Domingo 7 de Agosto de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

TENER FE AUN EN LAS DIFICULTADES

“En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras el despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas a orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!”. Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contesto: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.

Momento 2

Momento 3

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1.- Muy queridos amigos:

Mucha gente piensa que el acercarnos a Dios nos hace inmunes a las dificultades. Y se encuentran en un error.

Todos los bautizados, y aún los mismos sacerdotes y consagradas tenemos que enfrentar en algún momento de la vida distintas circunstancias que suelen ser difíciles: la muerte de un ser querido, la enfermedad que postra en el lecho, el hambre, el desempleo, la soledad, la injusticia, la persecución...

El que una persona ingrese a un grupo apostólico o vaya a una experiencia de retiro no le alejará de los problemas, no le vacunará contra las dificultades, no le aislará de la incomprensión o de situaciones difíciles en la familia. Todos nosotros padecemos tanto por las tormentas externas como por las internas. Se trata del mismo Dios que ha querido hacer salir su sol sobre justos e injustos y caer su lluvia sobre buenos y malos, el que tampoco ha querido mantener aislados a sus hijos. La tormenta la vivimos todos. Todos sufrimos la tempestad, porque todos viajamos en el mismo mundo.

3.-A nivel descriptivo, una tormenta es un fenómeno según las leyes de la naturaleza. A nivel simbólico pero muy real, se trata de la situación existencial del hombre sólo ante las potencias del mal, cuyas expresiones bíblicas son el mar embravecido y el viento contrario, utilizadas para predecir adversidades.

Sin embargo, la tormenta se convierte en la ocasión precisa en la que Dios exige de los hombres la fe práctica, a través del abandono confiado. En la tormenta se presenta, el mejor momento, para que los apóstoles den testimonio de la fe del corazón que se ha profesado con los labios.

4.-La barca de san Pedro se asemeja a nuestra vida. La existencia cristiana se desarrolla en la mar-océano del tiempo y del espacio, pero espera finalizar su ruta en la eternidad. Mientras navegamos, en ocasiones el mar de la vida es manso y, en otras, se manifiesta furioso y violento. Nuestra nave, en algunos momentos, lleva el viento en popa y, en otros, se azota amenazador contra la proa. Se trata del mar de la vida que, en ocasiones, se porta avaro y, en otras más, en su generosidad, pareciera vomitar los peces, sin que se le exijan.

5.-Se trata también de nuestra propia fe que se ha visto aumentada al contemplar el poder de Cristo en la multiplicación de nuestros cinco panes y nuestros dos pescados. Una fe que no debería amilanarse por un simple temporal en altamar, un temporal de los muchos que ha vivido cualquier pescador. No se debería tener miedo, si se está consciente de que, es el Señor mismo, quien nos protege.

El mar embravecido, el temor y la duda que se generan ante la situación difícil se convierten en el necesario sinodal de nuestra fe en Jesucristo.

6.-Para la Sagrada Escritura, la fe es la fuente de toda la vida religiosa. A ese designio que Dios ha realizado en el tiempo, los hombres debemos corresponderle con la fe.

Recuerda que la fe tendrá, a lo largo de la travesía de nuestra vida, esas pruebas que le pueden servir para que se fortalezca: ¿Sabes? ¡Siempre he considerado que una fe sin crisis es una fe infantil, que una fe en crisis es una fe adolescente; pero que tener una fe a pesar de nuestras crisis es realmente una fe adulta!

Las crisis digamos que forma parte de la verdadera fe. Sin las crisis la fe no puede madurar, no puede crecer. La verdadera fe en Dios, será esa nuestra capacidad de afirmarnos y abandonarnos durante las crisis de la vida, y es entonces que viene el crecimiento. No debes olvidar que en el momento en que se deja de crecer se empieza a morir.

Los momentos difíciles no hay que inventarlos. Las crisis de la fe se dan en la vida de todos: el aparente silencio de Dios, la persistencia del mal, la impopularidad de la misma fe, nuestras frustraciones de todos los días, los cansancios,... Ahí es donde la fe se consolida o se derrama, pues la llevamos en recipientes de barro. Dice San Agustín: “¿De qué te sirve creer con la voz en Áquel que niegas por las obras?”

7.-Es bueno que comprendamos que, lo importante en nuestra vida será mantenernos siempre fieles a Dios y, entender que, así como en un matrimonio cristiano se espera que el amor puro de una persona se manifieste en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, en los momentos buenos y en los momentos difíciles; de la misma manera, en nuestra vida cristiana y en la estrecha relación con el Señor, al que amamos y que nos ama, debemos aprender a mantenernos fieles, en la salud y en la enfermedad, en la abundancia y en la escasez, en los días intensamente iluminados y los días profundamente oscuros, cuando la vida nos favorezca y aún en los momentos de dificultad, en los días gratos y en los que aparentan ser ingratos.

¡Compréndelo! Tú que contemplas la vida de los esposos, sabes y estas convencido de que: Estar con quien se dice que se quiere cuando la vida te sonríe, ¡eso es relativamente fácil! Estar con quien uno dice que ama cuando se está en plenitud de vigor, ¡eso es relativamente fácil! Estar con la persona amada cuando tienes algunos billetes en los bolsillos, ¡eso es relativamente fácil! Pero..., estar con quien dices querer cuando la vida parece haberte volteado la cara, ¡se llama fidelidad! Estar con quien dices amar cuando se presenta la enfermedad y cuando nuestra humanidad experimenta las huellas del tiempo, ¡se llama fidelidad! Estar con la persona amada cuando no se tiene una sola moneda en el bolsillo, ¡se llama fidelidad! y, será entonces, cuando el amor se manifiesta en toda su pureza. Fidelidad es el nombre que el amor toma cuando los años pasan.

8.-De la misma manera, nuestra relación con Dios debiera proclamar la fe en Él, ¡Y nuestra fidelidad! No tan sólo en el triunfo sino también en el escándalo, no tan sólo en la aceptación sino también en el rechazo, no tan sólo en el aprecio sino también en las situaciones que pudieran suscitar nuestro desprecio.

9.-Recuerda que, cuando el Señor Jesús multiplicaba los peces y los panes, había demasiada gente en su entorno; cuando curaba a las personas, la gente se le agolpaba; cuando repartía bienes a los hombres, la gente le salía al encuentro; pero cuando sobreviene el dolor, la condena, el desprecio, el aparente fracaso, el sufrimiento y la muerte, la gente se dispersa, huye y le niega.

10.-Para los cristianos vivir es creer, es decir, dar crédito, aceptar, esperar lo que no se ve todavía y darle tiempo al tiempo, para que se nos vaya descubriendo.

En las decisiones más importantes de nuestra existencia, la razón nos ayuda, pero nunca basta,... en ocasiones nos llega a ubicar de forma excelente en dónde estamos que nos empezamos a hundir ¡tal como le sucedió a san Pedro!

Los cálculos más reflexivos han de complementarse avalados por la fe y la esperanza. Estas virtudes serán siempre la garantía de alcanzar lo que uno sueña. Es aquí en donde la esperanza y la fe fortalecerán nuestras convicciones y encauzarán nuestra emociones.

11.-Hoy, Jesucristo en el Evangelio nos recrimina nuestra incredulidad.

La vida no cambia en la cercanía con Dios, quienes cambiamos somos nosotros y se nos capacita para que vivamos la existencia de una forma distinta. La fe cristiana nos dice que la muerte no es el final; para el creyente la enfermedad y el dolor adquieren matices salvíficos; para el cristiano es en el medio de las dificultades en donde surge el brillo de la fe y la esperanza.

12.-Nosotros, hemos aprendido que Dios no quiere el dolor, la muerte, la enfermedad, la soledad y el abandono, de tal manera que lo mismo que nos hace sufrir a nosotros, fue lo mismo que hizo sufrir a Cristo. Comprendemos ahora, que no debemos poner un signo de interrogación a aquellas situaciones en las que Dios le ha puesto un punto final.

13.-¡Querido padre de familia!

Hoy, es el tiempo necesario para educar en la fe a la familia. Pero recuerda que tu hijo necesitará siempre de la palabra y del ejemplo de la fe cristiana. De no presentarse los colores cristianos en el óleo de la vida de tus hijos sobrevendrán otras tonalidades indeseadas a ocupar esa superficie del suave lienzo.

Como sacerdote he llegado a tener una convicción: El hombre que puede sobreponerse a cualquier adversidad que las eventualidades y la incertidumbre de la vida le depare, no es precisamente el que halla crecido significativamente en lo físico, ni el que se haya erguido académicamente y tenga en sus paredes una gran cantidad de diplomas. Estoy convencido de que el hombre que puede sobreponerse a cualquier tormenta de la vida será aquel que tenga a Dios en su corazón, el hombre de fe.

Es muy cierto que el progreso humano, que pueden obtener tus seres queridos en las aulas, les hará mirar siempre hacia-adelante; sin embargo es solamente la fe la que les ayudará a mirar hacia-arriba, sobre todo en esos momentos en que al mirar hacia-adelante no les sirva para nada.

El que Dios se haya subido a nuestra barca no será nunca una señal de una travesía tranquila, sino que es señal de que a pesar de las adversidades podremos arribar felizmente al puerto de la eternidad.

 

TORMENTAS EN LA VIDA

“En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras el despedía a la gente. Después de despedirla, subió al monte a solas a orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.

Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario.

1.- Nunca he podido olvidar una historia que escuche hace algunos años, cuando siendo un niño una catequista nos preparaba para que recibiéramos la Primera Comunión:

“Cuentan que hace años, Dios decidió bajar a la tierra, para percatarse de cómo andaban las cosas, viéndolas y sintiéndolas tan de cerca como los mismos hombres. Decidió vestirse de blanco y entrevistarse con el hombre más inteligente de una gran comunidad de granjeros.

Los sabios de aquella región escogida por Dios dialogaron entre ellos, a fin de designar a uno para la gran entrevista, que se llevaría a cabo en la cima de la montaña más cercana. Se eligió a un granjero viejo y sabio al cual le encargaron algunos cuestionamientos para ser planteados al Divino Creador. Aquel anciano se armó de valor, y se acercó a aquella intensa luz blanca donde estaba Dios. Dios le esperaba pacientemente y estaba interesado en lo que aquel hombre le plantearía. Aquel hombre, con voz nerviosa, empezó a decirle:

-Puede ser que tú seas Dios y que hayas creado este mundo. Probablemente has hecho todas las cosas bien, pero por lo que yo he aprendido en los campos, tú no sabes nada de agricultura; ¡qué bueno que has bajado a la tierra para enterarte!, porque tienes cosas que aprender y que sólo tú puedes rectificar.

-Con gusto me pongo a tu disposición - afirmó Dios-. Escucharé tus consejos y todo lo que tú enseñes me será de utilidad.

-Yo creo - contestó el anciano- que hay muchos errores en eso de los ciclos de la luna, el sol y las estrellas; en lo referente a las tempestades y a los terremotos, pero para no abrumarte, los sabios de mi pueblo sugieren que nos des el tiempo de un año, y que las cosas se hagan a nuestra manera. Veremos lo que pasa, estamos seguros de que al corregir eso, nadie en el pueblo padecerá pobreza.

- Y, ¿Qué es lo que piden? - preguntó el Altísimo.

-Que en estos doce meses no haya truenos, ni nubarrones, ni ventarrones, ni plagas, ni demasiado calor, ni demasiado frío. Queremos que todo sea confortable en la tierra, perfecto para el trigo, los naranjales y las flores.

Dios estuvo de acuerdo con las peticiones y condiciones del granjero.

Así sucedieron las cosas. Todo se fue cumpliendo. El clima fue confortable, cómodo, a favor; el sol cálido, la lluvia dulce y mansa, todas las cosas eran lógicas y perfectas, y,... el trigo y las plantas crecían mucho más que en años anteriores.

Al termino del plazo, Dios se presentó en los campos del granjero. Éste estaba orgulloso y le dijo:

-¡Mira, Señor, cómo van de bien las siembras! Observa y toma consejo sobre lo que verdaderamente son buenas cosechas. Esta vez los frutos de todos los granjeros sí valdrán la pena, por muchos años tendrán abundante comida aunque ellos no trabajen.

Pero llegó el tiempo de levantar las cosechas, y ante la sorpresa de todos los pobladores de aquella región, las grandes vainas del trigo no tenían granos, las naranjas estaban enormes pero secas e insípidas, las monumentales rosas no destilaban su suave aroma.

-¡Señor! - preguntó el granjero-. ¿Qué pudo haber pasado para que todo sucediera así?

El error estuvo - contestó Dios- en que eliminaron los elementos naturales que dan esa fuerza con la que germina y crece la semilla. Los ventarrones les ayudan al traslado del polen y ayuda a enriquecer la variedad de las plantas. Los truenos y los relámpagos transforman una parte del nitrógeno de la atmósferaen compuestos nitrogenados que caen a la tierra con la lluvia y que son el mejor de los fertilizantes. Cada tormenta hace que del cielo te caigan varios kilos de ese fertilizante gratuito, que es una parte indispensable para madurar el alma de las cosechas.

Tu error –le dijo Dios- fue el no querer que existan las tormentas-.

2.-Muy queridos amigos:

Todo, absolutamente todo en nuestra vida, tiene un sentido. Dios es infinitamente sabio y Él no se equivoca. Aún aquellas circunstancias que repentinamente o muy a menudo nos pueden resultar difíciles de asimilar tienen una razón de ser en nuestra existencia.

El Señor, quien nos ha enviado a la mar de la existencia, nos ha advertido sobre las dificultades que hay, y nos invita para que seamos fieles, para que nos mantengamos firmes, y para que no nos dejemos llevar por el pánico.

El quiere que no perdamos los valores cristianos, aún en medio de nuestras tormentas y cataclismos.

3.-Pero,... para que podamos vivir adecuadamente, debemos renunciar a lo fácil como norma, al éxito como fin, al podium como situación. No le debemos tener miedo a lo imprevisto, ni cuando aparece la enfermedad, ni cuando sobreviene la tormenta.

En la vida hay una gran cantidad y una amplia gama de lluvias torrenciales.

Tú y yo sabemos que hay más tempestades dentro de nosotros mismos, y dentro de nuestras familias, que en la tierra o en el mar.

Sin embargo también somos conscientes de que las desgracias, las dificultades y las adversidades son para los bautizados como ese momento en que se prueba el oro en el crisol y como esa oportunidad en que se puede demostrar la solidez de nuestras construcciones. Las dificultades para el cristiano son como la roca para el mar: el momento adecuado para mostrar toda su majestuosidad.

4.-Este domingo, Jesucristo nos invita para que en el medio de las tormentas no desfallezcamos, sino que por el contrario mostremos nuestra fe sólida y así nos mantengamos firmes para conseguir la vida verdadera.

Los cristianos sabemos que las sombras se pueden convertir en orillas de luz, que a la noche oscura le sigue el día iluminado, que después de la tormenta sobreviene la dulce calma y que, es entonces, después de la lluvia cuando se puede disfrutar del esplendor del arcoiris, que las flores caen de los árboles para darle paso a los frutos y aún las hojas caen para que pueda renacer la planta. Todas las cosas siguen un curso y al final conducen a un camino y a una resolución.

Aquel que tiene fe, sabe luchar y no se desespera ante las situaciones contrarias, y es así como llega a madurar y se hace fuerte.

5.-Todos nosotros al ser bautizados hemos recibido el llamado para que seamos felices, pero tenemos que aprender a combatir los contratiempos con dignidad.

En este vida todo lo que sucede puede ser asimilado para el bien de cada uno de nosotros. Muchos de los acontecimientos de la vida nos ocurren como si fueran esas piezas de un inmenso rompecabezas que solamente al final nos muestra una figura completa.Ya Blas Pascal decía que el hombre es un criptograma y que su única clave de interpretación se encuentra en la hipótesis cristiana

Es por ello, que hay algunos momentos en que el corazón aparece como si fuera un amasijo de frustraciones, por las razones que tú quieras. Pero, si somos objetivos, nos daremos cuenta de que no hay un solo ser humano que no haya vivido alguna tormenta en algún momento de su travesía.

Y, es aquí, en donde se puede entender la diferencia sobre la forma en que debemos vivir nuestra vida cristiana.

Les escribía san Cipriano a los cristianos del siglo III de la siguiente manera: “Esta es la diferencia entre nosotros y los que no conocen a Dios; estos en la adversidad se quejan y murmuran; y a nosotros, las cosas adversas no nos apartan de la virtud, sino que nos afianzan en ella.”

6.-¿Sabes? Las oportunidades tienen siempre un disfraz: el de la dificultad.

Quisiera, hacer una referencia al lugar que tiene la Iglesia como familia o como comunidad de creyentes, en la vida de los cristianos que están sumergidos en el vórtice de las tormentas.

Hace algunos años, viendo por televisión un documental sobre las especies extrañas en la flora del mundo, se hablaba acerca de la Secoya, también llamada Secuoya.

La Secoya –decían los investigadores- es el árbol que crece más alto en el mundo, su altura va desde los 80 metros hasta los 100 metros y más, y se le puede encontrar en el centro y sur de la Sierra Nevada de California.

El investigador aseguraba que, a pesar de sus dimensiones gigantescas, las raíces de esos árboles apenas penetraban la tierra.

Aquí fue, en donde el especialista explicó la necesariedad ordinaria de que las raíces de los árboles sean profundas, para que, al crecer en las crestas de las montañas, las tormentas y los vientos fuertes no los derribaran.

“Pero, no es así en el caso de las Secuoyas” –insistió el científico-.

¿En dónde está el secreto de las Secuoyas?

Estos árboles tienen una virtud –señaló el académico-: crecen siempre en grupos, y sus raíces aunque poco profundas, bajo la superficie se van enredando hasta formar un tejido subterráneo unas con otras, de manera que cuando sopla el viento fuerte se sostienen de pie, y una va sosteniendo a las otras.

9.-Lo anterior encierra una enseñanza. En la familia de la Iglesia, en cierta manera, somos como las Secoyas. El que los bautizados estemos unidos en una familia nos fortalece para que cuando vengan los vientos huracanados de la vida, todos y cada uno de los fieles cristianos nos apoyemos y resistamos la adversidad unidos.

¡Bendito sea Dios, por darnos nuestra Santa Madre Iglesia que nos acoge y protege en medio de tantas tormentas!

 


LA BARCA DE LA VIDA

“En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieran a la otra orilla, mientras el despedía a la gente”.


1.-
¡Oye!¿Te has dado cuenta? Nuevamente las tormentas de la vida nos han conducido a reflexionar sobre el sentido que tienen los momentos difíciles en nuestra vida y sobre la razón de ser de nuestra fe cristiana.

¿Te has fijado? El hablar el día de hoy sobre la barca de san Pedro nos ha permitido contemplar nuestra propia vida como si fuera esa embarcación que va surcando los mares del tiempo y del espacio.

Y, el comparar nuestra vida con una embarcación, nos debe conducir a elaborar un pensamiento sobre ése astillero que se encarga de armar las embarcaciones que se enfrentarán a los mares de la vida.

Sin lugar a dudas, Dios es el artífice de nuestra existencia. Dios es aquel que permite que un día nuestra barca zarpe del muelle de nuestra cuna y que, al realizar la travesía de la existencia, esté esperando atracar un día al otro lado de la mar-océano, para llegar a la costa de la eternidad.

4.-Pero, ¿Cuál es y en dónde está ese astillero en el que Dios construye nuestros barcos?

Ese astillero se llama familia.

Y, puedo decir que es nuestra familia la que nos provee de lo necesario, de tal manera que las barcas de sus hijos puedan enfrentar cualquier tipo de eventualidades en el trayecto del recorrido de la vida. Así mismo, suele ser nuestra familia la que puede pecar por una negligencia culposa manifestada en esa superficialidad que se tiene en la educación de los hijos.

Puedo afirmar, que ninguna cultura ha tenido nunca un astillero que construya barcos mejor equipados contra las tormentas del viaje que emprende el hombre desde la cuna hasta la tumba, que una familia que se preocupa por acercar a los hijos a Dios y que cría a sus miembros en el seno del amor y en la capacidad de perdonar.

Y, este es el mejor aporte del cristiano: el formar familias que, a la vez, sigan formando familias cristianas.

Decía el Papa Juan Pablo II, cuando nos entregó la Familiaris Consortio: “Estoy convencido de que lo mejor que un hombre puede ofrecerle a la sociedad de su tiempo es el formar familias verdaderamente cristianas, formar familias como Dios manda”.

Tiene razón el Sumo Pontífice: Si cada uno nos preocupáramos por formar verdaderas familias, tal como Dios nos lo enseña, habría menos miseria en nuestro mundo, habría menos violencia, menos adicciones, menos pandillerismo, menos inseguridad, menos prostitución, menos injusticias,....

5.-Es esa misión de formar familias como Dios manda, en donde los cónyuges deben volver a ubicarse en su papel de compañeros de viaje, de “ayuda adecuada” el uno para el otro; tal como Dios lo había planeado desde el principio de la creación, y de su matrimonio.

Es así que, de la misma manera en que un barco no puede zarpar del muelle contando con solamente una ancla, así la familia tampoco puede prescindir de la acción de alguno de los esposos.

Puedo comparar también a nuestras familias con esa embarcación birreme, es decir de dos remos, que necesitará de una acción simultánea tanto del esposo como de la esposa. Asimilar este sentido, nos permite comprender esas dificultades que se generan cuando en la barca de nuestras familias, uno de los dos ya no quiere seguir remando y esto nos hace perder el rumbo o empezar a navegar haciendo círculos en la mar o bien avanzar con una mayor dificultad. Sin embargo, lo peor de todo sobreviene cuando uno de los dos rema en dirección contraria al curso que deberíamos llevar.

6.-También les corresponde a los padres de familia el formar a los hijos y, sin lugar a dudas, esta labor será más que un oficio un verdadero arte. Se trata de una labor que exige tal seriedad, tal precisión, tal dedicación, tal preparación y tal ejercicio de la imaginación, como no se puede uno imaginar mientras que no se encuentre al frente de una familia.

Hay una composición poética de Don Gabriel CELAYA, el escritor español que murió en 1991, sobre esa labor de la educación de los hijos, y equipara esta acción con la labor del astillero de la vida.

Educar es lo mismo

que poner un motor a una barca...

hay que medir, pesar, equilibrar...

... y poner todo en marcha.

Pero para eso,

Uno tiene que llevar en el alma

Un poco de marino...,Un poco de pirata...

Un poco de poeta...

Y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar

Mientras uno trabaja,

Que ese barco, ese niño

Irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío

Llevará nuestra carga de palabras

Hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día

Esté durmiendo nuestra propia barca,

En barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.

7.-Queridos hermanos:

¿No se han dado cuenta? En todas las embarcaciones formales hay partes que por sí solas se hundirían: como lo es la máquina o la hélice. Sin embargo estas partes cuando van integradas a la totalidad de la embarcación suelen flotar y, son las que le harán avanzar.

Y eso es lo que en nuestras familias se debe comprender: enseñarles a los hijos que así son los episodios de nuestra vida: hay momentos trágicos y hay momentos felices, existen los días tormentosos y también hay los días apacibles, hay días gratos y los hay ingratos, existen los momentos fastos y existen también los nefastos, vivimos los días iluminados y también los profundamente oscurecidos. Pero todos estos momentos unidos forman un buque que tiene rumbo fijo, lo cual debe consolarnos. Enseñemos que todo en la vida se puede aprovechar, aún esas piezas intensamente pesadas.

Los riesgos y los momentos difíciles son parte de la trama de nuestra vida, y para ello tenemos que preparar a las personas. Si alguno de nosotros quisiera enviar a la mar de la vida a sus hijos, sin que ellos corran el menor riesgo de un naufragio, entonces no tendrían que dotarles de un barco sino comprarles una isla.

No le tengamos miedo a las dificultades. Dice un refrán africano, con esa sabiduría popular: “En mares serenos no se forman buenos marineros”.

8.-¿Sabes? Hace años, leí un cuento de Marguerite Yourcenar, una escritora francesa, que hablaba de un rey que al morir legó la corona y sus vastos territorios a su hijo, un joven príncipe, el cual, mientras llegaba a la mayoría de edad recibía la educación necesaria para gobernar el imperio. El parlamento gobernó al país mientras el joven rey iba creciendo. El rey joven vivió protegido por las altas murallas de su palacio y no conocía la realidad de la vida fuera de sus murallas más que a través de las pinturas maravillosas de un pintor, un artista, un verdadero poeta con el pincel. Y el día en que ese príncipe, ya hecho hombre, pudo salir a la realidad de la vida y vio el sufrimiento y el dolor, vio la opresión y la maldad, y olió los fétidos olores de la humanidad que sufre, volvió impactado y se encerró en su palacio y, apenas se recuperó y hecho mano del pintor, después de obligarlo a terminar su última obra, le mandó arrancar los ojos y cortar las manos para que no volviera a engañar a nadie con la belleza de su arte y de su inspiración, porque a él le había impedido afrontar la realidad.

Todos nosotros estamos llamados por Dios para que enfrentemos la realidad a partir de un conocimiento honesto, sincero y genuino de nosotros mismos, para ubicarnos en la realidad de la vida sobre la base de las responsabilidades y para obtener lo que vayamos mereciendo con el esfuerzo de nuestro trabajo. ¿Hay quién cree que le está haciendo un bien a un hijo dándole lo que no ha merecido? Una cosa es dar instrumentos de trabajo a quienes dependen de nuestro amor y otra es darles los frutos de tu trabajo que ellos no han merecido. Tus hijos crecerán un día y cuando se topen con la pared de la realidad querrán cortarte las manos y arrancarte los ojos porque no los dejaste afrontar la verdad, porque nos los dejaste enfrentarse con la vida tal como es la vida; porque pretendiste vivir por ellos cuando no tenías el derecho de hacerlo.

9.-Esta es la enseñanza del Espíritu de Dios: Nuestras familias deben cumplir con su vocación: deben formar personas que lleguen a comprender que un día tendrán que asumir su papel en una vida que les exigirá el ya no estar en la barca como si fueran solamente artistas en contemplación ni como si fueran solamente turistas en un crucero, sino que tarde o temprano se llega ese momento en el que, como si fueran capitanes, ellos deberán asumir el violento timón, conduciendo su barca hacia horizontes nuevos, en busca de nuevas estrellas.

Esas estrellas que se han de seguir, bien podríamos compararlas con los idealesylos valores en los que formes a tus hijos, incluyendo los cristianos: enciertaformanuncalosalcanzamostotalmente,pero,aligualqueel marino en alta-mar, nosotros trazaremos nuestro derrotero guiándonos por ellos.

10.-¡Date cuenta de un elemento adicional! Las familias en las que hemos nacidoycrecido,unavezqueenla presencia de Dios, cada quien encuentre su vocación específica cristiana: matrimonio o consagración, deberán convertirse en un faro que nos indique el camino pero no deben ser eternamente un muelle que nos mantenga amarrados a ellas. ¡Esto es verdaderamente lamentable! Muchas familias se han convertido en ese muelle que ha amarrado con gruesas sogas a los hijos y que no han dejado que su “pequeñito” zarpe, por los mares de la vida, una vez que ya está al frentedeotrafamilia.¡Estoseconvierteenalgoquelastimaatantaspersonas!

Cada barca que zarpa por el mar-océano es portadora de un camino único e irrepetible y esto es una realidad sagrada que no puede profanarse y un misterio que debe ser acogido y respetado.

11.-Concluyamos diciendo que todas las barcas tienen un paradero común al que deben dirigirse y, será solamente en la eternidad en donde encontrarán esos mares nuevos en donde la pesca es mucho mejor de lo que se puede imaginar.

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