Domingo 3 de Abril de 2005_________Pbro.
Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
LA
ESPERANZA ES LA RIQUEZA DEL CRISTIANO
“Al anochecer del día
de la resurrección, estando cerradas las puertas de la
casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los
judíos, se presentó Jesús en medio de ellos
y les dijo: “La paz sea con ustedes”. Dicho esto,
les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos
vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús:
“La paz sea con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así
también los envío yo”. Después de decir
esto sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban al Espíritu
Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán
perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán
sin perdonar”.
Tomás uno de los Doce,
a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús,
y los otros discípulos le decían: “Hemos visto
al Señor”. Pero él les contestó: “Si
no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto
mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su
costado, no creeré”.
Ocho días después,
estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás
estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en
medio de ellos y les dijo: “La paz sea con ustedes”.
Luego le dijo a Tomás: “Aquí están
mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela
en mi costado y no sigas dudando, sino cree”. Tomás
le respondió: “¡Señor mío y Dios
mío!” Jesús añadió: “Tú
crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
Otras muchas señales milagrosas
hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero
no están escritas en este libro. Se escribieron éstas
para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el
Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre”.
1.-
Muy querido amigos: ¡Felices pascuas de resurrección!
¿Sabías tú
que el insigne escritor francés Jean Baptista Poquelín,
“Moliere”, célebre autor del Tartufo y del Médico
a Palos, tiene una obra titulada El Burgués Gentilhombre,
en la cual se nos presenta a un personaje económicamente
rico, a quien se le llama el “señor Jourdain”,
el cual al escuchar que se había puesto de moda el que las
personas hablaran en prosa, ni tardo ni perezoso quiso estar a la
vanguardia de las requisitorias de la sociedad, para lo cual contrató
al mejor de los maestros de la Francia de ese entonces, con tal
que le enseñara todas las artes que fueren necesarias, y
así poder hablar en prosa, no importaba el costo, ¡dinero
tenía suficiente!?
¡Qué ingenuo el hombre!
No se daba cuenta, de que toda su vida se la había pasado
hablando en prosa, y de que en prosa es la forma normal de comunicarnos.
2.- Esta imagen nos puede
provocar risa, y sin embargo resulta aleccionadora para muchos de
nosotros, especialmente para aquellos que llamándonos cristianos,
en muchas de nuestras actitudes dejamos mucho que desear. Así
mismo, nos presenta la razón de muchos de los errores a los
que somos propensos a causa de esa nuestra ingenuidad.
Y es que, resulta increíble
esa inocencia mezclada con crasa ignorancia, que padecemos un gran
número de los bautizados.
No puede ser posible el alcanzar
a entender como un fiel cristiano posee en Cristo el Camino y que
se pase la vida en búsqueda de veredas o de atajos. Resulta
increíble que en Cristo se posea la Verdad y que nos encaminemos
tras esas verdades parciales, tras las falacias y nos engolosinemos
con las demagogias. Es irónico y hasta sarcástico
el pensar que en Cristo poseamos la Vida verdadera y que nos autoengañemos
ante fugaces intentos de sobrevivencia.
3.- Y,... somos tantos los
cristianos que, como el señor Jourdain, andamos en búsqueda
de alguien que nos enseñe a hablar en prosa, cuando toda
nuestra vida hemos hablado en prosa, y qué digo ¡en
prosa!, resulta necesario decir,... ¡la mejor de las prosas!
Andamos buscando que se nos enseñe
a hablar del amor, cuando hemos conocido el verdadero Amor en la
expresión más grande y perfecta que se ha manifestado
en la historia, y esa ha sido precisamente la historia de la Pascua
anunciada, proclamada y celebrada.
Andamos buscando que alguien nos
enseñe a hablar de la sencillez, cuando Dios mismo se anonadó
y se hizo sencillo ante nosotros,... tan sencillo ha querido ser
Dios en su nacimiento,... como en su muerte de cruz.
Andamos buscando a alguien que nos
enseñe sobre el sentido que tiene el dolor, cuando Cristo
mismo nos ha mostrado el poder salvífico que puede tener
el dolor humano.
Andamos buscando que se nos enseñe
acerca del sentido de la muerte, cuando la muerte para nosotros
ya no es una incertidumbre; la muerte no tiene dominio sobre nosotros,
y es que,... solamente ha existido uno en la historia que, habiendo
muerto, ha regresado con una nueva expresión de la vida,
y ese es Jesucristo.
Andamos buscando que nos hablen
sobre la eternidad cuando Aquél que es Eterno ha ingresado
en la historia, y la ha vuelto a traspasar en el misterio de su
resurrección, con la consecuente riqueza que se nos otorga.
4.- Hoy, segundo domingo
de Pascua, el resucitado abre tanto los ojos de nuestro cuerpo,
como los de la mente y los del corazón, para enseñarnos
la Verdad en torno a la virtud de la Esperanza que debe guiar nuestra
existencia.
Al contemplar la imagen del resucitado,
la puerta de la esperanza se abre, de par en par, para todo hombre.
En Cristo, que ha vencido todo aquello que a los hombres nos aquejaba,
hemos encontrado una razón para seguir esperando.
Y será la Esperanza cristiana,
la virtud que transforme nuestras aptitudes y nos conceda esas actitudes
necesarias para ver y actuar en la vida de una forma distinta.
5.- ¡Es Cristo nuestra
esperanza!
Una esperanza que nos ayuda a motivarnos
aún en la adversidad, para que nos sintamos lo suficientemente
hábiles, y así encontremos nuevas formas de alcanzar
nuestras metas en la vida.
Es la esperanza de Cristo la que
nos vuelve seguros cuando nos encontramos sumergidos en un problema,
y aquella que nos permite vislubrar que las cosas pueden y van a
mejorar, con la ayuda de Dios.
Esta virtud cristiana, que brota
de la fe en el resucitado, nos capacita para así encontrar
la manera de alcanzar nuestros objetivos, o modificarlos sensatamente
si estos se vuelven imposibles.
Será la esperanza, la que
nos muestre ese camino necesario para no renunciar, y para tener
la capacidad de reducir una tarea monumental en fragmentos más
pequeños y manejables, pero sin claudicar de inmediato.
Abrigar esperanza en la vida diaria
significa que no abdicaremos ante la ansiedad abrumadora, ni ante
una actitud derrotista, ni ante la depresión, cuando tú
y yo, como cualquier persona nos enfrentemos a desafíos o
contratiempos.
6.- Y es que para los cristianos
el vivir es creer, es decir, dar crédito, aceptar, esperar
lo que no se ve todavía y dar tiempo para que se nos vaya
descubriendo.
Nosotros sabemos que en las decisiones
más importantes de nuestra existencia, la razón nos
ayuda, pero la razón nunca basta. Es por ello que los cálculos
más reflexivos han de complementarse, y ser avalados, por
la fe y la esperanza. Estas virtudes serán siempre la garantía
de alcanzar lo que uno sueña. Será aquí, en
donde la esperanza fortalezca nuestras convicciones y encauce nuestras
emociones.
La esperanza puede hacer
que el nacimiento, el matrimonio, la graduación, la consagración,
la ordenación sacerdotal,... toda nuestra vida, y la misma
muerte, sean contempladas de forma distinta.
¿Por
qué no darnos cuenta de que se vive de lo que se espera?
¿No te has dado cuenta de que un niño es fascinante
en sí mismo y en cuanto a la promesa que representa? Los
que dan un hijo al mundo, hacen un gran acto de fe y se abren a
los caminos de la esperanza.
Un matrimonio o la consagración
a Dios es una apuesta idéntica ¿Quién puede
garantizar el éxito, quién puede asegurar que dure,
sino es Dios y el amor cristiano que, como lo definía Gabriel
Marcel, y san Pablo mucho antes que él, amar es “esperar
siempre en el otro”?
Los esposos se aman en cuanto
esperan el uno del otro maravillas que nadie más podría
aportarles.
Lo mismo sucede en nuestra experiencia
de la muerte, ya que ese momento nos interpela: ¿te confías
o no te confías? La verdadera muerte no está en el
morir, sino en dejar de creer. La verdadera vida consiste en seguir
esperando, aun ante la muerte.
7.- Es aquí y solamente
aquí, en donde encontramos que la Resurrección se
convierte en la fuente verdadera de nuestra esperanza.
¡Qué triste, mi querido
señor Jourdain, que pagues a extraños para que te
enseñen a hablar en prosa, cuando toda la vida has hablado
así!
¡Qué
triste, cristiano, que busques bagatelas y limosnas, cuando posees
en tu propia vida el mayor tesoro que existe!
¡Qué triste bautizado,
que los astros, los cometas, los horóscopos, los signos,
las cartas, el café, la tarot, los amuletos y los talismanes
reciban toda tu confianza como para permitirles “marcar”
tu destino, cuando en Cristo has conocido la Verdad!
8.- En Cristo hemos recibido
la enseñanza más autorizada en torno a la Vida y a
la muerte, a la noche y el día, a la Familia y la Amistad,
al Trabajo y el Descanso, a la Oración y el Apostolado, a
la Enfermedad y las obras de Misericordia, al Amor y el Perdón...
Jesucristo no es un camino más
que se nos propone, sino que Él es el Camino. El Señor
no es una verdad más de las muchas que se han propuesto en
los púlpitos de los hombres, sino que Él es la única
Verdad. Jesús no es una de las formas posibles de vida, sino
que Él es la Vida.
Muy querido señor Jourdain,
¡no te has dado cuenta! Toda tu vida has hablado en prosa.
Reflexiona y acércate a tu parroquia, y encontrarás
aquello que te exige solamente la plena conciencia y un poco más
de tu interés.
ONCE
DÍAS DE TINIEBLAS.
Tomás uno de los Doce, a
quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús,
y los otros discípulos le decían: “Hemos visto
al Señor”. Pero él les contestó: “Si
no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi
dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado,
no creeré”.
Ocho días después,
estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás
estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio
de ellos y les dijo: “La paz sea con ustedes”. Luego
le dijo a Tomás: “Aquí están mis manos;
acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado
y no sigas dudando, sino cree”. Tomás le respondió:
“¡Señor mío y Dios mío!”
Jesús añadió: “Tú crees porque
me has visto; dichosos los que creen sin haber visto”.
1.-
Para nuestra forma de pensar, el protagonista, o mejor dicho, el
antagonista de la escena evangélica es Santo Tomás,
sin duda alguien que ha sido conocido como el incrédulo,
pero también le agregaría el día de hoy,...
alguien aislado de la comunidad que no es capaz de confiar a la
primera en sus compañeros, en sus amigos, en la Comunidad
Apostólica, en lo que Pedro y los demás Apóstoles
le dicen, y lo peor de todo,... ¡en lo que Cristo les había
prometido!
Su incredulidad surge de la negativa
para recordar todo lo que el Señor les había enseñado,
pero sobre todo de una actitud reacia para creerle a la comunidad
de los creyentes, aquello que ellos han visto. En realidad, no ha
creído ni siquiera a su Maestro, mucho menos creerá
en los condiscípulos.
2.- Cada uno de nosotros
también hemos pasado, pasamos y pasaremos, como santo Tomás,
por momentos en que no podemos creer que la resurrección
sea posible. Y nuestra negativa para aceptar el hecho que los otros
hayan visto, supondrá la máxima prueba que un hombre
incrédulo puede pedir.
Y aquí nos queda la constancia
del hecho, como si fuera una muestra de la situación de ánimo
que viviremos en nuestros momentos de incredulidad.
A Santo Tomás no le sirvió
la prueba de los demás. Se puede estar en nuestra vida Diez
contra Uno, y aún así nos parecerá un argumento
mucho más importante nuestra negativa que aquello que los
otros Diez puedan afirmar.
Y,... Santo Tomás ha pasado
en la historia del cristianismo como el prototipo del incrédulo.
3.- Y, no obstante, hay
quien ha dicho que su incredulidad ha sido mucho más valiosa
que la fe de los demás.
Y es que, así como santo
Tomás, hay muchos que no le creemos a San Pedro y a los otros
apóstoles, aduciendo siempre nuestra necesidad, y nuestro
derecho, de tener los contactos tangibles y existenciales para que
nos podamos abrir a la fe.
4.- La incredulidad será
también la tentación de todo ser que viva su existencia
al margen o aislado de la comunidad. En realidad, no se puede confiar
en la resurrección desde la soledad y el aislamiento.
La resurrección solamente
se ve, se conoce, se celebra y se vive cuando se participa y se
vive en comunión con los creyentes que también viven
y esperan lo mismo. Y,... ¡Eso es la Iglesia!
Y estas son también nuestras
posibilidades: la soledad o la comunidad,
la fe o la incredulidad. Todos podemos optar: "O
incrustarnos en el seno de la familia, de la Iglesia, de nuestra
sociedad. O vivir incrédulos de lo que los demás nos
quieren compartir y así mantenernos aislados, viviendo, o
por mejor decirlo, sufriendo la más terrible de las soledades".
Lejos de la comunidad de creyentes,
lejos de San Pedro y de los demás Apóstoles, lejos
del Papa y de los Obispos, lejos de la Iglesia, se vive la incredulidad,
y la incredulidad se convierte en soledad, y la soledad acaba con
la vida de las personas.
5.- En lo personal, yo me
resisto a creer que todos ellos, los grandes hombres y mujeres de
la Iglesia, de todos los tiempos y de todos los pueblos, hayan errado
al confiar en el Señor Jesús y en el anuncio de vida
y resurrección.
Yo me resisto a creer que todos
aquellos que lo han dejado todo a lo largo de la vida, que han renunciado
a sí mismos, que han tomado la cruz de Cristo, que han ofrecido
su propia existencia, que han vivido la caridad perfecta, y con
ello la santidad, que han revolucionado su tiempo y su espacio,
lo hayan podido hacer al margen de su comunidad, al margen de la
Iglesia. Recuerda que los grandes reformadores del cristianismo
no son los que se alejan de la Iglesia sino aquellos que permanecen
en el seno de la Iglesia. Lutero no ha sido el reformador del cristianismo,
los reformadores son los santos.
6.- Pienso en el temperamental
y apasionado san Pedro, en el Docto y comprometido san
Pablo; mi pensamiento se dirige hacia el coherente San Juan Bautista
o bien hacia el Místico Evangelista san Juan; por un momento
estoy pensando en el inquieto y empecinado San Agustín de
Hipona así como me voy encontrando con los eximios San Irineo
de Lyon, San Gregorio de Nisa, San Gregorio de Nacianso, San Basileo,
San Juan Crisóstomo, con San León Magno y con san
Atanasio.
Me imagino y espero gozar de la
eternidad al lado del angelical san Francisco de Asís, o
junto al genio de santo Tomás de Aquino en la eterna contemplación
del hermoso rostro de Cristo. Pienso, por un instante, en un honesto
San Juan Bosco, en un servicial San Juan Bautista de la Salle y
en el incansable San Ignacio de Loyola.
Me imagino gozando de una vida infinitamente
mayor que una visión en éxtasis, al lado de Santa
Teresa de Ávila, o de Santa Teresita del niño Jesús.
Pienso aunque sea por un solo momento en el compartir una fe tranformada
en contemplación gloriosa al lado de la mismísima
Madre de Dios. ¡Es la fe en
Jesucristo! ¡Es la fe de la Iglesia!
7.- Me siento profundamente
orgulloso de la Santa Madre Iglesia, a ésta a la que le llamamos
católica, y de la cual todos los que hoy se enorgullecen
de llamarse cristianos han tenido como madre y de ella han recibido
el alimento, de sus pechos se han amamantado, aunque algunos después
de haberse nutrido de lo mejor de ella, al sentirse mayores han
renunciado al hogar materno, ¡y se han sentido adultos e independientes!
Si fuéramos realmente coherentes
sabríamos que sin la Iglesia católica, que ha sido
siempre dócil al Espíritu de Dios, ellos no existirían
como cristianos ¿de dónde hubieran salido ellos y
cuál verdad habrían creído, si nuestra Iglesia
no hubiera guardado celosamente y predicado fielmente el depósito
de la fe en Jesucristo? ¿Cuál evangelio predicarían
ellos si la Iglesia no lo hubiese conservado y defendido? ¿Cuál
Biblia llevarían bajo el brazo si la Iglesia católica
no hubiese guardado fielmente bajo la acción del Espíritu
Santo los textos sagrados, incluso hasta el ofrecimiento de la vida
de muchos de sus primeros hijos? ¿Cómo iban a bautizar
en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, si
los Papas san Celestino y san Dámaso no hubiesen defendido
al lado de los Obispos san Atanasio de Alejandría y san Paulino
de Antioquía el símbolo de la fe que ahora profesamos?
8.- En lo personal, y con
serios fundamentos, que te compartiré mientras Dios nos conceda
vida; no con los argumentos de apariciones de ángeles,
sino con la doctrina que Cristo resucitado le ha dado a Pedro y
a los otros apóstoles, te quiero decir que le creo más
a la Iglesia del sucesor de san Pedro y de los sucesores de los
apóstoles que a quien viene a tocar la puerta de mi casa
y no es capaz de creer aquello que creen san Pedro y sus sucesores,
por el sólo hecho de no haber metido la mano en su costado
o no haber tocado sus llagas. Cada vez que los contemplo me viene
a la memoria aquella sentencia y bienaventuranza expresada tan claramente
por el Señor Jesús: "Tomás,
tu crees porque has visto, dichosos los que creen sin ver".
Pero bueno, ya seguiremos hablando
más adelante sobre los incrédulos, hoy es el tiempo
de hablar sobre la incredulidad.
9.- ¿Tú te
acuerdas? Hemos hablado desde hace dos semanas de las semanas en
la vida: al iniciar la semana santa hablábamos de la semana
de la recreación. La semana pasada hablábamos
de la grandeza de la resurrección acontecida en el primer
día de una nueva semana que no ha terminado en la vida del
cristiano.
Y, el día de hoy, surge de
nueva cuenta la contabilidad de los días, y la representación
de la vida en la presentación de una semana.
Pero,... temo decirte que la semana
de la que hablamos hoy resulta triste el presentarla, puesto que
más que vida trae muerte, más que traer alegría
nos sumerge en la tristeza, más que insertarnos en el grupo
de los creyentes nos mantiene al margen de la comunidad,... no podemos
hablar el mismo lenguaje, tampoco entender el porque de su despreocupación,
de sus cantos, de sus rezos, de sus celebraciones,... de las danzas
y del abrazo, de su buena cara y aspecto, de su sueño infantil,
de la energía que tienen para realizar sus arduas faenas
y agotantes jornadas. Hoy, tenemos que hablar con tristeza de la
semana de la incredulidad.
Se trata de una semana que ha vivido,
o mejor dicho, sobrevivido y malvivido Tomás. Un Tomás
que por su incredulidad le agregó otros ocho días
al Misterio de la Vida en su propia vida. ¡Fíjate!,
como Tomás no vivió tres días en la tristeza,
sino que por su falta de fe, transformó los tres días
del sepulcro en once días de oscuridad.
10.- ¿Sabes? Guardo
con mucho cariño aquél poster que encontré
en la Parroquia de san Juan Bosco cuando llegue aquél jueves
04 de Septiembre de 1992. En la oficina que ocupe estaba colgado
en la pared aquel impreso que tenía un joven pidiendo limosna
con una taza deportillada en la mano, su vestidura rota y sucia,
y su porte lamentable provocaba lástima. En el calce
del mismo se encontraba una leyenda igualmente triste: "Ayúdame
que mis días son màs oscuros que tus noches".
11.- Querido amigo:
A tí te toca optar, o por
la comunidad o por la individualidad y el aislamiento. O por lo
que san Pedro y el Colegio Apóstolico testifican o por tus
incredulidades. Será difícil, no puedo decir "imposible",
que hoy sigas reclamando meter tus dedos en las llagas y tu mano
en el costado. Es difícil no puedo decir "imposible"
Pero recuerda
que en el incrédulo exactamente esto sucede: se pierde el
sentido de la realidad, de lo que hacemos y la razón de la
existencia.
PASAR
DE LA NOCHE AL DÍA.
“Al anochecer del día
de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa
donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos,
se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La
paz sea con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos
y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor,
se llenaron de alegría.
1.- Muy queridos amigos:
¡Que
distintas se miran las cosas de esta vida cuando en el corazón
se posee la flama de la esperanza! Y no es que la vida sea distinta,...
los que son distintos son aquellos que poseen en el cofre de la
existencia el tesoro de la fe.
La
bóveda celeste se ha tornado en una oscura caverna mientras
que el cristiano puede emerger victorioso de la fosa fatal. Es de
noche en el cielo uránico, pero es de día en el corazón
de la Iglesia, y de aquellos que crean por la predicación
de la Iglesia.
La
invitación de este domingo no es otra, sino el que permanezcamos
estrechamente unidos como familia de Dios, como cuerpo de Cristo,
como edificación construída en Cristo, la piedra angular
y sobre el cimiento de las doce columnas de los apóstoles
del Cordero. Será esto lo que nos ayude en los momentos de
adversidad.
2.-
Muchas personas hemos llegado a pensar que el acercarnos a Dios
nos hace inmunes a las dificultades. Y se encuentran en un error.
Aún
los mismos sacerdotes y las personas consagradas tenemos que enfrentar
en algún momento de la vida, la muerte de un ser querido,
la enfermedad que nos postra en el lecho, la soledad, la injusticia,
la persecución. El que alguien entre a un grupo apostólico
o vaya a una experiencia de retiro, no le aleja de los problemas,
no le vacuna contra las dificultades, no le aisla de la incomprensión,
del posible desempleo y de cualquier tipo de situaciones difíciles
en la familia.
La
vida no cambia en la cercanía con Dios, quienes cambiamos
somos nosotros y ésto es lo que nos capacita para vivir la
existencia de una forma distinta. La
muerte no es el final para nosotros; la enfermedad y el dolor han
adquirido matices salvíficos; en las dificultades es cuando
surge el brillo de la fe y la esperanza.
3.-
El cristiano ha comprendido que Dios no quiere el dolor, ni la muerte,
ni la enfermedad, ni la soledad, ni el abandono y tanto es que no
lo quiere, que precisamente lo que mismo que nos hace sufrir a nosotros,
fue lo que hizo sufrir a Cristo en el camino de la cruz y en el
Calvario. El cristiano ha comprendido ahora, que no debemos
ponerle un signo de interrogación a aquellas situaciones
de la vida en donde Dios le ha puesto un punto final.
El
que Dios se haya subido a nuestra barca nunca será señal
de una travesía tranquila, sino una señal de que a
pesar de las adversidades podremos arribar felizmente al puerto.
4.-
¿Sábes? El pensador inglés John Thelwall, del
siglo XIX, consideraba ´injusto influir en la mente de un
niño inculpándole opiniones antes que haya llegado
a la edad del raciocinio para que pueda escoger por sí mismo´.
Ante lo anterior Samuel Taylor Coleridge, amigo de John
Tewall, nos narra una esclarecedora anécdota en el libro
TABLE TALK, con fecha del 27 de julio de 1830:
“Mostré
a John Thelwall mi jardín, y le dije que era mi jardín
botánico. ¿Cómo –preguntó-, si
está cubierto de malezas?” “Oh –repliqué-,
es porque todavía no han llegado a la edad del raciocinio
y la elección. Como ves, las malezas se han tomado la libertad
de crecer, y me pareció injusto inculcar al suelo prejuicios
a favor de las rosas y de las fresas.”
5.-
Hablando sobre el tema de la fe, y de la formación en la
fe. ¿Sábes? En la actualidad muchos padres
de familia están sumamente preocupados del crecimiento físico
de sus hijos, lo mismo que del crecimiento intelectual, y... ¡qué
bueno que lo hagan!, pero les falta una verdadera preocupación
por su crecimiento espiritual.
Es
de todos conocido, que cuando los hijos tienen algunos logros en
el aspecto físico el padre de familia se siente orgulloso.
A los padres nunca les ha molestado, el que sus hijos experimenten
su desarrollo biológico, todo lo contrario, ésto les
provoca complacencia, y hasta presunción.
De
la misma manera, cuando los hijos tienen algunos logros académicos
los padres se sienten realizados. Podríamos decir, que los
logros de los hijos son también logros de los padres. Hoy
los padres se preocupan, con toda la razón del mundo, de
la educación básica y profesional de sus vástagos.
Ellos quieren que estudien otra lengua extranjera, que se inicien
desde muy niños en el mundo de la cibernética.
Todo
lo anterior me parece valioso,... pero
me preocupa y debiera preocuparnos el que no exista la misma preocupación
por la educación religiosa. Un hijo podrá
pasarse hasta 17 o más años en las aulas antes del
ejercicio de su vida profesional, y en lo religioso,... los papás
hasta se molestan, y reclaman, y le llegan a llamar a la Iglesia
burocrática, por el simple hecho de que en algunas ocasiones,
se les pida un mínimo año de catequesis. Y así
es ésta historia,... somos tantos y tantos los que nos hemos
quedado en la infancia de la fe.
6.- ¡Qué doloroso encontrarse hoy con todos
esos aduladores que reptan en lugar de ensayar el vuelo, que ofrecen
fáciles estupefacientes que idiotizan pero que no ayudan
al hombre a ser un hombre verdadero!
Recuerda
que la fe tendrá sus pruebas que le fortalezcan: Hermanos
una fe sin crisis es una fe infantil, una fe en crisis podríamos
llamarle que es una fe adolescente; pero una fe a pesar de nuestras
crisis es realmente una fe adulta.
Y
esta es nuestra propia vida, la de aquellos que se han quedado pobres
del alma, aún cuando rebosen sus bolsillos. ¿Te acuerdas
de aquel triste lamento convertido en aquel tristemente bello poema
de Gloria Fuertes titulado otros pobres?
Hoy
me entristecen otros pobres.
Me
dan pena los mendigos,
los mendigos de letras,
los mendigos de duda,
los mendigos de ciencia,
esos sí que me dan pena.
Los
que no tienen nada
duermen a pierna suelta,
en un banco, en el puente,
beben en la taberna,
dicen: "¡Dios se lo pague!",
se rascan una pierna,
se comen un tomate
y piensan que son profetas.
Mendigo
es el que dice:
¿Y si Dios no existiera?
7.-
¿Y tús hijos no estarán muriéndose en
la más lamentable mendicidad?
Hay
quien todavía piensa que la fe es solamente un peso que se
debe soportar, y la verdad es que no puedo estar de acuerdo con
ello. ¡Bueno! Les doy un margen de razón, para no caer
en la intolerancia del pensamiento. Nuestra fe es un peso si tú
lo quieres ver así, pero acepta que también se tranforma
en un alivio.
Sentimos
la fe como un peso cuando nos fijamos sólo en sus exigencias.
Pero se transformará en el mejor de los alivios cuando con
su luz iluminemos todos esos problemas que suele tener nuestra vida
y se encargue de llenar de esperanza el corazón. Pidámosle
a Dios que nos deje sentir la eficacia de su presencia en nuestras
vidas.
Hace
algunos años,... muchos años tendría que decir,...
le hicieron una entrevista a Don Andrés Henestrosa y entre
tantas preguntas que le hicieron le cuestionaron sobre su vida religiosa.
Le preguntaron concretamente si creía en Dios, y entonces
vino aquella afirmación de Don Andrés: "Sabes:
Yo soy ateo de día y,... piadoso creyente de noche.
8.-
¡Oye! ¿Y tú familia no estará sumergida
en la más terrible de las oscuridades? No pierdas de vista
la labor profética que realizamos cada uno de los bautizados,...
tambien los padres de familia.
Te
quiero compartir que en lo personal disfruto de una forma muy especial
de todos esos ritos de la Iglesia que se encuentran insertos en
las Celebraciones de los Sacramentos. Uno de esos momentos se realiza
durante la celebración del Bautismo.
La
Santa Madre Iglesia le pide al papá que sea él, el
padre de familia, el que encienda el cirio bautismal de sus hijos
con el Cirio Pascual encendido solemnemente del fuego nuevo en la
Madre de todas las liturgias, aquella que celebramos hace una semana,
en la Vigilia Pascual, la fiesta del Resucitado.
Y
lo que enfatiza la Iglesia con este gesto es por demás interesante:
“El padre biológico, aquel que se ha preocupado de
engendrar para la fe debe recordar que la educación en la
fe cristiana de sus hijos no es tan sólo un deber materno
sino que también le corresponderá al padre de familia
educar con palabras y obras a sus hijos en la fe cristiana, aquel
que se ha de encargar de cuidar la vida física de los hijos
deberá preocuparse de cuidar la vida espiritual”.
9.-
Muy queridos amigos:
Ojala
que comprendiéramos que cualquier momento en la vida recibe
su consistencia y su significado verdadero en la medida en que estamos
unidos a Cristo, en la medida de que tengamos fe. Aún la
tristeza, la soledad, el dolor, el abandono, los cansancios, las
desilusiones y la mismísima enfermedad...
¿La
enfermedad? ¡Claro, que la enfermedad! Recuerdo en este momento
una afirmación categórica del médico Herbert
Benson, profesor adjunto de medicina de la Universidad de Harvard
y autor del libro: “Curación milenaria: poder y biología
de la fe”. Afirma el catedrático: “La
medicina moderna es como un banco de tres patas. Los medicamentos
y la cirugía son dos de esas patas; la tercera es lo que
la gente hace por sí misma: se trata de la fe en Dios y la
oración”.
¿Y
tú ya pasaste de la noche al día? ¿Y a tus
hijos ya les entregaste la lámpara de la fe? Recuerda lo
afirmado con insistencia: La lámpara no anula la noche pero
nos ayuda para que nuestros pies no tropiecen en medio de la oscuridad
de nuestras difricultades.