Domingo 5 de Septiembre de 2004 _________Pbro. Rogelio Narváez Martínez

AMOR CON AMOR SE PAGA.

“En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a su esposo y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

Porque, ¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos no puede acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: “Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar”

¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.

Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.

Lc. 14, 25-33

Momento 2

Momento 3

1.- Muy querido hermano (a):

La vida cristiana debe ser concebida y asumida como una aventura que entraña riesgos y dificultades; y que por ende, nos pide que en la sensatez asumanos un compromiso y cultivemos una primera actitud: amar a Dios sobre todas las cosas.

En el primer lugar de los mandamientos está el amar a Dios sobre todas las cosas, y es posible que nos pueda parecer desproporcionado el que el Señor el día de hoy nos pida que seamos capaces de sobreponer al amor a nuestra familia el amor que le tenemos a Él. ¿Cómo entender esta exigencia en nuestra vida? ¿Cómo asimilarlo? Y la respuesta la encontramos en un doble camino, en primer lugar en la capacidad de corresponder al amor que Él nos tiene y en segundo lugar en la intención de que el hombre pueda acorazar los afectos humanos que son vulnerables por medio de la prioridad que poseen los afectos auténticamente cristianos.

2.- El primer camino es el de la correspondencia, puesto que sabemos que hay cosas que no se pagan con nada. ¿Con qué le pago a Dios todo el bien que me ha hecho? ¿Qué podríamos hacer como para merecer lo que Él nos ha ofrecido? Hay cosas que no se pagan con nada, y lo que Él hizo por nosotros no se paga ni con todo el oro del mundo.

Hagamos otra vez esa pregunta que nos inquierta ¿Por qué pedirnos que el amor que le tenemos a Dios esté sobre el amor que tenemos a nuestros padres, a nuestros hermanos, a tus hijos o a tu esposo o esposa y a ti mismo? La respuesta la encontraremos de forma inmediata si tú y yo somos capaces de contemplar aunque fuere por unos segundos ese santo Cristo en la cruz que tenemos en nuestra habitación. ¿Verdad que solamente mediante un amor sin condiciones podemos amar decorosamente a Aquel que nos ha amado sin condiciones? El amor absoluto e incondicional sólo se puede pagar con un amor absoluto e incondicional.

En la cruz está la respuesta más iluminadora para esta y para cualquier cuestionante. Lo dice con una sabiduría que manifiesta la luz de Dios el Papa Juan Pablo II: “La cruz es un libro vivo, del que aprendemos definitivamente quiénes somos y cómo debemos actuar. Este libro siempre está abierto ante nosotros.”

El libro de la cruz nos enseña que debemos amar a Dios sobre todas las cosas por que nos enseña con claridad quienes somos: somos merecidos por el sacrificio de Cristo, y nos dice cómo debemos actuar, porque simple y sencillamente no hay otra forma de actuar cuando conocemos lo que Él ha hecho por nosotros.

Es la cruz la que nos permite conocer las coordenadas de nuestra salvación, nosotros hemos conocido la altura y la profundidad, la anchura y la longitud del amor que Dios nos ha tenido.

3.- Y aquí viene la segunda razón: Amarlo a Él antes que a nuestros padres y hermanos, a tus hijos o a tu esposa, es algo que ellos deben entender y, que al mismo tiempo son ellos los que resultan beneficiados.

Les conviene a ellos que seamos capaces de amar a Dios sobre el amor que les tenemos, porque sí realmente amamos a Dios de esta manera y somos cristianos coherentes,... jamás dejaremos de amarlos a ellos. Esta es la mejor de las garantías.

Y, es que el amor auténtico a Dios transforma el amor humano, mientras que cuando el amor humano se sobrepone al divino provoca que un día sobrevenga la deformación.

Amarlo a Él sobre nuestros seres más cercanos. No es que Dios sea egoísta, se trata más bien de un Dios que conoce la tela de la que está recortado nuestro corazón y que sabe que el sentimiento humano, aún el más sublime puede llegar a cansarse, pero que el amor cuando es verdaderamentre cristiano no se cansa jamás.

Veamos el caso de los esposos, y pensemos que alguien pretende amar al esposo más que a Dios. ¿Cuánto le das de vida a ese matrimonio? A lo mucho cuanto dure la vitalidad de las hormonas; todo lo contrario acontece con aquel que entiende que debe amar más a Dios que a su conyuge, si realmente ama a Dios jamás se cansará de amar a su consorte.

Y es que la acción de Dios suele ser la transformación. Cuando los novios se acercan al altar de Cristo y le colocan en sus santas manos lo que palpita en su corazón, entonces el Hijo del Padre toma en sus benditas manos el amor que tienen los jóvenes, y aquello que se pudiera estimar como el sentimiento más noble, Dios lo transforma en algo sagrado; aquello que es percibido como el sentimiento más sincero, Dios lo hace santo; aquello que se contempla como el sentimiento más transparente, Dios lo convierte en sacramento. Y lo humano se transforma en cristiano...

4.- Te quiero compartir el testimonio de una mujer que un día me mostró el rostro de la más alta expresión de la madurez cristiana, de alguien que ama a Dios sobre todas las cosas y que con ello amo a su esposo como jamás su esposo se pudo haber imaginado que alguien le amaba. Ella le amaba en Dios, por razones obvias omito los nombres más no las actitudes que al final de cuenta es lo que cuenta ante Dios y debiera contar ante nosotros.

Ella llegó una mañana a la santa Misa en la parroquia de san Juan Bosco, en la que estuve de los años 1992 al 1995, y al concluir la celebración del Señor, ella pidió platicar conmigo, ya en la placidez de una oficina me mencionaba su desilusión ante la sospecha de que su esposo le engañaba, me refería que había intentado platicar con él al respecto, en un sinfín de ocasiones y que él negaba categóricamente cualquier información al respecto. No obstante, sus sospechas se convertían día a día en certezas sobre todo ante las actitudes cotidianas, las distancias y el enfriamiento conyugal; y sobre todo esas llamadas extrañas por teléfono, el cambio de horarios en relación a lo que él siempre hizo,... en fin, eran tantas las manifestaciones que le iban clavando en el alma el hierro lacerante del desamor y el inicio de la humillación.

Ella me decía: “Padre, amo a mi esposo, tenemos 26 años de casados, nuestros hijos estudian en el tecnológico; pero ya me siento cansada, he estado nadando contra corriente durante los últimos meses, y le quiero decir algo que me sucedió: el día de ayer al venir a la santa misa, venía ya con la decisión de decirle a nuestro Señor que ya no podía más, y que me iba a hacer a la idea de que ya no se podía hacer nada, y que aunque amo muchísimo a mi esposo, por dignidad debería aceptar la situación y ahora luchar por mis hijos y por mi misma. Un pensamiento me asaltaba en mi interior: ¡acepta que has perdido a tu esposo!

Y, ¿sabe?, después de comulgar, me fui a la capilla del Santísimo Sacramento e hice oración y algo sucedió, sé que fue Dios el que me iluminó mi pensamiento porque mi resolución se transformó: Al salir de la capilla e ir a mi casa, llevaba un nuevo pensamiento: “Aunque tú lo hayas perdido, tu esposo no debe perderse para Dios”.

Eso fue ayer, y ¿sabe qué padre?, si yo ya lo perdí, no me importa, pero le sigo amando y no quiero que se pierda para Dios, ¿sabe? seguiré luchando, no quiero que se pierda para Dios...

Era tan grande el amor de aquella mujer por su esposo, sin lugar a duda sale del estereotipo de muchas de las esposas actuales, y de cualquier medida que uno pudiera humanamente pedirle a una esposa, pero resulta necesario el mencionar el alto grado del amor que una mujer puede tener para con su esposo si esa mujer ama a Dios verdaderamente,...¿Y quieres saber que es lo que sucedió después?,... Pues bien, hace 7 años me encontré al matrimonio en una celebración en la Catedral y los he vuelto a ver en otras ocasiones, entre semana los ví en misa en la parroquia del Rosario y a fuerza de tenacidad, de paciencia, de fe en Dios y de oración ella recuperó a su esposo para Dios, y al recuperarlo para Dios,... lo recuperó para ella.

5.- Y así sucede, gracias a Dios en todos aquellos que aman a Dios sobre todo y sobre todos, otro ejemplo que nos ayude antes de un nuevo aterrizaje: San Fracisco de Asís fue el santo que renunció al mundo por amor a Dios, y te puedo decir con sinceridad algo que tú conoces aunque yo no te lo dijera: nadie ha amado tanto al mundo como san Francisco de Asís.

Pero dejemos de planear y sobrevolar, para que así podamos aterrizar en nuestro propio patio: amamos a nuestros padres, ¡sin lugar a dudas!, y qué bueno, pero si no amamos a Dios antes que a ellos, ellos están perdiendo la mejor de las garantías.

Y es que por desgracia, cada día vamos constatando cómo nuestros padres ancianos se convierten en los más desvalidos huérfanos.

No te parece extraño y desgarrador escuchar en las noticias de principios de la semana que concluimos, el hecho de que un catedrático italiano jubilado de la tercera edad esté ofreciendo a través de los avisos de ocasión la friolera cantidad de 5,000 euros mensuales a aquella familia que le adopte como abuelo, apuntando que no les causará problemas, que es autosuficiente,... ¡pero que lo que quiere es no estar sólo!

¡Es que primero están mis padres!, ¡primero están mis hijos!, ¡primero están mis hermanos!, ¡mi esposo!, ¡mi esposa!.. No me has entendido, ellos ahora están en primer lugar y un día pueden desaparecer de tu horizonte de valoración, pero si primero se encuentra Dios, ellos jamás desaparecerán, regresarás a ellos con sentimientos transformados, y será Dios el primero que te cuestione sobre el lugar que tienes para ellos.

 

 

LA CRUZ HA FLORECIDO.

“En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: “Si alguno quiere seguirme y no me prefiere a su padre y a su madre, a sus esposo y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, más aún a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.

1.- Crónica de la primera semana en la parroquia del Rosario.

Muy querido Señor y Dios mío, Señor y Dios nuestro:

Esta semana ha sido una semana especialmente intensa e intensamente especial.

Todavía se siguen paseando parsimoniosamente a través de los caminos y hasta en cada uno de los rincones de mis timpanos cada una de las palabras que en la lectura del nombramiento se hizo esa bella noche.

Como comunidad parroquial vivimos una jornada muy intensa a lo largo de todo el día sábado en la fiesta de san Agustín. Jornada de la asamblea en la que pude reencontrarme por tu bondad con una comunidad a la que había sido invitado en varias ocasiones como visitante, de dos de ellas conservo el recuerdo, la primera en tiempos de Monseñor Alonso y la segunda en tiempos del Padre Alejandro. Desde entonces guardaba admiración y respeto por la comunidad en la que ahora me has querido insertar

El sábado 28 me obsequiaste el volver a encontrarme en el mismo lugar y con la misma comunidad en una asamblea, sólo que ahora la vivía desde adentro. Ese dichoso día me encontraba reconociendo tantas bondades en unos habitantes afectuosos, generosos en su entrega y sumamente trabajadores de una casa de la que esa misma noche tú me ibas a confiar las llaves.

2.- La santa Misa de la toma de posesión fue grandiosamente inolvidable y generosamente rebosante de tu gracia. En lo personal, lo puedo decir y te lo puedo decir, que más de uno, junto conmigo, pudo experimentar tu presencia bondadosa no tan sólo en la inmensidad del sacramento de la vida, sino que pudimos percibir el perfume de tu presencia, la calidez de tu protección y la bondad de tu mirada.

¡Pastor bondadoso!, esa noche quisiste acariciar con tus manos de misericordia a tu siervo y para ello desbordaste los afectos en la manifestación de tu confianza. Tú siempre das, Señor a tus siervos y les llenas de favores, pero a mí en cada momento me has querido dar a manos llenas.

¡Ayúdame para que no defraude a tu noble pueblo que mira con piedad en tus ministros tu rostro de bondad! ¡Enséñame a desgastarme en la entrega y a no tenerle miedo al cansancio para servir a esta porción de tu pueblo que no se cansa, y que aún cuando hubiere cansancio saben sacar fuerza de tu gracia para seguir trabajando! ¡Protégeme con tu luz esplendorosa para que de mis labios sólo brote tu palabra de sabiduría que les guie por los senderos de la Verdad! ¡Sé mi Guía, para que yo les pueda guiar por tus caminos y para que le muestre a tu pueblo el destino correcto, y que jamás claudique ante las seducciones del mundo!

3.- ¡Señor! No tengo palabras para agradecerte por esta comunidad que ha amado tanto a su anterior pastor y a cada uno de sus antecesores, y que ahora me está ofreciendo, en la fe cristiana, una oportunidad para brindarles un servicio y así poder recorrer junto con ellos el camino que nos debe conducir al Reino de la eternidad. No obstante, tú conoces mis pensamientos mejor de lo que yo los conozco y sabes con perfección sobre la sinceridad que en el corazón del hombre existe, te pido a tí que conoces lo secreto de los pensamientos y de los sentimientos que me dés tu gracia para no lastimar las ovejas de tu rebaño. ¡Señor, que primero sufra el pastor antes que sufran tus ovejas y que primero muera el pastor antes de que mueran tus ovejas!

4.- Son siete días Señor de una semana sumamente especial. Digamos metafóricamente que el último sábado de Agosto se me entregó un libro nuevo, un libro en el que en la visión de una fe, que está por encima de la metáfora, he podido alcanzar a leer que en el calce trae escrita una glosa de tu bondad que debe formar parte de mis convicciones cristianas y sacerdotales: “El día de hoy está por escribir”.

Sé, Dios de bondad, que mi vida en esta parroquia será como una enciclopedia en tomos de 365 hojas. La verdad, es que no sé de cuántos tomos constará al final de cuentas, ni siquiera sé cuantas páginas escribiré... pero tú sí lo sabes y eso me basta. Te pido, por lo tanto, dos favores: primero, que nunca me disponga a descansar sino hasta después de hacer el más sincero examen de conciencia, y segundo,... se trata de algo más complicado para mí pero no para tí, hazme entender cada mañana que podrá haber cosas del ayer que no me agradan, habrá enmendaduras y tachonaduras sobre las hojas que escribí cada uno de los días concluídos; sin embargo, haz que asimile que en cada hoja que tú me permitas iniciar cuando amanezca a un nuevo día, yo pueda ser consciente de que eres tú el que me estás ofreciendo la oportunidad de iniciar siempre de nuevo... Así te lo pido, y así te lo ruego: no permitas tantas tachonaduras provocadas por mis errores e inconsistencias.

5.- Y así Señor, se ha iniciado el ministerio y se ha desarrollado la primera semana, una semana de pastoral, una semana llena de tu bondad. El domingo pasado se inició una semana nueva en la que se condensan mis siete días de nueva creación.

¿Sabes? ¡He podido constatar lo que de sobra he conocido, enseñado y anunciado: ¡Tú no descansas cuando se trata de hacer el bien! Y es que ésta ha sido una semana rebosante de tu presencia y de tu amor.

Te he contemplado cada día y a cada instante en el rostro de cada uno de los miembros de tu cuerpo. Y así me he podido encontrar con el rostro de tus numerosos fieles que llenos de piedad te alaban, te buscan y te sirven.

6.- Cada celebración de la Sagrada Eucaristía ha sido un desplazarme al cenáculo de tu misericordia, y allí me he encontrado con aquellos que regresan extenuados al mismo tiempo que satisfechos de su cotidiana jornada, veo el semblante del padre que retorna después de haber buscado el alimento para sus familias, me topo con el rostro de la madre que se ocupa de sus hijos y que en muchas ocasiones se da tiempo para apoyar al esposo y que, no obstante, experimenta tener tanta necesidad de ti que pareciera sacudir el recipiente de cristal del reloj de la vida para sacarle unos granos de la arena del tiempo y disponer de unos instantes sentada a tus pies para escucharte. Me he alegrado al contemplar el rostro del joven entusiasmado que ha sacado generoso del fondo de su alforja lo que tiene y lo que es, lo que sueña y lo que posee para así ofrecerte la mejor de sus riquezas: su amor sincero, su entrega desinteresada, su jovialidad infatigable, sus ideales nobilísimos, sus sueños de bondad y su eficiente apostolado. Me he podido encontrar con la inocencia de los niños, desde aquellos que necesitan el rincón del llanto y de cuya boca has sacado una alabanza para reprimir al adversario y al rebelde, así como al cruzar mi mirada en el horizonte de tu santuario me he detenido a ver la alegría de aquellos niños que corren inocentes puesto que necesitan de aquellos jóvenes, que como el arcoiris les conducen a encontrarse con el tesoro de tu bondad; y,... ¿cómo arrancar de mi memoria la simpatía y el trato de amistad que he encontrado en los casi adolescentes y adolescentes que han inventado el tiempo necesario para que entre las páginas de sus libros de tareas poder acercarse a servirte en tu altar?

7.- ¡Oye, Señor! ¿No sé si te lo haya dicho? Pero me he quedado edificado por la piedad y madurez cristiana que he encontrado en muchos de tus fieles. He podido constatar algo que entraña un valor insospechado: esposos cristianos que te aman ambos por igual, consortes que elevan al unísono sus ruegos, conyuges que buscan crecer simultáneamente en su vida cristiana, padres cristianos que de la mano se acercan para que les ilumines en sus pensamientos e inspires en sus sentimientos. La verdad es que han sido ejemplares y me han edificado, como ellos no pudieran ni siquiera imaginar. Considero Señor, que sin que ellos se den cuenta les están dando el mejor de los mensajes a tantos de nuestros jóvenes que están pensando formar una familia cristiana.

8.- Y así, Señor, ha sido toda esta semana. Hay algo que no quisiera pasar por alto y que tengo que mencionarte: gracias por el regalo de haber sido enviado a una parroquia colocada bajo el amparo de tu Madre Santa. En verdad que al ingresar a tu casa santa se siente uno acogido por un calor materno como el que tú sentiste en Nazareth, uno se experimenta en el regaso protector de quien te protegió con dulzura, uno se sabe bajo una mirada solícita como en tu vida entre nosotros tú la sentiste.

9.- Y así, se han transcurrido estos días en donde se ha vivido el encuentro, encuentro en donde tan importante es el movimiento de uno como lo es el movimiento del otro. Han venido a raudales tus fieles y he contemplado su amor entrañable por tu persona, por mi parte he intentado desandar los pasos que ellos han andado, y así he podido encontrarme con los sectores, con los colectores, con los enfermos,... me he encontrado con el rostro sincero y necesitado de testimonio sacerdotal de aquellos que tienen años y años sirviéndote a través de sus profesiones y de sus oficios en nuestras oficinas, la casa, los salones, la librería, la bolsa de trabajo...

Me he reencontrado con los amigos de muchos años, con muchos esposos cristianos a los que administré el sacramento del matrimonio o que acercaron a sus hijos para que les administrara el sacramento del bautismo, tuve el agrado de encontrarme con la vida consagrada y apostólica, tanto en las religiosas como en las seculares.

Y qué puedo decirte de tus sacerdotes, mis hermanos. El Padre Alejandro me ha entregado la estafeta, él la había recibido de Monseñor Alonso, Monseñor Alonso del Padre Alfonso y Don Alfonso de Don Pablo...

He contemplado la sencillez, la docilidad y la obediencia del Padre Alejandro, aquel que contemporizó conmigo en la formación. Edificante me ha resultado su disponibilidad y su obediencia. Y, también me he encontrado con los sacerdotes amigos, allí están cada mañana dando los buenos días y despidiéndose al descansar, Pedro Oscar y Alfonso Rogelio, ellos fueron mis alumnos y ahora son mis hermanos, un día fueron mis formandos y ahora tenemos que salvarnos juntos, y buscar la salvación de los fieles que tú nos has confiado.

Esta semana ha sido, Señor, una semana llena de ti, y eso la ha hecho maravillosa. Te quiero pedir que presidas nuestra vida, para que las cosas puedan funcionar. Señor, ¡Haz colocado sobre mis hombros una cruz!, y la verdad es que nunca hubiera imaginado que esta cruz tuviera flores.

 

TOMAR CON SERIEDAD LA VIDA.

“En aquel tiempo, caminaba con Jesús una gran muchedumbre y él, volviéndose a sus discípulos, les dijo: “¿quién de ustedes, si quiere construir una torre, no se pone primero a calcular el costo, para ver si tiene con qué terminarla? No sea que, después de haber echado los cimientos no puede acabarla y todos los que se enteren comiencen a burlarse de él, diciendo: “Este hombre comenzó a construir y no pudo terminar”

¿O qué rey que va a combatir a otro rey, no se pone primero a considerar si será capaz de salir con diez mil soldados al encuentro del que viene contra él con veinte mil? Porque si no, cuando el otro esté aún lejos, le enviará una embajada para proponerle las condiciones de paz.

Así pues, cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo”.

1.- Muy queridos hermanos (as):

Vaya desde el privilegio que este espacio me ofrece un saludo especial para dos amigos que al enterarse que estaba en la parroquia del Rosario, tuvieron la atención de ir de visita para ofrecerme su saludo, por desgracia para el fin que se buscaba era el día en que voy a nuestro querido Seminario a compartir las clases con nuestros futuros sacerdotes. Pero desde aquí reitero mi saludo para mi muy querida amiga Rosy Salazar y para un gran amigo el Ingeniero Don Jesús Villalba Tapia.

Después del saludo quiero implorarte una oración. Anteayer todos nosotros nos convertimos en mudos e impotentes testigos del fantasma de la barbarie y de la sinrazón. El corazón de cientos de padres y madres de familia se vio desgarrado por la puntiaguda lanza de la violencia que lastimó a aquellos que son carne de su carne, sangre de su sangre y herencia de su herencia. ¡No existe justificación alguna para la muerte del inocente! Cientos de padres de familia días antes habían enviado a sus niños y a sus niñas a las aulas y el ofuscamiento de la mente humana les ha regresado a sus hogares sólo trozos de sus carnes, rostros que antes acariciaron hoy regresan desfigurados, las frentes que besaron en el amor súblime han explotado en mil pedazos. Hagamos una oración por las madres y los padres de familia, los niños inocentes sabemos que están con Dios. Hagamos una oración también por nosotros, por ti y por mí: Señor que no nos acostumbremos a la injusticia, que no se nos vuelva común e indiferente el ver el rostro del sufrimiento, qué no seamos indolentes, que el dolor de mis hermanos me siga doliendo hasta lo más profundo del alma, y, aunque nos duela más, que comprendamos que la venganza no consigue nada. ¡Padre, perdónales aunque sí sabían lo que hacían!

2.- Regresemos al mensaje del día de hoy: torres inacabadas....

Escribía Cervantes sobre los matrimonios que brotan de la irreflexión lo siguiente: Se trata de “ Aquel sí que se pronuncia con dos letras y da que llorar muchos años“.

Esta frase se ha dado cita en mi memoria casi, casi a empujones, y es que las dos parábolas que hemos escuchado de labios del Maestro nos hablan acerca de esos errores que brotan de nuestra incapacidad de tomar con seriedad la vida.

3.- Es cierto que el Señor quiere, en primer lugar advertirnos acerca de los riesgos que entraña nuestro ingreso al cristianismo sin que hayamos considerado las exigencias que le acompañan. Se trata de esa gran decisión en nuestra vida que debe tomarse con seriedad, pero bien podríamos y deberíamos aplicarlo a cada una de las decisiones que van dándole forma a la decisión puntual que hemos tomado como cristianos.

La aplicación auténtica se dirige a aquellos que están pensando en asumir el cristianismo, pero cada uno de nosotros que ya somos cristianos, debemos traducirla a cada una de nuestras decisiones que deben configurar el auténtico rostro de la vida cristiana en nuestra propia vida.

4.- Y es aquí en donde precisamente entra el sentido de la enseñanza de las dos parábolas. Es la enfermedad de nuestros tiempos, como en el fondo bien pudo haberlo sido de todos los tiempos y de todas las generaciones, esa incapacidad para comprender la trascendencia de todo lo que decimos, de todo lo que hacemos y de aquello que decidimos.

Y es que hay ocasiones y situaciones que hasta nos sorprende la facilidad con la cual las personas toman las decisiones; la superficialidad sobre la cual basan sus juicios de una enorme trascendencia; la frivolidad verdaderamente delictuosa, culpable, con la cual comprometen definitivamente los valores y los principios de convivencia humana sin los cuales ni hay futuro ni podemos vivir.

El Evangelio de hoy es una llamada de atención a todos nosotros para que seamos profundos, para que seamos responsables, capaces de comprender la trascendencia de lo que estamos diciendo y de lo que estamos haciendo.

Y es que llega a tal grado nuestra inconsciencia que no sabemos ni siquiera pagar las consecuencia de nuestras frivolidades y un día la emprendemos violentamente contra Dios. Y no hay más culpable que nuestra propia enfermedad, nuestra propia frivolidad y nuestra propia superficialidad en muchas de nuestras decisiones.

5.- Se trata de decisiones que comprometen el tiempo y la eternidad. Y es que primero que nada, resulta necesario el que recordemos que todo acto humano, todo lo que nosotros hacemos en la tierra, se refleja en el cielo y hasta la eternidad. No hay dicho, ni sentimiento, ni pensamiento del hombre, que no llegue hasta la presencia de Dios y por aquí podemos empezar a comprender también que no hay dicho, ni juicio, ni palabras del hombre que deje de tener trascendencia a su alrededor. Como no hay decision, palabra o juicio del hombre que no tenga su trascendencia hacia el futuro.

Comprender esto es ser prudentes, es ser responsables y ser sabios, con esa sabiduría que empieza por comprender esta realidad como presupuesto y punto de partida para alcanzar la sabiduría de Dios.

6.- No podemos seguir actuando como actuamos, por motivos tan frívolos, tan miopes, tan superficiales como son los motivos que estan en la base de muchas de las cosas que suceden a nuestro alrededor.

No podemos seguir por el camino de comprometer el futuro simplemente por esa superficialidad de no comprender la trascendencia de nuestras decisiones. Podemos errar en los cálculos, pero lo peor de todo es cuando ni siquiera cálculos hemos hecho. No existe la reflexión, no hay consideración sobre las cosas, no hay meditación. Las personas se dejan guiar por sus instintos, por sus pasiones e inclinaciones.

Y es entonces, que surgen tantas escenas tristes que nos hablan de nuestros fracasos humanos: torres inacabadas y guerras pérdidas a causa de la imprevisión de realidades.

7.- Pareciera nuestra vida emular todo ese tipo de situaciones que por desgracia contemplamos en nuestras ciudad: edificios sin terminar en las grandes avenidas, casas residenciales a medio construir, carreteras y autopistas interrumpidas en su realización, obras de drenaje pluvial detenidas sin un avistamiento de su conclusión, libros que se han quedado a mitad de su redacción, y tantas y tantas sinfonías inconclusas de la vida humana.

Hoy, somos tantos los que cargamos con nuestra sinfonía inconclusa, sobre todo cuando no hemos sido capaces de prever la limitación real de nuestros recursos. Somos cada vez más, los que hemos puesto los cimientos de nuestras grandes construcciones académicas, comerciales, laborales, de inversiones y hasta familiares, pero que no hemos pensado con seriedad en la necesidad de diseñar y prever la realización sostenida de todas y cada una de las etapas de nuestros edificios, no tan sólo las iniciales sino también las del ínterin así como las últimas.

8.- No obstante, mi querido hermano (a):

Es bueno que, no te quedes discurriendo solamente en tu entorno y en esas realidades materiales,... de tal manera que asumas la invitación para que transciendas en los recursos del pensamiento, y así puedas darte cuenta de que muchas de nuestras familias y de nuestras propias vidas son esas enciclopedias inacabadas.

Y es que, ¡Con cuánta frivolidad se deciden las cosas trascendentes! Las personas no quieren vivir un noviazgo limpio. Sin tomarse esos anticipos, que ofenden a Dios, dejan sabor a hiel y ceniza y marchitan el amor.

Recuerda que en la financiera de la vida los anticipos se pagan siempre con intereses redoblados. Tú conoces cuáles son las ocasiones próximas y sí eres honesto deberías huir de ellas: Los paseos en coche y de noche, que digo de noche ya de madrugada, la soledad y el aislamiento, y que me dices sobre la punta de alcohol que va disminuyendo las defensas.

Escribe Bruce Barton algo que posiblemente te ayude en la asimilación de lo que te comento: "Cuando considero a veces que las grandes consecuencias provienen de cosas insignificantes, me da la sensación de pensar que no hay cosas pequeñas."

9.- ¡Compréndelo! Lo que hacemos trasciende, no podemos lanzar piedras al estanque sin que se dejen de generar hondas de movimiento. Todo lo que hagamos tendrá su trascendencia en nosotros, o en los demás. Y no podemos seguir viviendo como si las cosas no tuvieran ninguna importancia.

Que no tomes decisiones, ni te adelantes por la vida haciendo las cosas por los peores motivos y cayendo en tu misma trampa, para que así no llegues a la faltal disyuntiva: o buscas lo sagrado como tapadera ante la sociedad o buscas en el inocente, en el pequeño, en el que no tiene ninguna culpa y no puede defenderse, alguien sobre quién descargar nuestras iras y nuestras frustraciones.

Se trata de asumir la Sabiduría que proviene de Dios en nuestro modo de ser y en la raíz de nuestros juicios. Prudencia de Dios. Ciencia de Dios. Que esa fe cristiana que decimos profesar, nos haga comprender la trascendencia de lo que hacemos, la importancia y el valor de todo gesto, de toda palabra y de toda acción. Que seamos más profundos, más conscientes, más responsables y más reflexivos en nuestras decisiones. Y que sepamos comprender también que esa sabiduría de Dios es nuestro patrimonio, que está a nuestro alcance si nos acercamos a Él y que adquirirla e incorporarla en nuestra experiencia personal, es un deber que hoy, más que nunca, se manifiesta del todo esencial.

No te precipites en las decisiones que tomes, haz cálculos antes de decidir:
El que se casa de prisa se arrepiente despacio.

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