Domingo 14 de Agosto de 2005_________Pbro. Rogelio Narváez Martínez ______progelio@rosario.org.mx

LOS PERRITOS DE DIOS

“En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: “Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros”. Él les contestó: “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

Ella se acercó entonces a Jesús, y postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!” Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija”.

Momento 2

Momento 3

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1.- Mis muy queridos amigos:

¡Qué distintos solemos ser los seres humanos con el paso del tiempo!

¡Qué distintas somos las personas cuando un día nos sentimos adultos en la vida!

Cuando somos niños vivimos una serie de valores que, desgraciadamente, con el transcurso de los años vamos abandonando, y entonces resultamos empobrecidos.

2.-Quiero mencionar cinco valores que se viven durante nuestros primeros años de vida: En primer lugar, nuestra etapa de la infancia se caracteriza por la sencillez, ya que los niños suelen ser criaturas demasiado simples, a las que se tiene fácilmente acceso y que viven en la apertura. Como segunda característica de la niñez se ubica esa capacidad de predominio del amor, es decir un niño suele ofrecer el perdón o suele perdonar casi automáticamente. En tercer lugar, un niño suele ser dócil. La cuarta característica es la de la debilidad de los infantes, lo cual les lleva a comprender, esa necesidad que se tiene de confiarse a alguien más fuerte, ellos tienen muy fresca la experiencia de esa necesidad en su relación con aquellos por quienes Dios les ha dado la vida. Finalmente, un niño suele vivir a plenitud cada uno de los momentos presentes, él no se desgasta ni se complica conjugando sus verbos en otros tiempos pretéritos o futuros.

3.-Con el paso de los años sobreviene, de forma natural, nuestro crecimiento físico y nuestra autoconciencia y, de forma adquirida, llegan muchas de nuestras adquisiciones, tanto en el orden material como en el intelectual.

Los elementos anteriores, en la realidad de nuestra vida, no debieran inquietarnos, sino que al contrario debiéramos agradecerlos desde lo más profundo del corazón. Nuestros problemas se generan cuando todo esto lo vivimos distantes de la presencia de Dios, ya que lo anterior suele propiciar nuestra soberbia, la autosuficiencia, el orgullo, el engreimiento, la ufanes y, al mismo tiempo, suelen ser esos nuestros detonantes de los distintos conflictos que afectan la vida del hombre adulto en su relación con el hermano, con Dios, con su mundo y consigo mismo.

Los adultos hemos dejado de ser sencillos y nos hemos vuelto laberínticos, somos inaccesibles, y suele ser tan difícil llegar a nosotros. Somos esos seres que hemos caído en esa complejidad que suele enredarse más con nuestras adquisiciones. A diferencia de un niño que ama y que perdona al poco rato de la ofensa, un adulto suele vivir bajo el predominio del rencor y va cargando con el lastre de sus resentimientos y de sus odios. Parece que los adultos no hemos comprendido que esos nuestros residuos nos dañan gravemente, esto no tan sólo en lo físico sino también en lo espiritual.

El adulto, en contraposición con el casi eterno presente de un niño, lejos de ocuparse de vivir ese momento presente que traen sus propias ocupaciones, suele vivir encarcelado en un pasado que no ha logrado sanar, y suele preocuparse hasta caer en la inquietud, por un porvenir que en la actualidad es solamente un proyecto.

4.-El tiempo inexorable ha recorrido su curso y, durante su paso por nuestra vida, nos ha dejado distintas adquisiciones y nos ha despojado de algunas pertenencias. En la realidad hemos salido perdiendo.

En la lejanía de Dios, la fuerza, la estatura, la experiencia, los conocimientos, las monedas van siendo atesoradas celosamente en nuestras arcas, y nos van dejando una factura que es muy difícil de saldar. El tiempo, cuando no es contemplado a la luz de Dios, nos despoja de algunas propiedades y nos endilga esas engañosas apropiaciones.

Los adultos de nuestro tiempo somos buenos para cultivar la ciencia y nos hemos olvidado de la verdadera Sabiduría. Las gentes “grandes” nos adormecemos en los conocimientos estériles, en la abundante cultura, en el caracol de los discursos y nos vamos olvidando de esa Sabiduría que proviene solamente de Dios.

Todo lo queremos razonar, todo lo queremos demostrar, todo lo especulamos, y vamos perdiendo la conciencia de que existen cosas que no se razonan o que no se demuestran. Nos olvidamos que hay una serie de realidades en nuestra vida, tanto naturales como sobrenaturales, de las que quizá jamás obtendremos una explicación, y en las cuales, traspasamos las fronteras del entendimiento y nos vamos trasladando al mundo de la fe cristiana.

5.-Don Miguel de Unamuno, católico muy en el fondo de su corazón, captó esta gran verdad al pedirle a Dios que le permitiera regresar a la etapa de la infancia. Se trata de un hombre honesto, el cual reconoce que la inexorabilidad de la existencia, como se vive en la actualidad, le ha empujado a un crecimiento que él mismo no ha solicitado y que le ha llevado a restar, aunque aparentemente había estado sumando.

Agranda la puerta, Padre,

porque no puedo pasar;

la hiciste para los niños,

yo he crecido a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,

achícame, por piedad;

vuélveme a la edad bendita

en que vivir es soñar.

Gracias, Padre, que ya siento

que se va mi pubertad;

vuelvo a los días rosados

en que era hijo nada más..."

6.-Este mundo nos ha traído tantas sorpresas, puesto que sucede que un día el niño ha dejado de ser niño. Es entonces, cuando el hombre se obstina en su búsqueda de respuestas y en todos esos cuestionamientos intelectuales.

Todos nosotros debemos ser conscientes de que existe un momento en la vida, cuando caminamos al margen de Dios, en el que las preguntas humanas de los que nos sentimos adultos ya no encuentran una respuesta aparentemente satisfactoria.

7.-Para los cristianos será nuestra fe la que iluminará nuestra propia vida, nuestras relaciones, los acontecimientos, nuestra limitaciones, nuestros naufragios, nuestros cansancios y, todas aquellas circunstancias en las que humanamente nos sintamos descorazonados. La fe en Dios funciona como esa especie de lámpara utilizada en la noche oscura de nuestros propios cuestionamientos. Si bien, es cierto que una lámpara no cancela la noche, también es verdad que una lámpara nos ayuda para que nuestros pies no tropiecen al caminar en la oscuridad.

La fe nos ayuda a comprender de un modo distinto, incluso aquello que humanamente nos desilusiona por provenir de la maldad y de la incoherencia.

8.-La Sabiduría cristiana, que es un don de Dios y no una conquista orgullosa del hombre, no se puede adquirir ni con los años, ni con el dinero, ni en una universidad, ni en un aula, ni en una cátedra, sino solamente en la escucha de la Palabra de Dios y en la Mesa de Aquel que ha bajado del Cieloyquehaqueridoquedarse como Pan de Vida. La verdadera Sabiduría es muchísimo más que los conocimientos, que la cultura y que la ciencia.

9.-¿No lo quieres creer? Permíteme entonces hacerte algunas preguntas: “Oye tú, el erudito, que entiendes la teoría de los Quantums, que dominas la cibernética, la virtualidad y el espectro, que conoces los códigos civiles y penales a la perfección o que dominas la armonía de los espacios en la construcción,... hazme el favor de explicarle a una madre la enfermedad de su hijo nacido “down” o nacido anencefálico,... ¡Explícale!, por favor, a unos esposos que llevan años y años buscando la gestación de un bebé el porque no ha llegado,... ¡Explícale!, de una vez, a una madre joven que tiene a sus hijos en la escolaridad el porque murió su esposo en el momento en que más lo necesitaba,... o bien, ¡Dáte un poco de tiempo y explícale a ése joven recién graduado! el porque le detectaron cáncer en el hígado. ¡Explícales por favor!... Tarde o temprano nuestra ciencia se vuelve inconciencia, cuando se da esa ausencia de Dios en la vida del hombre.

Cuando vivimos conforme a la sabiduría de Dios, lejos de preguntarnos el ¿por qué? de las cosas, nos preguntamos el ¿para qué? de aquello que nos ha sucedido. Es entonces cuando comprendemos los misterios propios de nuestra naturaleza y los misterios sobrenaturales que Dios ha querido legarnos y confiarnos en su Hijo muy amado.

10.-Esta es la enseñanza del Evangelio de este día, que si fuere mal interpretado podría provocar tantos resquemores. ¿Porqué hacer distingos entre los que son llamados hijos y aquellos que son llamados perritos?

Lo que aquella mujer comprendió es sencillo a la luz de la fe: que Jesús mismo se volvió sencillo, y que Él es ese Pan que los que fueron hijos tiraron con desdén de la mesa del Padre. Ella comprendió que de ese Pan podemos comer todos, pero solamente si logramos un día ser humildes, si es que acaso no nos da vergüenza tomarlo del suelo, de entre los pies de aquellos que en la historia y en el presente han sido altaneros, de aquellos que se ha creído sabios y poderosos sin Dios y contra Dios, nuestro Padre.

Aquella mujer llegó a comprender que la dicha verdadera para el hombre está en ser solamente el perrito de Dios, el pobrecillo, el más pequeño de sus hijos.

 

LA EDAD DEL MUNDO

“En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: “Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio”. “¡Señor, ayúdame!” Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”.

1.- Muy queridos amigos:

Resulta triste el constatar que los hijos hemos tirado el Pan de la Mesa, y ojalá que no olvidemos que sólo aquellos que viven la sencillez podrán recibir el beneficio del Pan de la Vida.

2.-Alguna vez se han preguntado: ¿Cuál es la edad de la humanidad? ¿Cuántos años tiene el ser humano?

El sacerdote español Juan Mateos escribió hace poco tiempo uno de sus últimos libros: “veintiún años”. En él nos habla sobre la nueva edad del mundo, y en dónde a cada centuria le ubica en un año del mundo cristiano.

Juan Mateos en “Veintiún años” refiere la infancia en el primer milenio, como si fuera un equivalente a los primeros diez años de vida en la cultura cristiana; la etapa rebelde, por su parte, la ubica del siglo XVI en adelante. Los dieciocho años o el siglo XVIII, menciona, fue el tiempo en que la humanidad solicitaba el reconocimiento de su mayoría de edad. Hoy, dice, la humanidad ha cumplido 21 años y se siente absolutamente independiente, pregonando a los cuatro vientos el no tener necesidad de Dios en lo absoluto.

Te preguntarás tú: ¿Cuál es la edad de nuestra humanidad? De no ser así, por lo menos te has de cuestionar: ¿Alguien sabe cuál es la edad de la cultura cristiana?

3.-Sobrelaedaddelahumanidad,existeunadiferenciade apreciación en el juicio de la historia, en lo anterior al siglo XVII y en lo posterior al mismo.

Antes del siglo XVII, se juzgaban los tiempos más primitivos como si fueran esa edad de oro o una era de ensoñación, y se ubicaban los tiempos recientes como si fueran una edad en franca decadencia.

La generosidad, el desinterés, el heroísmo, el dominio de sí en el hombre parecían ser los elementos fundamentales que servían para emitir un juicio valorativo. Como una muestra nos bastaría recuperar en nuestra memoria ese capítulo 11 de la primera parte del Quijote de la Mancha en donde elIngeniosoHidalgoendilgóelsiguientediscurso a aquellos cabreros atónitos:

“Dichosa edad y siglos dichosos aquellos a quienes los antiguos pusieron nombres de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes”.

4.-Con el paso del tiempo el pensamiento también cambió. Será a partir del siglo XVII, en donde se inicia un juicio inverso: Los tiempos primitivos se juzgaron con los materiales más rudimentarios y de más escaso valor: la edad de piedra, de hierro,... hasta llegar progresivamente a la autoproclamada edad de las luces.

Y sin embargo, debemos preguntarnos: ¿Cuál es la decadencia y cuál es la plenitud? ¿Los tiempos antiguos eran mejores o lo son los recientes? Sabemos que todos los tiempos traen consigo sus virtudes y sus limitaciones.

En el origen de las especies de 1859, Charles Darwin terminó de cambiar la visión de la humanidad. Antes de él se proclamaba que los tiempos antiguos eran perfectos y que después el hombre había caído en degradación.

A partir del 1859 se presenta la teoría inversa: Los tiempos primitivos eran de costumbres rudimentarias, el hombre permanecía en formas pre-humanas, pero con el paso del tiempo el hombre se fue perfeccionando.

El mismo Voltaire, en el siglo XVII, se reía de Adán en su obra: “El Mundano”:

“Mi muy querido Adán, mi glotón, mi buen padre,

cuéntame en qué pasabas el tiempo en el Edén,

¿trabajabas tal vez para tus necios hijos?,

¿acaso acariciabas a doña Eva, mi madre?

Reconoced, pardiez, que tenían los dos

Uñas bastantes grandes, algo negras y sucias,

Los cabellos hirsutos y mal distribuidos,

La tez más bien oscura, la piel gris y curtida.

En dónde no hay limpieza el amor más feliz

Deja de ser amor: es vil necesidad.

De su bella aventura bien pronto fatigados,

Debajo de una encina comen con elegancia

Una cena compuesta de agua, mijo y bellotas;

Se echan luego a dormir sobre la tierra dura:

Éste era el puro estado de naturaleza.”

5.-¿Cuál puede, entonces, ser considerada la edad de oro y cual la de hierro? En el siglo XVIII la Edad de Oro fue erradicada de la antigüedad, fue ubicada en su momentáneo presente y lanzada hacia el futuro: Recuerda que Marx en el siglo XIX esperaba también una edad de Oro.

Los, así llamados, ilustrados bautizaron al siglo XVIII como el siglo de las luces. Voltaire decía que: “los hombres del siglo XVIII valían más que sus antepasados porque hoy se tienen mejores costumbres que antaño, más cortesía, más luces, más humanidad”. ¿Será?

Pero,... ¿se habrá preguntado?: ¿Qué puede ser considerado como mejores costumbres? ¿Qué es tener más luces y más humanidad?

Se acuña el concepto progreso y otras nuevas terminologías para poder juzgarnos mejores los modernos en relación a las generaciones pasadas.

6.-Sin embargo, el día de hoy, Voltaire, podría recibir una sopa de su propio chocolate. En el momento presente nos podríamos reír de Voltaire y decirle que aunque él viviera en un palacio real o en una majestuosa construcción, nunca iba a tener la amplia variedad de platillos de la que disponemos el día de hoy al entrar a un restaurante. Le podría decir que ni viajando un año en el siglo XVIII él podría ver tanta variedad de productos como los que miramos hoy en día al entrar una hora a un supermercado.

7.-Hoy, el hombre ufano también se burla de sus antepasados, y el día de mañana, otros exactamente con los mismos criterios se burlaran de nosotros. Carlos Durón asevera sin clemencia:

A pesar de que era rico, George Washington nunca tuvo una aspirina a la mano cuando le dolía la cabeza. Thomas Jefferson nunca tuvo a su alcance un taxi cuando debía llegar con premura a alguna parte. Benjamín Franklin jamás se imaginó hablar por teléfono. William Shakespeare nunca tuvo ni una máquina para escribir, ni mucho menos una computadora portátil. Los Vikingos que cruzaron el Atlántico no tenían a la mano brújulas. Cristobal Colón no llevó en sus carabelas comida enlatada. Alejandro el Grande, por más grande que fuera, no podía pedir una pizza por teléfono. Beethoven no tenía Discos Compactos ni Minidisks. Mozart nunca pudo grabar sus composiciones, ni escuchar una reproducción digital de ellas. El gran Napoleón nunca tuvo una barra antisudoral. Julio César nunca fue al cine.

8.-Te preguntarás: ¿Hacia dónde pretende este cura llegar?

Me interesa que reflexionemos sobre: ¿Cuál puede ser un criterio de juicio realmente sensato en nuestra vida? Hoy se habla de una nueva ubicación en la historia de la humanidad. Más allá de un nuevo siglo y milenio, hace variosañossebautizóanuestrapropuestacon el nombre de post-moderno.

9.- ¿Saben?Meregalaroneltextodeunaconferenciaque dictó el sacerdote español: Melchor Sánchez de Toca Alameda, Oficial Mayor del Pontificio Consejo de Cultura en España, el tema: la Modernidad, Post-Modernidad y los Valores Cristianos, en la cual narraba una anécdota interesante.

Del Príncipe Eszterházy, el hombre más rico del imperio de los Hasburgo en el siglo XVIII se cuenta que disponía de una orquesta de cámara completa –cuyo director era el mismísimo Franz Joseph Haydn-, siempre preparada para acudir a su llamada en cualquier momento del día o de la noche, cuando el señor conde padeciese insomnio. Por supuesto que la orquesta tardaba alguna hora en reunirse e implementar sus instrumentos.

Cualquiera de nosotros, con menos recursos que este príncipe, tiene más posibilidades que él. Basta un disco compacto y un aparato de música, y tenemos a disposición, con sólo apretar un botón, en mucho menos tiempo mucha más música de la que jamás pudo soñar aquel gran señor que tenía tanto dinero. ¡Ni siquiera él podía reunir en un minuto su orquesta!

10.-Pero, regresemos a la pregunta de este domingo: ¿Cuál es la edad de la humanidad? ¿Cuál puede ser verdaderamente la edad de oro?

¿Acaso son los tiempos que vivimos? Creo que, muchas veces, hemos juzgado con criterios injustos.

¿A qué le llamamos dorado? ¿A un hombre que ha expulsado a Dios de sus ambientes? ¿Es dorado un tiempo en el que el hombre en su sexualidad ha llegado a practicas de sodomía y hasta de bestialidad? Yo sé que todos los tiempos han tenido sus vicios y sus deficiencias, el problema es que en nuestro tiempo se quiere, que les ofrezcamos una carta de ciudadanía a los vicios y a las deficiencias.

¿Puedes llamársele edad de oro al que fue el siglo de Hiroshima y Nagasaki? ¿Al siglo de Auschwitz y los Balcanes? ¿Es el siglo de Oro este otro nuevo siglo en el que el tráfico de narcóticos se ha convertido en el “negocio” más próspero? ¿Éste siglo en el que la máxima preocupación de la Organización Mundial de la Salud es esa enfermedad llamada depresión, en la que tantas gentes denotan la carencia de valores?

¿Puedes llamarle el siglo de oro a este nuevo tiempo en que el hombre sigue queriendo ser dios y decidir quien vive y quien muere? ¿Podría ser la Moderna Leyenda Dorada, un tiempo con tan alto índice de suicidios o con tanto espectro de soledad en el corazón del hombre? ¿Es el siglo de oro el tiempo de la muerte de los ideales y del vacío de sentido? ¿Es el siglo de Oro este tiempo del permisivismo, de relativismo y de consumismo?

¿Fue el siglo XX el siglo de Oro? Un tiempo en que se mueren por sus excesos: Jim Morrison, Jimi Hendrix, Andy Gibb,Elvis Presley, Marilyn Monroe, Kurt Cobain? ¿Son esas nuestras aspiraciones?

¿Es la edad dorada un tiempo en el que las Personas se encuentran con el bolsillo lleno pero con el corazón vacío? ¿Un tiempo en el que el cuerpo es rico, pero en el que las almas son las pobres?

No nos hemos dado cuenta de que más nos vale ser paupérrimos del bolsillo que menesterosos del alma.

11.-Hoy el mundo ha cumplido sus veintiún años y se sacude las tutelas. Queestémaduro o no, es otra cuestión, pero nuestra sociedad se considera capaz de enfrentarse a sus problemas. El hombre maneja cromosomas para orientar la herencia, envía satélites para controlar ciclones y pretende crear la vida.

La religión parece poco atractiva. El hombre no pide permisos ni a Dios ni a la religión, dice que el terreno es suyo y se considera autónomo. Este hombre, que mucho tiempo, se consideró hijo, ha tirado el Pan de Dios de su mesa y, solamente aquellos que sean sencillos recogerán del suelo lo que un hombre que se cree adulto ha tirado en su soberbia.

 

 


LOS MILAGROS DE LA FE

“Aquella mujer se acercó entonces a Jesús, y postrada ante él, le dijo: “¡Señor, ayúdame!” Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos”. Pero ella replicó: “Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces Jesús le respondió: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”. Y en aquel mismo instante quedó curada su hija”.


1.-
Muy queridos amigos:

Resulta preciso que este domingo aclaremos una cierta ambigüedad que caracteriza el ministerio salvífico de nuestro Señor Jesucristo.

Por un lado, a nadie le puede resultar extraño encontrarsecon relatos evangélicos que nos hablen de los muchos milagros que realiza. Podemos decir que todo el Evangelio está esmaltado de milagros. El itinerario de Jesucristo está señalado por los acontecimientos prodigiosos: conversión de agua en vino, multiplicación de panes, paralíticos que se ponen de pie, tempestades aplacadas, redes que se llenan de peces, manos secas que se llenan de vida, ojos sumergidos en la oscuridad que de pronto contemplan la luz, muertos que resucitan...

Por el otro lado, Jesucristo, en cierto sentido pareciera ser enemigo de los milagros. El Señor puede multiplicar los prodigios pero no quiere que su ministerio sea confundido con la actividad de un taumaturgo. La razón de que el Señor, en abundantes ocasiones, prohiba propagandear sus milagros, estriba en esa voluntad que tiene de que no caigamos en la más lamentable de las confusiones: Jesucristo vino a este mundo a traernos la salvación eterna, no a hacer milagros.

2.-Él no vino a quitarle el empleo al médico, ni al panadero, ni a los pescadores. Jesucristo viene a ofrecer la vida eterna, y los milagros que realiza no son sino la manifestación de que, Aquél que tiene el pleno dominio sobre la vida biológica, también lo tiene sobre la vida eterna. Recuerda aquel pasaje de san Marcos en que Jesús manifiesta: “pues para que se den cuenta de que el Hijo del Hombre tiene el poder para perdonar los pecados. A ti te digo: Toma tu camilla y vete a tu casa.”

Jesucristo evita todo sensacionalismo, Él se niega a lo espectacular.

Podemos decir que los milagros que realiza, le son arrancados literalmente al Señor, se los roban.

Sin embargo, es necesario conocer que existen dos situaciones que son capaces de hacer explotar el poder divino que posee el Señor Jesucristo.

3.-En primer lugar se encuentra la fe del que lo pide. Un rostro que implora con fe es una escena ante la que Cristo no puede resistirse. Digamos que es como su punto flaco. Y a esa manifestación de la fe del hombre el Señor corresponde con el milagro de aquello que se le pide. Hoy, en el Evangelio, Cristo ha dejado escapar una expresión de asombro y de reconocimiento: “¡Oh, mujer!, ¡qué grande es tu fe!” Y no puede ni quiere evitar la realización del milagro: “Hágase según tus deseos”.

4.-Quizá muchos de ustedes se preguntarán: y, ¿cuál es el segundo factor que se convierte en un detonante de los milagros que realiza Cristo?

La compasión de Cristo, es ese segundo elemento, el cual provoca la abundancia de milagros en el Evangelio.

Cuando Jesús se encuentra en sus caminos con la miseria, con el dolor, con la enfermedad, con el corazón roto del ser humano, se siente obligado a regalar el milagro. Acuérdate que en muchos casos, ni siquiera es necesario que le formulen una petición explícita. Basta la presencia del sufrimiento. Las lágrimas de la Viuda de Naím que acompaña al sepulcro a su único hijo, dos ojos apagados, un cuerpo tullido cercano a la piscina de Siloé. Y Cristo responde inmediatamente. No puede sufrir el ver sufrir.

5.- Estas dos circunstancias, provocan el encuentro entre la necesidad del hombre y la compasión de Cristo, entre el poder de Dios y la indigencia humana.

6.-Y sin embargo, hoy existen muchos pseudocristianos que le damos más importancia al milagro que a la salvación que Jesucristo ofrece. Cada vez son más los que en sus carpas hacen de los milagros un espectáculo, pensando que los milagros provocaran la fe en las personas y se olvidan de que en la realidad es la fe la que puede provocar un milagro del Señor.

Cada vez son más los predicadores que en la charlatanería se presentan como si fueran médicos, y son tantos los templos, los viejos cines y las lonas en los campos que, según ellos, deberían desplazar los hospitales de nuestra ciudad. En su propuesta deberíamos despedir a los médicos y cerrar los centros clínicos.

Yo soy el primero, junto con mi padre y mis hermanos, que debo dar testimonio del poder de Cristo, puesto que en reiteradas ocasiones este se manifestó en la vida de mi madre, y ahora en la de mi padre. Pero, también tengo que alertar contra aquellos que desarrollan su vida religiosa bajo el signo de lo extraordinario, de lo excepcional, y en no pocas ocasiones, de lo extravagante.

Ellos se olvidan de que Dios ha querido optar por lo discreto. Recuerda que un milagro sensacional puede también llevar la marca de Satanás: el cual provoca fantasmagorías, ilusiones y engaños... A Satanás le interesa lo estruendoso y lo espectacular, él intentó convertir a Jesucristo en un “fenómeno” que empezará a convertir piedras en panes, o bien montar una función para que así al tirarse de la parte más alta del templo, Él fuese llevadoen manos de ángeles y, así la multitud en la admiración le vitoreara.

7.-Hay muchísimos milagros, les mentiría y sería injusto con Dios, nuestro Señor, si olvidara todas sus bendiciones, pero tengo que decir que la discreción suele ser la firma que lleva cada uno de los milagros divinos.

Esos cristianos hambrientos de milagros no se dan cuenta de que en el fondo son muy pobres en la fe. Su ecuación: más milagros igual a más fe, es totalmente falsa y suele ser esa también la propuesta del tentador.

8.-Tampoco debemos negar el don de Dios, pero no es en una carpa, ni en un viejo cine adaptado a un culto, en donde se tienen que dar los milagros, sino en la vida diaria.

El verdadero milagro, ¡no los espectáculos montados!, significarán siempre la libertad de Dios y no una manipulación humana.

Los milagros existen, sin lugar a dudas. Decía Gilbert Keith Chesterton que “lo más maravilloso de los milagros es que a veces suceden”.

Hay quienes niegan los milagros, tal como lo hacía David Hume, en 1748, afirmando: “Un milagro es una violación de las leyes de la naturaleza, y, puesto que una firme e inalterable experiencia ha establecido tales leyes, constituyen una prueba directa y decisiva en contra de la existencia de cualquier milagro”.

Sin duda, David Hume era filósofo, pero la incredulidad también existe entre los que nos llamamos cristianos. Rudolf Bultmann, es un teólogo protestante, él era luterano y afirmaba: “No puede uno hacer uso de la luz eléctrica y de la radio y creer al mismo tiempo en el mundo de espíritus y milagros del Nuevo Testamento”. ¡Fíjate! Eso piensa uno de los cristianos protestantes más reconocidos del siglo XX,... y se quedó con la luz eléctrica y la radio.

Son muchos, los que califican a los milagros como esa espina de lo irracional.

9.-En este espacio, Dios mediante, hablaremos, con el paso del tiempo, sobre diferentes conversiones al catolicismo: así por ejemplo la de Chesterton, Marcel, Foucald, García Morentes, Papini, entre otros. Hoy, al hablar sobre los milagros que Dios realiza en su libertad, quiero comentarte sobre la “reconversión” al catolicismo de un señor llamado Alexis Carrell.

“Como muchos de nuestros actuales estudiantes, el doctor Alexis Carrel había perdido la fe en las aulas de la Sorbona en París, el mismísimo lugar de donde habían salido Renán y sus compañeros.

En una ocasión en que en un viaje en tren tenía que pasar por Lourdes, se encontró con que en los asientos de enfrente iba un matrimonio con su pequeña hija, ellos estaban tuberculosos pero su sufrimiento mayor era aquella peritonitis tuberculosa de su niña, la cual ningún médico se atrevía a operar. El joven doctor les preguntó sobre el destino de su viaje, y ellos le respondieron que iban al Santuario de Lourdes a pedir la intercesión de la Virgen María y a lavar a su hija en las fuentes de la gruta de Lourdes. El joven y eminente médico auscultó a la niña y les señaló que iban a perder su tiempo.

Contra el consejo de tan grandioso doctor, los papás llevaron a su niña llamada María Bailly al Santuario. Aquel médico no tenía prisa en llegar a un destino, por lo cual se decidió a bajar del tren. Aquel matrimonio se le perdió de vista pues era demasiada gente, eran las 2:30 de la tarde.

A las 2:40 de la tarde, diez minutos después, Alexis Carrel creía ver visiones. Se encontró con aquel matrimonio, venían de pedirle a Dios el milagro a través de la intercesión de la Virgen, ellos habían realizado algunas abluciones. Carrell vio que aquella niña que él había visto agonizante, y que incluso había perdido el habla, ahora le estaba hablando. El médico dice que a las 3 de la tarde, él estaba con el matrimonio y que ya habían desaparecido por completo la enfermedad, junto con la hinchazón y los dolores.

Alexis Carrell recuperó la fe, se convirtió en un fiel devoto de la Madre de Jesucristo... ¡Ah!, se me olvidaba decirte, quizá lo menos importante, que Alexis Carrell se dedicó al estudio de los ligamentos vasculares y al injerto de conductos sanguíneos y de órganos, por lo cual fue galardonado con el Premio Nóbel de Fisiología y Medicina en 1912.

Alexis escribió antes de morir: “Que cada minuto de mi vida se consagre a tu servicio, Dios mío”. Se trata de aquel mismo que un día expresó: “De la misma manera en que el cuerpo necesita del oxígeno para vivir el alma necesita de la oración”.

10.-Querido amigo: No te olvides que los milagros son signos, es decir, una anticipación del reino.

Hemos visto como hay cristianos que quieren el milagro nuestro de cada día y se olvidan que cada día es un milagro, también hay aquellos que parecen no quererlos para nada.

Dejemos a Dios en la libertad, y no olvidemos que esa libertad de Dios se manifiesta también en los milagros, los cuales suelen ser conseguidos por dos factores: la fe del hombre y esa miseria humana ante la que Dios no permanece nunca impasible.

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