Domingo 24 de Abril de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

CAMINO, VERDAD Y VIDA

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dóde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.

Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Entonces por qué dices: “Muéstranos al Padre”? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aún mayores, porque yo me voy al Padre”.

Momento 2

Momento 3

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1.- Muy querido amigo

En este Evangelio hay dos grandes verdades de la fe. Grandes no solamente por su enorme profundidad, sino también por la trascendencia que tienen en su aplicación en nuestra vida cristiana. Esencialmente nosotros nos llamamos cristianos por todas las consecuencias que tienen estas dos verdades de la fe que acabamos de leer.

Escuchamos que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Y en ese verbo ser está toda la contundencia y toda la riqueza expresiva que tienen esos conceptos en la vida del Señor. Fíjate bien que Jesús no te está diciendo: “Yo te enseño el camino”, sino: “Yo soy el Camino”. No te dice: “Yo te enseño la verdad”, sino que te dice: “Yo soy la Verdad”. No te dice: “Yo te comunico la vida”, sino que te dice: “Yo soy la Vida”. Y a partir de ese SER, que es la plena posesión de esas tres características fundamentales de su condición de Dios y Hombre verdadero, viene toda esa comunicación en la Verdad, en la Vida, en el Camino, para alcanzar al Padre, que son las enseñanzas básicas que, una vez aceptadas en un acto de fe, hacen de cada uno de nosotros un verdadero cristiano.

2.- Yo soy el camino, dice Jesucristo, puesto que siendo Dios y Hombre verdadero, nos está enseñando que su naturaleza humana se convierte en el camino a lo divino. Y que la plena aceptación de la condición divina y humana en Cristo Jesús como acto de fe, es camino hacia la verdad que en toda su plenitud Cristo encarna.

Yo soy la Verdad: Cristo Jesús es la verdad. Porque quien es la fuente del ser de las cosas será la fuente de la verdad de las cosas, en la medida en que vayan siendo conocidas progresivamente por el pensamiento humano.

Yo soy la Vida. La Vida es Dios. La vida divina, esa comunicación de vida que, con amor, Dios está haciendo continuamente al hombre por medio de Cristo, que es la Verdad, por el Espíritu Santo que es el que hace que el Padre y el Hijo sean uno. De tal manera que quien ve a Cristo ve al Padre. Así nosotros recibimos esa misma comunicación de la vida divina, de tal manera que viendo al Padre en Cristo Jesús, nos hacemos uno solo con el Padre y el Hijo por el Espíritu Santo.

3.- Y estas son las consideraciones de una forma de vida cristiana de enorme profundidad, porque precisamente son la esencia de nuestro cristianismo, fueron reveladas además de una forma que se convierten en la segunda enseñanza de vida y conducta para todos nosotros. Fueron reveladas en un diálogo sincero compuesto de preguntas y respuestas.

Ahora, yo quisiera que nos detuviéramos por un momento también en esta forma de comunicación utilizada por Cristo para relacionarse con sus discípulos y que deteniéndonos un momento en esta consideración podamos obtener un buen provecho para nuestra vida cristiana.

4.- ¿¡Cuántas veces hemos salido de nuestras reuniones sociales y familiares con un sentido tremendo de vacío interior!? Cuántas veces hemos terminado una reunión de amigos con la sensación clarísima de que aquello fue un griterio en que todos hablaron y nadie oyó, y en que, aparte de un gran dolor de cabeza y tal vez un mareo debido a los alcoholes, no sacamos nada de provecho. Nos vamos dando cuenta de cómo el griterío va creciendo conforme van pasando las horas y los tragos. Y el nuestro fue un verdadero empobrecimiento porque no oímos ni hablamos, no preguntamos ni obtuvimos respuesta. Lo único que sucedió fue que la señora y el señor con la voz agresiva fueron los únicos que se oyeron, pero por ofensivos nadie los quiso escuchar. Ahora, fíjate todo lo que significa esto, comprendiendo que es una situación general de empobrecimiento en nuestro diálogo y en nuestra comunicación social.

¿Qué está pasando con nosotros que en lugar de enriquecernos nos empobrecemos? Que vivimos en multitudes, apiñados unos sobre otros experimentando la soledad, y unos contra otros y cada día somos más ignorantes y cada día más solitarios y cada día más insensibles a todo ese enriquecimiento espiritual e intelectual que se nos abre como posibilidad real en comunión y en comunicación con nuestros mismos semejantes. Nos damos cuenta de cómo este empobrecimiento ha penetrado ya hasta el seno de la misma familia, donde el marido ofende a la esposa porque la mujer hace preguntas; donde los hijos se cohíben ante los padres porque en vez de respuestas reciben maltratos.

5.- ¿A dónde vamos a dar cuando llega el momento de la distracción y en vez de gastarla alegremente en una conversación, rica y abundante en diálogo, nos sentamos como tontos ante una pantalla o una computadora que nos atonta más de lo que ya estamos? Y nuestras mentes se van empobreciendo y la nuestra es una soledad creciente en el hastío de una compañía presente y de una ausencia por el egoísmo.

Lois Wyse, en su libro de poemas titulado Lovetalk dibuja la huída emprendida por el hombre evitando la comunicación:

Tantos matrimonios de televisión...
esa representación de vidas contra
el telón de fondo del aparato.
En vez de dos vidas que llenen la habitación,
hay dos vidas y las noticias de las once
con la constante interrupción de los comerciales.
En vez de lo que tú dices y lo que yo digo
es lo que dicen Dick y Johnny y sus invitados.
Tú ya no ríes conmigo;
todo el ingenio sale a borbotones del aparato.
Y juntos nos reímos de ello.
Mientras más evitamos hablar
más pasiva se vuelve nuestra relación.
La televisión nos permite caminar por la vida
con parlamentos muy reducidos.
Y mientras más dejamos de hablar
más difícil se vuelve hacerlo.

6.- ¿Cómo está nuestro diálogo? Toda pregunta honesta merece una respuesta honesta y las preguntas serias merecen respuestas serias. Tenemos que saber preguntar y tenemos que saber contestar: este es uno de los ejemplos que podemos aprender de Cristo por la forma como comunica enseñanzas de gran trascendencia. Cristo respeta a quien pregunta y nos enseña con su vida, sus enseñanzas y sus actitudes que un hombre no se manifiesta tanto en sus respuestas como en sus preguntas. Y esto es un hecho: un niño que pregunta es un niño inteligente. Un niño inteligente merece respuestas inteligentes y si pregunta es porque no sabe, porque nadie nace sabiendo. Esto vale también para los adultos, que hemos caído en cosas que todos saben y que a nadie le importan y que nadie tiene nada que decir a los demás.

Este empobrecimiento de educación que ha ido haciendo sólo de la información nuestra cultura. ¡Pero si la información es superficialidad! Es la superficialidad por esencia. Si todos estamos informados de las mismas superficialidades no tenemos nada qué hablar. Y no teniendo nada de qué hablar no hay más que gritar todos al mismo tiempo al calor de las copas y empobrecer miserablemente la relación familiar en respuestas malas o en agresividad que impide el crecimiento espiritual e intelectual, tanto de quien pregunta como de quien contesta. Porque al que da una mala respuesta pierde una oportunidad de enriquecerse pues, si bien es cierto que aprendemos mucho oyendo, aprendemos mucho también, mucho más tal vez, enseñando y respondiendo inteligentemente a las preguntas que se nos hacen.

7.- Llevemos en nuestra conciencia este domingo, en modo particular, un propósito: vamos a examinar la calidad de nuestras relaciones humanas y de nuestra comunión entre nosotros, como siempre, dándole preferencia a las relaciones personales y familiares. Vamos a ver en qué sentido estamos respondiendo a las preguntas que se nos hacen y vamos a ver si no nos está sucediendo también que ya nadie nos hace preguntas porque no hemos sabido responder y vamos cayendo entonces en el más estéril de los silencios.

Vamos a ver si no nos está pasando la misma superficial información, que está en manos de todos, y que no tenemos nada que aportar para tener un diálogo verdaderamente enriquecedor a semejanza del diálogo que encontramos entre Cristo y sus discípulos.

Que todos, desde su perspectiva, los chicos, los medianos y los grandes, aprendamos a preguntar y a responder. Que sepamos preguntar con honradez para enriquecer nuestro acervo y para comprender lo que no hemos comprendido y que nadie se sienta ofendido ni molesto por una pregunta honesta. Que sepamos comunicar de una riqueza interior que en lo sobrenatural nos viene de la gracia de Dios y en lo humano de una reflexión constante acerca de los hechos, de las realidades y de su relación con la trascendencia, porque esto es lo que hace que el pensamiento sea profundo. Demos gracias a Dios que nos ha dado una mente para inquirir y para comunicar. Porque si no preguntamos y no comunicamos, lo único que haremos será ir acrecentando nuestra soledad y nuestra miseria espiritual.

8.- La comunicación no es solamente el alma del amor y la garantía de su crecimiento, sino la esencia del amor mismo.

Que Dios nuestro Señor nos permita encontrar el camino mejor para que, por medio de una revisión total de nuestras relaciones interpersonales, sepamos inspirarnos en esa conducta de Cristo que comunica vida y pensamiento a sus apóstoles, así como Él es comunión de vida y amor con el Padre por medio del Espíritu Santo.

 

¿UNA RELIGIÓN SIN DOGMAS?

“En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

 

1.- Muy queridos amigos:

En el cristianismo hemos decubierto que solamente existe un Camino: Jesús, el cual nos ha mostrado la grandeza de la entrega diaria. Sabemos que solamente existe una Verdad: Cristo, el cual nos ha enseñado la excelsitud del amor. Somos conscientes de que solamente existe una Vida auténtica: Cristo Jesús, el cual nos ha querido comunicar la dignidad de un destino sobrehumano en una vida que tiene perfecta realización en la eternidad.

Y la verdad es que nos debe resultar increíble que el cristiano posea en Cristo el Camino, la Verdad y la Vida y que ande buscando otras veredas, que se encamine tras de las falacias y los sofismas o que se antoengañe ante fugaces intentos de sobrevivencia. Jesús no es un camino sino que Él es el Camino. Jesús no es una verdad, sino que Él es la Verdad, Jesús no es una forma de vida, sino que el Señor es la Vida.

2.- Y nosotros nos pasamos la vida buscando geografías precisas, cuando el camino no tiene complicaciones. Hay tantas veredas de las que uno sale lleno de espinas y abrojos, de las que uno termina asaltado por la inseguridad.

Y nosotros nos pasamos la existencia en la búsqueda de un pequeño rayo de verdad que pueda orientar nuestra vida, y lo hacemos encendiendo lámparas a plena luz de un Sol que nace de lo alto y que nos ilumina con su Santo Espíritu.

Y nosotros nos pasamos nuestros días queriendo y ansiando un poco de agua que nos pueda dar un poco de vida y lo hacemos bebiendo desesperadamente de cisternas agrietadas y putrefactas cuando Dios mismo se ha convertido en el manantial del agua viva que nos ofrece la Vida verdadera.

3.- Pero,... vayamos por partes y démosle un momento a cada cosa, ya que no podemos hablar de todo al mismo tiempo. Es por ello, que te quiero invitar a hablar sobre esa Verdad de nuestra vida llamado Jesús.

En los días pasados y en este día, he tenido la posibilidad de recuperar del baúl de la memoria dos momentos sumamente especiales de mi vida cristiana: uno de ellos reciente y el otro distante por el tiempo, pero nunca en mi valoración.

El momento reciente fue el del día de mi Ordenación Sacerdotal, el cual ha sido recreado en los días recientes por dos motivos: mi decimo quinto aniversario de ordenación sacerdotal y la elección de un nuevo Pontífice de la Iglesia. El otro momento se remonta a mi primera infancia durante mi bautismo cristiano.

4.- El Evangelio de este día y los festejos de estos días me han permitido deleitarme con la imaginación de algo tan real al mismo tiempo que sobrenatural, como lo fue aquel invaluable momento en que mis padres, mis padrinos y el Padre Esparza, que de Dios goce, con piadosa conciencia, me engendraron para la fe, mediante la gracia de Dios.

La memoria y la imaginación han hecho de las suyas y me han trasladado a través del laberinto del tiempo, al momento más grande en la vida del cristiano: el día en que por medio del Bautismo, se nos adopta como Hijos de Dios. Por otra parte, las emociones y los afectos detonados en un aniversario y en un acontecimiento sumamente especial me han hecho regresar también a la infancia de mi propio sacerdocio.

5.- ¿Cómo evitar el pensar en el amor de mis padres comunicándome la herencia de la fe cristiana que ellos dignamente atesoraban, y que profesaron en mi nombre durante mi bautismo?

Pero,... Ha sido más fácil recordar que imaginar, al pensar en el ejercicio de mi compromiso bautismal de adulto y del beneficio recibido por el don divino en los tiempos recientes a través del ministerio sacerdotal que indignamente he recibido.

¿Cómo poder olvidar el orgullo que sentí al expresar el juramento como ministro consagrado el día de mi ordenación sacerdotal? ¿Cómo desterrar de la memoria el juramento de fe que nos pide la Santa Madre Iglesia a todos aquellos a quienes nuestro Obispo, en su nombre, nos permite enseñar la doctrina sagrada?

“Yo, Rogelio Narváez Martínez, abrazo y acepto firmemente todas y cada una de las cosas que han sido definidas, afirmadas y declaradas por el Magisterio infalible de la Iglesia, ...”

En lo personal, como Bautizado y como Sacerdote, creo firmemente que la Iglesia es Madre y que es Maestra, puesto que ha recibido el encargo de Enseñar, Conducir y Santificar a todos aquellos que hemos sido engendrados para Dios en su propio seno. Estoy profundamente agradecido con la Iglesia, tanto por los vastos momentos de manifestación del amor materno, como por aquellos momentos magisteriales en que me ha mostrado la doctrina verdadera.

6.- Y no obstante, el segundo que marca ahora el reloj de la historia y en el que estamos viviendo nuestra vida cristiana les ha dado paso a aquellos que quisieran escuchar que Jesús es sólo una más de las muchas verdades que se han pronunciado en este mundo.

Parecieran incomodarles esos términos absolutos en los que el Señor se presenta como Camino, como Verdad y como Vida. Les molesta pensar que en el cristianismo no hay neutralidades y que aún nuestros silencios se convierten en posicionamientos. Les molesta que un Pontífice de la Iglesia sea fiel al mensaje revelado y que defienda el depósito de la fe que se le ha confiado. Quisieran un cristianismo a la carta.

Hoy, nuevamente ha emergido del anonimato un pseudo-mesías que ofrece una salvación que se queda solamente en lo temporal y cuya doctrina es el relativismo y el subjetivismo. Su nombre es opinión pública, y se lleva a cabo con la reverencia de los novedosos. Lo arregla todo, algunos han pensado que es “la voz de dios”. Esta parece ser la pseudo-religión de aquellos progresistas que parecen ignorar que no existe nada más anticuado en el mundo que el creerse modernos.

7.- Parecieran decir los más instruídos de entre los progresistas: “El mundo necesita una religión sin dogmas”. Verdadera contradicción porque la negación del dogma se convierte en un dogma para ellos.

A todos aquellos hombres y mujeres que cuestionan el que la Iglesia posea todavía sus dogmas en un depósito de fe, tenemos que explicarles respetuosamente que un dogma es un juicio de verdad para nuestra religión. No puede existir una religión sin dogmas. Una religión sin dogmas sería una religión sin pensamientos, sin verdades. Sería como una espalda sin espina dorsal, como un árbol sin raíces y una hermosa construcción sin cimentación.

8.- No queremos darnos cuenta de que absolutamente todas las ciencias tienen sus dogmas.

“El mediterráneo es un gran mar interior comprendido entre Europa Meridional, Africa del Norte y Asia Occidental. Comunica con el Océano Atlántico por el Estrecho de Gibraltar y con el mar Rojo por el canal de Suez” es un dogma de la Geografía.
“El agua se compone de dos átomos de Hidrógeno y uno de Oxígeno” es un dogma de la química.
“La sangre es un plasma líquido que unido a los glóbulos transporta los principios nutritivos desde el aparato digestivo hasta las células a través de las arterias” es un dogma de la anatomía.

Un cirujano también posee algunas verdades en torno a sus intervenciones quirúrgicas, un biólogo al examinar y profundizar el don de la vida, un físico al estudiar la materia y la energía, un químico al analizar la composición de las sustancias y su manera de formarse. La misma teoría de la relatividad se ha convertido en uno más de nuestros dogmas.

Toda disciplina seria tiene sus dogmas. Una religión sin dogmas sería como decir que el Mediterráneo es un cerro en forma de silla de montar que se encuentra en una bella e industrial ciudad en la frontera norte de México. ¿Acaso alguien osaría en química decir que el H2O es el símbolo del ácido sulfúrico?

9.- Lo anterior, no significa que esté de acuerdo con la intolerancia religiosa ni con las prácticas de fanatismo.

Pero de allí, a que le llamen a la Iglesia “oscurantista” por tener un depósito de fe que tuvo su fuente en Jesucristo y que se redacta en el Nuevo Testamento y que se ha ido clarificando con el paso de estos 2005 años, precisamente ante las necesidades del mismo interior de la Iglesia, es algo con lo que no puedo coincidir.

El Dogma en la historia de la Iglesia no nació por necesidades apologéticas, es decir defensa hacia el exterior, sino por intestinos conflictos doctrinales.

Seamos celosos del cristianismo. Evangelizar es buscar que nuestra vida se adecúe al Evangelio y no el Evangelio a nuestra vida.

10.- Jesucristo es la Verdad y “la verdad será verdad aunque nadie la sostenga”. A la verdad que brota de Aquel que es la Verdad podemos aplicarle la ley de la conservación de la materia, pues ni se crea ni se destruye... existe.

Sin caer en un “todo se vale”, aceptemos la enseñanza del Concilio Vaticano II: “La verdad no se impone de otra manera que por la fuerza de la misma verdad” (DH 1c).

Aceptemos la verdad de Cristo y la Verdad que es el mismo Cristo aunque nos cueste un poco o un mucho. Nos puede resultar más fácil creer en aquellos maestros y merólicos que solamente ofrecen palabras tranquilizadoras, persuasivas y provisionales.

Por todo lo anterior, y por todas aquellas verdades que en ocasiones se han quedado dormidas en el baúl del tiempo o de la apatía, hoy quiero expresarles mi gratitud más sincera al Señor por haber elegido como Pontífice de su Iglesia al guardián de la Doctrina de la Fe.



JESÚS POSEE EL ROSTRO DEFINITIVO DE DIOS

Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Entonces por qué dices: “Muéstranos al Padre”? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aún mayores, porque yo me voy al Padre”.


1.- Muy queridos amigos:

Me he quedado estupefacto al contemplar el rostro humano desfigurado por la barbarie en las contiendas intelectuales y me provoca estupor constatar como el rostro del niño recién nacido desaparece en un coeficiente de memoria colectiva convertida en una membrana casi transparente.

Al leer la prensa y al encender la televisión para escuchar algunos comentarios sobre el Pontificado de Su Santidad Juan Pablo II y al escuchar algunos juicios sobre nuestro nuevo Pontífice pareciera que se abre la cloaca de la humanidad.

2.- Es lamentable constatar como nuestra antropología sea tan deficiente como para pretender que la emancipación de las mujeres se convierta en sólo un mimetismo cultural de los varones.

Sin lugar a dudas la mujer posee su porción de riqueza que plenifica la humanidad, no obstante me asombra como las mujeres propenden demasiado a seguir los pasos de los hombres; a pensar como los hombres, a tratar de resolver los problemas generales de la vida como los varones. No hace falta que la mujer piense como los hombres, eso es una nueva esclavitud. La misión de la mujer no es realzar el espíritu viril, sino expresar la femineidad. Su misión no es conservar un mundo hecho por los hombres, sino crear un mundo más humano, haciendo que el elemento femenino participe en todas sus actividades.

3.- ¿Sabes? En el traslado que le permitía al hombre cruzar el umbral del tiempo para así ingresar al tercer milenio, un grupo de cristianos (laicos, presbíteros, obispos, patriarcas, miembros de vida consagrada...) de diferentes denominaciones (católicos, evangélicos, luteranos, ortodoxos, reformados..) se preguntaron sobre “lo más importante” al inicio del tercer milenio.

Cincuenta y cuatro respuestas se emitieron y al ordenarlas los participantes de aquel ejercicio acordaron ubicar en el primer lugar de los números ordinales la aportación de Bartolomeo I, Patriarca ecuménico de Constantinopla: Lo más importante es la persona humana, sin olvidar que la persona más importante es la persona de Cristo.

4.- Lo esencial es la persona. Se trata de la persona en sí misma, no es más importante el hombre que la mujer, el ministro ordenado que el laico, ni el presbítero que la religiosa, ni viceversa; no es más importante el mandatario que los que le mandan, la terapeuta que su paciente ni la escritora que su lector,..., ni viceversa.

El nombre de la persona es lo importante sin ningún otro apellido paterno que el “ser humana”,... aunque algunos llevamos un bello apellido materno: el “ser cristiana”, y esto no podemos sacarlo de nuestras venas y nos hace comprender que no existe más que un Camino, una Verdad y una Vida auténtica.

Y no obstante, dejando a un lado lo cristiano tal pareciera que los ministros ordenados, los gobernantes, los terapeutas, y los editorialistas, en la actualidad nos hemos dado a la tarea de fragmentar ésta última unidad de la individualidad llamada: persona humana; y casi sin darnos cuenta en los sermones, los discursos, las asesorías y en los ensayos hemos sido sutilmente esclavizados por esos hilos tenues que conforman los criterios de la posmodernidad.

5.- Un pensamiento auténtico se niega a aceptar el método de la negación como recurso de definición, y no nos queda más remedio que aceptar que junto con la pluralidad de nuestro tiempo la falta de identidad nos ha tomado por asalto. La globalización se ha hecho acompañar de la fragmentación del hombre.

Hablar de posmodernidad es hablar de negación, de imprecisión, de carencia de perfiles definidos, de tal manera que nuestra época no tiene ni nombre: nos hemos limitado a llamarle posmodernidad, es decir, lo que está después de la modernidad.

Casi nadie se atreve a otorgarle un contenido programático a nuestro nuevo movimiento “cultural”, más aún un contenido programático atentaría contra el nuevo movimiento.

La posmodernidad como movimiento se inició en la estética y ofreció sus primeros frutos en la arquitectura.

6.- Los filósofos la han asumido buscando encontrarle un perfil, formular una definición y ofrecerle una delimitación. Y la misma filosofía se ha encontrado en crisis y su talante actual es el de la perplejidad.

El hombre actual se sitúa en la posmodernidad y se encuentra a la deriva, sin metas fijas, y lo que es peor sin un método definido.

Las verdades universales se han transformado en incertidumbres y conjeturas; los tratados se convierten en ensayos; el lenguaje se convierte en paradoja y en metáfora fugaz; los sistemas de pensamientos son ahora episodios y fragmentos; la herencia del conocimiento ha cedido el paso a lo optativo y circunstancial.

El estado actual es el de la negación de los contenidos indiscutibles y los dogmas preestablecidos. ¿Cómo puede el hombre darse a la tarea de buscar la verdad?

La negación no tan sólo alcanza a la verdad abstracta sino también a la verdad racional, se niega no tan sólo el campo del Dios de la revelación sino la mismísima pretensión humana de convertir en “diosa” a la razón.

7.- La posmodernidad no ha nacido ni en los escritorios, ni en las aulas, ni en las celdas de los conventos,... ha nacido en la calle y ha tenido el mejor de los vehículos en los Medios. Desconoce la elucubración, su lema es interpelar.

Ha llegado a despedir los grandes relatos legitimadores tales como la lucha de clases, el desarrollo y la épica del progreso... Y con ello vino la sensación del nihilismo, en realidad no hay afán de lucha porque no hay convicciones. Ahora reinan los relatos acomodaticios de lo fragmentario, lo instantáneo y lo episódico. El énfasis se pone en lo singular.

Se rechaza radicalmente todo ideal de fundamentación y con ello se ataca cualquier expresión de credo religioso. Un dogma de fe revelada se experimenta como un ataque. Decir que Jesús es la única Verdad se convierte para ellos en una violación.

Y desaparece la filosofía, y todo tipo de pensamiento, puesto que esta misma tenía como centro la fundamentación, y se empuja a la religión a convertirse en un artículo adquirido en una tienda de conveniencia.

8.- El ejercicio implacable de la posmodernidad es la de la duda epistemológica y ontológica. No se trata de la duda metódica que poseía una seguridad subyacente, sino una duda profunda, radical y universal. La posmodernidad es insegura y su método es la sospecha, y esto lleva a la falta de compromisos y al ataque de cualquier exigencia en la vida de parte de las instituciones.

Y es entonces cuando vamos culpando a lo abstracto de las culpas que tiene lo concreto. Hablamos de problemas de delincuencia, en lugar de hablar del delincuente, de las crisis de la moral en lugar de hablar de la gente que no vive en forma moral. La crisis no está en la ética sino en lo poco ético de nuestra vida.

Al no llamar al problema por su nombre, cambiamos los nombres y desaparecemos los problemas: los cristianos ya no se adaptan al Evangelio sino el Evangelio tiene que adaptarse a las personas; en lugar de que se superen las pruebas se busca alterarlas, en lugar de instar a que las personas sostengan sus ideales, cambiamos los ideales, y así la moral se vuelve susceptible de ser modificada para adaptarla a la amoralidad, y la ética se modifica para satisfacer a quienes no pueden vivir en forma ética.

Al no vivir como pensamos, hemos llegado a pensar tal como vivimos.

9.- Si nuestra propuesta es de que en lugar de que los cristianos se adapten a los principios de moralidad, se deben modificar los principios, tendríamos que modificar el Evangelio, y decir que Jesús es sólo una más de las verdades, y uno más de los caminos, sólo una opción de vida;...

... decir que el Hijo pródigo no tiene porque regresar a la casa del Padre, más aún encontraríamos un nombre nuevo para las cáscaras que se lanzaban a los cerdos y que el hijo deglutía, les llamaríamos: “progreso diferenciado de anticuadas y obsoletas formas de moralidad”.

No podemos reducir la fe y la moral a un convencionalismo ni a una preferencia. ¡Cómo si el amor de la madre Teresa o una declaración de guerra fueran sólo cuestión de convencionalismos! ¿Entonces porque existen los infames en la historia?

La moral no es tampoco cuestión de preferencias, y nuestro tiempo tampoco debe olvidar que la degeneración sobreviene cuando el género desaparece y es suplantado por la preferencia.

Algunos que nos llamamos cristianos leemos la Biblia como si fueramos ese abogado que se pone a leer un testamento ajeno, estudiando alcances y escapatorias técnicas así como la exactitud o imprecisión de las frases. Es muy diferente de cómo lee un testamento el heredero.

10.- A manera de corolario...

Jacques Loew, primero ateo, y después convertido, religioso dominico, sacerdote obrero entre los descargadores del puerto de Marsella y místico, es uno de los cincuenta y cuatro que dieron su opinión y respondió: “Para mí lo más importante es que no he dejado de buscar a Dios, y tengo 87 años. Aunque casi no puedo leer ni escribir, en mi interior sigo trabajando, porque no dejo de reflexionar. Indudablemente estoy menos inseguro y soy menos arrogante. Al final de la vida se busca lo esencial, y lo esencial es Dios”.

11.- Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Es Dios quien nos concede la fe y la gracia y nunca nos pide que nos arranquemos los ojos ni que apaguemos la luz de la razón. Es a la luz de un misterio sobrenatural como lo fue la Encarnación que todo se vuelve claro, inclusive el problema del mal, la enfermedad, el dolor, la soledad y la muerte.


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