Domingo
24 de Abril de 2005_________Pbro. Rogelio
Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx
CAMINO, VERDAD Y VIDA
“En aquel tiempo, Jesús
dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen
en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre
hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría
dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando me
vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré
conmigo, para que donde yo esté, estén también
ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.
Entonces
Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dóde
vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús
le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida.
Nadie va al Padre sino es por mí. Si ustedes me conocen
a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora
lo conocen y lo han visto”.
Le
dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y
eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe,
tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía
no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre.
¿Entonces por qué dices: “Muéstranos
al Padre”? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y
que el Padre está en mí? Las palabras que yo les
digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece
en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en
el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe
a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el
que crea en mí, hará las obras que hago yo y las
hará aún mayores, porque yo me voy al Padre”.
En
este Evangelio hay dos grandes verdades de la fe. Grandes
no solamente por su enorme profundidad, sino también por
la trascendencia que tienen en su aplicación en nuestra vida
cristiana. Esencialmente nosotros nos llamamos cristianos por todas
las consecuencias que tienen estas dos verdades de la fe que acabamos
de leer.
Escuchamos
que Jesús es el Camino, la
Verdad y la Vida. Y en ese verbo ser está
toda la contundencia y toda la riqueza expresiva que tienen esos
conceptos en la vida del Señor. Fíjate bien que Jesús
no te está diciendo: “Yo te enseño el camino”,
sino: “Yo soy el Camino”. No te dice: “Yo te enseño
la verdad”, sino que te dice: “Yo soy la Verdad”.
No te dice: “Yo te comunico la vida”, sino que te dice:
“Yo soy la Vida”. Y a partir de ese
SER, que es la plena posesión de esas tres características
fundamentales de su condición de Dios y Hombre verdadero,
viene toda esa comunicación en la Verdad, en la Vida, en
el Camino, para alcanzar al Padre, que son las enseñanzas
básicas que, una vez aceptadas en un acto de fe, hacen de
cada uno de nosotros un verdadero cristiano.
2.-
Yo soy el camino, dice Jesucristo, puesto que siendo Dios
y Hombre verdadero, nos está enseñando que su naturaleza
humana se convierte en el camino a lo divino. Y que la plena aceptación
de la condición divina y humana en Cristo Jesús como
acto de fe, es camino hacia la verdad que en toda su plenitud Cristo
encarna.
Yo
soy la Verdad: Cristo Jesús es la verdad. Porque
quien es la fuente del ser de las cosas será la fuente de
la verdad de las cosas, en la medida en que vayan siendo conocidas
progresivamente por el pensamiento humano.
Yo
soy la Vida. La Vida es Dios. La vida divina, esa comunicación
de vida que, con amor, Dios está haciendo continuamente al
hombre por medio de Cristo, que es la Verdad, por el Espíritu
Santo que es el que hace que el Padre y el Hijo sean uno. De tal
manera que quien ve a Cristo ve al Padre. Así nosotros recibimos
esa misma comunicación de la vida divina, de tal manera que
viendo al Padre en Cristo Jesús, nos hacemos uno solo con
el Padre y el Hijo por el Espíritu Santo.
3.-
Y estas son las consideraciones de una forma de vida cristiana de
enorme profundidad, porque precisamente son la esencia de nuestro
cristianismo, fueron reveladas además de una forma que se
convierten en la segunda enseñanza de vida y conducta para
todos nosotros. Fueron reveladas en un diálogo sincero
compuesto de preguntas y respuestas.
Ahora,
yo quisiera que nos detuviéramos por un momento también
en esta forma de comunicación utilizada por Cristo para relacionarse
con sus discípulos y que deteniéndonos un momento
en esta consideración podamos obtener un buen provecho para
nuestra vida cristiana.
4.-
¿¡Cuántas veces hemos salido de nuestras reuniones
sociales y familiares con un sentido tremendo de vacío interior!?
Cuántas veces hemos terminado una reunión de amigos
con la sensación clarísima de que aquello fue un griterio
en que todos hablaron y nadie oyó, y en que, aparte de un
gran dolor de cabeza y tal vez un mareo debido a los alcoholes,
no sacamos nada de provecho. Nos vamos dando cuenta de cómo
el griterío va creciendo conforme van pasando las horas y
los tragos. Y el nuestro fue un verdadero empobrecimiento porque
no oímos ni hablamos, no preguntamos ni obtuvimos respuesta.
Lo único que sucedió fue que la señora y el
señor con la voz agresiva fueron los únicos que se
oyeron, pero por ofensivos nadie los quiso escuchar. Ahora, fíjate
todo lo que significa esto, comprendiendo que es una situación
general de empobrecimiento en nuestro diálogo y en nuestra
comunicación social.
¿Qué
está pasando con nosotros que en lugar de enriquecernos nos
empobrecemos? Que vivimos en multitudes, apiñados
unos sobre otros experimentando la soledad, y unos contra otros
y cada día somos más ignorantes y cada día
más solitarios y cada día más insensibles a
todo ese enriquecimiento espiritual e intelectual que se nos abre
como posibilidad real en comunión y en comunicación
con nuestros mismos semejantes. Nos damos cuenta de cómo
este empobrecimiento ha penetrado ya hasta el seno de la misma familia,
donde el marido ofende a la esposa porque la mujer hace preguntas;
donde los hijos se cohíben ante los padres porque en vez
de respuestas reciben maltratos.
5.-
¿A dónde vamos a dar cuando llega el momento de la
distracción y en vez de gastarla alegremente en una conversación,
rica y abundante en diálogo, nos sentamos como tontos ante
una pantalla o una computadora que nos atonta más de lo que
ya estamos? Y nuestras mentes se van empobreciendo y la
nuestra es una soledad creciente en el hastío de una compañía
presente y de una ausencia por el egoísmo.
Lois
Wyse, en su libro de poemas titulado Lovetalk dibuja
la huída emprendida por el hombre evitando la comunicación:
Tantos
matrimonios de televisión...
esa representación de vidas contra
el telón de fondo del aparato.
En vez de dos vidas que llenen la habitación,
hay dos vidas y las noticias de las once
con la constante interrupción de los comerciales.
En vez de lo que tú dices y lo que yo digo
es lo que dicen Dick y Johnny y sus invitados.
Tú ya no ríes conmigo;
todo el ingenio sale a borbotones del aparato.
Y juntos nos reímos de ello.
Mientras más evitamos hablar
más pasiva se vuelve nuestra relación.
La televisión nos permite caminar por la vida
con parlamentos muy reducidos.
Y mientras más dejamos de hablar
más difícil se vuelve hacerlo.
6.-
¿Cómo está nuestro diálogo?
Toda pregunta honesta merece una respuesta honesta y las preguntas
serias merecen respuestas serias. Tenemos que saber preguntar y
tenemos que saber contestar: este es uno de los ejemplos que podemos
aprender de Cristo por la forma como comunica enseñanzas
de gran trascendencia. Cristo respeta a quien pregunta y nos enseña
con su vida, sus enseñanzas y sus actitudes que un hombre
no se manifiesta tanto en sus respuestas como en sus preguntas.
Y esto es un hecho: un niño
que pregunta es un niño inteligente. Un niño inteligente
merece respuestas inteligentes y si pregunta es porque no sabe,
porque nadie nace sabiendo. Esto vale también para los adultos,
que hemos caído en cosas que todos saben y que a nadie le
importan y que nadie tiene nada que decir a los demás.
Este
empobrecimiento de educación que ha ido haciendo sólo
de la información nuestra cultura. ¡Pero si la información
es superficialidad! Es la superficialidad por esencia. Si todos
estamos informados de las mismas superficialidades no tenemos nada
qué hablar. Y no teniendo nada de qué hablar no hay
más que gritar todos al mismo tiempo al calor de las copas
y empobrecer miserablemente la relación familiar en respuestas
malas o en agresividad que impide el crecimiento espiritual e intelectual,
tanto de quien pregunta como de quien contesta. Porque
al que da una mala respuesta pierde una oportunidad de enriquecerse
pues, si bien es cierto que aprendemos mucho oyendo, aprendemos
mucho también, mucho más tal vez, enseñando
y respondiendo inteligentemente a las preguntas que se nos hacen.
7.-
Llevemos en nuestra conciencia este domingo, en modo particular,
un propósito: vamos a examinar la calidad de nuestras relaciones
humanas y de nuestra comunión entre nosotros, como siempre,
dándole preferencia a las relaciones personales y familiares.
Vamos a ver en qué sentido estamos respondiendo a las preguntas
que se nos hacen y vamos a ver si no nos está sucediendo
también que ya nadie nos hace preguntas porque no hemos sabido
responder y vamos cayendo entonces en el más estéril
de los silencios.
Vamos
a ver si no nos está pasando la misma superficial información,
que está en manos de todos, y que no tenemos nada que aportar
para tener un diálogo verdaderamente enriquecedor a semejanza
del diálogo que encontramos entre Cristo y sus discípulos.
Que
todos, desde su perspectiva, los chicos, los medianos y los grandes,
aprendamos a preguntar y a responder. Que sepamos preguntar con
honradez para enriquecer nuestro acervo y para comprender lo que
no hemos comprendido y que nadie se sienta ofendido ni molesto por
una pregunta honesta. Que sepamos comunicar de una riqueza interior
que en lo sobrenatural nos viene de la gracia de Dios y en lo humano
de una reflexión constante acerca de los hechos, de las realidades
y de su relación con la trascendencia, porque esto es lo
que hace que el pensamiento sea profundo. Demos gracias a Dios que
nos ha dado una mente para inquirir y para comunicar. Porque si
no preguntamos y no comunicamos, lo único que haremos será
ir acrecentando nuestra soledad y nuestra miseria espiritual.
8.-
La comunicación no es solamente el alma del amor y la garantía
de su crecimiento, sino la esencia del amor mismo.
Que
Dios nuestro Señor nos permita encontrar el camino mejor
para que, por medio de una revisión total de nuestras relaciones
interpersonales, sepamos inspirarnos en esa conducta de Cristo que
comunica vida y pensamiento a sus apóstoles, así como
Él es comunión de vida y amor con el Padre por medio
del Espíritu Santo.
¿UNA RELIGIÓN
SIN DOGMAS?
“En aquel tiempo, Jesús
dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen
en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre
hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría
dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya
y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo,
para que donde yo esté, estén también ustedes.
Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.
1.-
Muy queridos amigos:
En
el cristianismo hemos decubierto que solamente existe un Camino:
Jesús, el cual nos ha mostrado la grandeza
de la entrega diaria. Sabemos que solamente existe una Verdad: Cristo,
el cual nos ha enseñado la excelsitud del amor. Somos conscientes
de que solamente existe una Vida auténtica: Cristo Jesús,
el cual nos ha querido comunicar la dignidad de un destino sobrehumano
en una vida que tiene perfecta realización en la eternidad.
Y
la verdad es que nos debe resultar increíble que el cristiano
posea en Cristo el Camino, la Verdad y la Vida y que ande buscando
otras veredas, que se encamine tras de las falacias y los sofismas
o que se antoengañe ante fugaces intentos de sobrevivencia.
Jesús no es un camino sino que Él es el Camino. Jesús
no es una verdad, sino que Él es la Verdad, Jesús
no es una forma de vida, sino que el Señor es la Vida.
2.-
Y nosotros nos pasamos la vida buscando geografías precisas,
cuando el camino no tiene complicaciones. Hay tantas veredas de
las que uno sale lleno de espinas y abrojos, de las que uno termina
asaltado por la inseguridad.
Y
nosotros nos pasamos la existencia en la búsqueda de un pequeño
rayo de verdad que pueda orientar nuestra vida, y lo hacemos encendiendo
lámparas a plena luz de un Sol que nace de lo alto y que
nos ilumina con su Santo Espíritu.
Y
nosotros nos pasamos nuestros días queriendo y ansiando un
poco de agua que nos pueda dar un poco de vida y lo hacemos bebiendo
desesperadamente de cisternas agrietadas y putrefactas cuando Dios
mismo se ha convertido en el manantial del agua viva que nos ofrece
la Vida verdadera.
3.-
Pero,... vayamos por partes y démosle un momento a cada cosa,
ya que no podemos hablar de todo al mismo tiempo. Es por ello, que
te quiero invitar a hablar sobre esa Verdad de nuestra vida llamado
Jesús.
En
los días pasados y en este día, he tenido la posibilidad
de recuperar del baúl de la memoria dos momentos sumamente
especiales de mi vida cristiana: uno de ellos reciente y el otro
distante por el tiempo, pero nunca en mi valoración.
El
momento reciente fue el del día de mi Ordenación Sacerdotal,
el cual ha sido recreado en los días recientes por dos motivos:
mi decimo quinto aniversario de ordenación sacerdotal y la
elección de un nuevo Pontífice de la Iglesia. El otro
momento se remonta a mi primera infancia durante mi bautismo cristiano.
4.-
El Evangelio de este día y los festejos de estos días
me han permitido deleitarme con la imaginación de algo tan
real al mismo tiempo que sobrenatural, como lo fue aquel invaluable
momento en que mis padres, mis padrinos y el Padre Esparza, que
de Dios goce, con piadosa conciencia, me engendraron para la fe,
mediante la gracia de Dios.
La
memoria y la imaginación han hecho de las suyas y me han
trasladado a través del laberinto del tiempo, al momento
más grande en la vida del cristiano: el día en que
por medio del Bautismo, se nos adopta como Hijos de Dios. Por otra
parte, las emociones y los afectos detonados en un aniversario y
en un acontecimiento sumamente especial me han hecho regresar también
a la infancia de mi propio sacerdocio.
5.-
¿Cómo evitar el pensar en el amor de mis padres comunicándome
la herencia de la fe cristiana que ellos dignamente atesoraban,
y que profesaron en mi nombre durante mi bautismo?
Pero,...
Ha sido más fácil recordar que imaginar, al pensar
en el ejercicio de mi compromiso bautismal de adulto y del beneficio
recibido por el don divino en los tiempos recientes a través
del ministerio sacerdotal que indignamente he recibido.
¿Cómo
poder olvidar el orgullo que sentí al expresar el juramento
como ministro consagrado el día de mi ordenación sacerdotal?
¿Cómo desterrar de la memoria el juramento de fe que
nos pide la Santa Madre Iglesia a todos aquellos a quienes nuestro
Obispo, en su nombre, nos permite enseñar la doctrina sagrada?
“Yo,
Rogelio Narváez Martínez, abrazo y acepto firmemente
todas y cada una de las cosas que han sido definidas, afirmadas
y declaradas por el Magisterio infalible de la Iglesia, ...”
En
lo personal, como Bautizado y como Sacerdote, creo firmemente que
la Iglesia es Madre y que es Maestra, puesto que ha recibido el
encargo de Enseñar, Conducir y Santificar a todos aquellos
que hemos sido engendrados para Dios en su propio seno. Estoy profundamente
agradecido con la Iglesia, tanto por los vastos momentos de manifestación
del amor materno, como por aquellos momentos magisteriales en que
me ha mostrado la doctrina verdadera.
6.-
Y no obstante, el segundo que marca ahora el reloj de la historia
y en el que estamos viviendo nuestra vida cristiana les ha dado
paso a aquellos que quisieran escuchar que Jesús es sólo
una más de las muchas verdades que se han pronunciado en
este mundo.
Parecieran
incomodarles esos términos absolutos en los que el Señor
se presenta como Camino, como Verdad y como Vida. Les molesta pensar
que en el cristianismo no hay neutralidades y que aún nuestros
silencios se convierten en posicionamientos. Les molesta que un
Pontífice de la Iglesia sea fiel al mensaje revelado y que
defienda el depósito de la fe que se le ha confiado. Quisieran
un cristianismo a la carta.
Hoy,
nuevamente ha emergido del anonimato un pseudo-mesías que
ofrece una salvación que se queda solamente en lo temporal
y cuya doctrina es el relativismo y el subjetivismo. Su nombre es
opinión pública, y se lleva a cabo con la reverencia
de los novedosos. Lo arregla todo, algunos han pensado que es
“la voz de dios”. Esta parece ser la
pseudo-religión de aquellos progresistas que parecen ignorar
que no existe nada más anticuado en el mundo que el creerse
modernos.
7.-
Parecieran decir los más instruídos de entre los progresistas:
“El mundo necesita una religión sin dogmas”.
Verdadera contradicción porque la negación del dogma
se convierte en un dogma para ellos.
A
todos aquellos hombres y mujeres que cuestionan el que la Iglesia
posea todavía sus dogmas en un depósito de fe, tenemos
que explicarles respetuosamente que un dogma es un juicio de verdad
para nuestra religión. No puede existir una religión
sin dogmas. Una religión sin dogmas sería una religión
sin pensamientos, sin verdades. Sería como una espalda sin
espina dorsal, como un árbol sin raíces y una hermosa
construcción sin cimentación.
8.-
No queremos darnos cuenta de que absolutamente todas las ciencias
tienen sus dogmas.
“El
mediterráneo es un gran mar interior comprendido
entre Europa Meridional, Africa del Norte y Asia Occidental. Comunica
con el Océano Atlántico por el Estrecho de Gibraltar
y con el mar Rojo por el canal de Suez” es un dogma de la
Geografía.
“El agua se compone de dos átomos
de Hidrógeno y uno de Oxígeno” es un dogma de
la química.
“La sangre es un plasma líquido que
unido a los glóbulos transporta los principios nutritivos
desde el aparato digestivo hasta las células a través
de las arterias” es un dogma de la anatomía.
Un
cirujano también posee algunas verdades en torno a sus intervenciones
quirúrgicas, un biólogo al examinar y profundizar
el don de la vida, un físico al estudiar la materia y la
energía, un químico al analizar la composición
de las sustancias y su manera de formarse. La misma teoría
de la relatividad se ha convertido en uno más de nuestros
dogmas.
Toda
disciplina seria tiene sus dogmas. Una religión sin dogmas
sería como decir que el Mediterráneo es un cerro en
forma de silla de montar que se encuentra en una bella e industrial
ciudad en la frontera norte de México. ¿Acaso
alguien osaría en química decir que el H2O es el símbolo
del ácido sulfúrico?
9.-
Lo anterior, no significa que esté de acuerdo con la intolerancia
religiosa ni con las prácticas de fanatismo.
Pero
de allí, a que le llamen a la Iglesia “oscurantista”
por tener un depósito de fe que tuvo su fuente en Jesucristo
y que se redacta en el Nuevo Testamento y que se ha ido clarificando
con el paso de estos 2005 años, precisamente ante las necesidades
del mismo interior de la Iglesia, es algo con lo que no puedo coincidir.
El
Dogma en la historia de la Iglesia no nació por necesidades
apologéticas, es decir defensa hacia el exterior, sino por
intestinos conflictos doctrinales.
Seamos
celosos del cristianismo. Evangelizar es buscar que nuestra vida
se adecúe al Evangelio y no el Evangelio a nuestra vida.
10.-
Jesucristo es la Verdad y “la verdad será verdad aunque
nadie la sostenga”. A la verdad que brota de Aquel que es
la Verdad podemos aplicarle la ley de la conservación de
la materia, pues ni se crea ni se destruye... existe.
Sin
caer en un “todo se vale”, aceptemos la enseñanza
del Concilio Vaticano II: “La
verdad no se impone de otra manera que por la fuerza de la misma
verdad” (DH 1c).
Aceptemos
la verdad de Cristo y la Verdad que es el mismo Cristo aunque nos
cueste un poco o un mucho. Nos puede resultar más fácil
creer en aquellos maestros y merólicos que solamente ofrecen
palabras tranquilizadoras, persuasivas y provisionales.
Por
todo lo anterior, y por todas aquellas verdades que en ocasiones
se han quedado dormidas en el baúl del tiempo o de la apatía,
hoy quiero expresarles mi gratitud más sincera al Señor
por haber elegido como Pontífice de su Iglesia al guardián
de la Doctrina de la Fe.
JESÚS POSEE
EL ROSTRO DEFINITIVO DE DIOS
Le
dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso
nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe,
tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía
no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre.
¿Entonces por qué dices: “Muéstranos
al Padre”? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que
el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo,
no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en
mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el
Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí,
créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí,
hará las obras que hago yo y las hará aún mayores,
porque yo me voy al Padre”.
1.- Muy queridos amigos:
Me
he quedado estupefacto al contemplar el rostro humano desfigurado
por la barbarie en las contiendas intelectuales y me provoca estupor
constatar como el rostro del niño recién nacido desaparece
en un coeficiente de memoria colectiva convertida en una membrana
casi transparente.
Al
leer la prensa y al encender la televisión para escuchar
algunos comentarios sobre el Pontificado de Su Santidad Juan Pablo
II y al escuchar algunos juicios sobre nuestro nuevo Pontífice
pareciera que se abre la cloaca de la humanidad.
2.-
Es lamentable constatar como nuestra antropología sea tan
deficiente como para pretender que la emancipación de las
mujeres se convierta en sólo un mimetismo cultural de los
varones.
Sin
lugar a dudas la mujer posee su porción de riqueza que plenifica
la humanidad, no obstante me asombra como las mujeres propenden
demasiado a seguir los pasos de los hombres; a pensar como los hombres,
a tratar de resolver los problemas generales de la vida como los
varones. No hace falta que la mujer piense como los hombres, eso
es una nueva esclavitud. La misión de la mujer no es realzar
el espíritu viril, sino expresar la femineidad. Su misión
no es conservar un mundo hecho por los hombres, sino crear un mundo
más humano, haciendo que el elemento femenino participe en
todas sus actividades.
3.-
¿Sabes? En el traslado que le permitía al hombre cruzar
el umbral del tiempo para así ingresar al tercer milenio,
un grupo de cristianos (laicos, presbíteros, obispos, patriarcas,
miembros de vida consagrada...) de diferentes denominaciones (católicos,
evangélicos, luteranos, ortodoxos, reformados..) se preguntaron
sobre “lo más importante” al inicio del tercer
milenio.
Cincuenta
y cuatro respuestas se emitieron y al ordenarlas los participantes
de aquel ejercicio acordaron ubicar en el primer lugar de los números
ordinales la aportación de Bartolomeo I, Patriarca ecuménico
de Constantinopla: Lo más importante es la persona humana,
sin olvidar que la persona más importante es la persona de
Cristo.
4.-
Lo esencial es la persona. Se trata de la persona en sí
misma, no es más importante el hombre que la mujer, el ministro
ordenado que el laico, ni el presbítero que la religiosa,
ni viceversa; no es más importante el mandatario que los
que le mandan, la terapeuta que su paciente ni la escritora que
su lector,..., ni viceversa.
El
nombre de la persona es lo importante sin ningún otro apellido
paterno que el “ser humana”,... aunque algunos llevamos
un bello apellido materno: el “ser cristiana”, y esto
no podemos sacarlo de nuestras venas y nos hace comprender que no
existe más que un Camino, una Verdad y una Vida auténtica.
Y
no obstante, dejando a un lado lo cristiano tal pareciera que los
ministros ordenados, los gobernantes, los terapeutas, y los editorialistas,
en la actualidad nos hemos dado a la tarea de fragmentar ésta
última unidad de la individualidad llamada: persona humana;
y casi sin darnos cuenta en los sermones, los discursos, las asesorías
y en los ensayos hemos sido sutilmente esclavizados por esos hilos
tenues que conforman los criterios de la posmodernidad.
5.-
Un pensamiento auténtico se niega a aceptar el método
de la negación como recurso de definición, y no nos
queda más remedio que aceptar que junto con la pluralidad
de nuestro tiempo la falta de identidad nos ha tomado por asalto.
La globalización se ha hecho acompañar
de la fragmentación del hombre.
Hablar
de posmodernidad es hablar de negación, de imprecisión,
de carencia de perfiles definidos, de tal manera que nuestra época
no tiene ni nombre: nos hemos limitado a llamarle posmodernidad,
es decir, lo que está después de la modernidad.
Casi
nadie se atreve a otorgarle un contenido programático a nuestro
nuevo movimiento “cultural”, más aún un
contenido programático atentaría contra el nuevo movimiento.
La
posmodernidad como movimiento se inició en la estética
y ofreció sus primeros frutos en la arquitectura.
6.-
Los filósofos la han asumido buscando encontrarle un perfil,
formular una definición y ofrecerle una delimitación.
Y la misma filosofía se ha encontrado en crisis y su talante
actual es el de la perplejidad.
El
hombre actual se sitúa en la posmodernidad y se encuentra
a la deriva, sin metas fijas, y lo que es peor sin un método
definido.
Las
verdades universales se han transformado en incertidumbres y conjeturas;
los tratados se convierten en ensayos; el lenguaje se convierte
en paradoja y en metáfora fugaz; los sistemas de pensamientos
son ahora episodios y fragmentos; la herencia del conocimiento ha
cedido el paso a lo optativo y circunstancial.
El
estado actual es el de la negación de los contenidos indiscutibles
y los dogmas preestablecidos. ¿Cómo
puede el hombre darse a la tarea de buscar la verdad?
La
negación no tan sólo alcanza a la verdad abstracta
sino también a la verdad racional, se niega no tan sólo
el campo del Dios de la revelación sino la mismísima
pretensión humana de convertir en “diosa” a la
razón.
7.-
La posmodernidad no ha nacido ni en los escritorios, ni en las aulas,
ni en las celdas de los conventos,... ha nacido en la calle y ha
tenido el mejor de los vehículos en los Medios. Desconoce
la elucubración, su lema es interpelar.
Ha
llegado a despedir los grandes relatos legitimadores tales como
la lucha de clases, el desarrollo y la épica del progreso...
Y con ello vino la sensación del nihilismo, en realidad no
hay afán de lucha porque no hay convicciones. Ahora reinan
los relatos acomodaticios de lo fragmentario, lo instantáneo
y lo episódico. El énfasis se pone en lo singular.
Se
rechaza radicalmente todo ideal de fundamentación y con ello
se ataca cualquier expresión de credo religioso. Un dogma
de fe revelada se experimenta como un ataque. Decir que Jesús
es la única Verdad se convierte para ellos en una violación.
Y
desaparece la filosofía, y todo tipo de pensamiento, puesto
que esta misma tenía como centro la fundamentación,
y se empuja a la religión a convertirse en un artículo
adquirido en una tienda de conveniencia.
8.-
El ejercicio implacable de la posmodernidad es la de la duda epistemológica
y ontológica. No se trata de la duda metódica
que poseía una seguridad subyacente, sino una duda profunda,
radical y universal. La posmodernidad es insegura y su método
es la sospecha, y esto lleva a la falta de compromisos y al ataque
de cualquier exigencia en la vida de parte de las instituciones.
Y
es entonces cuando vamos culpando a lo abstracto de las culpas que
tiene lo concreto. Hablamos de problemas de delincuencia, en lugar
de hablar del delincuente, de las crisis de la moral en lugar de
hablar de la gente que no vive en forma moral.
La crisis no está en la ética sino en lo poco ético
de nuestra vida.
Al
no llamar al problema por su nombre, cambiamos los nombres y desaparecemos
los problemas: los cristianos ya no se adaptan al
Evangelio sino el Evangelio tiene que adaptarse a las personas;
en lugar de que se superen las pruebas se busca alterarlas, en lugar
de instar a que las personas sostengan sus ideales, cambiamos los
ideales, y así la moral se vuelve susceptible de ser modificada
para adaptarla a la amoralidad, y la ética se modifica para
satisfacer a quienes no pueden vivir en forma ética.
Al
no vivir como pensamos, hemos llegado a pensar tal como vivimos.
9.-
Si nuestra propuesta es de que en lugar de que los cristianos se
adapten a los principios de moralidad, se deben modificar los principios,
tendríamos que modificar el Evangelio, y decir que Jesús
es sólo una más de las verdades, y uno más
de los caminos, sólo una opción de vida;...
...
decir que el Hijo pródigo no tiene porque regresar a la casa
del Padre, más aún encontraríamos un nombre
nuevo para las cáscaras que se lanzaban a los cerdos y que
el hijo deglutía, les llamaríamos: “progreso
diferenciado de anticuadas y obsoletas formas de moralidad”.
No
podemos reducir la fe y la moral a un convencionalismo ni a una
preferencia. ¡Cómo si
el amor de la madre Teresa o una declaración de guerra fueran
sólo cuestión de convencionalismos!¿Entonces porque existen los
infames en la historia?
La
moral no es tampoco cuestión de preferencias, y nuestro tiempo
tampoco debe olvidar que la degeneración sobreviene cuando
el género desaparece y es suplantado por la preferencia.
Algunos
que nos llamamos cristianos leemos la Biblia como si fueramos ese
abogado que se pone a leer un testamento ajeno, estudiando alcances
y escapatorias técnicas así como la exactitud o imprecisión
de las frases. Es muy diferente de cómo lee un testamento
el heredero.
10.-
A manera de corolario...
Jacques
Loew, primero ateo, y después convertido, religioso
dominico, sacerdote obrero entre los descargadores del puerto de
Marsella y místico, es uno de los cincuenta y cuatro que
dieron su opinión y respondió: “Para
mí lo más importante es que no he dejado de buscar
a Dios, y tengo 87 años. Aunque casi no puedo leer ni escribir,
en mi interior sigo trabajando, porque no dejo de reflexionar. Indudablemente
estoy menos inseguro y soy menos arrogante. Al final de la vida
se busca lo esencial, y lo esencial es Dios”.
11.-
Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Es Dios
quien nos concede la fe y la gracia y nunca nos pide que nos arranquemos
los ojos ni que apaguemos la luz de la razón. Es a la luz
de un misterio sobrenatural como lo fue la Encarnación que
todo se vuelve claro, inclusive el problema del mal, la enfermedad,
el dolor, la soledad y la muerte.