1.-
Muy querido (a) amigo (a):
La verdadera historia del rico no suele ser como
la cuentan muchos de nuestros libros ni posee ese maquillaje de
fantasía con que la presentan todos esas series televisivas
de las teletransmisoras nacionales y aquellas que se nos han vendido
desde las fábricas de ilusiones internacionales.
Contra todo lo que podamos pensar la tristeza del rico es más
real de lo que nos podemos imaginar, y lo más lamentable
de todo esto, es que esta embarcación que tú y yo
hemos abordado se desplace seducida por el engaño desde nuestro
puerto de partida en el tiempo hasta que en el día decisivo
llegue a atracar con el cargamento de nuestra historia en nuestro
destino de eternidad.
Es lamentable decirlo, pero hemos de mencionar que detrás
de la sonrisa del tiempo se esconden lágrimas de vacío
y de insatisfacción por las realidades abandonadas y por
esas facturas adquiridas, y esto nos acarreará a largo o
a corto plazo: tristeza en esta tierra
y la infelicidad eterna.
2.-
Escuchar lo que te menciono, provoca mil
reacciones en nuestro pensamiento y genera un sinfín de argumentos.
Casi todos los hombres de todos los tiempos hemos procurado desmentir
el diagnóstico del evangelio del día de hoy y hemos
presentado nuestra contradocumentación.
Todavía hoy en día, en la
mentalidad de mucha gente, la imagen del rico está asociada
instintivamente a la de la felicidad, a la del éxito y a
la del reconocimiento de propios y extraños. Palacios fabulosos,
coches de lujo, hoteles y cruceros, un séquito a tu servicio,
comidas y bebidas exóticas, cumplimento de los caprichos
y de los placeres más variados y refinados... Y a todo esto
se le da un solo hombre: Felicidad.
Pero con más frecuencia de la que te pudieras imaginar todo
esto no es más que un antifaz tras el que se esconde el rostro
verdadero de la vida. Lo anterior no es más que la más
lamentable parodia de la felicidad. Por debajo de los colores atractivos
se encuentra un vacío existencial, el aburrimiento y una
tristeza infinita. Por debajo del disfraz y en el silencio suspendido
por el ruido de la juerga hay un alma envilecida, obligada a padecer
el ultraje de encontrarse sofocada por el estorbo de “poseer”,
humillada por ver cómo el crecimiento del “ser”
se ve impedido por la preponderancia aplastante del “tener”.
Y es que el único movimiento de los que hemos sido esclavizados
por las cadenas de esta subcultura de los “tenedores”
es el agradar. Agradar, agradar, agradar, siempre agradar, ¡qué
degradación!
3.-
Y no obstante la peor de las locuras en el hombre ambicioso no estriba
en la degradación sino en la soledad. Y es que la soledad
más que ser la ausencia de personas suele ser producto del
exceso de egoísmo.
Expresaba Albert Camus: “Es vergonzoso
ser felices nosotros solos... La vida vuelta hacia el dinero es
la muerte”,... y nuestra locura. ¡Mira!,
¿quién lo dice? Y es verdad, recuerda que no hay pan
más amargo en la vida que aquel que se come en la mesa de
nuestra soledad.
El rico lleva a cabo esa locura: pretende ser feliz él solo.
No se da cuenta de que la felicidad no es un pedazo de dulce que
se pueda consumir en la soledad, atrincherados en la cueva del propio
egoísmo, sino que la auténtica felicidad hay que dividirla
y compartirla entre todos.
¡Cuánta razón tiene ese refrán español
que sentencia: “Más vale un día
alegre con medio pan que uno triste con un faisán.”!
Pero el rico recita de memoria los versos que ha compuesto en la
farsa de la felicidad. Y los ingenuos se la creen; y en realidad,
sólo la cree el más grande de los ingenuos que resulta
ser él mismo, víctima al final de una farsa que se
convertirá en su tragedia.
¡Fíjate!, cómo en la casa de los epulones de
hoy, sigue consumiéndose el pan de la soledad acompañado
del avinagrado vino de nuestra codicia.
Acusan los psiquiatras que sus divanes se llenan de gente bien,
de personas con solvencia monetaria pero con una terrible recesión
de afecto, de señoras sin preocupaciones o de jóvenes
y hasta de niños que nadan en la abundancia. Que lo tienen
todo, o mejor dicho, casi todo, no les falta nada les falta alguien...,y
por mejor decirlo: les falta Alguien con mayúscula.
4.-
Y así pasa con Don Epulón, doña epulona, epuloncito,
y con epulita, como le decían con cariño a la niña.
¡Qué lamentable mendicidad es aquella que se vive no
en la carencia de bienes sino en la cárcel de nuestra indiferencia!
G. Lipovetsky, lo narra en su libro
“La era del vacío” al narrar la ironía
que ha acompañado los grandes adelantos de nuestra época:
La medicina y la ciencia han avanzado hasta tal extremo que “han
desaparecido los sordos, los ciegos, los lisiados, pero ha surgido
la edad de los que no quieren oír, de los que no quieren
ver y de los que no son capaces de caminar ni de esforzarse en la
vida.”
Hoy, el hombre tiene el vientre y los bolsillos
llenos pero el corazón se encuentra lamentablemente vacío.
Y este destino de infelicidad en el rico no ha
respetado las edades.
¿Sabes? Es posible que ya te lo haya compartido, pero este
pobre rico a quien se le llama Epulón, me ha hecho que regrese
nuevamente al almacen de mis neuronas para desempolvar un folder
que, de ser escuchado puede ayudarnos a desempolvar una vida como
la nuestra cada vez más cubierta del polvo de nuestra incongruencia.
¡Ah! Esos polvos que trajeron estos lodos.
Recordaba la lectura de aquel artículo de Benjamín
Stein publicado en “El Espectador Americano” sobre el
tema de la riqueza y,... sobre las pobrezas
“¿Cuánto dinero debe uno
tener para ser considerado rico en nuestra sociedad? Las
cifras, que andan por los millones, varían.
Pero yo pienso en toda la gente inmensamente rica que conozco, que
no parece feliz. También en todos aquellos que sudan para
pagar sus cuentas, y pese a ello son ricos.
- Si puede usted compartir cualquier problema con su cónyuge,
es rico.
- Si puede darse tiempo para dialogar con sus hijos, es rico.
- Si puede mirar de frente a sus padres, convencido de haberles
retribuido aunque sea en mínima parte lo que ellos le dieron,
es usted rico.
- Si puede tomarse una tarde libre para salirse al cine con su
familia, es usted rico.
- Si puede decir con toda honradez que no tiene nada que esconder,
es usted verdaderamente rico”.
5.-
¿Sabes? Son tantas las personas que he conocido a quienes
considero infinitamente ricos aún cuando muchos de ellos
no tienen cuentas en los bancos. ¿Te acuerdas de san Francisco
de Asís?, aquél que renunció a los bienes materiales
y que se desposó con la dama pobreza. ¡Considero que
él es una de las personas que han sido auténticamente
más ricas en este mundo!
Todavía recuerdo cuando en el paso del
año 1999 al 2000 un columnista de nuestra ciudad reclamaba
el hecho de haber sido excluido en la lista FORBES de los hombres
más ricos del mundo: teniendo a su esposa que lo ama mucho,
teniendo a unos hijos maravillosos, teniendo vida, teniendo salud,
teniendo paz en el corazón, teniendo a Dios en su existencia...
6.-
¡Ay! El
rico, ese hombre infeliz que ha comprado y que trae puesta la careta
de la felicidad. Te acuerdas de lo que escribía Don Ramón
de Campoamor en el siglo XIX sobre lo que es un hogar:
“El
hogar, ¿qué es un hogar?
El hogar no son las piedras, son las almas.
El mueblaje no es el oro, es el cariño.
Si se quieren, qué ricos los pobres,
Si no se aman, qué pobres los ricos.
El amor inventó los hogares
Y las aves del cielo los nidos.
Si se quieren, el agua qué fresca,
El pan qué exquisito.
No hacen falta en la mesa más flores
q ue las flores que pone el cariño”.
7.-
Y,
no obstante, los criterios de un Epulón, que banquetea en
la mesa de la soledad, parecen ser los que van rigiendo nuestra
vida.
Y, ¡fíjate!, cómo hoy se habla de bienestar
e inmediatamente se piensa en ropa, calzado, colegios caros, viajes,
automóviles, joyas, residencias, y no se piensa que parte
importante del bienestar es la salud física, el descanso,
la paz de la conciencia, el tiempo que puedes pasar con tus hijos,
el poderte salir una tarde a una plaza con tu esposa...
¿Te parece exagerada la información
que te comparto?
¿No crees lo que te estoy diciendo?
Pues sólo te pido que te fijes en el momento en que las personas
que conoces refieren un año que ha sido malo... Se piensa
que un año es malo porque no salimos de vacaciones, no cambiamos
de coche, no estrene la ropa que había pensado...
¿Ese es un año malo?...
Años malos serán cuando en la vida de un matrimonio
no haya respeto, no haya sinceridad, no exista el perdón
y se sobreponga el rencor, esos sí que serán años
malos, aún cuando podamos tenerlo todo en lo material.
AL
CERRARSE EL TELÓN SE QUITAN LAS CARETAS.
“
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había
un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas
y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo,
llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto
de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de
la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las
llagas.
Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles
lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico
y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio
de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a
Abraham y a Lázaro junto con él.
1.-
“ Señores y señoras: les agradecemos, a nombre
de todos los que han hecho posible esta puesta en escena, el favor,
la distinción y el honor que nos han tributado con su compañía,
no nos resta más que desearles un feliz regreso a sus hogares
y que encuentren con bien a sus seres queridos que les esperan en
casa. Esperamos que el agrado que haya suscitado nuestro trabajo
consiga de ustedes el que nos privilegien con el favor de su compañía
en nuestra próxima puesta en escena...”
2.-
Ha llegado el final, el último acto
ha concluido y la última escena se ha efectuado, se ha llegado
a la última estrofa en el script de nuestra trama y ya se
ha pronunciado la última palabra, se apagan las luces, y
el telón ha caído ante los ojos de los espectadores,
mientras que tras bambalinas el director y los actores agradecemos
a los apuntadores, a los utileros, a los ingenieros en iluminación
y a los asistentes en video y audio, a los músicos, a los
que estuvieron en atención al foro, a los que atendieron
al público,... entonces nos fundimos en un abrazo de felicitación
por la labor cumplida y...
“Así como en los teatros, cuando todo se acaba y los
que representan se retiran y se quitan el traje, los que antes parecían
reyes o pretores aparecen ahora tal y como son con sus miserias,
así, cuando viene la muerte y concluye el espectáculo
de esta vida, depuestos los disfraces de la riqueza y de la pobreza,
sólo por sus obras se juzga quiénes son verdaderamente
ricos y quiénes pobres; quiénes dignos y quiénes
indignos de gloria”.
¿Te parece adecuado el breve texto con el que se
inició este segmento de reflexión? No me
es propio, bueno,... en realidad es una adecuación personal
y con algo de imaginación y de experiencia sobre una homilía
de san Juan Cristóstomo.
3.- Pero,...
lo he utilizado como la puerta para ingresar a esta segunda habitación
en nuestra reflexión, porque posee los elementos necesarios
cómo para que nuestra comprensión se convierta en
constatación gloriosa: nuestro cristianismo debe ser un programa
lleno de vida en lo temporal para que se convierta en vida verdadera
en la eternidad.
¡Ah!,... ¡El cura hablando de puertas para ingresar!...
¡qué novedoso!..., -Bueno-, -Está bien, tienes
razón-,... quizá esta puerta no tenga importancia
pero si aquella que esperamos cruzar al salir de nuestra habitación
de lo temporal.
4.- Este
es el mensaje del Evangelio de Cristo: cuando en la plenitud crucemos
la puerta de la última habitación en nuestra vida
solamente la virtud será lo que acompañará
a los difuntos; al cielo unicamente nos seguirá la caridad.
¡Más clara ni el agua!: Para que los hombres encontremos
algo en nuestra mano después de la muerte, debemos hoy poner
algo en las manos de los necesitados.
5.- ¡Oye!, qué
bueno que me tienes paciencia y que tú sí que no has
salido por la puerta de tu habitación... ¿Sabes? Me
alegra poder compartirte que uno de los Papas a quien le guardo
gran admiración, aparte de nuestro actual sucesor de san
Pedro y Vicario de Cristo, es al Papa Juan XXIII, Don Angelo Giuseppe
Roncali, aquel que ha sido conocido y reconocido por propios y extraños
con un nombre por demás significativo: el Papa Bueno.
Cuenta el mismo Papa Juan XXIII una escena de su
vida durante la infancia. Nos narra que cuando en la tarde regresaban
del colegio hacia su casa por el camino que transitaban pasaban
junto a una propiedad que tenía inmensos huertos de deliciosas
manzanas. Y que el propietario, un hombre acaudalado, les permitía
a los niños del pueblo ingresar al terreno y comer algunas
de aquellas apetitosas pomelas, pero siempre con una condición:
todo lo que comieran adentro podían comerlo, nada de sacar
manzanas de la propiedad, eso estaba estrictamente prohibido. Efectivamente,
al salir por las puertas, puesto que no necesitaban ni podían
brincar aquella enorme barda, se les revisaba que no llevaran algún
cargamento de aquella fruta. ¡En la realidad! Aquellos niños,
aunque querían llevarse algunas “manzanillas”
a sus casas, reconocían la bondad de aquel hombre que compartía
con ellos el fruto de sus huertas.
No obstante, hubo un compañero del Papa Juan en su infancia,
que ideó la forma para llevarse algunas manzanas a su casa:
las aventaba por encima de la barda y las recogía al salir...
¡Asunto arreglado!
El Papa Juan XXIII, menciona que aunque siendo niño le manifestó
a aquel otro niño lo inapropiado de su conducta, él
aprendió una lección que aplica a su vida cristiana:
¡Nada!, absolutamente nada nos llevaremos cuando salgamos
por la puerta de nuestra propiedad aquí en la tierra, nos
iremos de aquí con las manos vacías,... ¡mejor
dicho! casi vacías, puesto que lo único que nos llevaremos
serán nuestras obras buenas que hagamos a favor de los más
desprotegidos, las cuales serán como aquellas manzanas lanzadas
por encima de la barda.
6.-
Pero los hombres, aunque sabemos de la desnudez
que acompañará nuestra última despedida, pareciéramos
no aprender esa lección que se nos da en las aulas de la
vida cristiana y que se constata en las aulas de toda vida humana.
Los hombres somos egoístas,
autosuficientes y pensamos que con dinero se compra aquello que
no se merece y que se puede perder en conformidad y correspondencia
con nuestras obras.
Y es esta la segunda comprobación de lo que el Evangelio
del día de hoy nos ofrece y también esa segunda noticia
que complementa lo que anteriormente hemos reflexionado: la riqueza
no tan sólo pone en riesgo la felicidad en esta vida sino
también aquella felicidad auténtica que posee el sello
de la eternidad.
La puerta del paraíso eterno puede estar abierta o cerrada
de acuerdo con lo que hayamos hecho con nuestros hermanos más
necesitados.
7.- Y,
no obstante, el hombre tiene que vérselas con muchos predicadores
que intentamos forzar el bloqueo que se nos ha revelado con nuestras
interpretaciones y con el desinterés general. Pero nuestros
intentos no pueden disminuir la inquietud que despierta el evangelio
del día de hoy.
Y si tú eres congruente tendrías que gritar a los
farsantes: ¡ya basta de sus sutiles engaños! ¡Ya
basta de sus juegos malabares! ¡Ya basta de esos recursos
demagógicos: “efectivamente...., pero”, “en
realidad,..., pero”, “sí, es cierto,... sólo
que hay que considerar”, “Cristo dice,... pero hay que
tener presente”!
¡Basta de paños calientes y de somníferos! ¡Basta
de anestésicos y tranquilizantes! ¡Ya estamos hartos
de paliativos! ¡Queremos salvarnos, y sí es posible
sálvense ustedes también junto con nosotros!
¡Por favor, dejen al Evangelio como está!,... Por un
momento, déjenos sólos con el Evangelio, sin las armaduras
de sus discursos, sin la mitigación de sus comentarios y
sin el azucaramiento de sus reducciones.
Déjenos sólos con una escena en la que el rico inconsciente
se encuentra en el lugar de castigo.
Probablemente no llegaremos a conciliar el sueño y quizá
nos moriremos de miedo. Pero esa puede ser nuestra salvación
y la de ustedes.
8.- ¡Bueno!
¡Bueno!, ya estuvo bien de exhortaciones, ahora es el momento
de las aclaraciones: ¿qué problema tiene que alguien
sea rico?...
¡No! ¡Quizá no me has comprendido o soy yo el
que no me he explicado bien!, el problema no es la riqueza sino
el amor a las riquezas, y el cómo ese amor a los bienes se
convierte en desinterés por el hermano.
Hace falta que te presente el retrato del rico, cómo para
que reconozcas algunos rasgos incongruentes que ponen en riesgo
nuestra eternidad. Y, ¿sabes? Le debemos a Emmanuel Mounier
uno de los retratos más realistas del rico:
“Rico es sinónimo del hombre que nada resiste. El rico
tiene medios para suprimir al mundo.
Se acabaron los choques con los demás hombres. Entre el rico
y los demás seres se levanta siempre el dinero para nivelar
las resistencias y falsear las palabras y las conductas humanas.
De cuando en cuando se produce algún suceso imprevisto, pero
también esos sucesos son domeñados: se conquista la
salud y con ello se sobreimpone a la enfermedad y a la muerte, se
conquistan las apariencias de amistad y de amor, y de esta manera,
todas las elaboraciones íntimas se van sofocando y se va
creando una vida no demasiado catastrófica, salva los inconvenientes
del destino: una vida de cualquier clase que se quiera, o dulce
o insípida, o voluptuosa o excitante.
De este modo el rico va poco a poco desamparando al otro. Y lo peor
es que piensa que posee el mundo porque lo suprime. Esta potencia
mediocre, que obra por medio de interpuestos y que no conoce esa
pequeña posesión que constituye el don de sí,
da forma a su rostro y al estilo mismo de su propia vida adornándola
de una ventajosa fatuidad, de una sonrisa estereotipada, de una
actuación mecánica.
Riqueza, es un nombre usurpado. Es una riqueza que sirve de “careta”
no sólo a los ricos, sino también al mundo que se
extiende ante ellos. Es una riqueza que nivela, una riqueza opaca,
constituída de psicologías simplificadas, de pobres
psicologías raquíticas en su constitución y
raquíticas ante la vida. Sólo la pobreza, al poner
a las almas desnudas ante la experiencia y al enfrentarlas con la
verdad, conoce las suntuosas riquezas del mundo”.
9.-
Queridos amigos:
¡Dejémosle a los pobres
darles un poco de riquezas a los ricos! Ojala que antes de que terminen
de cruzar la última puerta aprendar a aventar manzanas por
encima de la barda. Ya el director de escena nos está anunciando
el final de la última escena: el
telón ya está por caer.
DESPIERTAME
ANTES QUE MUERA.
Una
vez que el rico estaba en el lugar de castigo y vio a Lázaro
junto a Abraham gritó: “Padre Abraham, ten piedad de
mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su
dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”.
Pero Abraham le contestó: “Hijo, recuerda que en tu
vida recibiste bienes y Lázaro en cambio, males. Por eso
él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres
tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo
inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá”.
El rico insistió: “Te ruego, entonces, Padre Abraham,
que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá
cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también
ellos en este lugar de tormentos”. Abraham le dijo: “Tienen
a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. Pero
el rico replicó: “No, padre Abraham. Si un muerto va
a decírselo, entonces sí se arrepentirán”.
Abraham repuso: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas,
no harán caso, ni aunque resucite un muerto”.
1.-
Una
de las enfermedades que están afectando seriamente al ser
humano de nuestro tiempo, radica en esa miopía de visión
en la que nos encontramos una gran cantidad de personas, quienes
pensando sólo en la inmediato y transitorio vamos dejando
en el oscuro calabozo del olvido nuestra propia vocación
a la trascendencia, y con ello vamos comprometiendo nuestra vivencia
de la eternidad para saldar cuentas con nuestros compromisos de
lo efímero.
Sin embargo, el hombre pareciera querer dirigirse
reiteradamente al camino contrario para el cual fue destinado. Es
entonces, que no se llega a la meta, no se consigue nuestro verdadero
fin, se falla en el blanco, y sobreviene la peor de nuestras frustraciones.
2.- Resulta
verdaderamente lastimero contemplar a un hombre que quiere quedarse
sólo en lo material y se olvida de lo espiritual, que se
conforma con lo inmediato y que desatiende lo trascendente, que
se engolosina con el placer pasajero y abandone la esperanza de
la eternidad, que se deja deslumbrar por el brillo del hedonismo
y vaya abandonando el significado del verdadero amor.
Mucho más allá de nuestra condición
humana que necesita de Dios, se encuentra la Buena Nueva que Jesucristo
nos ha traído y con ella la invitación para que dirijamos
nuestra mirada hacia un futuro de bondad saliendo de nuestros límites
del tiempo y del espacio.
Mucho más allá de un rígido
presente vivido en lo físico se encuentra la promesa de la
Vida Gloriosa con Dios.
3.- Y no
obstante, la vacua sociedad de nuestro presente sigue ofreciéndonos
esas falsas promesas de vida fácil y nos va ofertando sus
propias propuestas de felicidad, y desde la apreciación más
realista, pareciera que nos está convenciendo...
Nuestra sociedad se encarga de ofrecernos la felicidad
en la sonrisa maquillada de los artistas; sugiere y nos convence
con su discurso sobre esa felicidad fundada en los viajes de placer,
en los anuncios, en los adelantos domésticos, en todo lo
que al momento produce el gozo de lo placentero. Y todos, indistintamente
hemos caído, poco o mucho, como víctimas de la seducción
que nos produce esa invitación para que simulemos la felicidad
consumiendo, teniendo y gozando cuando la ocasión se nos
presenta.
Más aún, nuestra sociedad del consumo
nos conduce al egoísmo, a la ignorancia sobre nuestra vocación,
a la desatención de nuestros hermanos y al olvido de Dios.
Nos hemos volcado hacia nosotros mismos y hacia las cosas, que nos
hemos olvidado de la fraternidad, la solidaridad, la caridad y...
de la eternidad.
4.- El
Evangelio de este domingo, nos está invitando para que asumamos
y superemos el reduccionismo de nuestra visiones, que no ignoremos
nuestras propias responsabilidades y a que seamos conscientes de
sus consecuencias.
La Palabra de Dios, al leerse con la apertura de
nuestra mente, pero sobre todo con la disposición del corazón,
nos debiera hacer reflexionar sobre cómo en un sinfín
de ocasiones la desgracia, la marginación o la injusticia
se pueden generar a causa de la corresponsabilidad activa o pasiva
de cada uno de nosotros. El que un solo hombre pudiera vivir en
situaciones de escasez o de dolor, de llanto o de persecusión,
debiera cuestionarnos automáticamente acerca de la cantidad
de culpa que tenemos cada uno de nosotros directa o indirectamente
en la existencia de esa situación.
En realidad, se trata de la coexistencia simultáneamente
de personas con actitudes distintas y contrarias; y por lo tanto,
la posible corresponsabilidad emergida de la colindancia de situaciones
tan contrastantes. Se trata de la riqueza en cuanto correlativa,
cuando aquella riqueza convive de forma indiferente con la pobreza.
Quizá podría ser la sola despreocupación de
un rico epulón que coexiste con un mendigo llamado Lázaro,
en un espacio tan estrecho y, sin embargo, la despreocupación
del rico por el mendigo ha resultado motivo de condenación
en palabras del Hijo de Dios.
5.- Sin
que pretendamos exceder los propios espacios y aventurarnos a un
juicio que no nos corresponde, al pretender hacer un análisis
estructural de las situaciones, deberíamos avanzar y comprender
que la correlación implica un lazo, un vínculo y por
lo tanto cierta culpabilidad. Se trata de un concepto que puede
superar la pura coincidencia temporal: implica que uno de los miembros
se apoya en el otro o lo necesita para existir. Al final de cuentas
el rico como rico no existiría sino existiera el pobre como
pobre.
Quizá lo podamos comprender mejor ahora,
sobretodo aquellos que nos preciamos de vivir en un mundo globalizado.
Nuestro mundo está tan unificado que difícilmente
dejan de estar relacionadas unas situaciones con otras, es decir,
la correlación es exigitiva en cualquier tipo de situación.
Este tipo de correlación nos permite comprender
el lenguaje de san Lucas: “Hijo, recuerda
que en tu vida recibiste bienes y Lázaro en cambio, males.
Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú
sufres tormentos”.
Sin la comprensión de la correlación,
el Evangelio de este domingo podría convertirse en una valoración
masoquista o una justificación del llanto, la miseria y la
hambruna...
Esta valoración, en sentido estricto, sería
totalmente ajena a la promesa de eternidad que se adjudica al hombre
que sufre.
6.- Debemos
comprender que la salvación tiene una perspectiva universal,
sin embargo el Señor ha querido hablar, dentro de ese muy
amplio horizonte, de una puerta que resulta angosta ante nuestro
egoísmo.
El único paso autorizado, no es el de la
conveniencia o la hipocresía, sino el del compromiso personal
y el de la decisión de tomar en serio las exigencias del
Evangelio, sin intentar astutamente reducir el cociente de dificultades.
La entrada al Reino no es cuestión de membresías
ni de inscripciones, no es asunto de presunciones ni de chantajes,
sino que es un asunto de amor manifiesto, de praxis cristiana, de
fe vivida, de un bautismo que nos compromete con la vida, mejor
dicho con el hermano,... y por ello con Dios.
Diría con enorme elocuencia, santo Tomás
de Aquino, en su tratado sobre la caridad: “Ni el
don de lenguas, ni el don de la fe, ni otro alguno, dan la vida
si falta el amor. Por más que a un cadáver se le vista
de oro y piedras preciosas, cadáver sigue.”
Pero el rico parece no haber entendido la lógica
de la misericordia que se encontraba latente en todo el Antiguo
Testamento y que se hizo patente en la encarnación del Hijo
de Dios,... y las cosas así seguirán, puesto que ni
Moisés ni la resurrección del Primogénito de
entre los muertos han logrado sacar de su necedad a un rico que
encuentra mil excusas para ser egoísta.
Se dice ordinariamente que con el dinero es posible
conseguirlo todo. Puede ser. Pero hay una cosa que Epulón
jamás logrará conseguir con su dinero: arrancar esta
página del Evangelio.
7.- ¡Pobrecitos
de los ricos!, y es que epulón tiene tantos hermanos que
se han negado a escuchar a Moisés,... y al Resucitado.
Hemos de amar a los
ricos. Es verdad, como cristianos tenemos que hacerlo. Son nuestros
hermanos más pobres, los que más necesidad tienen
de nuestro amor.
Se ha dicho, no sin cierto aire de ironía:
“Lo que tengan de más, dénselo a los ricos”.
Sí, tenemos algo que dar a los ricos. Nuestra piedad. Nuestro
amor. Sobre todo aquellas palabras irrefutables de Cristo.
El peor servicio que podemos hacer a los ricos
es el de callarnos. Al rico lo ha traicionado su propia riqueza.
No es justo que tenga que sufrir además la traición
del silencio de los cristianos.
¡Es tan desgraciado el rico! No aumentemos
sus ya notables desgracias, escondiéndole o suavizándole
el mensaje que Jesús le ha dirigido.
8.-
El Señor habla con claridad: pasaremos a gozar de la amplitud
del Reino, en la medida que vivamos la estrechez de una vida consecuente
con el mensaje de una amplitud del corazón. Nuestros horizontes
se ensancharán si el corazón se dilata pasando por
la puerta estrecha de la verdadera vida cristiana. La “estrechez”
de la solidaridad, de la fraternidad y del servicio al hermano,
se enfrenta al “augusto”
egoísmo; el control y el dominio del consumismo están
situados frente a la idolatría del dinero...
9.- Es
posible que mis palabras tengan un tono que aparente tener una mentalidad
racista. Pero también yo pertenezco a esa categoría.
También en mi pecho se ha albergado el rico con todo y sus
seguridades.
Tú y yo, tenemos que ser contados entre
los hermanos de epulón que necesitamos ser advertidos de
esos vicios que pueden corregirse ahora y no cuando ya no exista
remedio alguno.
Asimilemos, en fin, el programa de santidad que
Cristo expuso en el Evangelio, y que se centra, motiva y fundamenta
en la santidad misma de Dios a quien servimos y en nuestra esperanza
de obtener la eternidad viviendo coherentemente nuestro presente.
10.- Decía
Don Miguel de Unamuno que: “solamente pensando en la muerte
se puede vivir despierto”. Yo diría mejor que no es
el miedo sino la fe la que nos mantiene despiertos en la vida.
Es por ello que le pido a Dios que les conceda
la paz a los afligidos y la aflicción a los que nos sentimos
en paz.
La mayoría de nosotros avanzamos de puntillas
por la vida para llegar a la muerte sanos y salvos. En nuestras
oraciones diurnas y nocturnas deberíamos incluir una más:
“Señor, que despierte antes de morir”.
La vida se nos va. No nos conformemos con sólo bombear sangre.
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