. Y así es nuestro recorrido: desde la antesala de nuestra propia Navidad y nuestro mismo nacimiento hasta llegar al viernes santo que conduce a nuestro domingo de Pascua.
Y, de esta manera, en cada uno de esos misterios de lo cotidiano que se abren a la eternidad sabemos que está ella: en el momento de la esperanza, del sufrimiento, de la alegría, del gozo, de la vida interior,... Allí está ella, silenciosa, discreta, pero siempre presente y solícita. Ella nos sabe entender y nos hace entender. Ella nos ayuda a intepretar, a descubrir el “plan de Dios”, a guardar en el corazón incluso aquello que nos parece incomprensible, a madurar en el dolor, en el silencio y en la vida escondida de esas realidades más vitales.


10.- El que ama el Santo Rosario no es un especialista de la “repetición mecánica”, es más bien, un especialista en “comenzar de nuevo”, en lanzar de nuevo la red, en dejar caer nuevamente la semilla en el surco, en remover la tierra en el redondel de la viña para volver a ponerle abono.

El que ama el Rosario es un especialista en comenzar de nuevo, tanto en el Santo Rosario como en la vida. Aun cuando no pueda más y en ocasiones duerma rezando las “Ave María”, está seguro que mañana será capaz de empezar de nuevo.

Mañana, y pasado mañana se agarrará al Rosario, y con ello se agarrará a las letanías de las ocupaciones ordinarias.

Gente obstinada, dirán pocos,... personas tercas, mencionarán muchos,... ¡Qué bueno!, por fortuna para este mundo, para dicha nuestra y para gloria de Dios.

11.- Si valorásemos la realidad, caeríamos en la cuenta de que la vida y el mundo se sostiene no tanto por las ambiciones y veleidades, cuanto gracias al modesto Rosario de acciones repetidas con un espíritu nuevo.

Y es que son sobradas las ocasiones en que pensamos sólo en los grandes heroísmos y vamos olvidando los heroísmos de la vida diaria. A fuerza de pensar en lo extraordinario olvidamos la importancia de lo ordinario. Recuerda, por favor, que es en lo ordinario en donde se construye la vida y en donde se consigue la santidad.

Es que el Rosario de esta persona está muy gastado, ¡son los mejores!, ¿te das cuenta? ¡son muy resistentes!

Tenemos que estar agradecidos con las personas siempre dispuestas a comenzar de nuevo. Todos tenemos necesidad de que no se detengan.

Oremos, pues, por estos especialistas de las “cosas de siempre”.

Ojala que oremos por ellos, rezando por ellos,... el Santo Rosario.

Se lo merecen. Un día, ¡me entiendes!, rezar el Santo Rosario por los que rezan todos los días el Santo Rosario, y es que cuando los vemos cómo lo aman nos damos cuenta de que lo entienden.


LA SOGA Y LA ORACIÓN.

“ En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola: “En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: “Hazme justicia contra mi adversario ”.

Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: “Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando”.

1.- “ Orar siempre y sin desfallecer ”, en los labios del Señor se convierte en una bella invitación para que fomentemos la cualidad de una practica piadosa y que la aunemos a la cantidad de ese ejercicio de vida interior.

Calidad y Cantidad en aquello que hacemos que se convierten en verbo y en adverbio: orar siempre; calidad y cantidad en una acción sumamente importante y que se convierte en un verbo sustantivado que se tranforma en sujeto oracional y un verbo afirmado en la negación para que la precaución se convierta en nuestro ejercicio a modo de predicado de nuestra propia vida: orar sin desfallecer.

Orar siempre y sin desfallecer, cualidad y cantidad que nos hablan de una acción que expresa la entrega y de una actitud que manifiesta la constancia en nuestra vida espiritual.



2.-
Entrega y constancia, dos virtudes que pocas veces coinciden en un hombre, pero que una vez que coinciden, estas virtudes se dan a la tarea de conseguir para el hombre lo que sus sueños le proponen, el camino que las ilusiones han trazado, la recuperación de ese proyecto de vida tantas veces abandonado,... incluyendo el proyecto de nuestra oración.

Y es que la entrega y la constancia en alguien que en la vida cristiana lucha, que ama, que trabaja, que ora, que busca, que insiste, que persiste,... suele ser una manifestación muy clara de esa fe auténtica de la que el Señor nos pone en advertencia sobre su posible desaparición y el daño que esto nos pudiera causar.

Tengo que decir, y así lo debo hacer, puesto que soy el primero en experimentarlo, que recomiendo entrega y constancia aunada a la acción de la gracia de Dios. No obstante, la gracia de Dios exigirá siempre ese esfuerzo personal de cada uno manifestado en la entrega y la constancia.

Dios puede darnos las cosas sin que pronunciemos una sola palabra, pero para Él nuestras palabras se convierten en la manifestación externa del palpitar de nuestro corazón,... Dios opera en todo con bondad y el hombre debe comprender que al orar cumple con su vocación de cooperar en todo.




3.-
Orar sin desfallecer,... Entrega y constancia,... Calidad y Cantidad.

La entrega suele ser la Calidad en nuestro esfuerzo, la constancia es la Cantidad en el esfuerzo que efectuamos.

Fíjate, cómo en el mundo hay personas que son muy entregadas pero que adolecen en la constancia y no consiguen lo que sueñan; algunos otros son personas muy constantes pero que su falla es en la entrega y tampoco concretizan sus anhelos.

Te has fijado, cómo algunos somos muy entregados pero poco constantes: somos aquellos que hacen las cosas bien, con ímpetu, con amor, rayando en la excelencia,... pero un mes, un año o a lo mucho dos años, y cuando sobrevienen las dificultades, que todos los oficios de la vida traen consigo, entonces la persona claudica, renuncia, se sienta a llorar, se molesta con Dios y cruza los brazos; muy entregados pero se falla en la constancia.

Y te has fijado, cómo otros somos muy constantes, se trata de aquellos que nunca faltamos al trabajo, a la oficina, a la parroquia, a la escuela, al comercio; somos los puntuales, aquellos que tenemos premio por el record de nuestra asistencia, casi nos hemos convertido en activos de la empresa; invariablemente estamos detrás del escritorio, pero que hacemos las cosas con tal apatía, con tal desgano, con tal desamor y sin ilusión que lo mismo daría que estuviéramos o que no estuviésemos, que hiciéramos algo o que no lo hiciésemos.


4.-
Y, la verdad es que quisiera, hablando de esa entrega y de esa constancia que nos pide, no tan sólo la vida de oración sino toda nuestra vida cristiana, referir que la entrega y la constancia se convertirán en dos virtudes que pueden transformar nuestra vida en una existencia más conforme con nuestra fe en Dios.



5.-
Hablemos primero, si tú así lo quieres llamar, de una vida sino más pagana sí juzgada como menos cristiana, sin perder la óptica de que en la ausencia de una fe que le da sentido a lo que hacemos como para que lo hagamos en la más alta calidad y sin que desfallezcamos es lo que hace que nuestra vida deje de ser pagana para convertirse en auténticamente cristiana, ya al final nos daremos tiempo para regresar al tema de la oración.

¡Dos virtudes!, permítaseme hablar el día de hoy de esas dos virtudes y utilizar un verso de Goethe:
" No seremos nunca segadores
de frutos dorados y maduros
si no hemos sido sembradores
que han regado con lágrimas los surcos.

No es algo que sólo heredamos,
este místico mundo de los hombres.
El campo de la vida da lo que plantamos,
una cosecha de espinas o de flores.

El autor del Fausto, refiere una acción cualificada como lo es la del sembrador pero acompañada de la cantidad que ofrece ese riego que suele acompañar nuestras lágrimas.

Hoy, que se nos invita a orar sin desfallecer, le quiero pedir a Dios que nos conceda a todos nosotros, de una forma muy especial, la constancia en las cosas que hacemos.



6.-
Y, ¿sabes qué? me agrada la forma en que lo expresa aquel célebre refrán Guatemalteco: “La constancia vence al genio”. Bien podríamos sintetizar de esta manera la parábola de nuestra vida.

Como maestro, con apenas quince años en la docencia, me ha tocado encontrarme con alumnos que en su tiempo sobresalían por su ingenio, por su inteligencia excepcional, alumnos brillantes pero, que tenía un problema: eran “perezosos”, luego, a través de los años, se han quedado varados en la mediocridad. Y la otra cara de la moneda se ha presentado también, algunos de sus compañeros que apenas lograban la nota mínima para aprobar una materia, con el paso de los años los han aventajado. Paso a paso, con constancia, han escalado metas que uno nunca hubiera imaginado para ellos, se trata de hacer las cosas sin desfallecer.

Se cuenta que a Fritz Kreisler, el gran violinista de fama mundial, se le acercó una vez una dama entusiasta de la música y le dijo: "Señor Kreisler, ¡yo daría mi vida por tocar como usted!" A lo que contestó con calma el violinista: "Señora, eso es lo que yo he hecho". Y, lo mismo se cuenta de Pablo Sarasate, violinista también, cuando después de una ejecución magistral una persona de entre el público le grita: “Pablo eres un genio”. A lo que Sarasate responde: “¿Genio yo ?, si tengo toda mi vida ensayando 11 horas al día y me llamas genio....”

¿Te das cuenta? Lo mejor de la vida tiene un costo por cubrirse. Hace años Calvin Coolidge decía: “Nada en el mundo puede reemplazar la perseverancia. Ni siquiera el talento. Nada es más común que hombres de talento fracasados. El genio no lo puede reemplazar. La educación no la puede reemplazar. El mundo está lleno de náufragos educados”.



7.-
Cuando un padre de familia les ha enseñado a los hijos el valor de la perseverancia, tal vez se encontrarán con que se detienen momentáneamente, pero no pararán hasta alcanzar sus metas. Continuarán buscándolas y en el camino descubrirán que son muy pocos los problemas que no pueda resolver una firme perseverancia.

Estoy convencido, que hay dos cosas que se generan en nuestras dificultades: Cuando alguien no lucha sobreviene la destrucción y cuando alguien se esfuerza y lucha podrá conseguir la victoria al haberse vencido a sí mismo.

8.- Orar con insistencia. Nunca digas desisto, nunca se lo digas a Dios, mejor pronuncia en tu vida: Persisto. Regresemos al tema de la oración.

Sin lugar a dudas nuestra oración un día nos llevará al desierto de nuestra propia existencia, allí en donde la fe escasea efectivamente, y en donde las oraciones se convierten en gritos aparentemente dirigidos a alguien que aparentemente no los escucha.

No le tengamos miedo al desierto, ni siquiera al de nuestra vida interior. Los árabes sostienen que “el desierto es el jardín de Dios. De ahí que el Señor de los fieles ha quitado todo animal y todo ser humano superfluo para que existiere un lugar en el que Él pudiera pasear en paz”.

No desfallezcas, porque el desierto es el lugar ideal para que el fiel tenga una cita con Dios.

9.- El Desierto en sí mismo y el de nuestra vida piadosa, nos atrae tres recuerdos a la memoria: el designio divino, la infidelidad del pueblo y el triunfo de Dios. El desierto de nuestra propia oración es el camino hacia la tierra prometida y es también el lugar del combate.

El desierto se convertirá en la escuela de la vida, fue la escuela de un Moisés que nos es referido en la primera lectura, es la escuela de Elías, la escuela de san Pablo, es una escuela a la que Jesús no le rehuyó, es la escuela de los grandes santos y la de todo hombre.

El desierto sigue siendo esencial en la historia del Pueblo de Dios. Lo era para Israel y lo es para la actual singladura cristiana, cuando la Iglesia peregrina y se dirige al Reino de Dios en su dimensión temporal, y sobre todo, en la escatológica.

El desierto es el lugar del noviazgo, del amor primero, del afecto sincero, de la confianza absoluta, de la fidelidad plena y del abandono total. No existen ruidos que obstaculicen nuestra oración, y aún el mismo silencio se tansforma en una plegaria y nuestros lamentos en alabanzas.

10.- Orar siempre y sin desfallecer, como lo diría una canción popular española:

“ Amor mío, no pierdas
las esperanzas,
que en el pozo más hondo
la soga alcanza.”

Y, en verdad, que la soga de la oración alcanza cualquier gracia de Dios, aún cuando pareciera imposible nuestra misión y nuestra súplica.

 

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