1.-
Muy querido (a) amigo (a):
“Zaqueo, bájate pronto,
porque hoy tengo que hospedarme en tu casa”, “Al ver
esto, comenzaron todos a murmurar diciendo: Ha entrado a hospedarse
en casa de un pecador”, “Jesús dijo a Zaqueo:
Hoy ha llegado la salvación
a esta casa”
2.-
Muy queridos amigos:
Nuevamente un encuentro
puntual que transforma la vida del hombre y que con el hombre transforma
cuatro paredes; y tan claras son las cosas, que de ser aquella la
casa de un pecador se convierte en una casa a la que ha llegado
la salvación,... y es que, se han dado cita y se han encontrado
en el lugar oportuno y en el momento preciso un hombre que traía
una pesada carga en el saco de la conciencia y el Dios que al encarnarse
ha tomado sobre sus divinos hombros todo aquello que se ha ido transformando
en un pesado lastre para la vida de aquel hombre, y de todo hombre.
Ellos, el Salvador
y el pecador, se han encontrado en aquel camino que atraviesa la
ciudad de Jericó, en aquellos lares se han encontrado cara
a cara la misericordia divina y la miseria del hombre, en el polvo
de aquellos senderos se han dado cita la bondad de Dios y la mezquindad
del hombre, ha sido allí en el lugar de paso en donde se
han encontrado frente a frente las posibilidades de Dios y las necesidades
del hombre. Y será, de esta forma, como de los caminos se
desplazarán a la Casa, la casa de un pecador, la casa a la
que llega la salvación... ¡Es tu casa Zaqueo, y hoy
tengo que hospedarme allí!...
3.-
Se trata de un Dios que nos manifiesta que a Él no
le afecta el pecado del hombre, o mejor dicho que le afecta sólo
y en la medida en que este mismo pecado deteriora la vida del hombre
y la relación con sus hermanos; y es que el pecado
va provocando que las casas dejen de ser el lugar para el encuentro
para así transformarse en los aposentos del egoísmo
y en esos favorecidos clubes de la soledad, allí en donde
se ha sofisticado la soberbia del hombre manifestándose en
las soledades compartidas. ¡Qué contradicción!
¿No te parece?
Se trata de un Dios que se duele y que simultáneamente
se entristece cuando contempla esa vida que le obsequió
al hombre y que tenía un proyecto de realización
en un horizonte prometedor e insospechado a através de
la ayuda mutua, pero que ahora se ha reducido al pequeño
horizonte del aislamiento, a causa de la injusticia, el sometimiento
y la traición.
Se trata de un Dios que en el silencio de su presencia
y en la fineza de sus atenciones le está gritando al hombre
que el alejamiento que provocan sus propios pecados le daña
al mismo hombre,... y que por ello es doloroso para un Dios que
ama profundamente al hombre.
Allí, en el camino, se han encontrado Zaqueo
y Jesús, la inquietud del hombre y la iniciativa de Dios;
y allá en la casa se encontrarán la conversión
y la salvación, la disposición del hombre y esa
gracia de Dios que transforma al pecador en justo.
4.-
Zaqueo andaba buscando y,
con ello, se hizo el encontradizo, ¡suficiente! A
él no le importa su propia indumentaria, sus títulos:
Jefe de los recaudadores de impuestos, era el ARCHITELON,
el Ministro de Hacienda en aquel puerto de recaudación tributaria
para el Imperio Romano, un hombre solvente, con el dinero suficiente
como para darles la mitad de sus bienes a los menesterosos y devolverles
el cuádruplo a los defraudados, y ¡tener con qué
seguir viviendo!
Zaqueo se quita el saco, de desanuda
la corbata, deja en el suelo sus títulos, y se sube al sicomoro,
simple y sencillamente él quiere conocer al Señor,...
y Jesús le encuentra, y se autoinvita y con ello se inicia
la transformación de la casa del pecador en templo del encuentro,
a aquella casa ha llegado la bondad y entonces la maldad ya no tiene
alojamiento, el dinero de la injusticia se ha convertido en el tesoro
de la conversión.
La casa de un pecador que
se transformará en la casa de salvación,...
pero, ¿cómo describir esa experiencia del hombre?
Resulta necesario hacerlo, porque tal pareciera que la situación
moral de Zaqueo está afectando también aquellas paredes,
y aunque no fuere así, la conversión si se encargará
de transformar aquella casa de la injusticia en la habitación
de la solidaridad, aquella morada de la ausencia en el tabernáculo
de la presencia, aquel local de la amargura en la mansión
de la alegría, el sepulcro se transforma en una cuna de nueva
vida, el cementerio del pecado se manifiesta sólo como un
dormitorio en el que se esperaba que la virtud se despertara en
el corazón del hombre.
Aquella casa parecía, antes
de la llegada del Maestro, no tener otro elemento descriptivo que
el ser la casa de un pecador,... ¿qué efecto tiene
el pecado como para que transforme aquel sitio en un lugar que esté
necesitado de que la salvación llegue?
Por un lado la casa, y por el otro
el pecado, y ambos coincidiendo y fundiéndose en sustantivo
y en modificador de pertenencia, transformándose en la especie
distintiva de aquel género. Y es que, así definimos
las realidades: género y especie, es
la casa,... pero de un pecador...
5.-
La casa es una necesidad
en el hombre, se trata de ese medio favorable que le da
cobijo, un medio que le proteje en su vida privada y que le da protección
a sus seres queridos, de tal manera que se llega a convertir en
el identificador de la propia familia; ¡recuerda!, que ya
Dios le había prometido a David que le construiría
una casa, se hablaba de la familia, de su descendencia.
Y no solamente a él, sino
a todo su pueblo elegido. Resulta necesario que estemos convencidos
de que a nuestras casas les dará solidez el hecho de ser
construidas por Dios, puesto que el hombre, como lo dice el Salmo
127,1, no puede en la soledad construirla. ¡Si
el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles!
6.-
Y Dios ha querido construirle la casa al hombre. Se
trata del Dios cercano, del Emanuel, del Verbo de Dios encarnado
que ha venido. Dios ha puesto su morada entre nosotros. Aún,
a pesar de que el hombre en su nacimiento no le ofreció un
lugar en su posada.
Se trata del Hijo de Dios que ha
querido hacerse presente en nuestra vida como aquel divino menesteroso
que no tiene un nido ni una guarida,... ni un sitio donde reclinar
la cabeza.
Y no obstante, en contradicción
con lo que el hombre pudiera pensar, el Verbo de Dios ha encontrado
una morada en las casas más insospechables: en las casas
de los pecadores.
Es el Dios que ha venido a los suyos
y que los suyos no lo recibieron, pero que a aquellos que le recibieron
les ha permitido ser hijos de Dios,... y es entonces cuando con
su sola presencia en la casa de los Zaqueos se hace extensiva la
invitación a la conversión, su estancia y su prestancia
al cruzar la estancia de nuestra casa se transforma en una exhortación
para acercarse a la gracia y para aceptar la revelación de
la salvación.
7.- Es Cristo
quien nos solicita una casa para nacer en Belén, para descansar
en Betania, para curar en Cafarnaúm, para santificar el matrimonio
en Caná, para instituir la Eucaristía en Jerusalén,
y quien está invitando a sus apóstoles a dejar por
Él su propia casa, y a cambio nos ofrece, a aquellos que
le recibimos en nuestra casa convertir nuestra casa en casa de salvación,
y a aquellos que renuncian a su propia casa les anuncia la obtención
de una habitación en la Casa del Cielo, allá en donde
se nos tratará no como huéspedes sino como a personas
que “somos de casa”.
Es Jesucristo, el Hijo de Dios que
ha venido a la casa del hombre con el fin de invitarle e introducirle
en su propia casa, no como servidor sino como hijo.
Pero para que el hombre sea hijo
en la casa es necesario que deje de ser siervo, y el pecado es la
peor de nuestras cadenas, que nos ha sometido a la servidumbre.
8.-
Jesucristo ha tenido misericordia con los pecadores: les
recibe, les atiende, se deja invitar por ellos, les comprende, les
perdona sus pecados.
De esta manera nunca olvidarán
esa experiencia de perdón: así el personaje de hoy:
Zaqueo, así también María Magdalena, la Samaritana,
la mujer adúltera, el paralítico de Cafarnaúm...
9.-
¿Cómo están nuestras casas?
¿Recuerdas cómo en
el Génesis se retrataba a Dios paseándose en el paraíso
y visitando a sus moradores? Allí hay gozo, paz, luminosidad,
realización. Pero llega el rompimiento, y aparece el miedo,
la traición, la inseguridad, el egoísmo y el fratricidio.
Y así sucede en nuestras
vidas, ya que en muchas de nuestras casas el Señor “no
se pasea”, algunos lo tratamos como a un desconocido y otros
le manifestamos como persona “non grata”, es un expulsado,
un marginado de nuestro territorio y entonces sobrevienen nuevas
historias de Zaqueo en nuestros mismos hogares.
¿Tienes
ciertas áreas de tu casa a las que Dios se le restringue
el acceso? No, ¡no te engañes!, no
me refiero a habitaciones sino a situaciones: el
amor, la sexualidad, la planificación de la familia, los
negocios, las amistades, las reuniones de trabajo,...
Invítale a Dios para que se pasee en tu casa todos los días
y en todos los espacios, es la mejor forma para que a nuestras casas
llegue la salvación, y para que se transformen de un conjunto
de piedras en un hogar verdaderamente cristiano.
LAS
CASAS QUE DESCASAN.
“ En aquel
tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando
la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de
publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús; pero la gente
se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces
corrió y se subió a un árbol para verlo cuando
pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó
los ojos y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque
hoy tengo que hospedarme en tu casa”.
1.-
Decía Hare: "Para Adán el Paraíso era
su hogar. Para sus descendientes, el hogar es su paraíso"
2.-
Jesús quiere ir a hospedarse en casa de Zaqueo, una casa
que tiene poco calor de hogar, pero una casa a la que el Sol que
nace de lo alto con su visita se encargará de convertir en
una hoguera de vida nueva. Zaqueo le abre las puertas de su casa
al Señor y Él entonces se encarga de regresarle la
calidez a aquel recinto familiar.
3.- Y, es que muchos
nuevos zaqueos tenemos casas pero no tenemos hogares. ¿Sí
te has dado cuenta cómo es muy distinto el tener una casa
al tener un hogar?
El hogar no lo forman las paredes
de la casa, ni el refrigerador, ni la videocasetera, ni la computadora,
ni el aparatejo ése para ver muchos canales. El hogar no
lo forma ni el carro, ni la parabólica. Lo esencial de un
hogar es el amor. Es la comprensión entre padres e hijos
la que nunca se podrá comparar con un televisor panorámico
ni con una cuenta bancaria muy elevada. Aunque te parece un contracomercial
tengo que decir que "No es un aparatejo lo que puede unir a
la familia Treviño durante esta navidad".
¡Sí, ya sé que
me vas a decir que es un comercial muy antiguo!, ¡que me actualice!
Pero, si vieras, que son tan recientes las situaciones de enfriamento
en casi todos los hogares.
El
hogar por propia definición es aquel "sitio
en donde se hace fuego". El hogar es algo cálido,
acogedor, algo que se busca con ansia. Más que hogueras,
algunos hogares parecen cuartos fríos.
En un ambiente de frialdad, nadie
quiere ni puede vivir; por eso ella comienza a sentir su casa como
una pequeña jaula, él, por su parte, le da varias
vueltas a la manzana antes de decidirse entrar a su casa, y los
hijos buscan cada pretexto para pernoctar fuera de sus muros.
4.- El hogar
es también definido como "aquel
lugar en el que vive una persona en la intimidad".
Y las cosas no son así, porque cuando llega a faltar el amor
habrá tal vez una bonita casa, bien amueblada, en una zona
residencial, pero allí no existe un "hogar" al
no existir vida íntima, ya que el fracaso de las relaciones
se ha encargado de exponer a la interperie la desazón que
acompaña tantos desaguisados.
5.-
Te quería comentar que hay una novela española
titulada: EL DIABLO COJUELO, en la que
hay un personaje que durante toda la trama se la pasa deambulando
por encima de los tejados de las casas levantándolos y observando
lo que hay adentro. Es una especie de “Big Brother”
de aquel chamuco, pero que los espectadores de la puesta en escena
llegan a conocer.
Si cada uno de nosotros tuviera
aquella propiedad y pudiéramos ir observando lo que sucede
en la intimidad de muchos hogares, tal vez, nos quedaríamos
asombrados al ver tanta amargura, tanta desilusión, tanta
incomprensión, tanta apatía y tanto sentido de frustración.
6.-
Imagina lo que conoces: ¡Ambula!, ¡Danza! Ambula por
las calles de la ciudad, danza por los tejados de las casas y encontrarás
diferentes tipos de casas que en nada se acercan a la cualidad del
hogar cristiano.
Hoy abundan esas casas que se han
convertido en un mercado, que se han transformado en comercio. Hoy
abundan las casas en donde la persona vive como si sólo intercambiará
una moneda por la prestación de un servicio.
El padre de familia
piensa que dando un peso merece toda la atención y todo el
respeto. Y, así son las cosas con más
frecuencia de la que te puedas imaginar. Pero,... más que
los padres, somos los hijos de familia aquellos que cuando empezamos
a ganar diez centavos, pensamos que el sólo hecho de aportar
un centavo para la manutención de la casa nos hace merecedores
de derechos y nos exime de las obligaciones.
Las casas se convierten en mercados
en donde las personas son adquisitores de servicios, en donde se
tiene derecho a tener la ropa limpia y planchada en el lugar que
se le antoja a uno, y pareciera ser que la madre se convierte en
sólo una prestadora de servicios a la que tú le puedes
reclamar y gritar, por no tener las cosas a tiempo y en el lugar
que tú quieres tenerla.
Las relaciones familiares han sido
transformadas o, mejor dicho, deformadas en relaciones laborales
y comerciales: compra, vende, paga, renta, exige,...
Las
casas se convierten en un mercado en donde alguien llega y se sienta
a la mesa pidiendo el menú que más se le antoja y
si el platillo no le gustó se molesta enormemente.
No importa la hora en que se llegue, el sirviente tiene que esperarlos
siempre con sus alimentos. En estos lugares como en el restaurante
la mesa tiene que estar siempre servida y ni el niño, ni
la niña son capaces de levantar de la mesa el tenedor con
que comieron. Al fin y al cabo soy yo quien ayudo económicamente
a la casa. ¡Y todo por un peso que aportan!
Las casas se convierten en mercados
en donde las personas que ya aportan, muchas veces, una ínfima
parte de su sueldo, poco a poco ven su casa como si fuera un hotel,
en donde pueden llegar a la hora que quieren y cuando quieren. Se
parecen las casas a esas suites en donde la persona que paga sabe
si usa la habitación o no, al fin y al cabo es el cliente
y el cliente siempre debe tener la razón.
7.-
Decía Plinio el joven que al hogar no lo constituyen
ni las cuatro paredes, ni la belleza de la construcción:
"El Hogar es el lugar en dónde
habita el corazón", y la verdad es que esta especie
se encuentra en extinción.
8.-
¡Ambula!, ¡Danza! Ambula por las calles de la
ciudad, danza por los tejados de las casas y encontrarás
diferentes tipos de casas que en nada se acercan a la cualidad del
hogar cristiano.
Abundan las casas que en realidad
son sólo ambulatorios. Son lugares por los que circunstancialmente
te tocó pasar, pero en los que no existe ni un sentido de
pertenencia ni un ejercicio de presencia, no existe la comunión.
Son lugares en los que no nos preocupamos unos de los otros, son
lugares en los que no dialogamos. Es un lugar por el que simplemente
tuve que pasar un día en mi existencia y del que ya he salido,
o del que espero salir con ansias, si no es por la puerta de atrás,
aunque sea a través de la ventana.
9.-
Hace muchos años leía una novela del argentino
Ernesto Sabato, titulada: "El Túnel", en donde
el protagonista es un individuo que se encuentra aislado de su familia
como en una campana de vidrio, y aunque necesita comunicarse con
sus semejantes aquel grueso muro de cristal se lo impide.
La novela del escritor sudamericano
es un verdadero símbolo de nuestra familia y de nuestra sociedad
“moderna”. En nuestros días se repiten miles
de "slogans",
pero las personas cada día dialogan menos. La sociedad y
la familia que no saben conversar, llevan en sí mismas el
germen de la discordia y de la incomprensión, llevan la semilla
de la soledad, ingresan al túnel de la incomunicación
que silencia nuestros diálogos.
10.-
Creo que esta afirmación de Sabato
es la constatación de Silvia Plath al escribir la Campana
de Cristal (The Bell Jar):
Me sentí
como un caballo de carreras en un mundo sin pistas
O un campeón universitario de futbol
de pronto confrontado con Wall Street y un traje de negocios,
sus días de gloria reducidos a una pequeña copa de
oro
sobre la repisa de una chimenea,
con una fecha grabada, como la fecha de una lápida.
Vi mi vida ramificándose
ante mí,
Como la higuera verde en la historia.
Desde la punta de
cada rama, como un higo púrpura grueso,
Un maravilloso futuro me llamaba y centelleaba.
Un higo era mi marido, un hogar feliz e hijos;
Otro higo era una famosa poetisa;
Otro higo era una profesora brillante;
Otro era una sorprendente directora de Ee Gee;
Otro higo era Europa, África y Sudamérica;
Otro higo era Constantino, Sócrates, Átila
y otros amantes con nombres peculiares y profesiones excéntricas;
otro higo era una campeona olímpica;
y más allá, arriba de todos estos higos
había muchos más higos que no podía distinguir.
Me vi sentada en
la horcadura de esta higuera,
Muerta de hambre,
sólo porque no podía decidir cuál de los higos
debería escoger.
Quería cada uno de ellos,
pero escoger uno significaba perder el resto,
y permanecí sentada allí, sin poder decidir;
los higos empezaron a arrugarse y a ponerse negros
y uno por uno cayeron al piso a mis pies...
11.-
La constatación de Plath no es otra que la de una
naturaleza humana que aborrece el vacío de la propia existencia
en un lugar en el que las personas se encuentran ineludiblemente
con el sinsentido, en un lugar en el que la costumbre y
la rutina carcomen lo más sagrado; y es que será entonces
que las personas vacías empiecen a comer, beber y estar alegres
como un programa de realización, y el malestar que les resulta
será peor que el hambre, y así aconteció con
esta prometedora y genial poetisa, en el sinsentido del túnel
se encontró que no supo ni pudo elegir: se
suicidó a los veintidós años
12.-
Abundan las casas que descasan.
Si se dialogara más entre
los hombres, habría más paz. Los silencios muchas
veces no son símbolo de humildad sino de protesta.
Goethe está convencido y
llega a afirmar que "El hombre
felíz es aquel, que siendo rey o campesino, encuentra la
paz en su hogar."
Y tú, te has preguntado ¿Cómo
está tu hogar?
ENCONTRAR
Y DEJARSE ENCONTRAR.
“ Zaqueo bajó enseguida
y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos
a murmurar diciendo: “Ha entrado a hospedarse en casa de un
pecador”.
Zaqueo poniéndose de pie,
dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los
pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le
restituiré cuatro veces más”. Jesús le
dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque
también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre
ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.
1.- ¿La
casa de un pecador? ¿Buscar y salvar lo que se había
perdido?
El pecado del hombre, nuestro pecado
de todos los hombres, puede ser comprendido dentro del lenguaje
de la Sagrada Escritura desde muy diferentes ópticas e identificado
con diferentes situaciones de nuestra vida:
En primer lugar,
nuestro pecado puede ser descrito como una “transgresión”,
y esto se patentiza cuando se viola alguna ley natural o positiva,
se trata de una falta, de una inobservancia, de una desobediencia.
Apreciación que se puede detectar desde el exterior.
En segundo lugar,
puede ser visualizado, y que digo visualizado,... ¡experimentado!
como una “mancha”, y esto tiene su punto de partida
en una comprensión interiorista de la iniquidad que nos adultera
y que nos vuelve impuros ante aquel que es total pureza y santidad.
De aquí brotará esa necesidad humana de tantos ritos
purificatorios.
En tercer lugar,
el pecado también puede ser referido con el lenguaje de el
“desvío”, y nuevamente llegamos al plano exteriorista,
en la comprensión de que cuando una persona no es capaz de
alcanzar esa meta que anhelaba, es como cuando se falla en el blanco,
y así, mucho más que perder algo, la persona se experimenta
perdiéndose a sí misma, puesto que nuestra meta es
en realidad nuestro propio proyecto. Es esta la apreciación
más cercana a la expresión que el Evangelio utiliza
en este domingo: He venido a buscar y encontrar al que se había
perdido.
Y así podríamos seguir
hablando de otros términos que nos refieren la realidad y
la propia experiencia del pecado.
2.- No
obstante, la cercanía del Señor tanto con un Zaqueo
que comprende la lógica de la salvación, así
como con aquellos que murmuran por la incomprensión del corazón,
nos permite entender que el lenguaje más cristiano sobre
el pecado, es aquel que nos lo presenta como una ofensa a Dios,
se trata de la falta de respeto con alguien de nuestra casa, como
la ofensa a alguien que nos ama.
El pecado entendido con el lenguaje
de la ofensa resitúa al hombre en el campo de la relación
interpersonal. No se trata de una relación racional y jurídica
con un Legislador, sino que se trata de una relación única
e incomparable que ha sido revelada en la Alianza y que se ha plenificado
en la Encarnación. En ambos momentos, pero sobretodo en el
segundo, Dios y el hombre se encontraron, porque Dios ha condescendido
y el hombre ha sido promovido.
El lenguaje de la ofensa no nos
habla de una ofensa al Amo, sino de una ofensa a aquel que nos ama,
puesto que para Él nosotros somos visualizados como hijos
y no como siervos.
Si nuestro pensamiento se queda
en la relación Creador-criatura, entonces sería irrealizable
e incomprensible algún daño a Dios, pero aquí
se trata de alguien que ama a esta Iglesia, su verdadera casa, como
esposa y que Él mismo se nos ha mostrado como Padre y como
Madre (Is 49,15).
La ofensa se entiende desde nuestro
lenguaje doméstico, es decir el lenguaje familiar, el de
aquellos que habitamos en la misma casa,... Dios se ha vuelto cercano
y con ello se ha vuelto vulnerable, y si no lo quieres creer contempla
al Dios con nosotros en la cruz de tu habitación.
3.- La
verdad es que nadie puede herirnos, salvo las personas que amamos,
y a Aquel que nos ama, se le ha herido sin piedad.
Pero, Él ha venido a buscar
y a salvar al que estaba perdido, le interesa reclutar nuevos hijos
de Abraham, y cada hombre es llamado a esta conversión, y
claro que se puede... ¡Si de las mismas piedras Él
puede sacar hijos de Abraham cómo no va a sacarlos de los
zaqueos de nuestro tiempo!
Se trata del que está perdido,
del que se ha desviado, del que ha tirado al cesto de la basura
el tesoro de la propia existencia.
4.- ¿Es
posible que tú y yo nos encontremos precisamente allí
en el basurero de la inexistencia? Sobre todo, cuando no tenemos
un proyecto de vida...
Debemos tener un plan de vida y
con ello controlar nuestra existencia. Hacer lo contrario, sería
literalmente desperdiciarla. ¿Te acuerdas
de la película de Papillón o leíste la novela?
Papillón, el prisionero francés condenado a cadena
perpetua en la prisión de la Isla del Diablo, se veía
conturbado por una pesadilla recurrente. Repetidas veces él
soñaba que se encontraba de pie delante de un severo tribunal.
“Se le acusa”,
le gritaban, “de llevar una vida desperdiciada. ¿Cómo
se declara?”. “Culpable, Su Señoría”,
respondía, “me declaro culpable”.
Papillón, el prisionero,
conocía el significado de la palabra desperdicio. Para él,
desperdicio significaba dejar que su vida transcurriera bajo el
control de alguien más, o al menos sin el propio control.
5.- Y esta es nuestra propia
historia: cada uno de nosotros somos prisioneros, cada uno a nuestra
propia manera vivimos en nuestra propia mazmorra. Debemos abrirnos
paso a través de los barrotes del conformismo que hemos construido
a nuestro alrededor. No debemos permitir que nuestras vidas transcurran
en una penosa marcha en círculos, uno detrás de otro,
que a su vez sigue a otro, que en última instancia quizá
nos esté siguiendo.
Es Dios quien nos ha equipado con
la capacidad de dirigir nuestra propia vida, y un día se
encuentra con nosotros para constatar que muchos nos encontramos
perdidos y, no pocos, somos unos perdidos. Dejar de dirigir nuestra
vida, tal como los Papillones lo podrán atestiguar, sería
simplemente un desperdicio.
6.-
¡Dejarnos encontrar por Aquel que ha salido
en búsqueda del que está perdido! Eso es la conversión
y la salvación.
Parecía que en el Evangelio
Zaqueo era el que había encontrado a Jesús, y resulta
al final que el Hijo del Hombre es el que lo había buscado
y encontrado.
El arte de la vida cristiana se
realiza entre nuestras búsquedas y el hacernos encontradizos
por Dios. Y Dios tiene sus métodos.
7.- ¿Quién
no conoce a Franco Zefirelli? Inmediatamente pensamos al
escuchar este nombre en imágenes de grandiosidad. Cuarenta
espadachines chocan durante la presentación de Romeo y Julieta;
abigarradas multitudes en la película Jesús de Nazareth
que hormiguean hacia Jerusalén para la Pascua de los hebreos;
para aquellos que somos un poco más viejos podemos pensar
en las secuencias de carreras de caballos y en el cuadrilátero
de la película El Campeón con Jhon Voigt, o bien los
inolvidables paisajes en Asís y las tomas aéreas mientras
Francesco camina sobre el tejado en la película “Hermano
Sol, Hermana Luna”, o quizá pensamos en las escenas
nuevas y clásicas del reciente filme de Hamlet de 1995.
Franco Zeffirelli nació en
una de las ciudades más bellas del mundo, capital de las
bellas artes, puesto que vió la luz de la vida en Florencia
en aquel año de 1923, y aunque su cuna citadina fue la misma
de Miguel Angel, Galileo y Maquiavelo, le tocó por desgracia
nacer marcado por la sociedad de su tiempo: era hijo ilegítimo
de padres que estaban casados con otras personas, y su acta de nacimiento
tiene una leyenda humillante: “hijo de padres desconocidos”.
Le han preguntado a Franco acerca de su apellido y él ha
dicho que no existe, que fue inventado, “Zeffirelli”
es un diminutivo del vocablo “zeffiro” y significa en
italiano “vientecillo”.
Pero el talento que posee es Dios
quien se lo dio, y él lo supo cultivar. Se inició
en la carrera cinematográfica con muchos sacrificios, y un
día alguien percibió el brillo del zafiro en un vientecillo
que tenía el ímpetu de una ráfaga, de esta
manera, con un maestro como Luchino Visconti, se inició dirigiendo
la Cenicienta de Rossini.
Y a partir de allí, inició
su carrera ascendente, y una vida que iniciaba, a la par, un camino
degradante. El 16 de febrero de 1969 fue el punto más crítico
en la vida de Zeffirelli, y casi el final de ella –según
lo cuenta- tenía entonces 46 años, y poseía
ya el reconocimiento mundial...
Era aquella una mañana nevosa
de domingo y Franco quería viajar a Florencia con el fin
de entrevistarse con la afamada Gina Lollobrigida, encumbrada después
de su caracterización de: “Mujeres soñadas”,
“Pan, amor y fantasía” y “Desnuda frente
al mundo”.
Zeffirelli conducía su flamante
coche, cuando en las inmediaciones de Orvieto el auto resbaló
y, fuera de control, se estrelló contra el terraplén.
Producto del impacto, Franco salió lanzado por la ventana
y chocó su cabeza contra un muro de piedra. Pasaron algunas
horas hasta que alguien percibió el accidente automovilístico
y dio aviso a las autoridades. Al llegar el personal del departamento
de la policía le vieron, le reconocieron y lo dieron por
muerto, tan sólo de la cara se había fracturado 18
huesos,... no lo quisieron mover, estaban esperando que dejara de
nevar para que pudiera llegar el personal forense, mientras tanto
las noticias empezaban a volar por las radiofrecuencias: se trataba
de un accidente lamentable, en el reconocimiento de su cuerpo y
conforme a las identificaciones encontradas en el lujoso automóvil,
el luto nacional: Franco Zeffirelli ha muerto. Las noticias volaban
ya por la radio, mientras que todavía el cuerpo no había
sido levantado, y en ese momento un policía observador se
acerca a verlo y notó algo que le llamó la atención:
una de sus heridas estaba sangrando... ¡Franco estaba
vivo!
Lo llevaron al médico y después
de largos meses de convalecencia, Zeffirelli reexaminó todos
los patrones de vida y de trabajo. Había perdido la vista
en el ojo derecho. El mismo confesaba: “Hasta ese momento
actuaba como si tuviera permanentemente 16 años de edad.
Daba todo por hecho, lo había conseguido tan fácilmente”.
Acostado en la callada oscuridad
experimentó que su fe religiosa crecía y creaba en
él un nuevo sentido de la responsabilidad para usar su talento
en la proclamación de los valores humanos y espirituales.
Después de su accidente consagró tres años
de su vida a filmar Jesús de Nazareth.
8.-
El se reencontró con Dios y Dios había encontrado
a quien vino a buscar.
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