1.-
Muy querido (a) amigo (a):
La parábola evangélica
de este domingo, tal como está redactada, está orientada
a la oración. Así lo afirma al comienzo: “Para
enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre
y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola....”
Lo anterior supondría que la figura central es la pobre viuda
que suplica con insistencia a aquel juez insensible,... pero al
leer la conclusión del texto sagrado, en donde se compara
ventajosamente a Dios que sabe hacer justicia a los elegidos, con
aquel juez inicuo, da la preeminencia a éste...
Independientemente de que en nuestra reflexión le demos preeminencia
al juez o a la viuda, la lección de la parábola es
clara: si un juez que deja mucho que desear por ser un mezquino
comerciante de su oficio que ni teme a Dios ni le importan los hombres,
acaba por hacer justicia a una pobre viuda que le importuna insistentemente,
cuánto más Dios, que es santo y justo, atenderá
la oración perseverante de sus hijos..., por lo tanto si
ustedes se saben hijos sabrán orar sin desconfiar.
2.-
Hablemos pues, ¿qué te parece? en este primer
segmento, sobre el tema de la oración.
Dice un adagio irlandés: “Ponte
de rodillas y dale gracias a Dios de que estás de pie”.
¡Oye! ¿Has aprendido a ponerte de rodillas ante Dios?
¿Por qué lo haces o por qué no lo haces? Tú
sabes que el soldado que se cuadra ante el coronel, no lo ama, pero
sí teme las consecuencias de no cumplir con ese requisito
militar. El esclavo hace repetidas reverencias ante su amo, no porque
sienta afecto, sino porque teme el látigo de su amo. Los
antiguos indígenas ofrecían incienso y sacrificios
a sus dioses, porque los temían y querían mantenerlos
aplacados. ¿Por qué nosotros
nos postramos ante Dios al rezarle? ¿Por qué
le amamos o por que le tenemos miedo?
3.-
En el antiguo ligro de los mayas, el Popol Vuh, se narra
que un día, los dioses se reunieron para crear al hombre
con el fin de que cantara sus alabanzas. Lo hicieron de barro. Pero
la creatura resultó sin consistencia y no alababa a los dioses.
La destruyeron. Después hicieron un hombre de madera. No
tenía sentimientos y no alababa a los dioses. La narrativa
nos narra que los dioses hicieron que toda la naturaleza se rebelara
contra el hombre: sus comales, sus perros, sus casas y sus árboles.
Es perceptible que en estas divinidades mayas no se adivina compasión
ni misericordia.
Si un día lees la “Iliada” o la “Odisea”,
constatarás lo mismo. Los dioses del Olimpo juegan con los
hombres; son, por lo general, dioses de duro corazón que
no tienen clemencia.
4.-
Y esto por desgracia es lo que prevalece en el pensamiento de muchos
de nuestros contemporáneos llamados cristianos, y quizá
sea esta precisamente la respuesta a la pregunta con la que concluye
el texto del Evangelio: al parecer la fe auténticamente cristiana
está desapareciendo.
Por desgracia, hoy está dominando una idea pagana de Dios
muy lejana al pensamiento cristiano. Se concibe a Dios tan lejano,
tan infinito y tan poderoso, tan abstracto y tan preciso, tan sabio
y tan distante que por eso mismo no lo sienten en la vida. No se
tiene una genuina vivencia de Dios y han reducido al Dios de la
verdad al más contradictorio de los silencios... y es que
muchos de los bautizados creen en nuestro Dios como si fuera uno
de esos dioses de los griegos o de los antiguos indígenas
mayas.
No es raro el caso de personas que hayan recibido una educación
religiosa mal orientada: le tienen miedo a Dios. Para ellos Dios
es alguien justiciero y hasta quisquilloso. Una persona que tenga
esta imagen de Dios, nunca podrá tener confianza en Él
y, por eso mismo, su oración se reducirá a fórmulas
vacías.
5.-
Es muy importante descubrir la imagen de Dios que nos presenta Jesús,
el único que conoce al Padre, porque le ha visto y el único
que nos lo puede dar a conocer.
Y ha sido, precisamente para que comprendamos lo que Él ha
vivido desde la eternidad, que el Señor se vale de parábolas
y comparaciones para presentarnos el rostro de aquel que también
nos ama desde la eternidad,... para animarnos a acudir a donde Él.
El Evangelio nos ofrece una enseñanza: debemos orar sin desfallecer.
En la parábola se nos dice que el malvado juez termina haciendo
justicia porque “ya no aguantaba la insistencia de la viuda”.
Y Jesús les pregunta a sus oyentes: “¿Y Dios
no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día
y noche?”. La respuesta es un “sí” categórico:
“Claro que sí”. Dios no puede ser peor que ese
juez mezquino. Dios es bueno. Hay otra conclusión implícita:
No podemos poner a Dios en el mismo nivel del juez malvado. Pero
la triste realidad es que muchas personas, que se quejan de Dios,
que se rebelan porque les parece que no resuelven sus problemas,
están poniendo a Dios en el mismo nivel del juez malvado.
Están considerando a Dios como de mal corazón. Con
una imagen semejante, nunca podrán tener la suficiente confianza
como para dirigirse a Dios con plena fe.
6.-
Hay que considerar la contraparte de esta conclusión.
Desconfiar de Dios, rebelarse contra Él, porque aparentemente
no contesta nuestras peticiones es olvidar que Dios es Padre de
bondad, y es caer en la consideración de ver a Dios como
si fuese el juez malvado.
No. Dios no puede ser comparado con el malvado e injusto juez que,
al fin, terminó haciendo justicia a la pobre viuda.... Si
es así, yo seguiré clamando a Dios; es imposible que
no resuelva mi caso.
Esta imagen de Dios amigo, compasivo y Padre de bondad, induce a
tener confianza: de allí brota espontánea la oración
de fe que Jesús nos pide.
Ninguna oración se pierde, te lo puedo asegurar, por que
al final de cuentas la eficacia de la oración no depende
de la insistencia del hombre sino de la bondad de Dios,... sólo
que en ocasiones la solución no es precisamente la que nosotros
estábamos esperando o aquella qe nosotros juzgábamos
como la adecuada,... pero Dios no se equivoca.
7.-
Quisiera participarte de un episodio sobre mi vida de familia.
Mi madre fue siempre una mujer de fe cristiana. Ella fue muy devota
de la Virgen María, en especial bajo su advocación
de Nuestra Señora de Guadalupe. En cualquier circunstancia
sobreponía su fe profunda y sólida en Dios, y siempre
se escuchaba en sus labios una jaculatoria mariana: ¡Madre
mía!, ¡Virgen Santa!, ¡Madrecita de Guadalupe!,
¡Ayúdame!...
Ella vivió la Pascua definitiva
el 10 de Enero del 2001. A la distancia del tiempo he reflexionado
sobre su profundo amor a la Madre de Jesús y sobre sus constantes
jaculatorias marianas, y me he dado cuenta de que la Virgen María
vino a llenar un espacio afectivo en su vida. Mi madre quedó
huérfana de mamá cuando tenía 4 años,
y la Virgen María se convirtió en aquella que le ofreció
el afecto materno que ella y todos nosotros necesitamos.
Debo decirles que Dios nuestro Señor
le concedió, a través de la intercesión de
la Virgen, muchísimas veces su salud. Solamente te digo una
cosa: en 1982 yo tenía dos años de que había
entrado al Seminario y, yo ya le pedía a Nuestro Señor
que me permitiera la gracia de que ella estuviera el día
en que me ordenara sacerdote. Y el Señor nos lo concedió,
nos la permitió durante 10 años de mi ministerio sacerdotal.
¿Cuántas veces, estando en estado crítico,
Dios le devolvió la salud? Si te dijera que 20, serían
muy pocas.
En la Navidad del 2000, cuando ella
estaba preparándose para ir al encuentro con Dios, los hijos
le pedíamos al Señor por su salud. Pero Dios no se
equivoca, y Él tenía un designio de salvación
sobre ella. Y Dios dijo: ¡hasta aquí!
A la distancia creo que Dios al
salirle al encuentro a mi madre, le dijo: Mira Virginia, tus hijos
me piden que te dé la salud. Lo piden porque te quieren,
pero creo que son algo egoístas. Yo te puedo dar una vez
más la salud, puedo ayudarte para que te incorpores nuevamente
a tus actividades... pero, ¿sabes una cosa?: Ya no te quiero
ver sufrir, te quiero tanto... que ya no te quiero ver sufrir. ¡Ven
conmigo!...
Y estoy seguro,
de que mi madre sonrió y le tomó de la mano.
Los
hombres somos egoístas, no vemos más que el presente.
Queremos perpetuar a nuestros seres queridos, aún a costa
de dolores y sufrimientos. Y cuando Dios les muestra su rostro bondadoso
y les sonríe... Nos molestamos y reclamamos. ¡No comprendemos
su bondad!
8.-
Muy querido amigo:
Te puede parecer contradictoria y hasta cierto punto incomprensible
mi afirmación, pero sí te puedo decir que: “algunos
de los mejores regalos de Dios son las plegarias sin respuesta”,
y nuestro mejor regalo para Él es la apertura a su santa
voluntad. Pareciera que en verdad está desapareciendo la
fe de la faz de la tierra, o al menos muchos hemos llegado a pensar
que los milagros son esos momentos en que Dios hace nuestra voluntad,
cuando el día de hoy el mayor milagro se dará cuando
el hombre aprenda a hacer la voluntad de Dios.
Sabías que,.... san Buenaventura
un día le pidió a Santo Tomás de Aquino que
le mostrara su Biblioteca en donde había aprendido tanta
ciencia y santo Tomás de Aquino le llevó a su celda
y al correr la cortina le mostró su extensa Biblioteca: un
reclinatorio frente a un Santo Cristo,... y san Buenaventura le
dijo entonces a santo Tomás: ¡Se parece a la mía!
¡Ponte de rodillas ante Dios!,
para que puedas mantenerte de pie en la vida, aunque te sugiero
que no lo confundas con una posición corporal,... escribía
Vïctor Hugo: “Ciertos pensamientos son plegarias. Hay
momentos en que, sea cual fuere la actitud del cuerpo, el alma está
de rodillas”.
EL
ROSARIO DE LA VIDA.
“En aquel tiempo, para enseñar
a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer.
Jesús les propuso esta parábola:
1.-
Orar siempre y sin desfallecer,...
Cuando se lee con seriedad el Evangelio,
ya no quedan dudas: Esa imagen errónea de un dios impasible
y frío, ese dios olvidadizo y sádico que tanto se
esmeran en presentarnos algunos de nuestros contemporáneos
no es el Dios del cristianismo. Si recordando la ejemplaridad de
aquella viuda fuéramos capaces de ser constantes en nuestra
oración, sabríamos encontrar un día el rostro
de aquel que como Padre bueno sale a nuestro encuentro.
Algunos autores, y aunque no coincido
totalmente en la instrumentalidad te lo comparto, mencionan que
una de las más grandes contribuciones de Longinos fue el
abrir con su lanza el costado de Cristo, de donde salió el
agua y la sangre que nos manifiestan el nacimiento de la Iglesia
y el origen efectivo de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía,
y que con la caída de la sangre divina recibió el
mismo Longinos la vista en uno de sus ojos que tenía ciego....
Ellos mencionan que ese costado abierto es como una puerta sin candado
para todo el que con sinceridad busque a Dios en sus momentos de
desesperación y abandono.
2.-
Orar siempre y sin desfallecer,... la puerta está
abierta.
Me ha hecho pensar en uno de los ejercicios de piedad
cristiana más completos, que más me han sido útiles,
y que inevitablemente se relaciona con la advocación mariana
bajo cuyo patrocinio está encomendada la comunidad cristiana
de la que soy párroco,... ¡adivinaste!, el Santo
Rosario.
3.- Hoy quiero,
más que hablar de la riqueza del Santo Rosario, que tú
sabes que soy yo el primero en reconocerla y en buscarla, quiero
referir la riqueza de aquellos que rezan el Santo Rosario.
Soy defensor de las personas que
lo rezan porque lo entienden y que lo entienden porque lo aman.
Caigo en la cuenta, en efecto, de
que aquellas personas son habitualmente las protagonistas de lo
cotidiano.
Se “agarran” al rosario,
porque están “agarradas” a las realidades más
humildes y más sublimes, se trata de esas realidades que
son indispensables para la vida de todos.
Se encuentran a gusto rezando el
rosario, porque encuentran satisfacción en las modestas ocupaciones
de los días ordinarios.
4.- Aman las
repeticiones que impone el rezo del Santo Rosario porque saben que
en la vida cotidiana se dan las repeticiones y que estas no deben
cansarnos. ¡Cuántas repeticiones en la recitación
real, de su existencia cotidiana!
Los
mismos gestos.
El
horario de siempre.
El
mismo trabajo.
El
cansancio de todos los días.
Un
recorrido idéntico.
Las
mismas incomprensiones.
Siempre
los mismo verbos por conjugar.
Siempre
las mismas personas a que complacer.
Siempre
los mismo reproches que soportar.
Y siempre el mismo aprecio que,... en realidad no
llega casi nunca, porque los demás dan por descontado el
derecho a aquellos determinados oficios humildes. “Cosas de
nada”: precisamente porque ellos no permiten que falte ni
una sola vez.
5.-
Que ciertos “intelectuales” le vayan a decir
a esta persona sabia como si fuera un elevadorista que “la
mecánica de las Ave María es mortificante para la
espontaneidad”.
El ascensorista debe pensar instintivamente en el gesto mecánico
de pulsar un botón que repite centenares de veces durante
la jornada. Y nunca ha considerado aquel gesto como mortificante
de la propia espontaneidad. En todo caso debe resultar mortificante
para el que espera en un piso y quisiera llegar a otro si, una sola
vez, el elevadorista decidiera permitirse una pausa para la... espontaneidad.
6.-
Los que atacan el rosario cometen la equivocación
de olvidar a los que rezan y a aquellos por quienes se reza. Son
hombres de ciencia que rayarán en la inconsciencia. Atribuyen
efectivamente a estos devotos una ignorancia, una torpeza, un “hacer
mecánico”, que habría que probar antes de hacer
afirmaciones gratuitas.
¿Quién les ha dicho a los que danzan
en el laberinto de la erudición que los devotos del Santo
Rosario no saben rescatar la “mecánica de las Ave María”
y el monótono hábito de las fórmulas”
mediante un suplemento del corazón?
¿Cuál es el fundamento cómo
para que afirmen que las repeticiones sólo son repeticiones
en la fatiga, y no más bien incesantes novedades de contenido,
aunque expresadas en la repetición de las fórmulas?
7.-
Algunos lo llaman monólogo,... y la verdad
es que no debemos tenerle miedo incluso a rezar el Santo Rosario
en momentos personales, puesto que entendemos que los monólogos
que Dios rechaza son aquellos que se convierten en panegíricos
de las propias virtudes, como el del Fariseo en el Templo y el de
muchos que rechazan esta devoción de piedad cristiana.
Lo importante en la
oración no son las palabras sino los latidos del corazón.
8.-
Y, ¿qué decir sobre las letanías?
Nadie tiene derecho a juzgar lo
que una persona pone dentro de una letanía. Sea en la letanía
de la oración, sea en las letanías de la vida cotidiana,...
¿Cómo si un enamorado se cansara de decirle te amo
a la persona amada o la amada de escucharlo?
Los especialistas de lo cotidiano
se reconocen en el Rosario, porque en el Rosario reconocen no tan
sólo su oración, sino también su vida, sus
sentimientos, sus emociones y sus ilusiones. Se trata de una vida
hecha de pequeñas cuentas siempre iguales, pero unidos por
el hilo del misterio que les va dando un significado y les ofrece
coherencia.
Y ellos reconocen a la Santa
Virgen y Madre nuestra como su “cómplice” de
todos sus días. Y la eligen como la compañera
del viaje de lo cotidiano para que no se vuelva rutinario, precisamente
a ella: la criatura más excelsa que ha recorrido un camino
semejante al de cada uno de nosotros.
9.-
Junto a la Virgen intentan marchar a lo largo del camino
de todos los días, marcado por los misterios de gozo, por
los misterios de luz, los misterios dolorosos hasta llegar a los
misterios de gloria.
Y es que la oración del Rosario
nos capacita para convertir en una oración el Rosario de
nuestra vida. Todos nos llenamos de júbilo con los misterios
de gozo en las concepciones, las visitaciones y los nacimientos,...
¿Quién no ha percibido los propios misterios de luz
en la vivencia de un Dios que está cercano y que convierte
nuestra vida en nuestra propia historia de salvación: nuestro
bautismo, el Evangelio que se nos ha predicado, la invitación
a la mesa de la eucaristía...? Y así, un día
también se hacen presentes nuestros misterios de dolor, un
día en nuestra historia llegamos a vivir nuestro viernes
santo y lo hacemos con la comprensión que nos da la totalidad
de la composición del Santo Rosario: el Gólgota
se ha convertido en un lugar de oración, porque anhelamos
y sabemos que sólo pasando por los misterios de dolor podemos
rezar un día los misterios de Gloria en el Reino. Y así
es nuestro recorrido: desde la antesala de nuestra propia Navidad
y nuestro mismo nacimiento hasta llegar al viernes santo que conduce
a nuestro domingo de Pascua.
Y, de esta manera, en cada uno de esos misterios de lo cotidiano
que se abren a la eternidad sabemos que está ella: en el
momento de la esperanza, del sufrimiento, de la alegría,
del gozo, de la vida interior,... Allí está ella,
silenciosa, discreta, pero siempre presente y solícita. Ella
nos sabe entender y nos hace entender. Ella nos ayuda a intepretar,
a descubrir el “plan de Dios”, a guardar en el corazón
incluso aquello que nos parece incomprensible, a madurar en el dolor,
en el silencio y en la vida escondida de esas realidades más
vitales.
10.-
El que ama el Santo Rosario no es un especialista de la
“repetición mecánica”, es más bien,
un especialista en “comenzar de nuevo”, en lanzar de
nuevo la red, en dejar caer nuevamente la semilla en el surco, en
remover la tierra en el redondel de la viña para volver a
ponerle abono.
El que ama el Rosario es un especialista
en comenzar de nuevo, tanto en el Santo Rosario como en la vida.
Aun cuando no pueda más y en ocasiones duerma rezando las
“Ave María”, está seguro que mañana
será capaz de empezar de nuevo.
Mañana, y pasado mañana
se agarrará al Rosario, y con ello se agarrará a las
letanías de las ocupaciones ordinarias.
Gente obstinada, dirán pocos,...
personas tercas, mencionarán muchos,... ¡Qué
bueno!, por fortuna para este mundo, para dicha nuestra y para gloria
de Dios.
11.-
Si valorásemos la realidad, caeríamos en la
cuenta de que la vida y el mundo se sostiene no tanto por las ambiciones
y veleidades, cuanto gracias al modesto Rosario de acciones repetidas
con un espíritu nuevo.
Y es que son sobradas las ocasiones en que pensamos
sólo en los grandes heroísmos y vamos olvidando los
heroísmos de la vida diaria. A fuerza de pensar en lo extraordinario
olvidamos la importancia de lo ordinario. Recuerda, por favor, que
es en lo ordinario en donde se construye la vida y en donde se consigue
la santidad.
Es que el Rosario de esta persona
está muy gastado, ¡son los mejores!, ¿te das
cuenta? ¡son muy resistentes!
Tenemos que estar agradecidos con
las personas siempre dispuestas a comenzar de nuevo. Todos tenemos
necesidad de que no se detengan.
Oremos, pues, por estos especialistas de las “cosas
de siempre”.
Ojala que oremos por ellos, rezando por ellos,...
el Santo Rosario.
Se lo merecen. Un día, ¡me
entiendes!, rezar el Santo Rosario por los que rezan todos los días
el Santo Rosario, y es que cuando los vemos cómo lo aman
nos damos cuenta de que lo entienden.
LA
SOGA Y LA ORACIÓN.
“
En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola: “En
cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni
respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una
viuda que acudía a él con frecuencia para decirle:
“Hazme justicia contra mi adversario ”.
Por mucho tiempo, el juez no le
hizo caso, pero después se dijo: “Aunque no temo a
Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de
esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando”.
1.- “
Orar siempre y sin desfallecer ”, en los labios del Señor
se convierte en una bella invitación para que fomentemos
la cualidad de una practica piadosa y que la aunemos a la cantidad
de ese ejercicio de vida interior.
Calidad y Cantidad
en aquello que hacemos que se convierten en verbo y en adverbio:
orar siempre; calidad y cantidad en una acción sumamente
importante y que se convierte en un verbo sustantivado que se tranforma
en sujeto oracional y un verbo afirmado en la negación para
que la precaución se convierta en nuestro ejercicio a modo
de predicado de nuestra propia vida: orar sin desfallecer.
Orar siempre y sin desfallecer,
cualidad y cantidad que nos hablan de una acción que expresa
la entrega y de una actitud que manifiesta la constancia en nuestra
vida espiritual.
2.- Entrega
y constancia, dos virtudes que pocas veces coinciden en un hombre,
pero que una vez que coinciden, estas virtudes se dan a la tarea
de conseguir para el hombre lo que sus sueños le proponen,
el camino que las ilusiones han trazado, la recuperación
de ese proyecto de vida tantas veces abandonado,... incluyendo el
proyecto de nuestra oración.
Y es que la entrega y la constancia
en alguien que en la vida cristiana lucha, que ama, que trabaja,
que ora, que busca, que insiste, que persiste,... suele ser una
manifestación muy clara de esa fe auténtica de la
que el Señor nos pone en advertencia sobre su posible desaparición
y el daño que esto nos pudiera causar.
Tengo que decir, y así lo
debo hacer, puesto que soy el primero en experimentarlo, que recomiendo
entrega y constancia aunada a la acción de la gracia de Dios.
No obstante, la gracia de Dios exigirá siempre ese esfuerzo
personal de cada uno manifestado en la entrega y la constancia.
Dios puede darnos las cosas sin
que pronunciemos una sola palabra, pero para Él nuestras
palabras se convierten en la manifestación externa del palpitar
de nuestro corazón,... Dios opera en todo con bondad y el
hombre debe comprender que al orar cumple con su vocación
de cooperar en todo.
3.- Orar
sin desfallecer,... Entrega y constancia,... Calidad y Cantidad.
La entrega suele ser la Calidad
en nuestro esfuerzo, la constancia es la Cantidad en el esfuerzo
que efectuamos.
Fíjate, cómo en el
mundo hay personas que son muy entregadas pero que adolecen en la
constancia y no consiguen lo que sueñan; algunos otros son
personas muy constantes pero que su falla es en la entrega y tampoco
concretizan sus anhelos.
Te has fijado, cómo algunos
somos muy entregados pero poco constantes: somos aquellos que hacen
las cosas bien, con ímpetu, con amor, rayando en la excelencia,...
pero un mes, un año o a lo mucho dos años, y cuando
sobrevienen las dificultades, que todos los oficios de la vida traen
consigo, entonces la persona claudica, renuncia, se sienta a llorar,
se molesta con Dios y cruza los brazos; muy entregados pero se falla
en la constancia.
Y te has fijado, cómo otros
somos muy constantes, se trata de aquellos que nunca faltamos al
trabajo, a la oficina, a la parroquia, a la escuela, al comercio;
somos los puntuales, aquellos que tenemos premio por el record de
nuestra asistencia, casi nos hemos convertido en activos de la empresa;
invariablemente estamos detrás del escritorio, pero que hacemos
las cosas con tal apatía, con tal desgano, con tal desamor
y sin ilusión que lo mismo daría que estuviéramos
o que no estuviésemos, que hiciéramos algo o que no
lo hiciésemos.
4.- Y, la verdad
es que quisiera, hablando de esa entrega y de esa constancia que
nos pide, no tan sólo la vida de oración sino toda
nuestra vida cristiana, referir que la entrega y la constancia se
convertirán en dos virtudes que pueden transformar nuestra
vida en una existencia más conforme con nuestra fe en Dios.
5.- Hablemos
primero, si tú así lo quieres llamar, de una vida
sino más pagana sí juzgada como menos cristiana, sin
perder la óptica de que en la ausencia de una fe que le da
sentido a lo que hacemos como para que lo hagamos en la más
alta calidad y sin que desfallezcamos es lo que hace que nuestra
vida deje de ser pagana para convertirse en auténticamente
cristiana, ya al final nos daremos tiempo para regresar al tema
de la oración.
¡Dos virtudes!, permítaseme
hablar el día de hoy de esas dos virtudes y utilizar un verso
de Goethe:
" No seremos nunca segadores
de frutos dorados y maduros
si no hemos sido sembradores
que han regado con lágrimas los surcos.
No
es algo que sólo heredamos,
este místico mundo de los hombres.
El campo de la vida da lo que plantamos,
una cosecha de espinas o de flores.
El autor del Fausto, refiere una
acción cualificada como lo es la del sembrador pero acompañada
de la cantidad que ofrece ese riego que suele acompañar nuestras
lágrimas.
Hoy, que se nos invita a orar sin
desfallecer, le quiero pedir a Dios que nos conceda a todos nosotros,
de una forma muy especial, la constancia en las cosas que hacemos.
6.- Y, ¿sabes
qué? me agrada la forma en que lo expresa aquel célebre
refrán Guatemalteco: “La constancia vence al genio”.
Bien podríamos sintetizar de esta manera la parábola
de nuestra vida.
Como maestro, con apenas quince
años en la docencia, me ha tocado encontrarme con alumnos
que en su tiempo sobresalían por su ingenio, por su inteligencia
excepcional, alumnos brillantes pero, que tenía un problema:
eran “perezosos”, luego, a través de los años,
se han quedado varados en la mediocridad. Y la otra cara de la moneda
se ha presentado también, algunos de sus compañeros
que apenas lograban la nota mínima para aprobar una materia,
con el paso de los años los han aventajado. Paso a paso,
con constancia, han escalado metas que uno nunca hubiera imaginado
para ellos, se trata de hacer las cosas sin desfallecer.
Se cuenta que a Fritz Kreisler,
el gran violinista de fama mundial, se le acercó una vez
una dama entusiasta de la música y le dijo: "Señor
Kreisler, ¡yo daría mi vida por tocar como usted!"
A lo que contestó con calma el violinista: "Señora,
eso es lo que yo he hecho". Y, lo mismo se
cuenta de Pablo Sarasate, violinista también, cuando después
de una ejecución magistral una persona de entre el público
le grita: “Pablo eres un genio”.
A lo que Sarasate responde: “¿Genio yo ?, si tengo
toda mi vida ensayando 11 horas al día y me llamas genio....”
¿Te das cuenta?
Lo mejor de la vida tiene un costo por cubrirse.
Hace años Calvin Coolidge decía: “Nada
en el mundo puede reemplazar la perseverancia. Ni siquiera el talento.
Nada es más común que hombres de talento fracasados.
El genio no lo puede reemplazar. La educación no la puede
reemplazar. El mundo está lleno de náufragos educados”.
7.- Cuando
un padre de familia les ha enseñado a los hijos el valor
de la perseverancia, tal vez se encontrarán con que se detienen
momentáneamente, pero no pararán hasta alcanzar sus
metas. Continuarán buscándolas y en el camino descubrirán
que son muy pocos los problemas que no pueda resolver una firme
perseverancia.
Estoy convencido, que hay dos cosas que se generan
en nuestras dificultades: Cuando alguien no lucha sobreviene la
destrucción y cuando alguien se esfuerza y lucha podrá
conseguir la victoria al haberse vencido a sí mismo.
8.-
Orar con insistencia. Nunca digas desisto, nunca se lo digas
a Dios, mejor pronuncia en tu vida: Persisto. Regresemos al tema
de la oración.
Sin lugar a dudas nuestra oración
un día nos llevará al desierto de nuestra propia existencia,
allí en donde la fe escasea efectivamente, y en donde las
oraciones se convierten en gritos aparentemente dirigidos a alguien
que aparentemente no los escucha.
No le tengamos miedo al desierto,
ni siquiera al de nuestra vida interior. Los árabes sostienen
que “el desierto es el jardín de Dios. De ahí
que el Señor de los fieles ha quitado todo animal y todo
ser humano superfluo para que existiere un lugar en el que Él
pudiera pasear en paz”.
No desfallezcas, porque el desierto
es el lugar ideal para que el fiel tenga una cita con Dios.
9.-
El Desierto en sí mismo y el de nuestra vida piadosa,
nos atrae tres recuerdos a la memoria: el designio divino, la infidelidad
del pueblo y el triunfo de Dios. El desierto de nuestra propia oración
es el camino hacia la tierra prometida y es también el lugar
del combate.
El desierto se convertirá
en la escuela de la vida, fue la escuela de un Moisés que
nos es referido en la primera lectura, es la escuela de Elías,
la escuela de san Pablo, es una escuela a la que Jesús no
le rehuyó, es la escuela de los grandes santos y la de todo
hombre.
El desierto sigue siendo esencial
en la historia del Pueblo de Dios. Lo era para Israel y lo es para
la actual singladura cristiana, cuando la Iglesia peregrina y se
dirige al Reino de Dios en su dimensión temporal, y sobre
todo, en la escatológica.
El desierto es el lugar del noviazgo,
del amor primero, del afecto sincero, de la confianza absoluta,
de la fidelidad plena y del abandono total. No existen ruidos que
obstaculicen nuestra oración, y aún el mismo silencio
se tansforma en una plegaria y nuestros lamentos en alabanzas.
10.-
Orar siempre y sin desfallecer, como lo diría una
canción popular española:
“ Amor mío,
no pierdas
las esperanzas,
que en el pozo más hondo
la soga alcanza.”
Y, en verdad, que la soga de la
oración alcanza cualquier gracia de Dios, aún cuando
pareciera imposible nuestra misión y nuestra súplica.
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