1.-
Muy querido (a) amigo (a):
Administrar
humanamente significa estar al servicio de alguien reconociendo
el privilegio que se nos ofrece, agradeciendo la confianza que se
nos brinda y teniendo muy en claro la funcionalidad de la elección
de la que hemos sido objeto.
Administrar
en el horizonte cristiano significa reconocer que la realidad primera
y última en nuestra historia personal es siempre el don de
Dios gratuito, sobreabundante y sin revocación.
Se trata
no de la experiencia de un asalariado sino de alguien que se sabe
y vive como hijo, y que percibe que el don de Dios nos coloca ante
la presencia de Aquel que nos ama, que nos ha colmado y que ha transformado
nuestra vida.
Ante
unos dones de Dios que nos desbordan, surge la necesidad de tomar
conciencia del obsequio divino, tener entusiasmo ante su generosidad,
hacer confesión pública de su presencia y reconocer
gozosamente su grandeza. Es necesario reconocer de que somos privilegiados
al haber recibido en administración todas las manifestaciones
de su bondad.
2.-
Y este es el mensaje del Evangelio del Señor en este domingo:
en esta vida, mientras que Dios nos ofrezca un ápice de tiempo
en la balanza de nuestra historia, debemos reconocer y obrar en
consecuencia con una convicción: no somos más que
administradores de lo que tenemos y de lo que somos.
Pero,
por desgracia, en muchos de nosotros, el tiempo se ha encargado
de borrar la memoria de la eternidad, y los fugaces goces que nos
ofrece la materia se encargan de obstruirnos el entendimiento y
han ido atrofiando nuestra sed de trascendencia. El resultado es
constatable y las actitudes resultan dolorosamente sintomáticas:
el hombre parece sentirse no un administrador sino el dueño
de la creación.
Se trata del hombre soberbio que se ha olvidado de que es lugarteniente
y que ha llegado a creer que son propiedades los dones que Dios
nos ha ofrecido o que, al menos, cree que esos bienes que posee
los tiene por propios méritos, y es entonces cuando sobrevienen
las apropiaciones.
Ya dibujaba con maestría san Francisco de Sales un cuadro
de su tiempo y de todo tiempo, también del nuestro: “Algunos
hombres se vuelven orgullosos e insolentes porque montan un hermoso
caballo, usan una pluma en el sombrero o se visten con finas prendas.
¿Quién no advierte el error de esto? Si en tales cosas
hay alguna gloria, esta pertenece al caballo, al ave y al sastre.”
¿Sabes? Lo mismo podríamos decir hoy en día
del lujoso automóvil que podemos conducir, de las cadenas
de oro que pudieran pender de nuestro cuello o de esa posible ropa
de marca adquirida en famosos almacenes, y en la que nos hemos envuelto
todos. ¡Cómo sí el pasajero no fuese más
importante que el vehículo o nuestro rostro más decoroso
que el maquillaje!
Pero esta es la mecánica de la soberbia.
Se trata de uno de los vicios más peligrosos, y su raíz
se encuentra no en otro lugar sino en el amor propio desordenado
y sus manifestaciones son tan variadas y desagradables.
Se trata de alguien que continuará una historia de actitudes
ufanas: al apropiarse unos dones que se le han obsequiado exigirá
un trato especial para sí mismo de parte de los demás,
se creerá que solamente él tiene importancia y toda
la razón en las conversaciones, y hasta le agradará
hacer gracias a causa del desprecio de los otros.
3.-
Se trata de un
hombre que en la autosuficiencia va borrando o anulando el semblante
del hermano de su horizonte y puede llegar un momento en que se
atreva a desaparecer del horizonte de su vida el rostro bondadoso
de Dios mismo.
Se
trata del hombre que suele presentarse ante Dios autosuficiente,
y que cree no necesitar ni a Dios ni a su hermano. El hombre que
confía en sus propias fuerzas y que se olvida que todos somos
administradores.
¡No sé si lo recuerdas! Pero, cuando llegaron los rusos
a la luna se entrevistó a través de los medios a la
tripulación que había conseguido la proesa y quedó
impresa en las letras de la historia aquella expresión del
astronauta soviético Yuri Gagarín en tono altanero
y retador: "Les tengo una mala noticia: Yo no he visto a Dios
en el firmamento"... Aquellas palabras fueron como un balde
de agua fría para muchos hombres y mujeres que expectantes
necesitaban de una descripción de lo que en la estratósfera
se había contemplado... Y es que quizá no sabía
Gagarín que si no ha visto a Dios en la tierra tampoco lo
verá en el cielo.
Y el proceso de la soberbia sigue su curso: El hombre querra ocupar
el lugar de Dios. El pecado constante consiste en ese querer "Ser
como dioses" de los inicios. Se trata del pecado de
orgullo: es el pecado del Diablo, el pecado de Adán y Eva,
el pecado de Caín, el pecado de todo hombre. Dice ufanamente
el Satán de Milton: "Prefiero reinar en el infierno
que servir en el cielo".
Es el hombre sin Dios, el hombre que quiere vivir al margen de Dios
o que usurpa el lugar que a Dios le corresponde.
4.-
Todos nosotros conocemos o hemos escuchado sobre otro pasaje en
la historia de la humanidad en que el hombre se sentía invencible
por sus alcances. ¿Te acuerdas de aquella joya de la ingeniería
de la transportación marítima que provocó embelesamiento
presuntuoso en el hombre?
Ante
los ojos de los presentes aquella mañana en la costa estaba
aquella nueva maravilla del mundo moderno: el Titanic. El nombre
no podía ser mejor que aquel que recordaba a los Titanes,
aquellos hijos de los dioses en la mitología griega. En su
inauguración aquellas palabras que fueron pronunciadas calaron
fuerte en los oídos de los presentes y quedaron marcadas
para la historia de la humanidad. Aquel hombre al quebrar la botella
de champagne en la proa de la embarcación expresaba presuntuoso:
"¡Este ni Dios lo hunde!".
Era el inicio de lo que fue la primera misión de esta soberbia
embarcación, una misión inconclusa, la tripulación
y los viajeros no regresaron en aquella augusta nave, se hundió...
5.-
Y así nos
ha sucedido en la vida: los hombres de todos los tiempos han contemplado
la caída de gigantes. De gente que hasta el día de
ayer se sentía sin necesidad de Dios y sin necesidad de nadie.
La caída de gente que se pensaba inamovible. Nosotros también
hemos contemplado la caída de los ufanos, de los engreídos,
de los soberbios y de los orgullosos.
Hoy con
la historia en la mano tenemos que reconocer que los grandes imperios
han desaparecido, sus palacios y sus edificios yacen bajo el polvo
del desierto: Hititas, Egipcios, Acádicos, Sumerios, Persas,
Helénicos, Lágidas, Ptolomeos, Romanos, Sarracenos,
Mongoles, Germanos, Hispanos, Francos... Los grandes y famosos hombres
han quedado en el olvido y se encuentran a lo sumo como figuras
muertas del pasado, en las páginas de los libros de la historia.
Han caído sistemas hasta hace algunos pocos años demasiado
sólidos y los actuales también son transitorios ¿Cuánto
tiempo les durará la vida? Solamente Dios lo sabe. Solamente
Dios basta, sólo Dios vive siempre, sólo Dios es eterno.
6.-
El hombre es administrador
y debe recordar que la principal cualidad del administrador debe
ser la fidelidad,... y con ello la sencillez. Pero el hombre se
siente independiente, siente no necesitar a Dios.
Me recuerdan a esos catedráticos que todos hemos encontrado
en las preparatorias o en las aulas de las Universidades y ensoberbecidos
por haber leído un libro niegan al dueño de todas
las cosas, niegan a Dios. El hombre que ha profundizado en el misterio
de la creación, en el misterio del cielo, de la tierra, de
las estrellas, en el misterio del mar profundo, en el misterio de
la vida del hombre, reconoce a Dios. Es lamentable que algunos de
nosotros que ni siquiera conocemos el ABC de la física, de
la química o de la biología categóricamente
neguemos a Dios, ojalá algún día pudieramos
conocer el ABC de la vida, ya no les pido que conozcamos hasta la
XYyZ de las disciplinas. El verdadero
científico conoce a Dios.
Decía Albert Einstein: "Cuando
tenía poca ciencia creía en Dios, cuando adquiría
algo de ciencia empeze a dudar de Dios. Hoy he avanzado en la ciencia
y creánme estoy convencido que Dios existe"
Te comento de salida que en la película CREATOR, de la Universal
Pictures hay una frase que cita: Peter O´Toole: “Cuando
la ciencia finalmente alcance la cima de la montaña, descubrirá
que la religión ha estado sentada allí desde el principio.”
7.-
Cristo
le ha regresado a nuestra administración en la vida las dimensiones
de la caridad y ha querido fundar las relaciones engendradas por
nuestras gestiones en un principio nuevo: la fraternidad.
¿PUNTO
DE PARTIDA O PUNTO DE LLEGADA?
“
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Había
una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual
fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo
llamó y le dijo: “¿Es cierto lo que me han dicho
de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás
administrador”.
Entonces el administrador se puso a pensar: ¿qué voy
a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar
la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo
que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa,
cuando me despidan”.
Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero
le preguntó: ¿cuánto le debes a mi amo?”
El hombre respondió: “cien barriles de aceite”.
El administrador le dijo: “Toma tu recibo, date prisa y haz
otro por cincuenta”. Luego le preguntó al siguiente:
“Y tú, ¿cuánto debes? Éste respondió:
“Cien sacos de trigo”. El administrador le dijo: “Toma
tu recibo y haz otro por ochenta”.
El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había
procedido con habilidad.
1.-
¿No sé si
te has fijado? Pero... Los hombres y las mujeres de todos los tiempos
tenemos una doble forma de ver las realidades que vivimos en nuestra
existencia: en primer lugar todo lo que obtenemos o aquello que
se nos obsequia se puede ver como un punto de llegada, o bien, en
segundo lugar, todo puede ser visualizado como un punto de partida.
Es así,
de estas dos formas, como contemplamos el nacimiento, el noviazgo,
el matrimonio, el ingreso al Seminario, la ordenación sacerdotal,
la graduación, el establecimiento de un negocio, el misterio
de la muerte... todo, ¡completamente todo!, puede ser visualizado
desde esta doble perspectiva,... aún aquellas realidades
más sagradas.
Lo anteriormente
mencionado pareciera no tener una gran notoriedad, sino fuera porque
las diferencias en la vida, y en nuestra forma de ver la vida, se
van marcando por esta doble forma de avizorar la existencia.
2.- ¿Punto
de llegada o punto de partida? Las dos formas suelen parecer tan
semejantes, y esto en ocasiones nos adormece, pero las actitudes
que se generan por una u otra óptica existencial marcan una
distancia abismal y van generando un sinfín de pesadillas.
Démonos
tiempo, el día de hoy, para que revisemos nuestra vida cristiana,
el matrimonio, la vida consagrada y mi sacerdocio, el misterio de
la muerte,..., por sólo mencionar algo, bajo esta perspectiva.
3.- El matrimonio, para aquellos
que ven la celebración del sacramento como un punto de llegada,
podrá ser entendido como algo que logras alcanzar en la vida,
como la realización de un sueño, como una ilusión
concretizada. Se trata de un lugar al que anhelabas llegar y al
que al fin has accedido. Se trata de una especie de conquista obtenida....
¿y qué tiene esto de malo? –te preguntarás-.
Dame un poco de tiempo y lo verás.
Por otro
lado, el matrimonio cuando es visto como un punto de partida, debe
ser entendido como un nacimiento y como el inicio de un estilo nuevo
en la vida que Dios les concede a los cristianos. Se trata del inicio
de algo totalmente nuevo que supera las expectativas y los sueños
del hombre.
Las diferencias
entre una y otra forma de ver el matrimonio, como punto de llegada
y como punto de partida, todavía no son muy notorias...,
las verdaderas diferencias vendrán en las actitudes de lo
cotidiano.
Aquellos
que contemplan el matrimonio como un punto de llegada, tienen el
riesgo de caer en el limbo de la mediocridad, pueden aletargarse,
caen en el sopor y en el engaño.
Experimentar
la “seguridad” que nos da lo adquirido, ha hecho, de
muchos esposos y esposas, personas que olvidan todo aquello que
mantenía con vida el amor durante el tiempo del enamoramiento
y del noviazgo.
Aquellos
para quienes el matrimonio es un punto de llegada, se les suelen
olvidar todas aquellas atenciones,... y los detalles. La celebración
sacramental del matrimonio se convierte, para esta pobre gente,
en una adquisición, en una conquista.
Con el
paso del tiempo, se les llega a mirar descuidados en su aspecto
físico, desaliñados. Se sienten seguros de tener a
alguien que llega o que le espera en casa. No les preocupa nada,
al fin y al cabo, ya han llegado a donde esperaban llegar y han
obtenido lo que deseaban obtener.
Pero...
¿y para aquellos que el matrimonio es un punto de partida?
Todo
lo contrario sucede, con aquellos que contemplan el matrimonio como
un punto de partida: ellos ni pueden ni quieren darse el lujo de
adormecerse, de perder los pormenores, esas pequeñas cosas
de la vida. Para ellos, no hay un lugar para la somnolencia.
Ellos
no pueden dejar morir algo tan sagrado, que vieron nacer cuando
recibieron el sacramento del matrimonio. En su vida no hay lugar
para el sopor, el aburrimiento, la pereza o la costumbre.
4.- Ahora podrás darte
cuenta de que: El mejor deseo que podríamos tener para una
persona que se casa, es el que su matrimonio no sea un punto de
llegada sino un punto de partida.
Lo mejor
que podríamos anhelar para ellos es que, el formar una familia
no sea el llegar a una meta sino el recibir de Dios la señal
de salida para iniciar una noble competición cristiana; que
para ellos el matrimonio no sea el anochecer sino el amanecer de
un sueño totalmente nuevo; que no sea el ocaso sino el despuntar
de una nueva ilusión; que el Sacramento que reciben no sea
la conclusión de un tomo sino la introducción a una
nueva etapa; que la celebración litúrgica no sea el
escribir el epílogo de una historia, sino el escribir el
prólogo de un nuevo tomo en la vida.
5.- ¿Sabes?
La vida consagrada también tiene los mismos peligros. Cuando
para un sacerdote o una religiosa aquel momento tan sublime en que
se consagró la vida, es visto como un punto de llegada y
no un empezar a caminar, puede llevarle a convertir paradógicamente
lo más sagrado en una vida poco digna.
Para
quienes la consagración es un lugar al que se llega, la consagración
se convierte entonces en un “status”, en donde se ha
adquirido una “falsa seguridad”. Las
personas empezamos a olvidar todo aquello que mantenía con
vida lo que es vital, ya no hay preocupación por la oración,
ya no se estudia, ya no hay retiros ni ejercicios espirituales...,
los libros se convierten en un adorno en la oficina.
Entonces
el sacerdocio, la parroquia y la vida en medio de la comunidad de
vida consagrada, se convierte en una especie de conquista, un lugar
al que se llega y sobreviene nuestra lamentable monotonía.
Nos vamos arrastrando en el polvo de la rutina y la amargura.
En cambio,
el apóstol que vea su consagración como un punto de
partida no podrá dejar asfixiarse algo que es considerado
un Don y un Misterio. No se podrán descuidar todos aquellos
elementos de la formación permanente que mantienen siempre
vivo lo que en la formación básica se recibió.
6.-
¡Fíjate!
Como son tantos los ámbitos en que se aplica este principio...
Hay quien
pensó que su graduación era un punto de llegada que
le hacía merecedor de un excelente puesto en una empresa,
sin que esto significara un punto de partida de una vida profesional
cimentada en el esfuerzo de la vida diaria... Hay tantos profesionistas
que hicieron de la salida de las aulas el punto al que se llegó,
y se han quedado obsoletos en sus conocimientos y en los servicios
que ofrecen.
Pero...,
mejor dejemos nuestro espacio del pensamiento, para dirigir la mirada
a nuestra vida cristiana.
Pregunta
y sentencia el Evangelio: “¿Es
cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque
en adelante ya no serás mi administrador”.
La vida
cristiana es un prolongado y recurrente punto de partida. Solamente
así a Dios se le puede amar y esperar en el estupor, con
las puertas de la mente abiertas de par en par, con las manos trabajadoras,
con nuestros ojos liberados de la pesantez, y con el corazón
finalmente curado de la dureza que provocaba nuestra esclerocardia.
En cambio,
para quienes pensamos que ya hemos llegado, o que la vida cristiana
es una adquisición de nuestro bautismo, nos podemos convertir
en esos hombres mediocres que se olvidan de su vocación de
administadores y que poco a poco se van convirtiendo en dueños
de algo que no les pertenece, y cuando el tiempo se termina van
a querer tener un poco de tiempo para arreglar lo que durante su
vida han echado a perder.
¡Qué
lamentable nos debe resultar el que no percibamos que la vida cristiana
más que fuente de privilegios es una fuente de responsabilidades!
7.- La hiperconfianza
suele ser tan nociva. Ayer como hoy, y quizá hoy más
que ayer, somos tantos los que nos sentimos dueños de la
vida, los que creemos que tenemos el tiempo, las cosas y las personas
compradas.
¡Fíjate
como este mundo está plagado de esa peste de los diferidores!
Postergamos toda clase de obras buenas a favor de los demás
y que redundarían en beneficio propio, y todo por esa falsa
seguridad que se genera en nuestra excesiva confianza.
La vigilancia
debe ser una actitud del cristiano en cada momento. Porque cuando
sin querer nos descuidamos, casi sin darnos cuenta, ya no tenemos
presente el por qué de los desvelos y de tantas preocupaciones.
Ser administradores
conscientes significa que nunca podremos descansar creyendo que
ya hemos llegado, que ya estamos bien, que ya somos lo suficientemente
buenos como para descansar, dormirnos y despreocuparnos.
Nuestra
atención ha de ser constante, pues el contagio, el mal se
infiltra cuando bajamos la guardia. El mal está siempre ahí,
siempre atento y se apodera de nosotros cuando nos confiamos. Y
ése es el peligro constante, no que aceptemos el mal, sino
que se vaya apoderando poco a poco de nosotros al no estar atentos.
Nuestra
vida cristiana, como punto de partida debe ser ofrecimiento y lucha.
Sólo se vivirá cristianamente en el esfuerzo y en
la donación. ¡Porque el que da la vida y todas las
cosas, es Dios!
8.- El cristiano tiene siempre
la necesidad de contemplar la existencia como un continuo comenzar.
Solamente entonces comprenderá que la vida eterna es la prolongación
de lo que en la vida hayamos hecho.
La muerte no será entonces un epílogo sino el prólogo
de una historia en la eternidad. El cielo no será entonces
un punto de llegada sino un punto de partida para todos nosotros.
Pero... somos tantos los que estamos esperando el futuro en lugar
de construir el futuro.
TRABAJO
Y RESPONSABILIDAD
“En
aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Con el
dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que, cuando
ustedes mueran, los reciban en el cielo.
El que es fiel en las cosas pequeñas, también es fiel
en las grandes; y el que es infiel en las cosas pequeñas,
también es infiel en las grandes. Si ustedes no son fieles
administradores el dinero, tan lleno de injusticias, ¿quién
les confiará los bienes verdaderos? Y si no han sido fieles
en lo que es de ustedes, ¿quién les confiará
lo que sí es de ustedes?
No hay criado que pueda servir a dos amos, pues odiará a
uno y amará al otro, o se apegará al primero y despreciará
al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero”.
1.-
Envío un saludo muy especial a mi señor Padre, Don
Francisco Narváez Sandoval, quien el próximo martes
cumplirá setentaiun años de edad. Desde aquí
el mejor de los deseos acompañado de mis oraciones y las
de mis hermanos y hermanas, mis cuñados y cuñadas
y de mis sobrinos y sobrinas a favor de aquel que ha sido un ejemplo
de trabajo y de responsabilidad para todos nosotros. Le pido a Dios,
que aquella que le amó aquí en la tierra le siga cuidando
desde el cielo.
2.- Muy queridos amigos:
Ya que he mencionado a aquel que
ha sido un referente de trabajo cristiano para mi familia, quisiera
no perder esta oportunidad que el Evangelio nos ofrece, de tal manera
que nos demos la oportunidad de hablar sobre nuestra función
productiva aquí en la tierra. Se trata de esa capacidad de
convertirnos en cooperadores de todo aquello en lo que Dios opera
en este nuestro mundo.
La invitación es para que nos demos cuenta como nuestra vocación
no es otra que la de ingresar a la arena de la vida a realizar nuestras
faenas y no a quedarnos en las butacas a ser sólo grises
espectadores de la existencia. Nuestro llamado no es a ser cristianos
de graderías sino cristianos que ingresan a la cancha de
la vida a derramar el sudor durante todo el tiempo de la competición,
así fuere el primer minuto de la justa o así nos encontrasemos
ya en los tiempos de reposición. ¡Cuánto daño
le hacemos a la Iglesia todos nosotros que queremos ser Directores
Técnicos y que nunca hemos tocado un balón ni nos
hemos enfrentado al ritmo exhaustivo del esfuerzo y del desgaste!
3.- Somos administradores,
y si bien algunos pecamos por los abusos, pareciera que somos más
los que hemos pecado y pecamos por el desuso. Muchos tenemos pecados
por la comisión de nuestros excesos pero somos más
los que pecamos por la omisión y por los recesos.
¡Qué lamentable que los hijos del mundo se experimenten
más motivados a realizar sus acciones que aquellos que trabajamos
por los ideales que trascienden!
4.- ¿Cómo está
nuestra administración?
Nuestra Iglesia y nuestro mundo
necesitan de cristianos de alto voltaje, de cristianos que emulen
a los deportistas de alto rendimiento, que aspiren a la etapa adulta
de la fe y esto se logra en la búsqueda y en la consecusión
de que nuestras administraciones sean lo más dignas de aquel
que desde la cruz quiso derramar la última gota de sudor
y el último hilo de su sangre.
Utilicemos la expresion del pensamiento de Amado Nervo: El mundo
tiene hambre: hambre de pan, hambre de amor, hambre de conocimiento,
hambre de paz...
Este mundo es un mundo de hambrientos. Se tiene hambre de buenos
administradores. El universo tiene hambre de personas responsables,
de personas entregadas, de personas formales, de personas comprometidas.
Gloria Fuertes, poetisa española, dibuja esta situación
con esa métrica que le ha puesto alas a la rudeza de las
palabras.
Hoy
me entristecen otros pobres.
Dan pena los mendigos,
los mendigos de letras,
los mendigos de duda,
los mendigos de ciencia,
esos sí que me dan pena.
Los que no tienen nada
duermen a pierna suelta,
en un banco, en el puente,
beben en la taberna,
dicen: "¡Dios se lo pague!",
se rascan una pierna,
se comen un tomate
y piensan que son profetas.
Mendigo es el que dice:
¿Y si Dios no existiera?
5.- Muy queridos amigos:
Resulta necesario que hagamos un
examen sincero sobre lo que estamos haciendo en la administración
de nuestra vida. Y es que el Dueño de todo en cualquier momento
puede pedirnos cuenta de nuestras funciones. Y quizá el Evangelio
hoy te ofrezca un mensaje insospechado junto con todos los que tú
has pensado: Mientras te quede un poco de tiempo, puedes corregir
aunque sea a la desesperada a favor de aquello que te puede merecer
el obsequio de lo eterno.
¿Cuándo se presentará el último instante?
Ni tú ni yo lo sabemos, pero la invitación es hoy.
Te sugiero que no corras riesgos. San Agustín predicaba:
“Si te arrepientes en el último momento tienes la seguridad
de que Dios te perdonara, ¡tienes razón!, pero no sabes
cuando será tú último momento, así que
empieza ahora”.
San Jerónimo lo dice a su manera: “Empieza
a ser ahora lo que serás el día de mañana”.
¿Te parece severo? Entonces no haz entendido la radicalidad
del Evangelio: “haz ahora lo que te será útil
no tanto mañana,... sino en la eternidad”
Y es que no nos damos cuenta de que el futuro se construye todos
los días en el trabajo, en el esfuerzo, en el sudor de la
vida cotidiana.
Se trata de la bendición de un trabajo que nos llega a conseguir
que las cosas ordinarias hagan nuestra vida extraordinaria.
Somos administradores de Dios. Es Dios quien quiere actuar utilizando
nuestras manos, pero el hombre pareciera no entender de que sí
a este mundo entramos con las manos cerradas nuestro proceso de
crecimiento auténtico debió consistir en aprender
a abrirlas a los demás. Es mucho mejor gastarse que enmohecerse,
es en mucho mejor satisfacer la necesidad de sed del hermano que
el contemplar las aguas hediondas y cenagosas que se han quedado
contenidas en su represa del egoísmo.
6.- El trabajo le da sentido
a nuestra vida. ¡Cuánta razón ha tenido aquel
escritor anónimo que un día redactó en su libreta
de apuntes: “¡Dichoso el que tiene
demasiado quehacer para ocuparse durante el día y demasiado
sueño para ocuparse durante la noche!”
¿Te agradó la anterior
sentencia? Sobre la virtud del trabajo hay muchos pensamientos,
más de los que te imaginas,... aunque le dé un poco
de trabajo a nuestra mente perezosa. Escribía Ana Frankl
en su diario: “La holgazanería
puede parecer atractiva, pero el trabajo da satisfacción”.
Por su parte, la sabiduría popular española posee
en el cofre de sus tesoros el siguiente refrán: “Muchos
son los que se ufanan, pero pocos son los que se afanan.”
¿O qué te parece el siguiente de John Ruskin: “La
mayor recompensa de nuestro trabajo no está en lo que nos
pagan por él, sino aquello en lo que nos convierte?”
Buen pensamiento el de aquel hombre, y ¿qué te parece
el siguiente de Ana Pavlova? “Nadie
puede llegar a la cima armado sólo de su talento. Dios da
el talento; el trabajo transforma el talento en genio”.
Ahora que si de pensamientos elevados se trata aquí te presento
uno de alguien al que he admirado desde hace vinticinco años.
¿De quién se trata? Por supuesto que de santo Tomás
de Aquino: “La motivación nos impulsa a comenzar; y
el hábito nos permite continuar”. Ojalá que
lo dejes dando vuelta en tu mente, a mí en lo personal me
ha ayudado demasiado.
Ya los antiguos tenían entre otros muchos, un aforismo latino
en torno a nuestros quehaceres: NATURA INCIPIT, ARS DIRIGIT, USUS
PERFICIT, “La naturaleza da el principio, el arte lo dirige
y la práctica lo perfecciona.
7.- El Evangelio hoy nos narra
un factor importante en nuestros quehaceres: “Cuando nos vayamos
de aquí no nos llevaremos nada de lo que acumulemos sino
sólo aquello que hayamos compartido con los demás”.
A Dios no le molesta el que el hombre use lo Suyo para beneficiar
al necesitado, aún esto es visto con ojos de valoración
por parte de Él. ¡Esto no es visto como un malgasto!,
sino como una actitud inteligente. Dios lo que quiere es que el
hombre deje de pensar sólo en sí mismo, ya que aquí
es donde Él ve la malversación de los fondos que Él
le ha querido confiar. Dios quiere que el hombre salga del laberinto
de su egoísmo y que se abra a los demás. Dios quiere
que el hombre aprenda a amar.
Y esta es nuestra constatación:
al hombre le hace falta amar. Cuando el hombre aprende a amar su
vida deja de ser solamente una emisión de sonidos y se convierte
en una canción, cuando el hombre aprende a amar sus palabras
dejan de ser sonidos y se convierten en un poema, cuando el hombre
aprende a amar su trabajo deja de ser una sola actividad y se convierte
en una profesión humanizada.
Porque en el Evangelio la palabra amor está unida inseparablemente
al servicio, a la honradez, al ofrecimiento de la vida personal
para la salud de los otros. Porque todo el que domina, exige, y
cada uno en la parcela de su vida, por su profesión, en su
vida familiar, tiene un poder que fácilmente lo convierte
en exigencia y olvida que es servicio.
Porque hemos llegado a considerar como habitual que el trabajo es
la forma de enriquecerse, que ya no importa la honradez mientras
que no se descubra, ya es difícil confiar en que la persona
que presta un servicio lo haga sirviendo, tememos el engaño,
tememos que nos traten utilizando nuestro dinero, nuestra salud,
sabemos que la mayoría ejerce su profesión para enriquecerse,
por tener más, por engañar más suavemente.
Sólo quien valore su conciencia por encima del poder o de
la riqueza, puede rechazar el ofrecimiento injusto.
8.-
Dios quiere que atesoremos en nuestra mente la mejor joya del pensamiento:
Somos administradores.
Nuestro liderazgo debe ser una oportunidad para servir; no para
abusar ni sólo para lucirse.
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