1.-
Muy querido (a) amigo (a):
Hoy, celebramos en la Iglesia universal
el Domingo Mundial de las Misiones y el Evangelio nos presenta al
Señor Jesús enviando a sus apóstoles a realizar
dos acciones: enseñar su doctrina a todas las naciones para
que sea observada y bautizar en el nombre de la Trinidad.
Y junto con el mandato ofrece su
promesa: Yo estaré con ustedes todos los días hasta
el fin del mundo. Por un lado el mandato y por el otro el ofrecimiento.
Hablemos sobre nuestra misión y sobre el cumplimiento de
la promesa de Cristo.
2.-
Escribió Marco Aurelio en sus Meditaciones: “Cada
cosa nació con una misión. Y tú, ¿para
qué? ¿para el placer? Mira si es tolerable la idea”.
Todas las criaturas de Dios tenemos
una misión por cumplir. Digamos que todo lo creado, la flora
y la fauna, los minerales y los líquidos, tenemos un proceso
hacia un fin.
Toda criatura cumple con una misión
inexorablemente: la flor alegra con su fragancia y sus colores el
camino de nuestra vida, el sol ilumina con su luz y conforta con
su temperatura al hombre, la nube nos ofrece su sombra o su lluvia
placentera, el árbol cumple con su misión al proporcionarnos
el fruto, las flores, la madera o, simple y sencillamente, su sombra
generosa; cualquier persona conoce que la ave cumple con las leyes
de su naturaleza. Leámos el siguiente texto que escribe el
ornitólogo norteamericano Roger Tory Peterson: “Las
aves vuelan al norte y al sur en fechas tan precisas que podría
decirse consultan su calendario, y parecen seguir determinadas rutas,
que parecerían consultar un mapamundi”.
En la realidad todas las criaturas,
excepto el hombre, están condicionadas y actúan por
la fuerza de sus instintos o de sus leyes naturales.
Los animales viven en un ambiente
propio, de índole específico, y en sus reacciones
están ligados a sus impulsos. Dios les ha dado a la fauna
la armonía de un mundo propio y una reacción instintiva
que le protege. Friedrich Nietzsche definía al hombre como
alguien no determinado, esto en relación con los demás
seres animados que sí están determinados. F. M. Dostoiewski
nos ayudará en esta comprensión al escribir:
“La hormiga conoce la fórmula
de su hormiguero. La abeja conoce la fórmula de su panal
o de su colmena. No las conocen al modo humano sino al modo suyo.
Pero no necesitan más. Sólo el hombre desconoce su
fórmula.”
Y sin embargo, esa es la gran diferencia
y nuestra verdadera grandeza: No le pidas a una hormiga que haga
un panal, ni le solicites a una abeja que haga un hormiguero. En
cambio, el hombre, aún en su indeterminación instintiva,
ha recibido en su ser imagen y semejanza de Dios, los dones espirituales
que le permiten la libertad, la voluntad, el construir un lenguaje
y una cultura, el aprender, el comprender, el acceder al autoconocimiento
y el obtener la autoconciencia, entre otras muchas cosas.
3.-
El hombre puede ser identificado como un ser que biológicamente
es deficitario, sin embargo su dimensión espiritual le eleva
sobre toda la creación. Dios ha querido que su vida y su
misión sea al mismo tiempo una promesa y una acción
consciente.
Y es este, el espacio en el que desaparecemos
del cuadro de la sola animalidad para elevarnos a horizontes insospechables.
El hombre, a diferencia de toda la creación,
obra conforme a las facultades espirituales que el Creador le
ha concedido: Inteligencia, Voluntad y Libertad. La misión
del hombre consiste en ese ir más allá de nosotros
mismos, más allá de los sentidos y más allá
de la materia.
En este proceso del hombre hacia ese fin para
el cual fue proyectado, cada ser humano podrá deliberadamente
retrasarlo o ir de acuerdo. Retrasamos la misión de cada
uno cuando nos contentamos con los pasatiempos de nuestra vida.
Somos tantos los que optamos por la rutina, la vulgaridad, la
masificación, el caminar con cansancio, tristeza o decepción
y, al fin de cuentas, abdicamos a nuestra misión.
4.-
Querido
amigo:
Hace unos veinte años leía
un libro de William Saroyan titulado: El tiempo de tu vida.
Allí se personifica a un
ser humano que carece de una verdadera meta. Willie tenía
la manía de jugar en las máquinas mecánicas.
Toda la vida de Willie desde que es niño hasta que se convierte
en un adulto se desarrolla en esa lucha contra la máquina.
Los relojes siguen su curso y los calendarios cumplen con el cómputo
de los días. Han pasado los años y en la última
escena gana un juego, ¡al fin!. Se encienden las luces rojas
y verdes, la campana suena seis veces y de la máquina salta
una bandera, se escuchan unas fanfarrias, todo mundo aplaude, Willie
saludando a todo el mundo, se dirige a donde está el encargado,
recibe seis monedas y declara: “¡Sabía que podía
hacerlo!”.
Sale de aquel cubículo y
camina por las calles sintiéndose el dueño del mundo,
y sin embargo lo ha perdido todo, puesto que el
tiempo, que suele ser el juez más insobornable ha cumplido
con su sentencia. Willie ha perdido los años
de su vida y su fracaso tendrá que soportarlo.
¿Te recuerda
a alguien en especial esta historia?
5.-
¿Cuál es nuestra
misión en la vida?
Hoy, tenemos que contemplar una
dimensión nueva que por la fe hemos conocido: El Señor
Jesús nos ha permitido incursionar en la vida sobrenatural.
Por la gracia de Dios hemos recibido una serie de dones inimaginables.
Al mismo tiempo, desde la fe que profesamos debemos darnos tiempo
para discernir la misión propia de nuestra dignidad como
Cristianos. Debemos ser capaces de entender que los dones de Dios
al mismo tiempo que son gratuitos e inalterables, son también
funcionales. Ante la amplia gama de beneficios recibidos preguntémonos:
¿Para qué los he recibido? Cuándo
Dios concede un don a alguien lo concede para algo.
6.-
¿Cuál es mi misión?, mejor dicho, como
cristiano ¿Cómo desempeño la misión
de la Iglesia en el mundo?
¿Eres casado? Te deseo de
todo corazón que tu relación de esposo sea en la unidad
y en la comprensión. Les deseo que ambos corazones que se
han entrelazado a partir de la recepción del sacramento del
matrimonio se manifiesten sencillos en la solicitud del perdón
o, que sean tan capaces de amarse y de conceder el perdón
al sentirse ofendidos. Les deseo que cumplan con su misión
en la fidelidad.
A los progenitores les deseo que
cumplan también con la misión que tienen como padres:
que sepan guiar, aconsejar, corregir y apoyar a sus hijos. La psiquiatra
francés Francoise Dolto escribe: “Tres
segundos bastan al hombre para ser progenitor. Ser padre es algo
muy distinto, hace falta toda una vida”. La
idea no es nueva. Ya Federico Schiller, el célebre escritor
de María Stuart y de Guillermo Tell, lo gritaba en uno de
sus dramas: “No es la carne
y la sangre, sino el corazón, lo que nos hace padres e hijos”.
¿Eres hijo de familia? Te
deseo que seas capaz de preocuparte y ocuparte a favor de aquellos
por los que Dios te dio la vida y mucho más que la vida.
No se trata de caridades para con nuestros padres, sino de obras
de justicia. Te quiero recordar que: dar de comer al que nos dio
de comer, cuidar al que nos cuidó, desvelarnos por el que
se desveló por nosotros y preocuparnos por quien se preocupó
de nosotros no es ninguna obra de caridad sino de justicia. ¿No
te has fijado cómo, en algunas ocasiones, cuando los hijos
trabajamos y ganamos unas pocas monedas nos sentimos intocables
y convertimos nuestras casas en una especie de dormitorio o de restaurantes?
¿No te parece increíble
que haya todavía personas tan viles que por unos céntimos
nos sintamos con la capacidad de reclamar nuestros derechos en las
casas y que, simultáneamente nos neguemos a tener obligaciones?
Al mismo tiempo, te deseo que esa
tu relación fraterna se manifieste en la vida diaria a través
de la comprensión, de la benevolencia, del mutuo apoyo, de
la preocupación recíproca y de la aceptación
estable e incondicional.
¿Eres, como yo, un cristiano
llamado a la vida consagrada? Deseo de todo corazón que tú
y yo vivamos nuestra consagración en la integridad que exige
y en la pureza que se espera de nosotros. Recuerda
que nuestra consagración exige de nosotros tres cualidades:
totalidad, perpetuidad y alegría. Que nunca
se te olvide que cuando en la consagración
no hay totalidad hay adulterio, cuando no hay perpetuidad hay divorcio
y cuando no hay alegría hay servidumbre.
¿Qué tanto mostramos a los que nos tratan
el atractivo rostro de Cristo con nuestra vida? ¿Qué
tanto nuestra forma de vida se convierte en una elocuente promoción
vocacional?
El mundo en el que vivimos se ha
tornado en el más exigente de los tribunales, el cual está
esperando de los cristianos la predicación no tanto de las
palabras sino del testimonio. El silencioso predicar del ejemplo
suele ser el más elocuente. Hoy hacen falta misioneros de
la vida cristiana, los cuales a través de su vida sean capaces
de persuadir de la grandeza que poseen los valores del Reino. En
la actualidad faltan Misioneros que, con su forma de vida, den testimonio
de que el Matrimonio es sagrado y todavía posible, que el
sacerdocio es un estado de vida atractivo y que la verdadera vida
cristiana es posible.
Diría la Madre Teresa de
Calcuta: “Aquellos que están
llenos de gozo no necesitan palabras para predicar”.
Diría Juan XXIII: “Un
buen ejemplo se convierte en una excelente campana que llama a la
muchedumbre a la Iglesia”. Diría san
Francisco de Asís: Prediquen
siempre el Evangelio, sí es necesario utilicen las palabras”.
¡Evangelizamos mucho más con lo que somos que con lo
que decimos!.
En el Domingo Mundial de las Misiones:
¡Cooperemos con la Misión de la Iglesia por medio de
nuestras oraciones, con nuestra ayuda generosa y con la posibilidad
de una consagración a la evangelización! ¡Cooperemos
también con la predicación y con el testimonio!
¿QUÉ
EVANGELIO PREDICAMOS?
“Vayan, pues,
y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas
a cumplir todo cuanto yo les he mandado”.
1.-
Muy queridos amigos:
Quisiera que en este segmento detuviéramos nuestra reflexión
en torno a esa predicación que le hemos de llevar a todo
hombre.
Se trata de un anuncio Evangélico
del Dios que no nos impone nada a la fuerza. ¡Dios siempre
ha querido voluntarios! Aquellos que estamos dentro porque no nos
queda de otra, sin lugar a dudas no hemos llegado a comprender ni
la grandeza ni la dignidad del mensaje cristiano.
2.-
Dios respeta la libertad de la persona. Hay ocasiones en
que nos pueden desilucionar los problemas del mundo o la incoherencia
de los cristianos. Hay un pasaje interesante en la vida de San Bernardo
de Claraval, monje fundador del siglo XII, célebre por su
facilidad de discurso:
"Un individuo desaliñado
y sucio se puso en pie, en medio de un bullicioso grupo de personas
que escuchaba a San Bernardo predicar. Se dirigió hacia él
y, con potente voz, le planteó una pregunta que era más
bien un grito de indignación: ¡Usted dice que Dios
vino al mundo hace ya 1200 años... ¿Cómo es
posible entonces que el mundo continúe lleno de ladrones,
adúlteros y asesinos?!"
Se hizo un gran silencio. A
todos los presentes les pareció que era una objeción
incontestable. Sin embargo San Bernardo le miró serenamente
y contestó: Tiene usted toda la razón, pero también
existe el agua desde hace millones de años y, sin embargo...
¡fíjese como va usted de sucio!"
Igual que aquel individuo podía
aprovecharse o no de las benéficas posibilidades higiénicas
del agua, los hombres tenemos la posibilidad de usar bien o mal
de nuestra libertad y de seguir a Dios o de no seguirlo. Esa decisión
es responsabilidad nuestra, no de Dios.
3.- Jesucristo
respera la plena libertad que tenemos todos los seres humanos ante
su enseñanza. También nos ha mostrado la dignidad
de su persona divina. Jesús anuncia con valentía y
con libertad un mensaje, por el cual jamás esperó
ni aplausos ni reconocimientos humanos.
Jesucristo
al enseñar la verdad del Reino, jamás consintió
“negociaciones”. Él renunció
a esas simpatías que se obtienen a costa de la reducción
de la verdad. Jesucristo estuvo dispuesto a quedarse sólo
antes que pactar sobre las condiciones de su seguimiento.
Y es que, para todos aquellos que
recibimos el mensaje cristiano, el conocimiento verdadero de Jesús
nos llevará, tarde que temprano, a tomar una posición
en la vida. Conocer al Galileo nos conduce ineludiblemente a autocuestionarnos:
“¿Y ahora qué? ¿Sobre quién quiero
fundar mi vida, mi familia, mis afectos, mi profesión?”
¡Date cuenta de que no se puede permanecer tibio en la existencia
cristiana! En Jesucristo existen las neutralidades, aún el
silencio manifiesta tácitamente un posicionamiento.
4.- Recuerdo
ahora una de las cuestionantes que se nos predican en los ejercicios
ignacianos: ¿Cuál bandera eliges? ¿A quién
quieres seguir?
Seamos conscientes de que Elegir
será un valor que tendrá simultáneamente un
costo: la renuncia. Pero, al mismo tiempo, reconozcamos que solamente
el Señor Jesús es quien posee palabras de vida eterna.
Aún cuando sus palabras nos puedan parecer duras, exigentes,
indigestas e insoportables, para no pocos de nosotros, solamente
Él tiene palabras de vida eterna.
5.-
Como cristiano y como sacerdote, este domingo le quiero
agradecer a Dios nuestro Señor, el que su Iglesia, su Pontífice
y sus Obispos, luchen por dialogar siempre con respeto; pero también
le agradezco al Señor el que ellos ni estén a la espera
de esos aplausos momentáneos de los comodinos ni que sean
consentidores en las negociaciones, sobre todo cuando los temas
versan sobre ese respeto a la vida de todo
ser humano con la inclusión de la etapa prenatal y hasta
su fin absolutamente natural, así también en la temática
en torno a la recta sexualidad, al amor verdadero, a la justicia,
a la verdad y a la familia.
En esta semana que concluimos, y
en la cual hemos celebrado en la gratitud cristiana los 26 años
de la elección pontificia de Juan Pablo II, me vinieron a
la memoria un sinfín de historias sobre su pontificado que
hablan de esas dificultades que se enfrentan cuando se quiere enseñar
a cumplir lo que Jesús nos ha enseñado.
Me acordaba como hace cinco años,
un grupo de hermanos homofílicos entablaban una demanda,
ante una corte internacional, contra Juan Pablo II acusándolo
de practicar la discriminación, por el hecho de no consentir
en la Iglesia el matrimonio entre los homosexuales.
Me asaltaba a la memoria también
aquel momento, cuando hace ocho años en el campo Marte frente
a la torre Eiffel, en París, Su Santidad exhaltaba la obra
del médico cristiano Jerome Lejeune, defensor
de la vida y descubridor del gen que da origen a la Trisomia
21, conocida como Mongolismo. El Papa proclamaba el Evangelio
de la Vida para iluminar esta cultura de la muerte y, precisamente
a pocos metros del lugar, deambulaban algunas mujeres que protestaban
contra sus enseñanzas con el torso desnudo, así como
un grupo de opositores que entregaban los así llamados por
ellos: “300 mil preservativos masculinos benditos”.
6.-
Es realmente difícil, enseñar a cumplir lo
que Jesús nos ha mandado. Y esa es nuestra misión.
Se trata de predicar el Evangelio
de Jesucristo en un mundo que alza la voz para cuestionar todo lo
que no le agrada. Personas que quisieran calificar como bondadoso
solamente aquello que les gusta, lejos de aceptar que hay cosas
que por su sola bondad debiéramos gustarlas.
El Señor nos envía
a enseñar a este mundo que la verdadera puerta del amor es
tan estricta como estrecha, y que las exigencias del amor verdadero
son infinitamente profundas y penetrantes.
7.-
Los cristianos debemos pedirle a Dios este domingo que nos
conceda su luz, de tal manera que se nos abra el entendimiento y
podamos así comprender que ni la bondad, ni la verdad, ni
la justicia pueden basarse en criterios únicamente subjetivos.
Hoy, en que la sociedad discute
superficialmente sobre delicados temas debemos recordar que la verdad
será verdad aunque nadie la sostenga.
No se trata de caer en el universo
de la sospecha, ni mucho menos de sembrar el escepticismo. Todo
lo contrario, en el momento en que no existan criterios objetivos
en torno a la verdad, nuestro mundo se convertirá en un terreno
de cultivo para la sospecha de todo hombre, se potenciará
la falta de respeto a todo ser humano, y caeremos en un verdadero
escepticismo ante los propios reclamos de respeto.
La verdad no puede surgir de los
consensos, ni de los populismos, ni siquiera de un plebiscito. ¡Cuándo
comprenderemos que ni siquiera un plebiscito podrá decidir
la aprobación del aborto! Me agrada la forma en que decía
estas cosas Bertrand Russell en “El Ensayo escéptico”:
“Aunque todos los expertos estén
de acuerdo, bien pueden estar equivocados”.
Aún cuando las mayorías
y las legislaciones estén de acuerdo con llamarle “derecho”
a un delito, los cristianos jamás podremos considerarnos
exentos de reflexionar con seriedad cada una de nuestras acciones
y de asumir personalmente las consecuencias de nuestro obrar y de
nuestros silencios. El que tú y yo estemos del lado de la
mayoría nunca será un criterio de verdad.
8.-
Si predicamos el Evangelio de Jesucristo, entonces estamos
predicando una moral que sobrepasa una simple ética. Se trata
de la levadura de la vida cristiana.
Nuestra sociedad debe modificar
sus criterios buscando favorecer la vida. Un Evangelio bien predicado
invitará a nuestra sociedad a practicar una ética
más humanista que cualitativa.
La ética cualitativa que
rige muchos de los sectores de nuestra sociedad es una ética
de la perfección, de excelencia, que exhalta la belleza y
los parámetros humanos de superioridad. Esta ética
busca y exhalta un mundo más bello, limpio, indoloro e inodoro.
Son los nuevos “arios” de la medicina
y de la genética atractivamente disfrazados de filántropos.
Una ética más humana,
como lo es la moral cristiana, considera la vida como algo valioso
en sí mismo. Acoge con amor y cuidado a todo ser humano,
sin distinción de tamaño, de edad, de forma, pigmentación
de su piel o de autosuficiencia. Para
un cristiano: toda vida vale la pena vivirse.
Permítanme emitir mi juicio
cristiano y decirles que prefiero la ética humanista a la
cualitativa, prefiero una ética pro-vida a una ética
de la excelencia. Prefiero un mundo con algunas “imperfecciones”,
pero que sea más humano y lleno de compasión, que
sea un mundo más lleno de amor.
9.-
Hoy tenemos que enseñar a cumplir los mandatos de
Jesucristo a un mundo que busca un cristianismo sin verdades
de fe y sin verdades morales. Entendamos el adagio:
“La verdad nos hiere pero la mentira nos destruye”.
Nuestra Iglesia prefiere esa verdad que en muchas ocasiones nos
resulta incómoda, porque la Iglesia no puede aceptar una
mentira que olvide el Evangelio de Jesucristo y que destruya al
hombre y sus valores.
10.-
Hoy, le hace falta al hombre volver la vista hacia el crucificado.
Sólo en el momento en que seamos capaces de voltear a ver
al Señor que ha muerto en la cruz, y meditemos en el silencio
de nuestro corazón, podremos encontrar allí precisamente
esas razones del porque la Iglesia sigue predicando: respeto por
la vida, por el amor, por el hombre íntegro en su sexualidad
y en sus rectos sentimientos.
11.-
Dos cosas nos urgen practicar a los cristianos, y nos lo
deja como tarea este Domingo Mundial de las Misiones. En primer
lugar: elegir a Aquel que tiene Palabras de Vida Eterna, aún
a costa de cualquiera de nuestras renuncias. En segundo lugar: practicar
la tolerancia y la caridad cristiana con todo tipo de personas,
sin que por ello nos engañemos pensando que la mentira, en
sí misma, pueda ser tolerable.
Vayamos al mundo a predicar con
palabras y acciones que la moral del amor es una moral de la alegría;
mientras que la moral del deber es una moral del esfuerzo. En la
moral del amor, el acto bueno se realiza con el corazón abierto,
con placer; en la moral del deber, por el contrario, el acto sólo
es bueno si se realiza con fatiga, con el puro esfuerzo de la voluntad.
Prediquemos con nuestra vida una
moral de la alegría y no esa moral del deber que anuncian
tantos por sus altavoces.
Vayamos a este mundo con alegría
cristiana a predicar y a enseñar
a cumplir todo cuanto Cristo nos ha mandado”.
PRESENCIA
DE CRISTO EN EL MUNDO DE LOS AUSENTES.
“ Sepan que yo estaré
con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”
1.- La
promesa de Cristo es ilimitada: estará con los apóstoles
y con sus sucesores, aún cuando los apóstoles ya no
estén, hasta que se acabe el mundo.
Ya Dios le había dicho a
Abraham que estaría con él; Moisés y Aarón
recibieron la promesa de que Él estaría en sus labios;
a Josué y al mismo Moisés les prometió que
estaría también con ellos; y le aseguró a Salomón
que le asistiría cuando construyera el Templo. Cuando Jeremías
alegó la inexperiencia de su juventud, Dios le aseguró
que pondría palabras en su boca. Pero en todos estos casos
la divina presencia duró solamente el tiempo de vida de las
personas a quienes se les había hecho la promesa.
2.- La promesa de protección
y presencia con los apóstoles es ilimitada: “He aquí
que yo estoy con ustedes todos los días, hasta la consumación
de los siglos”.
Hoy quisiera referirme a esta presencia
de Cristo en tres manifestaciones: La presencia Eucarística,
la presencia en el hermano y concluiré hablando sobre esa
presencia actual en los momentos más difíciles de
nuestra vida.
3.- Primero
hablemos sobre la Eucaristía, sobre todo en el inicio
del Año Eucarístico. Sabes que esta frase: “yo
estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del
mundo”, me atrajo a la memoria el recuerdo
de la Parroquia de san Juan Bautista de la Salle, a la cual serví
y en la cual encontré muchísimos de los amigos que
ahora conservo, y es que es este texto se encuentra inscrito en
ese altar que es presencia de Cristo, y al cual besé casi
ininterrumpidamente por aproximadamente siete años.
El texto de san Mateo se encuentra precisamente
allí, en el lugar sagrado en el que se celebra la Eucaristía,
en donde se hace presente Jesucristo Sacramentado.
4.- El
amor verdadero pide presencia, cercanía, proximidad, estar
lo más posible junto al ser querido. Y cuando la estancia
física se hace imposible, por imperativos del deber, por
motivos insalvables, entonces el amor recurre a mil estratagemas
para suplir esa ausencia, larga o corta, de la persona amada. Ahí
tenemos la fotografía enmarcada y puesta en el lugar de honor
o de mirada más fácil. Ahí está el regalo,
el ramo de flores, la carta desde el lugar lejano, el e-mail, o
el telegrama puntual, para que la caligrafía conocida, los
rasgos queridos en el papel suplan pobremente la separación
involuntaria. Ahí está el teléfono, los videos,
la audiograbación o la video-conferencia para que la voz
y la imagen telecercana sacien por unos minutos el hambre que tenemos
de la presencia personal.
La prueba de que Cristo nos ama
a los hombres está en que cuando tiene que volverse a la
Casa del Padre, porque ha terminado su misión salvífica,
y le urge recibir del Padre el abrazo de recompensa por la obra
realizada entre los hombres, Cristo no se resigna a dejar para siempre
a sus seres queridos. Y hallará, entre las riquezas insondables
de su omnipotencia, la fórmula de permanecer marchándose,
de irse sin desaparecer, de quedarse presente durante su ausencia.
No será una foto que se desvanece
ni un objeto recordatorio, sino su presencia real, aunque bajo otra
apariencia: la Eucaristía.
Si no hubiera otra prueba para demostrar
la divinidad de Cristo bastaría la creación de la
Eucaristía. Porque a ningún hombre se le habría
podido ocurrir jamás una cosa así.
Cristo decide quedarse, mucho más
que porque Él necesitare de nuestra compañía,
porque los hombres íbamos a necesitar la de Él. Presencia
de Jesús en la Eucaristía para todas esas horas bajas
que todos registramos en la esfera de nuestro reloj personal.
5.- La
Eucaristía nos habla de aquel que aparte de ser el Buen Pastor
para su rebaño, quiso convertirse en el pasto para sus ovejas.
Este factor de la Eucaristía lo ha presentado genialmente
Don Luis de Góngora y Argote en aquella composición
conocida como “Letrilla Sacra”, que es una verdadera
clase de teología.
Oveja perdida, ven
sobre mis hombros, que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.
Por descubrirte
mejor
cuando balabas perdida,
dejé en un árbol la vida,
dónde me subió el amor;
si prendas quieres mayor,
mis obras hoy te la den.
Oveja perdida,
ven
sobre mis hombros, que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.
Pasto al
fin hoy tuyo hecho
¿cuál dará mayor asombro,
o el traerte yo en el hombro,
o el traerme tú en el pecho?
Prendas son de amor estrecho
que aun los más ciegos las ven.
Oveja perdida,
ven
sobre mis hombros, que hoy
no sólo tu pastor soy,
sino tu pasto también.
6.-
Muy queridos amigos:
La presencia eucarística
de Cristo nos debe recordar también su presencia bajo las
especies humanas. Si tenemos fe para traspasar los velos sacramentales
y llegar a reconocer a Jesús, debemos tener también
un suplemento de fe suficientemente largo para descubrir a Cristo
tras el velo humano de los hombres. Si tenemos suficiente visión
espiritual para ver a Cristo cabeza en la Eucaristía, también
debemos tenerla para contemplar a Cristo en su cuerpo místico.
No se trata de una consideración
“piadosa”, sino de la entraña misma de la solidaridad
de Cristo con la humanidad. “Saulo, Saulo ¿por
qué me persigues?”, le pregunta Jesús
a Pablo, antes de se convertiera en el Apóstol, cuando perseguía
a los cristianos. Y en nuestra hora de la verdad, cuando se nos
juzque definitivamente, Cristo aplicará esta sentencia soprendente:
“Lo que hiciste con ellos, lo hiciste
conmigo”. Hay una presencia de Jesús en los
hombres que nunca meditaremos bastante.
7.- Pero
dirijámonos ahora a la tercera consideración: la presencia
real y providencial de Cristo en esos momentos difíciles
de nuestra vida.
Si cada uno de nosotros se diera
a la tarea de revisar todos los momentos en que Dios ha estado presente
en medio de nosotros, estoy convencido de que haríamos una
larga lista de los mismos.
¡Sé honesto! Si cada
uno de nosotros trazara esa línea de la propia vida, y en
esa línea señalara con una estrella el año
del nacimiento, y así cada uno de los años, hasta
el momento actual, y señalizáramos cada uno de los
años en que Dios ha tenido una intervención significativa
a favor de cada uno de nosotros, tendríamos miedo de cometer
la injusticia de olvidar tantos momentos de bendición y de
presencia de Dios cuando nosotros más lo hemos necesitado.
8.-
La afirmación del Señor: “Yo esté
con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”
me ha hecho recordar aquel pensamiento que a mí en lo personal,
el Señor me lo envío cuando junto con mis padres y
mis hermanos, estábamos sumergido en la oscuridad de la sinrazón
y en la amargura humana que engendra el dolor.
¡Tú lo debes recordar!
9.-
Habla sobre un hombre que durante un sueño recibe
un regalo de parte de Dios: contemplar en el cielo su vida
representada en una serie de escenas, que quedan plasmadas en la
arena húmeda a través de aquellos dos pares de huellas,
las que le pertenecen a él y también las del Señor.
Los dos pares de firmes huellas aparecen sumamente visibles en los
momentos de alegría en la vida, en el propio nacimiento,
en la fiesta, en los logros, en el cumpleaños, en el ingreso
a la escuela y en la graduación, cuando hay ascensos laborales,
en las promociones, cuando se puede vacacionar, en el amor, en el
noviazgo, en el matrimonio, en el nacimiento de los hijos...
Pero de pronto hay algo que le sobresalta
y que le detiene en su recorrido mental: En la arena húmeda
ha desaparecido un par de huellas, y sólo queda un
par plasmado en la arena humeda, y ésto acontece
en los momentos difíciles, en los lapsos de amargura, en
la soledad, en el abandono, en la enfermedad, en el despido laboral,
cuando alguien muere, cuando se experimenta la injusticia y el despojo,
en el infortunio, en la depresión,...¡cuándo
nada nos resulta!
Aquel hombre se encuentra de pronto
sumergido en el túnel profundamente oscuro del desconsuelo
y entonces voltea a mirar al Señor, que sigue ahí
a su lado le observa con ternura, y le reclama con dolor, tristeza
y desilusión:
“Señor,
tú me habías prometido que siempre estarías
conmigo.
Pero noto con tristeza en la arena al caminar
Que no están los dos pares de huellas que se debieran notar?
Dime,
¿en dónde están las otras dos que indican tu
compañía
Cuando la tormenta azota sin piedad la vida mía?
Y el
Señor me contestó con ternura y compasión:
Escucha bien hijo mío, siempre te amé y te amaré
Y en tus horas de dolor siempre a tu lado estaré.
Pero
si ves sólo dos huellas en la arena al caminar,
Y no ves las otras dos que se debieran notar.
Es que en tu hora afligida, cuando flaquean tus pasos
No Hay huella de tus pisadas porque te llevo en mis brazos.
Y así suceden las cosas,... en mi vida, en
tu vida, y en la vida de todo aquel que le ofrezca un espacio al
divino maestro.
10.-
”Yo estaré con Ustedes todos los días
hasta el fin del mundo”.
Les quiero invitar a todos aquellos
que favorecen este espacio de reflexión para que se abandonen
confiadamente en Cristo, puesto que Jesucristo permanece siempre
a nuestro lado. Y tú y yo somos testigos de esto.
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